Hombres y monstruos


Fenrir se mantuvo lejos de su guarida durante todo el día siguiente, tanto porque no estaba de humor para tratar con el estado de ánimo del chico, como porque sentía que su vínculo podría beneficiarse de un poco de espacio. Dormir en la guarida de Echo en lugar de la suya no había ayudado a su estado de ánimo, sin embargo, ni tampoco el hecho de que podía oír a algunos de la manada susurrando que él, el Alfa Fenrir Greyback, había sido alejado de su guarida por un sub imberbe.

Los recién llegados solían necesitar algún tiempo para adaptarse, pero nunca se les había permitido faltarle al respeto a su alfa de tal manera. Los susurros hicieron que su cuero cabelludo picara durante todo el día, enturbiando su estado de ánimo de tal manera que cuando la tarde llegó a su fin, había decidido que la única manera de erradicar su ardiente frustración era ahogándola en un baño. Su propio baño.

Haciendo una pausa frente a la puerta de su guarida, se reprendió a sí mismo por siquiera considerar llamar y entró. El interior estaba cálido, iluminado por las columnas con la luz del sol. Pero el niño no estaba a la vista. Irrumpió a través del cuarto, haciendo a un lado las cortinas de la cama para encontrar que estaba vacía también. ¿Dónde diablos estaba? ¿Qué era ese sentimiento rugiendo en su interior? ¿Pánico? ¿Preocupación? Era una sensación que no lo había atormentado desde...

Fenrir sacudió la cabeza para erradicar los recuerdos de ese día y se dirigió hacia la única zona libre de la guarida, la corriente separada donde se encontraba la piscina de aguas termales. —¿Chico? —gruñó, llamándolo mientras cruzaba el arco. Suaves volutas de vapor se levantaban desde la piscina, el suelo labrado suave y agradable contra la piel. El agua era transparente, pero formaba ligera espuma con su calor, y en medio, con el agua a la altura del pecho, estaba su glorioso aunque un poco flaco compañero.

De repente, alivio e irritación crecieron en espiral dentro de él y gruñó con irritación ante ambos sentimientos, caminando hacia adelante y deteniéndose al borde de la piscina. El niño había girado con sorpresa con el sonido de su voz y ahora estaba mirándolo, sus manos volando hacia abajo para ocultar sus joyas a pesar de la protección que le daba el agua espumosa.

—¡No me llames chico! —rugió su compañero, hundiéndose en la piscina hasta que solo su cabeza era visible. Sus gafas no se empañaron con el vapor (sin duda debido a un hechizo integrado en los lentes hacía mucho tiempo), por lo que fue libre de fruncirle el ceño y Fenrir lo fulminó de regreso, hoy no estaba de humor para hacerle frente a su insolencia—. Mi tío me decía así, más bien me gruñía, y lo odio. No me llames así —se dio vuelta dentro del agua, yendo hacia la orilla. Fenrir creyó que trataría de salir, pero se detuvo, pareciendo recordar que él estaba allí y se giró de nuevo hacia él.

Fenrir rodeó la piscina, acercándose, y se puso en cuclillas para mirarlo. El sol de la primavera había bronceado agradablemente la piel color miel. Ahora que el niño se había puesto de pie, pudo ver que su torso demasiado delgado era lindo y rosado. El agua lo lamía como deseaba hacerlo él mismo. Se lamió los labios ante la idea, su frustración desvaneciéndose con los primeros destellos de excitación.

Oh, el muchacho sabía cómo retorcerse correctamente debajo de él. Le había sorprendido lo agradable que era simplemente darle placer. Este chico era una revelación para sus sentidos, su mundo, y al mismo tiempo que una parte de él se frustraba, la otra estaba ansiosa por otro bocado. Inhaló profundamente, disfrutando de su aroma hasta que se encontró con el débil parpadeo de otro olor interrumpiendo el delicioso almizcle del muchacho.

Entrecerrando los ojos, Fenrir sujetó el borde de la piscina con sus largos y gruesos dedos, sus garras excavando en la roca. —Tienes el olor de Echo sobre ti, justo aquí. Te encontraste con él brevemente, ¿no es así?

El rostro del muchacho se tensó, pero por lo demás no recibió respuesta.

Fenrir rechinó los dientes. —Ahora, ¿por qué mi compañero, que se resiste a verme incluso después de correrse espectacularmente debajo de mí, pasa tiempo con mi beta?

—No lo busqué —respondió Harry lacónicamente—. Fui a dar un paseo ayer por la noche y me lo encontré. Serías capaz de oler si hubiera hecho algo más.

«Y si estuvieras mintiendo», suministró la mente de Fenrir, lo que se dio cuenta que no hacía –a pesar de que estaba siendo evasivo. Con una sonrisa arrogante, se quitó los pantalones sueltos, sacudiendo las piernas hasta sacárselos y sentándose en el borde de la piscina con las piernas sumergidas en el agua caliente.

Inmediatamente Harry dio un paso atrás, pareciendo aprensivo. La sonrisa de Fenrir se amplió con diversión. Los subs eran tan volubles y el suyo no era la excepción. Se había deshecho felizmente debajo de él, pero era todo tímido e incierto y ríspido cuando se le daba tiempo para pensar en lo que había sucedido. —Piensas demasiado —murmuró, mirando el cuerpo de su pareja, decidiendo que iba a conseguir que comiera tres comidas al día, incluso si tenía que forzarlas por su garganta. El chico estaba demasiado flaco.

—Parece que necesitabas dormir, ¿por cuánto tiempo lo has hecho? —preguntó casualmente, balanceando las piernas ligeramente dentro del agua de modo que casi tocaban el pecho de Harry. Harry las miró con cautela, como si pudieran golpearlo y dio otro paso atrás, intranquilo.

—Después de mi paseo de anoche quedé noqueado, no me desperté hasta esta tarde — respondió, frunciendo el ceño—. En realidad nunca he... No he tenido muchos días de descanso. Es diferente, aunque parece que mi cuerpo lo necesitaba...

—Mmmm —rezongó Fenrir, mirándolo apreciativamente—. Tu cuerpo necesita una gran cantidad de cosas. Me gustaría que esta noche comieras en el círculo.

El muchacho no dijo nada y Fenrir estaba empezando a aprender que ordenarle hacer algo era solo una manera de garantizar que no lo hiciera, por lo que dejó el asunto.

—¿Cómo es que magos y brujas han llegado a tener el gen recesivo? —le preguntó su compañero abruptamente, con una brusquedad que insinuó que había estado reflexionando sobre esa cuestión durante toda la noche y el día. Debía haber sido duro, no tener a nadie que le dijera quién era, de dónde venía, y luego descubrir que uno de sus padres muertos había llevado un gen que lo convirtió en un invaluable activo para los hombres lobo. Fenrir nunca había tenido que soportar ninguna de sus pesadas cargas solo.

Inquieto e incómodo, se rascó la nuca. No era bueno 'reconfortando', era el alfa, se suponía que su compañero era el sub, el único que consolaría y cuidaría de sus crías. Esto no era algo en lo que fuese bueno y sin embargo, sus instintos podían sentir que esto era lo que el niño necesitaba. Tener un compañero sin duda no era lo que había esperado. Pero entonces, nunca había esperado tener a alguien como este niño ligado a él irrevocablemente.

—Se dice que hace siglos un ser humano, una bruja, se enamoró de un hombre lobo que temía convertirla. En aquel entonces, todo lobo conocido era clavado al suelo con plata y quemado vivo —explicó oscuramente, mirándolo con el aire de un adulto que le cuenta una historia de miedo a un niño—. Pero ella no se alejó, la bruja creó un peligroso ritual imbuido de oscura y aterradora magia. Utilizó su sangre y la sangre de su amante hombre lobo para dotar a su cuerpo con la resistencia al veneno de hombre lobo.

Lentamente se deslizó en el agua, haciendo que ésta chocara contra la carne de Harry. Sus ojos estaban muy abiertos, pero parecía extasiado con la historia, atrapado por el flujo de la gruesa y ronca voz de Fenrir. —La historia de su éxito viajó, y como la mayoría de los hombres lobo no pueden evitar morder durante el sexo –especialmente los nuevos– fue buscada por muchos. Incluso un pequeño corte o mordisco de amor podría convertir a un ser humano. Así, magos y brujas viajaron desde muy lejos para ser bendecidos por ella, para encontrar una manera de estar con el hombre lobo que amaban.


Harry frunció el ceño. —Pero seguramente eso significa que Tonks… Quiero decir... Remus Lupin, él está casado con una bruja y ella no… —su voz se fue apagando y se ruborizó, sin querer pensar en Tonks y Remus teniendo relaciones sexuales. De pronto, sintió un movimiento y levantó la vista para encontrar a Greyback mucho más cerca que antes, ahora estaba justo frente a él, a solo unas pulgadas. ¡Desnudo! Inhaló con dificultad.

El lobo sonrió. —El acónito en el sistema de Lupin evita que su cuerpo produzca veneno. No podría convertir a alguien, incluso si quisiera, mientras está con él —le explicó el hombre lobo, tomando agua con sus manos y vertiéndola suavemente sobre su piel antes de que tuviera oportunidad de reaccionar. Harry jadeó y se echó hacia atrás, en su prisa tropezando con sus pies. Sus manos se agitaron en el aire, desesperadamente tratando se asirse a algo y agarrando los brazos de Fenrir en el último segundo para mantener el equilibrio.

Un bajo gruñido de aprecio creció en la garganta de Greyback y Harry se tambaleó hacia atrás, alejándose de él con más cuidado esta vez, evitando sus ojos. Sus mejillas ardían, al lobo le gustó. —¿Torpe o ansioso? —bromeó Greyback con voz ronca.

El rubor que tocaba sus mejillas se volvió más oscuro. —Cállate —gruñó—. Así que, un grupo de parejas de hombres lobos encontró una manera de estar con ellos sin ser infectados cada vez que jodían, ¿eso qué tiene que ver conmigo?

Fenrir gruñó de nuevo, pero esta vez con ira. —No soy una enfermedad, niño, al igual que tu magia no es una enfermedad para ti –incluso si arrasa con todo lo que toca como la peste.

Harry se detuvo en seco, recordando lo que Echo le había contado la noche anterior. El mundo de Greyback había sido destrozado por la magia, por magos. Pensando en ello, había visto más cosas horribles siendo realizadas por magos de las que había visto hacer a los hombres lobo, y aun así, ¿los hombres lobo eran marginados? ¿Temidos? ¿Cazados? «Somos animales», pensó miserablemente, apretando los dientes mientras se tragaba su reacción inicial de morder a Greyback con vehemencia. Tenía todas las razones para detestar la magia.

—Muy pronto todo el mundo se dio cuenta que el ritual de la bruja no solo hizo que las parejas humanas fueran inmunes al veneno, sino que modificó su genética, los convirtió en lo que sus parejas hombre lobo necesitaban por completo. Los subs humanos podían reproducirse y llevar a sus crías a término, algo que los hombres lobo nunca antes habían podido hacer. —La voz de Greyback era ronca mientras continuaba, elevándose sobre Harry y todavía mirándolo con un obvio filo de irritación. Sin embargo, su voz áspera llevaba un tono de admiración y reverencia que sugería que esta era una de las más preciosas y agridulces leyendas de los hombres lobo.

Harry levantó los ojos para encontrarse con los de Greyback entonces, viendo los oscurecidos orbes azules mirándolo fijamente. Se lamió los labios, como siempre inseguro de la emoción, el placer que recorrió su columna vertebral. Se removió en el agua. El vapor comenzaba a hacerlo sentir un poco mareado. —Los hombres lobo y sus humanos, todos fueron asesinados, ¿no? —preguntó, temiendo la respuesta.

Inconfundibles signos de dolor pasaron a través de esa cara áspera. Harry podía sentir la agonía distante como si fuera propia, e hizo que algo en su pecho se apretara. Su mano voló al instante, sorprendido por la intensidad de las emociones de Greyback dentro de él, pero la gran mano del lobo atrapó su muñeca antes de que llegara a su pecho.

Harry jadeó ante la chispa de calor eléctrico que estalló desde el lugar en donde sus pieles se tocaban. Sabía lo que era esto sin siquiera preguntar. Era el vínculo tirando de ellos más fuerte en un intento de obligarlo a completar su unión, lo sabía. Los lugares en los que los gruesos dedos de Greyback apretaban su carne estaban tan sensibles que casi dolían, estaba agradecido por la vaporosa agua que ocultaba su creciente excitación.

—No todos —respondió Fenrir lentamente, su voz ronca y los ojos nublados con algo más que dolor. Sabía lo que estaba sintiendo Harry y le intrigaba. Lo jaló de la muñeca, acercándolo, y apretó su brazo con firmeza, como si probara qué tanto podía presionar antes de empezar a hacerle daño.

Harry lo miró fijamente, atónito y sonrojado por todas partes. Tenía que salir de aquí. No tenía ningún derecho a estar recibiendo esa clase de sentimientos de un hombre lobo que, aunque no era un asesino de niños o no había convertido intencionalmente a Remus, había herido al hermano de su mejor amigo y a muchos más. Incluso si tenía sus razones para hacerlo, no borraba los hechos.

«Y no tengo derecho a recibir ningún sentimiento mientras Voldemort sigue vivo», pensó, cerrando los ojos apretadamente. Un gruñido bajo que sonaba más implorante que amenazante persuadió a sus ojos a abrirse. Se encontró cara a cara con Greyback, su aliento caliente golpeando sus mejillas. El lobo lo miró por un momento antes de volver a hablar.

—Asesinaron a la bruja y el secreto del ritual murió con ella, pero las parejas a las que unió vivieron y procrearon a otros lobos. De vez en cuando nacía un niño humano, de la misma manera en que magos y brujas a veces tienen squibs. Eran brujas y magos completamente humanos, pero llevaban el gen de hombre lobo en su interior, en estado latente. A través de los siglos, poco a poco se fueron mezclando y naciendo en la sociedad humana normal, algunos sin siquiera saber lo que eran.

La lengua de Harry salió rápidamente para humedecer sus labios y Greyback gruñó de nuevo, el sonido más caliente que antes. Podía oler la excitación viniendo del lobo en oleadas, ondeado a través de su piel con un estremecimiento placentero. Desesperado por poner algún tipo de espacio entre ellos, tiró de su muñeca apresada, pero el lobo solo se desquitó jalándolo más cerca. Ahora sus cuerpos estaban a solo un centímetro de distancia dentro del agua.

—No tenía idea de que uno de mis padres llevara el gen —murmuró, con la voz demasiado entrecortada para su gusto. Estaba tratando de mantener una conversación ligera, pero no estaba luchando por escapar. ¿Por qué no estaba luchando? Se sentía enfermo, hambriento y mareado, todo a la vez. Su cuerpo estaba retumbantemente vacío y frágil, el vínculo incompleto que tenía con Greyback lo estaba empujando con ferocidad hacia el caliente y enorme cuerpo del hombre lobo, que empequeñecía el suyo de manera espectacular.

—Remus probablemente lo sabía —dijo Harry en voz baja cuando Greyback no dijo nada, preguntándose distantemente qué palabras de sabiduría podría ofrecerle cualquiera de sus padres si aún estuvieran con él. ¿Cómo habrían manejado las noticias? Que le habían transmitido un gen de hombre lobo a su único hijo y también, que ese hijo se había unido al más reconocido hombre lobo alfa de Gran Bretaña.

De repente, un feroz gruñido cortó sus pensamientos y la mano que no estaba envuelta alrededor de su muñeca se enredó en su cabello, tirando de su cabeza hacia atrás bruscamente. Se quedó sin aliento; un destello de ojos azules bordeados de oro fue todo lo que vio antes de que esa boca se sumergiera en su garganta. Se tensó esperando dolor, pero ninguno llegó. Los dientes que tanto temía apenas rozaron la marca de apareamiento en su garganta, su única advertencia antes de que esos labios se dedicaran a adorarlo ahí. Chuparon con fuerza, llevando toda la sangre alrededor contra la superficie de su piel de modo que cuando esos colmillos lo acariciaron ligeramente otra vez, no pudo evitar gemir con éxtasis creciente.

—Piensas demasiado en ese hombre lobo, no me gusta —gruñó Greyback en su cuello, mordiéndolo fuertemente antes de retroceder para mirarlo. Su puño todavía estaba enredado en su cabello mientras que el otro mantenía la mano de Harry entre sus cuerpos, metida entre los dos corazones golpeando frenéticamente.

Harry sonrió con desprecio, la expresión ni de cerca tan impresionante como debería haber sido, gracias a la excitación corriendo a través de él –eso y los estremecimientos sensuales instándole a unir sus cuerpos por completo. —R-Remus es lo más cercano que tengo a mi padre—siseó Harry. Los dedos enredados en su húmedo y desaliñado cabello lo jalaban justo al punto del dolor con su intensidad. Su mano libre empujó duro el hombro del hombre lobo, pero ni de cerca tan fuerte como sabía que hubiera podido. Sus miembros se sentían débiles. ¿El calor del baño le estaba haciendo efecto? ¿O tal vez era que la unión incompleta estaba jugando en su contra? ¿Era Greyback?

» Sugerir otra cosa es repulsivo —sus palabras eran escuetas, pero su tono no estaba lo bastante comprometido. Podía sentir el aliento del lobo en sus mejillas. Podía sentir el pecho del bastardo moviéndose con su respiración y su corazón latiendo al compás contra su mano. Todo lo que había aprendido la noche anterior, todo lo que el lobo había dicho y hecho en los últimos días, todo le había recordado a Harry cuán humano era el hombre ante él, sin importar qué tan vehementemente tratara de negarlo.

¿Qué tan fácil hubiera sido para él, Harry, haber tomado otro camino después de perder a sus padres y después de haber sido obligado a sufrir años de abandono a manos de los Dursley? ¿Qué tan fácil hubiera sido para él convertirse en una ley en sí mismo como Greyback? Demasiado fácil. Frente a todo lo que Greyback era ahora, se encontró con que no podía culparlo por todo lo que había pasado, no realmente.

«Remus dijo que siempre busco la mejor en la gente, aun cuando ellos no lo pueden ver por sí mismos, igual que mi madre», pensó distraídamente, preguntándose si ella era la que le había heredado sus genes de hombre lobo. «¿Estoy tratando de encontrar una bondad que no existe? ¿O lo que estoy viendo es en verdad real? »

—No importa si no deseas follar con él, el lobo en mí todavía se sigue sintiendo incómodo contigo sin unirse por completo a él. El nombre de ese hombre lobo no debería estar en tus labios, sino el mío —gruñó Greyback. Se inclinó hacia delante, forzando a su cuerpo a arquearse contra él hasta que su cabeza estaba tocando el agua y sus caderas se juntaron. Harry gimió al sentir un grueso muslo contra su erección y una enorme y familiar columna de carne caliente y palpitante presionando contra su vientre.


—Oh, dulce muchacho —gruñó Fenrir, sacudiendo sus caderas para presionar su erección fuertemente contra la de Harry. El movimiento deslizante jaló su prepucio hacia atrás, dejando al descubierto la cabeza de su polla que se asomó por encima del agua para que Harry la viera. Su muchacho se sonrojó de nuevo y no solo por el vapor. Sus pezones bronceados estaban duros y le llamaban juguetonamente—. Dulce Jesús —jadeó, sus garras enredándose aún más en el cabello del chico mientras se inclinaba para capturar uno de los delicados capullos con sus dientes.

—¡Mierda! —gruñó la criatura debajo de él con fervor lobuno, retorciéndose y extendiendo su mano libre para sujetarse de cualquier cosa que pudiera alcanzar. Las uñas romas rasparon y arañaron su hombro y Fenrir levantó la mirada para observar su expresión mientras atrapaba suavemente un bronceado botón entre sus dientes, chasqueando la lengua de atrás hacia delante sobre la tensa carne hasta que se endureció en su boca.

—Al igual que tu bonita polla —se burló del chico con voz ronca, levantando la cabeza del sensible botón y liberando la muñeca que tenía atrapada para deslizar su pulgar sobre el maltratado pezón. Sabía que era doloroso para el sensible botón y disfrutó de la manera en que el delgado cuerpo se arqueó aún más hacia arriba sin pensar, ofreciendo su pecho para más tormento.

Su compañero no estaba luchando esta vez, pero no estaba participando tampoco y gruñó con avidez ante la idea. ¡Quería todo lo que el niño tenía para dar y aún más!

—¿Te gusta esto? —preguntó, moliendo su polla contra el vientre del chico de nuevo, presionando firmemente el pezón que ya había asaltado con su áspero pulgar antes de bajar su boca hacia el que estaba descuidado—. Dime, mascota, o podría parar.

Un gorgoteante gemido abandonó los labios temblorosos y sus ojos se abrieron con sorpresa cuando los dedos del muchacho encontraron su cabello y se enredaron con fuerza. Esos ojos se cerraron con pasión, los labios entreabiertos emitiendo gemidos de lobo. No había nada más excitante que su compañero, tan terco y testarudo, ahora reducido a tal tímida obediencia por su toque. Como recompensa, chupó con fuerza el pezón dentro de su boca y vio esos labios abriéndose en un gruñido de placer. Ese pecho comenzó a elevarse con sus jadeos.

Fenrir se enderezó, llevándose al muchacho con él con su mano todavía enterrada en ese recién lavado y mojado cabello. Los ojos del muchacho se abrieron ante eso, la mirada verde vidriosa se centró en él y elevó la barbilla como si esperara algo.

Fenrir frunció el ceño, inclinándose hacia abajo y presionando su nariz contra el cuello del niño, justo debajo de la oreja. Aspiró profundamente, moviéndolos hacia atrás mientras bebía del aroma enloquecedor hasta que su espalda estuvo contra la pared de la piscina. Su muchacho fue con él hasta que sus pechos chocaron y solo entonces liberó su agarre sobre el cabello oscuro. Sus manos relativamente grandes volaron hacia abajo para agarrar el apretado trasero del chico y lo arrastró contra su cuerpo para que sus pollas se encontraran.

—¡J-jo... der...! —gritó el niño con voz ronca y masculina y sin embargo, teñida con el gemido del lobo dentro de él, desesperado por salir. Las manos en el cabello de Fenrir todavía lo sostenían firmemente y se encontró disfrutando de la descuidada aspereza, inclinando la cabeza hacia atrás para que el niño tuviera que agarrarse con más fuerza para mantener la sujeción. Esos ojos estaban todavía abiertos, mirándolo como si estuviera confundido por lo que estaba sucediendo.

«O por qué es que está consintiendo y participando de buena gana», pensó Fenrir, la mirada fija en los insondables orbes esmeralda. —Eso es, mascota —respiró—, mírame. —Puntuó sus palabras rodando sus caderas contra el muchacho, empujándolo contra su cuerpo mientras lo hacía, por lo que sus pollas se presionaron juntas. Esos ojos se cerraron ante la intensidad del placer y él clavó sus garras en los firmes glúteos, lo suficiente para hacer que esos ojos se abrieran de nuevo.

—Mírame —exigió. Juró que nunca había visto unas mejillas tan rojas de vergüenza y excitación—. ¿Quieres que te folle, Harry? —El nombre sonaba extraño en su lengua y pareció sacar a su pareja del estupor inducido por la lujuria y ayudándole a encontrar sus sentidos brevemente, ya que negó con la cabeza con vehemencia. Fenrir arañó más fuerte sus mejillas, comenzando a rodar sus caderas en una lenta pero firme cadencia. Apoyando el peso del niño en una de sus manos, deslizó la otra entre sus cuerpos y acarició ambas pollas. Su enorme puño formó un delicioso y áspero túnel por el que sus erecciones se deslizaban, los dos follando su mano con urgencia, con bruscos y frenéticos movimientos.

—¿Quieres que te folle, Harry? —repitió, subrayando deliberadamente el nombre de su compañero. Se sentía extraño en su lengua, extraño pero correcto. El chico volvió a negar con la cabeza, esta vez más firme y desenredó sus manos del cabello de Fenrir, empujando su pecho para tratar de escapar. Fenrir gruñó y agarró una mano para evitar que golpeara su pecho.

—Mírame —exigió de nuevo. Las palabras parecieron irresistibles para esos ojos verdes que se encontraron con los suyos, una miríada de emociones volando a través de ellos. Fenrir los sostuvo, jalando la tensa mano del niño hacia sus pollas. Todavía luchaba cuando la envolvió alrededor de sus erecciones, atrapándola con su propia mano, pero en el momento en que apretó, el muchacho se quedó inmóvil. Esos ojos se cerraron de golpe y el muchacho trató de girar la cabeza, los dedos rígidos y poco dispuestos bajo la mano de Greyback.

Inclinándose, Fenrir volvió a hacer ese sonido ronroneante y lamió burlonamente la suave curva de la oreja del niño. —Puedes hacerlo, mascota —murmuró con voz gruesa, ayudando a esa mano que poco a poco se relajaba a deslizarse de arriba abajo sobre sus ejes, el agua facilitando sus movimientos y ondulando deliciosamente alrededor de sus cuerpos. El muchacho jadeaba duro ahora y miraba hacia abajo al lugar donde sus manos se unían sobre sus ejes necesitados, visibles bajo el agua, como si no lo pudiera creer.

—Eso es —le instó Fenrir, aflojando su agarre cuando sintió que la mano del niño comenzaba a moverse por su cuenta, más rápido, más fuerte que antes. Apretó con incertidumbre la punta de sus pollas para jugar con la línea de carne justo debajo de la cabeza de ambos órganos, de la forma en que le gustaba, de la forma en que a Fenrir le gustaba.

Con un fuerte gruñido de sorpresa, Fenrir se recostó contra la pared de la piscina, sus dos manos ahora sujetando al niño para empujarlo más arriba sobre su cuerpo, dándole un apoyo. El muchacho se quedó sin aliento ante el movimiento brusco, pero no se detuvo; de hecho, su mano se movió más rápido a pesar de su agitación. Su corazón y respiración martilleaban tan fuerte en su pecho que Fenrir podía oírlos.

—Eso es todo —lo elogió, rodando las caderas al son de los movimientos de esa mano inexperta. Los ojos del chico estaban fijos sobre sus pollas, como si la simple vista lo encendiera al extremo y Fenrir sonrió, extendiendo las mejillas del trasero que sujetaba y apretando con fuerza.

Un gemido salió de esa boca, la que le había parecido expectante hace unos instantes. Fenrir gruñó de placer en respuesta, empujando con fuerza hacia arriba dentro de esa mano momentáneamente quieta antes de salir del agua. Silenció cualquier grito de protesta o confusión y detuvo cualquier resurgimiento de la molesta culpa del muchacho atacando esa tentadora garganta mientras se movía.

Ni siquiera estuvo seguro de cómo regresaron a la zona principal de la guarida. Pero lo hicieron, aun así. Sujetando el delgado cuerpo contra él, chupó con suficiente fuerza para crear un moretón en la clavícula del niño, la garganta, el pecho. Y el muchacho gritó sin querer, mordiendo con fuerza su propio puño para silenciarse a sí mismo.

—No parezcas tan avergonzado —amonestó Fenrir, mirando hacia arriba a los ojos del niño—, no hay nadie más aquí para ver lo que pasa, excepto nosotros. No hay nadie ante quien justificarse aquí. —Con eso, arrojó al niño sobre la cama sin darle oportunidad de pensar. El muchacho pensaba demasiado, necesitaba detenerse y disfrutar por un momento sin preocuparse por el resto del mundo. Tenía que deshacerse de todo lo demás y solo...

» Solo siente —gruñó, bajando hacia la suave, acogedora cama de pieles. Trepó por el cuerpo de su compañero con deseo salvaje quemando cada una de sus células; tiró del chico por el tobillo hasta que estuvo arrodillado entre sus muslos. Relucientes riachuelos de agua se deslizaban por los músculos tensos y goteaban sobre el cuerpo húmedo por debajo de él.

Harry lo miró, momentáneamente aturdido y Fenrir aprovechó para inclinarse y presionar sus frentes juntas, con el cabello mojado derramándose desde sus hombros y creando una cortina húmeda alrededor de ellos. Sostuvo la mirada verde con determinación, deseando que el calor de su cuerpo silenciara las preocupaciones, la interferente moral humana y la culpa de una vez por todas.

Una pequeña gota brillante se deslizó por su rostro hasta llegar a su labio superior y se aferró a su boca por un momento, antes de caer sobre Harry. Harry jadeó y su cuerpo se arqueó, volviendo a la vida. Sus manos volaron hacia arriba, arañando con urgencia los brazos de Fenrir mientras sus labios se abrían y se levantaban una fracción de nuevo, expectantes.

Con la frente arrugada por el ceño fruncido, Fenrir preguntó: —¿Qué quieres? —pero la pregunta pareció sacar al niño de su aturdimiento porque tan pronto registró las palabras, giró la cabeza hacia un lado, evidentemente mortificada por algo. Con un gruñido, Fenrir arrastró sus labios por la garganta expuesta, burlándose de los tendones tensos bajo la piel delicada. Su cabello mojado se derramó sobre el cuerpo del niño mientras él se movía hacia abajo, más abajo, adorando cada pulgada de piel que podía alcanzar.

Su lengua se sumergió en ese ombligo, lo que le valió un delicioso corcoveo. Se rió entre dientes, mirando por entre la cortina de cabello mojado mientras tomaba una de las manos del niño de nuevo. Una oleada de pánico llenó el aire y Fenrir gruñó ante ella, levantando esa mano para cepillar sus labios contra los dedos. El chico lo miraba ahora sin cuestionamientos. Su mirada verde estaba clavada en el lugar donde Fenrir rozaba la yema de su dedo índice con los dientes.

—Todavía estás avergonzado, incluso después de todas las cosas que hemos hecho —sonrió Fenrir, mordisqueando la punta del dedo entre sus labios antes de lamerlo sugestivamente—. Me gusta eso, mascota.

—¡N-no me llames así! —jadeó Harry. Fenrir levantó una ceja. ¿Una señal de vida de las preferencias humanas del muchacho? Al parecer no estaba tan perdido como había creído, estaba mucho más en control de lo que había pensado y sin embargo, seguía viéndolo lamer sus dedos, recubriéndolos de saliva. Le gustaba.

Con un gruñido de placer se balanceó ligeramente, guiando la inconsciente mano de Harry hasta el valle entre sus nalgas. Esos ojos se agrandaron deliciosamente. —Eso es —murmuró Fenrir con voz ronca, sus propios dedos guiando los de Harry hasta el agujero fruncido, extendiendo la humedad recogida por sus dedos. El pequeño anillo de músculos se abrió y apretó como una boca hambrienta y Fenrir gruñó, empujando uno de los dedos del niño hasta que gritó de placer sorprendido.

—¡Joder! —rugió Harry.

—Esa es la idea —deliberó Fenrir con una ceja levantada, quitando su mano. Se dio cuenta que la mano del chico no se retiró, pero su compañero lo miró fijamente, casi perdido. Otra carcajada retumbó en su garganta cuando se agachó, colocando un puño lleno de saliva sobre su enorme virilidad—. Extiéndete a ti mismo, no seas tímido conmigo, puedo sentir lo mucho que lo quieres. —Remarcó sus palabras con rápidos y duros empujes sobre su goteante erección, mostrando los dientes con placer y necesidad, necesidad de enterrarse dentro del cuerpo que era perfecto para él en todos los sentidos.

—Solo siente —repitió, su mano libre bajó hasta la hinchada excitación rosada del chico. Encajaba perfectamente en su mano y palpitó en respuesta a su suave presión; acarició insistentemente con su pulgar justo debajo de la cabeza. La respuesta fue inmediata: observó cómo el niño tiró de su dedo hacia atrás, sacándolo de su agujero y recogiendo más saliva de alrededor de su anillo antes de sumergirse de nuevo, abriendo lentamente la entrada con inflexibles movimientos circulares.

El muchacho jadeó de nuevo, su cabeza girada hacia las pieles en mortificación y el húmedo pecho agitado. —Oh, sí —jadeó Fenrir, acelerando sus manos sobre ambos pollas, observando los movimientos en el trasero del chico lo igualaban rápidamente—. Oh, estás tan listo, bebé –todavía estás un poco abierto por lo que hicimos antes, ¿no es cierto? —Era mejor prevenir que lamentar, sin embargo. Incluso si salivaba ante la idea del apretado y cálido canal, la idea de lastimar el cuerpo debajo de él era detestable.

—Dos dedos —le instó, frotando más saliva sobre el agujero del niño antes de reanudar las caricias sobre su propia polla febril. Un segundo dedo se deslizó al lado del primero, abriendo torpemente el tierno anillo que en este momento quería follar con su polla y devorar con su lengua con igual fervor—. Podría comerte entero —gruñó sin sentido, inclinándose sobre el niño y frotando su polla impacientemente contra la de Harry.

Una gruesa línea de pre-semen emanó de su punta y se deslizó sobre el vientre del niño, le gustaba eso, y por la forma en que el niño se retorcía, a él también le gustó (aunque nunca lo admitiría). —Ponme en ti —gruñó contra el cuello del chico, dejando caer besos húmedos sobre su hombro. Podía sentir el calor del chico debajo de él, su creciente deseo, y sabía que no era el único que quería esto.

—Ponme dentro de ti, mascota —susurró, capturando un lóbulo de su oreja entre los dientes y lamiendo con avidez. Harry gruñó, tensó todo su cuerpo y levantó las piernas a cada lado del torso masivo de Fenrir, extendiéndolas ampliamente en señal de tímida bienvenida y hambre.

Con una sonrisa maliciosa, Fenrir tiró de la mano que el chico tenía entre sus piernas y la llevó hasta su propia pesada excitación, ayudándole a envolver los dedos alrededor de su eje una vez más. Sintió al muchacho tensarse debajo de él, sintió su rostro apretarse en vergüenza. El olor de su mortificación haciendo que fuera mucho más excitante, era tan encantador... si se atreviera a usar esa palabra.

—¿Sientes lo grande que estoy por ti, mascota? —murmuró con voz ronca junto a una oreja enrojecida, su barba picando la carne sensible—. ¿Sientes lo duro que me pones? —Harry no dijo nada, pero su respiración se volvió aún más frenética y Fenrir pudo oler la excitación escapando de él en respuesta. Así que a su mascota le gustaba hablar sucio ¿eh?

» ¿Cómo se siente en tu pequeña mano, mascota? —continuó, la cara contra la suya volviéndose increíblemente caliente—. Apenas puedes poner tus dedos alrededor de ella, ¿verdad? Pero se deslizó entre tus mejillas tan bien, ¿lo recuerdas? Me sentabas como un guante.

—No... —Harry dio un susurro apenas audible. Fenrir se rió entre dientes contra su mandíbula, pellizcándola en broma.

—Oh, sí. Abriste tu dulce lugar virgen para mí. Me suplicaste y lo quieres de nuevo, ¿no es cierto? Puedo sentir la forma en que tus dedos se están apretando a mi alrededor... —En reflejo, esos dedos se apretaron y él gruñó de felicidad, empujando su polla dentro de la mano. Oh, este chico era tan perfecto para él—. Ponme dentro de ti y haré todo maravillosamente sencillo para ti —dijo, y sintió al niño tragar duro en respuesta.

Poco a poco la mano que lo sostenía lo empujó hacia abajo, guiando la hinchada y gruesa cabeza de su pene hacia la entrada caliente. Gimió ante el calor que irradiaba de ella y hundió sus garras en las pieles cuando el chico lo empujó dentro de él. Ambos gruñeron su placer en la guarida suavemente iluminada, sus cuerpos uniéndose con húmedos sonidos lujuriosos.

Fenrir encontró sus embestidas siendo ralentizadas por la mano del muchacho y esos muslos empujando sus hombros para estabilizarse mientras el chico se ajustaba. Era más delicioso que hundirse profundamente dentro de él de una vez. Tanto si lo admitía más tarde o no, el chico estaba participando, dándole la bienvenida a su cuerpo –de buena gana.

—Perfecto —jadeó Fenrir, inclinando su torso hacia atrás para mirar mejor el lugar donde su compañero lo estaba tragando –lentamente pero con entusiasmo. La cara del niño estaba teñida de un poco de dolor, pero de placer también. Era la primera vez que estaba en su interior sin los poderes de la luna para facilitar su unión. «Otra virginidad que me ha dado», pensó, estableciendo sus manos sobre los muslos del chico y apretando los dientes contra el impulso de empujar.

El interior del chico era sofocante y húmedo y apretado, tensándose a su alrededor con cada uno de sus empujes hacia adentro. —E-empuja hacia fuera con tu culo —gruñó, empujando los muslos del chico para abrir mejor su interior—. Así como lo hiciste en luna llena, mascota —le insistió y jadeó cuando sintió al niño obedecer (por una vez), una obediencia que le permitió deslizarse hasta la base.

Harry se arqueó con un gemido de plenitud y Fenrir apretó sus muslos en aprecio. Rodó sus caderas de lado a lado con algún pequeño empuje conforme su contención se deshilachaba, tratando de permitirle a su compañero acostumbrarse a él antes de que se rompiera por completo. —Joder —gruñó, su voz llena de lujuria—. Vamos, mascota, fóllate en mi polla. —No le gustaba el borde de súplica en su tono.

Soltando su agarre sobre esos muslos, se inclinó hacia adelante, con los brazos firmes y rígidos estabilizándolo por encima del niño, que comenzó a mecerse tentativamente contra él. Era un movimiento diminuto, pero le hizo rechinar los dientes tratando de contener su liberación. Estaba tan caliente, húmedo y apretado. Ese sensible lugar lo estaba succionando como una boca hambrienta, tirando de él cada vez que se deslizaba un poco hacia atrás, como si no quisiera dejarlo ir.

—Tienes un pequeño culo codicioso —gruñó, su cabello colgando en cortinas húmedas alrededor de su rostro mientras presionaba con más fuera al muchacho debajo de él, desesperado por el piel a piel. Los movimientos ondulantes de esas esbeltas caderas se hicieron más audaces. Harry rodó el pesado peso de su erección, moliendo su polla dentro de su vientre con cada empuje, emitiendo jadeos apenas audibles estremeciéndose de sus labios mientras lo hacía. Sus ojos seguían cerrados y su cara todavía estaba enterrada en las pieles, pero era precioso.

Fenrir juró que estaba salivando mientras lo miraba, sus pechos casi se tocaban, la goteante excitación lasciva del niño frotándose contra su vientre. —Eso es, mascota, siéntelo. Jódeme hasta reventar —le instó, terminando la frase con un sutil lengüetazo justo debajo de esa oreja todavía enrojecida. El muchacho balanceó las caderas con sorpresa, el pecho y la frente sudados, y Fenrir lo sintió tratar de empujar más rápido, más fuerte contra él, sintió su ondulante frustración a través del pequeño espacio entre los dos.

Con una sonrisa lobuna, Fenrir se apoderó de las caderas del niño y lo acomodó sobre sus manos y rodillas. Esos labios que ofrecieron un sonido de protesta cuando sus cuerpos se separaron con el movimiento, ahora se extendían abiertos con un gemido gutural cuando Fenrir se deslizó de nuevo en su pecaminosa estrechez.

La cabeza del niño colgaba lánguidamente contra su pecho, sus gritos levemente amortiguados y cada uno de sus músculos visiblemente tensos mientras sondeaba la nueva posición. Empujó sus caderas hacia atrás con más fuerza, más rápido, tragando la longitud de Fenrir con voraz urgencia, tanto como podía.

Fenrir se estiró hacia delante, agarrando un puñado de cabello y jalando la cabeza de Harry hacia atrás, arrancando un grito de placer atormentado de esos labios.

—Eso es, bebé —gruñó sin sentido, respondiendo a los empujes urgentes con los propios, lanzando ese cuerpo tonificado ligeramente hacia adelante con cada una—. Tan apretado, tan perfecto... Puedes verlo ahora, ¿cierto? ¡Fuiste hecho para mí! —Mantuvo su agarre en los mechones oscuros, usando su agarre para impulsar el cuerpo de Harry contra él. Y aun así no era suficiente, necesitaba sentir la totalidad de ese cuerpo contra el suyo mientras se derramaba dentro, necesitaba estar tan cerca que pudiera sentir el sudor recorriendo su piel.

Un grito escapó de la boca de Harry cuando Fenrir lo levantó fuerte contra él, rodando sobre su propio cuerpo y colocándolo sobre su regazo, todavía enterrado en su interior con el sudoroso pecho presionado firmemente contra la lisa espalda de Harry. El chico dejó escapar un grito salvaje, su cabeza cayendo hacia atrás sobre el hombro de Fenrir cuando lo tragó hasta la empuñadura.

Fenrir apretó las manos debajo de las rodillas del chico, levantándolas de modo que el muchacho estuvo en precario equilibrio sobre su polla, con las piernas al aire y sostenido por sus manos. El lobo emitió un ronroneante y sensual gruñido coaccionante y en respuesta, el chico rodó la cabeza sobre su cuello con un gemido lobuno, las manos clavándose en el interior de sus codos.

—T-tan... profundo... —jadeó el muchacho con voz ronca, los ojos cerrados y el cuello expuesto.

Fenrir gruñó apreciativamente nuevo. Le encantaba la fluctuación entre la dominación y la sumisión que ofrecía la personalidad de Harry tan naturalmente. Hizo que sus entrañas se apretaran. Giró la cabeza para presionar su boca contra la pálida garganta, comenzando a usar su agarre sobre las piernas del niño para rodar ese cuerpo más pequeño perfectamente contra él. Sintió ese apretado culo sacudirse contra él, ansioso pero incapaz de controlar los movimientos, obligado a tomarlo y amarlo.

No podía esperar a ver florecer la confianza del muchacho, luchando en su contra de la misma y voraz manera sobre las pieles que como lo hacía en todo lo demás.

—Serás capaz de sentirme hasta tu garganta si voy más profundo —ronroneó Fenrir contra ese cuello, bajando el culo del chico fuerte y rápido sobre su palpitante erección, la fricción quemando hasta la última de sus restricciones como un incendio forestal. Sus propias caderas se movían también, golpeando dentro de ese dichoso, sofocante calor con necesidad feroz. Apenas era consciente de que estaba gruñendo como un animal, pero sí era dolorosamente consciente de que el niño gemía constantemente, moviendo sus caderas frenéticamente en sus manos.

—¿Quieres mi semen en ti, mascota? —gruñó, los bofetadas de sus cuerpos uniéndose duro y rápido sonando por encima de su voz.

—¡Joder! —maldijo el chico, su cabeza agitada, los dedos de su pies enroscados en el aire y la polla agitándose, escupiendo grueso, cremoso semen sobre su propio vientre. Las paredes calientes de su canal se apretaron y sacudieron con espasmos cuando derramó su placer sobre sí mismo. Ordeñó la última restricción de Fenrir, succionándolo increíblemente profundo, aferrándolo como si fuera un vicio y arrancando su clímax de él.


Harry yacía en las pieles debajo del cuerpo de Greyback, caliente y pegajoso de sudor y semen, jadeando por aire con su culo todavía lleno y temblando espasmódicamente alrededor de la suavizada dureza del hombre lobo. Podía sentir sus entrañas cubiertas de semen y su primer pensamiento lúcido fue que no se sentía tan repugnante como debería ser. Estaba tendido boca abajo, con el gran cuerpo de Greyback encima de él pero lo suficientemente de lado para que todavía pudiera respirar.

El pecho de Greyback también se agitaba con jadeos contra su espalda. Podía sentir su corazón latiendo contra sus omóplatos. Se alarmó por cuán lindo se sentía esto –pacífico, como si un gran peso hubiera sido levantado de sus doloridos hombros. Eso hasta que la realidad, que se las había arreglado para escaparse felizmente por un corto periodo de tiempo, se desplomó sobre él.


Fenrir sintió el cuerpo debajo tensarse ligeramente y sonrió, sabiendo que su irritante moral humana estaba de vuelta otra vez. Lo acarició en medio de los hombros que descansaban contra las pieles. —Esta cama huele a ti, me gusta eso —gruñó con aprecio, su voz ligeramente roca por la satisfacción post-orgásmica. Acercó al chico brevemente, inhalando profundamente. Nunca había estado tan conectado a una persona, tan contenido en su proximidad y ciertamente, nunca había abrazado. Fenrir Greyback no hacía tales cosas. Y sin embargo ahora, con este chico, parecía estar convirtiéndose rápidamente en la excepción a toda regla.

—Si niegas que eso fue bueno o que te gustó, eres un jodido mentiroso —murmuró Fenrir en el hombro del muchacho, recorriendo la piel suave y deliciosa con sus labios distraídamente. ¿Cómo es que su piel era tan tersa y suave? Excepto sus palmas y las yemas de sus dedos, eran gruesas y ásperas...

—No voy a negarlo —dijo Harry en voz baja, sorprendiéndolo por su tranquilidad.

—¿Oh?

El chico suspiró. —Fue malditamente brillante, ¿de acuerdo? Ese es el problema —gruñó, luchando contra el abrazo de Fenrir y rodando sobre su espalda hasta nivelar su mirada todavía demasiado brillante—. No debería ser... no debería hacer cosas así contigo, con nadie en absoluto, no mientras todavía tengo un trabajo que hacer, pero sobre todo no contigo.

—Olvídate del Señor Oscuro. He enviado a dos de mis mejores hombres para ayudar a tus amigos-

—Pero eso no cambia el hecho de que yo debería estar ahí ayudándoles —cortó Harry—. Es mi tarea, no la de ellos, no tuya-

—Pero estamos enlazados. Sea cual sea tu tarea, ahora es mía —dijo Fenrir simplemente, frunciendo el ceño ante la terquedad del niño—. Realmente no puedes pensar en aquello que quieres por sobre cualquier otra cosa, incluso por un momento, ¿verdad? —preguntó secamente.

—Y supongo que crees que eres lo que quiero, ¿verdad? —espetó Harry.

Fenrir gruñó con frustración, rodando hasta estar inclinado sobre el cuerpo de Harry otra vez, pero cara a cara en esta ocasión. Ojos azules aún brillando con pasión moribunda miraron hacia él. —Creo que hace un rato me estabas ofreciendo tu boca, mascota, ávido de un beso humano, ¿o estoy equivocado? —El oscuro rubor que inundó de color esa piel le dijo que su suposición era correcta y no estaba seguro de cómo se sentía acerca de eso. Con un suspiro interno, se levantó de la cama, sin avergonzarse de su desnudez.

Cruzando la cálida guarida, Fenrir jaló un nuevo par de pantalones de los estantes cercanos a la puerta. Se sentía frustrado como siempre, tan confundido, y sin embargo, lo que fuera que habían compartido hacía un momento parecía haber aplacado su notorio temperamento –al menos por ahora. Parecía lo mismo para el muchacho, también, todavía acostado sobre la cama, observándolo cuidadosamente a través de las cortinas semitransparentes que estaban entreabiertas.

—¿Quién es Shae? —preguntó el niño finalmente, su voz todavía un poco ronca de gritar de pasión. Fenrir frunció el ceño, congelándose en el acto. Supuso que había oído el nombre anoche, cuando estuvo escuchando a escondidas. Eso o Echo lo mencionó, ese imbécil entrometido.

—Es el nombre de la aldea en la que te quedaste un par de noches atrás, y también es el nombre de mi... de mi madre —dijo, sintiéndose incómodo al decirlo. Todo el mundo sabía quiénes eran sus padres; nunca había tenido que explicarlo antes.

El muchacho se sentó en la cama, tirando de una de las mantas de piel con él y protegiendo su dignidad con ésta mientras lo hacía. —Ese pueblo, ¿por qué estás tan familiarizado con él si odias tanto a los magos?

«¿Por qué estás tan interesado en saber acerca del hombre que dices es tu violador? », pensó Fenrir. Estaba irritado pero al mismo tiempo contento de que el chico lo mirara, solo a él, pensando solo en él –tener su interés. Toda su vida se había convertido en el epítome de una paradoja desde que este chico había tropezado con él, era molesto y sin embargo, nunca antes se había sentido tan completo y alegre.

—Mi madre, un ser humano, portaba el gen de hombre lobo como tú y provenía de esa aldea. La bruja que cuidó de ti cuando estabas allí, Eithne, es mi abuela —explicó Fenrir, caminando hacia su compañero mientras hablaba hasta que estuvo de pie al borde de la cama y el niño lo miró. Le gustaba el aspecto y el olor de su compañero en sus pieles.

¿Abuela? —repitió Harry, desconcertado. Fenrir no pudo evitar sonreír. A su manera, su compañero era realmente encantador.

—Protegemos al pueblo de los forasteros y a cambio nos proveen de ropa o incluso comida para complementar lo que cazamos. Mis padres eran los más grandes de su tiempo, venerados por los humanos de ese pueblo y por los hombres lobo por igual —explicó, incapaz evitar ese aire de orgullo en su voz. El muchacho se removió, todavía mirándolo con ojos llenos de curiosidad.

—¿Cuál era el nombre de tu padre? —preguntó Harry con curiosidad, como si de verdad quisiera saber.

Con el ceño arrugando su frente todavía, Fenrir respondió lentamente. —Adair. Fue el Alfa anterior a mí.

—¿Y asumiste su lugar cuando tus padres y hermanos fueron asesinados por los cazadores? —preguntó Harry. Fenrir se alejó de la cama, no estaba preparado para remover el trauma de su pasado. No se había dado cuenta de lo mucho que sabía el muchacho y no estaba seguro de lo que sentía acerca de que conociera la parte más oscura y traumática de su vida –aún más insoportable que su tiempo en Azkaban.

Incapaz de encontrar las palabras, soltó un quedo bufido y agarró la descartada capa de pieles a la que el chico parecía aferrarse y la lanzó hacia él. —Póntela, hace frío afuera —murmuró dirigiéndose a la puerta—. Espero verte en el círculo cuando sea hora de la cena. — Su mano tocó la puerta, pero antes de que pudiera abrirla, la voz de su compañero lo detuvo en su lugar de nuevo.

—¿Por qué Echo dijo que yo le recordaba a tu madre? —preguntó Harry, su voz casi implorando que regrese. Poco a poco, Fenrir se volteó hacia él.

—Él era terco, obstinado, desafiante y siempre decidido a hacer lo correcto por otros antes que por sí mismo —explicó Fenrir. Harry levantó una ceja.

¿Él?

—Sí, él. Mi madre era un portador masculino como tú. Mis dos padres eran hombres —explicó llanamente, un poco torpe. Nunca antes había tenido que explicarle esto a nadie. Entonces se dio cuenta que quizás el término 'madre' había confundido al chico. Probablemente solo había oído darles ese nombre a los progenitores femeninos; el embarazo masculino todavía era un procedimiento de alto riesgo en el mundo mágico, de ahí que fuera evitado en su mayoría. O eso había sido lo último que había escuchado, de todos modos.

—Cuando tengas a nuestros cachorros podrás ser su madre, pero no algo menos que un hombre —dijo, su voz tan ronca como siempre pero con un borde tranquilidad bajo la superficie.

Esa frente se arrugó de nuevo. —No voy a tener nada —le recordó Harry sin rodeos—. E incluso si quisiera, sin duda no follaría contigo mientras eres un hombre lobo para quedar encinta. No estoy en la zoofilia. Francamente, la idea me hace sentir enfermo y si siquiera lo intentas, voy a hechizar tu polla.

Fenrir vio el estremecimiento del muchacho ante la idea, y se dio cuenta de que por una vez no estaba simplemente peleando. La idea de ser montado por su lobo en verdad era aborrecible para él. Una cosa a la vez, se dijo, reprimiendo cualquier réplica que pudiera estar en su lengua y girándose hacia la puerta una vez más. La abrió y luego se detuvo en el umbral.

—No te molestes en tomar más paseos de media noche en busca de una salida, nunca vas a salir sin mí o alguno de los otros —dijo sin mirar atrás, cruzando la puerta y cerrándola detrás de sí.


Después de un momento o dos, Harry se levantó con rigidez, gimiendo en voz baja debido al dolor en sus extremidades. Era un buen dolor, sin embargo, tenía que admitirlo y su culo ardía de tal manera que lo hizo ruborizarse. Caminó hacia los estantes de la puerta, donde uno de los subordinados de Greyback (la mujer que creía se llamaba Larentia) había colocado algunas de sus 'ropas nuevas' junto a las de Greyback.

Tomando las primeras prendas de la pila, se puso unos pantalones tres cuartos de color rojo oscuro y una camisa café claro. Las telas eran suaves y ligeras, no irritaban su piel como un montón de cosas parecían hacer desde que el hombre lobo en él había despertado. Lo más sorprendente, sin embargo, es que parecían ajustarse libremente a su pequeño cuerpo. ¿Habían venido de la aldea también? ¿De Eithne, la abuela de Greyback? Se ruborizó oscuramente por lo que la anciana había visto la noche en que se había quedado y rogó nunca encontrarse con ella de nuevo, porque no sería capaz de mirarla a los ojos si lo hacía.

Voces apagadas más allá de la puerta llamaron su atención justo cuando se giró para regresar a la cama. Se detuvo en el lugar por un momento, sin saber qué hacer. Pero entonces la curiosidad ganó. Presionando su oreja contra la madera, se encontró con que podía escucharlo todo claramente.

—... tan castigado —oyó murmurar a una voz gruesa. No era la de Greyback, la suya fue la que respondió.

—Te olvidas con quién estás hablando, viejo impertinente. ¿Tal vez te gustaría un recordatorio? —La voz de Greyback era dura, feroz, tal como Harry la recordaba de la noche en la torre. Hizo que su piel cosquilleara incómodamente. Su compañero estaba a la vez molesto y enojado. Espera. Se quedó paralizado. ¿Acababa de pensar eso?

El sonido del 'viejo impertinente' burlándose arrastró su atención de regreso a la conversación más allá de la puerta.

—Desterrado de tu guarida por un sub enano —se burló—. Tomando la actitud de mierda de ese mocoso y dejando que nos insulte al no comer con la manada, como es la regla. Ningún recién llegado se ha salido con un comportamiento de este tipo, ni siquiera los más jóvenes o con problemas. —Harry escuchó el desprecio del hombre intensificarse. ¿Quién era?

» No solo eso, sino que has enviado a dos de nuestros mejores guerreros para llevar a cabo alguna tarea en secreto para ese chico. Puede que sea el único con las bolas suficientes para hacerte frente, Alfa, pero no creas que soy el único que se dio cuenta. ¡Esa pequeña ramera te está convirtiendo en un perro faldero!

Un rugido de furia llenó el aire, seguido de un duro golpe de un cuerpo estrellándose contra la puerta contra la que Harry estaba presionado. Saltó hacia atrás, respirando con dificultad. No necesitaba presionar de nuevo su oreja para escuchar las palabras que siguieron. La voz de Greyback era un crescendo en pleno auge de indignación. —Probablemente te volviste senil con la vejez, Ulric, así que permíteme recordarte: yo soy el Alfa aquí, y si tú o cualquier otro no está de acuerdo con la forma en que trato a mi compañero, puedes luchar por él y por mi título y perder ambas batallas.

Otro gruñido de rabia remarcó sus palabras y el sonido que lo acompañó le dijo a Harry que Greyback estaba arrastrando al hombre sobre sus pies, lanzándolo lejos de la puerta de su guarida con descuidado disgusto. —Pero si me faltas el respeto de nuevo, viejo, voy a ponerte en tierra para que no te levantes. —Hubo un momento de silencio seguido del sonido de movimiento, de los dos alejándose de la puerta, y luego silencio.

Harry tragó. Sabía de qué se trataba. Sabía que Fenrir Greyback era el hombre lobo Alfa más venerado en el país y cuán inaudito era que alguien lo desafiara. Sin embargo, ese viejo lo había hecho. Conall y su grupo se habían atrevido a desafiarlo también, incluso habían intentado tomarlo a él a pesar de su reclamación. «Es por mi culpa», se dio cuenta, sin siquiera intentar moverse de donde se había quedado petrificado.

«Mi comportamiento está causando discordia entre la manada y cada hombre lobo que nos encontramos, o al menos dañando la reputación de Greyback». No sabía si era su instinto o su propia culpa, pero no le gustaba la idea. Nunca le había gustado la idea de causarle problemas a otra persona, de ser una carga; tal vez era un rasgo que los Dursley habían inculcado en él. En cualquier caso, no le gustaba poner en peligro el estilo de vida por el que Greyback había luchado.

«Debo estar loco», pensó, cerrando los ojos y cubriéndolos con su mano. «¡Me está volviendo loco! ¡Tengo que salir de aquí antes de que me vuelva loco por completo! ». Sí, tendría que salir de aquí –no había otra opción. Pero mientras estuviera atrapado aquí, podría ayudar tanto a Greyback como a su conciencia el hacer algo de control de daños...


.*.*.*.


Fenrir se sentó en el círculo alrededor del fuego. Un montón de jugosos faisanes yacían en bandejas al lado de él, recién preparados (casi crudos para todos, excepto para Harry, que seguía ausente) y a punto de ser cortados por Amoux, listos para servirse. Suspiró para sí mismo, agradecido por la compañía de Echo a su lado. Echo sabía cuándo callar, cuándo solo estar allí, siempre lo había hecho.

Tenía hambre, irritado por la disputa con Ulric e inquieto por lo que había sucedido para arruinar el resplandor de ese fantástico sexo de antes. El muchacho se había metido bajo su piel más fácil y más rápido de lo que había previsto.

—¿Su sub de nuevo no se nos une, Alfa? —La envejecida pero todavía inquebrantable voz de Ulric lo llamó a través del círculo, con el pelo blanco y la dura cara arrugada iluminada por la luz del fuego. Fenrir se tensó, pero cuando sus músculos se preparaban para empujarlo del lugar donde estaba sentado, Echo se puso de pie a su lado.

—El sub es nuestro Compañero Alfa, no hables de él con nada menos que respeto por él y lo que es un regalo para nuestra especie —dijo Echo, fuerte, firme y contundentemente. Todos los ojos estaban sobre él, llenos de reverencia. Ulric lo miró por un momento con fríos ojos oro, antes de rendirse y mirar hacia otro lado.

—Gracias —gruñó Fenrir solo para los oídos de Echo cuando su beta continuó con los oscuros ojos sobre Ulric al otro lado del fuego—. Creo que Ulric ha olvidado que no estoy sin partidarios.

Echo se volvió hacia él, finalmente alejando sus ojos de Ulric, su cara generalmente inexpresiva traicionada por una sonrisa agradable. —Están celosos por Harry, creo. Él es un raro hallazgo en nuestro mundo hoy en día y te eligió; te dará hijos propios, algo que cada hombre lobo codicia en lo más profundo de su corazón. Nuestros cuerpos e instintos nos presionan a dejar nuestra semilla, pero no podemos. Tienes algo con lo que todos nosotros solo podemos soñar –es natural que estén celosos.

Fenrir resopló. —Él me eligió, pero por la forma en que me mira, no lo creería a veces —dijo, todavía irritado porque el mocoso hubiera conseguido arruinar su deliciosa felicidad post-coital.

—¿Crees que puedes obtener un regalo sin luchar, Alfa? —preguntó Echo con un toque de diversión jugando en sus labios. Fenrir gruñó en voz baja, pero la sonrisa de Echo solamente se amplió—. Es joven y nuevo en esto, tampoco ha tenido exactamente la educación más constante, según los rumores. Tiene problemas, seguro, pero vendrá alrededor, de lo contrario no te habría elegido.

Fenrir se reclinó sobre sus brazos, mirando hacia el cielo estrellado y a las espesas olas de nubes grises que desesperadamente trataban de ocultar la luna. El círculo estaba iluminado por el fuego, así como por las antorchas esparcidas alrededor, el suave brillo naranja acentuado por cientos de diminutas luciérnagas brillando por encima. Algunos de los niños más pequeños las miraban con deleite, incluso tratando de atraparlas a pesar de lo alto que estaban. Eso hizo que la más pequeña de las sonrisas tocara la boca de Fenrir. Pero luego, un movimiento más allá del círculo le hizo enderezarse en su asiento. Su compañero estaba allí de pie, justo al alcance de la luz naranja. Pareció dudar por un momento, antes de armarse de valor y caminar hacia adelante.

El efecto fue instantáneo, todo el mundo se detuvo al verlo y Harry se congeló de nuevo, mirándolos a todos, como si deseara que el suelo se abriera y se lo tragara. No le gusta que la gente se lo quede viendo, se dio cuenta, mientras el muchacho comenzaba a caminar de nuevo, más rápido esta vez, directamente hacia él. Se puso de pie con rapidez, como era la costumbre cuando el compañero del alfa se unía a una reunión. Echo se levantó también, seguido de algunos otros y después de eso, el resto los siguió, poniéndose de pie con sus cabezas inclinadas en leves arcos de respeto.

Harry pareció sorprendido por el gesto de todos ellos y se sonrojó, deteniéndose delante de Fenrir. El muchacho lo miró sin encontrarse con sus ojos realmente. —Yo... eh... tu invitación a la cena —comenzó en voz baja, pero lo suficientemente alto como para que todos lo oyeran. Fenrir tenía la sensación de que el chico lo estaba haciendo así a propósito, pero no dijo nada, solo esperó a que su compañero encontrara sus palabras.

» Yo... lamento no haber venido antes, no sabía si sería... —Harry miró a su alrededor a todo el mundo—…bienvenido —finalizó. Luego, con una mueca de dolor que solo Fenrir vio y una pequeña inhalación de aire, giró apenas un poco la cabeza hacia un lado y murmuró—: Por favor, perdóname, permíteme sentarme contigo, Alfa.

Una oscura ráfaga de color inundó el rostro de su compañero y los ojos de Fenrir se abrieron en sorpresa. ¿Qué era este acto? ¿De dónde había salido esta presentación? ¿Cuál era el propósito de esta muestra de intercambio de poder? Fenrir no podía comprenderlo. A menos que...

«Escuchó lo que pasó antes», pensó, frunciendo el ceño. Todavía no tenía sentido del todo, sin embargo. ¿Qué le importaba al chico si algunos de la manada se rebelaban un poco? Los pondría en su lugar si se atrevían a salir de la línea de nuevo. Su tranquila vida aquí se mantuvo por apegarse a las reglas que sus antepasados habían establecido hacía mucho tiempo. Su trabajo como alfa era defender esa paz. Pero el chico era nuevo en su sangre de hombre lobo, no podía saber todo eso. ¿Entonces por qué?

Fenrir gruñó en voz baja, más por frustración ante su indescifrable compañero que por cualquier tipo de ira y extendió la mano, obligando al niño a mirarlo de nuevo antes de liberarlo rápidamente. —Siéntate —dijo simplemente, señalando el rústico banco que él y Echo habían desocupado. Después de solo la más breve de las vacilaciones, el niño se sentó; tan pronto como lo hizo, todo el mundo le siguió, pareciendo reanudar sus anteriores conversaciones o tareas.

Algunos ojos, sin embargo, se montuvieron en su pareja, incluso después de que el parloteo se reanudara y Fenrir no pudo evitar notar el modo incómodo en que el niño se abrazaba, como si no deseara nada más que acurrucarse en una bola lejos de toda la atención. Con una mirada fulminante a la manada, las miradas fijas se detuvieron rápidamente y él se giró hacia su compañero. —Me alegra que hayas venido, puedo asegurarme de que metas una cantidad decente de alimentos en ese escuálido cuerpo tuyo —se quejó.

Con la sumisión olvidada, el muchacho lo miró con furia, una punzada de dolor en esos ojos esmeralda. La luz del fuego bailaba dentro de ellos cuando se endurecieron con ira, todo resto de su anterior exhibición de sumisión disipada.

—Jódete —murmuró Harry con vehemencia, solo para los oídos de Fenrir—. Es mi cuerpo y voy a comer tanto o tan poco como yo quiera. Disculpa si ser mantenido prisionero puso un obstáculo a mi apetito.

Fenrir no pudo evitar sonreír ante eso, su muchacho era un compañero sumiso, pero no había nada sumiso en él en lo más mínimo. Cualquier poder sobre él tenía que ser ganado, como había descubierto durante el puñado de encuentros de placer con el otro. Este muchacho se negó a romperse bajo semanas de tortura por parte de Voldemort y tampoco se doblegaría ante él usando medios normales, incluso con sus instintos de lobo exigiéndole que lo hiciera.

Oh, sí, sabía por qué Echo había dicho que le recordaba a Shae. Este pequeño lobo testarudo ejercía un poder y valor que hombres más grandes no podían soñar, tan lleno de orgullo y generosidad. Era un reto, uno que lo desesperaba tanto como lo encantaba. Se pasó la lengua por los labios distraídamente, recordando la forma en que el niño había sabido estar a la par con él antes.

—Maldición, ten algo de decencia —murmuró el chico, regresando a la vergüenza en lugar de la sumisión ahora. Su voz seguía siendo casi inaudiblemente silenciosa—. Puedo oler exactamente lo que estás pensando —dijo, inquieto. Fenrir pudo sentir el más pequeño pico de excitación a través de su mortificación y por la forma en que el niño agarró el banco bajo sus piernas.

—Tus sentidos se están volviendo más fuertes —señaló Fenrir, atrayendo de regreso a esa brillante mirada verde—. Es una señal de lo poderoso que eres. Normalmente los lobos recién convertidos tardan meses para alcanzar su pleno potencial, casi un año en la mayoría de los casos. Si tus sentidos ya están mejorando, me imagino que no pasará mucho tiempo antes de que puedas usar tu magia.

La emoción de Harry se despertó ante eso y se enderezó visiblemente. Extrañaba su magia y odiaba no poder defenderse, se dio cuenta. Gruñó en silencio para sí mismo. La idea de que su compañero estaba sufriendo el mismo tipo de desamparo miserable que él mismo detestaba, no le sentó bien en absoluto.

—Esto es solo un momento vulnerable para ti, ya sabes —murmuró torpemente, sin saber realmente cómo tranquilizarlo. No le gustaba la suavidad inusitada que alcanzó su voz cuando habló con el chico, le hacía sentir... débil—. No ayuda que no tengas tu varita para sacarte del apuro hasta que alcances tu poder correctamente, o que no hayas completado nuestra unión, pero va a pasar. No eres débil. No te habría elegido de otra manera.

Harry lo miró nuevo. —Bueno, genial —gruñó, antes de darse cuenta de lo que se estaba quejando—.Sé que no soy débil, pero estoy indefenso, ni siquiera puedo ir al maldito lugar que quiero. No puedo ir a casa-

—Esta es tu casa —lo interrumpió Fenrir—. Y nadie te obligó a permanecer en la guarida todo el día excepto tú. Todos los demás están más que dispuestos a darte la bienvenida-

—¡No quiero ser bienvenido! —siseó Harry, todavía en voz baja, como si fuera consciente de su audiencia—. ¿No lo entiendes? No puedo... No me permitiré... —Apretó los dientes, enfurecido por su falta de articulación—. No puedo permanecer aquí. No puedo pertenecer a cualquier lugar en este momento. Ningún lugar es seguro hasta que termine lo que empecé.

Fenrir gruñó con frustración, rascándose la nuca. —Y si no hubiera jurado por tu sangre, si te dejara ir, eso te haría feliz, ¿cierto? ¿Arrojarte a ti mismo al peligro y hacerte matar? No puedes matarlo a Él, mascota, es más fuerte que tú. Te romperá en pedazos y hará que todos tus amiguitos observen cómo lo hace, ¿eso te hará feliz al fin?

El chico negó con la cabeza, exhausto. —¿Qué importa?

Fenrir gruñó de nuevo. —¿Por qué me haces tu enemigo cuando estoy tratando de mantenerte a salvo? ¿No te das cuenta de que no tengo por costumbre atender cachorros rebeldes? —le espetó secamente—. No permito ser sacado de mi propia cama por cualquiera, o soportar tanta mierda caprichosa, tampoco. Te ofrezco lo que has anhelado toda tu maldita vida y estás siendo un mocoso desagradecido.

Harry retrocedió ante eso, volviendo a mirar al fuego donde Amoux estaba sirviendo la comida en platos hondos. Había verduras frescas y carne cocida en el tazón para Harry, se dio cuenta y juró que escuchó el gruñido del vientre del chico con el olor, incluso en su actual estado de ánimo.

—Lo sé —dijo Harry al fin—, y aunque sigo diciendo que no quiero lo que me estás ofreciendo, me doy cuenta de los problemas que te estoy causando.

Fenrir no pudo evitar notar la manera en que su mirada se desvió hacia donde Ulric estaba sentó alrededor del círculo, lanzándoles miradas especulativas de vez en cuando.

—Vine aquí tratando de hacer un poco de control de daños, pero eres un bastardo molesto, simplemente no puedes ayudarte a ti mismo y lo estás haciendo todo peor. —Harry se mordió el labio por un momento, luego se armó de valor antes de volver a enfrentarlo—. No puedo dejar de reaccionar ante ti, me haces enojar sin siquiera jodidamente intentarlo. Eres tan... obsceno; Creo que te gusta hacerme sentir incómodo y solo por eso me haces perder los estribos cada vez que abres la boca. —Su voz era un silbido bajo cuando terminó y Fenrir estaba sonriendo al final, haciendo que la frente de su compañero se arrugara con su ya familiar ceño irritado.

» ¿Por qué demonios estás sonriendo? —preguntó.

Fenrir se rió entre dientes. —Oh, bebé, hago algo más que irritarte —susurró insinuante, sus ojos resbalando por el cuerpo del niño de modo que no pudiera malinterpretar su significado. Esa piel se sonrojó de nuevo y él atrapó la barbilla de su compañero para mantener su cabeza en su lugar antes de que pudiera alejarse—. Me meto debajo de tu piel porque me quieres, mascota, no te avergüences de ello.

Los labios de Harry se abrieron con una réplica, pero antes de que las palabras pudieran salir, Amoux llegó frente a ellos, presionando dos cuencos de tamaño generoso en sus manos. —La pareja Alfa se sirve primero —dijo Amoux amablemente cuando Harry miró a su alrededor inquisitivamente—. Cociné el tuyo especialmente, y puse algunas verduras para mantenerte saludable. Por lo general solo usamos las verduras para darle sabor a los guisos y tal, pero tu cuerpo aún necesita sustento.


Harry la miró fijamente. Su cara estaba llena de la prueba de sus años, pero era redonda y dulce. Sus ojos brillaban con amor incondicional por todo lo que miraba. No se parecía en nada a la señora Weasley y sin embargo, le recordaba a ella. Él asintió en agradecimiento y miró su deliciosa comida –solo recién dándose cuenta de lo hambriento que estaba ahora que la comida estaba delante de él.

—Gracias —dijo torpemente, sin saber qué más decirle a uno de los miembros de esta 'familia' que quería darle la bienvenida en sus brazos. Simplemente no le era fácil aceptar, apenas se estaba acostumbrando al amor de la familia Weasley por él después de todos estos años.

El resto de los bowls fueron entregados rápidamente y Harry se dio cuenta de que hasta que Amoux se sentó al lado del niño, Vilkas, nadie tocó su comida. Fenrir empezó primero, levantando su cuenco ligeramente en agradecimiento antes de comer. Los adultos desgarraron la carne desde el hueso con sus dientes, mientras los niños comían felizmente gruesas y jugosas rebanadas de carne semi-cruda. Harry, por su parte, había sido provisto con un cuchillo y un tenedor. ¿Los habían adquirido solo para él de la aldea, como sus ropas? Se sonrojó al pensarlo.

—¿Qué te pasa? —le preguntó Greyback con la boca llena, tragando mientras observaba la expresión de Harry con escepticismo.

Harry se encogió de hombros y ocultó su rostro centrándose en cortar su faisán maravillosamente cocido. —Solo... espero que nadie haya salido de su camino por mí, eso es todo —dijo, metiendo algo de carne en su boca. Apenas retuvo el gemido que deseaba salir ante el sabor. ¡Estaba delicioso!

—No estás acostumbrado a eso —señaló Greyback, atrayendo su mirada de regreso—, a la gente haciendo un esfuerzo por ti, cuidándote.

Harry lo miró por un momento pero no dijo nada, simplemente siguió comiendo en silencio. Él no quería ir por el camino de los Dursley con Fenrir Greyback de todas las personas, sin importar si el jodido destino había tratado de unirlos. Ni siquiera había hablado realmente de su vida en Privet Drive con Ron o Hermione; desde luego, no estaba a punto de hacerlo ahora.

Terminó su comida casi al final y tan pronto como hubo terminado, Amoux capturó su mirada.

—¿Espero que lo hayas disfrutado? No he tenido que cocinar para alguien con gustos humanos durante algún tiempo.

Harry se removió torpemente donde estaba sentado, pero esbozó una sonrisa para ella –parecía simplemente sacarlas de las personas. —Estaba delicioso. No puedo recordar la última vez que comí algo tan bueno.

Ella sonrió. —Eres un amor —dijo, pero sus palabras fueron interrumpidas por un horrible, escalofriante aullido cercano. Harry se quedó helado. El sonido atravesó la noche, un misterioso e inquietante grito del que nadie pareció darse cuenta excepto él. Miró a su alrededor tratando de sentir algo inusual en el aire, pero su nariz no podía oler nada más allá del círculo, había demasiados olores a los que no estaba acostumbrado como para recoger algo nuevo.

Entonces, otro aullido atravesó la oscuridad, bastante cerca de ellos esta vez. Su cabeza giró sobre su cuello hasta que lo sintió chasquear y los vio. Decenas de brillantes ojos dorados titilaban en la oscuridad, cada vez más cerca. Instintivamente, sujetó su varita, antes de darse cuenta de que no estaba allí, y cuando comenzó a ponerse de pie, Greyback puso una gran mano en su hombro, calmándolo.

—Relájate, mascota —lo aseguró Greyback, su tono brusco y tosco una vez más. Cuando Harry se volvió a mirarlo, soltó su hombro y recogió una jarra del suelo junto a su pie, dándole un profundo trago—. ¿Querías saber lo que custodia los 'giros equivocados' en los túneles? —preguntó el alfa después de un trago—. Ellos son los que los custodian. Son nuestra manada también, vienen al campamento por la noche para comer.

Harry se giró para ver unas cuantas docenas de lobos entrando al círculo, moviéndose hacia el centro donde la comida estaba siendo preparada para ellos. Parecían ser los lobos comunes, cada uno de diferente tono pero completamente normales. Normales pero aun así desconcertantes, especialmente cuando estaban iluminados por nada más que la luz naranja del fuego y las antorchas en la oscuridad.

Mirándolos con cautela, Harry notó a un gran lobo negro deambulando hacia donde Vilkas estaba colocando un plato de comida. No pudo evitar la señal de advertencia que sintió en su vientre y rápidamente se puso de pie cuando la bestia se detuvo. Era más alta que el niño y lo estaba mirando de una manera que no le gustaba cuando el niño se tomó demasiado tiempo colocando la comida en el suelo. El lobo bajó la cabeza y Harry avanzó para detener el inevitable ataque, pero una mano grande atrapó su muñeca y él se giró sobre sus pies para hacerle frente a Greyback.

—Como te dije el otro día, no van a hacernos daño. Son parte de nuestra familia —explicó con el aire de alguien que simplemente no podía entender su miedo. Remarcó sus palabras con un gesto hacia donde el lobo estaba ahora olfateando el oído del niño con interés. Vilkas soltó una carcajada, dándole torpes palmaditas al enorme canino antes de dejar caer el tazón a sus pies. Para sorpresa de Harry, el movimiento repentino solo hizo que el lobo saltara un poco, antes de agachar la cabeza y empezar a comer.

—No es como los humanos y sus perros —dijo Greyback, instándolo a regresar a su asiento, aunque Harry permaneció de pie—. Ellos nos entienden debido a lo que somos, nos conocen. Somos su manada.

Harry frunció el ceño en confusión, jalando su mano sutil y rápidamente del agarre de Greyback. —¿Puedes hablar con ellos? —preguntó con un borde de interés—. ¿Voy a ser capaz de hablarles?

Greyback sonrió, no por primera ni última vez esa noche. —Podemos, más o menos. Utilizamos el lenguaje corporal más que las palabras, pero sí, podrás hacerlo. Puedo enseñarte.

Harry sintió un escalofrío de emoción ante la perspectiva, recordando el placer que había experimentado cuando se dio cuenta de que el pitón en el zoológico podía entenderlo. Eso fue antes de que supiera que eso significaba que tenía una conexión con Voldemort, por supuesto. —Puedo hablar con las serpientes, ya sabes —dijo él sin pensar.

Greyback levantó una ceja. —Lo había oído. Muéstrame.

—Necesito algo parecido a una serpiente para centrarme, realmente no puedo hacerlo a voluntad, ni siquiera me doy cuenta cuando lo hago la mitad del tiempo. No se siente como otro idioma —dijo, sin saber realmente cómo explicarlo mejor que eso. Para su sorpresa, Greyback asintió comprensivamente.

—Eso es lo que se siente al hablar con lobos —dijo con sencillez, pero cualquier cosa que estuviera a punto de añadir, quedó ahogada por un rugido terrible y un agudo y penetrante aullido de dolor. Harry se dio la vuelta para ver al gran lobo oscuro que había sido tan dócil con Vilkas hacía un momento, ahora elevándose sobre un lobo gris pálido considerablemente más pequeño. Éste último era un adolescente, adivinó Harry por su tamaño, su único pensamiento consciente antes de lanzarse hacia delante en su defensa.

—No va a ser herido seriamente —dijo Ulric bruscamente mientras se ponía de pie, inclinándose ligeramente, por lo que estaba casi obstruyendo su vista de la pelea en el suelo. Detrás de Harry, Greyback y Echo se levantaron también en desafío. En el fondo, Harry sabía de alguna manera que era porque él, Harry, era un alfa también y estaba siendo desafiado por el modo en que Ulric estaba de pie.

Harry frunció el ceño, su cuerpo tarareando con incomodad por la forma agresiva en que el otro hombre estaba de pie. Nunca antes había estado tan en sintonía con el lenguaje corporal, pero con solo mirar al viejo lobo, sabía que era detestado y codiciado al mismo tiempo. No le gustó.

Cuadrando los hombros y sintiendo a Greyback a su espalda, pasó junto a Ulric como si no lo hubiese escuchado, hacia el lugar donde el pequeño lobo gris se había revuelto lejos del negro, solo para ser alejado por otros tres. Estaba atrapado eficazmente. Su corazón se apretó ante el sonido que hizo. Tal vez se recordó a sí mismo como un niño, siendo golpeado desde todos los ángulos por Dudley y sus amigos. No importaba. Tenía que parar.

—¡Él es el omega! —dijo Ulric bruscamente, girando para mantener los ojos fijos en él mientras Harry lo pasaba—. Y un enano para empezar; es la forma en que son las cosas-

—Es intimidación —lo cortó Harry, sin siquiera echar un vistazo hacia el viejo hombre—, y no voy a permitirlo. —Sintió una ola de inquietud pasar a través del círculo, escuchó cada brusca inhalación por sus palabras. Se obligó a sentir su fachada de confianza en su mismo centro y se adentró en la multitud de lobos ahora revolcándose en el suelo. No tenía miedo de ellos ahora; sabía que Greyback le había dicho la verdad. No le harían daño.

—¡Basta! —gruñó, lanzando sus brazos para golpear el aire, espantándolos. Se dispersaron en su presencia, sus cabezas y orejas hacia abajo, mirándolo mientras se alejaban, dejando al enano en el centro. Los ojos dorados lo miraron con incertidumbre, pero el enano no se atrevió a moverse. Harry se agachó a su nivel, tratando de mantener su cuerpo amigable para no asustarlo más.

El lobo era pequeño, pero sin duda un adulto, escuálido y débil. Le recordó aterradoramente a sí mismo cuando había comenzado Hogwarts. Había sido cauteloso, inseguro del mundo, con temeroso y pequeño, pero seguro de que debía haber algo más en el mundo que la miseria y el abandono de Privet Drive. Sonrió cálidamente, un involuntario canturreo ronroneante dejando sus labios.

Las orejas del lobo se levantaron en sorpresa. Brevemente sorprendido por el sonido que había salido de sus labios sin su permiso, Harry hizo el tranquilizador sonido de nuevo, de forma deliberada esta vez antes de recoger torpemente al lobo flaco en sus brazos. Cuando se puso de pie sosteniendo al animal, sin embargo, no solo se encontró con todo el mundo observando, sino también a Ulric de pie entre él y su asiento.

—Estás jugando con el orden de las cosas, chico —dijo con una advertencia en su voz que hizo que el vello de su nuca se erizara. Ese hombre no podía hablarle de esta manera, ¿cierto? Pero antes de que Harry pudiera contemplarlo por más tiempo, Echo había empujado a Ulric a un lado, con los dientes al descubierto.

—¿A quién estás llamando 'chico'? —gruñó Echo con disgusto, empujando de nuevo a Ulric para sacarlo por completo de la proximidad de Harry—. Él es tu Compañero Alfa, muestra un poco de respeto. Sabes lo que es para nosotros. Ahora siéntate antes de que tu alfa te derribe. Apuesto a que no te levantarías esta vez. —Sus palabras hicieron que Harry le diera un vistazo a Greyback, cuyos ojos duros estaban oscuros y lívidos, con furia apenas contenida. Harry divisó a los más pequeños cerca del fuego con Amoux y tuvo la impresión de que la única razón por la que Greyback no hizo un ejemplo de Ulric, fue su presencia; el pensamiento lo reconfortó más de lo que le gustaría.

Pero entonces se dio cuenta de lo mal que había salido su intento de jugar al buen sub. «Me perdí jugando al héroe de nuevo, Hermione», pensó, su corazón apretándose ligeramente al pensar en sus amigos. Se preguntó qué estaban haciendo ahora.

—Solo estoy diciendo —comenzó Ulric, su voz más suave esta vez, teñida de rendición—, que las cosas son de esta manera por una razón. Es la naturaleza, y el Compañero Alfa no ha tenido tiempo de acostumbrarse a las cosas todavía. —Miró a Harry, que todavía tenía los brazos llenos del lobo enano—. Él tiene un corazón blando.

—Tiene un buen corazón —dijo Amoux desde su lugar junto fuego a la defensiva, sobresaltando a Harry con su apoyo—. Tenemos suerte de tener una pareja Alfa que se preocupa por todos nosotros, incluso por el más pequeño —dijo ella, con la cabeza levantada.

«Parece que de alguna manera he dividido a la manada solo por estar aquí», pensó. Vio a Ulric abrir la boca para discutir, pero la voz de Greyback cortó a través de todo el círculo.

—¡Suficiente! —gruñó, mirando por un momento a Ulric, antes de encontrarse con sus ojos. Su rostro era completamente ilegible—. Deja que el niño mantenga al cachorro, podría ayudar a recordarle a aquellos de ustedes que aún no lo han entendido, que mi compañero también es su alfa y su voluntad es ley, así como lo es la mía. —Greyback le dirigió una larga mirada, antes de retomar su asiento y dándole un profundo trago a su jarra una vez más.

Lentamente, la tranquila pero alegre atmósfera pareció volver a la vida, respirando sobre el círculo como una brisa pasajera y Harry hizo su camino de regreso al lado de Greyback, acariciando la cabeza del lobo enano una vez que se había sentado. La criatura lo miró con curiosidad, como si lo evaluara y Harry no pudo evitar sonreír. —Estás bien ahora —le aseguró en voz baja, pasando la palma de su mano sobre los costados y el cuello del lobo para ver si estaba herido.

—Así que los rumores son ciertos —reflexionó Greyback, atrayendo los ojos de Harry. El hombre lobo lo estaba mirando por encima de su bebida—.Tienes una cosa por salvar a la gente. —Harry levantó la barbilla defensivamente, al borde de una réplica aguda, pero el otro se le adelantó—. No ha tenido heridas abiertas por algún tiempo —le aseguró, señalando al lobo.

—¿Cuál es su nombre? —preguntó, incómodo al darse cuenta de lo que Fenrir acababa de hacer por él. De pronto se sintió avergonzado y muy consciente de que el hombre lobo estaba mirando su cara, tratando de encontrarse con su mirada.

—Ghost —dijo Fenrir, todavía pareciendo estar midiendo su estado de ánimo—. Por la plata de su pelaje —gruñó a modo de explicación.

—El color de los fantasmas —murmuró Harry con comprensión, pensando en Hogwarts y en Nick Casi-Decapitado. Una punzada de nostalgia gruñó profundamente en su vientre lleno, como un hambre fuera de lugar. Esperaba que Hogwarts se estuviera manteniendo en pie sin Ron, Hermione y él allí para ayudar a defenderlo.

Un largo momento pasó en el que Greyback bebió su bebida y Harry acarició tentativamente la cabeza de Ghost en donde yacía en su regazo. El lobo no estaba herido físicamente, no, pero estaba nervioso y delgado –sumamente flaco. Harry se inclinó para tomar su taón y ofreció las sobras al omega. Amoux le había servido en exceso para compensar su propia delgadez por orden de Greyback, y le había servido demasiado.

Los ojos dorados del enano lo observaban con cautela, como si esperara ser golpeado si se acercaba a la comida, pero después de un momento o dos, el hambre de la criatura pareció triunfar. Harry sonrió cuando el frágil animal se inclinó hacia delante y devoró vorazmente lo que quedaba, casi asfixiándose en su prisa.

—Reduce la velocidad —dijo Harry con dulzura, pasando sus manos por el lomo de la criatura cuando se echó lejos del cuenco vacío, lamiendo su hocico—. Pobrecito, está medio muerto de hambre.

—Hemos estado manteniendo un ojo en él —dijo Greyback, causando que Harry lo mirara casi acusadoramente—. No me mires así, niño. Ellos no son perros o mascotas, también son una manada y aunque la nuestra es un poco más equitativa, su selección se rige por la naturaleza y por sus propios alfas, que a su vez responden a nosotros. —Consideró a Harry cuidadosamente por un momento antes de añadir—: Los hombres y los magos han hecho bastante daño al interferir con la naturaleza. Hemos vivido a través de esa devastación y hemos aprendido a minimizar el impacto negativo que tenemos sobre el mundo que nos rodea tanto como sea posible.

Harry frunció el ceño. —Pero dijiste que los lobos eran parte de tu manada también, que los convertía en tu responsabilidad —argumentó, una vez más cuidadoso de controlar su voz. No quería dañar el mundo de Greyback más de lo que ya lo hacía, después de todo, pronto estaría lejos de aquí.

—No lo dejaría morir —gruñó Greyback, ofendido.

—Este tipo de acoso puede sentirse peor que la muerte —murmuró Harry sombríamente. Bajó la vista hacia Ghost, que se había relajado con la cabeza en su regazo una vez más, pero con los ojos mirando hacia él, todavía con un poco de dudas. Harry sabía de algún modo que solo estaba siendo obsequiado con esta cantidad de confianza por parte de la débil criatura porque era (técnicamente) un alfa también, gracias a la marca no deseada de Greyback. Se preguntó lo que dirían Ron y Hermione sobre el hecho de que él, Harry, era la mitad de una pareja alfa en una manada de hombres lobo. Hizo una mueca imaginando sus reacciones y acarició al lobo con aire ausente, pensando.

Junto a él, Greyback gruñó en señal de rendición frustrada y arrojó su jarra vacía al suelo con irritación. —¿Y si dijera que nunca he experimentado eso, siendo lo que soy? ¿Si dijera que estaba equivocado haría que te deshicieras de esa actitud de mierda que tienes? —exigió con un gruñido—. ¿Eso te haría feliz?

Harry suspiró. —¿Qué importa? —preguntó con voz cansada. ¿Qué le importaba? Estaba empezando a entender después de ver a Ghost esta noche y después de ver que incluso Ulric (tan disgustado y furioso como estaba por sus acciones) no lo había tocado. Ulric también había retrocedido ante Echo, un hombre mucho más pequeño que él. Se trataba de rango, sobre el lenguaje corporal más que del tamaño o incluso la fuerza.

Greyback se lo había dicho –Harry era un Alfa también. «También dijo que la única esperanza que tenía de salir de aquí era si alguien me dejaba salir», pensó, maquinando.


Por un momento, la pareja Alfa se sentó lado a lado en silencio, hasta que al final, una vez que los niños más pequeños se escabulleron hacia las guaridas, Fenrir observó cómo su compañero se excusó también cortésmente. La mente del chico claramente estaba en otro lugar mientras desaparecía de nuevo dentro de la guarida, el lobo enano pisándole los talones. Satisfecho de que la atención de la manada estaba ocupada en otro lugar, Fenrir suspiró y presionó una mano en su rostro, arrastrando sus dedos a través de éste con exasperación.

—Las cosas van a tomar tiempo, Alfa —dijo Echo en voz baja a su lado. Fenrir se enderezó de nuevo, mirándolo con escepticismo. Vio cómo la boca del beta se arqueó en la más pequeña sonrisa, antes de que el hombre continuara—. Es joven y con problemas del peso del mundo sobre sus hombros –sin experiencia en la mayoría de las cosas, incluyendo sus propios deseos.

Fenrir se tomó la segunda jarra de hidromiel que le ofreció su beta sin pausa, bebiendo con gratitud.

—Y encima de todo, su lobo solo ha despertado recientemente —murmuró Echo—. Debajo de su brusca fachada está un joven vulnerable que necesita ser cortejado, mostrarle cómo la vida aquí es todo lo que siempre ha soñado y más. No puedes solo decirle, Alfa.

Fenrir gruñó con irritación, dando otro trago de hidromiel. —Sabía que tenía que tomarme mi tiempo con él, pero esperaba que fuera un poco menos voluble que esto —se quejó Fenrir—. Cambia de opinión como el viento, joder.

—Creo que encontrarás que la manera más rápida hacia la felicidad es el compromiso; muérdete la lengua ahora y haz el esfuerzo de ver las cosas desde su punto de vista. Haz un esfuerzo por él en general. Las mejores recompensas casi siempre son las que son ganadas duramente —dijo Echo en voz baja, casi con complicidad.

La frente de Fenrir se frunció. —¿Qué sugieres? —preguntó con incertidumbre.


Este capítulo fue beteado por Midnight_Phoenix.


Ro: Me alegra muchísimo que te guste esta historia. Yo me la leí en una semana, por el trabajo, pero me encantó. Como dices, cada vez es más difícil encontrar historias interesantes y bien narradas. No sé si con la traducción se aprecie. Claro que a veces se antojan historias un poco más sencillas y fluidas en su narración, pero encontrar esta joya entre cada vez más escritores y escritoras digamos 'perezosas' (jajaja) es como encontrar una aguja en un pajar. Creo que es porque también los lectores nos hemos vuelto perezosos (muchas veces he visto que los historias con un lenguaje y narrativa 'complicados' son criticados y dejados de lado :/).

Harry está causando un cisma, jajaja, nos encanta y lo detestamos a la vez, y no sabemos de qué lado inclinarnos (aunque creo que casi siempre querremos ahorcarlo).