¡Hola! Muchas gracias a todos los que leen, a los que dejan review como a los que no :D
FortuneladyStar: Wow! Creo que la zarandeada que me metiste sí funcionó; ahora volví más temprano XDDD Gracias! Que bueno que te gustó; espero que este te guste :D y sí, sigo firme en mi promesa (con el arsenal que tienes guardado no me arriesgo a nada XDDD)
Yuriko Hime: Gracias por tu review! Me dio gusto que me dejaras el review en el face :D gracias por lo que me dices, espero que te guste el cap ;)
TheSaku: XDDD Sorry, pero es lo que llaman "final de viernes" (lo dijo una actriz, es cuando a una novela la dejan en el clímax al final del cap del viernes para tener al público esperando todo el fin de semana) Y ahora que lo digo, sí, suena feo jeje. Gracias por tus comentarios, espero que te guste este cap :D
Iukarey: XDDDDDDDDDDDDDDDDDD Anda, ese sería un excelente final! XDDDDDD Raphaelito the walking dead... bueno, entonces mejor que los demás corran, no vaya a querer carne fresca. Ya ves, mickey sabe como sacar de quicio hasta al más tranquilo; bueno, a los hermanos de Finch ya tendrá que llegarles sus tiempos mejores; a ver que te parece este cap :D y no te apures por el cinna-leo, ya viene, ya viene (me gusta que me lo digas, porque luego me da kiki que creo que no les agrada a muchos la idea de la pareja) Y de nada, me da gusto que te gustara, felicidades y que cumplas muchos más!
Louperit: Bienvenida! Gracias, y no te apures, ya pronto le dedicaré más tiempo a esos dos que también me gustan mucho como pareja :D gracias por lo que me dices y espero que te guste este cap :D
AlondraHamato: ¡Gracias! Ese título que me has dado me subió a las nubes! Gracias de nuevo :D
CrystalVioleta: Gracias! XDDDD Sí, Rafa se merece una buena tranquiza por toooodo; pero si se la pasaran cobrándoselas no acaban nunca. XDDDD A ver si te gusta el cap, y cuento contigo para mis jalones de orejas si me desvío con lo que hablamos en el mp ;) Besos.
FloMafer:Gracias! Y perdón pero bueno, ya está aquí el resto ;) 1.- Que envidia! Yo de seguro iré hasta casi mediados la primera semana; es que en el mero fin de semana de estreno una amiga tiene una convención de comics y vamos a ir con ella :D Gracias, bueno, es que quiero que los chicos intervengan, que apoyen a su hermano :D XDDDD Gracias, en verdad que me digas eso me hace muy feliz! :D XDDDD Eres la segunda que quiere golpearlo por eso jejeje, gracias de nuevo, espero que este cap te guste :D Besos.
dragonazabache: Gracias por tu coment! :D Ojalá que este cap te guste, aquí mas o menos resuelvo esas preguntas ;) Besos.
SSMnos: Gracias! Que bueno que te ha gustado :D Y ojalá lo halles, es muy simpático ;) Sí, pero creo que es mejor que se entretenga con la pintura que con la bebida, por lo menos Donny lo prefiere así :D Gracias! Pensé que no me estaba quedando bien Cinna, y que bueno que les des permiso! Eso es mejor para mí... pero no tanto para Rafa, se va a morir XDDD Genial que te guste Saki, bueno, el malo también tiene derecho a tener sus fans, por que no? digo, hace que la trama se mueva y que bueno que me dices eso porque así sé como moverme con él que siento que es un villano difícil de manejar (digo, que tiene que ser malo, malo, malo) Gracias por lo que me dices, me ayuda muchísimo y me da gusto verte por aquí :D XDDD De hecho me inpiré en esa escena, me da una gracia ver al sujeto ahí todo loco y emma comiendo bien tranqui XDDDD Gracias! Y espero que te guste el cap ;)
Disclaimer: los juegos del hambre y teenage mutant ninja turtles, personajes, situaciones y demás, no me pertenecen a mí sino a sus respectivos autores: Suzanne Collins, Peter Laird y Kevin Eastman.
Gracias a mi beta Haoyoh Asakura, sin ella este fic no podría ser.
Escúchenme
Mantenga la mente en la misión
Ustedes me pertenecen
Vamos, hay que ponerlo en marcha
Ahora quiero algo en específico
Debes poner un espectáculo para mí
El gobernante y el asesino, nene
No hables, no digas nada, ¿Ok?
No hables, no digas nada ¿Ok?
No hables, no digas nada ¿Ok?
Al gobernante y el asesino, nene
The Ruler and the killer
by Kid Cudi
Capitulo VII
La familia entera seguía congelada en su lugar, mirando al fondo de la sala, a aquel rincón oscuro en el cual habían aparecido los dos chicos vestidos de agentes; todos se encontraban divididos entre si lo que veían era verdad o una mala pasada de sus mentes estresadas.
Rafael también se había quedado en su lugar, sin hacer movimiento alguno; miraba a sus hermanos sin saber qué más hacer o decir; ansiaba abrazarlos, pero estaba consciente de que el shock era muy fuerte y por lo tanto no se aventuró a nada, prefirió esperar a que reaccionaran.
-¿Eres... tú?- Murmuró Mickey, mirando a la figura del hermano que creyó perdido para siempre, ahora ahí, de pie frente a él. Rafael esbozó una media sonrisa, aquella media sonrisa socarrona y sarcástica tan particular en él. Miguel Ángel sonrió abiertamente, con los ojos brillantes por las lágrimas y la alegría mezcladas.
-¡Sí eres tú!-Riendo, corrió hacia su hermano, colgándose de su cuello en un fuerte abrazo que Rafael correspondió de inmediato. Donny imitó a su hermano menor y se acercó, abrazándose también a ellos; ambos menores en una mezcla de risas y llanto.
-¡Los extrañé tanto!- Susurró Rafael mientras los estrechaba; cuando aflojó el abrazo miró a Leo, quien seguía viéndolo sorprendido, incrédulo, con los ojos muy abiertos y una mezcla de tristeza, esperanza y confusión en el rostro.- ¿Qué? ¿No me vas a saludar?-Soltó el recién llegado con cierta sorna en la voz.
En pocos pasos, Leo se hallaba frente a Rafael, atrapándolo entre sus brazos con todas sus fuerzas; Donny y Mickey, con la sonrisa tatuada en el rostro, se habían alejado un poco para darles espacio mientras que Rafa correspondía a Leo haciendo uso también de toda la fuerza que tenía, escuchando cerca de su oído los sollozos de su hermano.
-No... No puede ser... ¿pero...? ¡¿Cómo?!- Leonardo se separó un poco de él, lo suficiente para poder verlo a la cara. Ahí estaba, el hermano al que no había podido salvar, al que había llorado por meses y que se había convertido en una de sus más grandes penas; ahí estaba el sonso, el idiota descarado que los había tenido a todos con el alma en un hilo por culpa de sus tonterías, el que creía que no volvería a ver jamás pues ni siquiera le habían dejado una tumba para llorarle.
Y ahora se encontraba frente a él, entre sus brazos. Se veía ligeramente más robusto que cuando vivía con ellos en la veta, lo cual le dijo que por lo menos había sido alimentado y le dio cierto alivio, pero su piel se veía reseca; su rostro algo demacrado y sus ojos... sólo podía verle uno, pues esa bandana roja le cubría el otro por alguna razón... Fue cuando lo recordó, el golpe que aquel agente le había dado con la cacha del arma en la cara, justo en el ojo izquierdo... ¿Lo habría perdido? Todo apuntaba a que sí y al pensarlo, Leonardo se sintió herido, terriblemente acongojado por pensar en el sufrimiento que su hermanito menor habría padecido con aquella herida. Sin pensar, pasó su mano por el rostro de Rafa, su pulgar cerca de aquel ojo perdido y este, en respuesta, esbozó una media sonrisa y bajó la cabeza para luego levantarla de nuevo y mirar a su hermano con su confianza acostumbrada.
-¡Hey! Al menos sigo aquí.- Soltó con su bravucona sonrisa; Leo sonrió un poco más alegre, volviéndolo a estrechar con fuerza entre sus brazos; Rafael tenía razón, al menos seguía ahí, de una pieza... bueno, casi; que codicioso puede ser el amor que nunca está conforme, que no le basta con tener de vuelta al ser amado, se le quiere completamente sano y salvo sin sufrir ni una sola herida.
Al fondo se escuchaban los sollozos de Magda y Abril. Rafa, apartándose un poco de sus hermanos se dirigió a ellas y abrió los brazos, invitándolas a acercarse. Ambas mujeres corrieron a él mientras lloraban de alegría.
-No puedo creerlo...-Sollozaba Magda con el rostro totalmente humedecido.- ¿Pero cómo es que tú...?
-¿Cómo ocurrió?-Completó Abril, expresando así la pregunta que todos tenían atorada en la garganta.
Rafael tomó asiento en uno de los sillones de la sala y los demás lo imitaron, repartiéndose alrededor suyo. Mickey se había sentado a sus pies, abrazando una de las piernas de su hermano mayor y mirándole al rostro fijamente, como si temiera que de un momento a otro aquella imagen se desvaneciera como un espejismo y todo resultara no ser verdad, sólo uno de esos tantos sueños que había tenido antes, donde su familia volvía a estar reunida.
-Antes que nada, les presento a Casey Jones.- Dijo la tortuga, recordándoles a todos la presencia del humano que había quedado desplazado por su aparición. Casey avanzó unos pasos y saludó a todos con una tímida inclinación, mirando a Abril con una coqueta sonrisa que Donny logró percibir y que no le gustó en nada.-A él le debo la vida.
-¿Pero, cómo...?- Volvió a soltar Abril.
-Casey y otro grupo vino al distrito doce para llevar algunos suministros; vieron la ejecución y se inmiscuyeron; vestían como agentes de la paz.- Y al oír eso, Leo volvió a la realidad y notó nuevamente los atuendos de su hermano y su amigo, algo por lo que le preguntaría en cuanto pudiera; Rafa siguió con su historia.- Por lo que Cray les encomendó hacerse cargo del entierro, nos llevaron hasta el cementerio, a la fosa común...- Y las palabras de Rafael murieron al divagar su mente en el recuerdo de aquella noche fría y las horribles sensaciones que aún le producían y que tanto se esforzaba por acallar.
-Nos dimos cuenta que él seguía vivo.- Continuó Casey al notar que su amigo se había ausentado por un segundo, aunque ya volvía al presente.- Decidimos llevarlo con nosotros y tratar de sanarlo... el resto corrió por cuenta suya.
Rafa bufó y esbozó una sonrisa de lado.
-Hablas como si todos lo hubieran decidido, fuiste tú quien se dio cuenta de que aun respiraba y quien decidió sacarme de la carreta.- Aclaró el chico, reafirmando su gratitud hacia el muchacho. Casey sonrió abochornado.
-Señor Jones.- Dijo Leo, poniéndose de pie frente a Casey.- Le agradezco infinitamente lo que hizo por mi hermano y mi familia; este es un precioso obsequio que jamás podremos pagarle.-El chico hizo una reverencia ante Casey, con toda la ceremonia que un guerrero podía manifestar.-Quede seguro de que en mi tiene un amigo leal y una espada que luchara por usted hasta con su vida.
Casey al ver que Leonardo, el mismísimo Sinsajo, se inclinaba ante él de aquella manera tan humilde y correcta, se sintió aún más abochornado. Nervioso, dio un respingo y totalmente sonrojado se esforzó por imitar la elegancia y cortesía de aquel saludo de guerreros.
-No... No hay nada qué agradecer, fue un placer, digo un honor... digo, ambas cosas...-Balbuceaba el humano, irguiéndose e inclinándose repetidas veces hasta que le tronaron los huesitos de la columna y se quedó firme de una vez.- ¡Auch...! Lo haría de nuevo si fuera necesario.-Logró decir por fin con sinceridad. Leo se irguió a su vez, sonriéndole con humildad, dulzura y gratitud.
-Eh... sí, bueno, ya... dejemos eso, ¿quieren?-Interrumpió Rafael un tanto abrumado.- Aun tenemos cosas que tratar.
Leo se giró para ver a su hermano; era cierto, aun había mucho que hablar.
-¿Por qué estás vestido de esa forma?- Mickey, aun sujeto de la pierna de Rafa, miraba el traje de su hermano con curiosidad.
-Sí, además, dijiste que Casey.- Y Donny miró al humano con cierta molestia (estaba agradecido con él, de eso no cabía duda, pero no le gustaba su actitud hacia Abril)-Y otros habían venido por suministros al distrito doce... ¿Exactamente de dónde vinieron?
Rafael esbozó de nuevo su media sonrisa.
-Vinieron del distrito trece.
-¡¿Qué?!- Soltaron todos a la vez.
-Hijo...-Interrumpió Magda.- Eso no puede ser, el distrito trece está destruido.
-Sí, lo destruyó el Capitolio en los días oscuros, todos lo saben, pasan las ruinas por televisión a cada rato.
-Sólo la superficie fue destruida.- Intervino Casey.- La gente del distrito sabía que se hallaba en la mira del Capitolio durante la guerra por ser los instigadores de esta; por lo tanto, temiendo lo que el presidente pudiera hacer, comenzaron a construir por debajo del distrito; ahí tenemos una ciudad subterránea con diversos túneles reforzados que nos han permitido sobrevivir hasta ahora.
-Pero obviamente carecen de muchas cosas que se dan o se hacen en otros distritos.- Siguió Rafael.- Por lo tanto deben enviar comitivas a buscar esos suministros en el resto de Panem; obviamente de forma clandestina, muy pocos saben de la existencia del distrito trece, sólo gente de confianza, como Darius.
-¡¿Darius sabía de esto?!- Soltó Leonardo con gran sorpresa. Rafael asintió.
-Él estuvo presente cuando Casey me llevó del cementerio, pero no podía decirte nada... por seguridad.
Ahora lo comprendía; la actitud de su amigo en el Quemador aquel día, el que a veces lo viera con pena, como si deseara decirle algo y no se atreviera. Había comenzado a sentirse molesto, pero aquel sentimiento se dispersó de inmediato. Era obvio que el distrito trece necesitaba ocultar su existencia del Capitolio y si Darius hablaba se arriesgaba a que ocurriera algún desastre por su indiscreción, y aquel desastre bien podía haberse llevado a Rafael en su vorágine. Suspiró; en cuanto viera al agente le agradecería por su amistad.
-Ya veo, entonces usan la ropa de agentes para moverse por los distritos, muy astuto.- Murmuró Donny.
-Te ves raro con ella.- Dijo Mickey haciendo un mohín con la nariz.
-Lo sé, y es bastante grotesca, pero es la única manera de movernos por los distritos sin ser notados.
-Eras tú... ¿no es así?-Todos se giraron a ver a Leonardo.- Eras tú, aquel día, en casa de Haymitch...
Ahora los chicos miraban de nuevo a Rafael.
-Lo siento, no podía hablar contigo, no aun... como no pude durante los juegos, o en la gira.
Leonardo abrió los ojos a todo lo que daba, recordando la imagen de Rafael entre el público durante el desfile de las carrozas, el agente que le había detenido para no salir a ayudar a los que estaban siendo atacados en la plaza del distrito once.
El muchacho se hincó frente a Rafael, con las manos en las rodillas de su hermano, mirándolo fijamente.
-¿Entonces no fue mi imaginación? ¿Estabas ahí, en el Capitolio, durante el desfile? ¿Estuviste ahí todo el tiempo?
-Sí, por cierto, te sientan bien los tatuajes dramáticos y el fuego en la cara, no está mal.-Dijo, chasqueando la lengua contra los dientes y con una sonrisita socarrona.
Pero Leonardo aún seguía mirándolo estático, fijamente, sin poder creer lo cerca y lo lejos que lo había tenido. Su hermano detrás de él, cuidando su espalda, vigilando, siguiendo sus pasos. Sin pensarlo volvió a estrecharlo con fuerza; habría deseado poder verlo en ese momento, hablar con él, tenerlo frente a frente y saber que realmente estaba ahí; todo aquello se lo transmitía con aquel abrazo y Rafa pudo comprenderlo perfectamente.
-Créeme que yo también quería hacerlo... hablar contigo...- Murmuró.- Por favor, no vuelvas a cantar el "lamento", ¿quieres?-Le dijo en voz baja al oído y Leo, entendiendo, sólo asintió repetidas veces con la cabeza, mientras los demás observaban la escena, con lágrimas en los ojos y totalmente conmovidos.
-Bien, bien...- Haymitch, controlando su voz para que no se notara que había llorado y ya habiendo secado sus ojos, interrumpió nuevamente.- Ahora tenemos otras cosas que tratar, sobre lo que vamos a hacer.
Los hermanos Hamato respiraron profundamente, dispuestos a poner toda su atención en esto. Leo, separándose de Rafa, se quedó sentado en el piso.
-Los llevaremos al distrito trece, ahí podrán estar a salvo.-Dijo Rafael mirándolos a todos alternativamente.- No es un paraíso, pero es un refugio bastante aceptable.
-Rafa, yo quiero pelear, no quiero ocultarme.- Dijo Leo con convicción, mirando fijamente a su hermano.
Rafael se le quedó mirando entre divertido y afligido.
-¡Vaya! Si unos cuantos meses atrás hubieras descubierto que andaba con aquel grupo de rebeldes me habrías partido la cabeza de un buen zape, y ahora eres tú el que busca iniciar una revuelta.
-No una revuelta, una revolución.- Afirmó Leonardo aún más resuelto. Rafa asintió lentamente con la cabeza.
-Lo sé... por una vez se invirtieron los papeles; tú buscando la forma de unirte a la guerra y yo tratando de evitar que lo hicieras.-Rió con sorna y Leo dio un respingo, aun sin comprender.- No es necesario que empieces a hacer reuniones clandestinas, no aquí.
-¿Entonces?
-El distrito trece está preparado para la guerra.- Intervino Casey con cierto orgullo.- Tenemos años reuniendo y preparando un ejército, nos dedicamos a entrenar noche y día.
-El estilo de vida del trece es prácticamente militar.- Agregó Rafa.- Casi todos sus habitantes forman parte de ese ejército.
-¿Entonces... tú?
-Sip, están viendo al soldado Hamato.
-Bien, entonces nos uniremos al ejército.- Agregó Donny.
-¿"Nos uniremos"?-Rafael lo miraba, arqueando una ceja de manera retadora.
-Ni te esfuerces, ya traté de convencerlos de lo contrario.- Le aclaró su hermano mayor; era inútil intentar disuadirlos y era mejor que Rafael no perdiera el tiempo con eso.
-¿Si tienen un ejército, qué esperan?- Preguntó Abril un poco molesta.- ¿Si llevan años entrenando y preparándose, porque no han atacado? ¿Por qué se la han pasado ocultos y no han comenzado a unir a Panem para la batalla? Nos habrían evitado mucho sufrimiento si hubieran iniciado la revolución tiempo atrás.
-Por qué no es tan fácil, señorita.- Casey tomó la palabra- A pesar de todo, somos un ejército pequeño y no toda la gente de Panem se uniría a nosotros sólo por sugerírselos, no todos confían, la mayoría tiene miedo.
-¿Entonces, para qué se han estado preparando si no van a tomar la iniciativa?-Donny se sentía igual que Abril, molesto ante la perspectiva de un ejército en constante entrenamiento, pero que no parecía terminar por decidirse a actuar.-Es obvio que la gente tenga miedo y no quiera unirse de entrada, se ganarían los adeptos en el camino.
-Sí, la gente al ver que otros se mueven se unirían también.
-No es tan fácil.-Dijo ahora Rafael.-Lo he visto, la gente puede asustarse aún más con las batallas frente a ellos, muchos podrían preferir seguir con su vida de esclavos que verse inmiscuidos en una carnicería; lo han visto durante los juegos, durante las cosechas; mientras no les toque a ellos en carne propia, pueden dejar que a otros los maten en su propia cara.
-Tienes razón.- Murmuró Leonardo que lo sabía de primera mano.
-¿Entonces, todo está perdido?-
-No es así.-Volvió a hablar Casey.-La presidenta Coin, la líder del distrito trece, siempre nos habló al respecto al prepararnos para la guerra; ella estaba consciente de que la gente de Panem no se uniría a la causa sólo por que vieran que unos cuantos se levantaban, necesitarían un líder, un guía, alguien que pudiera animarlos a marchar hacia la batalla...-Miró a Leo.- Necesitaríamos a un Sinsajo.
-¿Un sinsajo?-Soltó Mickey sin comprender.- ¡Haberlo dicho antes! ¡Hay muchos en el bosque si los sabes buscar!
-No, Mickey, no uno de esos pájaros.
-El Sinsajo siempre ha sido el símbolo que los rebeldes enarbolan desde los días oscuros como señal de resurgimiento en contra del Capitolio y lo hemos usado como una señal para reconocernos entre nosotros, quien va contra el Capitolio camina por la senda del sinsajo.- Explicó Casey.- El sinsajo es el símbolo de la esperanza por ser la descendencia de aquello que debía morir por que ellos lo decidieron, por ser quien sobrevivió cuando se suponía que no debería haberlo hecho, por desafiarlos y salir airoso, espléndido y brillante a pesar de tenerlo todo en contra.
-Eso suena maravilloso.- Musitó Abril viendo con ensoñación al chico, cosa que hizo que Donny diera un respingo.
-Al decir que necesitamos un Sinsajo es que necesitamos un símbolo, alguien que tenga el cariño y respeto de la gente de Panem, alguien a quien puedan ver como un guía, una esperanza, por quien darían todo, por quien no dudarían luchar. Yo siempre creí que la presidenta Coin sería ese Sinsajo.-Continuó el muchacho, con la mente lejos de ahí, ubicada en sus años de juventud como cadete del ejército del distrito trece.- Ella siempre estaba presente para todos nosotros, con una respuesta para nuestros problemas y necesidades... pero es obvio que sólo los nativos del distrito trece la vemos de esa manera, el resto de Panem no tiene el privilegio de conocerla como la conozco yo, y por lo tanto no la seguirían como nosotros lo haríamos.
-Habla por ti.- Dijo Rafa, apoyando el mentón en sus manos. Casey chasqueó la lengua mientras lo miraba con ligero desdén.
-¿Y dónde hallamos a esa... "persona-pájaro"?-Preguntó Mickey, dispuesto a salir a buscar y cazar al dichoso pajarraco humano.
-Lo tenemos aquí mismo.- Respondió Rafa con pesar, mirando a Leonardo fijamente; este le miraba de la misma manera, consciente en su totalidad de cuál era el papel que el destino le había preparado en esa pelea.
-¡¿Leo?!-Exclamaron Donny, Mickey y Abril al unísono.
-Ahora entiendo... -Murmuró Donny después de unos segundos; es lo que nos decías hace unos minutos, ¿no es así, Leo? Bueno, no te auto nombrabas "Sinsajo", pero es a lo que te referías, la gente podría seguirte.
Leo asintió levemente.
-No pareces muy sorprendido.-Dijo Rafael, aun mirándolo.
-Alguien a quien valoro y respeto mucho ya me había hablado al respecto... No sé si realmente poseo esa influencia, pero no lo sabré hasta intentarlo.
-Sólo que hay una cosa.- Volvió a hablar Rafael- La presidenta Coin.- Casey dio un respingo al oír a su amigo.
-¿Qué hay con ella?-Preguntó Donny, mirando a su hermano.
-Nada se hace en el distrito trece sin su autorización... bueno, casi nada.- Añadió con una risita al pensar como ahora justamente, se hallaban fuera del distrito sin su permiso.- Ahí todo se consigue a cambio de algo y nada se desperdicia; ella ha estado esperando el momento de la batalla desde hace mucho tiempo y es seguro que quiera aprovecharse... usar a Leo para su beneficio.
-¡¿Usarlo?!-Exclamó Abril con sorpresa, los otros compartían el sentimiento, mirando a Rafa en busca de una explicación.
-Yo no pienso que sea así.- Insistió Casey.
-Cómo sea, Case, el caso es que yo veo a Coin de una forma distinta a la tuya y no confío del todo en ella.
-Rafael tiene razón.- Intervino Haymitch y el chico humano, cruzado de brazos, desvió la mirada con molestia.-Quizá buscará la forma de manipularte, de hacer que pelees esta batalla como ella quiera, usarte como una herramienta para su propio beneficio.
-No dejaré que eso suceda.-Contestó Leo con calma.
-Lo sé, pero no debes bajar la guardia; Coin es como Saki, si quiere algo de ti buscará la forma de orillarte a hacerlo, no debes darle la oportunidad.
-¡La presidenta Coin no es como Saki!-Protestó Casey con rabia, mirando al mentor con verdadero enojo-¡¿Cómo se atreve siquiera a hacer semejante comparación?!
-Por qué he vivido más que tú, niño y sé cómo es el poder y las formas en las que puede corromper a aquellos que no saben manejarlo.-Suspiró brevemente.- No me consta que tu amada presidenta sea igualita a Saki, pero es mejor pensar que lo es para evitarse sorpresas o traiciones. No confíes totalmente en ella.- Dijo esto último mirando a Leo.
-De acuerdo.
Casey desvió la mirada, molesto.
-¿Entonces, cómo quedamos con esto?- Abril miraba a Haymitch, Rafa y Casey de manera alterna, esperando que el exabrupto por Coin quedara de lado y se centraran de nuevo en el plan a seguir.
-Los sacaremos del distrito doce, pero no será de inmediato.- Replicó Rafael.- No podemos llamar la atención y el sacarlos ahora, tan pronto y tan de golpe sería obviamente demasiado llamativo. Hablaré con Coin para prepararlo todo y en cuanto haya un plan y un modo seguro me pondré en contacto con ustedes para comenzar la huida; en cuanto lleguemos al trece procederemos con el levantamiento.
Leonardo asintió con una ligera sonrisa en los labios.
Rafael seguía mirándolos a todos en silencio; luego, con pesar, se puso de pie, tomando el casco con su mano y exhalando un suspiro.
-Bien... creo que será mejor que nos vayamos, mientras más rápido comencemos con esto mucho mejor.
-¡No!-Soltó Mickey de repente, levantándose y aferrándose a su hermano.- ¡No te vayas todavía! ¡Quédate!
-Mickey... yo...
-¡Es verdad!- Saltó Magda de repente.- Seguramente ustedes dos no han tenido una cena decente en días, no pueden irse con el estómago vacío, ¿no es así?
-¡Es verdad!-Exclamó alegremente Mickey
-Vamos, hija, hay que prepararles una buena cena, necesito que me ayudes.
-¡Sí, mamá!
-¡Yo también quiero ayudar!
-Señora, no es necesario...- Dijo Casey, pero Magda le hizo callar con un gesto de la mano.
-Nada, no aceptaré un no por respuesta; tomen algo y luego pueden volver al distrito trece.
-Eso me encantaría, Magda.- Respondió Rafael con nostalgia por aquellas noches en las que todos cenaban juntos; quizá la cena era frugal, pero la compañía la hacía bastante agradable.
Magda sonrió y se alejó hacia la cocina, seguida de Abril y Mickey; Casey, apenado por las molestias, les siguió para ver si podía ayudar en algo, y Donny, celoso por aquel muchacho que miraba de aquella forma tan singular a Abril, les siguió para mantenerlo vigilado.
Rafael y Leo vieron al grupo alejarse mientras reían suavemente.
-Extrañaba todo esto.- Murmuró Rafael, aun viendo hacia donde los demás se habían ido. Haymitch también se había alejado, dándoles privacidad a los dos hermanos.
El chico de bandana roja se acercó a la chimenea; al rincón donde sus hermanos habían colocado las cosas de Splinter.
-Él estaría orgulloso de ti.- Dijo Leonardo; Rafael se giró para verlo.
-¿Orgulloso? ¡Qué va! Seguro me regañaría por haberme ausentado tanto tiempo de los entrenamientos.
Ambos volvieron a reír.
-Leo...- Rafael se quedó en silencio unos segundos, buscando como decir lo que quería decir; miró a su hermano de nuevo.-Gracias.
-¿Gracias?- Replicó el otro dando un respingo.- ¿Por qué?
-Por lo que hiciste en la cosecha... por evitar que Mickey o Donny acabaran en la arena... Si yo no hubiera sido tan imbécil al confiar en aquellos tipos.- Negó con la cabeza al recordar a su grupo de sedición.- ¡Habría estado ahí y habría evitado que esto pasara!
-¡Por favor! ¿Acaso crees que aun estando tú ahí yo no habría intervenido?-Leo se cruzó de brazos.- No te habría dejado tomar el lugar de Mickey, así como no dejé que Donny lo hiciera.
-Pero yo te habría noqueado para tomar el tuyo.- La tortuga esbozó su sonrisa más socarrona y su único ojo bueno brillo con desafío.- Para cuando despertaras yo ya habría estado pateando traseros en los juegos.
-Cómo si pudieras golpearme.- Soltó Leo tras una risa.
-Cuando quieras te lo compruebo.- Desafió Rafael sin perder la sonrisa y dando un paso hacia él, con el puño en ristre.
-No, no quiero lastimarte antes de la guerra.
Ambos volvieron a reír.
-Pero en serio... gracias.
-Eres un idiota, no tienes nada que agradecer, son mis hermanos, no los habría dejado ir ahí por nada; entre nosotros nos cuidamos... como tú cuidaste de mí en el Capitolio.
Rafa dio un respingo.
-¿Fuiste tú, verdad? Quien le dio esa píldora a Cinna.
-¡Ah! ¿Eso...? Sí.
-¿Cómo sabías que...?-Leo no pudo terminar la pregunta; los colores se le habían subido al rostro.
-Haymitch me lo dijo, me contó que a algunos Vencedores solían hacerles... ya sabes.
-¡¿También le pasó a Haymitch?!-Preguntó Leo, horrorizado.
-No, no le dejaron a ningún ser querido para chantajearlo de esa manera.
-Lo conoces muy bien, ¿verdad?
Rafael asintió.
-Muchas veces me tocó llevarlo de vuelta a su cama tras una borrachera... la de cosas que balbuceaba en esos momentos.- Dijo con tristeza al pensar en aquellas noches en que su amigo terminaba llorando por la suerte de su familia, de su novia, y maldiciendo entre gritos al Capitolio.
Ambos se quedaron en silencio unos segundos, luego, Leo miró a su hermano.
-Rafael...
-¿Dime?
Leonardo se acercó a su hermano, posó una de sus manos en el hombro del chico quien le sonrió dulcemente... y de inmediato le sujetó los extremos de la bandana roja, tironeando de ella.
-¡ ¿Con qué póker, apuestas, cigarrillos y licor blanco?! ¡¿En qué diablos estabas pensando?!
-¡Ayayayayayayayayay! ¡Suéltame, salvaje! ¡Me vas a extirpar el único ojo que me quedaaaaa!
-¡Debería darte una buena tunda por esto! ¡Te la tienes ganada desde hace meses, sobre todo porque me enteré que reprobaste el año de geometría!
-¡Ay! ¡ ¿Pero que no oyes?! ¡Me vas a exprimir la cabeza!
-¡Claro que te voy a exprimir la cabeza!- Gritó, echándosele encima para golpearlo, a lo que Rafael correspondió luchando para quitárselo de encima comenzando ambos una batalla sin cuartel en el medio de la sala. En la cocina, el resto de la familia sonreía felizmente al escucharlos jugar.
Tras un rato de buena pelea, Abril les llamó para ir a la cocina. Toda la familia degustó el platillo preparado por Magda; aunque ya habían comido bien en la fiesta del Alcalde Undersee, no se negaron a probar algo de lo recién servido, más por cenar junto a Rafa y Casey que por tener hambre; aquel momento fue casi como volver a los años pasados, con la diferencia de la comida abundante, pero con la fortuna de estar todos reunidos.
Cuando por fin terminaron de comer, y tras un rato de sobremesa, no quedó de otra que despedirse, pues era mejor no prolongar el lapso de mal funcionamiento en las cámaras de la casa más de lo que ya lo habían hecho. Casey se despidió con cortesía, y Rafa abrazó a cada uno de sus hermanos, a Magda y a Abril con deseos de no soltarlos jamás, a pesar de que tenía que hacerlo por el bien de todos.
-No te alejes mucho.- Murmuró Mickey abrazándolo de nuevo.
-No te preocupes, enano, pronto vendré por ustedes, ¿de acuerdo? Así que pórtate bien y no desesperes a los demás.
-Yo no desespero a nadie.- Protestó el niño, pasándose la mano por los ojos.
-Sí, lo sé.
-Rafael.
La tortuga miró a su hermano; Leo se acercaba a él de nuevo, algo dubitativo por lo que iba a decir.
-En el distrito siete y el cinco... El señor Miyamoto y la familia de Finch... ¿Crees que podrías sacarlos de ahí?
-No lo sé.- Intervino Casey al escuchar la petición como si le hubieran dicho a él.- sería algo difícil si tomamos en cuenta que...
-Considéralo hecho.- Le cortó Rafa, esbozando su confianzuda sonrisa.
Leo volvió a abrazarlo con fuerza, luego Donny abrazó de nuevo a su hermano.
-Los veré pronto.- Se despidió el muchacho, saliendo por fin de la casa en compañía de Casey y dejando a su familia con una mezcla de sentimientos.
-Bien, será mejor que vayan a la cama e intenten dormir.- Sugirió Haymitch, que no había salido con los chicos para no levantar sospechas.- Ya mañana comenzaremos con todo lo que hay que arreglar.
-Dudo mucho poder dormir.
-Y yo.
-Yo no tengo sueño.-Mickey aun miraba hacia la puerta, con los ojos llenos de lágrimas.
-Vamos, Mickey, tienes que intentar dormir.-Le dijo Leo, rodeando los hombros de su hermanito con su brazo.- Además, ¿Quién va a evitar que me caiga de la cama? Necesito que pases la noche conmigo para sostenerme, ¿recuerdas?
El niño sonrió y asintió con la cabeza. Ambos subieron la escalera juntos.
Antes de encontrarse con la familia Hamato-O'neil, Casey y Rafa habían esperado en casa de Haymitch, desde ahí había contactado por medio de su comunicador a su amigo, el del aerodeslizador reconstruido; por ende, este les esperaba en el lugar de costumbre, lejos del distrito doce, llevándolos de vuelta al trece.
Al llegar les estaban esperando; era obvio para Coin que aquel par se había ausentado (era difícil no notar su presencia en todas esas semanas), razón por la cual ordenó que en cuanto aparecieran los enviaran a su oficina. Casey y Rafael, volvían a estar en medio de aquel lugar, como niños castigados que habían sido enviados con el director.
Aunque Rafael sabía que aquello se prolongaría más que la otra vez.
Tras esperar unos minutos, la puerta se abrió; Coin entró pasando por detrás de ellos para ir a su escritorio y tomar asiento; entrelazó los dedos de sus manos apoyando el mentón sobre ellas y mirándolos fijamente. Casey, apenado, se sentía aún más intimidado que la primera vez que habían salido rumbo al Capitolio. Rafael, le miraba directamente, como un jugador de póker que va a jugarse no sólo el destino de su familia, sino el de todo Panem en una mano.
-Nuevamente salieron.
No era una pregunta, era una afirmación. Coin los miraba a ambos con sus grises y gélidos ojos y su semblante férreo que no daba lugar a expresión alguna que permitiera saber que pasaba por su mente. Casey asintió con la cabeza y Rafa esbozó una leve media sonrisa.
-A pesar de que les dije que no lo hicieran.
-Lo sentimos mucho, señora Presidenta.
-¿Se puede saber qué estaban haciendo?
-Como si no lo supiera.- Replicó Rafa, y Casey dio un salto, alarmado, exigiendo más respeto a su amigo con la mirada.
-Fuiste a vigilar a tu hermano, en la gira.
-Sí.
-¿A pesar de mis órdenes de no volver a salir y menos sin mi permiso? ¿Te das cuenta de que esta insubordinación...?
-Antes que nada, paremos la comedia.- Dijo Rafa con tranquilidad, cruzándose de brazos y mirándola fijamente, haciendo que Casey volviera a sentir un vagido ante la actitud tan descarada de su amigo.-Usted sabe tan bien como yo que el hecho de que Leonardo esté bien es importante para la causa.
Coin no pudo evitar arquear ligeramente una ceja.
-¿Ah, sí?
-Sí, usted lo sabe, Panem lo sabe... Saki también lo sabe.
La mujer le miró con mayor seriedad.
-¿Estás seguro?
-Sí... y no me extrañaría que trataran de aniquilarlo, ya sea moral o físicamente, de hecho, ya comenzaron.-Añadió, recordando el asunto de Rontto.
Coin se recargó en el respaldo de la silla, cruzándose de brazos y sin dejar de mirar al muchacho, ahora de manera más serena, pero no por eso menos autoritaria.
-¿Y él qué dice? ¿Está dispuesto a pelear?
-Sí.
-Entonces, hay que traerlo aquí antes de Saki lo mate, o peor aún, convenza a la gente de Panem que es igual a los del Capitolio y no nos sirva de nada.
-Pero no viene solo.- Sentenció Rafa.- El resto de la familia debe venir con él, además de otras personas del siete y el cinco.
Coin enarcó de nuevo la ceja, esta vez de manera más notoria, mirando al muchacho con cierta molestia. Era obvio que la familia del sinsajo debía venir con él, pero de eso a traer invitados de dos distritos diferentes...
-¿Así que pone condiciones? No parece estar muy comprometido con la causa.
-Al contrario, lo está, pero no es tonto, y necesita a esa gente de su lado, aquí, en el distrito trece.
Coin siguió mirando a Rafael en un duelo que los dejaba a ambos en las mismas condiciones; sin Leonardo, Coin no tenía una forma de mover a las masas, sin Coin, Leo no tendría un medio de llegar a la gente y un ejército. La mujer suspiró.
-De acuerdo, prepararemos la extracción; pero cuando esté aquí se hará todo según mis planes, ¿de acuerdo?
-Seguro.- Rafa se puso de pie, dispuesto a salir de la oficina, Casey iba tras él, ambos abandonaron el lugar.
-¿Qué? ¿Vas a regañarme por lo que pasó ahí dentro?
-No, no... Admito que no me gusta tu forma de tratarla, pero, bueno... ya qué.
-En verdad, Casey, no me lo tomes a mal, sabes que te estoy muy agradecido por todo lo que has hecho, pero estás muy ciego con ella; es obvio, la conoces más que yo y la respetas, pero yo no confío en ella y por el bien de mi familia, seguiré así, por lo tanto, mejor no hagas caso de cómo me porto con ella.
-Bueno... debo admitir...- El chico se detuvo y Rafael hizo lo mismo, mirando a su amigo.- debo admitir que hay algo diferente en ella y en... en tu hermano.
-¿A qué te refieres?
-Bueno... por la charla que tuvimos en tu casa, tu hermano está consciente de quien es y del papel que juega en el destino de Panem, eso lo sabía desde antes de que se lo dijéramos.
-Sí, lo sé.
-Y sin embargo...- El chico se pasó la mano por la cabeza, sonriendo nerviosamente.- La forma en que me agradeció por ti, la humildad en su voz y sus palabras... bueno, admito que en eso es muy diferente a la presidenta Coin.
Rafael sonrió de nuevo.
-Lo sé, y es por eso que la gente lo seguirá a donde vaya... y si queremos que eso ocurra debemos empezar a trabajar ahora.
Casey asintió, aun sonriendo levemente, y siguió a Rafael por los largos pasillos.
Como lo prometieron, Effie, Cinna y el resto del equipo de preparación se presentaron en la casa Hamato al día siguiente, antes de volver al Capitolio.
Aunque la familia se hallaba un tanto desvelada, recibieron a los visitantes de buena gana; Haymitch también fue a la hora convenida, algo que Effie no pudo dejar de considerar "extraño", y Magda, como buena anfitriona, preparó el almuerzo para todos antes de que se marcharan al tren.
Después de almorzar, era la hora de despedirse. Effie y el equipo de preparación duraron un buen rato hablando con Magda y Abril sobre algunas nuevas tendencias que habían visto durante la fiesta en la mansión del presidente, algo que a pesar de todo, animaba mucho a las dos mujeres. Mientras terminaban su charla, Cinna y Leo, fuera de la casa, esperaban el momento de que partiera la comitiva.
Se hallaban caminando por el jardín, a algunos pasos de distancia del pórtico, ambos en silencio. Leo traía tantas cosas en la cabeza, tanto que quería contarle... lo ocurrido con Rafael, los planes futuros...
Pero sabía que lo de Rafael ya era del conocimiento de Cinna y seguramente los planes tampoco eran algo que no supiera; miró a su amigo y una pregunta se formuló en su mente, soltándola casi sin pensar.
-¿También vendrás?
Cinna se giró para verlo y le sonrió dulcemente.
-Claro que sí... Después de todo, ¿qué sería de ti sin tu estilista?
Ambos comenzaron a reírse.
-Para eso no voy a necesitar un estilista.
-Yo creo que sí, no querrás ir a la guerra en fachas, ¿o sí?
Ambos volvieron a reír.
-Sólo quiero ir y ya, acabar con todo esto si está en mis manos, poder vivir con la tranquilidad de que nadie deberá morir por el capricho del gobierno nunca más.
Cinna le observaba en silencio, sintiendo que su respeto y amor por aquel chico se incrementaba aún más. Sin pensarlo, se inclinó hacia él, le tomó del mentón con suavidad, levantando su rostro y atrapó los labios del muchacho con suavidad y dulzura, algo a lo que Leo también sin pensar, correspondió.
-Entonces iré contigo... te acompañaría al mismo infierno si fuera preciso.
Leo lo observaba en silencio, sonriendo, sin saber qué decir.
-¡Listo! ¡Ahora sí podemos irnos!-Exclamó Effie, saliendo de la casa con Flavius, Venia y Octavia detrás de ella; Abril y Magda, junto con el resto de la familia, salieron detrás del equipo de preparación.
-Es difícil discutir de modas con pueblerinas, no tienen el más mínimo estilo, sin ofender, querido.
-No, no hay ofensa.- Replicó Leo, aun algo abochornado.
-Bien, ¡nos veremos en la cosecha cuando por fin serás mentor! No sé tú, pero yo estoy muuuy emocionada con esto, ¡Va a ser fantástico! ¡Y justo en el vasallaje de los veinticinco! Haymitch, será mejor que hagas algo por ti, un nuevo corte, una cirugía, que sé yo, algo para que te mejores.
-Tú también deberías hacer algo para mejorarte.- Replicó el Mentor.- No lo sé, una nueva peluca, otro corsé, un zipper en la boca para por fin mantenerla cerrada.
Effie le hizo un gesto de desagrado y luego miró a Leo.
-¡Adiós, Leo, nos veremos pronto, te cuidas!-Le dio un beso en la mejilla. Flavius, Venia y Octavia le imitaron para luego ir al auto que los llevaría a la estación.
Cinna miró a Leo y le sonrió con dulzura, no atreviéndose a besarlo frente a su familia, sólo atinó a despedirse con un ademán de la mano que el chico, con una sonrisita tonta, correspondió.
Por fin el auto arrancó. La familia se quedó ahí, observando hasta perderlo de vista.
Leonardo suspiró, sintiendo que el corazón aun le latía a toda prisa por lo que acababa de pasar... bueno, es que... ¿qué había pasado con él? Siempre había jurado a sí mismo que nunca, jamás, acabaría enamorado de nadie por no pasar por la pena a la que la mayoría de las parejas y sus familias se hallaban destinadas, ¿Y ahora pasaba eso?
Enamorado... repitió la palabra en su cabeza con miedo y emoción entremezclados. Se hallaba enamorado de Cinna, no podía evitarlo, no podía negarlo más, y el simple hecho de aceptarlo le hacía sentir emocionado; como un niño pequeño que roba un dulce que le está prohibido y en lugar de arrepentirse se deleita con su travesura. Y lo mejor de todo es que no era sólo cosa suya, era correspondido, y con ello de su parte, ¿qué más podía pedir?
Respiró profundamente, sintiendo los rayos del sol sobre su rostro, llenándolo con su calor. Estiró los brazos hacia los lados, deseando llenar sus pulmones y todo su ser no sólo de ese aire cálido y agradable, sino también de aquella nueva emoción que tanto había negado en su vida y que sin embargo ahora poseía, y a diferencia de lo que temía, en lugar de hacerlo sentir asustado, le hacía sentir lleno de vida.
Quizá aquel optimismo se debía al hecho de las esperanzas en el futuro, la idea de poder por fin tener su destino en sus manos; elegir su batalla y dar todo por ganarla, ya no sólo por salir con vida de una arena, sino por obtener la tranquilidad de él y los suyos de una buena vez; y ahora se sentía tan fuerte y poderoso que estaba seguro sin duda alguna que lo lograría.
Se sentía dueño de sí mismo y le encantaba.
Pasó una semana después de que acabara la gira.
La vida en los distritos parecía ir con tranquilidad. Rafael aún no se había comunicado, pero eso no les preocupaba; sabían que se hallaba bien y que era obvio que una semana era muy pronto para entrar en contacto o para sacarlos del distrito doce. Cómo había dicho, debían ser precavidos, la huida debía ser bien planeada y llevada a cabo con sumo cuidado para no levantar sospechas y evitar el fracaso. Aquello les ayudaba a esperar.
Leo y sus hermanos seguían con sus vidas y rutinas de siempre; la escuela, la pintura, el hogar, el quemador, y los entrenamientos clandestinos que llevaban a cabo con discreción y cuidado. Eso les ayudaba a mantener la mente ocupada y no pasar el tiempo pensando en Rafa y el plan; además, también a Leo le ayudaba a liberar tensión, pues ahora en los programas del Capitolio no dejaban de hablar de él y algunos chismes que se habían dado con referencia a su repentina ausencia en la fiesta del presidente.
Que si en un momento estaba y al siguiente ya no, que lo vieron bajar del segundo piso con algunas marcas raras en el cuello, que ¿quién habría sido el o la afortunada que marcara así al chico en llamas? Y sobre todo, que se rumoraba que en verdad era un él y aquello no hacía más que hacer hervir más los chismes en todo Panem, no dándole sólo un amante, sino emparejándole con más de cien.
La imagen de Leo como "mujeriego" o bien, "chico fiestero" empezaba a divulgarse.
-Creo que nuestro querido "Chico en llamas" está por fin creciendo y disfrutando los beneficios de su posición, ¿no lo crees así, Tribecca?- Decía una de las chismosas más famosas de la televisión de Panem a su compañera en un programucho de mal gusto pero gran audiencia.
-Bueno, es lo más lógico, ¿no lo crees? Después de todo, es joven, tiene dinero y debe disfrutar de todo eso, como Finnick Odair.
-Sí, nuestro Finnick también es todo un Capitalino, más que un vencedor del cuatro, ¿no es así? De hecho, hay rumores que apuntan a que estos dos son buenos amigos, que se contactaron en la gira de la victoria de Leonardo y que desde entonces son inseparables; no me extrañaría que Finnick se llevara a Leo de juerga a esos antros del Capitolio donde aseguran haberlos visto a los dos.
-¡No puedo creer que tengan la cara dura de decir tanta basura!-Soltó Donny. La familia entera se hallaba reunida en la sala al final del día, mirando la televisión.- ¿Sabes lo que tratan de hacer, no?
-Sí, lo sé.- Replicó Leo, molesto. Era obvio que trataban de manchar la imagen que hasta ahora poseía, tratando de minar así su influencia en la gente, que los distritos lo vieran como alguien más del Capitolio que había olvidado por completo su origen y su vida sencilla.
-Esto no pinta bien.- Murmuró Abril.- La gente es muy crédula, seguro algunos se van a creer todas esas idioteces.
-Mientras sólo sean pocos.- Añadió Donny, sin dejar de mirar a su hermano, cuyo rostro no dejaba de mostrar la molestia que sentía por aquellas tonterías.- Creo que mejor apagamos esa cosa.
-Buena idea.- Dijo Mickey, tomando el control y apagando el aparato, pero este de repente se encendió de nuevo. Todos miraron a la pantalla extrañados; cuando los televisores en Panem se encendían solos era por orden gubernamental, porque alguna noticia de "interés general" iba a ser divulgada. Ninguno dejó de mirar la pantalla, en espera de lo que pudiera pasar.
El sello del Capitolio apareció en un fondo negro, el himno de Panem se dejó oír y Leo sintió un escalofrío; la voz de Claudius Templesmith se dejó oír de repente.
-Pueblo de Panem, ahora, el mensaje oficial sobre la celebración del "Vasallaje de los Veinticinco".
El fondo y el escudo desaparecieron para dar lugar al balcón de la mansión del presidente, decorado en el fondo con el escudo del país y en el frente con un pódium. El presidente salió entre los aplausos de la gente y sus funcionarios y se colocó en su puesto, mirando a la gente, a la cámara, y sonriendo con "alegría".
-Ciudadanos de Panem; este año se conmemora el aniversario número setenta y cinco del final de los "Días Oscuros" y la instauración de "Los juegos del hambre". Como saben, para celebrar esta gran ocasión, cada veinticinco años se da el doble de las fiestas que se dan en los años normales, pero en especial, seguimos la noble tradición que ha sido inscrita por mis antecesores para hacer de los juegos un acontecimiento aún mejor que los anteriores.
-Vaya forma de celebrar.- Murmuró Magda, que por su edad había sido testigo del vasallaje anterior. En el primero, los mismos vecinos debían elegir a los tributos, según la orden del gobierno; en el anterior, la orden fue enviar el doble de tributos que en años normales; aquel había sido el año en que Haymitch se había alzado vencedor, derrotando a cuarenta y siete competidores y saliendo vivo de la arena.
Una niña apareció en el balcón, llevando una caja de madera que Magda ya conocía; la caja que contenía los sobres con los dictámenes específicos para cada Vasallaje. El presidente la abrió; estaba llena de cientos de sobres amarillos, lacados. Leo pensó que los antecesores de Saki habían pensado en cientos y cientos de años de "Juegos del Hambre" y aquello le hizo revolver el estómago.
Saki tomó el sobre marcado con el número "75" en dorado, lo levantó ante la multitud y luego le abrió con parsimonia, sacando de su interior una tarjeta.
-Para celebrar los setenta y cinco juegos del hambre, se ha predispuesto que los tributos sean elegidos entre la población de vencedores de cada distrito.- Leyó con solemnidad, mirando luego a la cámara y sonriendo con "alegría".
La familia Hamato se quedó en shock, mirando a la pantalla. Poco a poco giraron sus cabezas hacia dónde Leo se encontraba. El chico estaba lívido.
No era posible.
¿Debía volver a la arena?
