Disclaimer: Todos los personajes de Inuyasha son propiedad de Rumiko Takahashi, yo solo los uso para escribir mis fics.
Patines Rotos
— ¡Más rápido! ¡Más rápido!—gritaba Shippou con alegría.
Los seis miembros de aquél peculiar grupo se encontraban andando por un camino desierto, a sus lados, inmensos árboles les daban refugio a pequeños e inofensivos youkais. Esos enclenques a los que Inuyasha podía derrotar con tan solo agitar a Colmillo de Acero.
Los pájaros trinaban con alegría, las flores se abrían dejando ver finalmente la increíble belleza que poseían y el cielo estaba tranquilo, sin ningún atisbo de tormenta. El joven de cabello plateado caminaba lentamente con los brazos cruzados frente al pecho. Observaba irritado como la chica de cabellos negros y dulces ojos marrones pasaba velozmente frente suyo, con el enano pelirrojo entre sus brazos.
— ¡Dejen de dar tantas vueltas! ¡Me desesperan!—exclamó con furia el hanyou. La muchacha se detuvo unos metros más adelante, se volteó y miró confundida a Inuyasha.
— ¿Qué ocurre?—preguntaron Sango y Miroku al alcanzar a los otros tres. Se habían quedado rezagados debido a la velocidad de la muchachita y del enojado chico. Además, no podían montar en Kirara debido a una infección que tenía la gatita en sus piernas delanteras producto de unas hiedras venenosas.
— ¡Estoy harto de verte con esas malditas cosas! ¡No podrías quitártelas un rato y andar como alguien normal!—exclamó Inuyasha, ignorando a los recién llegados y señalando acusadoramente a los patines que la colegiala llevaba puestos. Eran un hermoso par de patines blancos, con ruedas negras y cubiertos de tiernos dibujos de Hello Kitty.
Hace dos días que Kagome había cumplido los diecisiete años y para celebrarlo habían realizado una reunión en la cabaña de la anciana Kaede. Sango había cocinado un delicioso pastel (ya que había aprendido ciertas recetas de Kaede), así como otros platos que tal vez no eran la gran cosa; pero seguro que para la chica del futuro significarían mucho. El monje Miroku y Shippou se habían encargado de la decoración, unas lámparas de colores rojo y azul y un cartel con el nombre de la chica y la edad que cumplía ese día. Inuyasha tan solo se había encargado de ir a la época de Kagome y así ayudarla a traer todos los regalos que sus amigos y familiares de la época moderna le habían brindado.
Kagome al ver todas las molestias que sus amigos se habían tomado les había agradecido mientras sus ojos se llenaban de lágrimas de emoción. Se pasaron toda la noche recordando los buenos momentos que habían vivido juntos en esos casi tres años. Cuando la medianoche se acercaba, le ordenaron a Shippou que fuera a dormir, y después de que el niño se marchara (no sin quejarse) empezaron a abrir los regalos. Había desde peluches y perfumes hasta diversas prendas de vestir, entre las cuales se encontraba un conjunto de sostén y pantaletas negras con encaje. Miroku las había observado fascinado y había soltado una de sus típicas frases ("Que buena delantera tiene usted, señorita Kagome") y, como era de esperar, recibió una fuerte cachetada y un golpe en el estómago de parte de Sango e Inuyasha respectivamente.
Y después de ese incidente llegaron…ELLOS. Desde el momento en que Kagome abrió dicha caja y sacó aquellos patines endemoniados había empezado la desgracia del hanyou.
—Pues yo quiero andar con ellos puestos, ¿hay algún problema?—le preguntó la colegiala con una mirada furibunda, como retándolo a que se atreviera a responderle. No entendía a Inuyasha, últimamente se había mostrado muy resentido y silencioso con ella. Tenía que admitir que la situación la entristecía; pero tenía su orgullo al igual que el mitad bestia. No dejaría que la culpabilidad la invadiera, estaba totalmente segura de que la actitud del muchacho no era por su culpa.
Inuyasha le dirigió una mirada rencorosa y se mordió la lengua para no hablar. Tenía tantas ganas de decirle lo mucho que extrañaba el que se montara en su espalda, su risa jovial cerca de su oído cuando decía algo que le había parecido gracioso, como se aferraba fuertemente a sus hombros y enrollaba sus piernas alrededor de su cintura cuando tenía miedo. ¡Simplemente odiaba el que Kagome no le prestara tanta atención como antes!
—Ninguno, solo mantente alejada de mí. Ese estúpido ruido me está volviendo loco—murmuró rabioso mientras seguía el camino con aparente tranquilidad.
— ¿Qué le habrá pasado a Inuyasha, su Excelencia?—preguntó bajito Sango—El nunca había tratado a Kagome de esa manera.
—Debes estar muy ciega como para no notar lo mucho que se pelean esos dos Sango. Aunque tus ojos son tan bellos como dos luceros brillando en el hermoso cielo nocturno, que me atrevo a rechazar esa teoría. —dijo Miroku mientras se acercaba con lentitud a la exterminadora.
—Ni se le ocurra—le dijo Sango mientras le lanzaba una mirada asesina. Estaba apretando fuertemente una de las manos de Miroku, la cual "casualmente" había encontrado en el sitio donde terminaba su espalda.—No me refería a eso, es solo que llevan con esta absurda pelea desde el cumpleaños de Kagome. A veces vuelven a la normalidad pero casi de inmediato parecen recordar que no se hablan y vuelve a reinar el silencio entre ellos. ¡Ya me están desesperando!
—Tienes razón Sango. Todo esto es muy extraño, Inuyasha esta actuando más idiota que nunca—expresó el monje mientras se acariciaba la barbilla en actitud pensativa— ¿Crees que este planeando tu-ya-sabes-que?—le preguntó a la exterminadora con un brillo divertido en su mirada.
—No lo creo su excelencia. Inuyasha no se atrevería a declarársele a Kagome, usted sabe como es con esas cosas. —murmuró la exterminadora mientras soltaba un suspiro desanimado.
Nada le gustaría más que ver a su amiga alcanzar la felicidad junto a ese hanyou. Ella sabía perfectamente lo mucho que Kagome amaba al muchacho y lo mucho que había sufrido por dicho amor. A sus ojos, ellos hacían una hermosa pareja; un poco extraña pero aun así hermosa.
—Kikyo ya se ha ido al infierno, ya casi descansa en paz ¿! Por qué demonios Inuyasha no se atreve a confesarle sus sentimientos a Kagome-chan?!—murmuró irritada Sango, siempre asegurándose de que el agudo oído del medio demonio no los lograra escuchar.
La miko había decidido hace un año que el momento de retirarse al infierno había llegado, prácticamente le había ordenado a Inuyasha que dejara todo atrás y se fuera a pasar la eternidad junto a ella. No le había importado que la búsqueda de los fragmentos apenas comenzara ya que, según ella, Inuyasha debía regresar al lugar de donde había venido. El infierno, el lugar de donde los aldeanos decían que provenían todos los demonios u mitad demonios, un lugar donde el sufrimiento eterno era el pan de cada día y la recompensa para todos aquellos bastardos que destrozaban sus siembras y mataban sin piedad a sus amigos y familiares…era la muerte de su alma y de su cuerpo. Ya fuese en las hogueras o en cualquier otro método infernal diseñado para la tortura extrema.
El lugar al que, según Kikyo, Inuyasha debía regresar.
—No deberías tenerle ese resentimiento a la señorita Kikyo, Sango. Tú bien sabes que todo ese odio y rencor que tenía fue producto de una de las trampas de Naraku. Recuerda que ella sufrió tanto o más que nosotros. —dijo el monje con una mirada sombría—Además, cualquier pensamiento negativo hacia su persona podría hacer mas lento el proceso de purificación de su alma. —agregó el monje, refiriéndose al ritual de oraciones que llevaban realizando los miembros del grupo desde la muerte de la sacerdotisa. Según sus cálculos, unos meses más de oraciones y el alma de la señorita Kikyo sería liberada del infierno y descansaría en paz en el cielo.
Lastimosamente, la miko había muerto hace un par de meses al ser traicionada por Naraku. Este le había prometido el alma de Inuyasha en el infierno, para que la acompañara por siempre, a cambio de que ella le entregara los pocos fragmentos que tenía en su poder. No obstante, en el último momento este la había atravesado el corazón con uno de sus tentáculos venenosos, provocando la pérdida inmediata de sus almas y su posterior desintegración y desaparición de este mundo.
—Tiene razón su Excelencia. Es mejor olvidar eso. —contestó la muchacha, observando sus pies como si fueran la cosa más interesante del mundo mientras un ligero sonrojo aparecía en sus mejillas al notar la dulce mirada que Miroku le dirigía.
De pronto, el tierno momento fue roto por una malhumorada voz— ¡Oigan! ¿! De que rayos están hablando!?—les gritó Inuyasha. Últimamente su humor había estado más volátil de lo usual.
—Estábamos conversando sobre que clase de hierbas necesitaríamos para curar a Kirara, nada muy interesante—dijo con sencillez el monje antes de dirigirle una mirada curiosa a Kagome, la cual se encontraba cruzada de brazos y cuya energía espiritual se encontraba en un nivel inusualmente alto.
A su lado, el pequeño Shippou le susurraba palabras tranquilizadoras a su amiga, pues lo que menos querían en ese momento era un estallido de poder espiritual de parte de la chica.
— ¡Kagome-chan! ¿Qué te paso?—preguntó rápidamente Sango mientras iba a lado de su amiga.
La chica solamente frunció en entrecejo y murmuró algo ininteligible. La exterminadora miró Shippou y este le contestó—Estaban discutiendo. Inuyasha estaba diciéndole que porque no se marchaba con su amado Kouga para ser felices por siempre en su mugrosa madriguera, también le estaba diciendo cosas como que ningún hombre en su sano juicio se fijaría en una chiquilla como ella y muchas cosas más que a Kagome no le gustaron para nada.—
—Ya me lo imaginaba. Ese Inuyasha no puede permanecer ni un segundo con la boca cerrada. —masculló Sango soltando un bufido y parándose a un lado del monje Miroku.
— ¿Cuándo dejará de comportarse como un niño?—preguntó suavemente el monje mientras movía suavemente la cabeza hacia los lados.
— ¡Escuché eso!—grito el hanyou— ¡Keh! Idiotas—les dijo el muchacho antes de reiniciar la caminata.
¿Qué acaso esos dos no podían mantenerse alejados de SUS asuntos? No había podido escuchar muy bien lo que cuchicheaban hace un rato, sin embargo, sabía que trataba sobre Kagome y él. Un tema absolutamente tabú para el hanyou, ya que Kagome no debía enterarse de sus sentimientos hacia ella. Lo había aceptado como amigo; sin embargo ¿lo aceptaría como algo más? Él no quería correr dicho riesgo. Prefería continuar siendo su amigo y defensor que perder dicho privilegio por una estúpida confesión.
Que conste que el no era un cobarde…solo estaba siendo precavido.
Justo cuando había logrado relajarse un poco, un sonido infernal taladró sus sensibles orejas sin piedad. Irritado, se detuvo en seco y observó como Kagome se deslizaba con agilidad sobre sus patines, alejándose cada vez más de ellos sin dar siquiera una mirada atrás. El muchacho la observó vacilante, debatiendo si debía ordenarle que los esperase o si le dejaba seguir sola por su propia cuenta.
Finalmente decidió dejarla seguir. Después de todo, nada peligroso podría ocurrirle a la miko pues ella se defendería con sus poderes espirituales, los que ya habían mejorado considerablemente.
— ¿La dejas ir sola?—preguntó con asombro Shippou, mirando a Inuyasha con sus ojos verdes bien abiertos.
— ¿Y si le ocurre algo? Tu bien sabes que muchos demonios abundan por estas tierras—murmuró Sango mientras observaba con cautela el punto verde con blanco en que se había convertido su amiga. Desde que había obtenido los patines, no había dejado de usarlos ni una sola vez. Según ella, le proporcionaban una grata sensación de libertad.
— ¿No vas a ser un caballero Inuyasha? La señorita Kagome es una muchachita muy hermosa y bondadosa, si algún hombre de poco honor le hiciera algún mal; poco podríamos hacer nosotros para ayudarla a esta distancia que estamos—argumentó con sabiduría el monje, acariciándose pensativamente la barbilla. Un gesto que se había hecho muy usual en él.
—Estas tierras no son tan peligrosas, no seas mentirosa Sango. Ningún youkai ha aparecido por ahora y si algún "hombre de poco honor" tratara de hacerle algo a Kagome, yo llegaría antes de que ese tipo pudiera tocar alguno de sus cabellos. —expresó Inuyasha con indiferencia, a pesar de que el gusanillo de la duda había empezado a hacer mella en él.— Kagome ha desarrollado sus poderes espirituales, ya debe saber defenderse ¿no?
—Pero no los ha desarrollado por completo ¿Seguro que quieres dejarla sola a su suerte?—preguntó suavemente Sango mientras intercambiaba miradas cómplices con el monje—Ya esta muy lejos, casi ni puedo verla. —murmuró la chica observando por donde desaparecía su amiga.
— ¡Que fastidiosos son!—gritó Inuyasha antes de emprender la carrera en busca de la miko del futuro. ¡Diablos! Sus queridos "amigos" no podían dejarlo en paz ni un segundo. ¿Por qué siempre tenían que perturbar su conciencia?
—Les dije que funcionaria—susurró Miroku mientras chocaba las palmas con el zorrito y la hermosa exterminadora.
Continara…
N/A
Upsss ^^ este cap me salió más largo de lo que había pensado por lo que decidí dividirlo en dos partes, pues mi pobre cerebro pide descanso urgentemente. La continuación trataré de subirla este mismo viernes por la noche. ¡Mil gracias por su paciencia!
Gracias por sus reviews a:
Natsuki Hikari: Gracias!! Dime que te confunde y yo te lo aclaro enseguida.
Mirna: Me alegra que te guste la historia. Lo siento, tu email no apareció en el review ¿podrías enviármelo en un PM?
Jenny Acthenz: Fuiste la primera que apoyo esta historia y no sabes cuanto te agradezco eso. ¡En serio, un millón de gracias!
Setsuna17: Gracias chica, tus reviews siempre me dejan un buen sabor en la boca. De todas maneras, recuerda que estoy abierta a críticas constructivas. ;)
Jane Black278: Me alegro que el fic sea de tu agrado. Imagínate compartir un día de tu vida con Inuyasha y compañía, eso sería un sueño hecho realidad, sin duda alguna. ¡Gracias! Afortunadamente, ya solo falta un mes para acabar el ciclo escolar. Por lo que pronto me veras actualizando más frecuentemente. (:
Slipknot390 y Karina Natsumi: Gracias por el review!!! Me alegro que les guste la historia.
De igual forma, les agradezco a aquellos que siguen el fic; pero aun no han dejado review.
Glosario:
Miko: Sacerdotisa
Hanyou: Medio Demonio
Chau!
Hasta el viernes!
