Advertencia: insinuaciones de violación y asesinato.

La habitación blanca.

El rubio ya estaba en el centro de esa enorme habitación blanca, con nada más que él en el medio del lugar. Todo eran paredes, altas y sin colores, él sentado con una bata de color blanco y los músculos del cuerpo adormilados, pesados, tensos.

Sus labios estaban muy rojos debido al calor intenso del cuerpo, los ojos cristalinos, como si tuviera fiebre, sin embargo estaba sudando frío, con los cabellos pegados a las cienes.

Le habían aplicado un relajante muscular para evitar que se moviera demasiado, sin embargo no un sedante. Habían entendido que no tenía sentido alguno tenerle inconsciente, pero sí menos tenso.

Las piernas le fallaban, por eso estaba de rodillas. Y a su alrededor había un aroma a omega que le dilataba las pupilas en curiosidad, estaba seguro de que ese aroma no provenía de él, y de que tampoco hacía falta que lo hiciera cuando entraran en la habitación el resto de sujetos de prueba.

Era terco, estaba luchando por ponerse de pie a pesar de saber que era inútil. Su cuerpo peleaba por metabolizar el agente exterior que circulaba por sus venas: aún con el metabolismo tan eficiente que tenía iba a tomarle tiempo, era justamente lo que menos tenía.

Maldición, el aroma era tan fuerte que le mareaba. Estaba seguro de que eran feromonas Omega. Ya una vez habían intentado inyectarle eso, lo único que habían conseguido era a él ardiendo en fiebre, vomitando durante tres días, mucho más irritable y agresivo que nunca. Pero jamás se rendían…no entendían que no sucedía lo que querían porque él así lo deseaba, porque él no lo permitía ni iba a hacerlo nunca.

Estar allí era la aberración más cruel y grotesca, obligando al visitante a entrar en celo para que le convenciera a él de hacer lo mismo. Pero cuando el instinto más primario se despertaba los Alfa jamás preguntaban primero, ellos buscaban obligar.

Desgraciadamente ningún omega había logrado hacer surgir su celo alfa, ni siquiera las malditas hormonas concentradas que le golpeaban hasta el más insensible de los sentidos; y tampoco ningún alfa había podido someterle con los resultados deseados. Era asqueroso era horrible. Las visitas allí eran lo único que podía hacerle temblar de verdadero miedo. Podía soportar el dolor con los labios tensos y la frente en alto, pero no podía con eso: estar ahí le sobrepasaba.

Aceptaba casi cualquier cosa, había atravesado aberraciones perversas sin inmutarse, pero aquello…obligarle estar ahí era cruel, era tan perverso que incluso a él le causaba arcadas. Era la cúspide de lo retorcido ser forzado a estar dentro de ese lugar.

Todos dentro de ese sitio eran tratados como animales sin razonamiento. Él realmente a veces sentía pena por los Omega, porque contrario a él si cedían, y luego…. Agitó la cabeza, una línea de sudor resbalaba por su frente, atontado, se llevó ambas manos al rostro antes de enjuagarlo.

No quería pensar, no tenía ganas de revivir recuerdos…de saber lo que sucedía. Quería olvidar, ser ignorante de lo que pasaba: no recordar el llanto, los gritos, ese aroma metálico de la sangre…luego la frialdad. Sus palmas se presionaron más fuerte contra su rostro.

No….

Ya habían intentado literalmente de todo, pero él no tocaba a los Omega en celo, y su cuerpo se tensaba lo suficiente para evitar una fertilización no deseada por él si le forzaban….. No era estúpido, sabía lo que querían…querían a más como él, pequeños híbridos para poder despedazar y así desentrañar esa fibra evolutiva que estaba presente en ellos. El mero pensamiento le carcomía las entrañas causándole nauseas.

No podría soportarlo, la idea de ver a pequeños cachorritos…a sus cachorros…siendo objeto de la más infame de las experiencias, alejados de él mucho antes de siquiera ver sus caritas.

Los ojos se le cristalizaron, gruñó de rabia e impotencia.

Cuando las puertas se abrieron pudo ver la silueta alta del siguiente ocupante. Tembló y se estremeció, ya reconocía al visitante, era alto (como eran los alfa) y con el cabello pelirrojo, sus ojos azules se dilataron al observar al único otro presente, plagado de hormonas omega, detrás de él entró un castaño, un poco menos alto, él desvió la vista de ambos sin ganas de observar sus caras.

Comenzaba a sentir asco, se encogió sobre sí mismo al olfatear el incipiente aroma en el aire, las feromonas alfa que le llamaban pidiendo sumisión, pero lo que le produjo más repulsión fue el aroma familiar que invadió sus fosas nasales como una sentencia.

Sus ojos se abrieron de par en par, pupilas dilatadas con dolor, y brazos todavía torpes. Se sentía mortificado. Sus labios se fruncieron en un amago de jadeo, dientes apretados. El corazón se le estrujó dentro del pecho de forma dolorosa.

¿Por qué Pino? Cualquiera menos él. No soportaba la idea de que precisamente él le viera en esa situación tan vergonzosa, tan débil sentado en el piso sin opción a escoger, no quería que viera lo que iban a hacerle, no podría verle al rostro de nuevo después de eso, no él, no.

Estaba vulnerable, levantando aun así la cabeza, evitando a toda costa mirar esos grandes ojos expresivos que podía sentir taladrándolo, como pidiendo una explicación de su estado.

Comenzó a gruñir de forma silenciosa, el uniforme blanco que traía puesto le parecía muy poco, con la tela tan delgada que el helado piso de lozas pulidas quemaba contra su piel caliente. Se estremeció, y no levantó la vista cuando las puertas fueron selladas a espaldas de los alfa.

Los ojos de estos se abrieron de par en par. Sus pupilas estaban dilatadas que lo miraban fijo, aquello no le pareció una buena señal al rubio, se encogió en su lugar, apretando fuerte las piernas, rodillas juntas entre sí. Mientras tanto el castaño solo lo miraba, con ojos fijos en el semblante confundido, él desvió el rostro, sintiendo los párpados inferiores más húmedos de lo que deberían estar.

-No se acerquen –Susurró en in titubeo de voz. Era un gruñido de advertencia a pesar de que no iba a poder moverse muy rápido, al menos no sin tropezar. Ni siquiera podía erguirse del modo correcto.

El moreno se arrodilló frente a él, viéndolo como si no creyera lo que se dibujaba frente a sus ojos. Dio una mirada alrededor y luego volteó a verlo de nuevo, pupilas titubeando hasta que la comprensión le golpeó con la fuerza de un titán, haciéndole jadear después. Los otros dos se arrodillaron frente a él, gruñendo de forma baja, sus pupilas dilatadas y los ojos entrecerrados.

-Esta es la habitación blanca…. –Titubeó él en respuesta, queriendo ignorar cómo los alfa aspiraban en su dirección, buscando acercarse lo más que podían.

El castaño frunció las cejas, mirándolo con pesar.

-Rubio…. –Sus manos se levantaron para tocarle por los brazos, pero se detuvo al escuchar el coro de gruñidos.

-No me toques –Le espetó, gruñéndole, a la defensiva como aquella vez que tocó su cuello sin avisar.

Cuando sus manos se alejaron del híbrido todos los gruñidos cesaron.

-No voy a hacerlo –Le consoló, retrocediendo un poco apenas, demasiado desconfiado de lo cerca que estaban los alfa.

El ambiente olía tan fuerte, y luego estaban los otros dos. Sus feromonas le mareaban, y comenzaban a molestarle de una manera anormal que le obligaba a erizarse. Nunca antes el aroma a alfa le había enfurecido tanto. Se quedó con ganas de gruñir como ellos lo hacían, todos se quejaban entre gruñidos, mirándose entre sí como verdaderas bestias.

Hasta donde sabía todos los alfa se llevaban bien, los había visto darse miradas de apoyo durante el trayecto por el largo corredor, y en ese momento eran tan solo dos desconocidos…. Cuando se dio cuenta de lo que sucedía sintió una oleada de rabia recorrerle, y una de profunda tristeza también.

Estaban entrando en celo, lo podía ver cuando ellos jadeaban en bocanadas tensas de aire, y en medio de todo estaba el mareado Híbrido…. Jadeó horrorizado, con los ojos abiertos de par en par ante tan abrupta realización. Sintió odio y pena. Ansió con más ganas de salir de ese espantoso lugar…no pudo siquiera imaginar lo que sería estar doce años ahí….

Sin meditarlo soltó un tenue gruñido, pero no era ni de cerca bestial, era solo un refunfuño de rabia, de molestia e impotencia que reverberaba por su garganta, trepando sin consideración. Quiso liberar al rubio de ese sitio, sentía las mejillas muy rojas y los ojos cristalinos, odiaba tener que presenciar algo tan…retorcido.

Luego el rubio lo miró fijamente, sus ojos estaban cristalizados y sorprendidos porque el castaño no había comenzado a gruñir y a entrar en celo como lo hacían todos, alfas y omegas, pero supuso que era otra anormalidad a la lista ya hecha. Quiso pensar que después de eso iba a poder preguntarle a qué se debía, pero…no tenía realmente esperanzas de eso.

-Este aroma es demasiado fuerte –Frunció la nariz, molesto por la dulzura alrededor. Solo intensificaba el olor natural que acentuaba el lado omega del Híbrido.

Para ese punto los otros dos alfa no escuchaban palabras, solo sonidos que salían sin forma de los labios de los otros, y gruñidos que amenazaban con tomar lo que les pertenecía.

-Son feromonas Omega…las usan para activar los celos de los Alfa. –Gruñó, retorciéndose hasta retroceder del grupo de tres.

El moreno frunció el ceño. Era consciente de que nadie podía detener a un Alfa cuando entraba en celo además de otro Alfa. El rostro entero del rubio se pintó de vergüenza mientras bajaba la mirada. Habiendo comprendido el otro se mantuvo quieto, dándole una mirada.

No supo cómo reaccionar, solo…sintió que el pecho se le quemaba, cómo algo ardía dentro de él, con rabia, como si le hubieran lastimado profundamente a él.

Después de eso no hubo muchas palabras, solo miradas fieras que se daban los Alfa entre ellos y gruñidos toscos que se elevaban por encima de la bruma de hormonas territoriales que estaban empapando por completo el ambiente, mientras el castaño se mantenía de rodillas en el piso, delante del híbrido.

Es mío

Parecían gruñirse entre sí los Alfa antes de comenzar a intentar llegar al rubio, este pateó como pudo, y gruñó en advertencia, pero eso parecía solo incitar a los cegados Alfa. El castaño se puso delante de él, y comenzó a empujar a los otros, todo vuelto un revoltijo de pies y brazos, de gruñidos y quejas.

Quítate

Es mío

El Omega es mío

Como una burla una maldita tonada de ópera resonaba entre las paredes, buscando acallar todos los gruñidos y lloriqueos que resonaban. La voz de mujer era aguda, alcanzando notas muy altas.

El híbrido solo estaba centrándose en no sentirse tan asqueado por el constante de aromas que inundaban la estancia de color blanco. Siempre pasaba una semana dentro del maldito sitio, encerrado con no menos de tres Alfas…observando la pelea territorial y de golpes que se propinaban antes de que uno de ellos se le echara encima y fuera su turno de defenderse a base de puños y patadas.

En ese momento estaba Pino, evitando que se acercaran demasiado a él, aquello le hizo sentir mejor de lo que debería, porque sabía que este no quería que él le diera cachorros, que no quería montarle como si se tratara del único Omega disponible.

Aunque lo era. A pesar de no ser verdaderamente un maldito omega.

-¡Por favor! –Gritó el moreno, tras ser arrinconado por uno de los alfa, su cuerpo impactando fuerte contra la pared –¡Ya basta! –Pidió, tratando de hacerle entrar en razón –no está bien…

El rubio se movió sobre el piso, buscando ponerse de pie por su propia cuenta. El rostro amarillento con los ojos muy cristalinos.

-Es inútil…jamás van a escucharte. Para ellos eres solo un obstáculo a superar. –Respondió como pudo, aspirando profundamente una bocanada de ese apestoso ambiente.

-No quiero pelear con ellos –Respondió, evitando ser golpeado por la fuerza demoledora del pelirrojo.

El híbrido se puso de pie, tambaleante, se aferró a uno de los laterales de la habitación. Su cuerpo estaba ligeramente flexionado hacia adelante, temblando como si sintiera dolor.

-Entonces solo…hazte a un lado –Dijo, en forma de gruñido. No quería que se apartara.

Los alfa peleaban entre ellos hasta que los rivales terminaban inconscientes o demasiado heridos para continuar peleando por el omega y si el moreno se retiraba por voluntad propia…iba a presenciar todo lo que pasara, no podría con eso.

La espalda del pelirrojo impactó contra el piso, dejando solos a los dos castaños que se empujaban entre sí, y se golpeaban entre ellos con el afán de alejar al otro del híbrido.

El moreno tenía experiencia en eso, porque vivía rodeado de personas que año tras año habían intentado hacerle expresar algo a través de sus feromonas de todos los modos posibles, su preferido era moliéndole a golpes en un entrenamiento riguroso para (de paso) enseñarle a defenderse. Sabía que un alfa furioso era un alfa ciego.

Se cubría con los brazos el rostro, estando de espaldas al piso, y empujaba con fuerza con las piernas al otro, buscando patearle el pecho y el torso para sacárselo de encima.

El híbrido se sentía estúpido, su sistema estaba depurando a su paso la droga inyectada, pero no estaba siendo demasiado rápido, estaba pensando en hacer acopio de sus feromonas Alfa en busca de contrarrestar las Omega que eran acentuadas por las artificiales para ver si era capaz de hacer más que solo tirarse a gruñir de frustración.

Gruñía de rabia al ver a los Alfa golpeando al castaño, no tenía forma de ayudarse a sí mismo, y no tenía la certeza de si el moreno iba a soportar lo que los otros podían. Tenía miedo de que fueran a lastimarlo…. Rabió y gruñó con fuerza, revolviéndose cuando el otro alfa se sumó a la pelea entre esos dos.

Parecían un grupo de lobos rabiosos, podía ver una cabellera castaña impactando contra el piso, pero su vista estaba poniéndose borrosa, su sistema buscaba a toda costa eliminar lo ajeno a su cuerpo le estaba mareando. Estaba angustiado de pensar que era el castaño el que gemía de dolor con su cabeza golpeteando el piso duro.

Luego de eso dejó de moverse, y un grupo de gruñidos cesaron para luego renovarse de forma violenta, ahora podía ver unos cabellos rojizos moviéndose velozmente y la otra cabellera castaña esquivando y correspondiendo. Cerró los ojos, nublados, antes de recostar la cabeza contra el muro, sentía que el cuerpo le estaba fallando.

No tuvo certeza de cuánto tiempo transcurrió cuando pudo volver a enfocar, solo supo que una cabellera castaña estaba casi sobre él, frunció el ceño, y cuando pudo ver de nuevo estaba un Alfa cerniéndose sobre él, olfateando en su dirección con expresión extasiada.

Podía ver al maldito casi tan contento que brillaba, gruñendo de forma más suave en un intento de reclamarle como a su premio.

Gruñó y levantó los brazos, buscando empujar con fuerza al otro, pero sus brazos titubearon, como siempre que le drogaban. Levantó el mentón, viéndole de forma despectiva mientras sus caderas coincidían y el alfa empezaba a moverse de forma sutil justo sobre estas.

Sus gruñidos eran fuertes, como demostrando su supremacía, enseñándole al otro que era digno, que era fuerte y debería estar contento, gruñendo y dando ronroneos para él porque había sido el mejor Alfa. Restregó su rostro sobre su pecho, buscando pintar su aroma sobre esa camiseta blanca que de pronto se volvió estorbosa para él.

Pero el rubio…él no se sentía dichoso por tener al alfa más fuerte restregando su cabeza sobre su piel, él se sentía…débil.

El híbrido volteó el rostro, angustiado, buscando ver a dónde es que estaba el castaño y si estaba bien ahora que confirmaba que efectivamente, aquel golpe seco había sido a su cabeza. Miró al moreno tirado cerca de donde estaba el otro Alfa, mucho más mareado que su oponente, pero no bajaba la cabeza, el pelirrojo le estaba reconociendo como un superior al no moverse un ápice de su sitio.

Desvió la mirada, no queriendo observar el rostro del entorpecido castaño mientras el otro deslizaba sus dientes por encima de su pecho, rasguñando la tela como si pudiera hacerla desaparecer con eso.

Probó de nuevo mover sus extremidades, que seguían acalambradas, siendo torpes y lentas. Era frustrante, levantó los ojos y le gruñó con fuerza al alfa, buscando hacerle saber que le detestaba y que no quería que le tocase, pero aquello solo servía para que el alfa le gruñera, pegando su mejilla contra la suya, volteándole el rostro de lado para poder olfatearle de cerca. Él se resistió, gruñendo con fuerza, completamente disgustado.

Él no quería eso….

Volvía a empujar la cabeza, provocando la furia del otro. Sabía que si le hacía enojar iba a provocar que le tomara por la fuerza, nada de sutilezas, solo gruñidos toscos y mordidas insensibles para hacerle dejar de gruñir con rabia y comenzar a sollozar cálidamente: eso era lo que el alfa quería que le diera, pero el rubio no podía….

Un ruido le hizo volver la mirada, el castaño estaba poniéndose de pie, con la frente sangrando y los puños tensos antes de empujar a un lado al Alfa lejos de él.

-¿Puedes moverte? –Le preguntó con voz jadeante, como si le costara trabajo mantenerse de pie.

El rubio apenas negó, severamente aliviado por saber que estaba de pie, que estaba bien, ahí, casi intacto…. Jadeó, impulsándose con los brazos para intentar ponerse de pie. De nuevo el Alfa se levantaba, más entero, más descansado que él y menos herido que su castaño.

El rubio se mordió los labios, soltando un pequeño ronroneo que advirtió al Alfa de su agrado por el otro, lo hizo a propósito, porque suponía que los Omega algún derecho tenían siempre de escoger, no tenía modo de saber, jamás lo había hecho por que ciertamente le daba igual….

Luego de eso el Alfa con el número 03-03 en su brazo se acercó a él, retando al moreno, aquello le hizo entrar en pánico. El híbrido solo supo gruñirle, buscando que sirviera de advertencia para que se alejara del castaño. El otro moreno se irguió cuan alto era, y bufó ante el reto.

-Rubio…

El Híbrido lo miró, formando una sonrisa débil.

-No va a detenerse…yo de verdad no quería que tú vieras…esto –Frunció los labios en una mueca. Se sentía humillado.

Nunca le había hastiado tanto su situación como en ese mismo instante: ¿Cómo iba siquiera a volver el rostro en la dirección del moreno? No compartía los prejuicios a los que eran sometidos los Omega, pero aquello no hacía que se sintiera menos mal…menos…usado.

El moreno negó con la cabeza, esquivando apenas por un ápice el golpe fuerte que iba directo a su cabeza.

-Solo…lamento que no tengas alternativa –Gruñó, soportando el peso del otro impactando contra él en una tacleada violenta y pesada.

El rubio hizo una mueca en los labios antes de desviar la mirada hacia un costado.

-Lo tengo si me das tiempo de desentumecerme…. –Susurró, con los labios resecos, muy rojos.

El castaño lo volteó a ver, tragó pesado y luego asintió lentamente, aspirando con fuerza cuando el alfa se puso de pie de nuevo, buscando golpearlo.

-Te lo daré, pero no creo poder vencerlo –Le advirtió, sintiendo que el pecho le dolía por el esfuerzo que hacía de tirar aire para respirar.

-No…no hace falta –Respondió el rubio, tensando los músculos de los brazos por el esfuerzo de ponerse de pie apoyándose en ellos.

Luego de eso solo pudo observar con impotencia cómo la espalda del castaño impactaba varias veces contra el piso, con el alfa encima de él, sujetándole por los hombros para levantarlo y luego hacerlo bajar de golpe: podía escuchar los golpes secos acompañados de gemidos dolorosos. Nunca se había sentido tan inútil. Levantó la cabeza, intentando poder enfocar del todo.

Apenas pudo ver de nuevo con la claridad que acostumbraba se arrepintió de haberlo deseado: en el piso se encontraba el moreno, respirando lentamente, completamente quieto, los ojos cerrados, con golpes en las mejillas y sangre sobre su frente que corría por su cien de forma lenta.

Con el castaño inconsciente en el piso el híbrido tomó al alfa por la nuca, sacándoselo de encima en un golpe, y mordió fuertemente los nervios tiernos de la zona, haciéndole aullar de dolor antes de liberar sus feromonas Alfa, empinándole con fuerza hacia abajo para que agachara la cabeza.

El híbrido se sentía furioso, no sabía por qué y no importaba cuando el alfa dentro de su pecho gruñía de rabia al observar el semblante inexpresivo del moreno.

Peleó como un verdadero animal después de eso, golpeando y gruñendo, con las feromonas territoriales a tope, peleando con el mareado alfa debajo de él. Luego de eso le empujó al piso, imponiéndose como su igual, como alguien más fuerte, superior a él.

Y luego le golpeó con fuerza en la cien en un movimiento de brazo.

Con todos los Alfa descartados se quedó en el medio de la habitación, con la boca empapada de sangre y los ojos llorosos, viendo con odio hacia las pantallas y gruñendo como si el maldito director pudiera escucharle.

¿Qué más esperaba el mundo de él? Con dolor volteó a ver al castaño, completamente inconsciente, era tan perfecto y él estaba tan mal….

Su cuerpo entero temblaba. Ya fuera de peligro se permitió sentirse verdaderamente avergonzado, sentía un nudo fuerte en su garganta. ¿Cómo iba a poder mirar al otro a los ojos después de que supiera todo eso…? Gruñó, pero esta vez fue algo lastimero.

Una parte dentro de sí comenzaba a aullar de pena mientras otra se revolvía con rabia, como si con eso pudiera calmar el dolor que le llenaba el pecho. Luego bajó la mirada a sus rodillas, mirando la piel desnuda y lastimada.

Siento que nos acercamos a lo mejor, Babes, yo sé que querían arrumacos pero pues no…

Tranquilos, lo haremos más adelante, I promise ;)

Espero que les gustara, nos vemos pronto.