Capítulo 7

Yamato no paraba de mirar su reloj y de voltear a todas partes, sumamente nervioso. Ciertamente su hijo y Sora estaban retrasados más de media hora y no le habían mandado ningún mensaje.

Aquel rubio estúpido me había reñido por estar tomando café mientras fumaba en la terraza del restaurante en donde se quedó de ver con su familia, pero la verdad me importó muy poco; él estaba sacándome de quicio con su nerviosismo.

Al ver que se levantó de su asiento y ver a dos personas acercarse, me sorprendí, pero el sorprendido no fui yo, sino Sora.

-Taichi… -dijo ella, acomodando sus cabellos detrás de su oreja izquierda-… qué gusto.

-Lo mismo digo –dije con condescendencia mientras me levantaba de mi asiento para ayudarle a sentarse.

Sora se veía igual de radiante y hermosa, aun y cuando se notaba la sombra de los años sobre ella. Su cabello había crecido, estaba un poco debajo de los hombros y lo traía recogido en un moño. El apuesto chico que la acompañaba se parecía sobremanera a Yamato; sin embargo, sus ojos y cabellos eran del mismo color que los de Sora.

Sin embargo, mi sorpresa fue mayor al ver a Mimi Tachikawa caminar al lado de un guapo chico de quince años que se parecía a ella; caballerosamente también ayudé a aquella mujer a sentarse, mientras ésta me agradecía con una sonrisa.

-Hola, Tai, sigues igual de guapo que siempre y tan amable.

Ella miró a Yamato detenidamente y después volteó a otro lugar, sintiéndose algo nerviosa, a mi parecer. Sora fijó su mirada en mí, haciéndome sentir que yo no tenía vela en ese entierro, o en simples palabras, yo no debía estar ahí.

-Me sorprendió mucho verte aquí -ella se dirigió a mi persona-, pensé que desde aquel altercado en la escuela, Takeru jamás permitiría que te acercaras a Yamato.

Ese altercado. Ciertamente me sorprendió que ella lo supiera, yo entrecerré los ojos, pero ella sonrió.

-Sé que no fuiste tú, idolatrabas a Yamato, casi besabas el piso que él recorría.

Yo abrí los ojos como platos, sintiéndome expuesto y mucho muy molesto. Aquel rubio tonto detuvo mi impulso por contestar algo, quizá hiriente, tomando mi mano para que me sentara.

-Bueno, pero no quiero ahondar en la relación que ustedes tengan ahora, sino en esto… -ella se dirigió a Yamato, pasándole una carta para que le permitiera a su hijo viajar al extranjero.

Al mirarla, el rostro de Yama palideció sobremanera.

-¿Vas a llevarte a mi hijo? –él se levantó del asiento- ¿Por qué quieres llevártelo?

-Quiero irme de aquí, Yamato, Hiro está de acuerdo –ella señaló al chico, el cual sonrió con condescendencia-, también me gustaría llevarme a Natsu, pero veo que no la trajis…

-Ella no quiso venir –antes de que ella terminara de hablar el rubio la detuvo-, no quería verte.

-¿Es eso o se lo impediste tú? –ella entrecerró los ojos- Realmente nosotros tuvimos un altercado, pero mis hijos…

Yamato se mordió los labios, estaba realmente molesto.

-¿Hiro sabe lo que hiciste?

Sora se sorprendió, pero antes de que pudiera decir algo, su hijo intervino en la conversación.

-Yo ya lo sabía, papá, desde hace tiempo –el rostro de Yamato palideció más, si era posible, mientras quizá pugnaba por detener el llanto para que no brotara como fuente de sus ojos, sabiendo que si comenzaba a recorrer sus mejillas, no tendría fin, nunca lo tendría-. No quiero herirte, pero desde hace ya mucho tiempo tú dejaste de ser mi padre. Mimi venía a la casa y ella me trataba con mucha ternura y cariño, Michael y yo somos como hermanos, incluso Natsu lo quiere de igual manera; sin embargo, ella siempre ha guardado un gran lazo contigo, supongo que por eso no quiso venir, ella te defendería hasta en el mismo infierno, pero yo no. No te culpo, te agradezco por todo lo que me diste, pero nuestros caminos se separan aquí.

Yama tomó el papel, sin detenerse a leerlo, tan sólo lo firmó, pasándoselo a Sora.

-Bien, creo que es todo, le diré a Natsu que si quiere irse contigo es libre de hacerlo. Yamato se levantó y Mimi, al igual que los dos muchachos que acompañaban a esas dos mujeres, voltearon a otro lugar. Yo iba a hacer lo mismo, pero Yamato me detuvo-. Sólo voy a llamar a Natsu ya regreso.

Aquel rubio se alejó, dejándome a mí como una especie de chivo expiatorio. Yo me removí, demasiado incómodo, sintiendo la imperiosa necesidad de sacar otro cigarro para volver a fumar. Cuando vi a la mesera le pedí otro café, mientras ella se sorprendía, dado que ya llevaba cinco.

-¿Cómo has estado, Taichi? –Mimi me sonrió desde su lugar, mientras sonreía, demasiado maquiavélica para mi gusto.

-Bien –dije con algo de enfado, yo acompañando a ese estúpido y él dejándome solo con ellos.

-¿A qué te dedicas ahora?

-Bueno, soy Juez del Tribunal de Distrito en Hiroshima.

-¿Hiroshima? –Sora se sorprendió por aquello- Vaya que te fuiste algo lejos. ¿Y por qué estás con Yamato? ¿Takeru lo sabe?

-Takeru ya me dijo hasta de lo que me voy a morir y casi me rompe la mandíbula al verme.

-Yamato fue a buscarte, ¿verdad? –ella sonrió, con tristeza- Oye, Hiro, ¿no querías ir con Michael a comprar esos tenis que te habían gustado? –sacó dinero de su bolsa y se lo entregó a su hijo, el cual comprendió que ella quería que se marcharan.

-Bueno, ya volvemos.

Los dos chicos se despidieron con un ademan de la mano.

-Mucho gusto –dijeron ambos hacia mi persona.

-Igualmente.

Asentí con la cabeza y ellos se marcharon.

-¿Hay algo que tu hijo no deba escuchar? –elevé mi ceja derecha y ella dejó escapar un suspiro.

-Yo sé todo lo que pasó con Yamato, Taichi.

Ahora comprendía por qué le había dado sorpresa verme y porqué razón no me había reprochado nada.

-No te miento, siempre he querido mucho a Yama, pero creo que hubo un punto en el que dejamos de amarnos. Creo que más que nada lo que él siente es lastimado su orgullo de hombre porque estoy con Mimi.

Ambas se miraron y sonrieron, acercándose muy íntimamente.

-Sí, supongo –lo dije, sin ánimo de seguir escuchando.

-Pero él no fue contigo para que lo perdonaras. No sé por qué presiento que él lo que quiere es sacarme celos contigo, porque eres un hombre.

-Muy guapo, por cierto –Mimi me sonrió nuevamente y yo volteé a ver a Sora, mientras ella sonreía.

-Yo también creo que te has vuelto muy guapo, Taichi, por eso evita a mi ex esposo, porque tú sí tienes intereses en los hombres y él querrá sacar ventaja. Parece indefenso, pero realmente piensa muy detenidamente las cosas.

-¿Insinúas que lo que desea es sacar ventaja de mí?

-No sé qué es lo que él quiere contigo, pero seguro no es algo bueno –Sora volvió a dejar escapar un suspiro-. Él no es malo, pero se me hace algo sospechoso que haya ido contigo. No te vayas a ilusionar con él.

-Hace mucho que dejé de sentir algo por él, Sora –solté un bufido a modo de carcajada-, me viene igual…

-¿Por qué estás aquí entonces?

Me sorprendió la pregunta, pero cuando iba a responder ella tomó mi mano.

-No te lo tomes a mal, Taichi, pero realmente parece lo contrario.

No sé si mi rostro palideció, pero no me agradó la idea de que ella pensara que yo aún albergaba algún deseo o sentimiento hacia su ex esposo.

Las pisadas de Yamato se escucharon a lo lejos y después le pasó su celular a Sora, la cual se levantó y se alejó para charlar tranquilamente con su hija.

Él volteó a vernos después, algo molesto, quizá porque parecía que estaba hablando muy feliz con sus dos peores enemigas.

-¿Qué es lo que haces tú, Mimi? –pregunté y ella volteó a verme, agradecida por haber roto el incómodo silencio.

-Soy dueña de un rancho ganadero en Kansas.

-Como siempre, la niña rica –ella rió un poco divertida al escuchar mis palabras.

-Fue una de las cosas que me dejaron como herencia mis padres.

-¿Ellos fallecieron? –parpadeé.

-Hace tres años aproximadamente en un accidente automovilístico.

-Qué lástima.

Sora le hizo una seña a Yamato para que fuera con ella y ambos comenzaron a discutir un poco, lejos de nosotros.

-¿De verdad ustedes dos están juntas? –pregunté y Mimi asintió.

-¿Es tan sorprendente? Bueno, a ti te gustan los chicos.

-No me gustan los chicos, Mimi.

-¿Entonces estás casado con una mujer? –ella me sonrió, con comprensión.

-Ella falleció cuando nuestro hijo era un niño, ahorita es un muchacho dos años mayor que los hijos de ustedes…

-No me digas –ella rió-, Natsu es de su edad, lo conoce y fue amor a primera vista.

Aquello no me agradó, ella lo pudo ver.

-Así que no me equivoqué –ella rió-, fue igual que Takeru y Kari, igual que tú y Yamato.

-Con la diferencia de que Takeru y mi hermana sí se correspondieron.

-Eso no quiere decir que Yamato no pueda corresponderte.

-Él…

-No creas que quiero que lo quites del camino, él y Sora ya no se llevan bien de todos modos, pero discrepo del pensamiento de Sora. Ya sabes que me fui a Estados Unidos y venía muy poco, así que no sabía lo que había ocurrido con Yamato, hasta que Sora me lo contó hace un poco. Ella me dijo entre risas que posiblemente su esposo había ido a buscarte, pensando que podría tener en ti un refugio, dado que siempre has sido una persona extremadamente noble; sin embargo, al contarme lo que sucedió agregó que Yamato te buscaría tan sólo para hacerte daño. Creo que fue contigo porque supo que serías el único que no le haría daño, pero que no le tendrías compasión, que quizá lo destrozarías, pero que le darías la mano y no lo dejarías desamparado. Su orgullo de hombre, como dice Sora, no creo que tenga nada qué ver aquí, él quería arreglar las cosas contigo para poder tener en ti un abrigo, una esperanza. Quizá esa esperanza sea amarte.

Amarme… Reí, demasiado divertido con sus deducciones.

-¿Amarme? –pregunté con sarcasmo- ¿Realmente crees que quiero que…?

-¿Por qué estás aquí entonces? Es la misma pregunta que te hizo Sora y yo te la vuelvo a formular. ¿Por qué estás aquí con él cuando perdiste tanto por su silencio?

Me quedé sin habla. Siempre había creído que Mimi era sosa, estúpida y vacía, pero me había equivocado, ella era todo, menos eso. Sentía como si ella ya supiera lo que iba a decirle y eso me hizo sentir desesperación, un vacío en mi estómago que no supe expresar con palabras. Ahora entendía por qué razón Sora se había enamorado de ella, era casi lo contrario a Yamato.

-No quiero que me ame –dejé escapar un suspiro-, vine con él porque me lo pidió, quizá sí dejé cosas importantes por venir acompañándolo, pero…

Mis palabras murieron en mis labios, Mimi cerró los ojos.

-¿Puedes obsequiarme un cigarro? –ella extendió su mano y yo le acerqué la cajetilla, junto con mi encendedor. Después de prender el cigarrillo, ella exhaló el humo- Las cosas importantes, ¿son acaso tu trabajo? ¿Tu hijo?

Me ofendí por la última palabra, pero ella rectificó.

-¿Crees que tu hijo vaya a aceptar que estés con un hombre?

-¿Tu hijo… te dijo algo? –pregunté, ella rió un poco, volviendo a exhalar humo.

-Michael sólo me dijo que él esperaba que yo fuera feliz. Su padre me engañó con mi mejor amiga. No sabes… -ella cerró los ojos, mientras dos lágrimas resbalaron por sus mejillas-… me hundí, hasta lo más profundo, drogas, lo que fuera para olvidar; alcohol… Por vueltas que da la vida me encontré a Sora en Estados Unidos, pues fue a visitar a Yamato y ella fue mi única salvación. Regresé en mí y ella se volvió mi adoración. Mi intención no era que ella se separara de su esposo, pero no lo pude evitar. Michael la quiere mucho, yo la amo.

-¿No te dio pena por Yamato al quitarle a su esposa?

Mimi sonrió con tristeza.

-La verdad sí, pero no creas que me siento culpable porque ellos rompieron, ese era su destino. Ellos ya no se llevaban bien, ellos ya no se soportaban, aunque pienso que Yamato la quería, él nunca amó realmente a Sora.

-¿Y cuáles son las pruebas de tus palabras?

-Bueno, ellos tenían mucho tiempo sin hacer el amor –Mimi elevó las cejas y después rió un poco-. Seis años, más o menos. El que ponía el pretexto era él, según supe por Sora.

-Era más de lo que yo quería saber –rodé los ojos-. ¿No crees que lo que necesitaban únicamente era terapia de pareja?

-Le dije lo mismo a Sora, pero me dijo que ya habían ido y no pudieron arreglarlo, de hecho cuando me la encontré la primera vez en Estados Unidos, a eso había asistido ella.

Bufé un poco y después reí.

-¿Y… a qué se debe la razón de que me estés contando esto?

-Bueno… -ella apagó la colilla el cigarro y después me sonrió, con una sonrisa parecida a la del Gato de Cheshire-… ¿en éste tiempo se te ha insinuado o algo?

Al escuchar aquello acudió a mi mente el recuerdo del fugaz beso que había recibido; creo que fue muy obvia mi reacción, así que Mimi rió, complacida por la información.

-Eso significa que él tiene interés en ti, ¿no crees? A mi bella Sora ya ni siquiera la tocaba, ¿o acaso le gustan los chicos o acaso le gustas tú? -comenzó a bajar la voz, pues Sora y Yamato se estaban acercando a nosotros.

-Bueno, es hora de retirarnos –Mimi se levantó de su asiento cuando escuchó aquellas palabras provenir de Sora, al igual que yo, para despedirlas-. Me dio gusto verte, Tai, te ves muy bien, podemos hacer un trío si te agrada la idea.

Mimi rió, demasiado divertida con la invitación.

-No, gracias –dije, rodando los ojos, mientras Yamato parecía querer asesinar a su esposa.

-Bueno, cuídate –Sora se despidió de mí con un beso en la mejilla, al igual que Mimi.

-Hasta luego, me dio gusto verlas.

-Lo mismo decimos –dijeron ambas al unísono, mientras se alejaban.

Continué despidiéndome con un ademán de la mano, hasta que desaparecieron de mi vista.

-¿No estabas demasiado cariñoso con ellas?

Yamato se cruzó de brazos mientras se sentaba y recargaba su espalda en el respaldo de la silla que se encontraba a mi lado.

-Ellas también son mis amigas. Si no querías que algo así ocurriera, debiste traer a alguno de tus amigos que no las conociera.

Él sólo entrecerró los ojos, mientras se sentaba en el mismo lugar en el que estaba anteriormente.

-¿Y qué dijo Nat…?

Mis palabras murieron cuando él apretó los puños y me miró con enfado.

-Dijo que no se iría con ella, pero no sé de qué hablaron, aunque… -no sé por qué razón me pareció que él quería matarme-… Sora me dijo que seguramente era a causa de un chico…

Las palabras que Mimi había pronunciado respecto a nuestros hijos, me cayeron sobre la cabeza.

-No, no me digas nada más –detuve sus palabras, colocando el dedo índice de mi mano derecha sobre sus labios-, no quiero saber, no lo quiero aceptar.

Él me miró fijamente, realmente sorprendido, yo alejé mi mano, sin comprender la razón por la cual se había sonrojado con aquel gesto.

-Vámonos, sino seguirás tomando más café. Tu secretaria me dijo que te lo había prohibido el doctor.

Casi escupo mi café cuando escuché sus palabras.

-¿Kitasawa charló contigo? Pensé que únicamente te había dicho que no estaba.

-Cuando salí iba mascullando que no debía llevarte café, porque te hacía daño y le pregunté.

Yamato entrecerró los ojos, quitándome la taza y bebiendo su contenido; sin embargo, casi al instante, estuvo a punto de escupirlo.

-¿Cómo demonios puedes tomar café sin azúcar ni crema, ni leche?

-Me gusta así –entrecerré los ojos y le arrebaté la taza-, procuro no meterme en tu vida, no te metas en la mía.

Me levanté de mi asiento; sin embargo, tuve que volver a sentarme cuando sentí un grave mareo y mi vista comenzó a oscurecerse.

-¿Ya nos vamos? –la voz de mi acompañante sonó a mi lado, así que negué con la cabeza.

-Necesito comer algo antes, ¿si ves a la señorita mesera puedes pedirme algo? Confío en tu buen gusto. Ya vuelvo, voy a hacer una llamada y me iré a lavar el rostro.

Él me miró, sorprendido por mis palabras, así que asintió mientras me alejaba de ahí. Cuando estuve fuera del alcance de su vista, me recargué en una pared contigua, buscando entre mis cosas el medicamento que me había recetado el doctor. Me pasé las dos cápsulas sin agua, yendo al baño para lavar mi rostro, esperando sentirme mejor.

Cuando regresé, Yamato estaba bostezando, esperando a que llegara para comer. Me senté a su lado y él me sonrió.

-¿Te sientes mejor?

Sonreí; no pensé que él se iba a dar cuenta.

-Yo siempre me siento bien –iba a sacar un cigarro, pero él me quitó la cajetilla y la guardó en su chaqueta-. ¿También me vas a impedir fumar?

-Deberías de cuidarte más, eres lo único que tiene Taichi, no se lo quites.

Aquellas palabras causaron gran remordimiento en mí. Sonreí con algo de tristeza, pero lo único que atiné a hacer fue comer.

-¿Qué harás ahora? –pregunté, él se tensó- Eres doctor en ciencias, eres un cerebrito, ¿por qué no vas y te consigues uno de esos trabajos con los que ganas miles de dólares al día?

-Ya no quiero eso. Quisiera pasar el mayor tiempo posible con Natsu, creo que se lo debo, creo que me lo debo a mí. Supongo que esa fue una de las razones por las que Sora y yo…

Dejé escapar un suspiro.

-Puedes seguir quedándote, eres la adoración de Taichi, pero intenta buscar tu camino, encuentra una razón para continuar.

Tenía mucho tiempo sin ver llorar a Yamato, así que no dije nada cuando una solitaria lágrima resbaló por su mejilla. Él cubrió sus ojos, diciendo que le había entrado una basurita, yo no dije nada, tan sólo le pasé un pañuelo desechable.


Ya pasaban de las cinco de la tarde cuando llegamos al hotel en el que había hecho la reservación. Yamato parecía un poco incómodo, debido a que pensaba que íbamos a quedarnos él y yo solos, pero se le había olvidado que mi hijo se encontraba con Joe y que más tarde pasaríamos por él.

Bostecé mientras dejaba mis cosas en la sala de estar del pent-house del hotel, mientras Yamato miraba todo a su alrededor.

-De verdad que tienes dinero, seguro es porque eres un tacaño.

Aquellas palabras me cayeron como piedras sobre la cabeza. Yo no era tacaño, sólo no gastaba más de lo que ganaba, siempre ahorraba.

-Cállate, sabandija –me crucé de brazos, dejándome caer sobre un sillón-, no utilices las palabras de mi hijo contra mí.

-Ja, ja, ja… -Yamato rió, divertido con la escena, yo tuve que dejar caer mis barreras y también reí-… de hecho tu casa es muy grande, a comparación de los departamentos en los que la gente pobre como yo vivimos.

-Por favor, Yama –rodé los ojos-, seguro que ganabas bastante con la NASA.

Aquel rubio tonto hizo un mohín.

-A veces no importa lo que ganes, si no lo puedes compartir con las personas que amas. Un puesto, el dinero, la fama, no son nada, si realmente parece que tienes mucho y al final nada ganas.

Yo sonreí, pensando en aquello. Quizá tenía razón. Yo había dejado mucho detrás para estar con mi hijo, pero no había sido suficiente. A él le faltaba una madre cariñosa a su lado, un hueco en su vida que no pude llenar. Pensé que darle cosas materiales había sido suficiente, pero ahora que escuchaba las palabras de Yamato entendía que había estado equivocado por mucho tiempo y que quizá le había hecho daño a mi hijo por mi falta de madurez.

-Cierto, a veces no sabes en dónde establecer un límite para no perderlo todo.

Cerré los ojos por un instante y cuando los abrí me percaté de que el cielo había oscurecido. Me levanté como un resorte, buscando con la mirada a Yamato; él dormía en un sillón contiguo.

Dando un largo bostezo me fijé en el reloj, el cual marcaba las ocho de la noche. Tomé mi teléfono celular y le marqué a Joe, el cual me respondió entre risas.

-¿Qué hay, Tai? ¿Ya arreglaste tus problemas?

Yo rodé los ojos, pero después reí un poco.

-Sí, ya, Joe. ¿Y mi hijo?

-Él está bien, jugando con Seto y molestando a Miku.

Yo reí con condescendencia, esos dos parecían hermanos, aunque la diferencia de edades estribaba en casi tres años.

-Voy por él a tu departamento, ¿en cuánto tiempo?

-Oh, sí, hace rato salimos del cine, pero acabamos de llegar a la casa.

-Ok, allá nos vemos.

Yo reí un poco y Yamato entrecerró los ojos, molesto por mi felicidad.

-Nunca haces ruido al despertarte –dije, cruzándome de brazos.

-No estaba dormido.

Él volteó a otro lado, yo dejé pasar su actitud, siempre era muy extraño cuando se molestaba, porque nunca decía la razón de su enfado.

En ese momento sonó mi celular, Joe me estaba llamando, ese era el tono que tenía para él, así que algo sorprendido, contesté.

-Oye, Tai, Kari y T.K. vinieron a buscar a tu hijo.

-¿A mi hijo? ¿Qué quieren con él?

-Bueno, es muy obvio, ¿no?

-Maldición, voy para allá.

Colgué, muy molesto por la intromisión de esos dos en mi vida.

-Siempre tienes la culpa de todas las desgracias que me pasan.

Me puse una chaqueta, dirigiendo una de mis miradas más mordaces a Yamato y tomé la tarjeta de la habitación, al igual que las llaves de la camioneta.

-¿Y ahora por qué yo? –dijo Yamato.

-Si no hubieras aparecido entonces ellos no lo estarían buscando.

Sin entenderme, él me siguió y subió a la camioneta conmigo. No hicimos plática, no lo intentamos, no hablábamos más de lo necesario después de nuestro "reencuentro".

Cuando llegamos al complejo departamental ambos bajamos de la camioneta, aunque yo más rápido que Yamato. Miré hacia el cielo, aún más molesto que antes. Me fui a paso veloz, aquel rubio tonto iba detrás de mí, casi sin aliento, pero intentando seguirme. Apreté el botón del elevador y justo cuando abrió introduje con rapidez a Yamato, marcando el número del piso donde vivían Joe y Koushirou.

Mientras subíamos, comencé a sentirme un poco mareado, quizá por el enfado, quizá por la rapidez con que había caminado.

-¿Pretendes dejarme sin aliento? Cálmate, no le harán nada a tu hijo.

-No es que le hagan algo o no, nunca le he comentado a Taichi la razón del porqué mis padres y tu familia me odian, si le dicen, quizá malinterprete todo y me… -tragué saliva-… y quizá me odie.

Él pareció comprenderlo, así que dejó escapar un suspiro.

Cuando se abrieron las puertas, sentí gran vértigo. ¿Y si el boquifloja de Takeru le decía…?

De pronto el haber corrido para allá no parecía haber sido una buena idea. Yamato me miró, sorprendido porque no había dado ni un solo paso fuera del elevador, pero tenía miedo. Taichi era todo lo que tenía en la vida, no soportaría que alguien más me odiara por las mentiras.

Dejé escapar un suspiro, caminando entonces hacia el departamento de Joe; sin embargo, cuando me acerqué a la puerta, Taichi me saludó con mucho entusiasmo, causándome gran alivio.

-Papá, pensé que ya no venías por mí.

-Buenas noches, señor Taichi –la voz de Natsu sonó a su lado, acababa de llegar a la puerta.

Takeru y Hikari estaban en la sala, al parecer nos estaban esperando.

-Hermano, qué gusto volver a verte.

Hikari no había pronunciado aquellas palabras con sarcasmo, así que lo dejé pasar, el único que parecía querer matarme ahí era Takeru, cosa que Natsu y mi hijo pudieron notar, al igual que su hermano, el cual no supo si sentarse a mi lado o correr a otro lado; sin embargo, el único sillón disponible nos colocaba en el mismo lugar, lo cual causó mayor enfado en el hermano menor de aquel rubio estúpido.

No me había dado cuenta que dos chicos, uno parecido a Takeru, Yamato y Natsu, así como otro que se parecía a la familia Yagami, estaban sentados junto a mi hermana y a su esposo.

-Parece que Natsu y Taichi se llevan muy bien –Hikari sonrió con suavidad-, ¿será el mal de nosotros los Yagami lo que lo ha causado?

Yo palidecí. Maldición, ¿por qué? ¿por qué?

-No está bien que digas que es un mal, tú te ves muy feliz al lado del imbécil que tienes por esposo.

Takeru iba a decir algo, pero su esposa lo detuvo.

-Bueno, pero no venimos aquí para insultarnos, sino para pedirte que por favor dejes que Taichi conozca a mamá y a papá. Ellos se emocionaron mucho cuando hablaron con Natsu y desean conocerlo más a fondo. Supongo que les recuerda mucho a ti antes de…

-¿Antes de qué, Hikari? –siseé con peligrosidad- ¿Sabes todo lo que tuve que pasar después de que me echaron de su casa? ¿Sabes todas las penurias por las que pasé? ¿Acaso les importó mirar las cartas que les mandé o los mensajes que dejé en su contestador? Me cansé de todo, ustedes dejaron de ser mi familia hace mucho.

-Mamá… -la voz de Hikari se quebró-… mamá aún tiene tus cartas y todos y cada uno de tus mensajes grabados. Aún conserva tus cosas, la habitación en la que tú y yo dormíamos se encuentra intacta. Ella estaba esperando a que todo se calmara, pero tú dejaste de llamar y ella perdió la fe.

-Tenían mi dirección –dije.

-Sí, es cierto –los ojos de Hikari se anegaron en lágrimas-, no hay justificación para nuestro repudio, pero siempre te tuvimos en nuestros pensamientos y en nuestras oraciones. Siempre vi a mamá dudando si llamar a tu casa para felicitarte el día de tu cumpleaños, e incluso papá, cada vez que llevaba a Kira y a Haru a pescar, hablaba de ti al por mayor, contándoles sobre la vez que atraparon tal pez o la vez que te caíste del bote, o incluso cuando te comiste tres kilos de pescado tú solo. Ellos siempre pensaban en ti, pero al dejar pasar el tiempo y no llamarte ni contactarte directamente, tuvieron vergüenza.

Yo rodeé los ojos, molesto por aquellas palabras. Todas eran patrañas que mi hermana quería inventar.

-Natsu nos contó que eres Juez en Hiroshima y mamá nos suplicó que los buscáramos para invitarlos a la casa, aunque no sabíamos por dónde empezar a buscar; sin embargo, ella nos dijo que Taichi le había mencionado que estaría con Joe.

Joe sonrió con condescendencia, al igual que su esposo.

-No pensé que estuvieras en tanta comunicación con él.

Yo resoplé, todavía molesto, ella se percató de mi mal humor, así que le indicó a toda su familia que se incorporara y se despidiera.

-Bueno, piénsalo por favor, Tai, creo que mi mamá estaría encantadísima de volverte a ver.

Todos se despidieron y salieron, bueno, no sin que antes Takeru me lanzara una mirada extremadamente furtiva.

-No se ven malas personas –escuché a mi lado a mi hijo, el cual me sonrió con suavidad,

-Si quieres ir, ve.

Le hice la seña de que podía retirarse, pero él sólo me sonrió con condescendencia.

-¿Te vas a enojar conmigo si decido acompañarlos?

Su inocente pregunta me hizo sonreír con tristeza, así que negué con la cabeza.

-Puedes ir si así lo deseas y no, no me molestaré contigo si lo haces.

Él me sonrió, encaminándose a la puerta.

-¿Vas, Natsu?

Él le ofreció su mano y cuando ella la tomó, la atmósfera que despidieron causó que Yamato y yo nos diéramos cuenta que no había ninguna duda del por qué su hija decidió quedarse.

Ambos nos volteamos a ver, pero nuestras miradas nos acusaban el uno al otro, era obvio que no nos parecía la relación que estaba tomando forma entre ellos, pero no sabíamos cómo hacérselo ver a nuestros hijos sin que nos preguntaran la razón del porqué no estábamos de acuerdo.

¿Seríamos capaces de contarles aquel oscuro secreto que nos estaba carcomiendo la vida?

-No inventes, Taichi, ¿Tai y esa chica… son novios?

Joe estuvo a punto de callar a su esposo; sin embargo fue demasiado tarde, él había lanzado ya la piedra hacia nosotros.

-Realmente sí es un mal, ja, ja, ja.

-Ya, Kou, no los molestes –Joe sudó una gotita-, es obvio que no son novios.

-Ajá –Koushirou rodó los ojos-, sí, claro. ¿Natsu, quieres ir conmigo? –dijo con voz aterciopelada mientras parecía ofrecerle la mano a su marido- Claro que sí, amado Tai…

-No es gracioso, Kou –dije, casi con un atisbo asesino-, ellos no son novios ni nada por el estilo, quizá buenos amigos, pero nada más.

-¿No empezaron ustedes igual? –aquel pelirrojo sonrió, con algo de gracia- ¿No fue lo mismo con ustedes y con Takeru y Kari?

Joe quiso volver a callar a su esposo, pero éste se lo impidió.

-No sé por qué les molesta tanto que ellos estén juntos, después de todo, ustedes ya se perdonaron porque están juntos ahora.

¿Juntos nosotros? Quise replicar su comentario, pero antes de que pudiera hablar, Yamato se adelantó.

-Sí arreglamos nuestros problemas, pero eso no quiere decir que estemos juntos como lo has intentado hacer ver.

-Espera, espera… -Koushirou colocó sus manos al frente, como estuviera tratando de protegerse-, yo nunca dije que estaban juntos, ¿por qué te pones en ese plan? Estaba diciendo que no veo por qué se ponen tan huraños con sus hijos cuando se ve que se quieren tanto; además, como están aquí, ahora juntos, pensé que ya no estaban enojados el uno con el otro.

-Ya, no quiero seguir escuchando –Yamato se tapó los oídos.

-No tienes por qué comportarte como un chiquillo –Joe sonrió con condescendencia.

-Eso se acabará, Taichi sólo está encandilado –dije.

-Como su padre lo estuvo con un Ishida…

Al escuchar esas palabras de Koushirou, estuve a punto de ahorcarle, pero su esposo me detuvo a tiempo.

-Izzy, no los molestes, ¿sí? –Joe volteó a ver a su esposo con reproche.

-Ok –dijo el pelirrojo-, ya no digo nada, pero es la verdad, e incluso hacen bonita pareja, como tú y Yamato –se dirigió a mí.

Nuevamente hice el atisbo de quererlo matar, pero Joe continuaba deteniendo mi cuerpo al sostener mis hombros con sus brazos.

Yamato entrecerró los ojos y el boquifloja de Kou le dijo algo que nunca pensé escuchar.

-No estés celoso de Joe y Tai –Koushirou le dio un golpe en la espalda a Yamato-, no lo hagas ver tan obvio.

Aquel rubio comenzó a sonrojarse sobremanera, mirando en ésta ocasión como si quisiera matar a Koushirou por atreverse a decir aquello.

-Izzy, no puedo detenerlos a los dos de matarte, sólo tengo dos manos -Joe sonrió con condescendencia.

-No estoy celoso –dijo Yamato-, ¿por qué habría de estarlo? Pero digo, ¿no deberías de estarlo más tú? Taichi y Joe siempre parecen como una pareja de enamorados.

Kou abrió los ojos con sorpresa, mirándonos a mí y a su esposo.

-Bueno, sí, pero…

En ésta ocasión, Joe me tuvo que detener al ver que iba a lanzarme contra Yamato y no le tendría compasión.

-Hemos sido amigos desde hace mucho tiempo –siseé con peligrosidad hacia aquel rubio-, tú lo viste, tú lo sabes. Hemos pasado tiempos difíciles juntos, él es mi mejor amigo, no quieras ver algo que no es.

-Tranquilízate, Tai –Joe también parecía sorprendido con aquellas palabras-, Yamato, es necesario que no digas cosas sin sentido, por favor.

-¿Cosas sin sentido? –el rubio apretó los puños- Dices eso cuando Taichi parece enamorado de ti…

Yo abrí los ojos como platos, pero el alma escapó de mi cuerpo cuando vi a mi hijo en el marco de la puerta con los ojos completamente abiertos.

-¿Enamorado de mi tío Joe?

Mi cuerpo comenzó a temblar. Mi vista comenzó a nublarse por la alta presión que comenzaba a sentir; sin embargo, no supe qué decir, no supe cómo explicar aquello. Enamorado no, pero él era muy especial para mí.

-No es lo que tú piensas –me dirigí a mi hijo, pero éste me alejó.

Aquel muchacho fue a refugiarse detrás de Joe, el cuál me miró con preocupación. En ese instante volteé a ver con muchísimo enfado a Yamato.

-Ok, me voy –Joe me soltó y comencé a caminar hacia la puerta-, después vengo por ti –me dirigí a mi hijo- y tú vienes conmigo.

Yamato sintió el jalón de su brazo y comenzó a caminar casi a fuerza hacia la puerta de aquel lugar.

Cuando cerré la puerta lo miré con muchísimo enojo.

-Esto tenemos qué hablarlo seriamente, pero no aquí.

Continué jalando su brazo con dirección al estacionamiento, ya en el hotel aclararíamos el maldito mal entendido.