DISCLAIMER: ninguno de los personajes ni la serie me pertenece, así como las lyrics. Rumplestiltskin x Belle. Puede contener escenas fuertes, dearies.
"Three night spell: Hechizo de tres noches"
Why are you scared?
What have you seen?
In the castle with the silent roses
I ask again and again
"Rose of pain" –X Japan
Capítulo 7
Belle despertó. Se sintió desorientada por un momento, observando a su alrededor para percatarse de donde se encontraba. Se hallaba en su habitación. Miró hacia la ventana y observó cómo detrás de las cortinas el sol debía estar en su cenit. ¿Sería más de medio día? ¿Cuánto había dormido? Ni siquiera se percató cuándo se quedó por fin dormida. Sentía los ojos hinchados. Se había pasado el resto de la noche llorando hasta la madrugada. Tocó la almohada, la cual seguía húmeda.
Trató se sentarse, pero un dolor la detuvo en seco. Los músculos de sus muslos y su entrepierna dolían. No era un dolor fuerte, de hecho era apenas perceptible pero la simple sensación era suficiente recordatorio de lo sucedido anoche. Otra clase de dolor le atravesó, esta vez al corazón. Éste se encogió, recordando cómo uno de sus sueños se le fue arrebatado y cómo su cuerpo fue mancillado. Rumplestiltskin había rasgado su virtud, a ella… pero en el fondo sabía que su verdadero dolor era otro.
Ya no tenía ganas de seguir llorando y lamentándose por lo sucedido. Se levantó de la cama y se quitó el blusón para cambiárselo por su vestido azul de doncella. Entonces se dio cuenta que el blusón estaba íntegro, no tenían ningún rasgón. Había desparecido la evidencia de su asalto, dejando como única evidencia el dolor de su cuerpo.
Se permitió pensar en ello un momento. Rumplestiltskin debió haberlo arreglado al transportarla con magia a su habitación. Tras el incidente, después de que sus dedos hubieran despertado su cuerpo, ella no se atrevió a mirarlo a los ojos. Recordó la voz temblorosa de su amo, susurrado tiernamente su nombre al terminar, suplicando por una respuesta o una recriminación. Pero Rumplestiltskin sólo obtuvo silencio. El temor de Belle a no reconocerlo, a sentirse engañada y traicionada... a volver a encontrarse con aquellos ásperos ojos, negros y vacíos fue mayor. Entonces, una extraña neblina la envolvió y apareció en su cuarto. Así, sin palabras ni despedidas, todo terminó. Sólo había alcanzado a escuchar una última palabra de su amo…
"Lo siento."
Aunque quisiera negarlo, la situación pudo haber sido peor. Al menos, su virginidad –propiamente dicha- aún se encontraba resguardada, pero no podía decir lo mismo de su cuerpo. Tenía sentimientos encontrados. Se encontraba agradecida, pero a la vez altamente ofendida. Y aún dentro de su enfado, no sabía si realmente molestarse con él… o con ella misma. Él, a su manera, la trató de disuadir varias ocasiones pero que abandonase su enmienda, pero ella se había aferrado a la idea de poder romper el hechizo.
"Confío en ti"
Era lo que le había dicho cuando voluntariamente se ofreció a él. Recordó sus caricias, su beso apasionado y sus dedos despertando nuevas sensaciones extrañas sobre su cuerpo. Había conocido el placer. Su mente y su imaginación despertaron. Si la hubiera forzado a llegar a algo más… ¿también habría conocido el placer? Una ocasión en el castillo escuchó de las doncellas que fueron tomadas por la fuerza, yacido con ellas, para posteriormente verse obligadas a casarse con ellos. Era, si bien no frecuente, no era raro que sucediera. Y usualmente eran hombres de castas más bajas las que violaban a las doncellas de cuna para quitarse deudas y subir de jerarquía. Y en todo, escuchó historias horribles… y donde sólo había dolor, no placer.
En cambio, había conocido lo que llamaban placer a través de sus libros y novelas. Donde existía deseo por ambas partes. y donde a través de las caricias de los amantes el amor encontraba cuna. Pero a pesar del placer que ella había conocido, tenía presente el dolor. Entonces pues… ¿su situación en dónde la colocaba?
Bajó al recinto principal y miró el reloj. Era tarde pero con tiempo suficiente para preparar el té a la hora acordada. Se dirigió a la cocina y puso a hervir el agua. Se había retrasado en varias actividades pero no quería recriminaciones por parte de su amo. Tomó el trapo y comenzó a limpiar los muebles cercanos mientras el agua hervía. Si quería terminar sus deberes debería trabajar al doble y así evitaría a su amo puesto que no quería verlo, ni saber de él por un buen rato.
El sol recién se ocult, cuando Belle terminó de limpiar la última de las habitaciones y calentó el agua de la caldera –por si acaso. Regresó con la escoba al recinto principal, que era el último deber que le faltaba. No tardaría en limpiarlo puesto que era el lugar donde su amo más le insistía en mantener siempre limpio. Para su fortuna, Rumplestiltskin no se dejó ver ver en todo el día. Observó la tetera que aún permanecía sobre la mesa. Estaba intacta, con el té frío. Al parecer ni siquiera se tomó la molestia en subir al recinto cuándo ella no estaba. ¿Acaso él quería evitarla así como ella a él?
Recogió la tetera y la llevó a la cocina antes de regresar a la sala. Y justo cuando pensaba que su amo no aparecería y el día había culminado, Rumplestiltskin apareció frente a ella, sentado en su asiento del comedor, jugueteando con sus dedos. Sin embargo, contrario a lo que sus manos indicaban, su mirada era seria. Belle apartó la vista inmediatamente al toparse con la de él.
—Necesito hablar contigo, dearie.
Belle hizo a un lado la escoba, pero sin apartar la vista del objeto.
—El agua de la caldera debería encontrarse aún tibia. He terminado con todos los deberes, así que no hay asuntos pendientes que discutir.
Rumplestiltskin aguzó la mirada ante la fría respuesta de su doncella. En el fondo sabía que ese tipo de reacciones eran de esperarse. Era imposible mantener el mismo trato después del accidente de anoche, ambos habían traspasado la línea de simple empleador y doncella de servicio. La confianza y familiaridad que formaron durante todos esos mese simplemente se había roto.
—Quiero proponerte un nuevo trato —dijo secamente como si se tratara de negociador más que acudiera a su castillo.
—No me interesa hacer ningún trato contigo, Rumplestiltskin. —El corazón de Belle comenzó a palpitar frenéticamente. Sabía a dónde quería llegar, pero de ninguna manera iba a volver a su habitación. Se tomó unos segundos en contestar—. No es mi obligación acudir esta noche.
—Tú fuiste la que ofreció el trato…
—El cuál fue roto a mi parecer.
Belle habló directo. y clavó la mirada en él. Rumplestiltskin continúo impasible. Sabía a lo que se refería su doncella, sin embargo, había demasiado en juego a lo que no estaba dispuesto a ceder.
—Estrictamente hablando las condiciones no han sido rotas, por lo que a mi parecer, el trato sigue en pie.
Los ojos de Belle se clavaron en él de una forma en que nunca vio antes. Por alguna extraña razón, algo en el interior de Rumplestiltskin se encogió. Reconoció la mirada, ¿cuántas veces sus clientes le vieron de esa misma manera? Él, indiferente al desprecio expresado por las personas a las que había conocido pero que en Belle, en todas las atrocidades que le hizo vivir, nunca le había dirigido aquella mirada. Hasta el día de hoy.
—Pues me rehúso. Puedes encerrarme el resto del mes en mi habitación, inclusive en la mazmorra si gustas.
Rumplestiltskin se levantó de su asiento, dirigiéndole una mirada todavía más seria. Dio un paso hacia ella, elevando la barbilla mientras hablaba con voz firme.
—¿Te olvidas que soy la persona que posee todas las llaves de esta mansión? ¿De qué te serviría encerrarte cuándo puedo entrar a mi gusto y disposición?
Belle observó a su amo. Aún llevaba el diamante negro, lo que significaba que al menos seguiría protegida de su magia ¿Él aún velaba por la seguridad de ella? Mientras mantuvieran los amuletos con ellos, se apañaría de alguna forma de evitarlo durante todo un mes, ¿pero por qué lo traía si no había funcionado? ¿O es que había descubierto como controlarlo?
—Podrías darme la vela del hechizo protector.
—El cual, se ha vuelto obsoleto.
Belle parpadeó un par de veces intentando captar lo que decía su amo. —¿A qué te refieres?
—Desafortunadamente dearie, el hechizo protector sólo sirve para prevenir. Puesto que ambos compartimos el lecho, el hechizo ha comenzado su cuenta regresiva.
—Sin embargo, —Belle se defendió sintiendo cómo sus mejillas tomaban algo de color al obligarse a mencionar el hecho—, no culminamos nada.
—Oh, yo no. —Rumplestiltskin se acercó, colocándose a unos cuantos centímetros de ella. Una pequeña sonrisa de satisfacción se dibujó en su rostro al momento que bajó hacia su oído para susurrarle—. Pero tú sí. Y eso te hace vulnerable ante los efectos del hechizo haciendo imposible protegerte ahora.
—¡Fue tu culpa! –Belle se apartó, encarándolo.
—Ambos somos víctimas y ahora estamos en el mismo barco, dearie.
Belle palideció. Sus ojos buscaban desesperada un trazo de mentira en los ojos de Rumplestiltskin, pero sabía que no mentía. Belle dio un paso atrás, atormentada. ¿Ella también empezaría a comportarse de manera indecorosa hacía con él…?
—Este es mi trato. —Rumplestiltskin movió su mano en un ademán, haciendo aparecer una pequeña botella verde en su mano enfrente a ella—. Es una pócima de olvido. Hará olvidarte de… los percances de la noche. Nunca recordarás lo que ha sucedido entre nosotros dos.
Rumplestiltskin alcanzó a percibir un ligero brillo en los ojos de Belle. Sabía que los recuerdos de lo acontecido habían torturado su sueño, sus ilusiones y su alma. Ella, su inocente paloma que había revoloteado por su castillo en confortable libertad, ahora se encontraba enjaulada, marchitándose en el fondo como una rosa seca y corrompida. La necesitaba fresca, viva. Porque…
Estás tornándote peligrosa para mí
—Pero a cambio necesito que termines tu anterior trato. El resto de las dos siguientes noches. Solo hasta entonces la pócima será tuya.
—¿Cómo puedo asegurarme de conservar mi virtud hasta entonces dado los antecedentes?
—Porque esta vez soy yo quien propone el trato y no propongo tratos si sé que no puedo cumplir las condiciones. —Rumplestiltskin no contuvo su sonrisa esta ocasión—. Tu virtud continuará intacta… mientras así sea tu deseo.
Belle dio un ligero paso imperceptible hacia adelante pero él lo percibió. Belle alzó el rostro. Era la mirada desafiante que tantas veces había visto en su doncella, pero no era la misma. Esta vez sus ojos no radiaban luz, eran azules y ásperos como el hielo.
—De acuerdo.
Rumplestiltskin hizo desaparecer el frasco con un ademán de su mano.
—Te espero entonces en mi habitación a media noche.
Rumplestiltskin dio media vuelta y salió, envolviéndose en la neblina morada hasta desaparecer. Belle esperó unos momentos hasta asegurarse que él abandonó el recinto. Entonces se apoyó y dejó caer sobre la mesa. Él le había revelado que ahora el hechizo podría surtir efecto en ella y el miedo empezó a correr por sus venas. Sintió como la rabia creció dentro de ella por la impotencia de detener aquella situación. Culpándose, una lágrima comenzó a bajar sobre su mejilla.
¿Por qué…?
¿Por qué me sigues dando a elegir?
Por un momento, deseó que Rumplestiltskin la tomara por la fuerza y que la obligara. No le importó que yaciera a la fuerza con él, mientras fuera un capricho y egoísmo por parte de él. Lo único que quería era que el dolor superara el placer porque…
De esta forma sería más fácil odiarte
Pero no logró hacerlo del todo. Sentía una cierta aversión hacia él, algo que en su interior le replicaba que se apartara porque era peligroso para ella y pese a eso, como una oveja ciega, volvería a dirigirse a la cueva del lobo. Por más que apartaba la vista del hombre que abusaba de su poder, ante sus ojos no se atrevía a abusar verdaderamente de ella. Siempre buscando excusas, disfrazadas en forma de órdenes o tratos, pero que al final, no se atrevía a hacerle daño. Era por eso que ella confiaba ciegamente en él y el porqué no podía odiarle. Y a la única persona que realmente odiaba…
Era a ella misma por ello.
Comentarios:
Bien, dearies, lamento la demora pero aquí está. Estuve meditando y por lo pronto, estaré actualizando cada dos semanas en lugar de una. Con esto me permitiré actualizar Tell me about your fantasies, dearie de igual forma -cada dos semanas-, puesto que ya tengo algunos capítulos acumulados del inicio de la temporada y la serie avanza –por no decir que ya terminó la primera pate en EUA.
Espero estén disfrutando de las historias y de antemano, desearles felices fiestas.
Sialia
Why are you sad?
What pain are you feeling?
Oh, I ask the rose with its petals of blood
But the rose of blood can't answer me till the end
"Rose of pain" –X Japan
