VII
Panina (Cierre)


Enero 27, 2011.

Queen's Medical Center

Danny supo, incluso antes de abrir los ojos, que estaba en el hospital. No podía definir si el conocimiento se correspondía al olor aséptico tan típico, a la pesada luz que le tocaba los párpados o al sonido inicial de máquinas que siempre lo perturbaban por un momento antes de asentarse como cortina de fondo. Cualquiera de las opciones podía darle una buena indicación del lugar en el que se encontraba.

Parpadeó varias veces. Aún se sentía cansado.

—¿Danny? —La voz de Chin lo alcanzó desde algún lugar lejano, rompiendo la bruma que había en su mente y él se encontró vagamente preguntándose si Steve todavía seguía ignorándolo. Se movió bruscamente para mirar a Chin, algo que su cabeza no agradeció. No se suponía que debía estar en una clínica. Ninguno de ellos—. Tranquilo. Estás en el hospital. ¿Cómo te sientes?

Bueno, Danny había descubierto eso por su cuenta. A juzgar por la sonrisa en el rostro de Chin, siempre estoico, siempre livianamente serio, Danny supuso que su cara reflejó exactamente la respuesta que pasó por su cabeza.

—¿Qué...? —Su voz sonaba demasiado ronca para su gusto.

Chin hizo lo correcto, porque él era esa clase de persona, y le ayudó a sentarse un poco sobre la camilla. También le hizo beber agua en pequeños sorbos.

—Gracias.

Danny odiaba su voz rasposa. Chin hizo un ademán con su mano para restarle importancia porque él siempre le restaba importancia a las cosas que hacía.

Una punzada de decepción inevitable hizo que fuera más difícil de respirar. Si Chin estaba aquí...

—Creo que a Steve le molestará no haber estado despierto para darte la bienvenida de nuevo —comentó Chin, señalando con la barbilla el lado izquierdo de Danny, antes de volver a erigirse estoicamente junto a su cama—. Las enfermeras dejaron de insistir en echarlo después del primer día. Kono ha estado haciendo guardia afuera, además.

Había habido una pequeña sonrisa en el rostro de Chin al hablar pero solo después de ese gesto es que Danny se dio cuenta de que ellos dos no eran los únicos en la habitación. Giró el rostro con cuidado, sorprendiendose al notar que Steve estaba durmiendo en la camilla de Danny con los brazos bajo su cabeza. Estaba lo suficientemente lejos para no incomodarlo pero lo suficientemente cerca para que Danny pudiera tocarlo si eso quería. Las ganas de alcanzarlo le picaron en la punta de los dedos, algo que no era inusual. Había estado lidiando con su atracción por Steve desde hacía bastante tiempo, si tenía que ser sincero.

Frunció el ceño. El superSEAL había continuado durmiendo durante toda la conversación.

Eso no podía significar algo bueno.

—¿Hace mucho que estoy aquí? —preguntó, confundido. Lo que realmente quería saber era qué demonios había pasado.

La cara de Chin cayó. —Un par de días. Más que nada por la deshidratación y porque querían asegurarse que tu sistema estaba limpio. ¿Qué es lo último que recuerdas?

—Fui al restaurante a buscar mi auto y la amiga de Kono-

Las imágenes borrosas se reagruparon de nuevo, tomando otro significado. Recordaba que el domingo, justo después de salir de su apartamento, se había cruzado a la amiga de Kono en el aparcamiento de su complejo de edificios. Danny recordaba que ella se le había acercado de improviso-

—Oh. —Pestañeó—. Supongo que el caso del acosador está resuelto.

Chin asintió, justo antes de explicarle vagamente lo que había pasado durante los últimos días. Algunas piezas fueron cayendo en su lugar, aportando detalles a la imagen final. —... así que tienes algunas cosas que explicarnos y Keala estará en una institución por bastante tiempo, al parecer. Pudimos encontrar al amigo que la ayudaba trabajaba con ella en las fotografías y…, la historia corta es que ella le vendió una imagen diferente a todo el mundo. Él estaba convencido que Ben la molestaba. Kono creía que era una vieja amiga que regresaba. Pero sí. En esencia todo está resuelto.

En el mundo de Danny eso no significaba mucho, honestamente.

—¿Cómo está Kono? —preguntó.

Chin suspiró y, justo por eso, él sabía que lo más importante todavía era algo pendiente.

—Creo que le haría bien hablar contigo —confesó. En otras palabras, supuso Danny, Kono todavía se sentía culpable de lo que había pasado a pesar de todos los intentos de disuadirla—. Tendría que ir a avisarle que ya te tenemos con nosotros de nuevo.

—Sí, hazlo. Quiero hablar con ella.

—¿Danno?

Danny no pudo evitar girar el rostro para enfocarse de nuevo en Steve. Chin, escurridizo como solo él podía ser, los abandonó a su suerte. Viendo la expresión de Steven, ese franco alivio al verlo, Danny tenía dificultades para recordar por qué se había sentido como una buena idea el permanecer lejos de él durante toda la semana.

Entonces lo recordó.

—¿Estás bien, Danny? —preguntó Steve, mirándolo solícitamente. Danny no pudo evitar preguntarse que estaba viendo en su expresión—. ¿Algo te duele? ¿Hace mucho que estás despierto? ¿Necesitas un poco de agua?

Se rio.

—Chin te ganó con todas esas preguntas, babe —respondió. Pese a que estaba orgulloso de sonar más parecido a él mismo, el ceño fruncido de Steve le decía que no estaba haciendo muy buen trabajo en convencerlo—. Oye. Estoy bien.

Danny se preguntó si debía sacar el tema de su acosador que terminó no siéndolo o si era mejor dejar todo el asunto al margen hasta que él pudiera hablar con Kono. Podía recordar piezas y fragmentos, conversaciones discontinuadas e imágenes borrosas. Recordaba la voz de Kono, en el punto en el borde de la realidad y el sueño, diciéndole que iba a estar bien. Que lo habían encontrado a tiempo. La memoria tenía una connotación más vívida ahora que sabía que había sido real.

Steve suspiró, captando su atención otra vez, y Danny lo observó cuidadosamente.

Había sombras alrededor de sus ojos como si no hubiera estado durmiendo en un largo tiempo pero esa expresión no era nueva del todo. La única vez que lo había visto dormir bien fue durante la única noche que pasaron juntos, justo después de que el caso Noshimuri quedase truncado con la muerte de Koji. Que, recapitulando, había sido una decisión a la que era ambivalente. En aquel momento, dormir juntos había sido respuesta al dolor y al recuerdo —el caso Noshimuri había sacudido a Steve desde los cimientos— y, a decir verdad, parecía una cuestión de conveniencia más que nada. Algo que Danny podía entender. El sexo como mecanismo de afrontamiento no era un nuevo concepto y cuando Steve lo necesitaba, él estaba allí. Con alguien como McGarrett era una gran alternativa a dispararle a alguna cosa, o destruir una isla. Danny estaba bien, solo necesitaba algo de espacio para que las líneas volvieran a su lugar original.

Y eso le había dicho a Steve al día siguiente con la esperanza de saltar la incomodidad y los malentendidos. Excepto que eso había empezado la campaña de Steve para evitarlo.

Dentro y fuera del trabajo.

Danny se había negado a pensar en ello durante toda la semana, convencido que ni él ni Steven necesitaban hablar del tema nuevamente. Que el tiempo lo resolvería. Aparentemente se había equivocado, si el silencio opresivo entre ellos era indicativo de algo.

Si los dos juntos estaban en una habitación, la quietud era indicio de que algo estaba profundamente mal.

Steven se pasó una mano por la cara luciendo miserable. —¿Por qué no me lo dijiste?

Danny parpadeó. —¿Qué?

—Lo de las cartas y los mensajes, el lápiz labial en el vidrio... Todo eso. ¿Por qué no me lo dijiste?

Uh. Bien, no era exactamente lo que había esperado.

—Quería tener más información antes de molestarlos con algo así. —Se encogió de hombros—. No es la primera vez que me cruzo con alguien que cree que esas cosas son... bueno. Iba a decírtelo. —La mandíbula de Steve estaba tensa y Danny, que había estado tratando de ignorar por qué estaba enojado con su compañero, no pudo evitar agregar:—. Además... no es como si hubieras estado muy accesible la última semana.

Sí, eso no fue de ayuda. Steve entornó los ojos.

—Esa no es una buena razón, Danny. Confío en que vendrás a mí para estas cosas y espero que confíes en mí lo suficiente para saber que nunca te daría la espalda —respondió, severo como muy pocas veces lo había escuchado.

Danny no recordaba alguna vez que ese tono estuviera dirigido a su persona, lo que era un tanto perturbador. Eso no quería decir que Steve estuviera equivocado con el planteamiento.

—Tienes razón en eso —admitió. Porque en retrospectiva era una decisión que no habría tomado en otras circunstancias—. Y, para lo que vale, lo siento.

Steve no parecía apaciguado, pese a que perdió un poco de la rigidez en su postura. El silencio no duró más que unos segundos. Afortunadamente.

—¿Qué quieres decir con que no estaba accesible? Solo estaba haciendo lo que me pediste...

—¿Lo qué-? —repitió, sintiéndose más que un poco ofendido. Una ráfaga de ira certera lo hizo fruncir el ceño—. ¿En que momento, si se puede saber, te pedí que me tratarás como si fuera desechable?

—¡No te estaba tratando como si fueras desechable! Yo- dijiste que querías espacio después de lo que pasó... Creí que si pasábamos menos tiempo en el campo haría que las cosas fueran menos incómodas más rápido.

Danny se quedó mirando a su compañero. Había una lógica detrás del razonamiento, estaba seguro de ello, pero no podía encontrarlo en la superficie. Se hundió contra las almohadas.

—¿No pensaste que eso haría, no sé, que creyera que no podías estar en la misma habitación conmigo?

Steve parecía honestamente sorprendido, algo que Danny realmente no había estado imaginando en una conversación. Sus ojos se ensancharon.

—No, Danny. No.

—¿Puedo interrumpirlos por un segundo? —dijo una voz. El médico, que parecía haber estado allí por un tiempo a juzgar por su expresión, se veía un poco impaciente. Detrás de él, con una expresión angustiada, estaba Kono. Seguramente Chin también le había avisado a ella que se había despertado—. Un chequeo rápido y veremos si ya está listo para irse, Detective.

—Sólo un minuto, doc —Danny extendió su mano en dirección a Kono. La alegría que le dio verla estaba empañada por la mirada culpable de su novata—. Ven aquí, honey.

Kono le tomó la mano con fuerza.

—Lo siento —dijo.

Danny iba a tener que encontrar una forma de lidiar con sus emocionalmente constipados compañeros, pero eso no era nuevo. Encontraría la forma de que Kono no se sintiese culpable por lo que no podía anticipar, encontraría la forma en que Chin empezase a sonreír más y, especialmente, se esforzaría en mejorar las habilidades de comunicación de Steve.

—No hay nada que perdonar —aseguró, de todo corazón. Le dio una mirada fugaz a Steve—. Todo está bien entre nosotros.

Y lo que no estaba, lo podrían arreglar.