"Incluso las personas más bondadosas, pueden acabar por el mal camino y hacer cosas atroces cuando son influenciadas por la ira y el odio"
En un instituto del Imperio Celeste, donde iban varios ponis adolescentes a estudiar materias avanzadas. Los centros de enseñanzas se mantuvieron ya que el emperador era consciente de que sin una enseñanza adecuada, los futuros ponis del imperio serian un atajo de ignorantes sin cerebro. Y eso a la larga podría ser perjudicial para el imperio, en especial para el servicio militar. Un tonto de remate más un arma letal, era una combinación perfecta para el desastre.
En un instituto ocurría lo que pasaba normalmente en ellos. Alumnos yendo de un lugar a otro. Alumnos deportistas que iba con el balón. Alumnos empollones que estudiaban libros. Alumnos matones que les gustaba hacer la vida imposible a los que no se podían defender, lo normal en un instituto. En medio todo ello, había una alumna en particular.
Era una yegua de pelaje blanco con crin marrón con mechón rosa. Alas de dragón y ojos azules. Llevaba un jersey verde con una falda larga negra que la impedía ver su cutie mark. Parecía ser la típica nerd de instituto. Algo gorda, con granos en la cara, con unas gafas enormes y con un gran aparato en la boca. Iba andando por los pasillos con expresión apenada, mientras leía un libro, hasta que un alumno al pasar a su lado la golpeó el hombro. El que la golpeó, mirando molesto a la yegua, la dijo a ésta.
Alumno: ¡Mira por donde vas, estupida nerd!
Dijo de mala manera adolescente pese a que fue culpa suya. Ella no dijo nada y siguió su camino. Mientras caminaba, un alumno que estaba parado apoyándose en una taquilla, cuando vio a la yegua acercarse, sin que ésta se diera cuenta, el semental la hizo la zancadilla haciendo que se cayera al suelo.
Alumno: Oh, perdona. No te había visto...
Se disculpaba el alumno, pero en el fondo se estaba riéndose por dentro y se fue sin ni siquiera ayudarla a levantarse. La yegua soltó un suspiro y se levantó. Fue hacia su taquilla para coger una cosa, pero justo en el momento que la abrió, un pastel con resorte salió de dicha taquilla aplastándose en la cara de la yegua, manchando toda la cara de pastel. Los alumnos que estaba cerca del lugar se rieron sin parar. La yegua volvió a suspirar de resignación mientras se limpiaba la cara. En ese momento se acerco una yegua con traje de animadora. Era una yegua de pelaje plateada con una larga y lacea crin color coral como sus ojos. Alas de luz. Su cutie mark era unos pompones. La animadora la dijo a la yegua.
Animadora: Hola, Rigoberta...¿Cómo te va?
Dijo la animadora a la llamada Rigoberta. Esta última soltando un suspiro, la respondió.
Rigoberta: Hola, Coral...¿Qué te voy a decir...? Horrible como siempre...Alumnos que no paran de hacerme la vida imposible.
Y razón no la faltaba. Desde que llegó al instituto, todos se burlaban de ella por su aspecto y la hacían bromas sin parar, la mayoría de ellas bastante crueles. También la ponían feos motes como dientes de tiburón o gafas de botella. Aquello era un infierno para ella. Coral con una sonrisa, la dijo a ésta.
Coral: Bueno. Nos pueden pasar a todos. Oye, Rigoberta. Las chicas animadoras y yo vamos a montar una pequeña fiesta en cierto lugar del instituto ¿Te interesaría venir?
Aquello sorprendió a Rigoberta. Coral, la chica más popular de la escuela, la cual tiene a todos los sementales locos por ella y siendo la envidia de todas las yeguas del instituto, la estaba invitando a unirse a una fiesta.
Rigoberta: ¿En serio me estás invitando?
Coral: Por supuesto. No veo por qué no podrías venir.
Rigoberta no sabía que decir. Estaba emocionada de que la invitasen a algo. Ella no tenía ni un solo amigo y aquello podía ser una posibilidad de que cambien las cosas.
Rigoberta: Vaya...Pues...Vale...iré...
Coral: Perfecto.
Coral la dijo donde sería la fiesta y la hora. Finalmente a cierta hora de la tarde, la yegua se fue al lugar que era nada menos que el gimnasio. Esta entró por la puerta que estaba abierta. Todo estaba oscuro dentro.
Rigoberta: Hola...¿Hay alguien aquí...? ¿Me habré equivocado y no será aquí la fiesta?
Preguntaba la yegua mientras caminaba por el gimnasio. Miraba por todas partes tratando de encontrar a alguien, hasta que finalmente pasó por una parte que estaba cubierta por un gran manto blanco que cubría por completo el objeto que tenía gran altura. En ese momento, unas luces se encendieron delante de ella donde la cegaron por unos instantes. Cuando finalmente pudo ver, vio a varios sementales y yeguas armados con pistolas de pinturas.
Rigoberta: ¿Pero qué...?
Antes de que pudiese decir algo más, los alumnos comenzaron a disparar bolas de pintura a la yegua impactando tanto a ella como la pared. Los alumnos disparaban sin cesar a la pobre yegua, donde esta última no podía hacer otra cosa que cubrirse con los brazos, mientras era cubierta por completa por manchas de pintura. Así fue por un rato hasta que una voz se oyó.
Coral: Suficiente.
Y todos pararon. Rigoberta se sorprendió al ver a Coral emerger entre los alumnos y no pudo evitar preguntarla.
Rigoberta: Coral..¿Qué está pasando aquí? ¿No se supone que iba a haber una fiesta aquí?
Coral: Y así a sido, Rigoberta...
Decía la yegua con una sonrisa maliciosa y continuo hablando.
Coral: Verás...Quería que la fiesta fuera bastante animada y así ha sido...Necesitábamos a alguien que hiciera de bufón para echarnos unas risas ¿Y quién mejor que tú? La chica más penosa del instituto.
Dijo con una sonrisa burlona para sorpresa de Rigoberta que no se creía lo que la decía.
Rigoberta: Pero...¿Por qué...? Creí que eras mi amiga...Que realmente te importaba algo...
Nada mas decirlo, Coral comenzó a reírse a grandes carcajadas.
Coral: Ja, ja, ja, ja...¿Amigas, dices...? ¿De un engendro como tú? Mírate...Eres prácticamente un desecho de la sociedad celeste. Eres gorda como una vaca, por no decir más fea que un mandril. Tienes un pésimo gusto por la ropa, por no decir que eres una estupida empollona. Nadie en su sano juicio querría ser amigo de alguien tan patética como tú, Rigoberta.
Dijo cruelmente la yegua mientras se reía al igual que el resto de alumnos que se burlaban de ella. Rigoberta no pudo contenerse más y se fue corriendo de allí llorando.
Rigoberta se quedó durante varios días en su apartamento. Sus padres estaban de viaje de negocios, por lo que no estaban para consolarla. La pobre yegua no quiso volver al instituto donde le hacían la vida imposible y se quedaba en su cuarto llorando sin parar.
Rigoberta: ¿Por qué...? ¿Por qué todos son tan crueles conmigo...? Yo no les hice nada...
Decía entre lagrimas, teniendo la cara enterrada en la almohada. Fue así hasta que oyó una voz.
¿?: Veo que estás triste...¿Te gustaría cambiar eso...?
Dijo la extraña voz femenina que captó la atención de la yegua, haciendo que dejara de llorar por un momento.
Rigoberta: ¿Quién...quién ha dicho eso...?
Preguntaba la yegua mirando por todas partes en su habitación, pero no veía a nadie.
¿?: Je, je, je, je...Alguien quien te puede ayudar...a mejorar tu vida...
Rigoberta: Eso es imposible...Mi vida es un completo asco y nada lo puede cambiar...
Decía con mucha pena la yegua. La misteriosa voz se rió y la respondió.
¿?: Solo si abandonas, claro. Aunque tu vida puede cambiar a la de una completa fracasada...a la de una autentica triunfadora...Solo si lo deseas...
Rigoberta: ¿Cómo si lo deseo?
¿?: Puedo concederte lo que quieras...Riqueza...Poder...Belleza sin fin...Lo que tú más deseas...
Rigoberta: No estoy muy segura si lo quiero...
¿?: Je, je, je, je...¿Acaso quieres ser una pringada toda la vida? Piensa en como te tratan esos idiotas. Te maltratan, se burlan de ti, te tratan como basura ¿No te gustaría cambiar las tornas? ¿No te gustaría que te adorasen por una vez y ser tú quien les devuelva el daño?
Decía la voz. Rigoberta recordó como todos los alumnos del instituto la hacían la vida imposible y se burlaban de ella solo por su aspecto. Después de meditarlo por un momento, respondió.
Rigoberta: La verdad...Es que estoy bastante harta de mi situación...Quiero cambiar...Cambiar a mejor...
Comentó la yegua con algo de rencor en su voz, en especial con Coral que fingió ser su amiga para burlarse de ella. La misteriosa voz se rió complacida y respondió.
¿?: Excelente...Entonces solo di lo que deseas y yo te lo concederé...Tras un pequeño precio por supuesto...
Rigoberta: Ningún precio es tan grande para no querer cambiar mi asquerosa vida. Deseo con todas mis fuerzas cambiar eso...quiero dejar de ser una pringada a una yegua de éxito...que esos idiotas se postren en mis pies...quiero ser grande y poderosa...
Decía la yegua con plena convicción en su voz.
¿?: Excelente...Justo lo que quería oír...
En ese momento apareció la dueña de aquella misteriosa voz. Una demonio femenino humanoide de piel roja. Pelo negro. Cola de diablesa. Cuernos de carnero negros. Ojos tapados por un antifaz. Ajustado vestido negro y portando un látigo.
Diablesa: Y ahora...A convertirte en una grandiosa yegua...
Dijo la diablesa lanzando un rayo desde sus ojos a la yegua, donde la cual la yegua comenzó a levitar en el aire mientras sus ojos irradiaban luz. En ese momento una intensa luz roja demoníaca comenzó a rodearla. Cuando la luz desapareció, la yegua cayó al suelo medio aturdida. Ésta se levantó algo mareada.
Rigoberta: ¿Qué...qué ha pasado...?
Diablesa: Je, je, je, je...Si quieres saberlo, solo mírate en el espejo.
La yegua la hizo caso y se acercó al espejo que tenía en el armario de su habitación y se sorprendió ante lo que veía. En vez de ver a una yegua gorda y con aspecto lamentable, tenía en su lugar a una hermosisima yegua de delgada y hermosa figura. Su crin era larga y brillante. Ya no llevaba ni gafas ni aparato. Sus dientes sin su aparato brillaban como perlas. Su cutie mark podía verse que era la de una paloma encadenada. Rigoberta pudo comprobar que ya no era la misma yegua de antes sino una mucho mejor, aquello la hizo sonreír.
Rigoberta: Es...Magnifico...
Decía la yegua mientras se examinaba su nuevo aspecto, al cual estaba prácticamente encantada con él.
Al día siguiente, Rigoberta había vuelto al instituto. llevaba una camisa sin mangas de color marrón y una minifalda roja. Llevaba un adorno en forma de flor en la cabeza. La yegua iba andando con plena confianza por los pasillos. Los alumnos que la veía se quedaban embobados al verla, hasta el punto que se chocaban con cualquier cosa que se toparan por delante. Las yeguas en cambio, la miraban con celos y odio al ver que aquella yegua captaba la atención de todos los sementales.
Alumno: ¿Has visto a esa? Es hermosa...
Alumno2: Pero...¿Quién es?
Alumno3: Tiene que ser nueva, de lo contrario me sería imposible olvidarme de una yegua que está buenísima.
Alumno4: Creo que me he enamorado...
Comentaba los alumnos que miraban embobados a la yegua, como las alumnas miraban con odio a la yegua por la atención que ésta tenía. Todo eso sin sospechar que era en realidad Rigoberta. La yegua al ver la atención que esta tenía, sonreía placidamente y con enorme satisfacción.
Aquel día fue diferente a muchos otros en el instituto. Mientras andaba por los pasillos, se le cayó un libro y los alumnos se echaron a por él, peleando por conseguir dicho libro para devolvérselo a la yegua. La yegua quería pasar por un pasillo recién fregado y los sementales se echaban al suelo para que ésta pudiese pasar por encima de ellos. En el comedor, todos los sementales se peleaban por estar con la yegua en la misma mesa que ella.
Rigoberta estaba encantada por su nueva vida. Tenía a los sementales a sus pies y era la envidia de todas las yeguas, en especial de una y era nada menos que Coral, la cual miraba con intenso odio a la yegua.
Días después de éxitos, Rigoberta estaba enormemente satisfecha con su nueva vida. El día en que reveló que era Rigoberta, la sorpresa fue mayúscula para todos descubrir que aquella hermosa yegua era antes la nerd a quienes la hacían la vida imposible, especialmente para Coral que no se podía creer que la yegua que ahora prácticamente la estaba eclipsando ante los demás, fuera precisamente ella. Rigoberta sentía que su actual nombre no la pegaba en absoluto, así que decidió cambiárselo a uno acorde para ella. Decidió llamarse como la antigua emperatriz Artemisa, la cual se la consideraba en su día la yegua más hermosa que tuvo nunca el imperio, cosa que sentía que el nombre estaba hecho para ella.
Con el paso del tiempo, la popularidad de la nueva Artemisa era cada más y más grande, eclipsando a las demás yeguas y logrando que los sementales la adorasen como una diosa, cosa que a ésta la iba gustando.
Coral en cambio, se sentía que cada vez era más y más ignorada y aquello la molestaba enormemente. Ella no estaba dispuesta que una antigua don nadie la quitase el puesto de la primera en popularidad. Así que decidió tenderla trampas y bromas con tal de arruinarla su popularidad. Una fue que cuando Artemisa abrió su taquilla, salieron varios pasteles que la mancharon por completo. Coral se rió de ello, pero su risa fue interrumpida cuando vio a varios alumnos ofreciéndose para ayudarla a limpiar, incluso ofrecer su propia camisa a la yegua para que ésta pudiese limpiarse. Aquello la arruinó el plan. Se las ingenio para que pasara por una puerta donde había un gran cubo de agua fría con trozos de hielo y la cayó encima que la empapó por completo, pero como la vez anterior, se ofrecieron varios alumnos para ayudarla a secarla con lo que sea.
No importaba lo que Coral hiciera por ridiculizarla, solo lograba que los sementales la prestaran más y más atención y se peleasen por la atención de la yegua. Aquello la ponía furiosa de verdad a Coral.
Coral: Maldita sea. No mi importa como, pero pienso asegurarme de que ella sufra la mayor humillación de su vida...Y se como hacerlo...
Pensaba la yegua con una perversa sonrisa, mientras se frotaba los cascos. Era el día del gran baile de otoño en el instituto y como era de esperar, todos los alumnos se peleaban por ser la pareja de Artemisa. Sobraba decir que la yegua la encantaba como los sementales se peleaban por ella. Para fortuna de un semental (y para odio y envidia de los demás), tuvo ese privilegio, el capitán del equipo de Spaceball (Un deporte nacional del Imperio Celeste). Un semental celeste llamado Josef de pelaje color cobre con crin rubia, alas de luz y cutie mark de un balón flotando en una plataforma transparente.
Ya era el día del baile y todo el mundo bailaba. En especial Artemisa y Josef que bailaban con un gran ritmo y practica. Cuando se anunció el rey y reina del baile, los elegidos fueron nada menos que Artemisa y Josef. Ambos se subieron al escenario, mientras el director le ponía las coronas a la pareja. Entre el público, estaba Coral planeando su venganza.
Coral: Je, je, je, je...Prepárate para sufrir una humillación como nunca has tenido en tu vida..."Reina"...
Comentaba la yegua para sí, mientras tenía un mando a distancia en sus cascos y encima del escenario un aparato con varios cubos encima. Cuando Artemisa estaba en su mejor momento saludando al público, Coral activó el mando a distancia y en ese momento ocurrió. El dispositivo de los cubos pasó de una luz roja a verde y los cubos se abrieron soltando montones de pinturas de diversos colores que cayeron encima de Artemisa y un poco en su pareja, quedando esta como una yegua multicolor con la pintura encima.
Coral esperaba que todo el mundo se riera ahora de Artemisa. Su sorpresa fue que salvo las yeguas, ningún semental se rió de ella, pero aquello la daba absolutamente igual, había ridiculizado a Artemisa y con eso se daba por satisfecha, lo que no sabía es que después de eso lo iba a lamentar...por toda la eternidad...
Artemisa en cambio, estaba verdaderamente furiosa por la humillación que la habían hecho pasar, incluso peor que la broma de la fiesta.
Artemisa: Maldita sea...Como descubra quien ha sido, lo va a lamentar...
Diablesa: Quizás yo te puedo ayudar con eso...
Artemisa: ¿Qué...?
En ese momento notó que todo estaba paralizado. Nada se movía, excepto ella. Como si el tiempo se hubiera congelado para todos excepto para Artemisa.
Diablesa: Pero antes que eso dime ¿Te gustaría que la persona responsable, sufriera toda la eternidad...?
Dijo de forma sugerente la voz de la diablesa. Artemisa la respondió molesta.
Artemisa: Por supuesto que sí. Quiero que la persona responsable sufra para toda la eternidad.
Dijo con furia en su voz. La diablesa riéndose, la respondió.
Diablesa: Excelente...
En ese momento, una luz de un foco del techo iluminó a la congelada en el tiempo Coral. Artemisa al averiguar que fue ella lo de la broma, caminó lentamente hacia ella con una cruel expresión en su rostro.
Artemisa: Con que fuiste tú, como no. Coral, la antigua chica más popular de la escuela. La que se creía lo más. La que se cree que puede tratar a todo el mundo como la de la gana como si fuera la reina.
Comentaba la yegua, mientras se acercaba a Coral hasta que se puso finalmente delante de ella.
Artemisa: Pues veamos que tal te sienta cuando te hacen pagar con la misma moneda...o peor aun...
Comentó la yegua sacando un cuchillo para hacerse un corte en el brazo y hacer surgir su sangre. En ese momento, un circulo demoníaco apareció a los pies de Coral. Ahí Coral se recuperó de la parálisis en el tiempo.
Coral: ¿Qué...qué pasa? ¿Qué está ocurriendo aquí?
Preguntaba confusa la yegua. Artemisa con una expresión cruel, la contestó a la pregunta.
Artemisa: Pasa, que vas a recibir lo que te mereces ¡Bruja!
Dijo con furia Artemisa y las dos fueron tele transportadas a una zona oscura, donde habían montones de volcanes en erupción, ríos de lava, un cielo eternamente oscuro y se podían oír los gritos de los condenados. Coral aterrada mientras miraba por todos lados, preguntó.
Coral: ¿Qué...qué es este lugar...?
Preguntaba con miedo la yegua. Artemisa sonrió al ver como su más odiada rival se dejaba dominar por el miedo.
Artemisa: Digamos que aquí, sufrirás el tormento eterno...para toda la eternidad...ja, ja, ja, ja, ja...
Se reía cruelmente la yegua, mientras demonios y engendros aparecieron por todas partes, rodeando a la asustada Coral.
Artemisa: ¿Y sabes lo mejor de todo? Que aquí solo está tu espíritu, mientras tu cuerpo original está todavía en el baile. Aquí sufrirás un tormento sin fin...
Decía la yegua con una expresión cruel que aterraba a quien la viera ahora mismo. Coral verdaderamente aterrada al ver como los demonios se acercaban a ella, comenzó a implorar.
Coral: ¡No! ¡No por favor.! ¡Artemisa, por favor ayúdame! ¡Te lo ruego!
En respuesta, Artemisa la dio un puñetazo en toda la cara que la tumbó al suelo y ésta furiosa la gritó.
Artemisa: ¿Tienes el descaro de pedirme ayuda después de todo lo que tú y los de tu calaña me hicisteis? ¡Durante años yo era el hazme reír del instituto! ¡Idiotas como tú me hacíais la vida imposible, amargándome la vida sin importar lo que me hacíais sufrir! ¡Pues ahora van a cambiar las cosas! ¡Ahora seré yo quien haga sufrir a todos ellos que me humillaron y me ridiculizaron! ¡Empezando por ti!
Sin previo aviso, los demonios se lanzaron hacia Coral todos encima de ella, devorando su carne, arrancando trozos de carne con los colmillos o garras, devorando sus órganos, mientras Coral gritaba de dolor implorando ayuda. Sobraba decir que Artemisa lo estaba disfrutando.
Artemisa: Y déjame decirte que lo del tormento eterno no era broma. Cada vez que los demonios consuman tu carne hasta dejarte hasta los huesos, tu cuerpo se regenerará en apenas segundos, donde una vez completo, los demonios volverán a devorarte, y así una y otra vez. Puedes intentar escapar de ellos, pero tarde o temprano te encontrarán y volverán a empezar. Ja, ja, ja, ja.
Se jactaba la yegua con una desquiciada risa cruel, mientras Coral gritaba de horror y sufrimiento al mismo tiempo que los demonios seguían devorando su carne. Al final solo quedaron huesos y apenas pellejo. Como dijo Artemisa, en apenas segundos, su cuerpo se regeneró por completo y los demonios volvieron a atacarla. Coral trató de huir de ellos corriendo y los demonios comenzaron a perseguirla para devorarla de nuevo. Artemisa sonrió satisfecha al ver como su odiaba rival iba a sufrir para toda la eternidad sin descanso.
Volviendo a la fiesta, un gran caos se formó en la pista de baile al ver el cuerpo sin vida de Coral tendida en el suelo con la vista perdida en la lejanía.
Aquel día fue trágico, donde una de las alumnas más populares de la escuela murió. Los doctores dijeron que sufrió un infarto, cosa extraña ya que no suelen darse en jóvenes de aquella edad. La diablesa fue hábil al ocultar su verdadero mal como un infarto.
Ahora sin rivales ni nadie que la molestase, Artemisa podía ser la reina absoluta del instituto. Con el tiempo, su hambre de poder iba aumentando con el tiempo. Su maldad crecía más y más. Tratando a los sementales que se rendían a sus pies como esclavos, despreciándolos en gran medida. Incluso los profesores hacían lo que ella quería. Con el tiempo se volvía malvada y perversa. Cuando alguien la molestaba en gran medida, la mandaba al mismo sitio que envió a Coral al sufrimiento eterno.
Cuando el instituto terminó para ella, se alistó en el ejercito celeste. Cuando finalmente terminó sus días como cadete y se convirtió en soldado, con el tiempo fue demostrando gran destreza tanto en el combate como en táctica y gracias a eso, iba ascendiendo rápidamente, ganándose la atención del mismísimo emperador donde la veía con sumo interés en ella.
Una cosa que no cambió en Artemisa en este tiempo es su obsesión para dominar a los machos, tenía a los soldados de rango inferior bajo sus cascos, haciendo lo que ella le diera la gana con ellos, hasta el punto de lanzarse a la batalla en situaciones suicidas por ordenes de ella sin nunca cuestionarlas. Tuvo mucho éxito en muchas campañas. Siguiendo el consejo de Shockdown y por análisis previos del súper ordenador Calibal, Absalon la nombró comandante de alto rango. Con su nuevo rango, Artemisa la sugirió hacer un cuerpo especial compuesta principalmente por yeguas, donde ella sería la líder de dicho grupo. Absalon vio eso con interés y aceptó, tras hacerle un pequeño capricho personal para éste.
En el cuarto de Absalon, fuera se podían oír gritos y gemidos.
Artemisa: Oh, sí, mi emperador...siga...siga...No pare...No pare...
Imploraba entre gemidos de placer la yegua, la cual parecía que lo estaba disfrutando. Luego de un rato, ésta soltó un gran grito de placer.
Artemisa: ¡SIIIIII...!
Dentro del cuarto, la cama el emperador estaba hecho un desastre. En ella estaba Absalon tumbado en la cama con la yegua abrazándolo y apoyando su cabeza en su pecho, con la manta cubriendo solo la mitad de sus cuerpos.
Artemisa: Oh, mi emperador...Sin duda sois grandioso...
Decía la yegua con una amplia sonrisa de satisfacción. El emperador con una leve sonrisa en el rostro, la contestó a la yegua.
Absalon: Sí, preciosa. Tú tampoco te quedas corta en esto...
Artemisa: Y dígame, mi emperador. Sobre mi petición...
Absalon: Por supuesto, Artemisa. Después de esta sesión, tienes mi permiso...
Artemisa: Grandioso...
Celebró la yegua con una pérfida sonrisa.
Aquel día, Artemisa formó su ejercito compuesto principalmente de yeguas. La cual se llamarían las valkirias celestes. Yeguas con entrenamiento en el combate cuerpo a cuerpo como en el dominio de las armas. Estas yeguas al principio simplemente seguían las ordenes de Artemisa, pero con el tiempo empezaron a compartir la ideología de su lider en su desprecio de los machos y de tratarlos como esclavos, en especial con las demás razas, no todas opinaban igual, pero no tenía más remedio que obedecer a Artemisa.
Sobraba decir que la diablesa con que Artemisa hizo el pacto tuvo mucho que ver. En un momento, la Artemisa del subconsciente que aun seguía siendo buena, trató de anular el trato, pero la diablesa la tenía perfectamente dominada y ésta ya no podía hacer nada por liberarse de ella, no sin ayuda externa.
