buenas noches chicas, aquí les traigo por fin un capítulo más...
éste es e último, pero aún me falta el epílogo.
espero que les guste.
P.D. Antes de dejarlas leer, debo decirles que este capítulo tiene referencias a contenido para adultos.
Albert miró a Candy avanzar por el pasillo, se veía absolutamente hermosa, con su cabello recogido en un gracioso moño, incluso su madre debía reconocer que estaba a la altura de cualquiera de las damas de alta sociedad que siempre se empeñaba en presentarle, sólo había un problema…
Su sonrisa era completamente falsa… a pesar del velo que cubría su rostro, el podía ver lo suficiente, además, en el tiempo que habían estado juntos había llegado a conocerla muy bien, incluso más de lo que ella pensaba… incluso podía visualizarla practicando su sonrisa frente al espejo, justo como hacía cada vez que tenía que hacer algo que no quería…
Estaba a punto de casarse con una mujer que a todas luces no lo amaba, pero lo peor de todo era que a pesar de ser conciente de ello, no encontraba el valor para detenerlo todo y dejarla libre.
La ceremonia llegó a su punto culminante…
-Ahora, mírense mutuamente y digan sus votos…
Albert fue el primero en hacerlo.
-Yo Albert, te tomo a ti Candice como mi esposa, y prometo hacerte feliz cada uno de mis días…
Entonces fue el turno de Candy… todas las miradas estaban posadas en ella.
-Yo… yo… -dijo mirando nerviosamente a su alrededor…
Yo… lo siento... pero no puedo casarme contigo… eres un hombre maravilloso, pero yo… hace mucho tiempo entregué mi corazón… lamento que las cosas hayan llegado hasta este punto, sólo quiero que sepas que mi intención nunca fue lastimarte.
Candy esperó unos segundos la reacción de Albert, esperando quizá que le dijera que era la peor de las mujeres, pero eso no sucedió, en su lugar, Albert le descubrió el rostro, hasta entonces cubierto por el velo y le dió un beso en la mejilla.
-Siento no haber tenido el valor para dejarte ir… sé que debí hacerlo antes…
-Pero ¿qué sucede aquí? ¿Por qué no continúa? -dijo Elroy muy molesta al sacerdote.
-Escuchen todos… realmente lamentamos mucho haberlos hecho hacer el largo viaje hasta aquí, pero lamentablemente la boda ha quedo cancelada… -Dijo mientras veía a Candy alejarse para siempre de su vida.
-Eso no puede ser… -George, trae a esa mujer de vuelta, no puedo permitir que nos convierta en el hazme reír de esta gentuza y de todo Nueva York.
-Tú no vas a hacer nada. -dijo tomando a su madre del brazo. -Asumo toda la responsabilidad por esto. -dijo, y se dirigió calmadamente a la prensa para explicar la situación.
Mientras tanto, Candy corría desesperadamente, tenía que encontrar a Terry y decirle en primer lugar cuanto lo amaba…
Cuando llegó a la casa de Terry, lo buscó desesperarme, pero no había rastro alguno de él… entonces supuso que quizá había ido a casa de Eleonor, entonces emprendió una nueva carrera... el pecho le ardía, el aire apenas entraba a sus pulmones, pero eso no la detuvo, hasta que finalmente llegó a su destino.
-Candy… pero… ¿qué haces aquí? Creí que…
-Es una larga historia… pero no tengo tiempo para contartela… Ahora… yo… tengo que encontrar a Terry… ¿está aquí?
Eleonor palideció, y Candy supo que algo andaba mal…
-Candy, cariño… Terry no está aquí… verás él… estaba muy dolido por el asunto de tu boda y… se fue…
-¿Se fue? Pero… ¿dónde?
-No lo sé… sólo dijo que no volvería…
El semblante de Candy se tornó sombrío… El amor de su vida estaba quién sabe dónde y todo era su culpa… si tan sólo hubiera sido honesta desde el principio, quizá tendrían ahora una oportunidad para ser felices, pero ahora…
-Ven cariño, deja que te prepare una taza de té… eso te hará sentir mejor.
-Te lo agradezco, pero yo… quisiera estar sola… -dijo y se marchó sin rumbo fijo, sintiéndose completamente miserable, lo había echado a perder por segunda vez…
Sin darse cuenta sus pasos la condujeron al lago Michigan…
Estaba muy cansada, y su hermoso vestido estaba rasgado y sucio, además la tarde llena de sol estaba siendo reemplazada por nubes negras que anunciaban una inminente tormenta, pero nada de eso le importaba, porque nada podía hacer desaparecer el vacío que se había instalado en su corazón…
Se sentó a la orilla del lago como había hecho tantas veces.
Si tan sólo no hubiera sido tan necia…
Si tan sólo supiera dónde estaba Terry…
Pero cualquier posibilidad de felicidad se había esfumado ahora.
Las gotas de lluvia comenzaron a caer poco a poco, mojando todo a su paso, pero eso tampoco parecía perturbar a Candy, que se había quedado ahí como si fuera una estatua.
-Sí sigues así, pescaras una pulmonía…
Gruesas lágrimas comenzaron a correr por su rostro cuando reconoció aquella voz que la sacó del trance en el que estaba sumida…
Rápidamente se levantó y se arrojó a sus brazos…
-Por favor perdóname… yo...
-No digas nada… -le dijo él y la besó con toda la urgencia que había estado conteniendo durante tanto tiempo.
Después de eso, todo fue muy confuso… Él último recuerdo nítido era el de Terry llevándola en brazos hacia su camioneta…
La tímida luz de la mañana comenzó a filtrarse por la ventana, descubriendo a un par de enamorados profundamente dormidos, manteniendo aún la unión de su más reciente acto amoroso…
Candy fue la primera en despertar…
Lentamente se separó de su amado y se permitió contemplarlo.
Si de por sí ya era todo un deleite verle deambulando por el pueblo con sus clásicos vaqueros y su camisa siempre semi abierta, verlo allí desnudo en toda su gloria…
Verlo así, le provocaba el deseo de no salir de esa cama en mucho, mucho tiempo, pero no podía ser… habían cosas que no podían esperar...
Terry abrió los ojos lentamente, negándose a despertar del todo...
Se dió la vuelta, esperando encontrar a su lado el tibio cuerpo de la mujer que amaba… pero no encontró más que un espacio vacío.
¿Y si todo había sido un sueño?
No… eso era imposible, aún podía sentir en sus dedos la suavidad de la piel de Candy y el sabor de sus besos… además su inconfundible aroma estaba impregnado en la almohada.
Sería que…
Rápidamente se vistió y bajó la escalera a toda prisa, no descansaría hasta encontrarla y obligarla a admitir que lo amaba…
-Bueno a días cariño… ¿se puede saber a dónde vas con tanta prisa?
Terry se quedó paralizado… la imagen que tenía frente a él parecía sacada de una de sus más escondidas fantasías…
Frente a él estaba Candy, ataviada únicamente con una de sus camisas que no dejaba mucho a la imaginación…
En sus manos tenía una cucharilla…
Fue hasta entonces que Terry percibió el intenso olor a café y a tocino…
-Creí que tú…
-Imagino que debes estar hambriento, sabrá Dios cuando fue la última vez que alguien te preparó un desayuno decente… -le dijo ignorando deliberadamente las palabras de Terry… era lógico que pensara que lo había abandonado otra vez, pero no pensaba cometer otra vez ese error, ésta vez no iría a ninguna parte…
Terry estaba sin palabras, sólo atinó a quedarse allí, con los pies clavados al piso…
-Sé que no es del todo un gran desayuno, pero es todo lo que pude conseguir… comprenderás que no podía salir así… y tampoco usar mis ropas. -dijo, recordamdo que su vestido estaba más que arruinado y sus pertenencias en casa de los Cornwell.
Terry la miró de pies a cabeza, y Candy sintió un agradable escalofrío recorrer su espalda.
No tuvo tiempo para nada más, el desayuno que había preparado con tanta dedicación, tendría que esperar…
Muchas horas después, Candy se incorporó para acomodar su cabeza en el pecho de Terry donde podía escuchar claramente el tranquilizante latido de su corazón.
-Hay… algo que no entiendo…
-dijo Candy.
Terry la miró, un tanto confundido.
-Eleonor dijo que te habías ido… -dijo,
haciendo referencia a lo sucedido tan sólo unas cuantas horas atrás, mismas que ahora parecían tan lejanas…
Terry se removió un poco, parecía algo incómodo.
-Bueno yo… es verdad, estuve a punto de marcharme, pero entonces recordé lo que mi padre solía decir…
-Sí nunca lo intentas, nunca lo sabrás…
Entonces supe que tenía que intentarlo una vez más, y fui a buscarte…
Estaba dispuesto a detener esa boda y a secuestrarte si era necesario para demostrarte que nuestro destino es estar juntos, pero cuando llegué me encontré con que todo había terminado, entonces pensé lo peor, hasta que Annie me alcanzó para explicarme lo que había sucedido y salí a buscarte… no sabía por dónde empezar, pero algo me dijo que te encontraría en el lago…
Candy escondió el rostro en el cuello de Terry.
-No pude hacerlo… traté de luchar contra mis sentimientos y convencerme de que Albert era lo mejor para mí… tenía miedo de admitir que nunca he dejado de amarte…
Y esa cobardía casi hizo que cometiera el peor error de mi vida…
-dijo ella con tristeza, no sólo por lo que pudo haber pasado, si no también porque se sentía culpable por estar disfrutando de su amor, mientras Albert enfrentaba todos los líos que había traído su fallido matrimonio…
-¿Sucede algo?
-No… es sólo que… siento pena por Albert… verás él no es una mala persona, sólo… tuvo la mala suerte de encontrarse con alguien como yo…
-Yo no me preocuparía por él… seguramente encontrará lo que busca, pero en lo que a mí concierne, no estoy dispuesto a compartirte con nadie...
Candy no podía estar más de acuerdo, ella tampoco estaba dispuesta a permitir que otra mujer posará sus ojos en Terry, por eso planeaba hacerlo el hombre más feliz del mundo…
De pronto Terry se quedó pensativo, y Candy se preocupó al ver su actitud tan seria.
-¿Qué ocurre?
-Estaba pensando… ¿te casarías conmigo?
Candy lo miró con confusión, pero luego cayó en la cuenta de que ahora ellos estaban oficialmente divorciados…
-Sí lo deseas iremos a vivir a Nueva York, podemos comenzar de cero…
Se tomó unos segundos antes de responder.
-No…
Terry se quedó paralizado por las palabras de ella, y el dolor que sintió esa mañana al encontrarse sólo...
-Quiero decir… no quiero ir a ninguna parte… por fin sé dónde está mi lugar.
-Ésta mañana... cuándo no te encontrabas a mi lado, creí que…
-Lo sé… No era mi intención dejarte así, pero había algo que tenía que resolver…
Terry la miró con curiosidad.
-Presenté mi renuncia en el hospital… también hablé con mi abogado para pedirle que ponga a la venta mis pertenencias… lo que me lleva a una cosa… Me casaré contigo… pero tengo una condición… No quiero ningún divorcio, ni siquiera quiero volver a escuchar esa palabra.
-Creo que puedo cubrir esa condición. -dijo él, antes de cubrir la boca ella.
Candy sólo pudo suspirar, al parecer aquel desayuno se convertiría en cena con algo de suerte.
