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No sabrían decir cuánto rato llevan ahí, contemplando las estrellas, pero cuando James rompe su apacible silencio devolviéndolos de golpe a la realidad, Sirius tiene tortícolis y Remus está más helado que el tobillo de un pingüino.
-Voy a llevar a Peter a los dormitorios, está hecho polvo… -les avisa.
-Joder… menos mal que has hablado tío, me estaba quedando dormido… Y había quedado con una ravenclaw ¡Voy tarde! Nos vemos mañana…– advierte Sirius ya alejándose.
James se gira, dudando antes de cruzar el arco de entrada de la torre de astronomía, sujetando firmemente a un Peter medio sonámbulo a su lado.
-¿Remus? ¿No te irás a quedar solo verdad?... Venga, vámonos, que se me congelan las orejas…
-Ahora os alcanzo, tranquilo… -contesta el suavemente, y sonaría huraño en otra persona, pero es Remus, y a él se dejan ser así.
James cede a regañadientes.
-Pero no tardes mucho… cuando te quedas solo empiezas a darle vueltas a las cosas y pensar tanto no puede ser bueno amigo… mira que bien me va a mí… ¡Pensar está sobrevalorado! – se despide James, con esa mirada preocupada que, esporádicamente, les recuerda que puede ser más serio de lo que quiere demostrar.
-Descuida- contesta Remus con una sonrisa que tarda en desdibujarse lo que James en darse la vuelta.
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