CAPITULO 7
Querida Candy:
No sé exactamente como empezar esta carta, querida hija. Hay tantas cosas que quiero decirte, que no se por donde comenzar.
Entiendo perfectamente que no me has perdonado y que te resulta difícil la idea de ser mi principal heredera; pero tú eres lo más importante que tuve en la vida. Deseo que tengas todo lo que por estúpido te negué alguna vez. Abandoné a tu madre y nunca podré perdonármelo, pero siento que de alguna forma puedo compensarte mi ausencia dándote a mi muerte todo lo que poseo. No te confundas, no quiero ofenderte; sé que el dinero nunca podría suplir el cariño y la compañía que te negué alguna vez, pero te dará en cierta forma una vida mejor.
Según lo estipulado en el testamento, tienes tres días para darle a George tu última decisión; hija te suplico que pienses bien cual será ésta. No quiero que por rencor hacia mi, desistas de heredar lo que solo a ti pertenece; eres mi única hija, mi mayor tesoro. Eres tú la que debe poseer todo lo mío después de mi muerte.
Sé también que te parecerá arbitrario de mi parte, decirte con quién es con el que debes contraer matrimonio. Pero no es un capricho mío, hija. Por motivos que no puedo revelarte en este momento, puedo asegurarte que es lo mejor para ti. Casarte con Terry sería la mejor decisión que podrías tomar, él es un hombre excepcional, digno de mi entera confianza. Él, al igual que tú, ha sufrido en esta vida. Su madre, la hermana de mi cuñada Elizabeth, murió cuando él tenía diez años; dejándolo al cuidado de su padre. Richard, su padre, por motivos ajenos a su voluntad, tuvo que dejarlo en mi casa para que mi familia tomara custodia de él. Sé que esto no tiene nada que ver contigo, pero te aseguro hija que ambos lograrán congeniar y tengo la esperanza que en algún momento llegarás a agradecerme el haber estipulado un matrimonio de esta naturaleza.
Piénsalo hija, te suplico que medites bien tu decisión. Recuerda siempre que aunque no estuve en tu vida como yo hubiese deseado, siempre te amé. Tú y tu madre fueron lo más importante en mi vida. Me voy feliz hija, porque conocí el amor y porque tuve la dicha de verte alguna vez. Hubiese deseado poder llegar a abrazarte y decirte hija, frente a frente, pero entiendo perfectamente que es toda mi culpa el que nunca haya llegado a tener esa dicha. Confío en que serás feliz de ahora en adelante, tendrás todo lo que siempre te perteneció.
Me despido hija, no sin antes recordarte lo mucho que te quiero y lo mucho que anhelo tu felicidad. Te amo hija mía nunca lo olvides, y te deseo lo mejor para siempre.
Con amor,
Tu padre
William Alexander Andley
P.D. El peso que dejo en tus hombros no es tan difícil de cargar, Candy. Aprende a reconocer las verdaderas intenciones de la gente que te rodea. Tendrás a tu lado a alguien a quien siempre podrás recurrir, confío plenamente en él y sé que te ayudará en los momentos más críticos de tu futuro próximo. Siempre que necesites ayuda, recurre a Terry hija… no lo olvides, él siempre te apoyará. Podrás confiar siempre en él.
o.o.o.o.o.o.o
Con los ojos llenos de lágrimas, Candy se llevo la carta a su pecho y comenzó a sollozar. Se sentía triste, por no poder retroceder el tiempo y decidir perdonar a tiempo a su padre.
Pero ya estaba hecho, William se había muerto sin recibir el perdón por parte de ella. Ahora, la única forma que veía en este momento de retribuir un poco su mal proceder era intentar tomar posesión de la fortuna que su padre le había heredado. Después de todo, tendría la ayuda de su esposo y de… Terry. Su padre le había recalcado en la carta, lo mucho que confiaba en él y… bueno, no perdía nada con intentarlo.
No creía que fuera tan complicado, la principal cláusula que le había afectado era la del matrimonio; pero como esa ya no podía ocurrir… lo demás sería más sencillo.
Se limpió su rostro con las manos y se recostó en la amplia cama de la recámara en la que Albert la había dejado, cerró los ojos un momento y se durmió por algunos minutos.
OoOoOoOoOoOoOoOoO
La verdad, no había salido nada bien.
Se había hecho a la idea de que tendría que casarse con la hija de su tío William y hasta llegó a gustarle la perspectiva. Pero ahora… tenía que congeniar con la imagen de que ella era la esposa de su primo Albert y que debía de cualquier forma ser su albacea.
Manejó hasta su casa en las afueras de Lakewood y al llegar estacionó el auto en la entrada, ni ganas tuvo de meterlo en el garaje. Caminó hasta la puerta y entró a su hogar, estaba dispuesto a subir al segundo nivel y dormir por horas… o por lo menos intentarlo, cuando sus planes fueron truncados
- ¿Cómo te fue?
Fue la pregunta de Karen al escucharlo llegar de la lectura del testamento. Tal y como lo había dicho, Karen decidió viajar con Terry a Chicago y pasar una temporada con él en su casa.
- No lo sé –contestó serio
- ¿Cómo que no lo sabes? –Dijo dudosa- ¿La conociste?
- ¿A quién? –caminó a la cocina
- Cómo que ¿a quién? –lo siguió- pues a tu futura esposa
Terry sonrió tristemente.
- No habrá una futura esposa –abrió el refrigerador- La misteriosa hija del tío William ya está casada. Así que –sacó un jarro de limonada- como comprenderás no habrá boda –sonrió tomando un trago del frío líquido
- Wow, así que tus planes se derrumbaron. –Caminó hasta la encimera- ¿Regresarás a Nueva York?
- Pues… no lo sé –puso el vaso en la encimera- de cualquier forma, tengo que hacerme cargo de la hija del tío William
- ¿Hacerte cargo? –Tomó el vaso de Terry y tomó de él- No entiendo –Terry sonrió
- Lo que sucede es que, aunque ya no hay posibilidad de un matrimonio; igualmente debo manejar su fortuna por un año, ayudarla a incorporarse a la compañía y cuidar de su bienestar.
- Interesante –llevó su mano derecha a su barbilla.
- Supongo, pero aún no sé si aceptaré
- ¿Por qué?
- Porque me es difícil conciliar la idea de ayudarle a la esposa de Albert a convertirse en la cabeza de los Andley. No quiero tener nada que ver con esa familia… mucho menos tener algo que ver con mi adorado primo –se burló
- ¿Esposa de Albert? –Se asombró- espera… ¿eso quiere decir?
- Si, -asintió- Candy se casó con Albert
Karen se quedó callada y comenzó a dar vueltas por la habitación… de pronto se detuvo y vio a Terry fijamente.
- Quiere decir que Candy se casó con su primo
Terry se quedó callado, no había pensado en eso. Talvez nadie lo había pensado…
- Tienes razón
- ¿Eso es legal?
- No tengo idea –lo miró- Pero aún si no lo fuera, si se casó con él es porque lo ama y nada puedo hacer al respecto
Karen lo observó sonriente
- Te gusta ¿verdad?
- ¿Quién?
- Candy
- No. –Dijo firmemente- ¿De dónde sacas eso?
- Lo intuí. –Se burló- Bien… no importa. –Se puso seria- Lo importante es que todo esto es muy sospechoso. No sé… me parece dudoso que Albert se haya casado específicamente con Candy. Según lo que me has contado, tu primo no es precisamente un hombre de familia; entonces… ¿Por qué casarse con la hija de su tío? –sospechó- ¿Además donde se conocieron? –caminó un poco más- Es todo muy sospechoso…
- ¿Qué quieres decir?
- No me hagas caso, necesito más información para llegar una conclusión.
- Bien, por ahora no me interesa saber nada de la familia Andley. Quiero irme a descansar para meditar qué es lo que haré.
- Creo que deberías aceptar.
- No sé, Karen. Debo pensarlo –caminó hacia el pasillo
- Como quieras –fue tras él- pero recuerda que por algo tu tío te dejó a cargo de todo, especialmente a cargo de su hija. Eres un hombre sensato, Terry. Confío que harás lo más indicado para todos.
Sin contestar, Terry le sonrió y se dirigió a su habitación. Como se lo había dicho a Karen, necesitaba pensar.
Cuando entró a su habitación, caminó hasta su cama y se desplomó sobre ella. su reencuentro con los Andley no había salido del todo mal. Si fuera un ser vengativo, estaría feliz de que el futuro de esa familia dependiera de él; así podrían pagar todo el sufrimiento que alguna vez le hubieran causado. Pero contrario a esto, se sentía confundido… en un callejón sin salida.
Por un lado, deseaba con todas sus fuerzas cumplir la última voluntad de su querido tío y ayudar a su hija en el proceso de convertirse en la cabeza de los Andley; pero por el otro, no quería tener nada que ver con ellos. Desaparecer de sus vidas, y regresar a continuar con su carrera de actor en Nueva York.
Se incorporó y tomó del interior de su saco, el sobre que George le había entregado. Dirigió su mano al interior del buró junto a su cama, la carta que semanas atrás le hubiera entregado el abogado igualmente, ambas contenían la última voluntad de su tío.
Abrió el sobre que contenía la primera carta, y la releyó. Se la sabía casi de memoria, la había leído y releído tantas veces… cuando pensaba aún que llegaría a casarse con Candice White.
Después de terminar de leerla, nuevas lágrimas se asomaban por sus azules ojos. Ahora, tenía en su poder una segunda carta. La abrió nervioso, dejando la primera en la cama junto a él y comenzó a leer la misiva.
Querido Terry
Mi mayor deseo es que no lleguen a entregarte esta carta, pues deseo que seas tu quien contraiga matrimonio con mi hija; pero si la estás leyendo es que eso ya no puede ser.
Por alguna razón, a él también le hubiera gustado no estarla leyendo
Sé que no podía asegurar que Candy no se casara en estos meses en los que no teníamos conocimiento de su paradero, pero en mi interior tenía la esperanza que eso no sucediera. Quería que fueras tú el que se hiciera cargo de ella en todos los aspectos. Pero, ahora que esto ya no puede ocurrir, deseo darte nuevas indicaciones sobre lo que debes hacer.
Para William era muy sencillo dar órdenes, pero Terry aún no sabía si aceptaría hacer lo que éste decía.
Desconozco la personalidad o las intenciones del esposo de Candy, no tengo la menor idea de quién sea o si es digno de confiar. Pero deseé proteger el bienestar de mi hija a toda costa, por lo que de igual forma te nombré su albacea; por lo menos durante un año, para que ella aprenda de los negocios de la familia y además porque considero que en ese tiempo, tú puedes llegar a identificar la personalidad de este hombre. Como siempre te he dicho, confío mucho en ti. Estoy dejando en tus manos, no solo mi fortuna sino mi más grande tesoro. No me decepciones Terry. Cuida a Candy como si fuera tu mayor tesoro, también. Aprende a conocerla y a quererla.
Eso era lo que temía, llegar a quererla…
Talvez pienses que es demasiado pretencioso de mi parte, pedirte que abandones todo por lo que has luchado solo por hacerte cargo de mis responsabilidades pero no tengo a nadie más a quien recurrir. Siempre te consideré un hijo y eres el único en quien confío para esta difícil tarea.
Agradecía esto… aunque le costara hacerse a la idea de hacerlo.
Confío en ti, hijo. Por favor no me decepciones. Sé que tu labor será impecable, y que no tendrás ningún problema con mi familia con tu proceder.
Eso esperaba
Te quiero, Terry. Nunca lo olvides.
Con cariño y admiración,
William Andley
La carta era mucho más corta que la primera, pero igualmente conmovedora. Ahora lo sabía, no podía decepcionar a su tío. Él le había confiado su empresa, y a su hija; no podía declinar su propuesta de ser el presidente de la compañía.
Aún en contra de su razón, aceptaría… sería el guía y maestro de Candy.
OoOoOoOoOoOoOoOoO
- Candy, cariño. Despierta –la removió un poco
¡Qué vergüenza!
Se había quedado dormida, por quien sabe cuanto y ahora su esposo la había venido a despertar
- Perdón –bostezó- me quedé dormida
- Eso parece –sonrió
- ¿Qué hora es?
- Las siete –le acarició la mejilla- ¿Quieres bajar? Te presentaré a mi familia
- ¿Crees que sea correcto?
- Claro, en algún momento deben conocerte. Más ahora que eres la dueña de todo –le sonrió
- ¿Dueña?
- Si, ¿no te acuerdas de la lectura del testamento? –La reprendió- Tío William te dejó todo a ti, eres la dueña de toda su fortuna
- Aún no sé si aceptaré
- Tienes que hacerlo linda –dijo exasperado- de lo contrario todo pasará a manos de la caridad y nos dejarás en la calle
Candy se alarmó.
- Pero no te apures –trató de sonar sereno- aún si crees que no puedes con esto, te seguiré queriendo –mintió
- ¿De verdad?
- Claro, linda. Te quiero por encima de todo –desvió la mirada y se levantó de la cama- Ahora, deberías de lavarte la cara para bajar a cenar con nosotros.
- No… no sé… creo que debo regresar a mi casa. Patty debe estar muy preocupada. Talvez… sea mejor que me los presentes otro día –sonó nerviosa
- De ninguna manera, será de una vez –sonó enérgico- Te espero, lávate y vamos a bajar para conocer a mi familia
Candy se asustó con el tono utilizado por Albert, nunca le había hablado de esa forma. Temerosa, se levantó de la cama y lo miró fijamente
- Está bien
- Bien, apresúrate. Todos te están esperando abajo
Obediente, Candy caminó hasta la puerta del baño y entró en él. Se lavó la cara con agua fría y salió después de habérsela secado.
- Lista
- Ven –la tomó de la mano y la condujo escaleras abajo- Les caerás bien, no te preocupes
Candy sonrió, no temía lo que ellos pudieran decir de ella; sino de lo que pensaran del matrimonio apresurado de ellos.
Al bajar las escaleras, Candy observó que toda la familia los esperaba en la sala. Sintió de pronto que se enfrentaba a un jurado dispuesto a despedazarla.
- No estés nerviosa –le susurró
- No lo estoy –mintió
Albert la condujo hasta cuando estuvieron frente a todos los integrantes de la familia Andley. Ahí, parada frente a ellos… los observó detenidamente.
En el sillón individual junto a la chimenea estaba un joven rubio, muy parecido a su esposo pero de menor edad; la veía sonriente y ella le devolvió la sonrisa. En el sofá se encontraban un hombre de mediana edad, con el cabello castaño y de expresión seria; junto a él se encontraba la madre de su esposo quien la observaba sonriente, a ella ya había tenido la oportunidad de conocerla en la mañana al llegar a la lectura del testamento. En el loveseat junto a la ventana se encontraba una joven pelirroja quien la veía recelosa.
- Familia –habló Albert- les presento a Candy, mi esposa
- Mucho gusto –se levantó Anthony- no tenía idea de que mi hermano hubiera contraído matrimonio, pero estoy feliz por él. Bienvenido a la familia, Candy. Mi nombre es Anthony, y sospecho que seremos muy buenos amigos –le sonrió
- Mucho gusto –respondió la rubia
Anthony se fue a sentar nuevamente y desde su lugar, Charles y Elizabeth le hablaron
- Como dijo el hermano de Albert –dijo Charles- no teníamos idea de que él se hubiera casado, pero sin duda lo que más nos impactó fue tu identidad. No tenía idea de que William hubiera tenido hijos. ¿Cómo se conocieron?
Candy enmudeció, Albert le apretó la mano y le infundó seguridad
- Charles, creo que no es momento de cuestionamientos. Luego lo sabrás, ahora solo quería presentarle a mi esposa.
- Tienes razón, hijo –intervino Elizabeth- bienvenida Candy. Siéntete en tu casa –bromeó- acompáñanos a comer
- No creo que se pueda señora, tengo que regresar a casa
- ¿Señora? –Dijo con sonrisa fingida- llámame Elizabeth, me haces sentir vieja.
La rubia sonrió, luego la joven pelirroja se levantó de su asiento y con mirada despectiva se presentó.
- Mucho gusto –la miró con desdén- yo soy Eliza, la hermanastra de tu esposo.
- Hola, mucho gusto –respondió Candy
- Cuando vengas a vivir a casa, ¿cambiarás tu guardarropa, no es así?
- ¡Eliza! –la reprendió Anthony
- ¿Qué? No me van a decir que no debe cambiar su vestimenta. Es la heredera de una gran fortuna, y su ropa deja mucho que desear -sonrió
- ¡Eliza, cállate! -la regañó su padre
- Pero, papá. No he mentido. ¿Verdad Albert? No querrás que tu esposa vista de esta manera, ¿verdad? –le señaló la ropa
Candy se sintió morir. ¿Tan mal estaba vestida?
- Eliza, será mejor que te retractes de lo que dices. –dijo Albert
- Está bien, -sonrió- pero si quieres mi ayuda –se dirigió a Candy- no dudes en decírmelo. Podría ser que aprendas mucho de mí.
- ¡Eliza! –la reprendió su padre- ¡Vete a tu habitación! –la riñó como si fuera una niña
- ¿A mi habitación? –Contestó burlona- Papá ¿recuerdas que ya no tengo 5 años? –movió la cabeza negando- Pero igual me retiro… -caminó hacia la cocina- mucho gusto Candy –dijo sin ánimos que hizo entender a todos que no era verdad- y bienvenida a la familia
Eliza desapareció de la sala, dejando en ella solo al matrimonio Leagan, a Anthony y a Albert junto a su esposa, quien se sentía repentinamente incómoda
- Será mejor irme –le susurró Candy a Albert
- ¿Por qué?
- Patty debe estar preocupada por mí, además debo irme a descansar; mañana tengo clases muy temprano
- ¿Estudias? –preguntó Anthony
- Si –sonrió- estudio enfermería
- Bien, una enfermera en la familia. Puede ser conveniente –bromeó
- Si, muy conveniente –habló Elizabeth- Entonces ¿no te quedarás a cenar?
- Gracias, señora –Elizabeth la vio seria, reprendiéndola por la forma en la que se dirigió a ella- perdón, Elizabeth –se corrigió- será en otra ocasión, por hoy son demasiadas emociones.
- Entiendo, es un gusto conocer de ti –sonrió
- El gusto fue todo mío –se levantó
- Aún tenemos una reunión pendiente –aseguró Elizabeth- la fiesta de tu presentación –aclaró- Te haré llegar la información con Albert, mañana mismo empiezo con los preparativos. ¿Cuándo crees que podrás mudarte?
- ¿Mudarme? –preguntó torpemente
- Si, Candy –habló Anthony- esta es tu casa. ¿No pensarás seguir viviendo lejos de tu esposo, verdad?
Candy se ruborizó, en realidad no había pensado demasiado en ello.
- Por supuesto que no –sentenció Albert- Mañana mismo iniciaremos la mudanza
- Este… yo…
- ¡Nada! –Dispuso el rubio- ¡Te mudarás mañana! –dijo serio- está decidido…
- Bien –sonrió Elizabeth, para aligerar el ambiente- Mandaré a preparar todo para tu mudanza. Será un gusto tenerte con nosotros.
- Muchas gracias –trató de sonreír Candy- Por el momento, creo que será mejor irme. Tengo que regresar a preparar todo –caminó hacia la puerta- Feliz noche
- Albert –habló Elizabeth- acompaña a tu esposa
- Lo haré
Alcanzó a Candy a medio camino, justo antes de llegar a la puerta; tomando su brazo la hizo detenerse.
- ¡Espera!
Candy volteó a verlo, vio en sus ojos dureza… enojo; solo que no entendió el porqué
- ¿Qué sucede?
- Te había dicho que quería comer junto a mi familia, contigo a mi lado ¿no entendiste?
- Si, pero… yo te dije que tenía que regresar…
- Está bien, pero no se te ocurra desafiarme de nuevo. Ya le había avisado a todos de tu presencia durante la cena. Me haces quedar como un estúpido, que no conoce las intenciones de su esposa
- Lo siento… yo… tengo que irme -se soltó de su agarre y comenzó a caminar
- Yo te llevo
Candy asintió, y Albert la condujo hasta su auto convertible. Condujo en silencio, hasta llegar al frente del edificio donde la rubia vivía. Entonces, habló
- También creo conveniente que congeles la matrícula para este año. No podrás seguir estudiando, evidentemente…
- No lo haré –aseguró
- Candy… -trató de sonar tranquilo- es lo mejor. Entiende que debes hacerte cargo de los negocios, junto a… -le costó decir su nombre- Terry. Tienes que estar atenta a todo, tienes que estar enfocada en los negocios de la familia. Es lo mejor, linda –le acarició la mejilla- Sé que lo harás bien
Este era el Albert de siempre, cariñoso… atento, preocupado…
- Albert, yo… aún no sé que hacer.
- Linda, debes de hacerlo. Por tu bien, y el de todos –sonrió- sabes que es lo mejor ¿no es así? –se acercó a darle un beso ligero en los labios
- Creo… que sí
- Es lo más sensato –sonrió nuevamente- Vengo en la mañana para ayudarte con lo de la mudanza. Después iremos a la facultad para iniciar los trámites.
- Está bien
- Hasta mañana, cielo
- Hasta mañana –respondió antes de bajar
Caminó hasta su edificio y entró. Aún se sentía insegura en tener que renunciar a su sueño de ser enfermera y mudarse a la mansión Andley. Pero Albert había dicho que era lo mejor… tendría que confiar en su esposo de ahora en adelante.
Ahora, venía lo más difícil… decirle sus decisiones a Patty. Estaba segura que su amiga no lo aprobaría.
- ¿Cómo te fue? –preguntó al verla
- Bien
- No suenas segura de ello. Es más… pareces… ¿deprimida?
- Es difícil de explicar lo que siento, pero deprimida no es la palabra. –aseguró sentándose en la cama
- Está bien, pero cuéntame todo… con lujo de detalles
Candy así lo hizo, provocando en Patty un nivel de exaltación enérgico.
- ¿Y qué harás?
- Mudarme a la mansión Andley –espetó- además de… detener de momento mis estudios –dijo insegura
- ¡¿Qué?! –exclamó- ¿Por qué? –dijo sorprendida- estoy segura que podrías equilibrar bien las cosas, además no estarás sola… estoy segura que este joven… ¿Terry? –Candy asintió- te puede ayudar con los horarios. No creo que dejar de estudiar sea lo mejor
- Lo haré –se levantó- ya está decidido –se dirigió a su armario
- Como quieras –también se levantó- siempre apoyaré tu decisión, aún cuando no esté de acuerdo con ello –la abrazó- ¡te extrañaré!
- ¡Yo también!
- Pero si tú así lo deseas, iré a visitarte a tu mansión. –bromeó- No te escaparás de mi tan fácilmente
- Por supuesto que no, sé que me perseguirás a donde vaya –también bromeó
Ambas se abrazaron por un rato, para después ponerse manos a la obra y comenzar a empacar las pertenencias de Candy.
OoOoOoOoOoOoOoOoO
Terry estaba en su estudio, releyendo las cartas de su tío William. Aún no estaba seguro de su decisión… de pronto, escuchó el timbre de su puerta. Perezoso se levantó de su asiento, y caminó hasta la puerta principal para abrirla.
- Hola Terry –dijo Archie al verlo, entrando sin autorización
- Hola –sonrió- ¿Qué haces aquí?
- Me mandaron a darte esto –agitó un sobre color sepia
- ¿Qué es? –dijo mientras observaba a su amigo dirigirse a la sala
- Una invitación –contestó sentándose despreocupadamente en el sofá
- ¿Por qué tu? –Preguntó mientras se dirigía a la barra- ¿Whisky?
- Por favor
Terry sirvió dos vasos del líquido color ámbar y después se dirigió donde su amigo, le entregó un vaso a Archie
- Bueno –sonrió- entenderás que aunque estás en sus manos, no le caes muy bien a los Andley –bromeó
- Entiendo
- Toma –le entregó el sobre- Sabes que tienes que asistir ¿verdad?
- Si
- Te veo ojeroso –lo escudriñó- Supongo que no has dormido bien
- Supones bien
- ¿Aceptarás? –refiriéndose al testamento
- No sé… no lo sé –dudó
- Un consejo –sorbió un trago de whisky- acepta. Tómalo como un favor que te devuelve la vida. Ahora ellos dependen de ti… hazles ver lo mucho que se equivocaron cuando te acusaron del fraude. Demuéstrales lo bueno que eres para los negocios –sonrió
- Los negocios no son lo mío –sonrió- estudié Administración porque debía hacerlo, se lo había prometido a tío William; pero nunca lo disfruté. Lo mío es el teatro
- Será solo un año, después podrás regresar a tu vida en la farándula –bromeó
Terry sonrió, continuaron hablando un rato… hasta que fue hora de Archie para partir, se despidió de su amigo, no sin antes presionar un poco más.
- Te veré en la fiesta ¿verdad?
- No tengo opción
- Y tu decisión será afirmativa, ¿no es así?
Terry movió la cabeza dudando.
- ¡Piénsalo! Es la oportunidad perfecta –le palmeó el hombro
- ¿Y tu que me dices? –Lo siguió- ¿Irás a la fiesta?
- Por supuesto
- ¿Acompañado? –bromeó
- No –sentenció- ¿Y tú?
Terry pensó en Karen…
- Si… creo…
- ¿Crees? –sonrió
- Bueno, si. Iré acompañado. ¿Y tú por qué no irás acompañado?
- No tengo a quien llevar –sonrió tristemente
- ¿No? –Preguntó dudoso- Lo dudo
- No lo dudes, así es
- Archibald Cornwell sin acompañante… ¡vaya! Si que es una novedad
- Llevo mucho sin pareja –sentenció amargamente- No la tengo desde… -calló
- ¿Annie?
Archie cerró los ojos fuertemente, como si el nombre que acababa de escuchar lo hiriera.
- Es hora de irme –se recompuso- No llegues tarde a la fiesta
- No lo haré
Antes que pudiera abrir la puerta, Karen entró a la casa con la llave que Terry le diera. Llevaba consigo varias bolsas, sin duda… había aprovechado su día de compras en la ciudad.
- Karen –sonrió Terry- llegas justo a tiempo para conocer a un buen amigo mío. Archie, ella es Karen –se dirigió a su amigo- Karen, él es Archie
Karen se quedó estática viendo a Archie, nunca antes un hombre la había impactado tanto
- Mucho gusto –sonrió Archie
- Igualmente
- Entonces –se dirigió a Terry- te veo en la fiesta. Espero que tu respuesta sea afirmativa –presionó- Nos vemos luego, mucho gusto Karen –le tomó la mano- Adiós, Terry
- Que te vaya bien –dijo el castaño
Lo despidió en la puerta, para luego entrar de nuevo a la casa; dentro de ella encontró a una Karen distinta. Pensativa… ¡silenciosa! Cosa extraña en ella…
- ¿Qué sucede? –se sentó junto a ella
- Nada ¿por?
- Estás rara
- ¿Qué me dijeras si te digo que hoy conocí al amor de mi vida?
- Te diría que estas loca. –bromeó
- Pues créelo. Lo acabo de ver… yo sabía que este viaje traería cosas buenas.
De pronto Terry analizó mejor sus palabras, Karen… estaba pensando en Archie… ¡NO!
- ¿No te refieres a Archie, verdad?
Karen sonrió
- ¡No Karen! –se levantó- él no. ¡No Archie!
- ¿Por qué?
- Él no es para ti. Aún está enamorado de alguien más… está muy herido. Yo te quiero mucho Karen; no quiero que sufras.
Karen cambió su expresión…
- No te apures, yo sé lo que hago.
- Eso espero, pero por el momento te digo que Archie no es para ti.
- Está bien, ya te escuché –contestó exasperada- Si me disculpas, tengo que ordenar todo esto en mi armario
Terry sonrió, Karen cambiaba de estado de ánimo al hablar de ropa y accesorios. La observó retirarse, pero después recordó algo
- Karen espera –se levantó- Quiero pedirte algo –dijo al pie de las escaleras
- Dime –se giró a verlo
- ¿Me harías el honor de acompañarme a una fiesta?
- ¿Será en la mansión Andley? –sonrió
- Si, necesito llevar a alguien
- ¡Vaya! –Fingió enojo- Me ofende tu forma de pedirlo. Lo haces sonar como si yo fuera tu última opción. –volteó el rostro
- Vamos, sabes que no es así. Es solo que no quisiera llegar solo… ya sabes, por orgullo. No quiero que…
- Pienses que estás solo… no después de lo ocurrido con Susana –se burló
- Así es –contestó serio
- No te apures, iré. –Sonrió- Será un placer ser su acompañante, señor Grandchester.
- Gracias
- Ahora si, déjame ir a probarme las preciosuras que compré –sonrió.
Terry puso en blanco los ojos, y se dirigió a la biblioteca… a seguir atormentándose con lo que de ahora en adelante vendría para él.
OoOoOoOoOoOoOoOoO
- Y esta es tu habitación –le enseñó Elizabeth a Candy- ¿Te gusta?
- Es muy linda –sonrió- ¿Aquí duerme Albert?
No pudo evitar sonrojarse al decirlo, pero era una idea que le había martillado en la cabeza toda la noche. No quería decepcionar a su madre, durmiendo con su esposo sin haberse casado por la iglesia; pero la idea la excitaba en sobremanera.
Quería dormir con Albert…
- No querida. Su habitación está a dos puertas de esta –abrió las cortinas
- Ah… -dijo decepcionada
- Albert me lo aclaró expresamente, dormirías en una habitación diferente a la de él.
La oración le dolió grandemente. Albert no quería dormir con ella…
- Creo que no tiene intención que esto cambie en un futuro, cariño –disimuló una sonrisa- Así es esto, querida; tendrás que acostumbrarte.
Candy simuló una sonrisa, se dirigió a la cama y se sentó a la orilla de esta. A partir de este día, viviría en la mansión Andley.
Su infierno… ¡estaba por comenzar!
CONTINUARA…
Hola!
Perdón por el atraso, he tenido algunos problemas y por eso… hasta que esto (mis problemas) mejore, creo que actualizaré cada semana!
Espero que les haya gustado el capítulo…
MIL GRACIAS A USTEDES…
LUISA1113, alejandra, Patty reyna, Guest, Abril34, Olgaliz, WISAL, Blanca Andrew, janet, Silvia E, LettyG, caritapelo, Wendy, gabyselenator, Noemi Cullen, flor, Mayuel, Oligranchester, guest, Lisseth, Val rod, Janeth…
Por acompañarme siempre, y por tomarse el tiempo de comentar… se los agradezco infinitamente. Como le he dicho siempre, es mi mejor paga!
Sin más… me despido… no sin antes decirles que… si creen que merezco una opinión de su parte, la esperaré ansiosa!
SALUDITOS
