MLB: Arenas de Tiempo
Hola mis Ladies y mis Lords
He aquí el capítulo que todos han esperado.
Un momento histórico y hermoso:
UN ADRINETTE EGIPCIO
Y también un mini PLAKI (PLAGG X TIKKI)
Les recomiendo que en este capítulo les causará diabetes y emoción… bueno parte de ello… pero aun así les robará el corazón.
Quiero agradecer a:
RudeGirl1998
Melodie
Princess of Troy
Por haber comentado el capítulo anterior… que por cierto… si no lo han leído todavía les recomiendo que lo hagan, ya que el día 19 de este mes había publicado cinco horas antes de mi anterior publicación de ese día que probablemente no hayan leído el otro capítulo.
Bueno no les quito más de su tiempo, así que…
Disfruten de la lectura.
Capítulo VI: Adrinette The Wedding
(La Boda)
Al finalizar el banquete el palacio estaba completamente vacío, sin ningún alma vagando por allí, bueno, a excepción de los guardias que hacían su turno nocturno por los alrededores.
En la habitación de la hija real, Maat se encontraba llorando descargando todo ese dolor y sufrimiento que había estado cargando su pobre y roto corazón.
– ¿Por qué? – sollozó ella ante esa pregunta. – ¿Por qué me hacen esto? ¿Por qué?
– Maat. Por favor ya llores, si sigues así vas a ser akumatizada. – imploró Tikki hacia su portadora, pero de nada de lo que ella decía calmaba a la pobre princesa.
– Lo siento… pero… este dolor, esta tristeza y esta rabia no puedo controlarlos más… – sollozaba la azabache con amargura, mientras que aquellas lagrimas gruesas y saladas recorrían por sus mejillas.
– Maat…
Después de unos minutos, el silencio reino en la habitación. Maat se había quedado profundamente dormida debido al cansancio mental y emocional que había tenido horas atrás. La azabache soltó un suspiro cansado que hizo estremecer todo su cuerpo, liberando toda aquella tensión que había estada guardando por sí misma.
Tikki, ya más tranquila, acarició con gentileza los mechones negros de su portadora mientras la veía con ojos aliviados y tristes. La pequeña kwami se alejó de su amiga y se dirigió hacia el balcón mientras observaba con tristeza la enorme y blanca luna que iluminaba con sus rayos nocturnos todo el pueblo de Menfis, al igual que la habitación de la portadora de la mariquita. Un nudo se le formó en la garganta de la pequeña criatura roja mientras que sus ojitos azules comenzaron a inundarse de lágrimas. Tikki sabía aquel dolor. Aquel dolor que su portadora estaba sintiendo también ella lo sentía, no era por el vehículo que kwami y portadora compartían, sino que ella sabía lo que era estar separada de la persona con la quien en verdad deseas estar.
– Plagg… ¿En dónde estarás? ¿Con quién estás? ¿Cuándo será el día en que nos veremos gatito? – susurró Tikki dejando que aquellas palabras se las llevará el viento de la fresca noche, la pequeña kwami cerró su ojos mientras sentía el suave y fresco viento secarle sus lágrimas, a la vez, que sintió una calma en su ser jurándose que aquel viento le había respondido con un…
"Pronto".
*…*…*…*…*…*…*…*…*
Mientras tanto, en la habitación del Príncipe de Tebas, Aten estaba frustrado caminando de un lado a otro como león enjaulado, mascullando entre dientes, maldiciendo a su tío por tal atrocidad que había hecho en el banquete. Plagg lo miraba asustado y preocupado, jamás en su larga vida había visto de esa manera tan feroz y salvaje a su portador; puede que el pequeño minino haya visto expresiones y el lenguaje corporal de su portador, pero, jamás lo había visto de esta forma. Aten se sentía sofocado, ahora con qué cara le vería ahora Maat, y todo por culpa de su tío quien decidió en adelantar la vado para al día siguiente.
– Aten. – habló Plagg en ese momento, tratando de controlar su nerviosismo.
– ¿Ahora qué quieres Plagg? – masculló el rubio mientras miraba con rudeza a su pobre kwami.
– A-Ahora que te casarás con Maat… no crees que deberías estar celebrando por eso. – el minino se arrepintió de sus palabras, porque el kwami tenía que regarlo todo a su paso.
– ¡Celebrando dices! – vociferó el chico haciendo que el pobrecito de Plagg se espantara y se escondiera detrás de los cojines.
– Y-Yo sólo estaba diciendo… a-además… t-te recuerdo que t-tú siempre h-has querido casarte con la princesa. – se defendió el pequeño, pero esto no tranquilizaba la furia que tenía Aten.
– ¡Pero no así Plagg! – respondió Aten elevando más la voz. – ¡No así! ¡Mi tío no tenía ningún derecho en meterse en donde nadie lo llama! ¡Ahora Maat me odiara más de lo que ella está y todo por culpa de Akenatón!
– Aun no entenderé a los humanos y sus sentimientos. ¿Por qué se dignan a sufrir por amor? – Plagg ladeó su cabeza en forma en negación mientras veía como su portador se había retirado de su habitación para apoyarse sobre el barandal de su balcón.
El pequeño kwami negro soltó un largo y cansado suspiro, sin quitar su mirada de su amigo. Conocía muy bien esos sentimientos que llevaba Aten; ira, frustración, rechazo, tristeza, dolor… todos esos sentimientos que el joven heredero al trono que sentía podía también sentirlo Plagg. El minino simplemente no comprendía porqué su dueño se torturaba así mismo por una simple mujer a quien apenas había conocido hace algunos soles y lunas atrás. Plagg temía que aquello que Aten sentía era una simple obsesión hacia la muchacha, el felino admitía que Maat era la chica más hermosa y única de todas las chicas que rodeaban a su amigo como las moscas por la miel. Aquella muchacha era una belleza exótica que nadie podría rebasarle. Pero esto ya estaba fuera de control, Plagg debía hacer por su amigo si él continuaba de esta forma obsesionada por aquella muchacha, tanto él como para ella, o mejor dicho, para ambos jóvenes sufrirían las consecuencias. Podría ser akumatizados por Sokaris; ese maldito y frío ser sin sentimientos aprovecharía el momento de akumatizarlos por culpa de sus negativos sentimientos.
– Oh Tikki, mi linda mariquita. Cómo desearía que estuvieras aquí en estos momentos, aunque fuera tan sólo unos minutos, tal vez así le harías entrar en razón a este cabeza hueca de Aten de no decaer en el amor. Tikki, ¿Dónde estarás? – pensó Plagg con tristeza mientras se acurrucaba entre los cojines mientras que el sueño comenzaba a invadirlo.
– Madre… si tan sólo… si tan sólo estuvieras con vida, al lado de padre y al lado mío, me consolarías en estos momentos y me dirías que hacer para no ser odiado por la mujer que amo. Madre. ¿Qué debo hacer para conquistar el corazón de esa maravillosa mujer? – pensó Aten mientras miraba el cielo nocturno.
El chico dejó escapar un suspiro triste mientras regresaba dentro de su habitación, se recostó en su cama procurando en no levantar a su cansado amigo, Aten se sintió culpable y abatido por haber tratado y hablado de esa forma tan cruel y déspota a su kwami cuando sólo él trataba de animarlo.
*…*…*…*…*…*…*…*…*
La mañana llegó, cuando los primeros rayos del astro rey comenzaron a verse por el amanecer cielo, lo habitantes de Menfis y la servidumbre dentro del palacio tendrían que trabajar el doble de lo normal. Hoy sería el día en que el Príncipe de Tebas y la Princesa de Menfis se uniría en sagrado matrimonio, uniendo sus vidas en una sola, y uniendo sus reinos para ser prósperos y fuertes más de lo que ya están.
Mientras que todos comenzaban a realizar los preparativos para la boda, en las dos habitaciones separadas a distancia se encontraban los dos futuros novios: Maat se encontraba débil y más decaída que no quería salir por ningún motivo de su cama, quería permanecer ahí hasta que la boda se terminara, ocultó su rostro entre los cojines para que los rayos del sol anunciarán que su día de libertad y de soltería terminaría pronto. En tan sólo de pensar en aquello el corazón de Maat se oprimió en su pecho mientras que un nudo se había formado en la boca del estómago ocasionando unas tremendas ansias de vomitar ahí mismo. Nuevamente, las lágrimas no tardaron en salir de sus cansados y rojizos ojos azulados, mientras que aquel dolor y tristeza aumentaban cada vez más. Maat se hizo un ovillo, abrazando fuertemente sus piernas mientras sentía un inmenso en todo su cuerpo, aunque los cálidos rayos del sol tocaran el cuerpo de la princesa; ella no sentía nada de calor.
Entre tanto, Aten ya se había despierto cuando los rayos del sol habían tocado su rostro, el Príncipe de Tebas se encontraba recargado en el marco de la entrada de su balcón mientras observaba perdidamente como las personas de Menfis se movían de uno a otro, es más, hasta podía escuchar a lo lejos las risas, las voces, e incluso los canticos desde su habitación. Aten dejó escapar un suspiro largo y cansado. Su mirada esmeralda una desolación profunda que ni siquiera él mismo podía controlar, estaba destrozado emocionalmente. El chico cerró sus ojos mientras que su mente le recordaba los tortuosos sucesos de aquella noche del banquete; fue en ese momento cuando él recordó la mirada de su tío sobre su prometida; aquella mirada castaña le hizo hervir la sangre al príncipe cuando vio una extraña emoción en la mirada de Akenatón; malicia y perversión.
Un golpe sintió en la boca de su estómago, tan sólo recordar aquella mirada de su pariente le estaban advirtiendo algo, pero qué, qué era aquello que le estaba advirtiendo. De pronto los pensamientos de Aten fueron interrumpidos cuando unos golpeteos en la puerta de su habitación se escucharon tras de sí.
– Adelante. – dijo Aten haciendo que la puerta se abriera y se dejara ver a unas hermosas jóvenes con el desayuno, a la vez que su amigo Nour estaba con ellas.
– Buenos días Ata Akhenaten. – saludó el sacerdote haciendo una reverencia ante la presencia de su amigo.
– Buenos días, Nour. Y por favor deja de hacer eso amigo mío. – replicó el rubio mientras veía a su amigo enderezarse.
– Hoy es el día, ¿No es así? – preguntó Nour.
– Sí, hoy es el día. – respondió Aten, una joven le había entregado a él y a su amigo unas copas de oro con vino en ellas. – Gracias. – agradeció el príncipe a la muchacha quien hizo un ligero movimiento con su cabeza. – Todas pueden retirarse.
Dicho y hecho las mujeres se fueron dejando solos a Aten y amigo en la habitación.
– ¿Y cómo te encuentras Aten? – preguntó el sacerdote bebiendo en pequeños sorbos su vino.
– Bien. – sonrió Aten, pero detrás de esa sonrisa ocultaba toda la preocupación y mortificación que él estaba guardando consigo.
– Me alegro escucharte decir eso. Anoche te noté algo distante.
– ¿Y cómo no estarlo Nour? Mi tío casi arruina el banquete y mi compromiso con Maat. De aseguro ella me odia y me culpa por todo esto.
– No creo que Maat te odie sólo porque tu tío ordenó que se diera tu boda hoy mismo. – replicó Nour a su amigo
– No sé en qué momento estaba pensando mi tío con esto. – dijo con frustración el príncipe mientras fruncía el ceño.
– Por un momento pensé que esto te alegraría. – Aten alzó una ceja mientras observaba a su amigo. – Ya que tú siempre has dicho que se pasara más rápido el tiempo para casarte con Jumoke.
– Y aun lo hago, pude haber aguantado dos soles más para que ese día llegara. Pero ahora las cosas se pusieron más complicadas debido a que mi tío no quería esperar más en que me casara con Maat. – Aten bebió un pequeño sorbo de su bebida mientras se le hizo difícil en tragárselo debido a ese nudo en su garganta. – Me pregunto… ¿Cómo estará ella en estos momentos?
– Por lo que Auset me contó anoche, la princesa esta devastada, confundida y triste. – al escuchar aquellas palabras saliendo de la boca de Nour, Aten no pudo sentirse de lo peor.
– No la culpo. Fue un momento impactante para todos. Pero. En especial para ella. – habló con fluidez el príncipe mientras sentía como esa bola de culpabilidad crecía dentro de él.
– Y vaya que así lo fue. El Nafeer y su esposa aun no podían creer que el Faraón de las Dos Coronas hiciera ese tipo de anuncio en el banquete cuando ya se tenía planeado el día tu boda con Jumoke.
– Según lo que mi padre me ha contado de mi tío que el día que Nefertiti dejó este mundo, el Faraón Akenatón había cambiado de la noche a la mañana, es como si, alguien hubiera tomado el lugar de mi tío.
– ¿Y cómo no estarlo? – dijo Nour. – Perdió a su esposa más amada, ¿Cómo no estar en ese estado tan rudo y con mano de hierro? Además te recuerdo que fue la voluntad del dios Ra en tener a Nefertiti como su nueva esposa y reina.
– Cambiando de tema. Necesito que tú y Auset estén siempre atentos con Maat. – Nour alzó una ceja con una expresión confundida que hasta le preguntó a su amigo.
– ¿Para qué necesitas que haga eso con Auset?
– Nour, eres amigo y casi te veo como el hermano que nunca pude tener, la razón por la que te pido que este al pendiente de Maat, junto con Auset, es por lo siguiente. – el joven sacerdote vio a su amigo demasiado serio, tan serio, que algo le decía que no iba a ser nada bueno con lo que él le diría. – No me gusta como mi tío miraba y alagaba a Maat.
– ¿Me podrías decir en qué forma no te gusto que tu tío viera de esa forma a Maat? – preguntó Nour algo confundido.
– No sabría explicártelo con exactitud, pero, sólo puedo decir que no me gusto. Es… ¿Cómo decirlo?... como… si mi tío quisiera algo de ella. – Aten miraba con profunda seriedad su copa, aun no podía olvidar esa mirada castaña de su tío sobre de Maat, cada vez que lo recordaba le hervía la sangre. – Es por eso que quiero que tú y Auset estén siempre atentos de Maat, quien sabe de lo que lo que mi tío sería capaz de hacer a mi esposa.
– Bueno, básicamente aun Maat no es tu esposa, no todavía. Pero te doy mi palabra de que Auset y yo estaremos al tanto de ella.
– Gracias Nour, sabía que podía confiar contigo. – dijo aliviado el Príncipe de Tebas.
– Así que… ¿Qué se siente que muy pronto te casaras? – preguntó el sacerdote divertido.
– Como si estuviera en el *Aaru*. – suspiró soñadoramente el príncipe. – No sé cómo si explicarlo pero es fantástico, no, mucho más fantástico. Es como si estuviera viviendo un sueño dentro de otro sueño, en el cual no quiero ni despertar. He estado esperando tanto tiempo para que este compromiso se realizara.
– Me lo imagino. – rió divertido Nour. – Bien, yo tengo retirarme amigo mío, tengo que estar junto con los otros sacerdotes y sacerdotisas para la preparación de tú unión con Maat.
– Y hablando de eso, quiero tú seas mi testigo de esa unión con mi futura esposa. – Nour casi se le sale sus ojos de las cuencas de la inmensa sorpresa.
– ¿Y eso? – preguntó perplejo el sacerdote.
– Además de ser mi amigo, mi hermano y confidente quiero que no olvides esta experiencia. – una sonrisa amplia se le cruzó en los labios del moreno. – Además… un pajarito me dijo al oído que Auset, la amiga de Maat, también será testigo de mi unión con Maat.
Un enorme y notorio sonrojo se había apoderado en Nour, mientras que la tremenda carcajada que había soltado Aten se escuchaba por toda la habitación.
– ¡Te he dicho que Auset no me gusta! – gritó apenado Nour mientras que el sonrojo se tornaba mucho más notorio y rojo que dejaba cortas las manzanas del mercado.
– Yo nunca he mencionado que te gusta Auset, yo sólo dije que ella sería la testigo de Maat. – sonrió pícaramente Aten hacia su amigo.
– ¡Pero lo insinuaste Aten! ¡Además está prohibido! ¡Los sacerdotes y las sacerdotisas no pueden casarse…! ¡Bueno si pueden, pero con un dios o con una diosa solamente! – exclamó más avergonzado el pobre chico.
– Y también sabias que el Faraón puede otorgarte esa libertad de casarte. – la sonrisa de Aten se amplió de más haciendo que su amigo le fulminara con la mirada avergonzadamente.
– Sí, pero me temo que tu padre no quiera que su mejor sacerdote contraiga nupcias con una de las sacerdotisas.
– Mmm… en ese caso tienes razón. Pero eso no quiere decir que yo pueda hacer eso por ti.
– Si pero te recuerdo que ahora no eres Faraón eres un príncipe y necesitas ponerte al corriente con todos tus deberes reales, y más ahora que dentro de unos momentos tú y Maat se convertirán en los nuevos esposos reales de la corona de Menfis y Tebas.
– Sí, sí, eso ya lo sé. – soltó una risa divertida el joven heredero al trono.
– Bien, ya me retiro, buena suerte en el casorio Aten. La necesitarás. – se despidió Nour de su amigo mientras salía de la habitación dejando completamente sólo al príncipe.
– Waaaaaaah, ¿Ya se fue tu amigo? – bostezó Plagg despertándose perezosamente.
– Sí.
– ¿Así que hoy es el día en el que te casarás con la princesita, eh? – preguntó el kwami negro mientras se dirigía a la mesa a devorarse el delicioso pan recién hecho.
– Así es. – suspiró Aten mientras se perdía en sus pensamientos sobre cierta chica azabache y de ojos azules como el cielo. – Me pregunto, ¿Cómo estará ella?
*…*…*…*…*…*…*…*…*
– ¿Cómo te sientes Maat? – preguntó Auset a su amiga, para qué se hacia la desentendida, la sacerdotisa sabía perfectamente como su amiga se sentía.
– ¿Cómo crees que me siento ahora Auset? – replicó Maat en un tono entrecortado y hueco. Su mirada azulada ya no tenía aquel brillo que antes tenía, ahora era un mar profundo de lágrimas y dolor en ellos. – Dentro de unos momentos voy a casarme… con Aten… y todo… por culpa de su tío.
– Oh, Maat… cómo desearía poder ayudarte con todo esto que estas sufriendo. – pensó Auset con tristeza. – ¿Lo odias?
– ¿A quién? – preguntó la azabache.
– A Aten.
– ¿Por qué debo de odiarlo?
– Porque es el sobrino del hombre quien adelanto tu boda Maat. – la sacerdotisa sabia los pensamientos de su amiga, pero aun así quería descubrirlo, después de todo la pobre azabache ha tenido muchas emociones difíciles de controlar debido a este matrimonio que su padre le había forzado a hacer.
– No… no lo odio. – replicó Maat con sinceridad. – Aten no tiene nada de culpa de que Akenatón se haya metido en los asuntos de este matrimonio. Después de todo… mi padre, mi madre y el padre de Aten siempre lo quisieron así… jamás se interesaron en nuestra felicidad, si queríamos o no este compromiso.
– Maat… ¿Qué estas tratando de decirme? – preguntó Auset a su amiga, algo le decía que algo no andaba bien con la princesa, fue en ese momento cuando la sacerdotisa sintió como su sangre se congelo al instante.
– Anjesenamón… me confesó que… Aten está enamorado de mí. – Maat sintió un profundo pesar en su corazón. – Pero eso no es todo… yo… yo… yo amo a otro. Quería escapar con esta misma noche… pero ahora… ya no se puede hacer nada.
– Maat, ¿Acaso te has golpeado la cabeza con algo? ¿Cómo puedes hacer esa semejante barbaridad? Escaparte con otro hombre que no sea tu marido puede traer consecuencias graves. – la chica comenzó a entrar en pánico.
– Lo sé… pero… ya no tiene caso Auset. Porque cuando Ra reine los altos cielos de Egipto ya seré una mujer casada.
– ¿Y Aten lo sabe? – preguntó la sacerdotisa a su amiga, quien la miraba con tristeza y dolor.
– No lo sabe…
– Pobre Aten, si descubre que Maat está enamorada de otro hombre… le romperá el corazón a ese joven. – pensó con tristeza la muchacha sintiendo lastima por el amigo de Nour. –
– Auset. – llamó la azabache a su amiga. – Que todo esto quede entre nosotras, nadie, absolutamente nadie, ni siquiera Aten o su familia o la mía deben de enterarse de todo esto.
– Lo prometo, Maat. Yo jamás he faltado a tu palabra amiga. – juró Auset mientras tomaba ambas manos de su amiga de la infancia. – Pero también debes prometerme que no veras a este chico.
– ¿Qué…? – Maat sintió un vuelco en su corazón a la vez que su sangre se había congelado.
– Debes dar tu palabra Maat, ante los dioses, ante tu pueblo y ante tu marido debes prometer que jamás veras a este muchacho. – dijo con profunda seriedad la pelicafé, mientras que en su mirada marrón se veía una nube de tristeza y preocupación.
– Lo prometo. – mintió Maat con una sonrisa cálida y triste. – Lo siento Auset… pero… no podré cumplir esa promesa porque ese muchacho siempre lo seguiré viendo, y ese muchacho es: Khepera.
– Gracias amiga, tu lealtad y tu amistad hacen que mi corazón se llene de calma. – dijo Auset ya más aliviada.
– Yo soy la que debería de decir todo eso Auset. – rió la azabache divertida.
– Bien, creo que mi tiempo se ha terminado. Tengo que regresar con las demás sacerdotisas y los sacerdotes a preparar todo para la ceremonia. – dijo emocionada la sacerdotisa, justo cuando ella iba a salir de la habitación Maat la detuvo.
– Auset… quiero seas mi testigo de mi casorio. – la mirada y el rostro de la pelicafé brillo con intensidad de la inmensa alegría mientras que ella asintió felizmente por la noticia de su amiga.
– ¡Sí claro! – con eso ultimo ella salió de la habitación dejando sola a su amiga con una pequeña sonrisa en sus labios.
– Maat. – la princesa volteó sobre su hombro izquierdo y vio a su pequeña amiga con una mirada de culpa y tristeza. – Hoy es el día.
– Hoy es el día. – repitió y acertó la azabache mientras cerraba sus ojos y pensaba qué futuro le esperaría a ella y a Aten en está unión.
*…*…*…*…*…*…*…*…*
El sol había llegado hasta el punto más alto del cielo, todos en Menfis estaban de fiesta; las personas cantaban alegres canticos hacia los dioses, en especial por la diosa Hut-Hor, danzaban y tocaban alegres sinfonías con sus instrumentos. Mientras que todos ellos celebraban en las calles y preparándose para la llegada de la novia; Maat acompañada de su madre y de su amiga se encontraban en el templo de Hut-Hor donde ahí comenzaron a rezarle a la diosa para la felicidad y el amor en el matrimonio de la chica. Después de que terminaran con sus rezos y dejando ofrendas en el altar de la diosa; Maat comenzó a prepararse para salir del templo.
Frente de Maat se encontraban 8 sacerdotisas quienes comenzaron en avanzar a paso lento, detrás de la azabache se encontraba su madre y su amiga escoltándola hasta la salida del templo. Una vez que salieron todos de ahí, la ceremonia y el festejo comenzaron. Las personas que se encontraban en los tejados empezaron a tirar arroz y pétalos de flores hacia la novia, mientras que las personas que se encontraban en las calles cantaban, tocaban sus instrumentos y danzaban con gran gozo al ver a su princesa dirigiéndose directamente hacia el palacio.
Maat vestía una túnica larga y blanca hasta el suelo, más lujosa que la de la noche anterior, con bordados de oro y joyería de calidad y con hermosas piedras preciosas. La azabache mantenía su entre los tejados, buscando con su mirada azulada a su fiel y amado compañero gatuno, con la esperanza de que en ese momento saliera de su escondite y que se cruzará en su camino para robársela ahí mismo. Pero. Esa esperanza y deseo poco a poco fueron extinguiéndose cuando no veía a su amado por ningún sitio, a la vez que había soltado una risa seca y sarcástica cuando recordó que ella misma nunca le había dicho su identidad. "Menuda idiota", se había maldecido así misma, si tan sólo le hubiera dicho quién era desde el principio a Khepera desde que él se lo había pedido tal vez, sólo tal vez, esto no le estaría pasado. Jamás la rescataría porque él no sabía quién era detrás de aquel antifaz.
Al llegar a las puertas del palacio, Maat sintió un nudo en el estómago, sus piernas comenzaron a temblarles haciéndola sentir más débil de lo que ella ya estaba, sentía unas intensas ganas de vomitar, y, sentía como su corazón se detuvo por completo. Alzó su vista azulada y comenzó a subir las enormes y largas escaleras hasta el palacio, sólo faltaba poco para que su destino y su vida fueran sellados ahí mismo.
Entre tanto, Aten se encontraba en el salón de tronos.
El muchacho vestía una túnica blanca, con bordados en oro y joyería fina; a diferencia de la túnica de la novia, la del novio lucia corta por encima de los tobillos. Aten sentía en ese momento ansioso, sus piernas comenzaron a temblarles como si estuviera a punto de desfallecer en ese momento, su respiración estaba entrecortada, su garganta la sentía reseca al igual que sus labios, sentía cómo el sudor se escurría en todo su cuerpo, su mente se encontraba totalmente blanca, y, su mirada esmeralda no dejaba de ver aquella enorme y pesada puerta de la sala de trono.
Aten respiró profundamente, giró sobre su hombro izquierdo, observando los tronos vacíos de la reina, de su amada, y el suyo. Mientras que en los otros asientos simplemente se encontraban su padre y el padre de Maat, es decir, su casi suegro. Nuevamente la vista esmeralda volvió a tomar su lugar, algunas personas que se encontraban justo a un lado de la puerta también esperaban con emoción y paciencia a que estas se abrieran y se dejara ver la hermosa y afortunada candidata. Aten le costaba mucho por respirar que hasta su amigo tuvo que ayudarlo a recordarle en que se tranquilizara y que no se preocupara por eso.
Por cortesía de Akenatón se le había ordenado que unas bailarinas danzaran para animar el ambiente y así que no se notara la noción del tiempo por la llegada de la princesa. La música sonó y la bailarinas comenzaron a danzar llamando la atención de los invitados, a excepción de Tau, Garai, Aten y Nour quienes no dejaron de ver hacia la puerta; al momento en que las bailarinas terminaron con su danza, el sonido de las puertas abriéndose se escucharon haciendo que todos los invitados fijaran sus vistas hacia la puerta.
Las primeras en entrar fueron las hermosas sacerdotisas, vistiendo de la misma manera, ellas se habían formado en filas de dos, y de dos en dos fueron acomodándose y luego reverenciándose, extendiendo con un solo brazo hacia la entrada del salón de tronos. Acto seguido entró la Reina Sabah caminando a paso lento, con el rostro levantado y firme, mientras se dirigía hacia su trono dispuesta a sentarse al lado de su marido. Al momento de llegar ahí, ella fijo su mirada con la de Aten dedicándole una sonrisa cálida y maternal. La siguiente en entrar fue Auset quien del mismo modo como la reina camino a paso lento hacia el lado derecho en donde Maat se detendría.
Aten sintió como su corazón empezó a latir frenéticamente contra su pecho jurándose que dentro de cualquier momento ese órgano saldría disparado de su cuerpo, a la vez, que podía escuchar como su corazón retumbaba en sus oídos. En ese momento, fue cuando el joven principio sintió como su sangre se disparó hasta su rostro mientras que su corazón saltaba de gozo. Su respiración se detuvo por completo olvidándose respirar, un nudo se le formó en la garganta mientras que las lágrimas no tardarían por asomarse en sus ojos esmeraldas. Un mar de emociones comenzaron a inundar su pecho creando que el chico casi gritara de la emoción. Ahí, justo ahí en la puerta, se encontraba Maat observándolo fijamente.
Por muy extraño que le pareciera a ella, Maat se había quedado impresionada al ver al chico muy bien vestido. Su corazón comenzó a latir rápidamente que la hizo sentir confundida, sus mejillas no tardaron en arderle y todo su cuerpo comenzaba a temblarle sin motivo alguno. Respiró y exhaló silenciosamente; los latidos de su corazón hicieron que sus oídos retumbaran impidiéndole escuchar los instrumentos musicales que los músicos tocaban por su llegada; su vista no dejaba de observar a Aten quien en ese breve instante sonrió ampliamente iluminando así su aperlado rostro; al dar cada paso que ella daba sentía sus piernas temblarles que en si en un falso movimiento que ella daría tropezaría y caería delante de todas las personas más importantes de Alto y Bajo Egipto; sacudió todo ese pensamiento negativo y continuó andado hasta llegar a un lado de su, muy pronto, marido.
Verde y azul, tierra y mar, esperanza y tranquilidad; se habían encontrado uno al otro. Ocasionando que una corriente eléctrica recorriera en cada poro de ambos cuerpos de los futuros esposos. Aten entrelazó sus manos junto con las de Maat mientras que ambos no dejaban de mirarse, la sonrisa del príncipe se había ampliado de más mientras que la azabache tenía sus labios entre abierto formando una diminutiva "O" y, a su vez, sus mejillas se tornaron en un tenue tono rosado. En ese entonces, todo su entorno había desaparecido entre los dos futuros esposos, quedando sólo ellos dos. Fue en ese momento, cuando la voz de Tau los hizo volver en sí.
– *Es con el corazón lleno de alegría, que el Alto y Bajo Egipto, presencien hoy la unión del Ata Akhenaten Harsafes y de Jumoke Merit-Maat-Berenice. Que la unión de los dos sean bendecidas con una descendencia numerosa. – pronunció el Nafeer de Menfis frente a los jóvenes esposos, mientras extendia sus manos sobre las cabezas de ellos dos sin que los tocase. – Ahora los invito a ambos a pronunciar las palabras que consuman este matrimonio.*
– Jumoke Merit-Maat-Berenice. – la voz de Aten sonaba tan alegre, lleno de vida, de esperanza y gozo, hizo una pequeña pausa mientras observaba con ternura, amor y calidez a su, pronto, esposa. Y con una sonrisa tierna en sus labios dijo. – Te hago mi mujer.
– Ata Akhenaten Harsafes… – Maat lo miró atentamente, mientras que su cabeza le pedía a gritos que ya no continuara con esto y que dejara a un lado todo este compromiso y que escapara y buscara a Khepera para huir juntos, pero en cambio, su corazón le decía otra cosa que no lastimara a Aten y que le diera la oportunidad de hacerla feliz aunque sea poco. Respiró profundo, le sonrió débilmente pero con calidez y dijo. – Hazme tu mujer.
Todos sonrieron al momento de escuchar aquellos hermosos y sinceros votos de lealtad y de amor entre los dos amantes, Aten no pudo sentirse el hombre más feliz y afortunado del mundo y de todo Egipto, mientras que Maat simplemente dejó a un lado su felicidad para ofrecérsela al hombre quien, ahora, es su marido.
– Y ahora frente a ustedes los esposos firmarán el consentimiento de matrimonio, y en el momento en que crucen por la puerta del palacio serán marido y mujer ante la mirada de todos ustedes. – prosiguió Tau. – Pero antes firmar. Ata Akhenaten Harsafes, Jumoke Merit-Maat-Berenice. Entre todos los presentes, ¿A quiénes han elegido como sus testigos?
– A Nour. – el nombrado se sintió completamente honrado y orgulloso, mientras que el sacerdote hizo una reverencia hacia la pareja complacido por su elección.
– A Auset. – dijo Maat, haciendo que Nour y la nombrada se tornarán completamente rojos de la pena mientras desviaban sus miradas hacia el otro lado, evitando cualquier contacto visual entre ellos. Claro que Auset le dedico disimuladamente una mirada de vergüenza y odio hacia su amiga.
Acto seguido, Aten y Maat firmaron el papel seguido por los dos sacerdotes, quienes por cierto, al momento en que les iban a entregarle la pluma, ellos, sin querer tocaron sus manos haciendo que al chico le latiera tan rápido el corazón y a la chica sintiera su rostro arder; ocasionando que Aten y Maat sonrieran divertidos ante la escena. Una vez firmado el consentimiento, Aten tomó la mano de su, ahora, esposa y comenzó a guiarla hasta la entrada del palacio. Al cruzar la puerta, los nuevos esposos se detuvieron al pie de las escaleras, mientras observaban un carruaje siendo jalado por dos caballos blancos y guiados por un soldado de la guardia real. Detrás de ellos sintieron las miradas de los invitados, Maat junto a su esposo se voltearon y observaron que tanto sus familiares como sus invitados sonrieron felizmente. Acto seguido, Tau junto a su esposa y su nuevo "hermano" Garai avanzó hacia donde se encontraban los nuevos esposos y con una voz audible y de liderazgo dijo.
– Ante ustedes los nuevos esposos de la corona de Tebas y Menfis: Ata Akhenaten Harsafes y Jumoke Merit-Maat-Berenice. Príncipe y Princesa de Tebas y Menfis. – los aplausos y los gritos felicitaciones no tardaron por escucharse de todos los presentes. – Y ahora, los nuevos esposos recorrerán por todas las calles de Menfis que presenciarán la bienvenida de su matrimonio y del nuevo Príncipe de Menfis.
Aten, sin haber soltado la mano de su (ahora) esposa, la condujo hasta el carruaje. El príncipe la ayudó a subirse en el transporte mientras que ella hizo un gesto de agradecimiento, al momento en que los dos amantes se habían subido a la carroza, el soldado comenzó a andar a los caballos mientras que estos tiraban del transporte y dirigiéndose hacia las puertas del palacio. Una vez que las enormes puertas de la entrada se abrieron, el nuevo matrimonio dieron su recorrido por todas las calles de Menfis, las personas del pueblo empezaron a cantar y danzar con extremo gozo mientras que las otras personas que se encontraban en los tejados arrojaban arroz y pétalos hacia los esposos. Aten y Maat hicieron un cordial saludo a todas las personas que pasaban por ahí, entre tanto la mirada esmeralda del rubio había desviado su mirada para centrarse con su mujer, quien no dejaba de saludar y sonreírle a su gente. El Príncipe de Tebas sonrió tiernamente a su esposa que acto seguido tomó la mano de ella y depositó en el dorso de su mano un cálido y tierno beso en él, haciendo que la chica lo mirara sonrojada y perpleja.
– Mi amada esposa, ¿No cree que toda Menfis debe ser testigos de que nuestra unión ya está confirmada? – preguntó educadamente Aten a su esposa, Maat sabia con exactitud a lo que su… esposo… se estaba refiriendo. Su garganta se sentía seca que sus palabras no alcanzaron a decir palabra alguna. – ¿Maat? – el chico la miró preocupado mientras que ella no había dicho nada con la pregunta que le había hecho. Fue en ese entonces que ella asintió.
– Sí… puedes hacerlo. – dijo débilmente la azabache mientras mantenía su mirada azulada agachada, no quería que Aten mirara sus ojos mostrando tristeza, dolor y arrepentimiento.
– Gracias, por tu permiso. – en ese momento, la mirada de Maat cambio repentinamente, ahora ella mostraba en sus ojos confusión y sorpresa. Alzó su vista para encontrarse con la mirada esmeralda de su marido, quien mostraba agradecimiento, felicidad y gozo.
Aten con suma delicadeza acercó a su mujer junto a él, con su mano izquierda le acarició tierna y gentilmente su suave y moreno rostro claro de su amada, y poco a poco el rubio fue acercando su rostro con la de la azabache. Ambos sintieron sus respiraciones sincronizadas mientras que sus labios se rozaron uno con el otro, ocasionando que ambos esposos sintieran una descarga eléctrica recorriendo en cada poro de su cuerpo, y acto seguido Aten y Maat unieron sus labios fusionándose en un beso inocente e inexperto. Al momento en que los dos amantes habían sellado su unión tras ese beso, la gente de Menfis gritaba y celebraba eufóricamente por el matrimonio de ambos jóvenes.
Aten, al sentir los labios de su esposa, se sentía como si hubiera fallecido en ese momento para luego ser llevado directamente al Aaru. Su corazón saltó de gozo y alegría, su mente no dejaba de pensar que aquellos dulces y suaves labios de Maat encajaban perfectamente bien con los suyos, pareciera que los dioses hubieran creado esos labios solamente para él. Eran perfectos y suaves. Aten no puedo evitar sentirse feliz, y mantendría esa felicidad a salvo junto con su esposa pasara lo que pasara. Por siempre.
Entre tanto, Maat, era otro caso diferente. Al sentir los labios de Aten junto los de ella, no pudo evitar sentir un nudo en el estómago, pero, a la vez, una sensación cálida y agradable en su pecho. Su cabeza le gritaba sin fines de groserías y quejas sobre su traición con Khepera y, a su vez, que había perdido la oportunidad de dar su primer contacto labial con él… pero… por otra parte, su corazón, le decía otra cosa que la conmovió y que la hizo sentirse confundida; aquel beso era una sensación agradable y cálida, como si esos labios fueran como los pétalos de una flor en primavera, el toque más suave que jamás en su vida había podido sentir, es más, hasta las ropas más cómodas y suaves que ella vestía se quedan atrás. Maat quería sentir más de aquel agradable toque de los labios de su esposo, así que, se limitó en mover sus labios para poder sentir ese suave y mágico toque que la hacía sentirse en las entradas del Aaru.
Aten correspondió al beso de su amada, ignorando todas aquellas que personas que eran testigos de su unión. Ambos se separaron y se miraron fijamente a los ojos del otro, mientras sentían aquel cálido ardor de sus labios implorando ser besados nuevamente. Maat desvió en ese momento totalmente apenada mientras que el sonrojo en sus mejillas las decoraban encantadoramente, Aten sonrió gustoso y feliz, inflando su pecho con orgullo y mirando con cariño y ternura a su esposa. Soltó la mano de la azabache, lo cual para ella sintió como la calidez iba siendo reemplazado por el frío; justamente cuando ella iba a mirar a su marido con una expresión confundida, Aten, rodeó con su brazo la cintura de su mujer para luego acercarla más a él. Maat agacho un poco su rostro mientras que una sonrisa se cruzó por sus labios rojizos, mientras que ella disimulaba en seguir saludando a su pueblo.
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Mientras tanto, en uno de los balcones del palacio se encontraba la misma mujer del banquete quien había observado aquel acto que el rubio y la azabache habían hecho frente a toda Menfis. Una sonrisa de felicidad y orgullosa se cruzó por los labios de la mujer, mientras que sobre su hombro se encontraba aquel diminuto ser en forma de tortuga quien también había observado toda la escena del nuevo matrimonio.
– Fue una excelente elección, ama. – dijo la tortuga a la mujer.
– Fuero destinado del uno para el otro, amigo mío. – sonrió la mujer. – Pero más que nada deben unidos más que nunca, ya que ellos deben de estar preparados por lo que está a punto de venir.
– Ama, ¿Usted cree que ellos pronto revelarán sus identidades?
– Eso ya sería decisión de ellos, Wayzz, - la mujer observó a su kwami con tranquilidad. – Sólo espero que cuando eso ocurra, esto no afecte su matrimonio y su compañerismo.
– Yo también, ama, yo también. – dijo Wayzz mientras observaba a las personas saludando y alabando a los nuevos esposos.
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Al terminar el recorrido, Maat y Aten regresaron nuevamente al palacio, en donde se celebró un grandioso y fascinante banquete por la unión de la nueva pareja de esposos. Se sirvieron diferentes manjares dignos para los mismísimos dioses, y el vino se había vuelto más exquisito y delicioso que hasta los invitados exigían más y más de aquel delicioso elixir. La música no paraba de sonar mientras que las bailarinas más hermosas danzaban agradando así a todos los varones, a excepción de Aten y Nour quienes simplemente conversaban agradablemente con Maat y Auset.
Todo parecía estar tranquilo al entorno de Aten y Maat, hasta que la chica sintió un tremendo escalofrío recorriéndole por toda su espina dorsal haciéndola estremecer. La azabache volteó en todo su entorno mientras observaba que cada invitado hacia sus cosas, como en, beber; comer; platicar; seducir y entre otras cosas más. La chica no le tomó mucha importancia, pensando que probablemente sería su imaginación volvió a retomar la plática con sus amigos y su nuevo esposo como si nada hubiera nada hubiera ocurrido en ese momento. Pocos segundos después, Maat volvió a sentir aquel extraño suceso en su cuerpo, pero esta vez había sido mucho más estremecedor y molesto, detrás de su nuca podía sentir como si alguien intentara en clavarle un sinfín de cuchillas, disimuladamente se pasó una mano detrás de su cabeza mientras se masajeaba la nuca, pero aun así no podía dejar de sentir esas molestas punzadas invisibles siendo clavadas sobre su cabeza.
– ¿Sucede algo, Maat? – preguntó Auset a su amiga.
– No, no pasa nada. – replicó tranquila, pero eso significa que aun podía sentir ese escalofrío erizando cada vello de su piel y nuca.
– ¿Segura? Te veo algo tensa. – dijo la pelicafé ala azabache quien comenzó a incomodarle todo esta situación así que se le ocurrió en improvisar algo que la sacara de las dudas de su amiga.
– ¿Y cómo no estarlo? Anoche celebré mi compromiso con Aten y luego aparece el Faraón Akenatón adelantando la boda.
– Espero que esto no afecté tu relación con el Ata. – dijo Auset mientras observaba a Aten junto con Nour platicando con el padre de la princesa.
– Sé que Aten no tiene la culpa de lo que hizo su tío… pero… por Ra no puedo con esto, es un enorme pesar que cargo en mi corazón Auset. – comentó la pobre Maat sintiendo un vuelco en su pecho.
– Tienes que olvidar a ese muchacho Maat. Ya eres una mujer casada, y todo Egipto sabe tu matrimonio con Aten.
– Lo sé, lo sé… mejor ya o hablemos más de esto Auset, hace que mi cabeza me esté dando vueltas y comienza a dolerme.
– ¿Quieres que llame a Aten para que te lleve a tu habitación? – preguntó preocupada la sacerdotisa a su amiga, quien simplemente ante ladeó en negación.
– Prefiero evitar las miradas insinuadoras y llenas de perversión de todas estas personas cuando me vean pasar junto con Aten a llevarme a mis aposentos.
– "Sus" aposentos. – corrigió Auset. – Recuerda Maat, ya no dormirás sola en tu habitación, y, además, te recuerdo que tu padre te envirará a ti y a tu esposo a su nueva habitación.
– Gracias por recordármelo amiga. – dijo sarcásticamente la azabache haciendo que su amiga ladeara la cabeza negativamente.
– También… hay algo que debo recordarte Maat. – comentó la pelicafé mientras agachaba la mirada.
– ¿Qué es? – preguntó la azabache mientras se dispuso a beber su vino.
– Sobre la prueba de tu virginidad. – Maat no además escupió su vino sino que casi se ahogaba con él, llamando en ese instante la atención de sus padres, su suegro, y sobre todo de su marido, quien corrió directamente hacia a ella con una expresión preocupada y alarmante.
– Maat. ¿Maat estás bien? – preguntó Aten mientras le sobaba la espalda a su mujer.
– E-Estoy bien… – decía ella entre toses. – Bebí rápido el vino. No es nada grave.
– Gracias a Ra. Debes tener más cuidado en beber ese vino, Maat.
– Sí lo tendré en cuenta. – carraspeaba la azabache mientras desaparecía los toses. – Si no te importa Aten, quisiera que nos diera privacidad a mí y a Auset en seguir conversando. – Maat lo miró atentamente mientras que él obedecía a su esposa.
– Está bien, si es lo que mi esposa desea, entonces, acataré su orden. – el muchacho tomó la mano de su esposa mientras depositaba un beso en ella, ocasionando que todas las miradas de los incitados se centrarán en la pareja. – Con su permiso, señora mía. – al decir eso Aten se fue, dejando nuevamente a solas a las dos amigas.
– Esto es incómodo. – resopló cansada la azabache.
– Todo a su tiempo Maat, apenas eres una recién casada. Ya verás que a su paso te acostumbrarás que Aten te llamé de esta forma. – dijo Auset tratando de animar a su amiga, pero en cambio Maat le dijo.
– No se trata a que Aten me llame de esa manera, sino que, es por su manera en cómo se comporta conmigo. No se merece esto.
– Maat…
– Se lo que me vas a decir Auset… pero… mientras que tenga en mi mente a ese joven, no podré darle la oportunidad a Aten a entrar en mi vida, apenas puedo considerarlo como amigo, pero más allá de una amistad… no lo veo de esa forma. – la sacerdotisa sintió lastima por sus dos amigos; por Maat era porque sonaba algo egoísta pero también comprendía sus sentimientos hacia a aquel joven misterioso que había entrado a su vida, y por Aten era porque aun sabiendo que él amaba a Maat con tanta locura no tendría esa oportunidad de ser amado por su propia esposa.
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Las horas se habían pasado volando y la noche arribó. El recién matrimonio fue guiado a su nueva habitación, que era el doblemente de grande que la habitación de Maat o de Aten, al ser dejados en su alcoba los sirvientes se retiraron dejándolos completamente a solas. Maat no dijo nada y no se atrevió a mirar a Aten de ninguna manera posible, la habitación se puso densa y pesada haciendo que al muchacho se sintiera bastante incomodo por el ambiente.
– Maat. – llamó el rubio a su azabache, pero antes de formular algún comentario ella habló rápidamente.
– Antes de que menciones algo Aten, sólo quiero decirte que no pienso acostarme contigo. – aquellas palabras parecieron cuchillas que hicieron sentir mal al joven, pero ates de que comenzará a pensar mal siguió hablando su esposa. – Como verás… aun no me siento preparada para esto… sé muy bien que para consumir a fondo este matrimonio es entregándote mi virginidad, pero, no estoy lista, no aun.
El Príncipe de Tebas sonrió cálida y tiernamente a su esposa, quien se encontraba cabizbaja y sonrojada, sintiéndose aliviado de que todo aquello que le mencionó la azabache era pena; y cómo no de estarlo, ella apenas es una joven virgen que se sentía apenada de entregarse a su propio marido. Aten se acercó a ella y la envolvió en un abrazo haciéndola estremecer ante su contacto.
– Está bien. No tienes nada de que apenarte y preocuparte, no voy a presionarte a nada si no quieres hacerlo. Esperaré el día hasta que te sientas preparada en hacerlo, seré paciente, lo prometo. – dijo Aten en un tono tranquilo y sincero que esto causo que el corazón de su joven esposa latiera mil veces por hora.
– Gracias por entender. – al decir eso, Maat se separó de su esposo sin siquiera mirarlo. Se acostó en la cama dándole la espalda.
Aten también hizo los mismo que su esposa, tenía pensado en abrazarla por detrás pero al verla en aquella posición fetal supo que ella no estaba preparada en dormir al lado de un hombre, o al menos eso fue lo que le dijo su prima Anjesenamón. Tenía que ser paciente, si quería tener la confianza de su esposa tenía que hacerlo, aunque le costase para que ese momento llegase. Aten suspiró silenciosamente agotado, cerró sus ojos y se quedó profundamente dormido al igual que Maat.
Por fiiiiiiin
Dos días en desvelo para que esta belleza de capitulo fuera terminada.
¿Qué les pareció el casamiento de Maat y Aten?
Háganmelo saber.
La verdad tuve algunos problemas con los escenarios y diálogos de los personajes, además de que casi me da un infarto cuando pensé que no había guardado el capítulo al tener que reiniciar mi computadora. Sentí que mi alma se iba hiendo de mi cuerpo.
Aún sigo pidiendo de su ayuda con esto de los akumatizados, así que por favor dejen sus ideas sobre las akumatizaciones y les prometo que para los siguientes capítulos les serán publicados.
Nos leemos en la siguiente aventura.
Atte.: Queen-Werempire
*Aaru*: en la mitología egipcia era el lugar paradisíaco donde reinaba Osiris.
*El diálogo que dice Tau, Aten y Maat lo saqué de la serie de "José de Egipto" si no saben de qué se trata les recomiendo que la vean es una fascinante y magnifica historia y serie*
Princess of Troy: Me alegro mucho de que te haya encantado el capítulo anterior. Sé que te afectó mucho de que Akenatón haya metido las narices en donde nadie lo llama pero es que quería ponerle un poco de trama a la historia, y no te preocupes por Maat y Aten tendrán pequeños problemas al principio de su matrimonio pero sobrevivirán a ello.
Melodie: (La consuelo) Ya no llores Melodie, pero mira el lado positivo ya están casados y sí sé que me pase un poco con Akenatón y el padre de Maat pero quería poner suspenso y drama a esta historia.
RudeGirl1998: Jajaja, te aseguró que Maat no asesinará a Aten por el error que cometió Akenatón. No sabes el gusto que me da al saber de qué te esté guastando el fic. A mí también me agrada la prima Anjesenamón es por eso que decidí en ponerla en esta historia ya que ella será un personaje muy importante para la vida de Aten y Maat, ella será algo como "La Cupido Egipcia". Si no sabes a que personaje me estoy refiriendo en Chione te recomiendo que veas "Miraculous Ladybug" ahí la respuesta a tu pregunta será contestada. (La verdad no me gusta hacer spoilers) Me encanto tu idea del akumatizado, te prometo que tu personaje lo pondré en uno de los capítulos de esta historia.
