Bien, no sabía en ese momento qué era más incomodo, el tener todas las miradas, de las personas de su alrededor, sobre él o las miradas retadoras que se lanzaban sus cinco compañeros, hasta habría jurado ver los pequeños rayos ir y venir. Qué diablos, se sentía fuera de lugar, se suponía que eran amigos pero por alguna razón ellos se sumergían, a cada momento, en una batalla silenciosa, como si de un asunto secreto se tratase. Suspiró y volvió a mirar las carteleras de cine, no lo animó mucho que digamos, tres de cinco opciones eran películas de horror y las otras dos de romance. Dudaba demasiado que ellos aceptaran ver una, y si lo hacían de seguro estarían molestándolo o durmiendo durante ella. Giró a su espalda y los cinco continuaban en su lucha de miradas.

-¿Sucede algo? –decidió preguntar al fin. Rápidamente le prestaron atención y sonrieron bobamente ante la cara ladeada y confusa del rubio.

-No qué va –contestó sarcástico Sai. Aún no podía creer que los atravesados hayan arruinado todos sus planes. Tenía que pensar rápido en cómo deshacerse de ellos. Sonrió y se dirigió a comprar los boletos. Luego le extendió uno a Naruto y guardó el suyo en el bolsillo. Kiba miró a Sai con mal gesto al igual que los demás, ya sabían a donde iba comprando sólo dos entradas; el castaño maldijo por lo bajo por no traer dinero suficiente mientras Suigetsu pensaba en una rápida solución.

-Bien, Naruto-kun, compremos golosinas –prácticamente lo arrastró lejos antes de que los detuvieran. Sasuke frunció el seño al verlos alejarse. Pasó de largo la cola de la casilla de venta y se coleó frente a una de las dos vendedoras, esta estuvo a punto exigirle volver de último en la fila pero Sasuke sonrió y la saludo seductor. No pasaron más de tres minutos y Sasuke volvió con unos boletos en mano.

-Creo que no deberíamos comprar nada –sugirió Sai a lo que Naruto miró extrañado, ya que hace algunos momentos él sí quería- puedo saborearte a ti durante la película y listo –aclaró pasándole el dedo índice por la mejilla hasta llegar, y alzarle, el mentón. Naruto se sonrojó y desvió la mirada. Otra vez comenzaba a portarse extraño con él. Qué era ese revoltillo que sentía en el estómago, se preguntó.

-Ese alago pasó de moda hace meses –avisó de repente Sasuke, parándose disimuladamente entre ambos logrando así separarlos.

-Si a Naruto-kun le agrada no le veo el problema –le respondió con un leve tic en el labio al sonreír.

-Eres muy pesado, Sai, sigues con los halagos sólo para molestarme. Ya basta –pidió Naruto.

-Te diste cuenta, Dobe. Sai es así con todos, ya sabes, no le prestes atención. Siempre miente –comentó sin apartar la vista de Sai que fruncía el ceño cada vez más.

-Qué haces aquí. Acaso tienes entrada –trató de desviar el tema.

-No me subestimes –sonrió arrogante.

-Así que… El juego del miedo cinco –leyó Naruto en su boleto para luego tragar en seco- no está mal. Qué otra película sería mejor ver –trató de sonar desinteresado pero digamos que no le funcionaba tan bien como pensó. Ambos azabaches sonrieron, que el rubio esté asustado era perfecto para esa ocasión.

-No preferirás ver los ositos cariñositos y el arcoíris perdido –se acercaron Kiba y Suigetsu al grupo. Naruto pareció pensarlo unos momentos y por ese acto los demás no pudieron evitar carcajearse. No estaría pensándolo en serio, ¿O sí?. Con Naruto todo era posible.

Sai rió por lo bajo al ver la expresión que el pelirrojo cargaba en ese momento. La mención de aquellos osos de seguro le habría recordado su niñez. Rió aún más al pensar en eso. El hermano mayor de Gaara, Sabaku no Kankuro, estaba a un año de graduarse de policía. En uno de sus casos, de práctica, había mencionado a los violadores y Gaara, como todo pequeño de seis años preguntó por curiosidad qué era eso. Quién diría que un universitario no supiera explicarse bien ante un infante. Esa misma semana Gaara y su hermana Temari fueron a la feria encontrándose a un sujeto regalando globos. El pelirrojo retrocedía a cada pasó que daba esa cosa hacia él. Tenía la misma descripción que Kankuro había contado: insistentes, en este caso en entregarle un globo; una sonrisa psicópata, qué no cambiaba ni un ápice; y por último, sexo tanto mujer como hombre, indefinido. Luego de compararlo estuvo unas tres horas huyendo de un hombre disfrazado de oso color morado. Habría deseado con todas sus fuerzas haber estado allí para grabar el momento, suspiró, en verdad era una lástima.

-No se han dado cuenta –comenzó a hablar Kiba- que siempre en las películas de terror un rubio muere –Naruto se atragantó con su propia saliva y giró a verlo aterrado.

-N… no bromees de esa forma. E…Eso no es cierto –trató de convencerse repitiéndose eso último en susurros.

-Ahora que lo dices –apoyó Sai, malicioso. Sasuke quiso romperle a ambos la cara por torturar de esa manera al menor. Lástima que no se propuso a intervenir sino que se mantuvo observando la acción de cada uno- El novio de la protagonista en La profecía del no nacido era rubio… Y murió.

-También el rubio de Caso 53, 67, 59, 28… No me acuerdo del número pero le salieron avispas hasta por las orejas –comentó Suigetsu uniéndose al tema de conversación por diversión.

-Pero la rubia de esa película no murió –intervino Gaara.

-Cierto –afirmó el castaño al darse cuenta de la expresión asustada de Naruto- sólo sufrió sustos y casi muere ahogada, aparte de ser perseguida por un demonio. Sólo eso.

-No ayudas –le avisó Sasuke.

-M… miren, nos toca –señaló el ojiazul.

Luego de otra batalla por ver quién brindaba las golosinas a Naruto acabaron yendo a la sala de cine con un Suigetsu a punto de banca rota, pero eso no tenía mucha importancia, la bandeja del rubio estaba llena y por lo tanto sonreía irradiando felicidad y ternura a todas parte, eso sí valía por lo menos la pena de ver, con tal de no sentirse mal por la conversación anterior. Era todo un niño. Dejaron que pasara primero. Sus puestos se encontraban casi al centro del cuarto. Se detuvieron en seco al verlo sentarse en el último puesto al lado del pasillo. ¡Sólo a él se le ocurría sentarse en la esquina!.

Así tan idiota era que ni se fijaba que todos ellos esperaban estar a su lado para consolarlo, pensaba Sasuke molesto. Por lo menos le hubiera guardado un puesto… Un puesto, miró rápidamente a sus compañeros que se mataban con la mirada, bueno intentaban; luego miró a Naruto. No lo pensó dos veces y se dirigió junto al rubio, estaba cerca hasta que Gaara apareció por el pasillo contrario y luego de pedir paso a Naruto se sentó junto a él. Sasuke respiró profundo para calmarse, qué diablos se creía ese al quitarle su puesto. Gaara al notar que Sasuke se ubicaba molesto a su lado sacó su boleto y se lo enseñó. Era el numero catorce, y el rubio era el quince, maldición hubiera comenzado por planear la ubicación de asientos. Miró el suyo, trece, no exactamente el deseado pero era cercano. Se inclinó para observar al otro azabache en la esquina contraria, seguido sonrió al verlo tan apartado. Quién dijo que arruinarle una cita a ese idiota era difícil.

La película comenzó y a los cinco les pareció extremadamente extraño que el rubio no haya gritado o algo por el estilo, sólo estaba allí sentando, comiendo. Aunque por lo menos se mostraba algo nervioso y abría los ojos como platos en escenas de apariciones repentinas. Sai sonreía ante la actitud de los protagonistas y una que otra tortura. Suigetsu y el castaño estaban amenazados por un guardia ser sacados de la sala por hablar y hacer comentarios altos, como "Eso no duele", "¡idiota, a la izquierda!" o "Es un brazo roto no te quejes, nenita". Luego estaba Sasuke, que apoyaba un codo en el brazo del asiento y descansaba su cabeza sobre la palma de la mano, estaba a punto de quedarse dormido esperando el supuesto momento en que saltaría de impresión, suspiró al sentir que fue todo una pérdida de tiempo estar allí.

Naruto se levantó de su asiento luego de pasar ya la mitad de la película. Avisó que iba al baño y calmado se dirigió a este. Luego de entrar agradeció de corazón que no hubiera nadie y se recostó en la puerta dando un suspiro. Pensó en meterse en un cubículo pero por terror a que alguien saliera de la nada y lo encerrara para luego torturarlo, de una u otra manera posible, así que optó por acercarse al lavamanos y apoyar ambas manos en los laterales. Se miró al espejo, no podía creer que haya pasado una hora viendo la película de sus futuras pesadillas. Por qué no inventó una escusa para por lo menos esperar afuera. No quería demostrar lo espantado que se sentía, sí claro, película de suspenso, eso se traduce a película para poner nervioso. Ahora estaría durante casi tres meses alerta de que alguien lo secuestrara. Sacudió la cabeza para olvidar las imágenes extrañas que cruzaron por su mente.

-¿Estás bien? –preguntó, apoyando una mano en su hombro. Naruto se giró sobresaltado, y del susto el grito que quiso dar quedó ahogado. Abrió desmesuradamente los ojos al ver a Gaara tras él.

-N… no te oí entrar –logró decir casi sin voz. Gaara observó sus manos que se aferraban con fuerza al lavabo. Volvió a repetir la pregunta aun más preocupado, Naruto asintió y bajó la mirada.

-Por qué tiemblas –tocó su mejilla logrando que alzara la vista- estás pálido.

-Tengo frío –trató de no darle mucha importancia- volvamos –sugirió andando a la salida pero Gaara lo detuvo y volvió a apoyarlo en el lavamanos, acorralándolo, luego se acercó a él.

-No debes volver. Estás aterrado –afirmó alzándole la barbilla. Naruto se sonrojó, apoyó las manos en el pecho de Gaara para así alejarlo un poco, su cercanía le incomodaba un poco.

-T… tú también tienes miedo –tartamudeó, en vez de afirmar pareció una pregunta. Luego susurró- p… por eso estás aquí ¿no?.

-Sí –mintió acercándose al rostro del rubio.

-¿Demasiado? –preguntó a la vez que se acercaban más.

-Sí –volvió a responder. Cuando sus labios rosaron la puerta abrió de golpe y Sasuke entró con los ojos entrecerrados de forma tranquila, como si nada. Naruto apartó a Gaara y sin poder dar explicación se encerró en un cubículo totalmente sonrojado y con la respiración agitada, en qué momento había dejado de respirar. ¿Qué estaba a punto de hacer?. Con Gaara… ¡un hombre!.

-Qué horror de película. Cierto –habló Gaara apoyándose mientras se cruzaba de brazos.

-Da sueño –respondió sin más el azabache a la vez que disimuladamente veía por el espejo el cubículo donde el rubio se encerró. Naruto luego de unos minutos volvió a salir y esos dos seguían parados frente a él. Nervioso avisó que volvería y apresuradamente decidió desaparecer del lugar.

-No se te ocurrió mejor momento para interrumpir.

-Si no me mojaba el rostro dormiría por tres días seguidos. Aunque le veo el lado bueno a esta situación.

-No quiero saberla –avisó el pelirrojo.

-Buena técnica. Aprovechar que uno está distraído y seguir en silencio al Dobe –alagó.

-No eres el único bueno –sonrió arrogante.

-¿Crees que avanzaste? –se burló el azabache a lo que Gaara frunció el ceño- ahora estará tan nervioso que no querrá darte cara. Es decir, te evitará.

-Veamos qué logras hacer tú en el tiempo que se le pasa –le retó.

-Más que tú, seguro –sonrió altanero a la vez que dejaba sólo al pelirrojo.

En lo que quedaba de la película Naruto mantuvo la vista al frente, y lo más alejado que pudo correrse de Gaara. No pudo evitar mirar a Sasuke, quien parecía volver a caer dormido. Tampoco le había comentado sobre el "accidente" del baño. Sí, trató de convencerse, accidente. Él estaba a punto de desmayarse y Gaara lo tomó en un "abrazo" para prevenir su caída… Qué rayos, eso no se lo creía ni un niño de diez años. Qué le pasaba al mundo, qué le pasaba a él, qué le pasaba a su mente. Quería gritar a los cuatro vientos y halarse los cabellos pero no tendría sentido. Suspiró, ya de nada servía seguir pensando en eso, era tarde y tomaría el día de mañana para ordenar sus pensamiento y verificar su sexualidad… ¡No podía ser!... ¡Estaba comenzando a dudar!.

-Pero cuál era su problema -se quejaba Suigetsu- no aceptan verdades. Quién llora por un dedo roto.

-Escuché más sus gritos que el de la mujer perseguida.

-Pero, Sai, ese guardia lo que quería era ponernos en ridículo.

-Más de lo que se pusieron ustedes, lo dudo –se burló Gaara siguiéndolos. Iban tan sumergidos en su conversación que se despidieron de Naruto sin darle mucha importancia, yendo en dirección contraria a él.

Mala idea. Andar solo de noche, con las calles vacías, luego de ver una película traumática y para nada educativa. Declarado, Uzumaki Naruto era todo un masoquista. Qué bien, se felicitó sarcástico. No pudo evitar volver a pensar en el "accidente" del baño. Estaba seguro, Gaara estuvo a punto de besarlo. Llevó sus dedos a sus labios, incluso los de él lo habían rosado, pero por qué. No sabía que Gaara prefería el otro lado, ni que él también… ¡No!... El no deseaba el otro lado, aún deseaba a una novia que lo quisiera tal y como es. Pero, y si algún chico también lo quisiera de ese modo.

-Imposible –se susurró. Caminó hasta darse cuenta de que se había metido en el lugar equivocado, y como era de esperarse ya que era entrada la noche, no había ni un alma pasando para sentirse seguro por si lo asesinaban en el camino, así por lo menos alguien lo llamaría para que lo reconocieran. Suspiró, qué clase de mente poseía. Muchas películas, se reprendió. Retomó el camino correcto y siguió caminando pensando en todas las posibles opciones de que le suceda algo, incluyendo el cómo ocurrirá. Se asustó el sólo y comenzó a aumentar la marcha poco a poco hasta casi acabar trotando. Una mano lo tomó por el hombro, esta vez sí tuvo la voz para dar un pequeño grito y acabar en cuclillas, apretando sus manos sobre las rodillas y su frente apoyada a la vez en ellas.

-Dobe –llamó Sasuke algo impresionado ante su reacción.

-¡Teme! –le respondió aún sin moverse. Sasuke se puso frente a él.

-¿Qué haces? –se le ocurrió la única pregunta estúpida para hacer.

-Veo la acera. Las hormigas de ayer eran más –comentó el rubio sin despegar la vista del suelo.

-¿Te asuste? –preguntó calmado. Naruto alzó la vista en seguida al responderle.

-¡Claro que no. De qué me asustaría. Ni que me fueran a secuestrar, torturar y matar en cualquier momento de estos por el simple hecho de que un lunático piensa que odio mi vida! –Sasuke observo bajo la luz de un farol que Naruto se encontraba pálido, y sus ojos estaban humedeciéndose. Era demasiado lindo para una foto, pero no era el momento, se dijo. Se acuclilló frente a él, estuvo a punto de revolverle un poco el cabello pero este agachó la cabeza, como si fuera a recibir algún golpe, lo que le pareció extraño a Sasuke. ¿Así tan asustado se encontraba?. Cambió de parecer y estiró ambos brazos hasta rodearlo y acercarlo a él. Naruto comenzó a ejercer fuerza, muy débil hasta que la voz suave de Sasuke lo interrumpió en el momento.

-Cálmate, Naruto. Estás temblando –hundió su rostro en el pecho del moreno y apoyó sus manos en él. Era extraño, no era lo mismo que sintió ante la cercanía de Gaara. Esta vez se sentía cómodo, a punto, quizás de dormirse. Quedaron así unos momentos hasta que el azabache lo separó lentamente una vez que había dejado de temblar.

-Vamos, te llevaré a casa –se ofreció, Naruto estaba sonrojado y por vergüenza no quería alzar la vista- ¿Sigues asustado? –y la verdad era que sí lo estaba. Sasuke suspiró- sabes que todo lo que suceden en las películas es falso. La sangre, los gritos y golpes. Todo –al ver que el rubio lo miró confuso volvió a suspirar- ¿Nunca te lo dijeron?.

-No veo películas de terror –avisó en un susurro. Sasuke lo pensó unos segundos, luego mostró sus dos manos abiertas.

-Es algo así, como decir truco de magia, pero por la computadora –comenzó a explicarle. Le señaló su pulgar derecho, cerró la misma mano en un puño mostrando el pulgar y con la otra lo tomó. Luego de contar hasta tres lo despegó- ¿Ves?. Es así, como despegarse el pulgar. Es una ment…

-¡Sasuke, te falta el pulgar! –exclamó alterado acercándose para tomar ambas manos y acercárselas a su rostro- ¡¿Te duele?¡¿llamo a la ambulancia?.¡¿Qué hago? –Sasuke lo miró algo impactado para luego sonreír, seguido comenzó a reír más fuerte. No podía creer la actitud de ese chico, era tan inocente, tan tierno y lindo. Esta vez sí le revolvió el cabello y lo ayudó a levantarse.

-Mira –mostró los diez dedos- sanos y salvo. Así son las películas. Todo es falso –Naruto por un momento suspiró aliviado, luego se sonrojó por la pena de su reacción anterior, y por último acabó dando un golpe en el brazo al azabache.

-¡Por asustarme! –Sasuke sonrió- ¿tu casa no queda del otro lado?.

-No –mintió, y en silencio caminaron hacia el hogar del rubio. Jiraya abrió la puerta y se recostó en ella.

-¿Qué tal la noche?.

-Aterradora –contestó Naruto a lo que el pelinegro volvió a reír. Agradeció su compañía y se despidió luego de volverle a agradecer algo apenado. Sasuke le sonrió y se retiró.

Naruto entró a su hogar y llegó a la sala donde Tsunade estaba sentada en el sofá cambiando el televisor. Saludo a su nieto y luego este se propuso a irse cuando detalló algo en Jiraya, unos extraños brazaletes negros con púas. Miró la sala y bajo el sofá, mal escondido habían unas esposas del mismo color. Suspiró, mucho para una sola noche.

-No voy a preguntar –avisó para luego dirigirse a su habitación y luego de cambiarse saltar directo a su cama.

Qué locura había pasado tan solo en una salida de amigos. Tenía tanto en qué pensar, tenía tantas ideas, pensamientos desordenados. Y aún debía contarle a Ino sobre la salida "normal" de amigos. Estaba seguro que no podría librarse de ella, por lo menos mañana, domingo, sí. Se puso de costado y abrazó un pequeño peluche rojizo. Pensaría mañana sobre Gaara, y Sasuke. Cerró los ojos unos minutos y todo se mantuvo en silencio profundo. De repente abrió los ojos de golpe. No podía ser posible.

¡Sasuke lo había llamado por su nombre!...