Tonalidades de lo inesperado
7.
La siguiente parada
Miyako piensa que la suerte le da por jugar con ellos. Siempre. Desde que eran niños, probablemente. No consiguen buenos resultados en cada momento, pero si son afortunados en muchas cosas. Gran parte del tiempo. Pasan algunas semanas antes de que puedan encontrar un departamento en la zona que quiere Ken (tanto por la Academia Nagataka como por la cercanía estratégica a la casa de su familia) y con el espacio que prefiere Miyako. No está lejos del viejo apartamento que alquilaba y es definitivamente un lugar muy bonito.
Es demasiado, piensa con tristeza, para su presupuesto.
Había llegado a pensar que tendría suerte con ese.
Ken le sostiene la mano y sonríe con dulzura hacia ella. —Estuve ahorrando. Quería que... que sea lo mejor posible.
Él odia usar la palabra perfección y todos sus derivados así que ella ha empezado a evitarla. Entiende el punto de su novio mejor de lo que él piensa.
—Pero Ken…
Miyako no busca perfección inalcanzable tampoco.
—Está bien mientras estés conmigo. Es muy bueno.
Es muy bueno.
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No fue algo sencillo, ponerse de acuerdo en algunos detalles pero no es algo imposible. Miyako siempre busca un punto medio, ella prefiere los matices antes que lo absoluto. En eso, Iori es todo lo contrario a ella. En eso, Ken se le parece. Él no siempre fue de tonos grises, hubo tiempos negros. Pero Ken brilla a través del recuerdo pintado de tinieblas. Pese a ellas. Debido a ellas.
Miyako cree que las cosas pasan por algo.
—Ustedes nunca pelean, ¿verdad?
—Es difícil pelear con Ken —Miyako confiesa a su segunda hermana mayor—. No solo porque es... Ken. Además... es tan lógico cuando está enojado y tan comprensivo. Y yo empiezo a decir muchas cosas que salen muy diferente a como las pienso. Encontramos... un método. Nos entendemos mejor.
A veces ella cree que no puede ser más afortunada. Entonces piensa en un bebé con los ojos azules y sabe que nunca debe limitarse así misma.
Creer algo lo vuelve real. Decide que puede ser más.
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Sora y Hikari llegan temprano, juntas, y le ayudan a empacar las cosas que quiere llevar a su... nueva casa. Miyako no está ni remotamente sorprendida de ver sus rostros sonrientes en la entrada.
—Queríamos ayudarte. Pero pensamos que no querrías si te decíamos.
Tienen razón, en parte. Ella está agradecida. Mucho.
—No soy una inválida, ya saben.
Sora le sonríe y Hikari básicamente la ignora mientras etiqueta algunas de las cajas pequeñas que ya tienen su contenido empacado. Miyako rueda los ojos a su mejor amiga.
Chizuru, que apenas llega de trabajar, ríe y se sirve de los bocadillos que Sora le trajo a Miyako mientras que ellas cierran cajas.
—Espero que sigas trayendo cosas para mí, Sora, cuando Miyako me deje sola.
Chizuru bromea pero Miyako siente un nudo en el estómago. Es anticipación. Es ansiedad. Probablemente tiene hambre, también. No ha podido probar un bocado por las náuseas traicioneras que la habían abandonado durante días pero regresan con una venganza.
No te olvides de las hormonas.
—Esa receta, en especial, no es mía. Me la pasó Mimi, puedo pedirla para ti...
—Pero las haces tan deliciosas.
Como cada vez que alguien resalta algo en ella, Sora parece quedarse muda. Es adorable.
Hikari sonríe y sale en su ayuda. Pero sigue siendo hermana de Taichi.
—Sora tiene buena mano para los postres.
Miyako asiente de corazón. La pelirroja piensa que es suficiente y comenta algo para distraerlas.
Hablan de nombres para bebés.
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Chizuru le quita la caja de las manos cuando Miyako decide ayudar a sus amigas y su hermana porque ella es la que se muda.
—No tienes que estresarte en exceso.
—Takeru fue a ayudar a Ken con mi hermano —Hikari comenta, solo para mostrarle que no es la única que está recibiendo ayuda—. Daisuke también quería ayudar con el traslado de las cosas...
—¿Con su carrito?
—No seas mala.
Sora sacude la cabeza.
—Él no parecía muy entusiasmado, ahora que lo pienso...
—Es que cuando Jun lo echaba del departamento, él solía quedarse con Ken. Ahora dice que no va ir a nuestro apartamento porque no va a soportar el romance...
Nuestro apartamento.
Nuestro futuro...
—Ken le tiene mucha paciencia —sentencia Miyako con un mal humor repentino que es poco usual—. A él y a todo el mundo... A mí...
Él se va a arrepentir de vivir con ella. Él no va a soportarlo demasiado. Ken también tiene su límite y...
Algo burbujea desagradablemente en la boca de su estómago.
—Déjanos cuidar de ti —pide Sora, sus ojos cálidos y tranquilos. Le acaricia el brazo y sonríe. Parece que puede ver a través de ella.
Hikari se vuelve hacia Miyako. Está sonriendo, también.
—Todo estará bien.
Quiere protestar, pero su bebé le deja muy claro que está de acuerdo con sus tías. Parece que ha decidido que no está lo suficientemente cómodo y quiere cambiar de posición. Le habían advertido que empezaría a sentirlo moverse.
Eso explica tanto.
Serás un niño inquieto, ¿cierto? Más Inoue que Ichijouji.
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Ken es meticuloso en el orden y Miyako tiene etapas inconstantes. Le advierte que no puede ver las cosas siempre en el mismo orden, que van a tener que cambiarlas porque la inmovilidad la agota.
El apartamento parece enorme para dos. Pero eso es porque no han abierto las cajas, porque aún no se siente suyo y porque el tercer ocupante aún tiene que llegar.
Para eso último tienen que esperar a la primavera.
—Y luego te preguntas a quién se parecerá nuestra pequeña inquieta —Ken la abraza por la espalda y sus manos se detienen en su vientre. Tiene cuatro meses y algo más, pero Miyako se siente anormalmente grande. Todos le dicen que exagera, que está hermosa, que nunca la vieron mejor.
Cuando se mira al espejo, es difícil creerlo. Están las cuotas de sus noches sin dormir porque su bebé es inquieto. Está su pelo que, definitivamente se ve más opaco. Y sin duda, el que su ropa ya no le quede está influyendo. Sabe que eso es un caso perdido.
Cuando Ken la mira, no lo es tanto. En sus ojos brilla algo que le quita el aliento. Sus manos la tocan con dulzura y todavía le tiemblan las rodillas cuando la besa.
—Sigo pensado que será niño.
—Uh-uh.
—¿Sabes que Daisuke y Taichi querían apostar sobre eso?
—Daisuke siempre pierde en las apuestas... así que será lo contrario a lo que él diga.
Miyako ríe.
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Es una rutina, ella sabe, aunque nunca está despierta para seguirla del todo. Está atrapada entre el sueño y la vigía cuando escucha un arrullo tranquilo, casi tímido, que proviene desde algún lugar a su alrededor. Es Ken, reconoce aún media somnolienta, y le habla a su bebé. Ella también lo hace, claro, en las mañanas. La doctora Kido le dice que está en pleno desarrollo y que puede escuchar y que puede escucharlos. Y que son la conexión que tiene con el mundo.
Ken le cuenta de Osamu esa noche, de pompas de jabón, de un amigo llamado Ryo. Y de la primera vez que vio a Wormmon. Él le habla a su hijo y Miyako cierra los ojos, medio dormida, y sonríe entre sueños.
Va a ser un padre tan bueno.
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Wormmon está obsesionado con The little mermaid. No debería ser un hecho relevante o importante, es más bien un anecdótico detalle del compañero de Ken.
La cuestión no es esa.
Wormmon está obsesionado con The little mermaid, repite Miyako y su mente se nubla con el sueño atrasado. Su pequeño, a veces, no la deja dormir. Ken cierra los ojos y no despierta hasta la mañana siguiente, la Academia lo agota de formas que ella no veía cuando vivían separados.
Ken se esfuerza demasiado, desde luego.
Los diálogos de la película suenan en el fondo del cuarto (porque el digimon insecto está mirando la película otra vez en la madrugada) y ella se duerme escuchando una canción que no entiende, a pesar que reconoce la melodía.
Hawkmon dice que prefiere quedarse en el Mundo Digital por las noches. Y no lo culpa.
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—¿Por qué Wormmon mira películas de Disney en español, Ken?
¿Acaso es una especie de... mensaje? No está segura si entiende o no los diálogos. Quizás los sabe de memoria.
Él se ríe.
—Por Chichos.
—¿Quién es Chichos?
—Es la niña mexicana que conocimos hace años, ¿no te acuerdas de ella? Takeru me dijo que siempre preguntaba por mí y por Stingmon en su blog. Wormmon quiere aprender español desde que las conocimos.
No sabe como se siente con eso.
—Debe haberle gustado mucho, a Wormmon… Quiero decir.
—En realidad… No se soportaban. Pero terminaron bien.
Eso es mejor.
—Vaya. Wormmon es tan dulce que es difícil verlo llevarse mal con alguien sin razón.
Ken parpadea. —Wormmon puede ser difícil, ¿recuerdas cómo reaccionó cuando empezamos a salir?
No sabe por qué siente que debe defenderlo.
—Él estaba asustado entonces. Pensó que iba a perderte. Pero hicimos un acuerdo.
—Nunca supe de que iba ese acuerdo.
Ella le guiña un ojo. —Es un secreto.
Wormmon le había pedido que hiciera sonreír a Ken y que no los dejara. Fue algo inesperado en muchos niveles porque ella no podía prometer eso. Pero le dijo que trataría y que necesitaría su ayuda para eso.
Hawkmon es menos problemático pero Miyako supo, a través de Wormmon, que su compañero había hablado también con Ken.
Definitivamente los digimons insectos no saben guardar secretos. Algunos secretos, por lo menos.
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La doctora Kido les sonríe en la consulta y Miyako no deja de sorprenderse. Ella parece tan serena y segura que es, a la vez, curioso y agradable. Le recuerda a su madre, que no cambia con el paso de los años.
—¿Cómo estás, Miyako?
Fue difícil convencerla de ser más informal pero Miyako no se rindió hasta lograrlo. La conoce desde niña y es la madre de uno de sus amigos cercanos, son sus argumentos. Uno de sus hijos está saliendo con su hermana mayor. ¡Quizás sean familia!
Los Kido son demasiado tercos.
—La próxima vez que hagamos una ecografía de control vamos a poder conocer el sexo del bebé —les recuerda la doctora—. Estaremos entrando en la semana veinte. Pero también depende de la posición.
Ken parpadea como si no hubiese esperado la posibilidad y Miyako se debate entre su curiosidad por saber y su ansiedad por saber. Tal vez lo mejor sea esperar hasta ese momento.
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—Tengo ganas de ir al baño otra vez —murmura Miyako y se ríe cuando Ken pausa la película. Wormmon hace un ruido de protesta pero no dice nada.
Hawkmon no está tan interesado en las secuelas de las películas infantiles: cree que no pueden superar las originales. Está prácticamente dormido apoyado en Wormmon.
A ella tampoco le entusiasman (prefiere las de ciencia ficción) pero Wormmon los había mirado con sus grandes ojos inocentes y les había pedido que mirasen la segunda parte con él.
Miyako enfrenta la posibilidad de que Ken no sea capaz de decir no a su hijo.
—¿Otra vez?
Ken la libera de su abrazo.
—Lo siento, chicos. Pueden poner la película, si quieren... Vuelvo en unos minutos.
—No —dice Wormmon con vehemencia—. No, quiero que la veamos juntos.
Miyako lo mira y, realmente, tiene ganas de llorar de nuevo. Ella solo quiere abrazar a Wormmon muy fuerte y presiente que, tal vez, ella tenga dificultades para los no tanto como Ken.
