Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo.

Los personajes, salvo alguna excepción, no me pertenecen.

Muchas escenas, detalles o diálogos están tomados o inspirados en la serie, puesto que sigo el hilo argumental a grandes rasgos desde la segunda temporada.

Se aceptan dudas, sugerencias y criticas constructivas con fundamento, esto es para pasarlo bien y conocer gente, NO soy escritora.

Capítulo 7

Yelina, por fin recuperada, caminaba hacia su coche en el parking subterráneo de la oficina federal, cuando se giró asustada al escuchar el sonido de alguien detrás de ella.

-¿Vienes a terminar de gritarme, Alex? -Preguntó con serenidad después de suspirar aliviada, abandonando el miedo al comprobar que era su compañero.

-Sólo venía a disculparme de una forma adecuada. ¿Te parece si tomamos esas cervezas y firmamos una tregua?

La chica se detuvo antes de entrar en su coche, girándose para mirarlo con dudas, hablando después de unos segundos.

-¿Qué clase de tregua, Mahone?

-Yo no pagaré nada personal contigo, y tú llamarás antes de entrar a los despachos ajenos. –Comentó con una leve sonrisa, contagiando a la chica, quien se lo pensó un segundo.

-Me parece bien, te sigo.

Acto seguido, cada cual montó en su vehículo, saliendo primero el agente, y después la mujer hasta un pequeño y solitario bar, a tan sólo unas manzanas de la oficina del FBI.

La pareja ocupó una zona de la barra, pidiendo un par de cervezas. Yelina fue la primera en romper el hielo, sabiendo que aquella era una gran ocasión para empezar a penetrar el sólido muro de la personalidad de Alexander Mahone.

-¿No estará esperándote tu mujer? –Preguntó ella tras beber de su botellín con despreocupación, vislumbrando de soslayo al hombre bajar la mirada, tratando de ocultar su pena.

-Estoy divorciado desde hace unos años, nadie me espera.

-Pues ya somos dos.

-¿Ni siquiera en Washington? –Preguntó mirándola levemente.

-No. La poca familia que tengo está demasiado lejos o ya no están. –La castaña contestó con serenidad, cambiando de tema para que no siguiera indagando en su punto débil. -¿Eres de Chicago?

-Ohio. De un pequeño pueblo del este. Deduzco que tú eres americana, pero tu ascendencia es latina. –Comentó acertando, haciendo que la chica asintiera con una sonrisa.

-Muy bien, sé ve que no estás en tu puesto por que sí, Mahone. –Se burló, continuando después. –Nací en Colombia, pero vine a Estados Unidos muy pronto. Mi madre es colombiana y mi padre norteamericano. Pero todos son descendientes de españoles emigrantes por alguna rama. ¿Tienes hijos?

-Sí, un niño, Cameron, vive con su madre. –Dijo tratando de no reflejar su preocupación y tristeza, aunque la mujer notó algo.

-Se nota que lo echas de menos, lo siento mucho. Sé como te sientes. –Dijo para después volver a beber, dejando al hombre confuso, que habló sin quererlo en voz demasiado alta, con una sonrisa triste.

-No creo.

-Tuve un hijo una vez. Se llamaba Dany. Murió cuando tenía 6 años. Uno nunca se acostumbra a eso.

-Lo siento mucho. –Murmuró Mahone mirando a la mujer fijamente, mientras ella dibujaba una sonrisa a media asta, limpiando una lágrima que corrió por su mejilla.

-Es algo que nunca se supera, es imposible. Hoy sería su cumpleaños, estoy un poco sensible por ello. Supongo que por eso ha ocurrido lo en tu despacho. –Dijo la mujer, no siendo del todo cierto, mientras el hombre sentía una punzada de culpabilidad y temor por verse algún día en aquella situación. –Sabes, ahora mismo no me vendría mal una de esas pastillas tuyas. -Agregó sonriendo mientras limpiaba su ultima lágrima, viendo que Mahone segundos después depositó una encima de la barra.

-Será nuestro secreto.

-Se supone que debería estar ayudándote a dejarlo, no incitándote.

-Ya empezarás otro día con eso, no esta noche.

-Gracias. –Susurró con una cálida sonrisa, para después beber ambos.


Hacía dos día que Michael y Lincoln se habían enterado de que su amiga estaba tratando de ayudarlos desde dentro del FBI, y no habían dejado un momento de pensar en aquello, y en cuantas cosas podían salir mal.

Scofield miraba muy a menudo el teléfono que Yelina le había entregado, preguntándose cuándo llamaría, temiendo tantas cosas a la vez que no sabía por donde empezar. Aquella tarde estaba más nervioso de lo normal, esperando en medio del desierto de Nuevo México junto con su hermano y Sara a que aquella avioneta llegase, como le habían prometido.

El sonido del móvil de Michael distrajo al grupo. Lincoln y Sara lo observaron responder con la misma ansiedad que él.

-Yelina ¿Todo va bien? –Preguntó de forma atropellada.

-Pues lo cierto es que no Michael, creo que tenemos un grave problema. ¿Esos números en la zona del brazo izquierdo son la coordenados de donde estáis ahora?

-Sí, se supone que volaremos y pasaremos la frontera, adentrándonos en México como en una hora.

-¡Tenéis que salir de ahí! ¿me oyes? Creo que Mahone lo ha descubierto y va para allá.

-Pero, ¿cómo no estás segura? ¿No se supone que trabajas para él? ¿Y Por qué iba a estar tan cerca de Nuevo México?

-Estábamos investigando cerca porque sabían qué pretendíais. Estuvimos descifrando esos números, pero en cuanto dimos con la clave él se marchó, desapareció sin decir nada, sabes por qué ¿verdad?

-Porque viene a matarnos.

-Salid de ahí, por favor. Estoy de camino. Ese cabrón no os matará.

Antes de que Michael pudiera contestar, la colombiana colgó, dejando al chico angustiado ante tal cambio de planes.

-Mike, ¿qué pasa? -Preguntó su hermano sin dejar de escudriñar su cara, hasta que este reaccionó, comenzando a andar apresurado.

-Mahone viene hacia aquí, hay que irse. ¡Vamos, al coche!

El grupo comenzó a correr llegando hasta el viejo vehículo, cuando observaron un gran todo-terreno negro entrar a gran velocidad conducido por el agente especia, quien empezó a dispararles, haciendo que no pudieran entrar en el coche y huir sin correr grave peligro.

-¿¡Qué vamos a hacer ahora!? –Preguntó Sara con terror mirando los ojos azules de su novio, quien se quedó sin palabras y planes.

-Yo sé qué vamos a hacer. –Respondió Lincoln con decisión, sacando una pistola que ocultaba en su espalda, sujeta con el cinturón, quitándole el seguro mientras Michael le miraba estupefacto, no pudiendo creer que de veras fuera a hacerlo.

Alex paró bruscamente, saliendo sin dejar de apuntar al lugar, tomando aire y fuerzas para acabar con todo de una maldita vez, cuando se sobresaltó agachándose al encontrarse con los disparos de Lincoln.

Tras aquellos tensos segundos, el grupo salió corriendo hacia otra dirección por donde comenzaban a brotar las rocas, siendo seguidos muy de cerca por Mahone, quien volvió a disparar rozando prácticamente a Scofield, pero no se dio cuenta de que Burrows estaba aguardando aquel momento de desconcentración hacia su persona, que aprovechó sin miramientos disparando al agente.


Alex abrió los ojos con pesadez, vislumbrando las paredes blancas y desornamentadas de una habitación de hospital, escuchando de sonido de fondo una voz masculina hablar por teléfono.

-Disparo en la clavícula y hombro, unos centímetros hacia la derecha y no lo cuentas. –Dijo un hombre rubio y trajeado, para después volver a retomar la conversación con la persona del móvil. –Sí, acaba de despertar. Claro, no se preocupe.

Cuando el hombre colgó y guardó su teléfono se posicionó frente a Alex, quien centró sus ojos en el desconocido, aunque sabía que era de la compañía.

-Bueno, el señor Kim me dice que debes terminar el trabajo. No está muy contento, Alex.

-Pues dile que se acabó, lo dejo. Esto ha llegado demasiado lejos. –Habló con fuerza, mientras se incorporaba obviando su dolor y cansancio físico.

-¿Y qué pasará con tu pequeño secreto?

-Publicadlo a los cuatro vientos, yo lo haré de todos modos. Maté a un asesino y violador sin sentimientos, cumpliré mi condena, pero me desharé de vosotros de una puta vez.

-Muy bien, Mahone. Ya tendrás noticias nuestras. –Se despidió el hombre con el rostro serio, saliendo después de la pequeña habitación mientras el agente especial suspiraba, recostándose de nuevo, no sin deshacerse de aquella sensación de miedo.