Capítulo VII: El príncipe de la oscuridad.
Bram concentraba toda su energía en un puño, lo único que le faltaba de lo que Ganondorf dijo que podía enseñarle era a controlar las sombras.
Era un proceso agotador y requería demasiada energía. Bram lograba llevar a cabo lo que se supone que debía ocurrir, el problema era estar consiente después de hacerlo. Siempre se desmayaba debido al agotamiento.
Ganondorf ya le había prometido que en cuanto dominara esa técnica, lo regresaría a Hyrule para así cumplir su destino… Aniquilar a los dos sabios para así obtener el poder que su maestro le prometió, y lo más importante, encontrar a su hermano.
Habían pasado demasiadas cosas al estar en el reino de las sombras.
Lo primero era el hecho de que Bram, sin entender por qué, sentía el odio recorrer en sus venas como veneno, la ira lo controlaba por dentro y cada vez que aspiraba el aire que se sentía en el ambiente, notaba cómo su cuerpo alejaba todo rastro que un ser humano poseía…
Una gran bola de energía morada comenzó a formarse en la mano de Bram, éste cerró los ojos y estiró la mano hacia el techo. La bola comenzó a crecer hasta llegar a cubrir toda la habitación. Bram la soltó enseguida, miles de criaturas descendieron de las sombras mientras que la luz morada se disipaba cada vez más.
Bram abrió los ojos para ver su creación. La luz había desaparecido por completo, dando lugar a un ejército increíble de monstruos de todo tipo, desde zombis, hasta criaturas rastreras.
Volvió a elevar la mano hacia el aire, la bola emergió otra vez, ahora absorbiendo todo lo que había.
Después de un rato, en la habitación sólo podía observarse ese vacío que existía en todo el reino de las sombras.
- Bravo, bravo, bravo… Me has apantallado Bram. En verdad no esperaba que lograras dominar esa técnica tan rápido. -
Bram volteó la mirada repentinamente, Ganondorf lo miraba desde un punto lejano con una sonrisa traviesa en la cara.
- Realmente me has apantallado. Has sido un gran discípulo.
- Eso significa que ya puedo irme, ¿No es así?
- Bueno… Técnicamente sí, pero… ¿Acaso no quieres tu premio por haber concluido el entrenamiento conmigo? –
Bram lo miró fijamente, bajó enseguida la cabeza al captar la mirada amenazante de Ganondorf y caminó hacia él.
- Je, buen chico. –
Dijo Ganondorf antes de caminar fuera de ese sitio para guiar a Bram hacia su recompensa.
- Debes saber, antes que nada, la misión que tienes…
- Eliminar al menos dos de los sages y venir a liberarlo maestro. –
Ganondorf rió malévolamente y caminó hacia una especie de santuario. Bram lo siguió con la mirada decidida y seria.
Llegaron a una especie de santuario, en el centro se alzaba un pedestal con una espada enterrada en éste.
- Tómala Bram, esa espada será tu nueva arma, tu nueva defensa. Con ella seguro no tendrás problemas en tu misión.
- ¿Si es tan poderosa cómo es que no la usas tú?
- Lamentablemente no puedo por más que lo intente. Esta espada representa la oscuridad. La de tu hermano representa la luz… - Bram se estremeció al escuchar a Ganondorf mencionar a su hermano.
Caminó hacia el pedestal donde se encontraba la espada, después de pensarlo un rato tomó el mango de ésta con las dos manos, jaló fuertemente y la espada terminó en su mano izquierda.
La elevó hacia el techo y de ella nació un aura negra, la cual llegó a cubrir inclusive al guerrero.
Su vestimenta enseguida cambió, una túnica negra muy parecida a la que portaba su propio hermano sustituyó la casaca de cuero y los pantalones de algodón que solía portar. El azul intenso de sus ojos aún no se perdía, sin embargo su piel tomó un tono mucho más pálido al que él poseía originalmente.
- Ahora Bram, derrota a los sages, busca a tu hermano y derrota tu destino… -
Después de ésta orden, Bram elevó su mano en el aire y un portal negro emergió de ésta. El joven se apresuró a salir por el portal, dejando a su maestro detrás.
Al llegar una vez más a su mundo respiró profundo, tanta era la costumbre de su mundo de sombras que incluso el aire puro y limpio que respiraba le provocaba asco.
Emprendió el camino hacia el punto más cercano en el que se encontraba. Los Sages se ocultaban en el agua, el fuego, el bosque, el desierto, la sombra y la luz, lo más cercano era el bosque… Aquél bosque donde su hermano brincaba entre los árboles, comía nueces y cantaba alegremente… Bram no podía soportar las imágenes, apresuró el paso para llegar a su destino, acabaría primero con el Sage de bosque, luego se preocuparía por su siguiente paso…
Nada podía detener que cumpliera su destino, haría caso omiso a lo que su maestro pidió, todo para hacerse llamar el príncipe de su propia oscuridad…
