A DIETA
Capítulo 6: Arrepentimientos
Decir que el arrepentimiento llegó a Ino hasta la noche es una mentira; pues ni bien puso un pie en el umbral de su departamento se dio cuenta de lo impulsiva que había sido. Sí, Sasuke era un papanatas de lo peor que nunca conseguiría novia, un bastardo insufrible que padecía de andropausia prematura, pero haberse marchado de allí después de semejante acto era, cuando menos patético. Patetiquísimo. Había perdido el resto de dignidad que le quedaba montando semejante numerito, con la mascara corrida y los ojos de mapache. Maldito maquillaje corriente.
Que no debía haberse marchado después de haber llorado fue su primer paso hacia el arrepentimiento real. Llorar le restaba puntos de intensidad a su acto y la convertía en una jovencita inexperta haciendo una pataleta. La pataleta fue el segundo paso hacia el completo arrepentimiento, de eso se dio cuenta cuando lanzó el bolso encima del sillón.
Las pataletas eran malas. Una cosa de niños y ella era una mujer madura de camino a los treinta que necesitaba proyectar seguridad a su entorno. Seguridad y control y justamente el control fue el que había perdido frente al demonio de Sasuke. Ella, para ser una gran heroína, debía haberse mantenido con cara de póker durante toda la conversación. Calmadamente debió mostrarle a Sasuke todos los argumentos que apoyaban su teoría de que era un irascible esclavizador para así salir victoriosa del lugar.
Mientras que hundía una gran cuchara en un tarro de helado de vainilla y ponía la película de Monsters University que tenía meses sobre su Blu Ray, empolvada y pirata, se dio cuenta que el vocabulario que había empleado no había sido el correcto. No debió llamarlo 'bastardo malagradecido'. Claro que él le había llamado 'perra', pero fue ella quien le provocó primero, así que Sasuke podía ilegal algo así como defensa propia y ella quedaría manchada como la perpetradora del crimen. Que su jefe se mereciera el apelativo era harina de otro costal. Seguro que el jurado no aceptaría eso en su defensa.
Sí, Ino ya pensaba en que Sasuke llevaría el caso ante los tribunales.
La película terminó para cuando Ino tuvo el cuarto pensamiento. El último y el más decisivo. No eran ni las siete de la noche y ella pensaba en la inmortalidad del cangrejo con un tarro de helado vacío en el suelo de su sala.
No debería haber renunciado.
Por lo menos no así.
Mierda.
La boca se le secó y las manos comenzaron a temblarle por el nerviosismo y el terror. Gorda y desempleada, ¿podía su vida empeorar? Lanzó un chillido histérico y se abrazó a sí misma. ¿Y dónde conseguiría trabajo ahora? Seguro que la familia Uchiha se encargaría de vetarla de todos los despachos respetuosos que quedaran en la ciudad y hablarían mal de ella hasta con al señora de la limpieza. Con esas 'recomendaciones', ¿cómo pensaba siquiera conseguir un empleo digno?
Mierda.
Mierda y más mierda.
¿Por qué había sido tan estúpida y había renunciado? ¿Es que algún espíritu maligno se había posesionado de su cuerpo en ese momento? Sí, tenía que ser eso. Ella no era tan tonta. Necesitaba un exorcismo. Y rápido. ¿Qué religiones practicaban exorcismos? Había una iglesia cristiana cerca de allí, ¿ellos podrían exorcizarla? A todo esto, ¿cómo se pedía que le practicaran a uno un exorcismo? ¿Tenía que llenar una petición? ¿Cuánto se tardarían en responderle? Maldición. Mal momento para ser agnóstica.
Pero Ino sabía que sus desvaríos sobre sacerdotes expulsando espíritus malignos de su cuerpo como en las películas sólo era un subterfugio de su mente para no ocuparse del asunto principal de su problema: que había renunciado. Y es que, después de toda la escena, ¿cómo planeaba regresar allí? Ni por el resto de sus cosas quería pasarse, aunque tampoco es que quisiera renunciar.
Argh, maldita pobreza.
Yamanaka se tiró al piso y comenzó a rodar por el suelo cual tronco, mientras balbuceaban cosas ininteligibles acerca de su deplorable situación actual.
Luego sonó el timbre.
Eran las ocho de la noche para ese momento.
Por una razón inexplicable, una violenta ola de escalofríos le recorrió la espina dorsal, haciéndola convulsionar como una muñeca de trapo. Un sudor frío le cubrió la nuca. Ino tuvo un horrible mal presentimiento.
El timbre volvió a sonar.
La sensación de angustia se arremolinó en su garganta. Se sentía como en una película de terror. Se quedó quieta y callada, esperando que quienquiera que estuviera afuera de su puerta se marchara, asumiendo que no se encontraba en casa.
Y el timbre sonó por tercera vez.
Podía ser un asesino
O podía ser Hinata así como alguna otra compañera del despacho.
Incluso podrían ser los Testigos de Jehová.
O un perrito.
No, un perrito no. No alcanzaban el timbre.
Entonces sonó por cuarta vez, en esta ocasión un poco desesperado, e Ino se animó a sí misma a abrir.
Abandonó su posición fetal al suelo y verificó que el bate de base ball que tenía al lado de la tv siguiera allí. Nunca se sabía si lo necesitaría para atizarle a algún malhechor. Antes de que el timbre sonara en su quinta ronda echó un vistazo por la mirilla.
Ah, sólo era Sasuke Uchiha. No era ningún delincuente.
Esperen... ¿Sasuke Uchiha en su puerta?
Mierda.
Definitivamente necesitaría el bate.
—Ahí voy —dijo Ino en voz alta para sí misma antes de abrir.
Y que fuera lo que el karma quisiera.
Esta pequeña actualización 'rápida' es para demostrarles que estoy dando lo mejor de mí para no dejar 'botada' de nuevo esta historia. La verdad es que uno de los reviews que me llegaron me dio directo en el corazón y me sentí una desvergonzada intergaláctica por tardarme dos años en actualizar.
No quiero demorarme más, sé que es corta, pero espero por lo menos traerles ratacitos como este de manera regular. Sepan esperar, que conmigo hay que tener paciencia de santo D:
¡Besos embarrados de Nutella para todos!
