HARRY POTTER Y EL TESORO DEL CIELO
Capítulo VII: "Complot"
Nuevamente en una de las tantas reuniones celebradas por la tarde, por lo menos, unas tres o cuatro veces por semana en el nuevo cuartel de los mortífagos, que era la Mansión Malfoy, el nuevo Señor Oscuro seguía furioso.
— ¿Cómo puede ser posible que no hayan podido encontrar ninguna información sobre el objeto…! –preguntó gritando un poco Lucius Malfoy.
— Perdónenos, mi Señor… –suplicó la voz de una mujer, que estaba de rodillas frente a él, esa mujer era Bellatrix.
— ¿Qué los perdone…¿Cuántas veces escuché lo mismo…¿Cuánto tiempo más voy a tener que soportar sus ineptitudes…? –volvía a preguntar, esta vez en un tono más tranquilo el patriarca de los Malfoy.
— Señor… Es que no sabemos ni por donde empezar a buscar… No nos ha dado ninguna pista de lo que es ese tan misterioso objeto… –dijo algo tímido, el mortífago que se encontraba a la derecha de Bella, era su esposo, Rodolphus.
— ¿A caso es necesario que les diga todo para que empiecen a moverse…? –preguntó nuevamente Lucius, tratando de controlar su tono de voz.
— Sería mucho más sencillo de esa manera, mi Lord… –dijo Bellatrix.
— Mí querida Bella… Si es que quería que todos lo investiguen y después me lo traigan… ¿No piensas que ya les habría dado detalles de lo que busco…? — Replicó nuevamente Malfoy.
— Señor, espero no insultarlo con la pregunta, tampoco es que me quiera entrometer en asuntos que no son de mi incumbencia pero… ¿Podía darnos alguna pista¿Algún indicio de lo que buscamos? –dijo tímidamente el licántropo.
— Está bien… Si es que con esa información me lo van a traer más rápido les voy a contar algo… –hizo una breve pausa y continuó –. Lo que estoy buscando es una especie de collar antiguo…–terminó diciendo el heredero de Voldemort.
— ¿Qué aspecto tiene ese collar? –preguntó Bellatrix alzando un poco la cabeza.
— Es un collar de cuentas de ámbar… Y está trenzado con unos hilos de sedamuy finos color púrpura… –dijo, caminando de un extremo a otro de la sala –. Eso es todo lo que puedo decirles… –terminó antes que alguien más preguntase algo.
— Creo que con eso será más que suficiente mi Señor… –respondió Greyback.
— Muy bien… Los espero el sábado… Y esta vez si no me lo traen, me verán furioso… –terminó diciendo y salió como siempre, dejando a sus seguidores en ese salón.
Todos empezaron a desaparecer, hasta que nuevamente quedaron solos, Bellatrix, Rodolphus y Greyback.
— Es hora de investigar bien qué es esto… –dijo Rodolphus levantándose de la silla en la que se encontraba.
— Creo que a la par que investigamos podríamos resolver un asunto que nos compete a los tres… –sugirió el licántropo.
— ¿Quieres que planeemos el ataque justo ahora? No ves que si traemos la más mínima información sobre ese objeto, Lucius hará que nuestras cabezas rueden frente a todos… –le reclamó la mortífaga.
— Nada nos pasará si es que lo hacemos antes del sábado… O incluso si lo hacemos el sábado… –volvió a argumentar el licántropo –. ¿Qué tal si lo hacemos por mayoría? — Terminó diciendo.
— Los que estén a favor de buscar la información y postergar el ataque levanten su mano… Ahora… –dijo Bellatrix a la par que levantaba su mano derecha. Nadie más lo hizo.
— Creo que la mayoría ha hablado… –dijo el licántropo con una sonrisa en los labios, siempre que hacía eso, Bellatrix retrocedía al ver sus afilados colmillos.
— Querido… ¿Por qué no me apoyaste…?... Corremos serios riesgos si no hacemos lo que nos ha pedido el… –antes de terminar la frase, fue interrumpida por su esposo.
— No te atrevas a llamarlo Señor o Lord… –dijo en un tono enojado –. Estoy harto de todo este circo formado desde la muerte de nuestro verdadero Señor… Es por eso que voté en tu contra…
— Comprendo tus intenciones querido… ¿Pero no te parece un poco apresurado…? –preguntó Bellatrix.
— Yo creo que ya es tiempo… Lo lograremos y luego tú ya no serás una simple mortífaga… Serás la mortífaga más importante de todas… Estarás al mando… –de dijo el licántropo esperando que aquellas palabras entren en el subconsciente de la mujer para convencerla.
— Creo que es un buen punto… –respondió en un tono pensativo, ya que su mente viajaba por imágenes que había formado. Ella estaba al frente de toda la organización y dominaba todo lo que se movía.
— ¿Entonces estás con nosotros? –volvió a preguntar el licántropo, esta vez con el apoyo de Rodolphus, quien abrazaba a Bella, la cual todavía no volvía del todo en sí de su mágico sueño.
— Si… –dijo lo bastante convencida de si misma –. Creo que lo podemos planear ahora y si es posible atacar el viernes por la noche… Ahora que recuerdo… –hizo una pausa algo pensativa –. Narcissa deja la mansión hoy mismo… Quedó en ir de compras con su madre a Paris… Y como estarás por allá un buen tiempo se quedará en la mansión que está en la Campiña…
— Excelente… Creo que ya tenemos el día… Ahora el lugar donde lo atacaríamos sería el problema… –pensó en voz alta el licántropo.
— Creo que podríamos atacarlo aquí… Esta mansión tiene hechizos de protección muy fuertes y antiguos… Nadie puede entrar o salir de aquí solo por que se le antoje… –agregó el mortífago.
— Creo que hemos dado en el blanco… –dijo Bella en un tono más para sí que para el resto –. Podríamos entrar con la excusa de que traemos información sobre el collar que nos pidió… Una vez adentro volverá a poner los escudos… Deberá ser sumamente cauteloso ya que es algo tan preciado para él y…
— Y no podrá quitar lo escudos lo suficientemente rápido como para que pueda escapar… –completó la frase de su esposa Rodolphus.
— Ven lo que podemos hacer… Seremos grandes… Todos temerán a la Triada… –agregó el licántropo con su típica sonrisa, pero esta vez Bella no dio mayor importancia a aquel gesto.
— ¿Triada…¿Qué se supone que es eso…? –preguntó un poco confuso el mortífago.
— Ya que vamos a terminar con esto de una vez por todas… Y vamos a ser tres los que comandemos ahora este ejército… Pensé que podríamos cambiar todo… Incluso el nombre bajo el cual estuvimos tanto tiempo… –explicó Greyback a la pareja de mortífagos que lo miraban atentamente.
— Hay veces que me sorprende tu manera de pensar Fenrir… –dijo un poco asombrado el mortífago.
— Tienes razón… Acabo de descubrir que tenemos a un gran aliado de nuestro lado… –sentenció la otra.
— Bueno, basta de halagos y volvamos a lo que nos compete… ¿Ya tenemos todo lo que necesitamos para el ataque?... –volvió a preguntar el licántropo.
— Yo creo que sí… –dijo Bellatrix –. Solo nos queda confirmar si es que Narcissa saldrá del país hoy o mañana a la mañana… No me gustaría matar a mi hermana…
— Deja de lado a tus parientes… No te preocupes por ellos…–respondió el hombre lobo – Si no quiere que la lastimemos vendrá con nosotros…
— Bueno, dejemos de pensar lo peor… Y luego de que regrese de su viaje le inventaré una historia para que se quede conmigo… –pensó nuevamente en voz alta la mortífaga.
— Será mejor que ultimemos detalles en otro sitio…Vuelvo a tener la sensación que nos vigilan… –terminó de decir Greyback –. Hablaremos luego…– Al decir todo esto se levantó de la silla que ocupaba y se marchó. Los otros dos mortífagos lo imitaron, solo que estos decidieron desaparecerse.
Eso tenía algo de cierto, se podían percibir algunas pisadas y una especie de susurros al otro lado de la puerta, seguramente eran algunos mortífagos de rangos inferiores o simplemente los elfos domésticos de la mansión. Cualquiera sea la explicación para esos ruidos, no podían arriesgarse con nada.
Esa misma noche, Bellatrix se volvió a presentar en la mansión. No vestía su típica túnica de seda negra, para la ocasión vestía una túnica de un color verde pantano, mucho más trabajada y delicada que la otra.
Llevaba unos detalles con cinta negra muy fina a la altura de la cintura; en la zona del pecho un delicado prendedor en forma de serpiente, solo que éste era de plata en vez de oro.
Se acercó a la doble puerta de roble y llamó a la puerta. Uno de los elfos domésticos de la mansión abrió la puerta y la hizo pasar hasta el salón donde la familia recibía a sus invitados más distinguidos y a la familia cercana.
— Llama a tu ama, elfo inútil…–demandó la mortífaga.
El elfo hizo una reverencia frente a ella y desapareció. Volvió a aparecer segundos después y dijo.
— La señora ya viene… –y volvió a desaparecer.
Bellatrix quedó sola en la sala unos segundos, los suficientes como para contemplar ciertos detalles. Esta habitación era muy diferente a la que estaban acostumbrada a ingresar para las reuniones.
Una sala muy cálida. Tenía varios ventanales con hermosos mosaicos, si uno se acercaba lo suficiente podía ver el igualmente bello jardín exterior. La habitación tenía una forma rectangular, las paredes estaban pintadas en una gama de marrones en tonalidad pastel.
Esta a diferencia de la otra sala, estaba bien iluminada, del centro del cielo raso caía una hermosa araña con caireles translúcidos, que se asemejaban a diamantes. En las paredes, cada medio metro aproximadamente, se encontraba una pequeña lámpara. Entre lámpara y lámpara se podían observar los cuadros, la gran mayoría de ellos eran paisajes.
En una de las esquinas estaba un living bastante elegante color chocolate y, no muy lejos de allí, estaba la chimenea con el fuego ardiendo en ella, ya que el clima empezaba a enfriarse.
Frente al sofá, también había una mesa ratona, con las patas de madera de olmo lustradas y un gran vidrio esmerilado daba el toque final. Bellatrix pasó hasta el sofá y se sentó.
Automáticamente, sobre la mesita, apareció una bandeja cargada con todo tipo de masitas dulces, y una tetera blanca de porcelana. También aparecieron dos tazas del mismo material que la tetera. En ese instante apareció Narcissa, parecía algo apurada.
— Bella… ¡Qué bueno verte por aquí!... ¿A qué debo el honor de tu presencia? –saludó a su hermana.
— Narcissa… Sólo venía a ver como estaba mi hermana… ¿O a caso ya ni eso puedo hacer…? –preguntó con una leve mueca que hizo pasar por una sonrisa.
— Claro que puedes venir cuando quieras… Sabes que esta también es tu casa… –al terminar de decir esto se sentó en un extremo del sofá e invitó a su hermana a hacer lo mismo.
— Como ya te dije… Vine a verte y también para preguntarte algo… Más bien es una petición… –dijo encogiéndose en hombros.
— Pídeme lo que quieras… Si está dentro de mis posibilidades lo cumpliré… –respondió Narcissa con una sonrisa en los labios y con algo de intriga reflejada en su rostro.
— Está bien… Me enteré que ibas a París a visitar a tu madre…Y me preguntaba si… ¿Podrías traerme una hermosa túnica de gala que vi en una de las tiendas en el callejón mágico francés…? –preguntó lo primero que se le ocurrió solo para ver su reacción y planear mejor su próxima pregunta.
— Era solo eso Bella… No te preocupes, te la traeré… –hizo una pausa para tomar un poco del té que tenían en frente y que la otra no había tocado todavía –. ¿Tienes alguna foto o si me la podrías describir…?
— Oh… Claro… Déjame invocarla… –al decir esto quitó su varita, hizo un extraño movimiento en el aire y apareció un pedazo de pergamino con la figura de la túnica, y se lo pasó a Narcissa.
— ¿Y para cuando la necesitas? –preguntó esta vez Narcissa.
— No tengo apuros… Es para utilizarla en la cena de Navidad… Y como no tendré tiempo para ir y tú vas… Pensé en pedírtela como favor... –argumentó Bellatrix.
— Está mucho mejor… Ya que pensaba quedarme un tiempo por allá y volver unos días antes de las fiestas.
— No te apresures solo por mí hermana... –mirando a al enorme reloj que se encontraba sobre la chimenea se levantó –. Ya me tengo que ir... Rodolphus me espera para salir a cenar...
— No te preocupes... Veré si lo encuentro... –dijo la otra levantándose también y acompañando a su hermana hasta la puerta –. Nos vemos –se despidió.
Al salir de los terrenos de la mansión desapareció y apareció muy lejos de allí. El lugar donde volvió a aparecer era la cueva que utilizaba el licántropo como casa. En ese lugar lo esperaba también su esposo.
— Querida… –saludó Rodolphus –. ¿Lograste averiguar algo? –preguntó intrigado.
— Ya está todo arreglado… –dicho esto empezó a reír.
De hecho, los tres empezaron a reír, ya estaba todo planeado, la noche siguiente sería consumado el ataque, la única incógnita pendiente, podría ser la más importante, era si alguien los podría detener.
