Espero que disfruten mucho este capitulo como yo disfruté escribirlo. Espero que no confundan los sentimientos de Suga, aunque me gustaría haber hecho un triangulo amoroso solamente ve a Takeda como un padre a quien proteger. Disfruten la actu


Sutil, suave. Aún recuerda el contacto de sus dedos rompiendo una pequeña perla de sudor que se aglomeró en su cuello a pesar del frio, aunque esta era helada. No sintió dolor, no sintió nada malo solamente una oleada de placer, un quejido que se atoró en su garganta y se negaba a salir mientras el arco de su espalda se formaba ante el acto.

Enredó sus dedos en las hebras rubias, Ukai recargó su frente en el hombro de Takeda mientras que unidos se quedaron en silencio, en una pausa. Como si el tiempo en aquella habitación se hubiese detenido justo en el momento en que el falo de Ukai entró profundamente, hasta el borde de su lujuria, hasta el límite de sus adentros.

Acostumbrándose a la invasión, lento y tortuoso. Sus ojos se buscaban al igual que el aliento buscaba a sus labios entreabiertos, perdidos en el camino del deseo. Takeda suspiró como si fuera un enamorado, Ukai solo se limitó a ignorar ese cúmulo de mariposas alborotadas que tal vez ebrias como él habían despertado. A veces los mayores son muy torpes al no ver las señales.

Un movimiento contra él, un gemido y las uñas clavadas en sus antebrazos mientras fuera la noche premiaba con estrellas iluminando aquel día de Noviembre donde ambos perdieron ante sus propios encantos. Pudo más el placer.

Fuckin' Perfect : Séptimo SaqueMancha curiosa

"No hay nada de qué hablar, gracias" aquellas palabras se habían quedado grabadas en su mente y con el ceño fruncido había terminado día tras día mirando el techo de su habitación sin saber que pensar, que decir, que hacer, como actuar. Tal vez debía acercarse a alguno de sus amigos y contarle la situación pero seguro lo agarrarían a golpes por ser un irresponsable y si no quería que nadie se involucrase en ese asunto debía mantener el secreto.

Aun así veía todos los días a su madre charlar con las mujeres y sobre todo ancianas que iban a la tienda a presumir sobre nietos mientras ella se quejaba de que su hijo no le daba ninguno. Seguro a ella le haría muy feliz un pequeño corriendo por toda la casa y no escatimaba en palabras para expresarle que debía apresurarse pronto a conseguir una pareja para hacer crecer la familia. Si tan solo supiera.

Y es que Ukai como niño pequeño cuando le decían "no hagas esto" lo hacía y cuando le decían "haz esto" no lo hacía. Terco como una mula, duro como una roca seguía reacio a no ser capaz de mantener una familia. Con su salario era imposible, sabía que sus padres y su abuelo le darían una tunda por embarazar a un joven tan noble como Takeda y que después aceptarían sin cerrar los ojos a ese pequeño retoño que le traería felicidad pero ¿Qué hay de su felicidad?

Sus amigos tenían hijos, algunos. A veces por el matrimonio o por sus críos faltaban a sus reuniones, tenían que andar a prisas, se quedaban sin dinero para tomar o habían dejado eventualmente de reunirse. Ukai se quedaba algo solo mientras todos hacían su vida pero era incapaz de aceptar el dejar su libertad y menos cuando les escuchaba quejarse de que sus hijos eran unos demonios, de que sus esposas eran el diablo y ni que hablar de las suegras.

Ahora, ese era otro tema ¿Qué hay de la familia de Takeda? Arribaba el tercer mes entre tanto pensar y es probable que ellos ya lo supieran y que odiaran a Ukai por hacerle eso a su pequeño hijo escapando. Seguro si se presentaba algún día arrepentido diciendo "Ok, me haré cargo del bebé" lo matarían, revivirían y volverían a matar entonces ¿Para qué molestarse?

Solo buscaba pretextos para negar toda responsabilidad.

Y cada vez era más difícil verlo a la cara sin sentir culpa, verlo acercarse sin sentirse triste, pensarlo sin sentirse melancólico y ver sus ojos sin sentir un suspiro queriendo escapar, un montón de revoloteantes criaturas metafóricas en el estómago. Más cuando una protuberante barriguita aparecía sigilosa con el paso de las semanas y, ahora apenas notoria, hacia recordarle a Ukai en cada entrenamiento que justo ahí estaba algo que era parte de él, que era parte de Takeda. Era una tortura visual, una llaga emocional que le hacía sentir exhausto cada día.

Todas esas emociones eran cada vez más notorias pero los lerdos del equipo no lo notarían a menos de ser muy sensitivos y observadores como lo era Suga quien entre instantes podía ver en las divagaciones de Ukai preocupación ante el estado de Takeda y como el de lentes parecía evitarle de cierta manera, ser más formal que de costumbre y esa amistad que les identificaba parecía haberse tornado únicamente como una relación laboral. Y era de sospechar, algo no estaba bien con ellos.

Estaba de más hurgar en asuntos ajenos pero seguía sin conocer que aquejaba a Takeda en aquellos días de Diciembre. Es probable que para aquel entonces ya supiera lo de su bebé pero es noticia debió darle felicidad y no tristeza ¿Qué clase de cosa podía opacar la alegría de engendrar a un hijo? No lo sabía pero notaba que en los ojos del profesor seguía aquel dolor, en leves quejas al ser tocado en el brazo la duda y en su fingida sonrisa un secreto.

—Sensei ¿Le duele el brazo? —el de lentes le miró y sonrió intentando tranquilizarlo.

—Tuve un pequeño golpe en casa, estoy bien —dijo apenado cubriéndose la zona de la vista juzgadora de Sugawara.

—¿Puedo ver? —el otro negó retrocediendo un poco cosa que no pasó desapercibida mientras el resto de equipo seguía entrenando.

—No te preocupes yo estoy bien…

—Takeda-sensei…muéstreme su brazo —dijo en una orden pues la preocupación le hizo actuar con cierta aire autoritario que de cierta forma hizo sentir al otro inferior. Bajó la vista, dejó que el peligris tomara de su brazo y alzara la manga del suéter. Un par de moretes, algo que parecía una marca de mano bastante reciente, de esa mañana de hecho.

—Fue un accidente…—dijo apretando los labios y mirando a otro punto mientras Suga cubrió las heridas en silencio, un silencio sepulcral. — …deberías de volver al entrenamiento.

—Si alguien está maltratándole debería denunciar…sé que no es mi asun…—se detuvo y lo miró fijo — no…si es mi asunto. Debe hacer algo si en su hogar o donde sea le lastiman.

—No es nada de eso, no malinterpretes es solo que…iba a caer y me sostuvo…—dijo intentando sonar sincero pero Suga no le creyó del todo.

Decidió terminar la conversación pero no sin dejar el tema. Se sentía algo impotente porque era un joven estudiante, porque no podía hacer nada, porque sus capacidades eran limitadas por su edad pero había alguien que podía hacer algo y que por sus actitudes seguro le ayudaría a resolver ese asunto, no quería que Takeda sufriera más y menos ahora que estaba esperando un hijo.

Terminado el entrenamiento todos partían agotados pero con emoción después de haber ordenado las cosas, limpio y doblada la red salieron uno a uno quedando solo el entrenador y Suga dentro del gimnasio a petición del peligris.

—Entonces ¿Sucede algo? —preguntó Ukai tallándose la nuca esperando que no se tratara de un asunto que no pudiera tratar. Él era malo e incomprensible para la mayoría de los temas pero tenía la esperanza de que le hablase del equipo aunque su mirada no lo decía así.

—Es sobre Takeda-sensei —dijo el joven sorprendiendo un poco al entrenador ¿Acaso lo habría notado? Sudó frio un poco por la nuca y tragó saliva intentando lucir tranquilo.

—¿Pasa algo con él?

—Estoy preocupado por su estado…—bajó la vista levemente —llevo días notándolo raro…

—Oh. Tal vez deberíamos pedirle que se tome un descanso si les preocupa —Suga negó sin verlo y frunció el entrecejo.

—Es solo que hoy vi algo en él… entrenador creo que Takeda-sensei sufre maltrato —el otro abrió los ojos sorprendido ante la afirmación del joven.

—¿Por qué dices eso? ¿Viste algo? —el chico asintió mirándolo ya más fijamente.

—Su brazo, llevaba unas marcas y aun cuando podrían decir que fue un accidente una de ellas parece una mano marcada… —susurró mostrando preocupación en la mirada — es el primero que lo sabe por qué usted podría ayudar… yo estoy atado de manos y no sé a quién recurrir.

—Tal vez es imaginación tuya….deberíamos esperar a estar seguros —se sintió algo en pánico, preocupado pero igual en pánico ¿Realmente estaba sufriendo maltrato? ¿Por parte de quién? Como sea, Takeda era un despiste total y tal vez las marcas que vio Suga eran coincidentemente parecidas a una mano no había que hacer drama por una suposición ¿O sí?

—¿Esperar a que? ¿A que llegue con una herida? ¿A qué lastimen a su hijo? —el corazón de Ukai se aceleró ante la idea y quiso controlarlo, decirle que parase — no sé si ustedes rompieron su amistad por algún motivo pero creí que sería capaz de dejar de lado eso para ayudarlo pero si no lo hace usted lo haré yo… lamento quitarle su tiempo —dijo haciendo una reverencia y cogiendo su mochila rápidamente.

—Sugawara…—no pudo detenerle, el joven había salido hecho furia azotando la puerta del gimnasio.

Debió ser más asertivo y decir que le ayudaría, era de Takeda y su hijo de quien hablaban no de cualquier cosa. Recordó ahí tirado en su cama que Takeda tenía un novio ¿Podía ser él quien ocasionara eso? O tal vez tras saberlo terminaron y ahora Takeda esta con sus padre que fueron incomprensibles al tema y optaron por golpearle cada que podían. No sabía nada de Takeda, a pesar de haber unido sus cuerpos, de haber ido a tomar algo juntos nada sabía de él, aunque iba a tener un hijo suyo era un completo desconocido.

Ese sábado Takeda decidió usar short aun cuando los primeros días de Febrero refrescaran aun pero una marca en la pierna propinada por una patada le habia imposibilitado para usar short. Ahora debía comprar algunos pants de elástico pues la mezclilla no le quedaba y sentía como subía de peso. De lado podía verla, ahí estaba su pequeñajo dentro de él, verse de perfil en el espejo le daba ánimos para sonreír en medio de su oscura vida.

La puerta sonó, con calma anunció en un grito que iría a abrir y tranquilo abrió la puerta. Miró frente a sus ojos al chico de cabellos grisaseos algo impactado, confuso ¿Qué hacía en su casa en sábado? ¿Cómo había dado con ella?

—Suga. Que sorpresa….—dijo algo extrañado. Suga bajó la vista y miró aquella marca en su pierna, después a su profesor.

—Tenemos que hablar…—y el otro se rindió totalmente, no podía decirle nuevamente que fue un accidente porque no le creería. Le hizo pasar a la casa, era bastante ordenada y hogareña. Algunas fotos decoraban el lugar, un sillón con una cobija en él y la televisión en medio. El comedor impecable, los libreros atestados de libros sobre vóley y las cortinas de rayas en colores pastel.

—¿Quieres tomar algo? —el otro negó y se sentó en el sillón al igual que su profesor —¿Tienes algún problema? —fingió demencia, sabía que estaba ahí por él.

—Usted… si usted está pasando por maltrato es necesario que lo sepa yo…—suspiró frustrado, lastimero —sé que solo soy un adolecente y que no sé nada de la vida pero quiero ayudarle… para ello necesito saber que sucede…confíe en mí.

—Estoy bien, Suga —sonrió maternalmente. Suga negó con dolor pues sabía que cada palabra era falsa, sabía que no quería preocuparle.

—Deje de mentirse y de mentirme. Si piensa que está solo está equivocado. —se tiró con cuidado abrazando al maestro —usted es como familia para mí como lo son los del equipo… y para el equipo usted es nuestra familia así que nos vamos a cuidar pase lo que pase estamos juntos… por favor, déjeme ayudar… de alguna forma lo salvaré de lo que esté pasando.

—Suga…—le acarició los cabellos con nobleza, con ganas de llorar pero también deseos de mostrarse fuerte ante el chico que parecía que sollozaba. —eres un joven fenomenal…—Suga alzó la vista y el otro sonreía con sinceridad — cuando crezcas no seas tan torpe como yo… cuídate mucho ¿sí?

—No diga eso sensei…—se aferró a sus ropas — … ¿Por qué suena como despedida esto?... no, no diga esas cosas.

—Por qué no quiero ser una preocupación ni para ti ni para nadie…

—No diga eso…no lo diga —se aferraba más a él —…aunque esté asustado no se esconda yo estoy con usted…. Por favor, sensei —tomó aire y preguntó lo que debía preguntar— ¿Su pareja le ha hecho esto?

—…—guardó silencio, bajó la vista y después de unos segundos sin decir nada asintió.

—Venga conmigo… —sus ojos estaban humedecidos —…sé que no puedo hacer mucho pero venga conmigo yo…yo me haré cargo de usted y de su hijo…

Y aquellas palabras resonaron en su cabeza. Cuando Takeda se sentía solo, cuando creía que solo Hiroshi podía hacerse cargo de él entonces una puerta nueva se abría, una familia le esperaba, un montón de jovencitos estaban de su lado apoyándole, sosteniéndole de la espalda para salir a superficie.

Los cajones estaban vacíos, ni los zapatos ni la toalla quedaron. La puerta cerrada, la casa en silencio y el traqueteo de una maleta por la acera mientras el más bajo se quitaba los lentes para tallarse los ojos. Ese día de Febrero parecía brillante, todo ese peso en sus hombros era más ligero. ¿Acaso ahora podría despertar sin el miedo de ser insultado y golpeado?