Disclaimer: Avatar: la Leyenda de Aang no me pertenece, yo simplemente amo este universo.
CAPITULO 7: TRATO
La tribu de agua seguía avanzando en el mundo, para bien o para mal la familia real ya no era quien tenía el mayor poder. Sin embargo la mayor preocupación de la tribu era cumplir la encomiendo de las diosas, encontrar a la hija de Shu.
- ¿Y bien? – preguntó Sokka - ¿Qué es lo que vamos a hacer?
Las tropas de la tribu agua ya se encontraban en las afueras de Omashu, en un campamento numeroso. Sokka, Katara, Suki, Yue, Arnok y Paku trataban de tomar decisiones.
- Bumi dijo que la hija de Shu escapo a un pueblo cercano a este – explico Katara- lo mejor será ir.
- Sí, pero no sé si sea buena idea mover a todo el ejército para encontrar a una pequeña niña ciega – intervino Suki-
- Vayan ustedes – dijo Arnok - si es una niña es más fácil que ustedes la convenzan, los soldados podrían…um...
- ¿Asustarla? – completo Yue-
- Algo así – respondió Arnok – si ella fue criada en Omashu toda su vida y recibió muchos cuidados lo más seguro es que sea una criatura frágil y temerosa del mundo.
- ¿Entonces por qué habría escapado? – pregunto sarcástico Paku-
Era obvio que Arnok y Paku deseaban que el grupo de Katara y Sokka fueran a buscar a la chica para ellos seguir en la campaña.
- Por las razones que sea – intervino Suki adivinando lo que pasaba por las mentes de todos – nosotros podemos encontrar a esa niña más rápido y cuando lo hagamos, podremos parar esta guerra.
Sus palabras provocaron un silencio incomodo.
- Cuida tus palabras gitana – trato de callarla Paku, sin desperdiciar el tono despectivo en la palabra "gitana"-
Suki estaba a punto de responder con agresividad cuando Sokka la detuvo.
- Basta – intervino el joven mientras la tomaba del brazo – no todos los métodos son correctos y no sé si con encontrar a esa niña se acabe la guerra; pero igual debemos esforzarnos.
- Entonces dile a tu gente que se esfuerce en no encarcelar a la mía – reclamo Suki-
Aquellas gitanas que tanto habían luchado por su libertad y la de su pueblo ahora eran acusadas de oprimirlo, era algo que Suki no podía perdonar.
- Eso se resolverá a su tiempo – regaño Arnok-
Suki estaba a punto de desenvainar su espada cuando la voz de Yue intervino.
- No – reclamo la princesa con la voz más firme que se le hubiera escuchado- esos son asuntos que deben resolverse inmediatamente, que un grupo se dirija al pueblo donde esta esa niña y el otro a la ciudad de la gitanas.
- Quiero ir con mi gente – dijo Suki ante la presión-
- Tu eres la que mejor pelea de nosotros cuatro – le respondió Yue amablemente – acompaña tú a Sokka y Katara, yo iré con mi padre y me asegurare de que se les haga justicia a tus amigas.
Antes de que Suki pudiera intervenir Sokka respondió con un brillo inconfundible en los ojos.
- Muchas gracias princesa – dijo el joven con tanto agradecimiento la Yue se ruborizo-
- Entonces no vamos – interrumpió Suki mientras tomaba a Sokka del brazo y salían de la tienda-
- Nos veremos en la ciudad de las gitanas – se despidió Katara mientras seguía a su hermano y a Suki que salían con prisa-
Paku fue tras de ellos.
- Si es que quieren encontrar a esa chica pronto no pueden ir a pie – les grito el maestro – podemos darles unos caballos.
Los tres chicos se extrañaron de su amabilidad
- Anden – les dijo el maestro al notar su asombro – los pequeños rencores no pueden durar para siempre.
Cruzaron sonrisas. Los chicos tomaron tres caballos y partieron rumbo a la espesura del bosque. Como lo había dicho Bumi parecía muy sencillo, debían adentrarse en el bosque hasta encontrar un río, debían seguirlo hasta encontrar el lugar donde se dividiera en tres afluentes, si seguían la más delgada llegarían a un pueblo sencillo. En ese pueblo se encontraba la hija de Shu, aquella a la que las diosas habían castigado con la misma penitencia que su hermana les había dado, le arrancaron la luz de sus ojos.
No parecía un pueblo muy pintoresco, más bien se veía un tanto pobre y abandonado. Grandes ruedas de paja rodaban por las calles, las casas de madera lucían desoladas, todos los pórticos estaban vacíos, excepto uno donde una mujer pequeña cubierta por una sabana vieja se mecía en su mecedora que crujía. Cada vez que se inclinaba esta producía un chirrido que inundaba el aire, siempre con un ritmo singular, oírlo más de una vez era terriblemente desagradable. Pero la mujer seguía meciéndose, una y otra vez, a primera vista parecía una anciana, pues era tan bajita que sus pies descalzos no tocaban el suelo.
- Ham – llamo Katara tratando de ser cortes – ¿señora? Estamos buscando a alguien, a una niña, si usted pudiera darnos alguna referencia…
Un solo gesto interrumpió a la maestra. La mujer saco uno de sus dedos de debajo de la sucia sabana y señalo con su mano el centro del pueblo. Katara apenas si noto el gesto, pues la mujer seguía completamente cubierta por la sabana; no le llamo la atención el hecho de que aquellos dedos no tuvieran arrugas.
- Creo que es por allá – intuyo Sokka sarcásticamente-
Los tres chicos se alejaron lo más rápido posible de la misteriosa figura y de su ruidosa mecedora.
El pueblo seguía como muerto por todas las calles, solo una casa en el centro de la ciudad parecía despierta. Un pequeño bar que se veía triste a la luz del día, pero en el que al menos se oían ruidos.
- Debemos entrar a preguntar – dijo Katara mientras le daba una palmada en la espalda a su hermano para que abriera la puerta-
Sokka se acercó a la puerta, pero esta se abrió desde dentro. Un hombre salió volando desde el restaurante mientras gritaba.
- ¡Y no vuelvas a molestarme!- grito una mujer desde dentro del local mientras se sacudía el polvo de las manos-
Los chicos entraron con recato al bar mientras aquella joven los observaba. Las ropas de la chica eran negras y ajustadas, su cabello estaba casi completamente recogido, se veía ruda y altanera.
- ¿y ustedes son? – pregunto la joven mientras se acercaba a la barra y tomaba un vaso de vino-.
- Ham, pues vera – comenzó a hablar Suki- ¿ha?...
- June – la joven respondió dando su nombre-
- Estamos buscando a alguien – termino Suki-
El lugar donde estaban no era muy agradable, a pesar de ser de día ese lugar estaba lleno de sujetos extraños, la mayoría cubrían sus rostros. Había algunos hombres apostando en las mesas y otros más que dormían bajo condiciones no muy buenas en los rincones.
- Por aquí no suele venir nadie – interrumpió la joven-
- Estamos seguros de que vino para acá – dijo Sokka al notar lo agresivo de su tono-
- Jajajaja - La chica mostro una sonrisa burlona- no es que yo sea descortés, es solo que aquí nadie suele responder preguntas ni ayudar a la gente si no se les dan primero unas cuantas monedas.
- No cargamos con mucho dinero – respondió Katara mientras miraba de reojo a sus compañeros-
- Mucho o poco – respondió la joven- aquí no hay gran diferencia mientras sea dinero.
De repente un hombre se alzó de su silla y corrió con un cuchillo directo hacia la joven de negro, pero ella lo evadió y noqueo con gran facilidad.
- Ya déjate de esto perdedor – dijo la muchacha mientras lo alzaba con una sola mano- si perdiste tu dinero no es mi problema.
- La joven arrastro al hombre por el piso hasta la puerta y tal como al primer hombre lo arrojo afuera.
- ¡Si alguien más está inconforme con mi política que me lo diga! – exclamo la joven al general del lugar-
- Claro eso dices ahora – respondió un hombre con una gabardina gruesa mientras arrojaba furioso su mano de póker a la mesa- pero fue tu culpa que perdiéramos todo el dinero.
- Yo no te obligue a apostarlo todo ¿verdad? – le respondió la joven mientras se acercaba furiosa a la mesa de aquel hombre-
- Se supone que tú eres la encargada – le respondió entre dientes el furioso sujeto- se supone que debes de detectar los fraudes.
- Disculpe – interrumpió Katara – ¿le sucedió algo malo a este pueblo?
- Si es que a esto se le puede llamar un pueblo – respondió irónica la chica-
- ¿Por qué no? – pregunto Sokka-
- Has oído la expresión "todo o nada" – dijo el hombre que seguía molesto en la mesa-
Los chicos se miraron confundidos.
- como el comercio aquí no es muy bueno, pues…la gente vive de las apuestas y por lo mismo son gente muy orgullosa.– comenzó a relatar la joven mientras se servía otro vaso de vino- Hace unos días llego aquí una niña extraña que dijo que no tenía donde quedarse, que si podíamos alojarla. La gente por supuesto acepto, ¿cómo no apiadarse de una pequeña lisiada que te pide refugio? Y más cuando hay una guerra que se acerca.
- ¿Lisiada? – intervino Sokka-
- La niña decía que era ciega – dijo otro de los hombres sentado en la mesa de póker-
Los tres chicos se miraron y escuchar con más atención.
- A ella le llamaron la atención nuestros juegos y nos pidió le enseñáramos – continuo la joven con cierto desencanto – parecía inofensiva e indefensa, así que le prestamos algo de dinero para que empezara a jugar.
- ¡No era más que una estafadora! – grito el hombre del abrigo grueso levantándose de su silla- Hizo trampa ¡lo sé!
- Pero nadie se lo pudo probar – reclamo June haciéndole un gesto para que se callara-
- Tu hubieras podido – intervino un hombre del rincón que recién despertaba con los gritos- tú sabías como lo hacía.
June se volteo hacia el furiosa y lo levanto del suelo donde estaba.
- Haber – reclamo mientras observaba la mirada temerosa del hombre- solo porque yo fui la única con el suficiente cerebro como para no apostar mi casa no significa que yo sepa algo al respecto…
- ¿Su casa? – pregunto sorprendido Sokka – entonces…cuando dicen todo o nada se refieren a que…
- A que esto es todo lo que queda del encantador pueblo – completo June sin bajar al suelo al pobre hombre-
- ¿Y permitieron que les hicieran algo como eso? – pregunto asombrada Suki-
- No es que lo permitiéramos o no – respondió la ruda chica mientras se llevaba a aquel hombre arrastrando hacia la puerta- es solo que cuando nos tornamos agresivos ella huyo del pueblo con muchas de nuestras cosas- June abrió la puerta y arrojo al hombre semi-dormido hacia donde había arrojado a los otros dos, ya se estaban amontonando- la gente de aquí es muy orgullosa y no quieren regresar a sus casas hasta no descubrir el fraude; pero…digamos que un bar no es el mejor lugar para planear una venganza.
Los tres chicos se miraron entre ellos e inspeccionaron de nuevo el lugar.
- Lo primero es encontrarla – reclamo el hombre de la mesa de póker-
- No- interrumpió Sokka- lo primero es que dejen de tomar y de jugar-
- Y de arrojar fuera a los hombres – reclamo desde la esquina otro sujeto, pero la mirada intimidante de June lo cayo-
- ¿No me digan que necesitan una estrategia para atrapar a una pequeña? – pregunto desafiante Suki-
- Pues si Bumi nos mando a buscarla es porque no es tan sencilla de atrapar – respondió Sokka-
- Ustedes… ¿la conocen? – pregunto June cambiando su tono a uno menos amigable-
- Ham…- los tres chicos empezaron a balbucear al mismo tiempo-
Los hombres de las mesas y los recostados en el piso se levantaron un poco más "interesados"
- ¿Son amigos suyos? – pregunto June sin cambiar el tono-
- No, no, claro que no – respondió Sokka tratando de parecer elocuente – a nosotros nos mando su...su-su madre, si eso, para regresarla a casa y castigarla por haber huido…jeje.
- Ya veo – dijo la chica, tal vez le creyó un poco – entonces si la encontramos ustedes se la llevaran de este pueblo.
- Y les regresaremos sus cosas – completo Sokka-
La sonrisa de June.
- Entonces tenemos un trato – dijo la chica mientras extendía su mano-
Sokka dudo un momento, volteo hacia Katara y Suki, quienes solo asintieron con su cabeza. Sokka extendió su mano son nerviosismo y obtuvo un apretón de manos.
- ¡Bien señores! – llamo June al pueblo – ya basta de jueguitos, ¡hay que encontrar a esa fugitiva!
- Tal vez la vieja de la entrada sepa algo – dijo Katara como una mención inocente-
- ¿Vieja? – pregunto June – no hay gente vieja en esta aldea, cuando alguien se vuelve viejo lo llevamos a Omashu, este no es lugar para ancianos.
Es el libro de Tierra después de todo, ella tenía que aparecer.
