!Me estoy durmiendo! Me he estado esforzando por seguir los tres fics, he tenido mucho trabajo y agradezco tanto sus palabras de apoyo, reviews y que esperen un cap nuevo.

Me gusta este fic y lo continuaré hasta las últimas consecuencias.

Disfruten el cap.


Los días siguientes fueron una lucha de no pensar tanto y actuar más para ahogar un poco el dolor. Se destensaba analizando que las cosas n definitiva eran mejor que antes, ahora tenía a Haru, Makoto y Rei cerca ¡Inclusive había hecho amistad con Kisumi!.

Tenía apoyo de alguien muy importante y pese a no haber recibido llamada alguna de su familia Nagisa pensaba que esos días habían sido los más felices que había tenido desde sus dos años en Iwatobi. Salió un par de veces con sus amigos y, como lo fuera en el pasado, actuaba con naturalidad frente al de lentes pero este no se veía del todo relajado. Cuando la conversación se truncaba sentía la mirada de Rei posada en él y se limitaba simplemente a fingir que no se daba cuenta iniciando una plática nueva para eliminar esa incomodidad, esa ansiedad.

Nunca había respondido o dicho al de lentes que aceptaba su idea de charlar a solas, el recordar esa frase del mensaje (que ya había borrado por bien de su salud mental) le hacía temblar de miedo. Pensarse estando a solas con Rei era algo que le causaba intranquilidad porque sabía que sería débil ante sus ojos purpuras y terminaría diciendo toda la verdad.

Por este mismo hecho antes de que acabaran las reuniones que tuvo con ellos decidía irse antes o después alegando que tenía n compromiso y así no coincidir en pasos con Rei. Es posible que llegado a ese punto el chico mariposa notase los actos evasivos de Nagisa, pero solo se había limitado a, según su definición, hacer lo que mejor sabía hacer: ser un cobarde.

Si, para Rei la situación se tornaba como en una especie de flashback del pasado. Creía que la sola experiencia le enseñaría que a Nagisa debía seguirlo para obtener respuestas, no dejar que le diera la espalda dejándole un millar de "¿por qué?" pero el rubio se despedía Rei sonreía y decía "hasta pronto, Nagisa-kun" con la esperanza de ser un poco más valiente en sus próximos encuentros y enfrentarle.

Pero ¿Qué pasaría si no había un "hasta luego"?. Su debate mental ese día fue el hecho de que Nagisa volviera a partir dejándole en la incertidumbre, en ascuas y con esas dudas carcomiéndole, con más y más cuestiones de lo que en realidad había pasado. Podía creer que Nagisa no estuviese enamorado de él y que sus padres al saber que tenía esas preferencias pensaran que, siendo Rei su más cercano amigo, fuera causante de su delis. Podía creer que hubiese alguien más en su vida que le hiciera feliz pero lo que no puede digerir es el hecho de que no pudiera llamarle.

¿Tan difícil pudo ser el llamar y cambiarle el nombre? ¿Decir que era Haru, Makoto o alguien más? Había tantas formas y simplemente de todas decidió la más dolorosa que era no hablar con él. Aun ahora que estaba cerca, aun ahora que sonreían mientras comían papas en la misma mesa sentía que Nagisa no había regresado de Hokkaido, que había una pared enorme, colosal, un muro entre ambos que nada podía derribar. Aun ahora, y tal vez durante mucho tiempo más, Nagisa seguiría eligiendo no hablar y Rei ser un cobarde más.

—¡Nagi-chan!—gritó Kisumi en medio del campus corriendo graciosamente hasta llegar al rubio.

—¡Kisu-chan! —Nagisa alzó la mano de igual forma y al llegar uno frente al otro chocaron las mismas con felicidad.

—¿Te ha ido bien en clases? —preguntó el chico mientras ambos andaban por esa área del campus caminando a paso lento en ese hermoso día.

—Sí, nuestro profesor de Química nos hace un lio pero hasta ahora estoy bien —comentó Nagisa.

—Oh, ese hombre viejo y gordo —guiñó sutil al chico —procura jamás mencionar nada respecto a su esposa, está recién divorciado y si alguien se la recuerda ¡Mejor ni te cuento! —ambos rieron sonoro. Nagisa se sentía afortunado de gran manera por tener a Kisumi como compañero de cuarto.

El pelirrosa le aconsejaba y asesoraba cada que podía, le contaba de cómo se hacían las cosas en ese lugar y también del cómo sobrevivir a los maestros demonios del primer curso. Como senpai era el mejor, como aliado era inigualable. Después de aquella noche en las que ambos lloraron hasta caer rendidos se hicieron de cierta forma más unidos pero aun así nunca supieron el por qué ambos estaban de esa forma.

Nagisa supuso que de igual forma Kisumi debía tener muchos problemas o que tal vez al verlo así se sensibilizó y lloró por lo mismo. No lo sabía pero jamás olvidaría el dolor en la expresión del pelirrosa y como los cristales acuosos salían de sus orbes sin detenerse.

—Nagi-chan, ¿Te gustaría ir a comer? —preguntó sacándole de sus pensamientos —escuché de una heladería y…—mientras hablaba una chica, una que estudiaba junto con Kisumi, llegó a prisa a lado del pelirrosa y le susurró algo al oído —Eh…no puede ser…—después de aquello miró a Nagisa y poniendo la mejor de sus sonrisas se disculpó —¿Podrías adelantarte, Nagi-chan?

—¿Eh? Claro —y apenas dicho eso Kisumi corrió a toda prisa despidiéndose momentáneamente. Nagisa miró a la chica que había llegado con el pelirrosa y con expresión de preocupación le cuestionó —¿Pasó algo grave?

—Es solo… —se detuvo y negó —es algo sobre Shigino-san… él puede arreglarlo —hizo una pequeña reverencia al rubio —permiso.

—Si…—vio como la chica partió en dirección a donde había ido Kisumi y solo se quedó de pie observando aquel punto. Una parte de él decía que debía ir y buscarle, saber si todo estaba bien o si necesitaba algo pero después pensó que si el pelirrosa no quería hablar sobre ello por algo debía hacer.

Se colocó bien la mochila en la espalda, emitió un suspiro y decidió ir a la heladería a esperarle. Apenas dio unos cuantos pasos y a la distancia pudo observarle, ahí estaba Rei. Estaba cruzando los edificios de su facultad en compañía de una chica, una compañera de clase debía ser. Nagisa se quedó estático, apretó los labios y se aguantó esas ganas de ir detrás de él, abrazarlo por la espalda y gritar "!Rei-chan!" mientras reía. En su amistad, o las migajas de lo que quedaba de ella, ya no había abrazos efusivos ni dulces e inocentes miradas, ya no había risas descontroladas y un Rei diciendo "contrólese por favor"

Ya no quedaba mucho de ello.

Nagisa dio la vuelta sobre sus talones y decidió ir por su rumbo a la heladería ignorando todas esas emociones sé que apegaban entre la incomodidad y el desasosiego, los leves celos de verle con alguien más, una chica tan bonita como esa de cabellos castaños y ojos dorados. Sabía que Rei no creía en el amor pero sabía que algún día se podría enamorar. Sonrió melancólico al pensar que esa persona jamás sería él porque se la vivía engañándolo y engañándose, diciendo que no sentía más nada y que de ser así lo superaría pero todo aquello era imposible. Se detuvo en seco, acarició su mejilla y quitó esa lágrima que había salido.

¡Nagisa estaba cansándose de esa rutina! Eso de llorar cada vez que lo recordara y cada vez que pensara en él. Quería la fórmula para olvidarle, la fórmula para no soñarle, esa cura de un amor que nunca será y que nunca debió sentir.

El móvil sonó sacándole de sus pensamientos, el número era conocido más no le robó la sonrisa que esperaba o debería tener. Suspiró y aun caminando decidió contestar al llamado.

—Hey, me extraña que me llames —dijo riendo levemente.

—Bueno, tuve la sensación de que debía hacerlo —el rubio ahora sí pudo sonreír, era curioso como una persona tenía la habilidad de saber si él estaba mal o no. A veces daba miedo o a veces le ponía a pensar que tal vez, desde hace un tiempo, él siempre estaba mal.

—¿Cuándo vendrás? —cuestionó, hubo un silencio en ambos lados de la línea.

—¿A pasado algo? —recibió una pregunta por igual, Nagisa fingió demencia.

—No es nada es que…te extraño —se talló los cabellos y los acomodó detrás de su oreja dejando ver sus pequeñas perforaciones. Llegó a la heladería y se mantuvo de pie en el marco de la puerta en una especie de silencio cómplice entre ambos.

—No dirías eso si no hubiera pasado algo…—comentó aquella voz. Era aterrador lo bueno que era para acertar en esas cosas y era doloroso verse descubierto entre todos por él —yo no voy a obligarte a que arregles las cosas pero quiero que seas sincero conmigo yo…—fue interrumpido.

—No quiero estar aquí… creí que podría soportarlo cuando supe que él estaría en la misma escuela pero … no puedo —decía en voz baja con el ceño fruncido — pero tampoco quiero huir yo debo superarlo o voy a morir de tristeza… debo superarlo por mí y por ti…

—No lo hagas por mí, jamás… hazlo solo por ti —Nagisa sonrió triste, no entendía como esa persona podía ser tan comprensible pese a todo, estar a su lado sabiendo que su corazón estaba dividido y aferrado al pasado. Tanto había pasado en Hokkaido, tantas cosas de las que hablo, de las que hablaron. Entre tanta charla debió ablandar su corazón, aceptarle con esa carga emocional, ser parte de ella y aliviar su corazón.

Nunca pensó que ese día mientras corría entre las amplias zonas boscosas con la nariz enrojecida, la bufanda y las ropas invernales cubriéndole, con todo ese frio del ambiente en aquella vieja casona cubierta en los jardines y tejados por la blanca nieve se encontraría con él. La vida dio un giro desde ese instante.

—Iré dentro de una semana si eso te alivia un poco —los ojos de Nagisa se abrieron considerablemente al escuchar eso y una pequeña sonrisa de alivio se dibujó en sus labios.

—Gracias….—fue lo último que atinó a decir mientras veía a Kisumi entrar a la heladería buscándole con la mirada —hablamos después.

—Si…—y así sin palabras dulces ni despedidas largas cortó la llamada y alzó la mano llamando la atención del pelirrosa. Kisumi trotó hacia Nagisa y el rubio buscando su mejor sonrisa siguió con el ritmo de su vida fingiendo despreocupación. Mientras veían en los aparadores los colores, esos helados de sabores, miró de reojo al pelirrosa y pudo notar un poco de sí mismo en él.

No tuvo tiempo de detenerse y digerirlo pero la realidad es que él no era el único que la pasaba mal en ese mundo de problemas sin solución.

Esa misma noche de viernes acordaron de volver a encontrarse los cuatro de Iwatobi. Con la buena noticia del día el verlos seguro le ocasionaría más gusto, o al menos de eso intentaba convencerse. Kisumi leía un libro cuando le vio alistarse para partir antes de que la noche cayera y con una dulce sonrisa amable le despidió. Nagisa se fue trotando hacia la central, tomó un camión y tan pronto se dio cuenta ya estaba en el sitio acordado, un café muy popular en la ciudad. Apenas estaba conociendo Tokio pero ese lugar en específico ya había sido visitado por ellos por lo cual se había decidido del mismo como un punto de encuentro.

Nagisa suspiró y entró al sitio explorando con la mirada el mismo hasta ver al fondo, en una mesa del final de la hilera, a una persona que conocía. Él alzó una ceja pues le pareció peculiar verle solo.

—Mako-chan ¿Dónde está Haru-chan? —el castaño alzó la vista y ladeó la cabeza sonriendo suavemente. Le invitó a sentarse con un mohín sin dar más explicaciones y sus cejas mostraron cierta preocupación.

—Perdón por esto, Nagisa —comentó Makoto jugando con sus propios dedos contra el mantel — Haru me ha pedido que no interfiriera pero después de todas estas veces que nos hemos visto siempre me quedó con la sensación de que debo hacer o decir algo.

—Mako-chan…—susurró Nagisa casi temiendo de lo que el otro fuese a decir o querer conversar.

Fuera la noche apremiaba, pronto un par de tazas de chocolate caliente estaban frente a ellos y la tensión entre ambos no había disminuido. Nagisa tenía la mirada algo baja y una expresión como si fuese a ser reprendido. Makoto le miró y se puso aún más nervioso, no estaba acostumbrado a enfrentar las cosas de esa manera tan directa, de hecho era curioso porque entre sus amigos nadie lo estaba. Cada quien tenía sus problemas y sin embargo difícilmente uno interfería con el otro porque así eran ellos, así eran sus personalidades y por no querer preocupar la mayoría de las veces se enfrascaban en su propio mundo y sonreían como si nada hubiese pasado.

Recordó aquella vez que Nagisa huyó de casa, esa vez si le buscaron hasta las últimas consecuencias. Pero esta vez era diferente, esto iba más allá de una riña o un berrinche del rubio, estaban hablando de que fue enviado a otra ciudad y a diferencia de aquella ocasión en la que intentó respaldarse de alguno de sus amigos prefirió estar solo.

—Creo que no tengo derecho a exigirte que me cuentes todo lo que pasó pero siento que nos has ofrecido solo partes de una historia — Nagisa suspiró un poco y sonrió fingidamente.

—No entiendo de que me hablas, Mako-chan —volvió a reír —estás muy tenso y solo estamos nosotros ¿Acaso es algún secreto para Haru-chan y Rei-chan?—comentó fingiendo demencia.

—Dímelo tú, ¿Hay algún secreto?—Nagisa abrió los ojos y acto seguido los entrecerró un poco. — Si no quieres hablar lo entenderé pero tampoco voy a permitir que te sigas hundiendo tu solo.

—Mako-chan…—Nagisa no entendía como el castaño pudo ver a través de su dolor pero la realidad es que detrás de esa sonrisa se veían muchas lágrimas y alguien que le conocía tan bien como Makoto sin duda se daría cuenta de que toda esa alegría era fingida.

—Siempre has sido asi Nagisa y sea lo que sea nosotros siempre seremos tus amigos y siempre te ayudaremos a levantarte…—comentó con una sonrisa tan sutil, tan natural que hizo que Nagisa se golpeara mentalmente por pensar que él o Haruka le juzgarían de alguna forma. Realmente fue un idiota ¿No es así? Un tonto por hundirse solo en su propia pena.

¿Qué hubiera pasado si desde sus años en Iwatobi hubiese sido sincero? ¿Las cosas serían mejores? ¿Acaso ellos le hubieran ayudado a no ser enviado lejos? Tal vez debió decirlo tiempo atrás, tal vez asi no estaría llorando las lágrimas que ahora lloraba.

—Nagisa…—intentó detener su llanto tocando su cabeza que estaba hundida contra la mesa y Nagisa solo emitió un quejido.

—Siento tanto haberme ocultado, haberles mentido tanto…—se levantó limpiándose las lágrimas y colocó de nueva cuenta su cabello tras la oreja sonriendo con tristeza —la realidad es que mis padres me odian.

—Eso no…—Makoto iba a decirle que debía ser imposible, que no había padre o madre que odiase a su hijo más Nagisa le interrumpió.

—Cuando entré a mi último año a Iwatobi y ustedes estaban aquí en Tokio ellos descubrieron que soy diferente, que soy una vergüenza pese a que obtuve buen promedio y nadaba con mucho esfuerzo —el rubio bajó la mirada, Makoto no terminaba de entender —simplemente porque no planeo encontrar jamás a una chica bonita y tener hijos, no planeo nada como eso…

—No…yo no pienso que eso esté mal. No querer una familia o una pareja no está mal, Nagisa —comentó Makoto y el otro negó con la cabeza.

—No es eso Mako-chan…es solo que a mí —le miró con esos ojos rosáceos y con dolor confesó finalmente — no me gustan las chicas… —Makoto se sorprendió ante la repentina confesión. Vaya que fue inesperado y lo tomó por sorpresa. Tanta fue la vergüenza de Nagisa que giró la cabeza a otro punto sin querer verle, sin saber que reacción tendría Makoto.

—Nagisa…eso está bien, no tiene nada de malo. —el rubio volvió a verle y en la sonrisa de Makoto encontró sinceridad, comprensión. Debió confiar más en ellos y menos en esa voz llena de dudas que vivía en su cabeza.—Debiste estar muy asustado ¿no es así?

—Lo estaba… cuando me di cuenta que no había sentido nada por ninguna y yo…—tembló sin saber cómo continuar —yo me emocionaba al saber de él… de verle sonreír y de saber que estaba cerca de mi…

Makoto volvió a sonreír y a dar unas palmaditas comprensivas a su amigo mientras él seguía relatando partes de la historia, de la riña de sus padres, de haber ido a Hokkaido y del que, por una confusión supuesta, Rei se había visto involucrado. Tal vez seguía diciendo aquella mentira para ocultar sus sentimientos reales pero también lo hacía para que Rei se dejara de sentir culpable, para que respirara tranquilo sin pensar que realmente él había estado implicado.

Le contó a Makoto de que la persona que le gustaba era un chico, que ese chico estuvo con él esos meses y le ayudó a olvidar un poco sus penas, le motivó a superarse y crecer. Se decidió independizar de sus padres un par de meses antes y en ese tiempo vivió en aquella casa entre las arboledas que ahora el verano decoraba junto a él. Sin embargo había sido convencido de seguir estudiando y de enfrentar lo que viniera, de alguna forma se sentía agradecido y en deuda.

—Debe ser una gran persona…—comentó Makoto sonriendo aunque notó que a pesar de las maravillas que Nagisa hablaba de él en sus ojos el brillo de hacía unos momentos se había disipado, a veces el castaño podía ser sensitivo, a veces podía ver más allá de las palabras. Tal vez por estar mucho tiempo con Haruka o tal vez solo el instinto.

—Lo es… vendrá en una semana y quiero que lo conozcan —el castaño volvió a sorprenderse, ahora todo parecía tornarse tan rápido —¿Crees que Haru-chan…

—No creo que le incomoden tus preferencias… Haru lo entenderá muy bien —comentó tranquilizando aún más a Nagisa quien sintió como si le quitasen un peso de encima al haber abierto su corazón a pesar de que aún había cosas que no había revelado.

Ese día Nagisa volvió al campus cuando las luces de Tokio todo lo iluminaban y lamentaba silencioso que esa noche las estrellas no se notaran. Se preguntó que estaría haciendo Rei, esforzándose probablemente pues el de lentes tenía la mente y el corazón enfocados en cosas más importantes como superarse, hacer una carrera y ser alguien de provecho para el mundo. Tal vez debía pensar un poco más como él y olvidarse de esos sentimentalismos que le tenían depresivo y en ocasiones disperso.

Ya que sus amigos conocían sus sentimientos, o al menos sus gustos, podía andar más relajado por la vida y empezar a ascender. Lo tenía casi todo, excepto el apoyo familiar, pero había aprendido poco a poco a aceptar y vivir con el hecho de que posiblemente ellos jamás le aceptarían de nuevo. Le dolía pero no se podía tener todo en la vida.

Giró en el pasillo que daba su habitación y escuchó un ruido en las cercanías, mucho escandalo a decir verdad y esos mismos gritos se alejaron por el otro fondo del pasillo dejando solamente a una voz que les ahuyentaba.

—¡¿Cuándo se detendrán?!—decía la voz de Kisumi ahora solitario en ese lugar. Nagisa se detuvo a unos pasos y observó la frustración del pelirrosa quien estaba por girar a la puerta de la habitación de ambos —Nagi…-chan

En la puerta de la habitación había un montón de papeles pegados, rayones, insultos y dibujos horribles. Algunos de esos papeles hacían burla con textos como "largo de aquí homosexual", "Dios no quiere a los gays", "muere". Kisumi tuvo la mirada temblorosa, se giró y puso sus manos sobre los papeles arrancándolos con fiereza, rápidamente mientras seguía hablando entrecortado.

—Yo, lamento que vieras eso ….apenas estuve afuera y ellos volvieron y…—fue interrumpido por la voz de Nagisa.

—¿Qué es esto, Kisu-chan? —dijo caminando un par de pasos hacia el frente. Kisumi detuvo su labor de quitar los papeles, algunos de estos ya estaban en el suelo vueltos tiras y otros aún seguían pegados en la puerta. Cosas horribles, cosas definitivamente tristes. ¿Eso mismo seria lo que ocurrió antes? ¿Eso mismo seria lo que ocultaba en aquellas bolsas negras? Nagisa se preguntó tanto y entre esas cosas el por qué había personas que hacían eso con la puerta de su habitación

—Esto es lo que soy… perdón —le miró sonriendo fingidamente y terminó de arrancar los papeles para abrir la puerta de la habitación mientras sus manos temblaban, mientras su corazón se aceleraba. Ni siquiera se preocupó de que su mochila siguiera en el pasillo cuando la arrojó para detener a esas personas que constantemente le molestaban, tampoco podía pensar correctamente ahora que Nagisa lo sabía. Solo quería tirarse en la cama, llorar y dormir.

Regresó a la puerta con una bolsa negra, la tercera de la semana, y fue tirando en la misma todos esos papeles que habían dejado, ya limpiaría la marca de la cinta, no creía poder quitar algunas manchas pero estaría bien, la puerta estaría bien pero él….

Kisumi se sorprendió al ver las manos de Nagisa recoger papeles frente a él y ponerlos en la bolsa en silencio, con determinación en la mirada. El pelirrosa susurró su nombre pero no detuvo su labor y siguieron limpiando los destrozos que aquellas personas habían dejado hasta que la bolsa llegó a la mitad de su capacidad. Cerraron la misma, la puerta también y con el mismo silencio con el que habían trabajado siguieron en la habitación.

—Kisu-chan…—el pelirrosa se sentó en la cama, se talló los cabellos y miró a otro punto.

—Perdón por no decírtelo antes, ahora debes pensar que soy asqueroso —susurró, Nagisa abrió los ojos y negó totalmente.

—No, no lo creo yo creo que eso…está bien yo —se detuvo, estuvo por decir que él también lo era pero pareció pronto —yo lo entiendo.

Kisumi le miró con un brillo en sus ojos, de todas era la primera vez que alguien le entendía. La vida había sido difícil para él también y encontrarse siendo comprendido por Nagisa era como un respiro en la tempestad. Le daba gusto ser entendido y Nagisa entendía esa sensación pues la había vivido con Makoto ese mismo día.