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La magia de tu ser.

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Disclaimer: Los personajes de esta historia son propiedad de Stephenie Meyer y probablemente alguien más. El resto pertenecen a J. K. Rowling. El título del fic está inspirado en mi libro favorito de Johanna Lindsay, que tiene este mismo nombre. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.

Sumario:Harry ha tenido suficiente del Mundo Mágico. Después de pedir un favor, logra trasladarse a una pequeña oficina de Aurores en Port Ángeles, USA. Con veintitrés años, un hijo de cinco y su ahijado de siete, Harry cree que tendrá la vida pacífica que tanto esperaba. Sin embargo, un Quileute llamado Sam Uley demostrará lo contrario.

**Twilight x Harry Potter**

Parejas: Sam Uley/Harry Potter. Jacob Black/Edward Cullen. No sé si voy a mantener a los vampiros Cullen juntos, sépanlo. Más para el futuro.

Advertencias: MPreg. OOC. Universo Alternativo. Spoilers de los 7 libros de Harry Potter, pero no tengo en cuenta el epílogo. Probablemente spoilers de los 3 primeros libros de la Saga de Twilight, por ahora. Harry como uke.

Aclaraciones de lectura:

-Letra normal: dialogo, relato.

-Letra en cursiva: pensamientos de los personajes.

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Capítulo 6: Compañeros de alma.

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Harry guió al hombre hacia su oficina. Generalmente tenía un hechizo anti-muggles, pero con un movimiento disimulado de la varita que estaba guardada en su manga, Harry lo pudo desaparecer, así que el lugar apareció ante la vista del joven. Era una oficina cerca del puerto, modesta, que no llamaría mucho la atención ni siquiera si le faltaba el hechizo, pero como adentro había artículos mágicos, preferían esconderse.

Fue por eso que, cuando llegaron, Harry tuvo que pensar rápido.

—Er —murmuró—, espérame aquí un segundo. Adentro es un desastre.

—No importa realmente.

Harry le sonrió nervioso.

—Sólo tomará un par de minutos.

Harry abrió y cerró la puerta rápidamente y chasqueó su varita en el aire, tirando hechizos de ocultación y anti-muggle a todo aquello que sea mágico. Después dejó entrar a Sam.

—Puedes sentarte allá —señaló un sillón de cuero marrón gastado, que estaba al lado de un escritorio de roble.

—¿Deseas un café o té?

—No, no necesito nada.

Harry frunció el ceño al escuchar la voz aprensiva del muchacho, pero se encogió de hombros y se sirvió una taza de café, tenía una larga noche por delante, después de todo.

—Bien, te escucho —dijo Harry, tomando asiento en una silla frente al sillón donde estaba Sam.

El hombre lobo suspiró largamente y revolvió su cabello. Lo había cortado hace poco, porque le era bastante incómodo transformarse con tanto pelo en la cabeza. Los nervios lo estaban carcomiendo, pero esto era algo que tenía que hacer, y sin ayuda. Sobre todo, tenía miedo al rechazo, los ancianos de la tribu no le habían dicho que pasaba si su imprimación se negaba a ella, pero él estaba seguro que sería malo.

—Necesito contarte algo primero —comenzó, largando un largo suspiro—. Acerca de las leyenda de los Quileutes, las leyendas de mi tribu.

—Uh. —Le dio una mirada extraña. —Bueno.

Así pues, Sam comenzó a contarle a Harry acerca de su raza. Después pasó a la leyenda específica del lobo, poniéndole énfasis a ella. Pudo notar que cuando llegó a esa parte, los ojos de Harry se habrían como platos y olvidaba su café, teniendo toda su concentración en él. Inevitablemente, también tuvo que hablarle de los fríos, pero eso sería necesario. No le había gustado nada que su compañero pareciera tan amistoso con los Cullen, cuando los vio después del incidente en la calle.

—¿Por qué me dices todo esto? —susurró Harry, después de que Sam dio una pausa larga—. No es que no me interesa saber, pero... —–Sus ojos verdes se angostaron.

—¿Me creerías si te digo que parte de la historia es verdad?

—¿Cuál?

—La de los hombres lobos —murmuró, no atreviéndose a hacer contacto visual—. Soy uno.

Escuchó que el moreno jadeaba, pero Sam aún así no se atrevió a mirarlo. Apretó sus puños y cerró los ojos.

—El día que me fui de tu casa, tuve mis primeros síntomas, dos días más tarde, cuando mi pico de fiebre llegó al máximo destruí la poca ropa que tenía encima y mi cama, cuando me convertí en un lobo negro gigante.

—Merlín —murmuró Harry.

Sam se dio vuelta a mirarlo, extrañado. Pero no pudo morar mucho en esa palabra, porque notó que su imprimado estaba pálido, sus manos le temblaban y miraba a Sam con los ojos muy abiertos.

—Sé que es increíble, pero puedo mostrártelo si lo deseas.

—No, no es necesario —negó con la cabeza—. Yo te creo.

—¿Seguro? —preguntó amargamente—. Porque ni yo mismo todavía lo creo.

Harry le dio una sonrisa suave.

—Apenas te conozco, Sam. No te he visto desde que dejaste mi casa, no creo que vengas aquí y me cuentes semejante cosa sólo para tomarme el pelo.

Sam le devolvió la sonrisa.

—Gracias, significa mucho para mí.

—Pero –recalcó, frunciendo el ceño—, por la misma razón me imagino que tienes una razón muy buena para venir a revelarme algo que imagino debería ser muy privado tanto de ti como de tu tribu.

—Sí —asintió. Él es muy perspicaz. —Hay algo más —tragó saliva—, y espero que no me odies por lo que voy a decirte.

—¿Por qué debería? —pestañeó confundido.

—No soy un hombre lobo común —comenzó, otra vez evitando la mirada de Harry—. Es una maldición, sí, pero no tenemos nada que ver con la luna y eso, además como hombres lobos, tenemos una "habilidad especial" si es que se puede llamar así.

—¿Y esa es? —incitó Harry, muy interesado. ¿No se transforman con la luna llena como Remus? ¿Una habilidad especial?

—Se llama imprimación —murmuró, conectando los ojos con Potter—. No sé si en algún momento oíste hablar de ella.

Harry sacudió la cabeza en negación.

—Tiene una explicación científica, pero en estos momentos no recuerdo nada, así que voy a explicarlo de mi manera —suspiró frustrado—. En pocas palabras, nosotros tenemos la capacidad de imprimar, lo que significa que, cuando vemos a la persona que está destinada a ser nuestra para el resto de nuestras vidas, imprimamos. Es decir, la imprimación es como amor a primera vista. Desde que sucede, esa persona pasa a ser el centro del universo para nosotros, no nos importa más que complacerlos, protegerlos y tenerlo a nuestro lado por el resto de nuestras vidas.

—Oh, oh, veo —murmuró—. ¿Y entonces por…?

Fue en ese mome—nto donde todo chascó. Y no sólo por la mirada muy significativa que Sam le estaba dando, sino porque, a pesar de lo que cualquier Slytherin puede pensar, Harry no era un idiota.

—No me digas que… —Le dio a Sam una mirada entre horrorizada y dimitida. Sam asintió, con una mueca. —soy yo. Bien, maldición.

—Lo siento —gimió Sam, enterrando su cara en sus manos—. Pero no es algo que podemos controlar, yo mismo no puedo creerlo hasta ahora. No quería. —Le dio una mirada intensa a su compañero. —Sin embargo, no puedo estar alejado de ti, sólo pienso en ti, sueño contigo. Todo este tiempo que estuve digiriendo la idea lo único que quería hacer era tocarte, estar a tu lado, olerte, sentirte, ¡besarte! ¡y hasta cojerte! —gritó al final de su diatriba.

—Er, demasiada información —masculló, rojo de vergüenza—. Contrólate, Sam.

—Lo siento —volvió a gemir—. Pero es que —Apretó sus cabellos—, ¡Ni siquiera soy gay!

—Ni yo.

Qué problema.

Los dos guardaron silencio, no atreviéndose a mirar al otro.

—¿Qué hay de tu familia? —preguntó Harry al fin, incómodo con el silencio.

—Ya lo saben, no fueron felices al principio, pero entienden. —Suspiró. —Es tan raro, sin embargo. Se supone que nosotros imprimimos en alguien con quien podemos formar una pareja y tener descendientes en el futuro. Y yo no soy gay —agregó innecesariamente.

—Ni yo —repitió Harry.

Bien, el punto estaba claro.

—Pero eres mi imprimado y no puedo pensar estar con cualquier otra persona.

Harry frunció el ceño.

—¿Cómo funciona exactamente? No puede ser que esto decida toda su vida.

—Pues es así –sonrió sarcásticamente—. Por supuesto, las leyendas dicen que al imprimar sentimos el deseo de estar con nuestros compañeros como amigos, hermanos, un primo o hasta un padre, pero esas son puras tonterías, porque si el imprimado está cerca de la edad del hombre lobo en cuestión siempre habrá atracción sexual. –—us ojos oscuros conectaron con los verdes. —Y puedo confirmarlo diciéndote que los sueños que he estado teniendo la última semana no tenían nada de "amistoso" o "fraternal".

Harry se ruborizó y agachó la cabeza. ¿Era su imaginación o toda su sangre estaba viajando al sur de su cuerpo?

—Dios, Sam. Esto que me dices cambia toda mi vida —susurró.

—Lo sé, lo siento.

Harry lo miró. En este tiempo que no lo había visto, Sam pasó a ser el adolescente a punto de convertirse en hombre en un hombre hecho y derecho. Al menos en físico. Su estatura estaba sobre los dos metros de alto, tal vez dos metros diez, sus brazos, piernas y torso eran duros y musculosos, su piel morena parecía del mismo color del café que estaba tomando y su cabello negro corto estaba en todas direcciones. Bien, supongo que esto es lo que las mujeres llamarían un pedazo de hombre.

Lástima que él no era gay.

Sin embargo…

—Sam. No tienes por qué sentirlo.

… Harry era conocido por ser un héroe sacrificado, un mártir. Él no podía ver a este muchacho gigante pareciendo un perrito perdido. No por su culpa.

—No puedo evitarlo —dijo Sam, atreviéndose a mirarlo a los ojos nuevamente.

—¿Qué debo hacer?

—¿Me estás diciendo que aceptas esto? —preguntó asombrado.

Harry lució aterrado por unos segundos.

—Er, no sé. Pero mientras que proceso la información, me gustaría hacer algo por ti. No luces bien.

—He estado estresado. —Rodó sus hombros, facilitando la tensión en ellos. —Y si quieres hacer algo por mí, te pediría que me dejes visitarte todos los días, al menos una hora, para saber si estás bien. Tengo que verte, el lobo dentro de mí me lo pide.

Una idea surgió en la mente de Harry.

—¿Tienes coche?

Sam le dio una mirada extraña.

—Sí, se puede decir que tengo. No es último modelo, pero me lleva y me trae, ¿Por qué?

—Bien. —Se retorció incómodo, un rubor en sus mejillas. —No sé conducir y tengo que tomarme todos los días el colectivo que viene de Forks hasta aquí. Tú me pides tiempo conmigo y la verdad es que con mi trabajo y atender a mis niños, no tengo mucho. Así que, si puede llevarme y traerme todos los días, encontraríamos el equilibrio perfecto. —Sonrió. —Te pagaré la nafta.

Sam lo miró sorprendido por unos minutos.

—No, er —suspiró—. Es una gran idea, pero no tienes por qué pagarme la nafta. Tú eres el que me va a hacer un favor, después de todo.

—No lo digas de esa forma —frunció el ceño. Era verdad, pero decir que era "un favor" sonaba tan mal. —Y voy a pagarte la nafta, quieras o no.

Sam le sonrió y Harry agachó su cabeza, ruborizado. Algo dentro de su vientre se retorcía. ¿Podría ser atracción? Pero el nunca se había sentido atraído a un hombre antes. ¿Era entonces este el poder de la imprimación?

Sin que él lo notara, Sam se había levantado de su asiento y se arrodilló frente al mago. Harry chilló asustado cuando una mano grande se apoyó en su mejilla. Levantó sus ojos verdes y pudo ver que Sam estaba demasiado cerca para su gusto.

—¿Qué haces? —susurró.

—Lo siento —gimoteó, sonando desesperado—. Pero estás tan cerca, no puedo contenerme. Quiero tocarte. Lo necesito. —Lo miró a los ojos. —¿Puedo?

—B-Bueno.

Sam continuó con su caricia, pero como los anteojos entorpecían sus manos, los sacó con la que estaba libre y los dejó encima del escritorio. Siguió tocando la cara, maravillándose por la suavidad de ella. Pudo notar algunas cicatrices, que no saltaban a la vista desde lejos, por la palidez de su piel, pero estaban allí, sobre todo una en su frente. En un momento, Sam se agachó y enterró su nariz en el cuello de Harry y olió profundamente. Dios. Ese olor era tan agradable, intoxicante y erótico. Estaba haciendo a su cuerpo algo que no quería, por temor de asustarlo, pero no había nada en ese momento que lo alejaría de Harry.

—Maldición, deseo tanto besarte.

Harry tensó todo su cuerpo, casi olvidándose de respirar.

—Lo siento —suspiró, apoyando su frente en el hombro de Harry.

—N-No –susurró tan bajito, que Sam casi no lo oyó—. Puedes hacerlo, yo… cerraré mis ojos.

Sam levantó su cabeza y vio que su compañero estaba cerrando fuertemente sus ojos.

—No quiero obligarte.

Harry suspiró, destensando su cuerpo. Abrió los ojos y le dio una mirada insegura al hombre lobo.

—Créeme, Sam, tú no vas a hacer nada que yo no quiera. Ahora —cerró los ojos de nuevo—, hazlo.

Sam sonrió de lado y se acercó lentamente a los labios de Harry, cerrando sus ojos también. Él no era gay, pero había tenido tiempo para acostumbrarse que su compañero fuera un hombre. Además, los sueños que había estado teniendo ayudaban mucho. Si en sus sueños se sentían tan bien, ¿por qué no en la vida real?

Harry, por su parte, si bien tampoco era gay, lo que no era es prejuicioso. Si unos de sus mejores amigos era un mitad-gigante, su profesor fue un centauro y Dobby fue un gran amigo, podría ciertamente dejar que un hombre lobo que había confesado que él era su compañero de alma lo besara. Además, el gran escándalo de la familia Weasley no fue que Harry y Ginny se hayan separado de la manera que lo hicieron, sino que unas semanas antes de venir, Charlie haya anunciado que Draco Malfoy era su novio.

Ron y Harry no se sorprendieron mucho, aunque, porque ellos siempre supieron que el rubio era un maricón. En el amplio sentido de la palabra.

Ahora aunque, no bien los labios de Sam se posaron sobre los suyos, Harry pudo sentir el calor. Merlín, era tanto calor irradiando del cuerpo enorme. Abrumaba, pero era confortante. El beso fue algo torpe, un simple toque de labios, porque ambos estaban muy nerviosos. Pero pronto Sam pareció tomar valor y comenzó a mover sus labios, incitando al Potter que haga lo mismo. No que el mago era muy experto tampoco, sus únicas experiencias fueron Cho Chang, Ginny y un par de aventuras que tuvo después que Tom naciera, pero nunca duraron tanto como para que él tomara buena experiencia.

Así pues, Harry dejó al Quileute conducir el beso. Se asustó cuando sintió la lengua del otro acariciar su labio interior, e interpretó en ese momento que quería que abra la boca, así que lo hizo. Harry saltó cuando la lengua de Sam lo violó prácticamente. Cierto, había tenido un beso francés antes, pero era diferente con el muchacho, probablemente porque Sam era hombre y dominante.

Sin que ninguno de los dos lo notara, el beso comenzó a subir de temperatura, literalmente. Las manos de Sam estuvieron, de repente, en el cuerpo de Harry, una en su cadera y otra en su cuello, inclinando su cabeza, para profundizar más el beso. El mago se dejó guiar, comenzando a disfrutar de esta experiencia, aunque todo el tiempo había una voz que su cabeza que le decía que éste era un hombre el que lo estaba besando.

Cuando se separaron para respirar, ambos tenían los ojos vidriosos, respiraban agitadamente y sus pantalones les ajustaban en lugares incómodos.

—Wow —murmuró Harry.

Sam le sonrió tímidamente.

—Gracias —susurró, antes de alejarse.

—No, espera —farfulló el mago, antes de atraer a Sam por la solapa de su remera, y tener otro beso.

Sus bocas se juntaron tan precipitadamente que sus dientes chocaron, pero a ninguno de los dos les importó y retomaron el beso justo donde lo dejaron. Con mucha desesperación, lenguas tocándose y saliva intercambiándose. Harry gimió y la voz en su cabeza desapareció, así que levantó sus caderas y comenzó a frotar su erección contra el estómago musculoso de Sam.

El hombre lobo gruñó y empujó a Harry más contra la silla, haciendo que esta chirriara y amenazara con romperse.

Volvieron a separarse para respirar.

—Debemos parar —jadeó Sam—. O no podré controlarme.

—No –gimió Harry, todavía frotándose contra el hombre lobo—. Deseo más.

Sam cerró los ojos y contó hasta diez, o si no iba a hacer algo de lo que iba a arrepentirse.

—No soy una mujer, Harry.

—Ya sé —respondió enseguida.

—Y si seguimos con esto, tú tendrás que hacer la parte de la mujer.

Esta vez, la respuesta tardó en llegar.

—… ya sé.

Sam lo miró intensamente y Harry se desenredó un poco del cuerpo enorme, para poder intercambiar la mirada.

—¿Estás seguro?

—¿Tú sabes qué hacer? —devolvió.

—Sí —admitió, con un rubor furioso en sus mejillas—. Leí un par de libros y miré fotos en el internet desde que comencé con los sueños.

—Oh. —Harry se sintió tímido de repente.

—No quiero apresurarte. Ambos somos heterosexuales, o lo éramos —murmuró. Después de ese beso, no estoy tan seguro.

—Mira —masculló Harry—. Seré sincero contigo; no recuerdo la vez última que tuve sexo y eso es muy grave. He escuchado hablar que la penetración es dolorosa pero placentera y en estos momentos creo que podría agarrar lo que tengo al alcance de mis manos con tal de poder descargarme. —Sus ojos verdes perforaron los suyos. —No quiero usarte, pero…

—No me importa —interrumpió—. Yo tampoco estoy seguro de nada, pero si me dejas, tú sabes… hacértelo —susurró cohibido—, ayudaría con estos sueños que me están volviendo loco y me apaciguarían en cierto grado. En este punto, creo que los dos nos estaremos utilizando.

Harry asintió.

—Er —Su cara estaba imposiblemente roja. —¿Necesitarás algo?

—Aquí en mi bolsillo lo tengo —dijo Sam, sacando del bolsillo interno de su chaqueta un tubo con un gel transparente.

—¿Viniste con eso aquí? —enarcó una ceja, sintiéndose irritado.

—No, bien —farfulló torpemente, rojo de vergüenza—. Lo necesitaba para mí, ya sabes, esos sueños me hacían despertar… alegre. —Cerró los ojos, humillado. Harry sonrió. —Me dio cosa comprarlo en la reserva y en Forks conozco a la que trabaja en la farmacia, así que vine a Port Ángeles por él, pero ti vi en la calle y pensé que era el momento indicado para decirte la verdad.

—Ah —murmuró más tranquilo.

Hubo un silencio torpe.

—¿Bien? —pidió Sam, no queriendo sonar ansioso.

—Vayamos atrás —dijo Harry, levantándose de su silla, un poco torpe, porque todavía tenía una erección rabiosa—. Hay un cuarto con una cama, para que los que quedamos de guardia podamos descansar algunas horas. Creo que servirá.

Tomándole la mano a Sam, lo guió hacia una puerta que el hombre lobo no había visto antes. Y, efectivamente, tras ella había una habitación chiquita, con una cama, una silla, un escritorio con una lámpara en él y una ventana al costado. Cuando Harry cerró la puerta y se dio vuelta para mirar a Sam, se instaló otro silencio torpe.

Harry, siendo el mayor, decidió tomar la iniciativa. Conectó su mirada con el gigante y comenzó a quitarse la ropa, consciente de la mirada hambrienta que recibía. Cuando su saco y camisa estuvieron fuera de su cuerpo, Sam pareció captar la idea y también comenzó a desnudarse, a una velocidad más amplia que la de Harry.

Cuando ambos estuvieron desnudos, no se prohibieron el admirar el cuerpo del otro. El mago no pudo evitar sentirse algo aprensivo por el tamaño de "eso". Era más grande de lo que nunca había visto antes y eso que él se había bañado seis años en las duchas comunes de Gryffindor y después en la Academia de Aurores.

—Bien, tú eres el que leyó acerca de esto —comentó torpemente.

Sam asintió.

—Acuéstate en la cama, boca arriba.

Inseguro, Harry obedeció. Segundos después, el cuerpo musculoso del hombre lobo asomó sobre el suyo, quitándole casi la respiración. Era imponente, sin sus anteojos y con la poca luz de la habitación, todavía podía ver como los músculos de los hombros y los brazos se doblaban, marcando las venas y las definiciones. Sam comenzó a darle besos en la cara, luego bajando a su cuello, hasta llegar a una de sus tetillas. Harry tensó y encrespó los dedos de sus pies, nunca nadie le había hecho eso a él antes. Cuando tenía sexo, siempre iba "directo al grano", ni con Ginny, del cual estuvo enamorado, jugueteó antes del sexo.

Pero se sentía tan bien, y ayudaba mucho que Sam tuviera una temperatura tan caliente, porque esa habitación era muy fresca. Pero la lengua y la saliva de Sam estaban agradablemente tibias y contrastaba perfectamente.

Harry jadeó y se retorció cuando Sam comenzó a tocar tentativamente sus bolas y después su pene. Otra vez, la temperatura de esa mano gigante envió sensaciones al mago que nunca había sentido antes. Tal vez sólo comparado con el sexo oral, pero él no creía que el Quileute le hiciera eso, después de todo, ambos eran o fueron heterosexuales hasta hace una hora.

Cuando la mano en su pene desapareció, Harry intentó protestar, pero después gritó cuando un primer dedo lo penetró.

—¡Merlín! —chilló Harry.

—¿Por qué dices esto? —preguntó Sam, mientras cerraba el tubo de lubricante.

—Te lo explicaré otro día —murmuró entre dientes. Merlín, duele tanto.

—Debes relajarte. El libro decía que es peor si estás tenso.

—¿Y cómo se supone que debo relajarme? —preguntó irritado—. Tienes un dedo en mi culo y no es pequeño, debo decir.

Sam tuvo el descaro de sonreírle, o eso es lo que pudo notar sin sus lentes, antes de bajar su cabeza para darle un beso. Sirvió, porque Harry comenzó a tenerle gusto a la lengua juguetona de Sam, así que cuando el segundo dedo lo penetró, apenas sintió un picor. El tercer dedo sí se hizo conocido, pero para entonces él ya estaba relajado y ahora llegaba la aprensión de saber que pronto los dedos desaparecerían y serían reemplazados por otra cosa.

-—¿Preparado?

—No sé —admitió—. Pero creo que puedes continuar.

Sam asintió seriamente. Abrió un poco más las piernas de Harry y ubicó su erección en el lugar correcto. Harry cerró los ojos con fuerzas y gimió al sentir el dolor infernal que la carne de Sam le estaba causando a su pobre ano.

Bien, ahora puedo decir que lo he experimentado todo.

—Relájate —jadeó—. Me estás estrangulando.

Harry quiso gritarle algo grosero, pero probablemente eso le iba a causar más dolor, así que se contuvo y comenzó a respirar compasivamente; recordando sus clases de respiración que fue cuando se acercaba la época de nacimiento de Tom. Hey, ahora que recordaba, parir a Tom por un canal que se había formado entre su ano y pene había sido mucho más doloroso que esto. Así que él podía resistir.

Se relajó lo mejor que pudo, hasta sentirse lo más cómodo posible con un pene de ¿treinta? centímetros en su culo. Cuando Sam salió un poco, Harry se preparó para sentir el dolor de ser rajado en dos, pero, muy por el contrario, cuando Sam lo embistió, tocó algo dentro de él que lo hizo ver las estrellas y olvidarse del dolor.

—¡Merlín! ¿Qué fue eso?

—Ah —Asintió, sonriendo—. Esa debe ser tu próstata.

Hazlo de nuevo.

—Será un placer.

Sam volvió a sacarse del culo de su amante, y luego lo embistió con fuerzas. Harry gritó y se aferró a la espalda amplia, enterrando sus uñas en la piel morena. Sam ni siquiera lo sintió, lo único que podía sentir era las paredes que rodeaban su pene duro, el placer de estar cojiéndose a su compañero y la satisfacción que sentía su lobo interno. Harry siguió gritando y Sam regó de besos la piel que tenía más cerca, mordiendo de vez en cuando, dejando moretones en la piel pálida. El cabecero de la cama rebotaba contra la pared, haciendo un ruido infernal, que se mezclaba con el chirrido de la propia madera de la cama, los gritos de Harry y los jadeos de Sam.

—¡Sí! ¡Sí! ¡Más fuerte! ¡Más rápido! ¡Sam! —chilló Harry, aferrando sus piernas a las caderas del hombre lobo, obligándolo a que vaya más adentro.

—Cielos, vas a matarme —jadeó Sam, obedeciendo las ordenes gritadas tan sensualmente.

El reloj cambió a las 21:07 cuando ellos terminaron, gritando el nombre del otro, cayendo en la cama en un lió de piernas, brazos, sudor y semen. Luciendo saciados y cansados.

Continuará…

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-.-Importante: fíjate que te molestó en mi fic y que te agradó. Dímelo. Pero trata de mantener la cortesía y hazlo de una manera que pueda entender.-.-

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Notas finales: ¡¡¡Hola!!!

Sí, sí, probablemente piensen que fue demasiado pronto. Pero recuerden que ellos están teniendo sexo por necesidad, no están "haciendo el amor". Eso va a tardar un poco más en llegar.

Aún así… vamos… sé que lo disfrutaron XD

Para aquellas que se preguntaban cómo iba a reaccionar Sam a lo del mundo mágico y que Harry estuvo embarazado, bien, como vieron, eso también tardará en revelarse para él.

¡¡¡Gracias a Cherry Moon por betear este capítulo!!!

Atte: Uko-chan.