Capítulo 6: Recuerdos en el Prado

POV Bella

Ya habían pasado cinco meses desde todo el drama que había vivido en los días que me presenté formalmente con Edward y le mentí descaradamente a Rosalie, por lo tanto, ya había empezado mi misión en forma y casi no pasaba tiempo con mis amigos. A Rosalie la veía casi todos los días puesto que éramos vecinas y aparte de eso estudiábamos juntas, a veces hasta nos reuníamos para terminar tareas y deberes pero no era lo mismo que antes porque yo ya no disponía del mismo tiempo y solo hablábamos de cosas de la universidad, casi nunca volvimos a tener conversaciones de amigas. A Emmet solo lo veía algunos fines de semana cuando yo no tenía planes con Edward y para ser sincera, extrañaba a mi "hermanito mayor", él era el único que sabía hacerme sonreír en los momentos que yo pasaba por la depresión, lo extrañaba tanto.

Por último estaba Jasper, si casi no veía a Emmet ni a Rosalie con él era definitivamente ir al extremo: solo nos veíamos entre clases, muy pocas veces almorzábamos juntos y él en todas esas ocasiones me invitaba a salir en plan de amigos, estaba cumpliendo con su promesa de no alejarse de mí y al mismo tiempo ir despacio para que no se me hiciera tan difícil "acostumbrarme" a una relación amorosa y seria. Lo que él no sabía era que eso no era nada difícil para mí y de hecho a mí me gustaba pasar mi tiempo con él pero no le diría lo que de verdad sentía porque hacerlo solo lo complicaría todo y le daría esperanzas de algo que no podía ser. Yo muy pocas veces aceptaba sus salidas pero debo admitir que todo era genial cuando estaba con él y me gustaría poder hacerlo más seguido pero no tenía opción cuando Edward me invitaba a sus citas sorpresa; por lo menos Jasper tenía la bondad de pedirme que saliéramos con dos o tres días de antelación pero Edward me lo decía un día o una noche antes, inclusive pedía que nos encontráramos de un momento a otro.

Dejando de lado lo anterior, como ya casi no pasaba mi tiempo con Emmet y Rosalie eso dejaba mi agenda abierta para estar disponible cada vez que Edward quisiera salir conmigo. Tengo que admitir que nuestra primera salida al cine fue muy divertida, vimos una película de terror en la que parecía que él y yo habíamos intercambiado papeles porque (aunque me lo negara) yo sabía que él se había asustado en algunos instantes porque tomaba mi mano y la apretaba ligeramente o pasaba su brazo por mi espalda hasta llegar a mis hombros y hacía que me recostara en su pecho. En estos meses que pasaron, hicimos muchas actividades juntos y no entendía como un abogado como él tenía tanto tiempo libre pero de cierta forma lo agradecía, los momentos que pasaba junto a él me sacaban de la monotonía que suponía mi doble vida hasta que recordaba que esto solo era una misión y que yo no estaba siendo para nada sincera con él. El caso es que ahora había hecho un gran avance porque se podía decir que Edward me consideraba su amiga.

No podía descuidar mi trabajo como espía, cuando salía con Edward también me aseguraba de tener la mayor información posible sobre él, su familia y su bufete, pero cada hoja y cada papel que revisaba estaba completamente limpio, no había rastro de ningún fraude político o económico, mucho menos habían pruebas para fundamentar los cargos de los que estaba acusado. A mediados del tercer mes empecé a pensar que tal vez yo estaba espiando a alguien inocente y eso suponía el hecho de que el FBI se hubiera equivocado por primera vez, por consiguiente Edward y su familia eran prácticamente víctimas de mi espionaje y podían demandarme por eso, en caso de que fueran inocentes. No podía con esto, el sentimiento de culpa me mataba por dentro.

Estaba en la biblioteca de la universidad estudiando las carpetas de los últimos movimientos que había hecho el bufete de abogados "Cullen Corp." NO HABÍA ABSOLUTAMENTE NADA, esta investigación no tenía sentido alguno, en mis casos anteriores ya habría tenido aunque sea un pequeño indicio de que eran abogados corruptos, sin embargo cada papel que revisaba parecía hecho por el mismo Dios benigno creador del universo que habitamos.

Enfurecida, cerré la última carpeta y la guardé luego salí de la biblioteca y saqué el celular de mi bolsillo para llamar a Charlie, él debía saber que yo no podía seguir con esta investigación sabiendo que no había obtenido resultados positivos.

- Hey Bella ¿Qué pasa? – Me contestó de muy buen humor.

- Charlie, tenemos que hablar… Esto no está saliendo como esperábamos –

- ¿De qué hablas? ¿De tu misión con Cullen?- Preguntó confundido.

- Exacto ¿Podemos vernos? –

- Si, ven a la agencia… Te estaré esperando –

- No puedo, tengo clase en media hora y no creo que alcance… ¿Qué tal si vienes? Cerca de aquí hay un café –

- Está bien, ahora te veo-

Terminé la llamada y fui al café donde lo encontraría, sabía que él no se tardaría mucho puesto que la agencia no estaba muy lejos de la universidad, además Charlie siempre conducía su auto a toda velocidad… Como lo predije, solo necesité esperar unos diez minutos para que mi padre estuviera conmigo tomando un cappuccino mientras yo le relataba todo sobre la investigación y le mostraba los papeles que yo había estado revisando por tanto tiempo.

- ¿Ves que no hay nada? – Dije desesperada mostrándole la última carpeta.

Charlie se quedó pensativo – No lo sé… algo me pareció sospechoso desde el principio pero tienes razón, ningún documento prueba mis sospechas y así no podemos hacer nada – Suspiró frustrado y tomó un sorbo de su café, luego me miró como si se le hubiera ocurrido algo – Bella, tienes que acercarte más al hijo mayor de los Cullen –

Fruncí el ceño - ¿Yo? ¿Pero cómo pretendes que me acerque más? ¿Quieres que siga el mismo papel que cumplí con mis otras víctimas y me convierta en su novia? – Le pregunté algo enfadada. Esperaba que esta vez no tuviera que armar una relación sentimental solamente para desenmascarar al supuesto criminal.

Para mi alivio, él negó con la cabeza – No pretendo que seas su novia, sino que consigas un puesto de trabajo en su bufete… Tal vez como secretaria o algo que te permita ver más de cerca los documentos que llegan a él –

- Aghh y ¿Cómo voy a hacer que me contrate? – Pregunté más para mí misma intentando pensar en algo rápido.

- No lo sé, pero tú eres una chica lista… Ya pensarás en algo – Charlie me sonrió y terminó su café – Bueno hija, yo me debo ir ya… Nos vemos después –

- Bien – Asentí y me fui detrás de él, no sin antes pagar la cuenta.

Debía admitir que estaba un poco enfadada porque mi padre seguía insistiendo con la idea de que los Cullen estaban ocultando contratos corruptos. Yo por mi parte no creía que fuera así, en estos meses que había salido con Edward me había mostrado que era un hombre bien educado y con principios claros, no lo creía capaz de cometer ningún delito o crimen… Pero bueno, nadie podía contra los mandatos de Charlie y además de ser mi padre, él era mi jefe; no me quedaba otra opción que obedecerlo e inventarme algo para que Edward me contratara como su secretaria… Después de todo no podía desempeñar otra labor en su bufete puesto que él pensaba que yo no sabía nada de su trabajo.

Volví a la universidad y entré a mi clase, en el proceso me encontré con Rosalie quien me sonrió y me saludó como siempre; no nos habíamos visto en todo el día, cosa que se me hizo muy extraña pero no le pregunté, ella parecía no estar bien y yo con tanta cosa que tenía en la cabeza, simplemente lo pasé por alto; después de pensarlo mucho mejor, yo era muy mala amiga, Rosalie estaba en las buenas y en las malas conmigo, se preocupaba por mí y sabía cuándo yo no estaba bien… Debí haberle preguntado qué pasó esa mañana, pero no lo hice por alguna razón que me cuestioné y recriminé mentalmente por mucho tiempo.

Nos sentamos juntas y no hablamos de nada más que no fuera la clase en la que estábamos, ahora que pasaba más tiempo con mi amiga, la notaba más extraña, no tenía ese ánimo que la caracterizaba y estaba más bien decaída. Juntas salimos a comer algo en la cafetería, ya no teníamos más clase hoy por lo que podíamos ir a hacer alguna actividad divertida aunque dudaba mucho que ella quisiera divertirse viendo el estado de ánimo que tenía. Cuando me animé a preguntarle lo que le pasaba, llegaron Emmet y Jasper con resplandecientes sonrisas en sus rostros. En cuanto Rose vio a Emmet trató de recomponerse y sonrió como si nada estuviera pasando.

- Hola mi bebé ¿Cómo te fue hoy? – Le preguntó Emmet cariñosamente a Rosalie.

- Bien – Suspiró - Las clases de la mañana estuvieron pesadas ¿Verdad, Bella? – Fruncí el ceño, confundida y ella me hizo un gesto para que la cubriera en su mentira. Acerté solamente en asentir con la cabeza en silencio. Todo eso me hizo saber que Emmet no estaba enterado de que Rosalie había faltado a las primeras clases y por esa razón también pensé que ellos no se habían visto en toda la mañana… Todo esto estaba muy extraño.

- ¿Por qué tan callada, Bella? ¿Pasa algo malo? – Inmediatamente, Jasper detectó que mi estado de humor no era el mejor… Es más, yo estaba como en otro planeta pensando todavía en la situación de Rosalie y en la mentira que le iba a inventar a Edward para que me contratara como su secretaria.

Negué con la cabeza y antes de que pudiera decir algo coherente mi celular empezó a sonar, lo saqué de mi bolsillo y vi la pantalla ante la atenta mirada de mis tres amigos. En cuanto vi el nombre sentí que el frío me calaba los huesos - ¿Por qué Edward tenía que ser tan imprudente? – Traté de ocultar mi rostro detrás de mí cabello y volví a dejar mi celular en su lugar.

- ¿Por qué no contestas? – Preguntaron Rosalie y Jasper a coro. Era extraño como ellos dos se parecían tanto, si no supiera nada de ellos pensaría que eran mellizos.

- No debe ser nada importante, además estoy con ustedes… Sería algo descortés que contestara – Me excusé encogiéndome de hombros. Mi celular volvió a sonar – Edward, no llames más, te lo suplico – gritaba mi mente como si él pudiera escucharme.

- Tal vez sea algo importante. Contesta, no te preocupes por nosotros – Dijo Emmet y los demás asintieron apoyándolo en su decisión.

Solté un suspiro ahogado y oprimí el botón – ¿Hola? –

- Hola Isabella, moría por escuchar tu voz –

- Oh, hola ¿Cómo estás? – Traté de hacerme la sorprendida.

- Muy bien. Bueno sabes que soy muy directo… Siempre he sido muy directo, como sea ¿Tienes planes para esta tarde? – Sonaba bastante entusiasmado.

- Algo así ¿Por qué? – Dije recordando que de seguro Emmet tendría algo planeado para nosotros cuatro.

- Me gustaría llevarte a un lugar y que pasáramos allí el resto del día juntos ¿Puedes?- En estos meses que habíamos convivido, se podía decir que yo lo conocía un poco mejor y cuando él quería algo siempre hacía un puchero y su labio inferior temblaba, además sus ojos verdes me hipnotizaban… Con eso siempre conseguía que yo hiciera lo que me pedía.

- Mmmm – Lo pensé por unos momentos. Hace semanas, quizás meses que no pasaba tiempo con mis amigos.

- Por favor, por favor, por favor, por favor, por favor, por favor, por favor… No me voy a detener hasta que no aceptes… por favor, por favor, por favor, por favor…-

Lo interrumpí – Está bien, iré… Pero ya deja de rogar –

- Bien ¿En dónde te recojo? – Preguntó sin dejar el tono entusiasmado que tenía desde que inició la llamada.

- En mi departamento, dentro de una hora estaría perfecto –

- Excelente, nos vemos en una hora –

- Hasta entonces – Terminé la llamada.

Por alguna extraña y desconocida razón sentía una gran sonrisa en mi rostro que desapareció en cuanto recordé que mis tres amigos estaban atentos a cada palabra que yo le decía a la persona que estaba al otro lado de la línea. Allí fue cuando me puse nerviosa y empecé a recordar todo lo que había dicho para saber si había metido la pata en algo. Todos estábamos en silencio, se notaba la curiosidad en cada par de ojos que me observaban detenidamente esperando a que les contara quien era la persona que me había llamado… Ahora no sabía que inventar y estaba en riesgo de que me descubrieran.

- ¿Con quién te vas a encontrar en una hora?... No sabía que tenías departamento – Dijo Emmet, rompiendo el silencio.

- Mis primas de Alaska – Dije como si estuviera conteniendo la emoción – Parece que van a venir a esta universidad y… con respecto al departamento… fue un regalo de Charlie cuando cumplí veinte años, pero no me gusta presumirlo, nadie sabe que lo tengo y tampoco lo utilizo… Como mamá murió sin previo aviso, él me regaló el departamento en caso de que algo le sucediera –

Rosalie sonrió tiernamente, Emmet y Jasper parecían haber creído la historia y no dijeron nada al respecto, después de todo ellos no conocían los detalles de la muerte de mi madre, la única a la que se lo había dicho era a Rosalie y ella parecía comprenderlo aunque no hubiera pasado por una situación igual a la mía.

- Bueno chicos, yo me tengo que ir – Dije recogiendo mi maleta – Debo preparar todo para el regreso de mis primas –

- Tal vez te podamos ayudar – Dijo Emmet con una sonrisa.

- Si, podemos ir a tu departamento y de paso lo conocemos – Dijo una muy feliz Rosalie, ya no había rastro de ningún sentimiento extraño que había demostrado antes.

- Y nos presentas a tus primas – Emmet sonrió aún más emocionado que antes.

Yo me tensé, no podía llevarlos porque el FBI los reconocería y yo perdería el anonimato sin contar que al llevarlos también me estaba exponiendo a que Edward los conociera y eso sí que no lo podía permitir, por nada del mundo debía cruzar mis dos vidas. Sin contar que ellos se darían cuenta de mí mentira en cuanto no vieran a mis supuestas primas.

- Vamos chicos, no debemos ser tan entrometidos. Cuando Bella quiera enseñarnos su departamento de soltera, lo hará… Por ahora no seamos tan intensos, vamos a buscar algo bueno que hacer – Dijo Jasper notando que yo no estaba cómoda con la idea de Emmet y Rosalie, le agradecí mentalmente a mi amigo rubio.

Rosalie y Emmet asintieron a regañadientes dándole la razón a Jasper; me despedí de todos y cuando Jasper me miró le sonreí agradecida por haberme salvado de tener que decir más mentiras.

Corrí rápidamente a buscar un taxi y el condenado se demoró más de lo que yo esperaba, luego llegué a mi supuesto departamento y empecé a buscar ropa decente para cambiarme puesto que la que llevaba no era muy apropiada para una cita y menos con Edward; revisé cada prenda que había traído de mi casa para saber si era la apropiada, hasta que después de veinte minutos logré dar con un conjunto apropiado para la salida, ahora solo me quedaba bañarme, vestirme, arreglar mi cabello y maquillarme… Nada me podía fallar, o al menos eso pensaba. Definitivamente hoy no era mi día, se averió mi secadora de cabello y tuve que improvisar un peinado que me hiciera ver sofisticada, porque si dejaba mi cabello suelto parecería que tuviera un look afro o algo parecido. Para seguir con mi mala suerte, Edward había llegado unos minutos antes y yo todavía no estaba lista. El teléfono pegado a la pared de la cocina que me comunicaba con portería empezó a sonar indicándome la llegada de Edward.

- Señorita, aquí abajo ahí un hombre llamado Edward Cullen, dice que usted lo está esperando- Dijo la voz del portero al otro lado de la línea.

- Sí, así es ¿Podría decirle que me espere unos cuantos minutos? –

- No hay ningún problema -

- Gracias -

Corrí rápidamente por todo el departamento calzándome mis zapatos y buscando mi bolso. Una vez estuve lista me miré al espejo y salí disparada hacía el vestíbulo donde me esperaba Edward con su típica y resplandeciente sonrisa que me dejaba sin respiración cada vez que la veía – No puedo estar sintiendo esto – Me dije mentalmente. Todos estos meses luché por parecer tranquila y calmada cuando estaba con Edward aun sabiendo que parecía que la taquicardia se apoderaba de mi organismo con solo oír su nombre; cada vez que lo veía me repetía lo mismo y me regañaba mentalmente haciéndome a la idea de que esta sería mi última misión y después de que confirmara su inocencia o culpabilidad yo me alejaría lo más posible de él, nunca lo volvería a ver en mi vida… Pero cada vez se me hacía más difícil pensar en eso y por algún motivo se me hacía más difícil rememorar el hecho de que no lo volvería a ver y sentía como si algo fundamental faltara en mi pecho. Sin embargo, nunca le presté atención a ninguno de esos sentimientos - ¿Para qué seguía pensando en algo que no tenía sentido? – Con eso solo lograba desestabilizarme emocionalmente y desconcentrarme de lo que era realmente importante para mí.

Cuando Edward me vio su sonrisa se hizo aún más grande y caminó unos cuantos pasos hasta que quedamos a pocos centímetros. Me perdí en su blanca sonrisa y en cuanto noté que lo había hecho dejé de verlo para fijar mi vista en sus hermosos ojos verdes – Grave error – Sus ojos eran aún más cautivantes e hicieron que mis piernas empezaran a temblar como gelatinas, tenía que romper ese contacto visual como fuera si no quería terminar en el suelo a causa de que mi cerebro ya no le daba órdenes a mis piernas y estas se podían desvanecer en cualquier segundo.

- Hola hermosa, no quise llegar con las manos vacías y te traje esto – Dijo extendiéndome un ramo de hermosas azucenas silvestres.

Quedé maravillada ante el detalle, las flores eran realmente preciosas y ni qué decir del olor. Le sonreí en agradecimiento – Están preciosas, no debiste molestarte –

Hizo un gesto con su mano como si no le diera importancia – No es ninguna molestia. Me acordé de ti cuando las vi y además, eso te dará una pista del lugar al que iremos hoy –

Fruncí el ceño mostrándole mi confusión, eso pareció hacerle gracia y tomó mi brazo delicadamente para guiarme hasta su carísimo auto, en el que viajábamos prácticamente todas las veces que nos veíamos. El Aston Martin V12 Vanquish de Edward era sinónimo de deportividad, velocidad, potencia, estilo, lujo y adrenalina; cualquiera daría lo que fuera por tener un auto igual a este y a mí tampoco me era indiferente; en el momento que vi lo que Edward catalogaba como una "chatarra" quedé con la boca abierta de la impresión pero ahora ya estaba acostumbrada a que se refiriera a su espectacular auto de esa forma. A mí me encantaba estar en ese auto, era muy cómodo y tenía el cautivante perfume de Edward por todos lados.

- ¿No podemos ir caminando? – Pregunté a ver si con eso conseguía que me diera otra pista.

- No, el lugar a donde vamos es un poco retirado… Aunque, en algún punto tendremos que caminar – Me abrió la puerta como todo un caballero y esperó a que yo me acomodara para cerrarla, luego rodeó el auto y se situó en su puesto.

- ¿O sea que es fuera de la ciudad? – Dije arqueando una ceja.

- Ya basta de preguntas, sé lo que intentas hacer y no te va a funcionar porque no te voy a decir. Se supone que es una sorpresa y… soy muy bueno para dar sorpresas – Dijo con una sonrisa de suficiencia que no me dejó ni una duda de que lo que decía era cierto.

Hice un puchero como niña pequeña pero ni eso logró convencerlo y no me quedó más opción que esperar para ver el sitio sorpresa al que iríamos. (…) En todo el camino nos la pasamos charlando y riendo, era muy fácil y divertido hablar con Edward, tanto que a veces olvidaba mi misión y le revelaba cosas de mí que no debía hacer, rápidamente trataba de arreglarlo o cambiar de tema pero sabía que él se daba cuenta de que yo le escondía algo.

En medio de las risas no noté que pasábamos por Seattle, hasta que llegamos a Port Angels… - Oh por Dios, que no vaya al lugar que estoy pensando – me repetía mentalmente como un mantra. Recordaba estos caminos perfectamente y si giraba hacía la derecha en la próxima curva no me quedaba ninguna duda de que pasaríamos por Forks: En ese pequeño pueblito nublado y lluvioso había pasado toda mi infancia y parte de mi adolescencia, también había perdido a mi madre aquí… No quería recordar, eso me pondría muy mal y llevaría mi estado de ánimo por los suelos.

Pronto, la conversación o los chistes dejaron de tener sentido para mí; ya no me reía ni hacía ningún esfuerzo por mantener viva la conversación. Edward había tomado la curva que tanto me atormentaba, en esa curva había visto a mi madre quién ahora parecía un ángel que me miraba con una sonrisa en el momento que pasamos por su lado. Solo atiné a respirar pausadamente tratando de calmarme, los ojos me picaban, quería llorar pero no podía hacerlo; sin embargo, mi mente se encargó de torturarme con varios de los recuerdos que viví feliz con mis padres, cada uno de los momentos que pasaba con mi madre haciendo actividades simples como el aseo de la casa, cocinar o simplemente charlar mientras caminábamos por el pueblo.

- ¿Estás bien? – Me preguntó Edward sacándome de mis pensamientos.

- Si ¿Por qué lo preguntas? – Traté de recomponerme y olvidar el motivo por el cuál casi empiezo a derramar lágrimas hasta inundar el auto.

- Te pusiste pálida y cortaste la conversación como si nada… ¿A caso dije algo malo? – Preguntó arrepentido.

- No, es solo que recordé que mi madre falleció cerca de aquí – Bajé la cabeza con el objetivo de ocultar una gruesa y escurridiza lágrima que luchaba por salir de mi ojo.

- Lo siento… ¿Fue aquí donde perdiste a tus padres? – Preguntó y yo fruncí el ceño hasta que recordé que yo le había dicho que mis padres habían fallecido juntos y que había crecido con mi "hermano" Sam.

- Si, ellos murieron en un accidente automovilístico… En la curva que pasaste, ellos chocaron contra un gran camión y cayeron por el barranco. Según las investigaciones, el conductor del camión estaba ebrio pero nunca confirmaron nada ni tampoco supieron exactamente quién fue porque archivaron el caso luego de unos meses sin obtener resultados –

En realidad, todo lo que le había dicho era verdad. Charlie y René iban en el auto de regreso a casa donde los esperaba yo junto a una amiga del instituto, después pasó lo inmencionable aunque gracias al cielo Charlie logró saltar del auto antes de que cayera al barranco y se destruyera por completo, llevándose con él la vida de mi madre… Lo demás fue historia y Charlie puso todo su empeño en saber quién era el maldito desgraciado que conducía el camión pero nunca lo averiguó y a estas alturas ese asesino sigue libre, esa fue otra razón para mudarnos a Washington, porque él pensó que con su trabajo en el FBI podría averiguar más sobre el accidente pero a esta hora no sabemos nada importante. Pensar en eso solo me deprimió más.

- De nuevo, lo siento mucho… Mis condolencias. No quería ponerte mal – Puso una mano sobre la mía, me vio por unos segundos y volvió su vista al camino – Si quieres podemos devolvernos y pensar en otra cosa que hacer –

- No, no… Sigue con tus planes, yo estaré bien –

- En serio, mi objetivo no es que te sientas mal…-

Lo interrumpí – Edward, pasé por muchos psicólogos y psiquiatras para superar esto, creo que no debería ponerme tan mal solo por pasar por el lugar donde fallecieron mis padres, así que por favor… Sigue con lo que tengas planeado – Dije en tono que no daba lugar a réplicas.

Después de eso ambos quedamos en silencio y la conversación no volvió a fluir como antes, Edward se quedó boquiabierto cuando escuchó que yo había sido tratada por psicólogos y psiquiatras, yo no debí haberle dicho eso y para mi propia suerte menos mal que recordé involucrar a mis dos padres en lugar de decirle que solo mi madre había muerto.

Yo miraba por la ventana, recordando los caminos del pueblo que había transitado tantas veces en compañía de mis padres, cuando éramos una familia feliz y no lo sabíamos. No tenía idea del lugar al que me llevaría Edward pero ya me estaba empezando a preocupar porque él llevaba más de veinte minutos conduciendo y aun no salimos del pueblo, cada pino que yo divisaba me hacía feliz y al mismo tiempo me corroía el alma, cada sendero que cruzábamos me recordaba a René con sus locuras, tratando de vestirme como una Barbie desde que tenía dos años y mi papá siempre me defendía diciendo que eso no era lo que me gustaba. Una lágrima silenciosa descendió de mi ojo y pasó por mi mejilla, me concentré en quitarla con el dorso de mi mano antes de que me pusiera a llorar desesperadamente; sin notarlo, Edward estacionó el auto donde empezaba uno de los bosques de Forks.

- Llegamos – Dijo viendo el paisaje y luego fijó su vista en mí, levantó mi rostro con su dedo índice para comprobar que una lágrima había brotado de mi ojo - ¿Estás bien? – Volvió a preguntarme pero esta vez parecía más preocupado que antes.

Deshice nuestro contacto y asentí en silencio - ¿A dónde vamos? – Pregunté cambiando de tema.

- Ya lo verás – Él se bajó del auto y luego me abrió la puerta para que yo saliera.

Agradecí mentalmente que él hubiera entendido que yo no quería hablar más del tema, al menos no por ahora, no quería recordar pero ¿Cómo no iba a recordar si estaba en el lugar donde pasé los más felices años junto a mis padres? En fin, traté de olvidarlo una vez más y solo me concentré en el hecho de que estaba sola con Edward y tenía que hacer que me contratara como su asistente, no me importaba para qué me habría traído o qué sorpresa me tendría, yo tenía una misión muy clara y nada en el mundo la cambiaría.

Me hizo un gesto con su mano indicándome que teníamos que caminar un rato a través del bosque y yo solo asentí sin mostrar ninguna emoción en particular; después de casi haber llorado no me sentía con ánimos de nada, solo esperaba superarlo pronto. Los primeros minutos que caminamos fueron silenciosos, ninguno de nosotros se atrevía a romper el silencio, yo intentaba encontrar un tema de conversación en mi mente porque sabía que pensar solo me haría volver a mi depresión y eso era lo que menos deseaba. Como si él pudiera leerme la mente, empezó a charlar sobre temas sin importancia, como el clima de Forks, siendo que hoy era uno de esos raros días en que estaba soleado. Le agradecí mentalmente por milésima vez en la salida, él sabía cómo tranquilizarme y animarme.

Caminamos cerca de diez o quince minutos, la verdad no presté mucha atención porque Edward estaba haciendo sus típicas bromas y caras graciosas; llegamos a un prado muy lindo, había azucenas silvestres como las del ramo que Edward me había regalado hace un par de horas. Sonreí al ver las flores y quedé maravillada con el paisaje que parecía ser de un cuento de princesas, solo faltaba que viniera un hada madrina dispuesta a cumplirme todos mis deseos.

- ¿Y? ¿Qué piensas? – Me preguntó Edward quien estaba detrás de mí. La expresión en su cara era pura curiosidad e intriga.

- Todo esto es hermoso… No me digas que seguimos en Forks –

- Si, estamos a las afueras del pueblo ¿Cómo sabías que se llamaba así?-

Yo me distraje viendo como las nubes poco a poco abrían paso al sol tímido que luchaba por salir para hacerse más resplandeciente – Yo crecí aquí, pasé parte de mi adolescencia aquí – Dije olvidándome de todo y de todos.

- ¿En serio? – En el tono de voz de Edward había cierta sorpresa. Yo asentí en silencio dándome cuenta de que no debí decir lo que dije ¿Por qué cada vez que estaba con este hombre le decía cosas que no debía? La voz de Edward me sacó de mis pensamientos – Yo también crecí aquí, solo que no salía mucho, estudiaba en casa. Mi padre siempre quiso que yo fuera abogado y por eso me educó él mismo… Nos mudamos a Washington cuando yo tenía diecisiete años. -

- Y si no salías de tu casa ¿Cómo sabes de este lugar? – Pregunté confundida.

Yo creía conocer todo el pueblo, después de todo me la pasaba caminando con mis padres todos los días por diferentes senderos, el lugar no era muy grande y lo más lejos que íbamos era a Port Angels; a mi papá no le gustaba ir mucho allí porque decía que había peligro en cada calle aunque nunca lo confirmé. Pero este prado era sin duda, uno de los paisajes más bellos y perfectos que había tenido el placer de conocer, no podía creer que en todos estos años no lo hubiera visto.

- Un día papá y yo estábamos cazando, yo era pequeño, tenía unos diez o doce años y por más que él me dijo que no me alejara de su lado, yo no le hice caso y me perdí. Empecé a caminar sin rumbo y cuando me di cuenta estaba aquí. Cualquier niño a esa edad se hubiera puesto a llorar pero yo estaba tranquilo esperando a que mi padre me encontrara y así lo hizo luego de media hora – Se encogió de hombros y siguió con su relato – A los quince años volví a venir porque recordé que este lugar me traía paz, estaba muy frustrado después de haber tenido una pelea con mis padres y desde entonces vengo aquí cuando quiero tranquilidad – Suspiró dándole un aire dramático.

- Tienes razón. Este es un lugar muy agradable, se siente un ambiente tranquilo, es como si te sacara de todos los problemas y ruidos de la gran ciudad – Sonreí y volteé a verlo - ¿Por qué quisiste mostrarme este lugar? –

- Habían dos razones: La primera es que tú eres mi amiga, mi mejor amiga y eres la única a parte de mi padre que conoce este lugar; claro que él no sabe que yo vengo con frecuencia y que es muy importante para mí. A parte de eso, quería mostrarte que puedes contar conmigo para lo que sea, estaré dispuesto siempre… No te quiero ocultar nada y siento que contigo tengo una conexión especial que no había sentido nunca antes en mi vida, con nadie… Siento que puedo ser yo mismo y eso basta porque de alguna forma, sé que no me vas a juzgar – Dijo fijando su vista en la mía mientras tomaba mis manos.

Mi corazón iba a explotar en cualquier momento de lo rápido que estaba latiendo y mis mejillas estaban furiosamente sonrojadas, sonreí por las palabras tan bonitas que había dicho. En algún momento me sentí mal porque él estaba siendo completamente sincero conmigo y yo… bueno, este era solo mi trabajo y la gran mayoría de cosas que él sabía sobre mí eran mentira. Su mirada era penetrante y hermosamente intensa, me hacía sentir como en el cielo; bajé mi vista hacía sus labios entreabiertos y algo carnosos, su mandíbula cuadrada y perfectamente afeitada estaba relajada, se hicieron dos pequeños hoyuelos en sus mejillas. Estábamos tomados de las manos, mirándonos fijamente y sin darme cuenta, ambos nos estábamos acercando peligrosamente - ¿Qué me pasaba? - Esto no era nada correcto y yo lo tenía que detener. Terminé con el contacto visual volteando mi rostro hacia otro lado fingiendo que miraba el paisaje como si fuera lo más interesante del mundo, luego solté sus manos procurando ser cortés y caminé unos pasos para observar algunas florecillas que me tenían maravillada… Claro, no tan maravillada como lo había estado segundos antes pero obviamente todo esto lo estaba haciendo para concentrarme en mi trabajo y no besar a Edward, además estaba reprimiendo lo que sea que estuviera sintiendo, esto era bastante difícil.

No veía lo que estaba haciendo Edward después de lo ocurrido pero se había quedado en silencio por un tiempo que me pareció largo así que me volteé para sonreírle y decidí continuar con la conversación que llevábamos – Dijiste que había dos razones por las que querías traerme y solo me explicaste la primera –

Él se acercó a mí de nuevo y nos miramos, agradecí que esta vez no parecía que tenía la intención de besarme. – La segunda, bueno… Vengo aquí cuando tengo problemas, en especial cuando quiero pensar – Comentó sin mostrar ninguna expresión en particular.

- ¿Y qué problemas tienes? Dime, tal vez te pueda ayudar – Lo animé con una sonrisa.

Él se pasó una mano por el cabello – En realidad son tres: El primero es que mis padres me están tratando de comprometer indirectamente, con la hija de sus amigos. El segundo es que aquella chica, Kate, se la pasa pegada a mí, acosándome cada vez que se le antoja. Y el tercero, es que la chica que realmente quiero, la razón por la que estoy vivo… Ni siquiera se da cuenta de mi existencia y eso me frustra demasiado porque cuando estoy con ella todo lo que quiero es abrazarla y besarla – Dijo lo último clavando sus preciosas esmeraldas verdes en mis ojos.

Fruncí el ceño y desvié la mirada hacia el cielo ¿Cómo era eso de que sus padres querían comprometerlo? Estamos en pleno siglo XXI, se supone que eso ya debería ser historia. Y la tal Kate ¿Quién se creía que era para estar detrás de Edward todo el tiempo? Si la tuviera en frente le diría un par de cosas que no saldrían de la boca de una dama. Lo último y lo que más me frustraba era que Edward parecía estar enamorado de alguien más; esas palabras que había utilizado para describir lo que sentía por ella, me demostraban que él estaba completa y locamente enamorado de ella… Por una parte me alegró, él parecía ser un hombre bueno y se merecía ser feliz con alguien que lo amara; pero por otro lado, en cuanto mencionó esas palabras, mi corazón se paralizó por unos segundos y sentí un puñal que se enterraba en mi pecho dejando a la vista una gran herida en mi corazón.

Intenté no demostrar nada de lo que sentía y seguí con la conversación – Bueno, creo que puedo ayudarte con alguno consejos para resolver tus problemas – Él me miró frunciendo el ceño – Tus padres te aman ¿Verdad? – Él asintió y yo continué – Deberías hablar con ellos y decirles que no quieres que se entrometan en tu vida privada, pero trata de ser suave con las palabras que utilices, después de todo son tus padres y quieren lo mejor para ti. En cuanto a la chica que te acosa, también deberías hablar con ella y decirle que no te interesa tener nada con ella y si sigue con lo mismo, la puedes demandar… Tu sabes mejor que yo como se hace eso – Dije en tono de broma a lo que él sonrió de forma torcida y seguido mis piernas comenzaron a temblar – Y por último, la chica que quieres – Dije un poco decaída pero traté de recomponerme – Intenta acercarte más a ella, trátala con amor, se detallista con ella, sácala a pasear o a comer; claro, sin llegar a ser intenso, lo que trato de decirte es que trates de pasar todo el tiempo que puedas con ella y en el momento adecuado, le declaras tu amor y para ese entonces, ella sentirá lo mismo… No conozco a ninguna chica que se resista a los consejos que te acabo de dar –

Él sonrió - ¿Estás segura? – Yo asentí y él volvió a mirar el paisaje – Wau, tengo una excelente mejor amiga, hice una buena elección -

- Todos tenemos problemas, no nos viene mal un poco de ayuda de vez en cuando – Comenté viendo en la misma dirección que él.

- ¿Todos? No creo que tu tengas problemas – Arqueó una ceja.

Y este era mi momento perfecto para insinuarle que me diera trabajo y si no entendía las indirectas, con toda la pena del mundo, al siguiente día le tendría que rogar por un cargo como secretaria en su bufete. Suspiré y empecé a pensar en la mentira que había pensado desde que Charlie me dijo su estrategia para descubrir más rápido la "culpabilidad" de los Cullen.

- Si, bueno… Por estos días ando de pelea con mi hermano y trato de verlo lo menos posible aunque eso no es fácil –

- ¿Pelea? ¿Por qué? –

- Yo trabajo con él, bueno, prácticamente trabajo para él y hemos tenido un par de problemas… él suele ser controlador y a veces me trata como un trapo viejo, creo que tiene más modales con las personas recién contratadas que conmigo y ya estoy cansada de eso – Fingí un falso suspiro.

Juntos nos sentamos sobre el césped y yo tomé una pequeña florecilla entre mis dedos, él solo se quedó en silencio y yo estaba empezando a pensar que no entendía mis indirectas, ya me estaba haciendo a la idea de que mañana tendría que rogarle para que me diera trabajo, por lo tanto, ahora solo trataba de hacerme ideas de cómo pedírselo.

- ¿Por qué no renuncias y consigues otro empleo? – Preguntó sacándome de mis pensamientos.

- No puedo – Hice una pausa – Y menos en este momento porque tengo que pagar por mi departamento y quiero empezar a estudiar este semestre, además de mis necesidades básicas como comer y lo que se me va a diario en transportes aparte de otras cosas. No me puedo dar el lujo de quedarme sin empleo para conseguir otro –

Él se pasó una mano por el cabello – Bueno, si te sientes incómoda trabajando con tu hermano ¿Por qué no vienes a mi bufete y trabajas para mí? – Preguntó con una combinación entre emoción y timidez – Digo, conmigo -

Volteé mi cara y sonreí, de paso aproveché para abrir mis ojos como si estuviera sorprendida por su propuesta - ¿En serio? ¿Quieres que trabaje contigo? ¿No sería una molestia en tu gran bufete? – Pregunté más rápido de lo que planeaba pero al menos mi actuación estaba saliendo perfecta.

- Claro que no, yo estaría completamente encantado de tener tu presencia todos los días conmigo… De hecho hay un puesto libre como mi secretaria porque la última que tuve renunció ayer, todo ha sido un caos hoy – Se quedó en silencio y luego me miró de una forma que no supe descifrar pero sabía que era especial – Entonces ¿Aceptas? – Preguntó de nuevo con su tono emocionado y tímido aunque esta vez era más notable el tono tímido.

Me sonrojé por su intensa mirada clavada de nuevo en la mía y asentí – Si, gracias –

En su cara se formó una gran sonrisa – Excelente, puedes comenzar a trabajar el lunes a las tres en punto de la tarde, con eso tendrás tiempo para tus estudios. Yo me encargaré de todos los trámites para que seas bienvenida-

Yo me sentía muy feliz, mi corazón latía desbocado y la sonrisa en el rostro de Edward me decía que el sentimiento era compartido. Él parecía una persona tan bondadosa y gentil que cada vez que pasaba tiempo con él más pensaba que mi padre estaba equivocado y Edward era realmente inocente. Sin pensarlo y casi mecánicamente, me acerqué a él y lo abracé de manera efusiva, en el momento que fui consciente de lo que estaba haciendo me alejé de él y cubrí mi rostro sonrojado con mi cabello.

- Ehh… Disculpa, no sabía cómo agradecerte esto que haces por mí – Dije como una excusa rápida que inventé pero lo cierto era que ni yo sabía porque lo había abrazado.

- No te preocupes – Sonrió y pude ver un leve sonrojo en sus mejillas, lo cual me sorprendió porque nunca lo había visto sonrojado.

Pasamos el resto de la tarde sentados juntos en el prado, hablando como siempre de anécdotas y de cosas graciosas que nos divertían a ambos. Dijo algo que me sorprendió y no sabía si era para bien o para mal: Su hermana menor, Alice Cullen, quería conocerme en persona; yo no sabía que Edward le había hablado a alguien de su familia sobre mí y la verdad no sabía cómo sentirme respecto a eso. Así que él me preguntó cuándo estaba lista para conocerla, si es que la quería conocer y yo no sabía que responderle, tenía miedo de no agradarle y al mismo tiempo no sabía que tan buena idea era que yo conociera a una parte de la familia de Edward. Sabía que Alice era muy importante para él porque hablaba de ella con frecuencia y la mencionaba en muchos recuerdos. Al final, terminé accediendo a conocerla pero, como todo lo que sucede con Edward, no me imaginé que la conocería tan pronto y menos que ella tendría preparada una gran salida para los tres al día siguiente… Sin embargo, tuve que aceptar porque ya me había comprometido, solo esperaba que nada me saliera mal.

Edward me llevó a mi casa. Sorprendentemente, el regreso no fue tan doloroso y triste como la llegada, cuando pasé por aquella curva en la que había muerto mi madre Edward puso una mano sobre la mía y me sonrió tiernamente, eso me tranquilizó y me hizo sentir increíblemente mejor, como si el vacío en mi pecho se hubiera cerrado un poco.

Cuando llegamos a mi departamento sentí la necesidad de pasar más tiempo junto a él, no quería separarme y lo que más ansiaba era continuar nuestra charla sobre temas poco importantes, así que lo mejor que se me ocurrió fue invitarlo a cenar. Cociné para ambos y pasamos unos momentos agradables juntos. Edward se fue pasadas las nueve de la noche y a esa hora yo no tenía intenciones de volver a mi casa, me sentía en una nube y de lo único que era consciente era de que tenía una sonrisa estúpida en mi rostro que no quería borrar por nada del mundo y si volvía a casa lo más seguro era que Charlie (Sin querer) la borraría acusando de nuevo a Edward por hacer parte de la población corrupta del país.

Le avisé mediante un texto a Charlie que me quedaría en el departamento y que lo llamaría al día siguiente; sin más que decir o hacer, me fui a mi cama con una sonrisa tatuada en mis labios.