¡Buenos días~! Hoy esto aquí con... ¡el último capítulo de esta historia! De verdad, gracias por seguirla, me hace muy feliz. Este fue mi primer intento de yuri y de verdad estaba nerviosa cuando publiqué el primer capítulo pero veo que a mucha gente le ha gustado, me siento muy feliz ^-^

Bien, los dejo leer.

Disclaimer: Naruto no me pertenece.


VI

Era sábado. Era un maravilloso y caluroso sábado. E Ino iba de aquí para allá viendo que ponerse, ¿jeans y una blusa lisa? No, muy informal. ¿Vestido? Tampoco, muy formal. ¿Y si llevaba unos pantalones cortos y la remera de estrella que tanto le gustaba? ¡No! Eso era demasiado informal.

Al final se decidió ponerse una blusa lisa de color amarillo junto con su falda favorita color violeta y unas sandalias estilo romano que se había comprado hace poco. Su vestuario era perfecto.

―Querida, tu mamá dice que el almuerzo… está… listo… ―Inoichi se había asomado a la habitación de su hija por mandato de su esposa, pero al ver el catastrófico desorden que allí había se quedó pálido― Ino, mi niña, ¿es que acaso pasó un terremoto por aquí hoy y yo no me enteré? ―La rubia menor rio un con gracia.

―No, papá, no hubo ningún terremoto, es que tengo una cita y no sabía que ponerme. ―Dijo mirando toda la ropa tirada que había en el suelo y en su cama. Si su madre viese eso no estaba segura si primero la asesinaba a ella y luego se moría o al revés. En todo caso, después su padre no sabría ni como calentar agua sin no estaban ellas.

―Ah… una cita… ¿es con esa chica Sakura? ¿Están saliendo? ¿Ya tengo nuera?

Ante tanto amontonadero de preguntas Ino sólo pudo contestar:

―Sí, papá, es Sakura y no, no es tu nuera… todavía…

―Bien, si lo llega a ser me avisas y la traes a casa, haré que tu madre prepare algo rico ―Inoichi sonrió―. Bien, ordena todo y baja.

―Sí y… gracias. ―Ino sonrió también, agradecida.

Bajó después de haber devuelto todo a su lugar y se sentó en la mesa.

―¿Así que te vas a una cita, eh? ―Preguntó su madre.

―¡Qué no es una cita!

―Tu padre me dijo que sí. ―Ino miró mal a Inoichi y él se encogió de hombros.

―Es algo parecido ¿no? La chica te gusta.―Contestó simplemente.

―Que me guste no significa que esté en una cita.

―En mis tiempos sí. ―Dijo su madre graciosamente e Ino rodó los ojos.

―Hace como doscientos años ―La mujer adulta la miró mal―. Está bien, lo siento.

/

Eran las tres menos cuarto e Ino no encontraba su liga. Había revuelto toda su habitación, desordenándola de nuevo en el proceso.

La rubia no sabía si se había vuelto repentinamente torpe y olvidadiza o si eran los nervios por reunirse con Sakura pero ahí estaba, buscando su liga hasta por debajo de las piedras. Porque si no era la liga era su broche favorito y si no era su broche favorito era su pulsera, ¿es que acaso a sus accesorios se les había dado por jugar a las escondidas?

Tres menos cinco.

Encontró la dichosa liga entre un motón de ropa que había tirada en su habitación ya no tan ordenada y salió disparada al parque. Se ataría el cabello en el camino.

Cuando llegó, Sakura ya estaba allí, sentada en una banca y esperando pacientemente. Traía una blusa roja y una falda rosa a juego. Ino pensó que se veía muy hermosa.

―Siento la espera. ―Espetó agitada mientras se recogía el pelo.

―¿De qué hablas? Son las tres en punto. ―Dijo la pelirrosa mirando su reloj.

―Oh, ¿en serio? Pensé que me había demorado más ―Dijo la otra―. Bueno, ¿a dónde quieres ir?

―Hace mucho calor… vayamos por un helado.

―Está bien. ―Aceptó Ino y las dos caminaron hasta la esquina, en donde había una heladería.

Cuando llegaron Sakura pidió un helado de frutilla y la rubia uno de vainilla.

―¿Qué tal tu práctica?―Preguntó Ino mientras probaba un bocado.

―Normal lo de siempre, la verdad… Aunque ―la miró intensamente― me encontré con Naruto y Sasuke. ―Sonrió.

―¿Así? No me digas que los pillaste en algo. ―La voz de la chica sonó verdaderamente interesada.

―Algo parecido ―contestó e Ino abrió grandes los ojos―, pero no. Aunque pude darme cuenta de que antes de que yo llegara estaban hablando de algo muy íntimo… Y luego me hablaron muy seriamente.

―No me digas que…

―Sí, sí, me lo dijeron.

―¿Y que les contestaste? ―Ino casi estaba encima de la mesa, con verdadero interés en el tema.

―Que ya lo sabía, que sólo hacía falta ver como se miran para darse cuenta ―Contestó simplemente―. Y creo que se asustaron un poco. ―Agregó.

―¡Eso es cruel!

―Lo sé, pero es una pequeña venganza por no habérmelo dicho antes, ¡somos amigos de toda la vida!

―¿No dijiste tú que «el tema de la sexualidad es difícil de tratar hasta para uno mismo»? ―Preguntó Ino mientras levantaba una ceja y repetía textualmente lo que su amiga había dicho hace tiempo.

Sakura chasqueó la lengua.

―Eso no aplica para estos casos… ―Se excusó.

―Claro que sí… ―Le respondió la rubia.

―Claro que no.

―Que sí.

―¡Que no!

―¿Qué haremos ahora? ―Ino cambió de tema de repente, sabiendo que la discusión anterior no llevaría a ningún lado.

―Paseemos un rato, tenemos que bajar estos carbohidratos, ¿no es así? ―Propuso Sakura actuando como una chica superficial.

―¡Claro que sí! Me ha costado demasiado bajar esos tres kilos de sobrepeso que tenía… ―Contestó Ino, siguiéndole el juego.

Dejaron un poco de dinero en la mesa y se fueron.

―Mira, allá, ¿no son Kiba y Hinata? ―Preguntó la pelirrosa.

Ino se fijó mejor para donde señalaba la otra y respondió:

―¡Sí! Son ellos ―dijo―, y pareciera que están en una cita.

―Como nosotras… ―Comentó Sakura por lo bajo. Ino no la escuchó.

―¡Mierda, nos vieron!

La pelirrosa levantó la vista, en efecto, la pareja venía hacia ellas.

―Ino-chan, Sakura-chan, hola ―Saludó Hinata y Kiba levantó la mano.

―Hola a ustedes ―Ino sonrió―, ¿qué están haciendo? ¿Van de cita? ―Preguntó traviesamente.

Inuzuka se sonrojó pero la chica, también sonrojada, contestó:

―S-Sí. ―Agarró un poco la falda de su vestido lavanda.

―Pues felicitaciones. ―Dijo Sakura.

―A ver… déjenme adivinar ―habló Kiba―, ustedes también, ¿no?

Ino estaba por contestar un "¡No!" rotundo pero la pelirrosa se le adelantó.

―Síp. ―Dijo ella enganchando uno de sus brazos con el de la rubia.

La blonda la miró su acompañante y luego a sus amigos quienes sonreían felizmente.

―Se ven muy lindas. ―Comentó la peliazul.

―Concuerdo. ―Dijo Kiba mientras agarraba la mano de su ahora novia.

―G-Gracias… ―Contestó Ino por las dos, sonrojada.

―Debemos irnos ―Dijo Hinata―. No las seguiremos molestando.

―Sí, además, Hinata ―habló Kiba mientras miraba a las susodicha―, tenemos que ir a mi casa, mamá y Hana quieren conocerte.

―¡¿Qu-Qué?!

―Sí, sí, vámonos sino mamá se enojará. ―Dijo mientras tomaba la mano de su pareja y se la llevaba, dejando a Ino y Sakura solas.

Cuando sus amigas desaparecieron del panorama, la rubia miró a la pelirrosa y le dijo:

―¿Por qué dices que estamos en una cita? ―Preguntó frunciendo levemente el ceño.

―Porque estamos en una, ¿o no? ―Su amiga sonrió ampliamente.

―Es quiere decir que… ―Comenzó a decir Ino pero prefirió guardar silencio a lo último.

―Sí.

―¿Qué? ―Preguntó incrédula.

―Que sí, me gustas. ―Volvió a sonreír.

La chica de la coleta alta abrió grandes los ojos ante tal revelación.

―¿Es en serio?

―¡Sí! ¿Cuántas veces tendré que repetirlo? ―Suspiró con fastidio.

―La que sean suficientes como para terminar de creérmelo. ―Contestó la rubia.

―Me gustas ―Dijo―. Me gustas, me gustas, ¡me gustas! ―Repitió.

El viento soplaba, los pájaros cantaban y lo dicho por la chica enfrente sonaba como la más dulce melodía que un adolescente de dieciséis años podría haber escuchado alguna vez en su vida.

El momento fue, de cierto modo, mágico.

―A mí también. ―Le salió decir estática en su lugar.

Entonces sin esperar ni un segundo más, Ino se abalanzó sobre la pelirrosa en un abrazo de oso y, sin meditarlo siquiera, dijo:

―¿Alguna vez te dijeron que era una linda florcita? ―Preguntó Ino suavemente.

Sakura se sonrojó.

―N-No… de hecho no, me dijeron que era una marimacho pero nunca una "florcita". ―Contestó nerviosamente.

―Pues lo eres, Florcita ―Dijo la rubia mientras se alejaba un poco y la tomaba del mentón cariñosamente―. Mi Florcita. ―Agregó antes de acercar su rostro al contrario para besarla. Para besarla como había querido desde un principio, incluso desde antes que ella misma lo supiera.

La delicadeza y el amor dominaban la escena, no había transeúntes alrededor, no habían personas homofóbicas, no había gente mirando, no había ninguna creencia de "todos dan por hecho que todos son iguales". Tampoco había dos chicas besándose, sólo dos personas demostrándose amor la una a la otra.

Después de un rato, se alejaron ya que por la falta de oxígeno que se hizo presente no las dejó seguir, y se quedaron en silencio un rato.

―Ahora que lo pienso… ―comenzó Sakura tratando de romper el hielo― Hina debe de estar muriéndose de los nervios en casa de Kiba.

Ino abrió los ojos muy grandes, recordando algo.

―¡Un momento! ―Y sin dejar que la otra chica se preguntara qué estaba haciendo sacó su teléfono y tecleó una serie de letras y números luego envió un mensaje.

―¿Qué hiciste? ―Preguntó Sakura frunciendo el ceño y sin entender.

―Papá me dijo que cuando tuviera novia le avisara y te llevara a casa. Él y mamá prepararán algo delicioso de comer. ―Ino sonrió, sin dejar espacio a réplicas.

―Iré ―Dijo la pelirrosa―. Con la condición de mañana vengas a mi casa.

El celular sonó indicando la llegada de un nuevo mensaje, la rubia lo miró y sonrió sin decir nada.

―¡Claro! ―Ino se levantó y Sakura la imitó. Ambas caminaron juntas hasta la casa de la primera en silencio, disfrutando la compañía que se brindaban la una a la otra.

Ahora que se lo pensaba de nuevo, no todos daban por hecho que todoseran iguales. Ella no. Hinata tampoco. Y Sakura muchísimo menos.

Tomó la mano de su novia.

Creo que he tenido mucha suerte en conocerte, Florcita.

Fin.


Bien, eso es todo, señoras y señores, de verdad quedé satisfecha con cómo quedó el final y el fic en general :3

Pero bueno, a pesar de esto es todo, es el último capítulo... Yo puedo hacer un epílogo, si gustan claro. ¡Ustedes deciden!

¡Nos vemos en otra!

Atte:

Jeffy Iha