Capítulo 7

Tercer piso, numero veintiuno. Nessie tiró de la capucha de la capa sobre su cabeza, ocultando su rostro mientras caminaba sola por aquel silencioso pasillo.

Por supuesto tenía que encontrar a Jacob. Venía de muy lejos. Había atravesado millas de tierra, un océano, y pensando en ello, había subido el equivalente a mil escalones en el gimnasio de la clínica, todo para alcanzarlo. Ahora que estaban en el mismo edificio, difícilmente iba a terminar su viaje prematuramente.

Los pasillos del hotel estaban enmarcados al final con pozos de luz para admitir el sol en las horas diurnas. Nessie podía oír a lo lejos acordes de música procedentes del interior del hotel. Debía haber una fiesta privada en el salón de baile o un acontecimiento en el famoso comedor. Carlisle Facinelli era conocido como el hotelero de la realeza, acogiendo en su establecimiento a famosos, poderosos y aquellos que estaban más de moda.

Echando un vistazo a los números dorados sobre cada puerta, Nessie finalmente encontró el 21. Su estómago se encogió y cada músculo se contrajo de ansiedad. Sintió un ligero sudor brotar en su frente. Tropezando un poco con sus guantes, se las arregló para quitárselos y metérselos en los bolsillos de su capa.

Un trémulo golpe en la puerta con los nudillos. Y esperó en una congelada quietud, la cabeza baja, apenas capaz de respirar por los nervios. Se envolvió con sus propios brazos bajo la envolvente capa.

No sabía cuánto tiempo había pasado, sólo que pareció transcurrir una eternidad antes de que la puerta fuera destrabada y abierta.

Antes de poder obligarse a alzar la vista, oyó la voz de Jacob. Había olvidado cuan profunda y oscura era, como parecía llegar hasta abajo, hasta su centro.

—No pedí una mujer esta noche.

Aquellas últimas palabras retardaron la respuesta de Nessie. «Esta noche» implicaba que había habido otras noches en las que en verdad había pedido una mujer. Y aunque Nessie no era mundana, entendía lo que pasaba cuando una mujer era llamada y recibida por un hombre en un hotel. Su cerebro se llenó de pensamientos. No tenía ningún derecho a oponerse si Jacob deseaba que una mujer lo atendiera. Ella no era su dueña. No se habían hecho promesas o juramentos. Él no le debía fidelidad.

Pero no pudo menos que preguntarse... ¿Cuántas mujeres? ¿Cuántas noches?

—No importa —dijo él con brusquedad—. Puedo usarte. Entra. —Una mano grande se extendió y agarró el hombro de Nessie, haciéndola traspasar el umbral si darle oportunidad de oponerse.

¿Puedo usarte?

La cólera y la consternación bulleron en ella. No tenía ni idea de qué hacer o decir.

De algún modo no parecía apropiado simplemente retirarse la capucha y gritar: ¡Sorpresa!

la había confundido con una prostituta y ahora la reunión con la que había soñado tanto tiempo se estaba convirtiendo en una farsa.

—Asumo que te han mencionado que soy un romaní —dijo él.

Con la cara todavía oculta por la capucha, Nessie asintió con la cabeza.

—¿Y eso no te molesta?

Nessie dio una sola sacudida con la cabeza.

Hubo una risa suave, sin humor, que no sonó en absoluto a Jacob.

—Desde luego que no. Mientras el dinero sea bueno.

La dejó momentáneamente, cruzando de una zancada hasta la ventana para cerrar las pesadas cortinas aterciopeladas contra las brumosas luces de Londres. Una única lámpara se esforzaba por iluminar la oscuridad de la habitación.

Nessie le echó un vistazo rápidamente. Era Jacob... pero como Bella había dicho, había cambiado. Había perdido peso, quizás seis kilos. Estaba alto, delgado, casi esquelético. El cuello de su camisa estaba abierto, revelando el pecho moreno y lampiño, y la brillante curva de músculos poderosos. Al principio pensó que la inmensa fortaleza de sus hombros y brazos era un truco de la luz. ¡Por Dios!, que fuerte se había puesto.

Pero nada de eso la intrigó o sobresaltó tanto como su cara. Todavía era tan guapo como el demonio, con aquellos oscuros ojos y boca traviesa, los sobrios ángulos de la nariz y la mandíbula, los altos planos de sus pómulos. Sin embargo había nuevas líneas, profundos surcos amargos que corrían de la nariz a la boca, y el rastro de un ceño permanente entre sus espesas cejas. Y lo más inquietante de todo, un indicio de crueldad en su expresión. Parecía capaz de cosas que su Jacob jamás hubiera hecho.

Jake, pensó con desesperación y pesar, ¿qué te ha ocurrido?

Él se acercó. Nessie había olvidado la forma fluida en que se movía, esa vitalidad que cortaba el aliento y parecía electrificar el aire. A toda prisa bajó la cabeza.

Jacob extendido la mano hacia ella y percibió su sobresalto. También debía haber descubierto los temblores que la recorrían, ya que dijo en un tono despiadado:

—Eres nueva en esto.

—Sí —susurró ella con voz ronca.

—No te haré daño —Jacob la guió a una mesa cercana. Mientras ella seguía ocultándole la cara, él alcanzó los cierres de su capa. La pesada prenda desapareció, revelando su liso cabello rubio, que caía de las peinetas. Le oyó contener el aliento.

Un momento de calma. Nessie cerró los ojos mientras las manos de Jacob recorrían sus costados. Su cuerpo estaba más lleno, más curvo, fuerte en los sitios donde había sido frágil una vez. No llevaba ningún corsé, a pesar de que una mujer decente siempre lo usaba. Solo había una conclusión que un hombre podía sacar de eso.

Cuando él se inclinó para poner la capa en el costado de la mesa, Nessie sintió la superficie inflexible de su cuerpo contra el de ella. El olor de él, limpio, rico y masculino, abrió un flujo de recuerdos. Olía como el aire libre, hojas secas y tierra limpia empapada por la lluvia. Olía a Jake.

No deseaba verse tan desarmada por su causa. Y aún así no debería haber sido una sorpresa. Algo en él siempre traspasaba su compostura, hasta una vena del más puro sentimiento. Este regocijo crudo era terrible y dulce, y ningún hombre la había hecho sentir eso nunca excepto él.

—¿No quieres ver mi cara? —preguntó ella con voz ronca.

—No es de mi incumbencia si eres común o inusual. —Una réplica fría y seca.

Pero su veloz respiración y las manos colocadas sobre ella, una deslizándose sobre su espalda, la impulsaron a inclinarse hacia adelante. Y sus siguientes palabras cayeron sobre sus oídos como terciopelo negro.

—Coloca las manos sobre la mesa.

Nessie obedeció ciegamente, intentando entenderse a sí misma, el repentino escozor de las lágrimas, la excitación que latía violentamente a través de ella. Él se colocó tras, sus manos continuaron moviéndose por la espalda de Nessie en un suave y tranquilizador sendero, y ella deseó arquearse, alzarse como un gato. Su toque despertaba sensaciones que habían yacido dormidas largo tiempo. Esas manos la habían aliviado y cuidado durante su enfermedad, ellas mismas la habían arrancado del borde mismo de la muerte.

No la estaba tocando con amor, sino con una habilidad impersonal. Comprendió que pretendía utilizarla, tal y como había dicho, y después de ese acto íntimo con una completa extraña, planeaba desecharla como a una extraña también. Algo indigno de él, el muy cobarde. ¿Alguna vez se involucraría con alguien?

Él había cerrado ahora una mano sobre la falda, para facilitarse elevarla. Nessie sintió una corriente fría tocar su tobillo y no pudo menos que imaginarse cómo sería si lo dejaba continuar.

Desesperada y aterrada, bajó la vista hacia sus puños cerrados y dijo ahogadamente:

—¿Es así como tratas a las mujeres ahora Jake?

Todo se detuvo. El mundo saltó sobre su eje.

Su falda cayó entonces y fue aferrada en un fiero y doloroso apretón y girada.

Desvalidamente sujeta, levantó la vista hacia su oscuro rostro.

Jacob estaba inexpresivo, excepto por lo abierto de sus ojos. Mientras la miraba, un sonrojo quemó sus mejillas y el puente de su nariz.

Nessie —Su nombre fue pronunciado en un agitado aliento.

Intentó sonreírle, decir algo, pero su boca temblaba y estaba cegada por lágrimas de placer. Estar con él de nuevo... la abrumaba en todos los sentidos.

Una de las manos masculinas se elevó. La callosa yema de un pulgar suavizó la brillante humedad bajo su ojo. La mano sujetó un lado de su rostro tan gentilmente que bajó las pestañas, y no pudo resistir mientras lo sentía acercarla. Los labios entreabiertos de él tocaron el salado rastro de la lágrima y siguieron a lo largo de su mejilla. Y entonces su gentileza se evaporó. Con un rápido y codicioso, movimiento le sujetó las caderas desde atrás apretándola contra él.

Su boca encontró la de ella con cálida y urgente presión. La saboreó… ella elevó las manos y pasó los dedos sobre sus mejillas y los deslizó sobre el rastro de barba.

Un sonido surgió de las profundidades de su garganta, un gruñido masculino de placer y deseo. Sus brazos se cerraron alrededor de ella en un inquebrantable abrazo, por lo cual quedó agradecida. Sus rodillas amenazaban con ceder completamente.

Levantando la cabeza, Jacob la miró con oscuros ojos aturdidos.

—¿Cómo puedes estar aquí?

—Volví pronto —un temblor la recorrió mientras su cálido aliento le acariciaba los labios—; quería verte, te busque.

Él tomó de nuevo su boca, sin gentileza, hundió su lengua en ella, buscando agresivamente. Alzó las dos manos hacia su cabeza, inclinándola para acceder totalmente a su boca. Ella se alzó hacia él, sujetándose de la poderosa fuerza de su espalda. A los duros músculos que seguían y seguían.

Jacob gruñó al sentir sobre él las manos femeninas. Buscó a tientas las peinetas en su cabello, se las sacó y enredó los dedos en los sedosos mechones. Le echó la cabeza hacia atrás buscando la frágil piel del cuello y arrastró la boca a lo largo de este como si buscara alimentarse de ella. Su hambre se intensificó acelerando su respiración y su pulso, hasta que Nessie comprendió que estaba a punto de perder el control.

La levantó con una facilidad espantosa, la llevó hasta la cama bajándola rápidamente hacia el colchón. Sus labios encontraron los de ella, devastándola profundamente, dulcemente y agotándola con calientes besos exploradores.

Se colocó sobre ella, su sólido peso manteniéndola en su lugar. Nessie lo sintió aferrar el frente de su vestido de viaje, tirando de este con tanta fuerza que ella pensó que la tela se rasgaría. El grueso paño resistió sus esfuerzos, sin embargo algunos botones en su espalda se estiraron y reventaron.

—Espera… espera… —susurró Nessie. Él estaba demasiado cautivo de su salvaje deseo para escuchar nada.

Cuando Jacob acunó la suave forma de su pecho sobre la tela, la punta dolió y se endureció. La cabeza masculina bajó. Con asombro Nessie lo sintió morder contra la ropa hasta que su pezón estuvo sujeto en el suave apretón de los dientes. Se le escapó un quejido y sus caderas se elevaron irreflexivamente hacia adelante.

Jacob avanzó sobre ella. Su rostro estaba mojado de sudor. Sus fosas nasales abiertas por la fuerza de su respiración. El frente de la falda se había elevado entre ellos, él lo sujetó alzándolo más y se empujó entre los muslos hasta que ella sintió su dureza entre las capas de ropa interior y los pantalones. Abrió los ojos de par en par.

Miró dentro del fuego negro de su mirada, él se movió contra ella dejándola sentir cada pulgada de lo que deseaba introducir en su interior y Nessie gimió abriéndose a él.

Jacob dejó escapar un sonido primitivo mientras se frotaba contra ella, acariciándola con una intimidad sin palabras. Nessie deseaba que se detuviera y a la vez que nunca lo hiciera.

—Jake —su voz temblaba—. Jake...

Pero su boca cubrió la de ella penetrándola profundamente, mientras sus caderas se movían con lentos golpes. Conmocionada y apasionada, se elevó contra esa demandante dureza. Cada malvado empujón causaba sensaciones que desprendían un calor envolvente.

Nessie se retorcía desvalidamente, incapaz de hablar con aquella boca poseyendo la suya. Más calor, más deliciosa fricción. Algo le pasaba, sus músculos se tensaban, sus sentidos se abrían listos para… ¿para qué? Iba a desmayarse si él no se detenía.

Tanteó con las manos sus hombros, rechazándolo, pero él no hizo caso al débil empujón. Bajando la mano, acunó su botón y la elevó más alto, directamente contra el bombeo, aumentando la presión. Un momento suspendido de exquisita tensión, tan agudo que gimió insegura.

Repentinamente se apartó de ella y se alejó hasta el lado opuesto de la habitación.

Empujado los brazos contra la pared, dejó caer la cabeza, jadeando y temblando como un perro mojado.

Aturdida y temblorosa, Nessie se movió lentamente reacomodando sus ropas. Se sentía desesperadamente vacía, necesitada de algo que no sabía nombrar. Cuando estuvo cubierta de nuevo abandonó la cama con piernas inestables.

Se aproximó a Jacob cautelosamente. Era obvio que estaba excitado.

Dolorosamente. Deseaba tocarlo de nuevo, pero principalmente deseaba que la rodeara con sus brazos y le dijera cuan encantado estaba de tenerla de vuelta.

Pero él habló antes que lo alcanzara. Y su tono no era alentador.

—Si me tocas —dijo con voz gutural— te arrastraré a la cama. Y no seré responsable de lo que ocurra después.

Nessie se detuvo, entrelazando los dedos.

Finalmente Jacob recobró el aliento. Y le lanzó una mirada que debía haberla quemado en el acto.

—La próxima vez —dijo llanamente—, alguna advertencia de tu llegada sería buena idea.

—Envié aviso —Nessie estaba sorprendida de poder hablar—. Debe haberse perdido —se detuvo—. Fue una bienvenida más cálida de lo que esperaba, considerando la forma en la que me has ignorado durante los pasados dos años pasados.

—No te ignore.

Nessie tomó rápido refugio en el sarcasmo.

—Me escribiste una vez en dos años.

Jacob giró y se apoyó en la pared.

—No necesitabas cartas mías.

—¡Necesitaba alguna pequeña señal de afecto! Y no me diste una sola —lo miró con incredulidad mientras él permanecía en silencio—, por amor del cielo Jake ¿no vas a decirme que te alegra verme de nuevo?

—Me alegra verte de nuevo.

—¿Entonces por qué te comportas así?

—Porque nada más ha cambiado.

Tú has cambiado —replicó ella—, ya no te conozco.

—Así es como debe ser.

—Jake —dijo ella desconcertada—, ¿por qué te comportas así? Me fui lejos para mejorar. Seguramente no puedes culparme por eso.

—No te culpo por nada, pero sólo el Diablo sabe lo que podrías querer de mí ahora.

Quiero que me ames, deseaba gritar. Había viajado tan lejos y aun así ahora había más distancia entre ellos que nunca.

—Puedo decirte lo que no quiero Jake y eso es ser una extraña para ti.

La expresión de Jacob era atónita e incrédula.

—No somos extraños. —Recogió su capa y se la tendió—. Póntela, te llevaré a tu habitación.

Nessie se echó encima la prenda lanzando furtivas miradas a Jacob, quien era todo abstraída energía y poder suprimido mientras se metía la camisa en los pantalones. El cruze de sus tirantes sobre la espalda agigantaba su magnífica constitución.

—No tienes que caminar conmigo hasta mi habitación —dijo ella con voz apagada — puedo encontrar el camino de regreso sin ti.

—No irás a ninguna parte de este hotel sola, no es seguro.

—Estas en lo cierto —dijo ella esquivamente—, odiaría ser abordada por alguien.

El tiro dio en el blanco. La boca de Jacob se endureció y le lanzó una mirada peligrosa mientras ella se encogía de hombros bajo su capa.

Cuanto le recordaba ahora mismo al rudo y rabioso muchacho que había sido la primera vez que llegó a los Swan.

—Jake —dijo suavemente—, ¿no podemos reanudar nuestra amistad?

—Aún soy tu amigo.

—¿Pero nada más? No.

Nessie no pudo evitar mirar a la cama, al arrugado cobertor que la cubría y una nueva oleada de calor la recorrió.

Jacob permaneció inmóvil mientras seguía la dirección de su mirada

—Eso no debía de haber pasado —dijo rudamente—, no debía de haber… —se detuvo y tragó audiblemente—. No había… tenido una mujer en algún tiempo, estabas en el lugar equivocado en el peor momento.

Nessie nunca se había sentido tan mortificada.

—¿Estás diciendo que hubieras reaccionado igual con cualquier mujer?

—Sí.

—¡No te creo!

—Creé lo que quieras —Jacob fue a la puerta y la abrió mirando en ambas direcciones a lo largo del pasillo—. Ven.

—Quiero quedarme, necesito hablar contigo.

—No a solas, no a esta hora. —Se detuvo—. Te digo que vengas.

Lo último fue dicho con una callada autoridad que la hizo resentirse pero obedeció.

Cuando Nessie lo alcanzó, Jacob le tiró de la capucha de la capa para disimular su rostro. Una vez que establecieron que el pasillo estaba despejado, la guió fuera del cuarto y cerró la puerta.

Permanecieron en silencio mientras llegaban a las escaleras al final del pasillo. Nessie era agudamente consciente de que la mano de él descansaba ligeramente sobre su espalda. Alcanzando el escalón más alto, se sorprendió cuando él la detuvo.

—Toma mi brazo.

Comprendió que intentaba ayudarla a bajar las escaleras como siempre había hecho cuando estaba enferma. Las escaleras siempre habían sido un reto particular para ella. Su familia entera había estado aterrada de que pudiera desmayarse al subir o bajar las escaleras y tal vez romperse el cuello. Jacob a menudo la había cargado en vez de dejarla asumir el riesgo.

—No gracias —dijo—, soy capaz de hacerlo por mi cuenta ahora.

—Tómalo —repitió él buscando su mano.

Nessie retrocedió, mientras su pecho temblaba de irritación.

—No quiero tu ayuda, ya no soy una inválida. A pesar de que me prefieras de esa forma.

Antes que pudiera verle la cara, escuchó su áspera y ardua respiración. Se sintió apenada de la mezquina acusación, aun cuando se preguntaba si no habría una pizca de verdad en ella.

Sin embargo Jacob no replicó. Si lo había herido, lo soportaba estoicamente.

Descendieron las escaleras separados, en silencio.

Nessie estaba completamente confundida. Se había imaginado esta noche de diferentes maneras. De todas las formas posibles, excepto esta. Abrió el camino hacia su puerta y sacó la llave de su bolsillo.

Jacob tomó la llave y abrió la puerta.

—Ve y enciende la lámpara.

Consciente de su alta y oscura figura que esperaba en el dintel, Nessie fue junto a la mesita de noche. Cuidadosamente levantó el globo de gas de la lámpara, encendió la mecha y recolocó el cristal.

—Cierra cuando me vaya —dijo Jacob tras insertar la llave al otro lado de la puerta.

Girándose para mirarle, Nessie sintió una mezquina risa enredándose en su garganta.

—Aquí es donde lo habíamos dejado, ¿no? Yo, arrojándome a tus pies. Tú, rechazándome. Antes creía entenderlo. No estaba lo bastante bien para la clase de relación que buscaba contigo. Pero ahora no lo comprendo. Porque ahora no hay nada que evite que… si deseamos… —Afligida y mortificada, no pudo encontrar las palabras que buscaba—. ¿A menos que estuviera equivocada respecto a lo que una vez sentiste por mí? ¿Alguna vez me deseaste Jake?

—No —su voz fue apenas audible—. Era simplemente amistad. Y lástima.

Nessie sintió como su cara se ponía muy blanca. Los ojos y la nariz le picaban. Una lágrima caliente se deslizó por su mejilla.

—Mentiroso —dijo y se dio la vuelta.

La puerta se cerró con suavidad.

Jake nunca recordaría haber caminado de vuelta a su habitación, sólo que finalmente se encontró junto a la cama. Rugiendo una maldición, cayó de rodillas, aferró enormes puñados del cobertor y enterró la cara en ellos. Estaba en el infierno.

Santo Cristo, cuanto lo había devastado Nessie. Llevaba hambriento de ella tanto tiempo, soñado con ella tantas noches y despertado tantas amargas mañanas sin ella que al principio no había creído que fuese real.

La idea de la adorable cara de Nessie, la suavidad de su boca contra la suya y la forma en la que había ardido entre sus manos. Ella se sentía diferente, su cuerpo ágil y fuerte. Pero su espíritu era el mismo, radiante con la inacabable dulzura y honestidad que alguna vez se clavara con fuerza en su corazón. Le había hecho falta toda su fuerza para no caer de rodillas ante ella.

Nessie había pedido su amistad. Imposible. ¿Cómo habría podido separarse de alguna parte de sus fuertemente enredados sentimientos y pasar de ellos como si fuera poca cosa? Y ella lo sabía bien sin tener que preguntarlo. Aun en el excéntrico mundo de los Swan, algunas cosas estaban prohibidas.

Jake no tenía nada que ofrecer a Nessie excepto degradación. Incluso Edward Cullen había sido capaz de proveer a Bella con su considerable fortuna. Pero Jake no tenía posesiones mundanas, ni gracia de carácter, ni educación, ni conexiones ventajosas, nada que los gadjos valoraran. Él había estado aislado y maltratado aun entre la gente de su propia tribu por razones que nunca entendió. Pero a un nivel elemental, sabía que lo merecía. Algo en él lo había destinado a una vida de violencia. Y ningún ser racional podría decir que sería beneficioso para Nessie Swan amar a un hombre que era en esencia un bruto.

Si ella se encontraba lo suficientemente bien para casarse algún día, tendría que hacerlo con un caballero.

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Oh por dios! Que tal les pareció el capitulo?