06.- Tregua
Harry tendría que ser el ayudante de Snape por 8 horas a la semana, eso significaba que pasaría casi todo su tiempo libre disponible en su despacho en las mazmorras. Esa perspectiva lo hubiera llenado de horror hace unos meses, pero ahora estaba seguro de que ningún Slytherin le pondría un solo dedo encima. Desde que el asunto de su "tratado de guerra" comenzó, Snape hizo énfasis en que él era intocable a los miembros de su casa, les dijo que esa pelea solo le correspondía a él y esperaba que ninguno interviniera. Así que, desde el principio, la casa de Slytherin lo dejo por la paz, no lo maltrataban ni molestaban ni nada. Era como si fuera un fantasma. Y luego estaba el asunto de la cordialidad con Snape, no era que fuera exactamente parte del trato, pero ninguno se sentía especialmente propenso a molestarse mutuamente fuera de las hostilidades y los castigos, era como si al tener un escape a esa "mutua toxicidad", se sintieran más dispuestos a ser al menos, civilizados, uno con el otro.
Por eso, ese día que empezaba como "ayudante" de Snape, no estaba tan nervioso como otras veces, toco a la puerta y fue recibido por el profesor con un mandil y un par de guantes en la mano.
—Bienvenido Potter. Póngase esto y tenga a la mano su varita—.
—¿Por qué el mandil y los guantes señor? —.
—Porque es una clase de primero, necesitará protección para su ropa y sus manos, por eso mismo debe tener su varita a la mano. Ahora, sus responsabilidades como mi asistente es que estará pendiente de los alumnos y sus calderos en la práctica. También debe ayudarlos con las dudas que les surjan. Usted ya vio estas Pociones así que no deberían representarle un problema, la de hoy es una sencilla poción para curar forúnculos—.
—¿Y la varita? —.
—Para resolver desastres. Pronto lo verá. Ahora déjese de preguntas y pónganse el mandil y los guantes—.
Harry apenas acaba de ponerse el mandil cuando entro el primer grupo de primer año, Gryffindor y Slytherin, por supuesto. Los estudiantes se le quedaban viendo a Harry con singularidad, algunos con compasión, otros con deseen y varios con una mezcla de sorpresa e incredulidad. La voz de Severus regreso a la clase de sus pensamientos.
—...Como notaran, el señor Potter será mi ayudante durante algunas clases. Él está aquí para ayudarlos en lo que se necesite, pero en última instancia quien da la calificación, soy yo, así que no piensen que el señor Potter podrá ayudarlos con eso. Su asistencia se limitará a orientarlos en la poción o resolver algún conflicto o accidente con las mismas. Dicho esto, la lección de hoy es la poción para curar forúnculos, es una de las más sencillas de hacer, pero no por eso exenta de peligros. Si las púas de puercoespín son agregadas ANTES de que caldero se retire del fuego, puede ser catastrófico para el caldero además de que toda la poción se arruinara. La receta está en el pizarrón, comiencen—.
Los niños empezaron a cortar ingredientes, cada uno sumido en sus pensamientos, más o menos, algunos Gryffindor empezaban a tirar bolitas de pergamino a los Slytherin y los Slytherin amarraban las agujetas de algunos zapatos Gryffindor con las varitas debajo de los pupitres. Harry veía que la animosidad entre casas empezaba temprano, se preguntaba si les había pasado como a él, o era un asunto de tradición. Empezó a dar vueltas alrededor de los calderos para supervisar los avances, algunas niñas de Gryffindor levantaban la mano hacia él ya que no podían aplastar los cuernos de babosa, y Harry tuvo que explicarles la manera correcta de hacerlo. Tuvo que hacer memoria de todo lo que Hermione le había dicho en esos años sobre los ingredientes y la diferencia entre cortar y machacar y esas cosas.
Severus por el otro lado, observaba a Harry con interés, no estaba haciendo tan mal papel como asistente, los niños se sentían menos intimidados con su presencia y empezaron a levantar más la mano, algunos Slytherin también levantaban la mano para "pedir ayuda", pero fueron suprimidos rápidamente por Snape, quien acudió a esos llamados en vez de Harry.
—...Les quedan 30 minutos—Dijo Snape a la clase.
Todo parecía ir bien, hasta que un Slytherin arrojó un par de púas de puercoespín a un caldero de una Gryffindor que aún no había sido retirado del fuego. En cuanto las púas tocaron la poción, esta empezó a borbotear y el caldero empezaba a derretirse cuando Harry llegó y rápidamente desvaneció la poción con todo y caldero.
—...5 puntos menos para Gryffindor, señorita Turpin. Claramente dije que añadiera las púas hasta haber retirado el caldero del fuego, tendrá que venir después de la cena a terminar la poción. Los demás, dejare los calderos revolviéndose por 5 horas y en la siguiente clase probaremos sus Pociones. Pueden retirarse—.
Harry no podía creer lo injusto que estaba siendo Snape, al parecer, seguía siendo el mismo bastardo grasiento de siempre. Los alumnos ya se habían ido y él estaba terminando de encantar los calderos para que se revolvieran solos, ya que la poción debía revolverse por 5 horas antes de ser envasada, mientras miraba duramente a Snape, dedicándole esa mirada de odio que tenía semanas que no usaba con él. Esto no le pasó desapercibido a Snape.
—...Deje de mirarme así, señor Potter—.
—No sé a qué se refiere señor—.
—Vamos señor Potter, sé que no le agrado y usted a mí tampoco, pero esa mirada tenía meses que no la veía en usted—.
—¿Por qué lo hizo? La pobre niña no tuvo la culpa, fue ese chico de Slytherin. Era como verme a mí y a Malfoy en primero. Usted favoreciendo a su casa y yo siendo castigado. Sé que no era él, ni soy el mejor alumno en Pociones, pero no siempre merecí esa baja de puntos ni castigos. No sé si sentirme reconfortado de que no era un asunto exclusivo conmigo o no—.
Algo en la mirada de decepción de Harry le dolió a Snape, no es que le importara en realidad la imagen que daba al mundo y a sus alumnos, pero algo en esa mirada lo impulsó a defenderse. Suspiro un poco antes de hablar.
—Aunque no lo crea señor Potter, no disfruto bajando esos puntos o castigando alumnos. Por un momento póngase en mi lugar, ¿Quiere?, usted ahora es un mortífago, oculto como maestro en una escuela donde hay dos enemigos de su amo, uno con tanto poder como para acabarlo y otro que fue marcado por una profecía para terminar con él y que, de paso, ya ha derrotado a su amo en varias ocasiones. Usted además es un doble espía, finge espiar a los enemigos de su amo, al tiempo que espía para ese bando que esta contra él, al cual usted en realidad pertenece—.
—...¿Qué hace usted cuando los hijos de los seguidores de su amo hacen algo? No los puede castigar porque además de desquitarse con la víctima, también pondrían en alerta a sus padres, y les dirían algo como "falta de lealtad" sobre usted. Eso lo pondría en peligro mortal, ¿No es así?, pero tampoco puede desquitarse con la víctima, así que elige el camino más inocuo, finge castigar a la víctima, pero también le da la posibilidad de no perder sus calificaciones—.
—...Como puede ver, señor Potter, puedo quitar puntos y poner castigos, pero jamás he dejado que un estudiante tenga una calificación que no merece o que deje de tener la que sí merece. No quiero afectar su futuro una vez que la guerra termine, pero si soy justo, me pongo en riesgo a mí mismo y aunque disfrutaría más no tener esta espada de Damocles en mi cabeza, por el momento es lo mejor que puedo hacer—.
Harry se quedó pasmado, incapaz de decir nada. Jamás había pensado las cosas de esa forma. Era cierto, no podía comportarse de forma justa sin levantar sospechas, cuando le dio esos puntos a Gryffindor, casi inmediatamente fue anunciado su "contrato de guerra", así que su "buen humor" tenía una explicación perfectamente "Slytherin", pero ahora que habían pasado meses, ya no podía usarse como excusa, así que debía seguir jugando su papel de "bastardo grasiento". Harry se sintió un poco culpable, pero no mucho, había demasiados castigos y enfrentamientos entre ellos para permitirse sentir demasiado acerca de Snape.
—Discúlpeme profesor, nunca lo había visto desde esa perspectiva. Si no me necesita para nada más me retiro, tengo clases—.
—Puede retirarse, señor Potter—.
Esa primera clase dejó más pensamientos extraños en ambos, en Harry, una nueva luz sobre su segundo profesor más odiado (la primera era Umbridge) y la idea de que quizás no era tan bastardo como él había pensado, y se asombraba y horrorizaba al mismo tiempo, por tener ese tipo de pensamientos. En Severus le dejó aún más pensamientos extraños acerca de su "enemigo" Potter, el chico podía ayudar de forma "decente" a un grupo de estudiantes, tenía paciencia y una manera de explicar muy parecida a la de un profesor, quizás producto de su breve carrera como profesor en el llamado "Ejército de Dumbledore" del año pasado, y luego, su disculpa, sabía que había sido difícil para Potter disculparse con él, y aún no sabía que lo había impulsado a el mismo a explicar el porqué de su actuar. Demasiados pensamientos para él, afortunadamente aún tenía una hora libre antes de su siguiente clase, así que se permitió un vaso de whiskey de fuego.
Durante esas semanas previas a las vacaciones de Navidad, Harry probó ser un buen asistente para Severus, para sorpresa del mismo Severus, los estudiantes se sentían seguros de preguntarle a Harry sus dudas y él les tenía mucha paciencia para explicarles, eso dejo más tiempo libre a Severus para usar su tiempo en otros menesteres, sobre todo calificar las tareas, que siempre ocupaban mucho de su tiempo libre y que ahora podía hacer durante el tiempo de clases. Ahora que Snape se "distraía" calificando tareas, Harry aprovechaba para evitar conflictos de manera discreta, cada que algún alumno quería empezar problemas, este con un sutil hechizo no verbal, terminaba cualquier encantamiento o maleficio que hubieran lanzado, también lanzaba impedimentas que rebotaban los hechizos que lanzaban los pequeños.
Esto hacía dos cosas, los pequeños bravucones empezaron a odiar a Harry, y ponía a Harry las cosas en perspectiva, cuando el daba sus clases en el ED, todos estaba ahí por su voluntad y daban su mejor esfuerzo, pero aquí, no todos estaban porque querían, sino porque debían, eran clases obligatorias y cuando algo no te gusta, no te esfuerzas, así de simple y lidiar con alguien así es difícil. Muchos de esos pequeños se quejaban de todo, desde lo "asqueroso" de los ingredientes hasta lo inútil que pensaban que eran las Pociones. Para este castigo en particular, Harry había tenido que reestudiar las Pociones de primer año y se dio cuenta que Pociones era una materia difícil, demasiados ingredientes, demasiados modos de procesarlos y demasiadas variaciones en su elaboración, luego complemento esto con su experiencia personal, y vio que muchas de sus heridas de antaño, habían sido curadas con Pociones. Harry empezaba a entender que él mismo también había puesto trabas a comprender la materia, basado más en un "no me agrada el profesor" que en la materia por sí misma.
Severus por su lado, mientras calificaba las tareas, veía a Harry, literalmente, analizaba su comportamiento buscando algo inespecífico, desde ese día que descubrió que tenían algo en común, buscaba en Harry, algo que no sabía qué era, lo analizaba a detalle. Veía su rostro cuando explicaba a los pequeños, su ceño fruncido cuando veía a otros alumnos intentar crear problemas, su cara de concentración al explicar las cosas, y esa leve sonrisa mientras supervisaba a los pequeños y sus calderos. Seguía siendo el mismo Harry Potter, mismos ojos, cabello y cicatriz, nada había cambiado, al menos en apariencia, así que Severus no comprendía que es lo que había cambiado en Potter. La clase terminó y los alumnos se fueron, dejando a ambos magos a solas. A pesar de ser la última clase antes de las vacaciones de navidad, ninguno dijo nada, y Harry se despidió del profesor y salió del aula, mientras Severus se seguía preguntando, qué es lo que había cambiado en el joven.
Los días previos a navidad, Harry pensaba en una locura, y así se lo hicieron saber sus amigos, ya instalados todos en Grimmauld Place.
—Repíteme porque demonios estás pensando esa locura Harry ¿Por qué? —Le decía Ron con una cara bastante acongojada.
—Yo digo que es una buena idea Harry, pero debes pensarlo muy bien, si eliges mal podría ofenderse—Le decía Hermione.
—Ese es el problema Hermione, ¿Qué se le da de regalo a un profesor que has pensado por años que odias y que de repente ya no odias exactamente? La verdad, ya solo me cae mal y pienso que debería darle un obsequio de navidad—.
—¿Quién eres y donde dejaste a mi amigo? —Decía Ron mientras tenía las manos en su cabeza como señal de incredulidad.
—¡Cállate Ron! Harry solo quiere ser amable, además no creo que le haga daño al profesor—Contestó Hermione.
—Me alegra que al menos uno de ustedes se tome esto tan maduramente. Ahora, si no les molesta, necesito ayuda con su regalo, ¿Qué le doy? —.
—Bueno Harry, no lo conocemos tanto. Sabemos que ama las Pociones y las artes oscuras, pero si le regalas algo de Pociones sería muy cliché, y no te veo yendo al callejón Knockturn a comprar algo oscuro—Dijo Hermione.
—¿Y si buscamos aquí algo? —Dijo Ron.
—¿A qué te refieres exactamente Ron? —Dijo Harry intrigado.
—Bueno, los Black son una de las familias oscuras más antiguas, la única excepción a eso ha sido Sirius. Seguro hay artefactos oscuros y libros que Sirius no extrañaría—Contesto Ron.
—¡Ron! ¿Estás sugiriéndole a Harry que tome algo de Sirius? —Pregunto Hermione.
—De hecho, es buena idea—Contestó Harry.
—¡Pero le estarías robando a Sirius! —Le regaño Hermione.
—Pero quizás encuentro algo que pueda gustarle a Snape. La biblioteca de Sirius seguro tiene libros de magia oscura que podrían gustarle, además, Sirius odia todo en esta casa, no creo que extrañe un libro y él mismo ha dicho que esta es también mi casa. Técnicamente no estaría robando—.
—Sí tú lo quieres ver así—Le dijo Hermione, con una voz que indicaba que no estaba de acuerdo, pero que de todos modos le ayudaría.
Los tres chicos se escabulleron después de la comida hacia la biblioteca, buscaron durante toda la tarde, había libros de magia de la época de escuela de los merodeadores, así como también compendios enteros de magia negra, aun cuando todos estos eran, en opinión de Hermione, suficientemente "interesantes" para Snape, Harry no estaba convencido de haber encontrado el perfecto para el profesor, hasta que vio un sencillo libro de pasta negra al final del estante "Lazos mágicos" decía la portada. Intrigado, Harry empezó a leer el libro, y decidió que debía leerlo antes de decidir, apartó los libros que había elegido Hermione y Ron y los puso en el primer estante para dejarlos a la mano y les dijo a sus amigos que por ese día habían terminado y que checaría la pila de libros antes de decidir. Los tres subieron a sus cuartos, y por el resto de la tarde, Harry leía ávidamente el libro sobre lazos mágicos, una lectura que de verdad era "interesante".
Severus no podía creer lo que estaba por hacer, eso era demasiado, el Lord lo había llamado unos días después del inicio de vacaciones, justo el día que él había elegido para comprar un regalo para, ¡Merlín! Esto era demasiado, Harry Potter. Pero justo cuando se disponía a ir a Londres, recibió el llamado del Lord y tuvo que posponer sus planes.
El Lord solo quería saber él porque luego del "duelo", no había dicho aun cual era la siguiente contienda. Esa "pasividad" e "interés" del Lord, ponía en alerta a Snape, pero no podía aún dilucidar qué es lo que esperaba el Lord de todo esto, porque de algo estaba seguro ahora, el Lord estaba esperando algo específico de su "vendetta" contra Harry, pero aún no sabía qué.
—Vamos Severus, ¿Acaso no has pensado en nada aún? —.
—Tengo algunas ideas mi Lord, pero el muchacho ahora está más alerta y quiero que sea un verdadero desafío—.
—Severus, quizás puedo orientarte, solo debes pensar en aquello que peor se le da al muchacho—.
—Eso sería mi materia, mi Lord—.
—Pues ahí está, proponle un desafío en Pociones. Eso debería significar un verdadero reto para el joven Harry—.
Ahí estaban sus alarmas sonando otra vez. Sonaba como si el Lord quisiera que Harry mejorará, no le decía "véncelo", "que sufra", sino "que fuera un desafío", ¿Que esperaba el Lord obtener de todo esto? Y si quería que Harry mejorará sus habilidades ¿Con que objetivo? Y ahora no podía desechar una "sugerencia" del Lord. ¿Y por qué lo llamaba "Harry" en vez de "mocoso" o algún otro nombre ofensivo?
—Es usted brillante, mi Lord, creo que su sugerencia es la mejor opción—.
—Bien, puedes retirarte Severus—.
Severus se fue de esa reunión directo a Londres. Se cambió sus ropas de mago por unas muggles, pantalón, suéter y abrigo, todos en negro y con filos gris Oxford, además de una bufanda y guantes, guardó su varita en la manga de su abrigo y partió hacia una librería en Camdem Town, y luego pasaría por esa tienda de discos en Picadilly Circus. Había cometido el error de mencionarle a Albus su intención de darle un obsequio a Potter, y el director tenía un entusiasmo que rivalizaría con el de cualquier adolescente. Su sugerencia era tan ambigua, "Cómprale algo que creas que le gustara pero que refleje tus propios gustos", ese había sido el consejo de su único amigo en Hogwarts.
Llegando a Camdem Town, encontró después de varios puestos en el mercado, justo lo que buscaba, una chica vendía varias novelas clásicas además de otras que podían ser de interés para él, y algunas que sonaban solo para el gusto adolescente, decidió preguntar a la chica.
—Disculpe señorita, estoy buscando algo para regalar a un joven—.
—¿Qué tipo de literatura le gusta? —.
—Pues... le gusta Drácula—.
—Uhmm, eso es muy vago, podría ser desde literatura gótica hasta vampiros, ¿Le gusta algo más? —.
—Déjeme pensar, creo que le gustan The Smiths y Nine Inch Nails—.
—Una banda inglesa y otra estadounidense, una tranquila y otra oscura, además de que disfruta una novela llena de sangre y criaturas de la noche, pero con héroes dispuestos a todo por vencer al enemigo. Un joven complejo su hijo si me lo pregunta—.
—No es mi hijo, es... el hijo de un amigo—.
—Ya, entiendo. Creo que puedo mostrarle algunos libros que podrían interesarle al joven—.
Luego de varios libros se decidió por "El Color De La Magia", "Crónicas Marcianas", "Buenos Presagios", "El Ciclo Del Hombre Lobo", y "Neverwhere", la chica le garantizaba a Severus, que esos libros le gustarían al hijo de su amigo, mientras este pagaba por ellos, los amarró y se los entregó. Severus tomó el metro hacia Picadilly Circus, pero iba tan ensimismado en lo que había pasado en su reunión con el Lord que continuó hasta Covent Garden, bastante molesto salió al andén esperando por el siguiente tren cuando escucho un sonido que lo atrajo como canto de sirenas.
Ya había oído esa voz, pero esta vez sonaba más contundente, iba atraído por esas notas hacia la salida de la estación hasta que lo encontró, un pequeño local que quedaba cerca de la estación, atendido por un chico con arete en el labio y con los ojos delineados. Ahí estaban los discos de su juventud, y otros que nunca había oído nombrar, ni siquiera en sus excursiones al mundo muggle. Jamás había visitado esta tienda, quizás porque se limitaba al callejón Diagon y Picadilly Circus, y en ocasiones, como hoy, a Camdem Town, jamás se le hubiera ocurrido visitar Covent Garden, pero no se arrepentía, la tienda prometía.
Le pregunto al chico sobre el disco que estaba tocando y este le dijo que era justo el del año pasado de este artista, el vocalista de The Smiths, en opinión de Severus, sonaba mejor ahora que con The Smiths, le gustaba más este estilo, así que decidió comprar dos copias de ese disco, uno para él y otro para Harry. Pago por ellos y buscaba un lugar para desaparecerse hacia Hogsmeade cuando vio otra tienda que le pareció interesante. Una pastelería.
Encontró que esta pequeña pastelería vendía todo tipo de tartas, incluyendo una de crema de limón que le dio a probar una chica de pelo ensortijado y sonrisa amable. Apenas la probó, pensó que eso le gustaría mucho a Albus, y como era un negocio que apenas estrenaba, había ofertas en las tartas. Compro varias para los profesores, dos de limón para Albus y luego vio una caja llena de pequeñas tartas de varios sabores: melaza, limón, miel, ciruelas, crema, fresas y otros más tropicales como piña, kiwi, uvas... en total, eran 20 tartitas del tamaño de un bocado, decidió llevárselas también. Y antes de partir vio una bufanda de color negro, en un puesto donde una señora de edad las tejía al tiempo que las vendía, está en particular tenía un intricado diseño donde se mezclaba estambre negro con un azul muy profundo, entonces si la veías de cerca era azul noche y de lejos negro. También la compro.
De vuelta en el castillo, empezó a empacar y hechizar los regalos, sobre todo las tartas, para que se conservaran en perfectas condiciones hasta que fueran recibidos. Eran sencillas cajas de cartón de color verde obscuro y moños blancos, pero con la caja de Harry tenía problemas, no podía decorarla como las de los demás. De alguna forma quería que fuera un regalo especial. Ya había decidido empezar un cese al fuego, no retirarse de las contiendas, sino quizás al menos ser más civilizados, no esperaba que fueran amigos después de su historia juntos, pero quizás este regalo fuera el inicio de una mejor relación entre ellos y quería que fuera especial. Al final, encontró entre sus cosas una caja de madera suave a la que forro por dentro de mullido terciopelo, la pinto por fuera de negro con un diseño en oro de un león en la tapa y acomodo con cuidado cada regalo, los libros, el disco, la caja de tartaletas y la bufanda. Hechizo cada cosa del obsequio para que llegaran perfectas hasta su depositario y luego se fue a dormir.
A la mañana siguiente se encontró con que una lechuza se encontraba en su ventana con una carta en su pata, Remus Lupin había extendido una invitación para que asistiera a su cena de nochebuena en Grimmauld Place, indicándole que ya había enviado también invitaciones a todos los profesores y de que Sirius no le asesinaría ese día. Eso cambiaba sus planes de enviar vía lechuza sus obsequios, y por alguna razón extraña, se sentía feliz de ser incluido en un festejo. Algo definitivamente estaba cambiando en el orden de las cosas, pero estaba decidido a no analizarlo mucho, hasta estar seguro de algo, averiguar qué es lo que había cambiado con respecto a Harry.
—Definitivamente le daré este libro Hermione, lo he leído ya como 10 veces e incluso memorizado, es "interesante"—Le decía Harry a Hermione.
—¿Pero qué es lo interesante en ese libro Harry? —Le preguntaba Hermione.
—Verás, habla de enlaces mágicos, no solo los de matrimonio, sino enlaces comerciales, de educación, trabajo, y no todos son "exactamente blancos", muchos de estos son enlaces oscuros, pero no los define así el autor, sino enlaces "complicados" por su naturaleza, aunque también pone muchos "de la luz". Me parece interesante que no esté catalogando la magia en blanca u oscura, sino que deje al lector decidir sin ponerle etiquetas. Creo que este es libro para Snape—.
—¿Cuál libro quieres darle a Snape, Harry? —La voz de Sirius sonó detrás de Harry que estaba frente al librero analizando la pila que había armado.
—Y-yo, Sirius, verás, yo... —.
—No digas nada, los escuche el otro día. No te diré que Quejicus es mi persona favorita pero estos meses se ha portado "decente" contigo. Pudo haber aprovechado para hacerte la vida miserable cuando perdiste esos "combates" pero solo te hizo usar un disfraz y luego ponerte a cuidar los grupos de primero, podría haber elegido algo peor, como ponerte a limpiar los baños un mes, o ser el esclavo de la casa Slytherin, pero no. Eligió cosas más "simples", así que puedes regalarle algunos libros si quieres, de todos modos, pensaba dárselos a Albus, dice que algunos de estos serían de utilidad en la biblioteca de Hogwarts—.
—Esto... Gracias Sirius—.
—De nada cachorro, ahora sí me disculpas, Lunático cocinó un pastel de naranja y quiero un poco mientras esté tibio—Sirius se fue de la biblioteca dejando a un Harry algo perplejo y a una Hermione muy tranquila.
—Bueno Harry, continuemos con la exploración, yo digo que le des este libro de Pociones, tiene algunas bastante horribles y este de Maleficios, algunos de ellos suenan a algo suficientemente horrible como para hacerle a Quien-Tu-Sabes, además de unos para disfrazar la apariencia que le serían útiles como espía—.
—Creo que tienes razón, entonces serán esos 2 y el que elegí yo—.
Salieron de la biblioteca con los libros, después de ordenar los de la pila en los estantes y fueron a buscar una caja, buscaron en todas las habitaciones hasta que llegaron al ático. Ahí había una caja de madera, pintada de verde y decorada con motivos de hiedra en color plata.
—...Perfecta para un Slytherin—Murmuro Harry—Herms, la encontré—.
—Es perfecta Harry, pero esta algo grande para los libros. Ahí le caben al menos otra cosas—.
—Uhmm, creo que tengo un disco por ahí que le puede gustar. A Dudley no le gusta la música y le llegaron a regalar vinilos, rescate algunos y Sirius los trajo aquí por mí el año pasado, seguro encuentro alguna banda que le guste, ¿Sabías que le gusta la música Herms? —.
—Imaginaba que sí, ¿Qué le gusta? ¿Clásica? —.
—No, rock industrial—.
—¿No es broma? —.
—No, parece que le gustan las guitarras eléctricas. ¿Sabes? Creo que ya sé que disco es perfecto para él, creo que le gustara—.
—Nunca me lo hubiera imaginado, se ve tan serio siempre, y el rock es la música de la rebeldía y el antisistema—.
—Gracias por tu ayuda Herms. Ya sé que disco le gustara, ahora necesito más ideas para llenar la caja—.
Bajaron del ático con la caja hasta el cuarto de Harry y Ron, Ron había salido con su familia a comprar víveres para la cena de Remus, así que estaban solos en el cuarto.
—Podrías regalarle unos guantes. He visto que desde hace años usa siempre el mismo par en invierno. Hay unos muy bonitos en este catálogo y te entregan vía lechuza al día siguiente—.
—Bueno, deja veo el catálogo. Aún falta un espacio aquí, calculando el tamaño de los guantes—.
—Bueno, siempre podrías hacer un pastel, o galletas, o algo así. Cliché, pero efectivo—.
—¿Galletas? No parece el tipo de persona que coma galletas—.
—¿Scones? —.
—Uhmm, pudiera ser, no son tan dulces. Pero solo se hornear tarta de melaza, quizás la señora Weasley pudiera ayudarme—.
—Bueno, en cuanto regrese, díselo. Mientras decide sobre los guantes y yo empiezo a limpiar la caja, tu verifica que no haya hechizos sobre los libros y limpialos mientras tanto—.
Al final de la tarde, la caja ya estaba limpia, los libros ya estaban atados y dentro de la caja, mientras Hedwig ya había partido con el pedido del catálogo de Hermione y la señora Weasley había accedido a enseñarle a hacer scones, pero salados y un hechizo para que se mantuvieran perfectos por semanas. Su regalo estaría listo para navidad. Y gracias a Remus, podría entregárselo en persona. Y de una forma que aún no podía entender, ese pensamiento lo hacía feliz.
Hace semanas, justo desde ese día que descubrió que a su profesor le gustaba la misma música que él, y luego de las últimas semanas, Harry había decidió enterrar el hacha de guerra. No dejar su peculiar trato, ese le divertía y de verdad le gustaba enfrentarse a él en combates, sino quizás tratarse de forma civilizada. Remus, con quien Harry ya había hablado de esto, le dijo que era una excelente idea y que era algo muy maduro de su parte, fue por eso por lo que extendió su invitación a Severus Snape. "Quizás ya es tiempo de que todos maduremos", fue lo que le dijo Remus.
Nota al margen: "El Color De La Magia" es de Terry Pratchett, "Crónicas Marcianas" de Ray Bradbury, "Buenos Presagios" de Terry Pratchett y Neil Gaiman, "El Ciclo Del Hombre Lobo" de Stephen King, y "Neverwhere" de Neil Gaiman. Los discos, el que Harry tiene para Sev es Vision Thing de Sisters Of Mercy y el de Sev para Harry es Southpawgrammar de Morrissey.
AÚN NO ES SNARRY, y aún no son amigos. Esto es como en esa película de Joyeux Nöel, un cese al fuego por la época, una tregua en lo que ambos averiguan qué es lo que cambió esa noche. Harry tiene más idea que Sev, pero Sev está perdido porque nunca nadie ha sido amable con él además de Lily y Albus, o al menos eso cree él.
