A/N Lo siento, lo siento. Nunca cumplo lo que digo y soy lo peor, lo sé. En teoría dije que actualizaría como mínimo una vez al mes y aquí estoy... dos meses después. Como excusa pondré que he empezado la uni y que iba super estresada por exámenes, trabajos, etc. Al final he asumido que estaré así todo el año así que tengo que encontrar horas para poder escribir sí o sí en medio de todo el follón. A partir de ahora intentaré tomarme más en serio lo de actualizar una vez al mes. Bueno, gracias por los reviews, favoritos y follows. Espero que os guste :)
Todo lo que está en negrita pertenece a J.K Rowling
Ginny lo cogió entre las manos y leyó en voz alta el título del siguiente capítulo:
-"El viaje desde el andén nueve y tres cuartos.".-sonrió y vio que los gemelos, Ron y Hermione también lo hacían. Seguramente pensando, al igual que ella, que por fin aparecerían en el libro. Después, con emoción, cogió aire y comenzó a leer.
El último mes de Harry con los Dursley no fue divertido.
-¿Por qué?-preguntó Ron.
Hermione le lanzó a su amigo una mirada torva, cansada de que éste interrumpiese la lectura todo el rato:
-¿Es que vas a preguntar el porqué de cada cosa que se diga? Es un libro, a medida que vayamos leyendo nos iremos enterando.
Ron se sonrojó pero no contestó nada. Hermione, ante esa reacción, inspiró hondo para serenarse.
-Lo siento, Ron-dijo con una sonrisa de disculpa.- Es solo que quiero llegar ya al punto en el que nos conoce, tengo muchas ganas.
El chico asintió aceptando la disculpa. Él también quería llegar a esa parte pero su curiosidad natural le empujaba a preguntarlo todo. Sonrió y le prometió a Hermione que intentaría contenerse un poco.
Es cierto que Dudley le tenía miedo y no se quedaba con él en la misma habitación,
Sirius sonrió alegremente:
-Bien-dijo.
Todos asintieron, pensando lo mismo.
y que tía Petunia y tío Vernon no lo encerraban en la alacena ni lo obligaban a hacer nada ni le gritaban.
-Aún mejor- dijo Sirius, cuya sonrisa se hizo más amplia al oír eso.
En realidad, ni siquiera le dirigían la palabra.
Sirius y los demás (menos Snape), fruncieron un poco el ceño.
-Eso ya no está tan bien-dijo el animago.
Lupin asintió:
-Aunque es mejor que como le trataban antes-dijo.
-Cierto.
Mitad aterrorizados, mitad furiosos, se comportaban como si la silla que Harry ocupaba estuviera vacía.
-Pff-dijo Hermione rodando los ojos.- Vaya actitud más infantil.
Aunque aquello significaba una mejora en muchos aspectos, después de un tiempo resultaba un poco deprimente.
-Por suerte solo fue un mes-dijo Harry encogiéndose de hombros.- Luego llegué a Hogwarts y ya no tuve ni tiempo para aburrirme-añadió con una sonrisa, pensando en su primer año.
Harry se quedaba en su habitación, con su nueva lechuza por compañía.
-"Que era más entretenida que los Dursley y, sobretodo, mucho más inteligente." dijo Ginny.
Harry se la quedó mirando, sorprendido.
-¿Pone eso?-preguntó.
Ginny asintió tranquilamente pero luego no pudo aguantarlo más y empezó a escapársele la risa.
Harry sacudió la cabeza, comprendiendo lo que acababa de pasar y, sin poder evitarlo, se unió a las carcajadas de la chica.
-Por un momento me lo he creído-dijo entre risas.
-Por un momento, no. Te lo has creído totalmente-bromeó Ginny, después de haber recobrado la compostura.- Si no me llego a reír no me habrías pillado.
Harry arqueó una ceja:
-Entonces no deberías haberte reído-dijo chinchándola.
-Tranquilo, lo tendré presente para la próxima vez-le contestó la chica sacando la lengua y mirándole a los ojos.
En ese momento, en el que Ginny le miró, Harry sintió algo muy curioso. No sabría explicarlo muy bien pero, de pronto, fue como si solo existiesen ellos dos en la sala. Cuando los ojos verdes se encontraron con los marrones, cualquier réplica que el chico pudiera estar buscando murió en sus labios. Lo único en lo que fue capaz de pensar fue en la proximidad de la muchacha, en las pecas que le cubrían las mejillas y la nariz respingona, en sus ojos color chocolate y en su pelo rojo como el fuego. No podía apartar la mirada, ni siquiera parpadear. Al parecer, a Ginny le pasaba lo mismo porque ella tampoco hizo ningún movimiento.
No supo cuanto tiempo pasó inmerso en aquellos ojos oscuros pero, de pronto, escuchó como a mil quilómetros de distancia que alguien decía algo. La voz le resultaba familiar pero atontado como estaba no era capaz de distinguir quien hablaba ni qué estaba diciendo.
Sacudió la cabeza y parpadeó. Fue capaz, con un gran esfuerzo, de dirigir su mirada hacia la dirección de la que provenía la voz.
-¿Perdón?-consiguió articular.
Sirius, el cual esbozaba una gran sonrisa pícara y era a quien pertenecía la voz, dijo:
-Te preguntaba, Harry, si tenías algo de hambre. Porque de aquí poco podríamos hacer una pausa para comer pero depende de si estáis hambrientos o no.
-Er…Yo todavía no tengo demasiada. Pero si queréis parar después de este capítulo por mi bien.
Sirius asintió:
-Sí, sí, tranquilo. Lo decía para que fueseis pensando, no hace falta que lo decidáis ahora mismo. Lo hablamos al final del capítulo.-dijo haciendo un gesto a Ginny para que volviese a leer.
La chica carraspeó y retomó la lectura. Mientras tanto, Sirius le giñó un ojo a Harry. El chico le dirigió una mirada un tanto avergonzada, agradeciéndole el intento de devolverle a la realidad a pesar de la brusquedad y la poca sutileza de éste.
Decidió llamarla Hedwig, un nombre que encontró en Una historia de la magia.
Ron aspiró aire de golpe
-¡Pensaba que no te lo habías leído!-dijo Hermione con emoción.
Harry rió ante la actitud de sus amigos:
-Es que no me lo leí-dijo arrugando la nariz.- Lo intenté, pero era demasiado tostón así que solo lo ojeé.
-Oh…-murmuró Hermione, un tanto decepcionada.
Harry sonrió y, al ver la cara de susto que se le había quedado a su amigo, dijo:
-Ya puedes volver a respirar, Ron.
El chico soltó ruidosamente el aire que había acumulado.
-No vuelvas a asustarme así nunca, Harry.
-Nunca.-prometió el chico riendo. Se quedó muy tranquilo al comprobar que Ron no se había dado cuenta de su intercambio con Ginny. Lo cierto era que Harry no tenía ni idea de lo que había sucedido. Se pasó la mano por la cara, lleno de frustración.
Céntrate en los libros, inútil, que es para lo que estás aquí- se dijo. Como si su vida no fuese bastante complicada. Ahora encima le tenía que añadir una clase de sentimientos nuevos provocados por nada menos que la hermana pequeña de su mejor amigo. Sacudió la cabeza y se juró a sí mismo que pararía lo que quisiera que fuese aquello.
Los libros del colegio eran muy interesantes.
Hermione levantó los brazos al techo:
-¡¿Pero qué te pasó?!-dijo con falsa desesperación, o quizá no tan falsa.
Harry se encogió de hombros. Fred sonrió:
-Que nuestro querido Harry descubrió las maravillas que son el Quidditch, saltarse las normas, las chicas…
Hermione rodó los ojos. De esas tres opciones a ella solo le gustaba un poco la segunda. Lo cierto era que ese año había roto más normas que en el resto de su vida y, aunque solo lo había hecho por un buen motivo, le había encantado y podía llegar entender porque gente como los gemelos Weasley las quebrantaban todo el rato. A pesar de ello, seguía siendo muy importante para ella el ser buena estudiante y cumplir las normas (siempre que estas fuesen razonables).
Por la noche leía en la cama hasta tarde, mientras Hedwig entraba y salía a su antojo por la ventana abierta. Era una suerte que tía Petunia ya no entrara en la habitación, porque Hedwig llevaba ratones muertos.
Molly arrugó la nariz.
Sirius, en cambio, pensando en Colagusano, sonrió siniestramente.
Cada noche, antes de dormir, Harry marcaba otro día en la hoja de papel que tenía en la pared, hasta el uno de septiembre.
El último día de agosto pensó que era mejor hablar con sus tíos para poder ir a la estación de King Cross, al día siguiente. Así que bajó al salón, donde estaban viendo la televisión. Se aclaró la garganta, para que supieran que estaba allí, y Dudley gritó y salió corriendo.
Muchos rieron ante la reacción del "cerdo".
—Hum... ¿Tío Vernon?
Tío Vernon gruñó, para demostrar que lo escuchaba.
Algunos bufaron y otros pusieron los ojos en blanco.
-Maleducado…-murmuró Tonks.
—Hum... necesito estar mañana en King Cross para... para ir a Hogwarts.
Tío Vernon gruñó otra vez.
Se volvieron a repetir las reacciones anteriores
—¿Podría ser que me lleves hasta allí?
Otro gruñido.
-¿Es que le han cortado la lengua?-preguntó Ron sarcásticamente.
Harry interpretó que quería decir sí.
—Muchas gracias.
Molly pensó en lo educado que era Harry siempre a pesar de lo mal que le tratasen los demás.
Estaba a punto de volver a subir la escalera, cuando tío Vernon finalmente habló.
—Qué forma curiosa de ir a una escuela de magos, en tren. ¿Las alfombras mágicas estarán todas pinchadas?
Todos se quedaron mirando al libro en manos de Ginny con diversas expresiones de incredulidad. Cada vez que Vernon hablaba parecía más y más tonto.
Harry no contestó nada.
—¿Y dónde queda ese colegio, de todos modos?
—No lo sé —dijo Harry; dándose cuenta de eso por primera vez.
-Nadie lo sabe realmente-rió George.-En algún lugar del Reino Unido. Probablemente.
Sacó del bolsillo el billete que Hagrid le había dado—. Tengo que coger el tren que sale del andén nueve y tres cuartos, a las once de la mañana —leyó.
Sus tíos lo miraron asombrados.
—¿Andén qué?
—Nueve y tres cuartos.
—No digas estupideces —dijo tío Vernon—. No hay ningún andén nueve y tres cuartos.
-No digas tú estupideces-dijo Ginny poniendo los ojos en blanco.
Lupin asintió:
-Que él no sepa que exista no significa que no lo haga.
—Eso dice mi billete.
—Equivocados —dijo tío Vernon—. Totalmente locos, todos ellos.
-Me estoy cansando de la ignorancia de este hombre-dijo Arthur.
Ya lo verás. Tú espera. Muy bien, te llevaremos a King Cross. De todos modos, tenemos que ir a Londres mañana. Si no, no me molestaría.
Dumbledore miró al libro con el ceño fruncido y sin su habitual brillo en los ojos. Si Harry no se hubiese presentado el uno de septiembre en Hogwarts, él mismo se hubiese encargado de ir a buscarlo y de darle a los Dursley su merecido al descubrir el tratamiento al que le habían sometido. Estaba seguro de que Vernon sabía eso, por muy estúpido que fuera.
—¿Por qué vais a Londres? —preguntó Harry tratando de mantener el tono amistoso.
-¿Eso era tono amistoso?-murmuró la señora Weasley con los ojos entrecerrados.
—Llevamos a Dudley al hospital —gruñó tío Vernon—. Para que le quiten esa maldita cola antes de que vaya a Smeltings.
-¡¿Qué?!-exclamaron casi todos.
-¿Pasó un mes con esa cosa y sus padres no se preocuparon en todo ese tiempo de llevarlo al médico?-preguntó Molly, incrédula.
Harry asintió:
-Supongo que fue porque no querían que nadie la viese y así "manchar" su reputación-dijo haciendo el signo de comillas con los dedos.- Creo que pensaban (más bien deseaban) que se fuese con el tiempo.
Hermione resopló y Ron sacudió la cabeza.
-Estoy alucinando-dijo Ginny. Vale que Dudley no fuese santo de su devoción pero el crío se había pasado medio verano con una cola de cerdo saliendo de su trasero. Y todo a causa de sus padres.
A la mañana siguiente, Harry se despertó a las cinco, tan emocionado e ilusionado que no pudo volver a dormir.
Hermione pensó que ella también había tenido su propia noche en vela. El día antes de ir a Hogwarts no pudo comer ni dormir de lo nerviosa que estaba.
Se levantó y se puso los tejanos: no quería andar por la estación con su túnica de mago, ya se cambiaría en el tren.
Mocoso inteligente-pensó Snape antes de darse cuenta de ello. Cuando lo hizo, deseó con todas sus fuerzas que llegase la parte de Hogwarts de una maldita vez para poder leer sobre el Potter que conocía y que detestaba, en vez de ese crío que no le era en absoluto familiar.
Miró otra vez su lista de Hogwarts para estar seguro de que tenía todo lo necesario, se ocupó de meter a Hedwig en su jaula y luego se paseó por la habitación, esperando que los Dursley se levantaran. Dos horas más tarde, el pesado baúl de Harry estaba cargado en el coche de los Dursley y tía Petunia había hecho que Dudley se sentara con Harry, para poder marcharse.
Llegaron a King Cross a las diez y media. Tío Vernon cargó el baúl de Harry en un carrito y lo llevó por la estación. Harry pensó que era una rara amabilidad,
Todos habían pensado lo mismo.
hasta que tío Vernon se detuvo, mirando los andenes con una sonrisa perversa.
-A ver qué va a hacer este imbécil ahora-gruño Ron. Esos Dursley tenían que fastidiar hasta el último momento.
—Bueno, aquí estás, muchacho. Andén nueve, andén diez... Tú andén debería estar en el medio, pero parece que aún no lo han construido, ¿no?
Ron sacudió la cabeza con profundo desagrado, entendiendo lo que había hecho el hombre.
Los demás también parecían haberlo comprendido porqué lanzaron miradas de asco al libro en manos de Ginny. La chica se habría sentido intimidada ante la intensidad de éstas si ella misma no hubiese estado observando al libro con igual repugnancia.
Tenía razón, por supuesto. Había un gran número nueve, de plástico, sobre un andén, un número diez sobre el otro y, en el medio, nada.
—Que tengas un buen curso —dijo tío Vernon con una sonrisa aún más torva.
Se marchó sin decir una palabra más. Harry se volvió y vio que los Dursley se alejaban. Los tres se reían.
-¡Serán…!-la señora Weasley inspiró aire tratando de calmarse. Entonces, pensó en el pobre Harry, solo y perdido en medio de la estación, y en la cara de susto que tenía cuando lo conoció, y no pudo reprimirse.
-¡Molly!
-¡Mamá!
Exclamaron su marido e hijos.
La miraban con los ojos como platos ya que lo que la señora Weasley había llamado a los Dursley era una palabra completamente prohibida en la Madriguera. Cualquiera que la hubiese pronunciado en presencia de Molly (incluido el señor Weasley) se habría ganado una semana extra de tareas como castigo.
-Lo siento, pero se lo merecen-afirmó la señora Weasley sin parecer en absoluto arrepentida por su arrebato.- Eso no quiere decir que vosotros podáis ir diciendo este tipo de expresiones por ahí. ¿Entendido?-dijo mirando a sus hijos.
Todos asintieron, luchando por no sonreír; su madre daba verdadero miedo cuando se enfadaba.
Harry miró a la señora Weasley con afecto.
Harry sintió la boca seca. ¿Qué haría? Estaba llamando la atención, a causa de Hedwig. Tendría que preguntarle a alguien.
Detuvo a un guarda que pasaba, pero no se atrevió a mencionar el andén nueve y tres cuartos. El guarda nunca había oído hablar de Hogwarts, y cuando Harry no pudo decirle en qué parte del país quedaba, comenzó a molestarse, como si pensara que Harry se hacía el tonto a propósito.
Molly, que había conseguido calmarse un poco, volvió a fruncir el ceño.
Sin saber qué hacer, Harry le preguntó por el tren que salía a las once, pero el guarda le dijo que no había ninguno. Al final, el guarda se alejó, murmurando algo sobre la gente que hacía perder el tiempo.
Sirius miraba el libro con preocupación: ¿Cómo habría logrado acceder Harry al andén? Luego recordó que su ahijado le había contado que Ron y él se conocieron en el tren y eso le tranquilizó un poco ya que sabía que de alguna manera lo conseguiría.
Según el gran reloj que había sobre la tabla de horarios de llegada, tenía diez minutos para coger el tren a Hogwarts y no tenía idea de qué podía hacer. Estaba en medio de la estación con un baúl que casi no podía transportar, un bolsillo lleno de monedas de mago y una jaula con una lechuza. Hagrid debió de olvidar decirle algo que tenía que hacer, como dar un golpe al tercer ladrillo de la izquierda para entrar en el callejón Diagon.
Snape empezó a insultar mentalmente a Hagrid por su descuido. No es que le importase si Potter no llegaba a coger el tren, se dijo a sí mismo, lo que le molestaba era la poca planificación del guardabosques.
Se preguntó si debería sacar su varita y comenzar a golpear la taquilla, entre los andenes nueve y diez.
En aquel momento, un grupo de gente pasó por su lado y captó unas pocas palabras.
—... lleno de muggles, por supuesto...
-Fue una suerte que pasásemos por ahí hablando de esto, Harry-dijo Ron.
Su amigo asintió, no solo por el hecho de que le ayudaron a cruzar sino también porque de otro modo quizás nunca se hubieran hecho amigos.
Harry se volvió para verlos. La que hablaba era una mujer regordeta, que se dirigía a cuatro muchachos, todos con pelo de llameante color rojo.
Ginny sonrió mientras leía la descripción de su madre.
-¡Esa soy yo!-chilló Molly sonriendo con emoción.- Y vosotros también, chicos-dijo haciendo un gesto hacia sus hijos.
A estos se les iluminaron los ojos y pidieron a Ginny que se apresurase a leer.
Cada uno empujaba un baúl, como Harry, y llevaban una lechuza.
Con el corazón palpitante, Harry empujó el carrito detrás de ellos. Se detuvieron y los imitó, parándose lo bastante cerca para escuchar lo que decían.
Ron chasqueó la lengua con desaprobación:
-Así que escuchando conversaciones ajenas ¿eh, Harry? ¿Es que no sabes que es de mala educación espiar a los demás?-terminó sonriendo burlonamente.
Harry le dio una colleja amistosa. Ron soltó una carcajada,
—Y ahora, ¿cuál es el número del andén? —dijo la madre.
-De verdad, mamá...-repuso George riendo y sacudiendo la cabeza al mismo tiempo.- ¡Si cada año es el mismo!
Molly se sonrojó un poco:
-Bueno, es para asegurarme. Además, durante el año tengo tantas cosas en la cabeza de las que me he de acordar que me puedo equivocar fácilmente. Es el precio de dirigir una casa.
—¡Nueve y tres cuartos! —dijo la voz aguda de una niña, también pelirroja, que iba de la mano de la madre—.
-Esa eres tú, Ginny-dijo Fred sonriendo.
Ginny se emocionó al aparecer en el libro y al mismo tiempo se ruborizó ya que su yo de diez años se comportaba como, bueno, como una niña de diez años.
Mamá, ¿no puedo ir...?
—No tienes edad suficiente, Ginny.
-¿En serio pensabas que iba a funcionar?-le preguntó Harry con una sonrisa, intentando no pensar en lo que había sucedido anteriormente y tratando de que todo volviese a la normalidad.
-No- dijo Ginny soltando una risita.- Pero por probar no perdía nada.
La sonrisa de Harry se amplió y se quedó mirando pensativo a la chica mientras ésta continuaba a leyendo.
Ginny le había tratado como de costumbre, reflexionó, eso quería decir que seguramente ella no había notado nada extraño. Aquel pensamiento debería haberle alegrado pero, en cambio, le hizo sentir extrañamente vacío. Sacudió la cabeza y se obligó a concentrarse en la lectura.
Ahora estáte quieta. Muy bien, Percy, tú primero.
La familia Weasley reaccionó de diferentes maneras ante la mención del chico.
Los ojos de la señora Weasley perdieron el destello de alegría que se había instalado en ellos al empezar a leer sobre su familia y fue sustituido por otro tipo de brillo distinto, procedente de las lágrimas que la mujer no iba a derramar. Del rostro de su marido también se esfumó cualquier rastro de diversión que hubiera habido en él y sus labios formaron una línea dura y delgada.
Los gemelos se miraron entre ellos, frunciendo el ceño e insultando a su hermano mentalmente.
Ron, en cambio, gruñó y agarró con fuerza el borde de su camisa hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Ginny también gruñó pero ella se aferró al libro que sostenía entre las manos y continuó leyendo para no pensar en el traidor.
El resto de la Sala, consciente de la situación, no hizo ningún comentario.
El que parecía el mayor de los chicos se dirigió hacia los andenes nueve y diez. Harry observaba, procurando no parpadear para no perderse nada. Pero justo cuando el muchacho llegó a la división de los dos andenes, una larga caravana de turistas pasó frente a él y, cuando se alejaron, el muchacho había desaparecido.
—Fred, eres el siguiente —dijo la mujer regordeta.
Al volver a oír hablar de ella, Molly consiguió tranquilizarse un poco.
—No soy Fred, soy George —dijo el muchacho—. ¿De veras, mujer, puedes llamarte nuestra madre? ¿No te das cuenta de que yo soy George?
—Lo siento, George, cariño.
—Estaba bromeando, soy Fred —dijo el muchacho, y se alejó.
Fred sacudió la cabeza:
-Cinco años más tarde y sigue cayendo en la misma broma-dijo enjuagándose una falsa lágrima.
-Nunca falla-dijo su gemelo sonriendo.
Molly sacudió la cabeza mientras ellos chocaban los cinco.
Debió pasar, porque un segundo más tarde ya no estaba. Pero ¿cómo lo había hecho?
-¡Magia!-exclamó Tonks abriendo mucho los ojos.
Sirius, Remus y los gemelos rieron.
Su hermano gemelo fue tras él: el tercer hermano iba rápidamente hacia la taquilla (estaba casi allí) y luego, súbitamente, no estaba en ninguna parte.
No había nadie más.
—Discúlpeme —dijo Harry a la mujer regordeta.
Molly le sonrió desde su asiento, recordando su primer encuentro. Harry le devolvió la sonrisa.
—Hola, querido —dijo—. Primer año en Hogwarts, ¿no? Ron también es nuevo.
Ron se inclinó en el borde de la silla para escuchar mejor.
Señaló al último y menor de sus hijos varones. Era alto, flacucho y pecoso, con manos y pies grandes y una larga nariz.
Ron esbozó una sonrisa:
-Bueno, no ha estado del todo mal.
-Yo creo que te ha descrito bastante acertadamente. Aunque nunca me había fijado en que tenías los pies grandes-dijo Hermione mirando al muchacho.
-¿No?-Ron frunció un poco el ceño.-Mira.
Colocó sus pies al lado de los de la chica, comparándolos.
-Ahora lo veo-dijo Hermione con una sonrisa, observando cómo los suyos parecían diminutos junto a los del chico.
Snape se aclaró la garganta haciendo que los dos amigos dirigiesen su atención hacia el maestro de pociones.
-Por muy interesantes que sean los pies del señor Weasley-dijo con una mueca sarcástica.-Debemos continuar con la lectura.
Hermione se ruborizó un poco y Ron miró al profesor con cara de odio.
—Sí —dijo Harry—. Lo que pasa es que... es que no se cómo...
—¿Como entrar en el andén? —preguntó bondadosamente, y Harry asintió con la cabeza.
-Gracias, Molly-dijo Sirius de pronto.
Molly hizo un ademán con la mano:
-No tienes porqué agradecerme. Cualquiera hubiese hecho lo mismo.
Sirius sacudió la cabeza, muy serio.
-Igualmente. Y no solo por eso-añadió.- Gracias por estar ahí cuando yo no podía.
Molly sonrió con ternura:
-No hay de qué.
Harry miró a su padrino frunciendo el ceño:
-Sirius, no digas tonterías. Quiero decir, la señora Weasley me ha tratado increíblemente y estoy muy agradecido-Molly sonrió.- Pero tú no tenias porqué…-se quedó un momento mirando a su alrededor, buscando la expresión adecuada.
-¿No tenía porqué qué, Harry? ¿No tenía porqué cuidarte, ni preocuparme por ti? ¿No tenía porqué comportarme como lo que soy, tu padrino?
Harry tragó saliva, sin saber que decir. Remus le puso una mano en el hombro a su amigo y Sirius suspiró:
-Lo siento, Harry. Y no solo por gritarte.
El chico quería replicar pero viendo la situación decidió que sería mejor abordar el tema más tarde. Desde luego, no iba a dejar que su padrino siguiese sintiéndose así de culpable.
—No te preocupes —dijo—. Lo único que tienes que hacer es andar recto hacia la barrera que está entre los dos andenes. No te detengas y no tengas miedo de chocar, eso es muy importante. Lo mejor es ir deprisa, si estás nervioso. Ve ahora, ve antes que Ron.
—Hum... De acuerdo —dijo Harry.
-Gracias, señora Weasley-dijo, esta vez, Harry. La verdad era que nunca le había agradecido realmente todo lo que había hecho por él, empezando por ese momento.
-De nada, cariño.-dijo ésta sonriendo con ternura.
Empujó su carrito y se dirigió hacia la barrera. Parecía muy sólida.
-Y vaya si lo es-le dijo Ron a su amigo, guiñándole un ojo.
Harry hizo una mueca, pensando en su segundo año.
Comenzó a andar. La gente que andaba a su alrededor iba al andén nueve o al diez. Fue más rápido. Iba a chocar contra la taquilla y tendría problemas. Se inclinó sobre el carrito y comenzó a correr (la barrera se acercaba cada vez más). Ya no podía detenerse (el carrito estaba fuera de control), ya estaba allí... Cerró los ojos, preparado para el choque... Pero no llegó.
-Increíble- bromeó Fred.
Harry puso los ojos en blanco pero después sonrió.
Siguió rodando. Abrió los ojos.
Una locomotora de vapor, de color escarlata, esperaba en el andén lleno de gente. Un rótulo decía: «Expreso de Hogwarts, 11 h». Harry miró hacia atrás y vio una arcada de hierro donde debía estar la taquilla, con las palabras «Andén Nueve y Tres Cuartos».
Lo había logrado.
El humo de la locomotora se elevaba sobre las cabezas de la ruidosa multitud, mientras que gatos de todos los colores iban y venían entre las piernas de la gente. Las lechuzas se llamaban unas a otras, con un malhumorado ulular, por encima del ruido de las charlas y el movimiento de los pesados baúles.
Los primeros vagones ya estaban repletos de estudiantes, algunos asomados por las ventanillas para hablar con sus familiares, otros discutiendo sobre los asientos que iban a ocupar. Harry empujó su carrito por el andén, buscando un asiento vacío. Pasó al lado de un chico de cara redonda que decía:
—Abuelita, he vuelto a perder mi sapo.
Los muchachos sonrieron con cariño al reconocer quien era.
—Oh, Neville —oyó que suspiraba la anciana.
Un muchacho de pelos tiesos estaba rodeado por un grupo.
—Déjanos mirar, Lee, vamos.
-¡Hombre!-dijeron los gemelos, riendo ante la descripción de su amigo.
-Por cierto, Harry. Los pelos tiesos se llaman "rastas"- añadió George con una sonrisita.
Harry sacudió la cabeza:
-Ya está bien de meteros conmigo, ¿no?-dijo al mismo tiempo que trataba de ocultar una sonrisa.
-Lo sentimos-canturrearon los dos hermanos.- Pero no vamos a parar. Es demasiado divertido.
Harry suspiró con resignación.
El muchacho levantó la tapa de la caja que llevaba en los brazos, y los que lo rodeaban gritaron cuando del interior salió una larga cola peluda.
Los señores Weasley lanzaron una mirada a sus hijos, sabiendo que ellos habían tenido mucho que ver en aquello. O en cualquier broma que Lee Jordan hiciese, en realidad. Los tres eran los mayores bromistas de todo Hogwarts y siempre lo planeaban todo juntos.
Harry se abrió paso hasta que encontró un compartimiento vacío, cerca del final del tren. Primero puso a Hedwig y luego comenzó a empujar el baúl hacia la puerta del vagón.
Trató de subirlo por los escalones, pero sólo lo pudo levantar un poco antes de que se cayera golpeándole un pie.
—¿Quieres que te eche una mano? —Era uno de los gemelos pelirrojos, a los que había seguido a través de la barrera de los andenes.
-Muy bien hecho, George-le felicitó su madre.
-¡Ei!-se quejó Fred mientras su hermano sonreía.- ¿Cómo estás tan segura de que era él?
Su madre suspiró y luego sonrió con ternura.
-Podéis pareceros en muchas cosas, Fred Weasley. Pero tu hermano es más propenso a ofrecerse para ayudar que tú.
-Eso no…
-No intentes negarlo-le cortó Molly con expresión divertida.- Tú siempre te quejas cuando has de hacer las tareas de la casa. George, en cambio, me ayuda sin casi rechistar y a veces incluso se ofrece a hacer algo más.
-Eso es porque es un pelota-replicó Fred frunciendo el ceño a su hermano.- Sabe que si te ayuda luego tu le permites hacer cosas que de lo contrario no podría hacer.
-Puede ser-dijo la señora Weasley mientras George, con expresión realmente ofendida, lo negaba agitando la cabeza de un lado al otro.-Pero, entonces, eso demuestra que también es astuto. Y ya podrías comportarte como él de vez en cuando. Quizás así te daría también permiso…
Fred resopló:
-Creo que mejor le cedo a George el papel de gemelo bueno. Además-añadió en voz baja, para que solo lo oyese su hermano-, al final siempre conseguimos salirnos con la nuestra, aunque sea haciendo las cosas a escondidas.
Era imposible que Molly pudiese haber escuchado lo dicho por Fred pero debió de intuirlo porque añadió:
-Y aunque creas que puedes hacer lo que quieras sin mi permiso y a mis espaldas, la realidad es que yo me entero de casi todo de lo que ocurre en esta casa.
Fred la miró, con los ojos muy abiertos:
-Pero, mamá, a mi nunca se me ocurriría…
Su madre le hizo callar con una ceja levantada y una mirada que prometía que estaba al tanto de muchos de sus muchos asuntos.
El chico tragó saliva y George soltó una carcajada.
—Sí, por favor —jadeó Harry.
—¡Eh, Fred! ¡Ven a ayudar!
-¿Ves como era George?-sonrió la señora Weasley.
Fred asintió, sin saber que otra cosa podía decir o hacer.
Con la ayuda de los gemelos, el baúl de Harry finalmente quedó en un rincón del compartimiento.
—Gracias —dijo Harry, quitándose de los ojos el pelo húmedo.
—¿Qué es eso? —dijo de pronto uno de los gemelos, señalando la brillante cicatriz de Harry.
-Oh, no-suspiró Arthur.- Decidme que no pusisteis incómodo al pobre Harry.
-Para nada, papá-dijo George con una media sonrisa.
—Vaya—dijo el otro gemelo—. ¿Eres tú...?
—Es él —dijo el primero—. Eres tú, ¿no? —se dirigió a Harry.
—¿Quién? —preguntó Harry.
—Harry Potter —respondieron a coro.
Snape dio un suspiró de irritación, aunque también había en él cierto alivio, ya que esperaba un episodio de Potter pavoneándose de su fama. El alivio se debía a que por fin aparecería en el libro el mocoso insoportable que conocía. Estaba harto de leer sobre ese Potter que era un absoluto enigma para él.
—Oh, él —dijo Harry—.
Todos rieron o esbozaron una sonrisa al oír aquello.
Quiero decir, sí, soy yo.
Los dos muchachos lo miraron boquiabiertos y Harry sintió que se ruborizaba.
Entonces, para su alivio, una voz llegó a través de la puerta abierta del compartimiento.
Snape se llevó las manos a las sienes. ¿A qué demonios estaba jugando Potter?
—¿Fred? ¿George? ¿Estáis ahí?
—Ya vamos, mamá.
Con una última mirada a Harry, los gemelos saltaron del vagón.
Harry se sentó al lado de la ventanilla. Desde allí, medio oculto, podía observar a la familia de pelirrojos en el andén y oír lo que decían.
-Así que espiando, ¿eh, Harry?-bromeó Ron sacudiendo la cabeza.
-Se estaba entrenando para ese año y los siguientes-dijo Hermione.
Harry sonrió pensando en sus aventuras.
La madre acababa de sacar un pañuelo.
—Ron, tienes algo en la nariz.
Ron se ruborizó, pensando en que Hermione le había dicho algo parecido cuando se conocieron. Por un instante odió a su antiguo yo por no dejar que su madre le limpiase, ya que así, al menos, no hubiese quedado en ridículo delante de la chica.
El menor de los varones trató de esquivarla, pero la madre lo sujetó y comenzó a frotarle la punta de la nariz.
—Mamá, déjame —exclamó apartándose.
Todos rieron.
-Típico de madres-dijo Hermione con una sonrisa. La suya siempre trataba de acicalarle la ropa que solía llevaba toda arrugada.
—¿Ah, el pequeñito Ronnie tiene algo en su naricita? —dijo uno de los gemelos.
Muchos rieron ante eso.
—Cállate —dijo Ron.
—¿Dónde está Percy? —preguntó la madre.
El humor de la Sala, que hasta el momento se encontraba realmente alto, decayó un poco al volver a aparecer el Weasley.
—Ahí viene.
El mayor de los muchachos se acercaba a ellos. Ya se había puesto la ondulante túnica negra de Hogwarts, y Harry notó que tenía una insignia plateada en el pecho, con la letra P.
-¿Cómo no?-murmuró Ron.
—No me puedo quedar mucho, mamá —dijo—. Estoy delante, los prefectos tenemos
dos compartimientos...
Los gemelos rodaron los ojos, aunque en el fondo (muy en el fondo) echaban de menos la pomposidad de su hermano.
—Oh, ¿tú eres un prefecto, Percy? —dijo uno de los gemelos, con aire de gran sorpresa.
—Tendrías que habérnoslo dicho, no teníamos idea.
—Espera, creo que recuerdo que nos dijo algo —dijo el otro gemelo—. Una vez...
—O dos...
—Un minuto...
—Todo el verano...
Ginny había tenido bastantes problemas para leer las últimas frases porque se le iba escapando la risa. Cuando consiguió terminar el fragmento, la mayoría de los presentes se unieron a sus carcajadas.
Algunos se sentían mal al reír, teniendo en cuenta que la ausencia de Percy inundaba el ambiente, pero decidieron que no iban a dejar que eso les estropease un buen momento.
—Oh, callaos —dijo Percy, el prefecto.
-Con ese nombre estaba destinado-comentó Ron en voz baja.
A pesar de ello, Hermione lo oyó y le sonrió. El chico devolvió la sonrisa.
—Y de todos modos, ¿por qué Percy tiene túnica nueva? —dijo uno de los gemelos.
—Porque él es un prefecto—dijo afectuosamente la madre—. Muy bien, cariño, que tengas un buen año. Envíame una lechuza cuando llegues allá.
Besó a Percy en la mejilla
Los ojos de Molly se anegaron de lágrimas al pensar en la última vez que había besado a su hijito. Hacía ya demasiado tiempo.
y el muchacho se fue.
Bien-pensaron todos los hijos Weasley. Cuanto menos saliese Percy en la lectura, mejor.
Luego se volvió hacia los gemelos.
—Ahora, vosotros dos... Este año os tenéis que portar bien.
-Buena suerte con eso-rió Sirius.
Si recibo una lechuza más diciéndome que habéis hecho... estallar un inodoro o...
— ¿Hacer estallar un inodoro? Nosotros nunca hemos hecho nada de eso.
-Ay, madre-se encogió el señor Weasley, pensando en lo que eran capaces sus hijos.
—Pero es una gran idea, mamá. Gracias.
—No tiene gracia. Y cuidad de Ron.
—No te preocupes, el pequeño Ronnie estará seguro con nosotros.
Ron les echó una mirada. La verdad era que teniendo en cuenta los últimos cinco años, primero había sido bastante poco peligroso. Aunque claro, eso no se debía a nada que hubiesen hecho sus hermanos.
—Cállate —dijo otra vez Ron. Era casi tan alto como los gemelos y su nariz todavía estaba rosada, en donde su madre la había frotado.
Hermione sonrió ante la descripción.
—Eh, mamá, ¿adivinas a quién acabamos de ver en el tren?
Harry se agachó rápidamente para que no lo descubrieran.
-Tranquilo, Harry. Te descubriremos cinco años más tarde-bromeó Fred señalando al libro en manos de Ginny.
—¿Os acordáis de ese muchacho de pelo negro que estaba cerca de nosotros, en la estación? ¿Sabéis quién es?
—¿Quién?
—¡Harry Potter!
-Para la expectación que causas, en realidad no eres gran cosa- dijo Ron con una sonrisa.
Harry sacudió la cabeza:
-Vaya. Gracias, "amigo"-dijo haciendo el símbolo de comillas con los dedos.
Ron soltó una carcajada.
Harry oyó la voz de la niña.
Oh, no-pensó Ginny.
—Mamá, ¿puedo subir al tren para verlo? ¡Oh, mamá, por fvor...!
-Lo siento, Harry-se disculpó Ginny un tanto sonrojada.
Harry hizo un ademán:
-No pasa nada- dijo sonriendo.
—Ya lo has visto, Ginny y, además, el pobre chico no es algo para que lo mires como en el zoológico.
-Gracias de nuevo, señora Weasley-sonrió el chico.
¿Es él realmente, Fred? ¿Cómo lo sabes?
—Se lo pregunté. Vi su cicatriz. Está realmente allí... como iluminada.
Harry hizo una mueca. Nunca había odiado su cicatriz tanto como ese año.
—Pobrecillo... No es raro que esté solo.
Remus se sintió de pronto identificado con Harry. Él había estado igual hasta que conoció a James y a Sirius (en Peter no iba a pensar).
Fue tan amable cuando me preguntó cómo llegar al andén...
—Eso no importa. ¿Crees que él recuerda cómo era Quien-tú-sabes?
Fred agachó la cabeza.
-Perdona, Harry.
-Tranquilo.
La madre, súbitamente, se puso muy seria.
—Te prohíbo que le preguntes, Fred. No, no te atrevas. Como si necesitara que le recuerden algo así en su primer día de colegio.
Sirius y Remus miraron a Molly, agradecidos.
-Ya está bien-dijo la señora Weasley al verlo.- Cualquiera hubiese hecho lo mismo y, aunque aprecio vuestra gratitud, no me la merezco. No quiero que me deis más las gracias por portarme como un ser humano. Hice lo que una persona decente haría.
Sirius se la quedó mirando, un poco sorprendido, pero luego dijo con un deje de tristeza:
-El caso, Molly, es que no quedan muchas personas decentes. Así que no voy a dejar de darte las gracias.
A su lado, Remus asintió.
Parecía que la señora Weasley iba a replicar pero luego asintió y miró a su hija para que retomase la lectura.
—Está bien, quédate tranquila.
Se oyó un silbido.
—Daos prisa —dijo la madre, y los tres chicos subieron al tren. Se asomaron por la ventanilla para que los besara y la hermanita menor comenzó a llorar.
Harry miró a Ginny por el rabillo del ojo, pendiente de la reacción de ésta.
La chica le pilló:
-¿Qué?-dijo un poco defensivamente.-Tenía diez años y no iba a ver a mis hermanos en meses. Es normal que llorase.
Harry levantó las manos, tranquilizándola.
-No te miraba por eso-dijo intentando explicarse.- Estaba comprobando si te ibas a disculpar otra vez.
-Oh.
-Y te iba a decir que no tenías porque hacerlo, que tenías diez años y que no ibas a ver a tus hermanos en meses. Que era normal que llorases-dijo repitiendo las palabras que Ginny había pronunciado antes. Lo cierto era que iba a decir algo parecido.
Ginny asintió y continuó leyendo con una sonrisa en los labios.
—No llores, Ginny, vamos a enviarte muchas lechuzas.
—Y un inodoro de Hogwarts.
-Al final no lo hicisteis-les reprochó ésta en broma.
-Lo sentimos, Gin. Pero se lo enviamos a alguien que lo necesitaba más.
Harry sonrió, pensando en aquel extraño regalo.
—¡George!
—Era una broma, mamá.
-En realidad no lo era-dijo el George actual con una sonrisita.
El tren comenzó a moverse. Harry vio a la madre de los muchachos agitando la mano y a la hermanita, mitad llorando, mitad riendo, corriendo para seguir al tren, hasta que éste comenzó a acelerar y entonces se quedó saludando.
Harry sonrió involuntariamente, recordando la escena.
Harry observó a la madre y la hija hasta que desaparecieron, cuando el tren giró.
Ginny suspiró:
-Ahora ya no volveremos a aparecer hasta el final del libro, supongo-dijo un tanto desanimada.
Molly asintió con resignación.
-Me hubiese gustado salir más, pero bueno, al menos hemos leído algo sobre nosotras. No como tu padre-terminó, sonriendo al señor Weasley.
Éste no se sorprendió demasiado que su mujer se hubiese dado cuenta de la situación; Arthur había estado más callado de lo normal mientras escuchaba la descripción de su familia.
- La verdad es que, aunque sea una tontería, me hubiese gustado aparecer en el libro-reconoció con una sonrisa.- Pero pasa nada; ya me esperaré al segundo.
Molly sonrió con cariño y le dio un beso rápido en los labios para consolarle.
-¡Mamá!-se quejaron sus hijos tapándose los ojos teatralmente.
-Chitón-dijo la señora Weasley sonriendo.
Las casas pasaban a toda velocidad por la ventanilla. Harry sintió una ola de excitación. No sabía lo que iba a pasar... pero sería mejor que lo que dejaba atrás.
Sin ninguna duda-pensó Harry. Ni mil Voldemorts podrían igualar a su antigua vida con los Dursley.
La puerta del compartimiento se abrió y entró el menor de los pelirrojos.
Harry y Ron se sonrieron.
—¿Hay alguien sentado ahí? —preguntó, señalando el asiento opuesto a Harry—. Todos los demás vagones están llenos.
Los gemelos soltaron una risita.
-¿Estás seguro de eso, Ronnie?
-No será una excusa para poder sentarte con Harry, ¿verdad?
Ron se ruborizó.
-Callad-murmuró.
Aquello provocó risas entre los presentes.
-Yo me alegro que lo hicieras-le aseguró Harry a su mejor amigo.
Harry negó con la cabeza y el muchacho se sentó. Lanzó una mirada a Harry y luego desvió la vista rápidamente hacia la ventanilla, como si no lo hubiera estado observando.
Harry notó que todavía tenía una mancha negra en la nariz.
La sonrisa de Ginny se apreciaba en su voz mientras leía ese fragmento.
—Eh, Ron.
Los gemelos habían vuelto.
—Mira, nosotros nos vamos a la mitad del tren, porque Lee Jordan tiene una tarántula gigante y vamos a verla.
-Ugh- se estremeció Ron.
—De acuerdo —murmuró Ron.
—Harry —dijo el otro gemelo—, ¿te hemos dicho quiénes somos? Fred y George Weasley. Y él es Ron, nuestro hermano. Nos veremos después, entonces.
—Hasta luego —dijeron Harry y Ron. Los gemelos salieron y cerraron la puerta.
Sirius sonrió; ese tren había unido a los merodeadores y ahora también a Harry y Ron. Se preguntó cuántas incontables amistades se habían forjado entre el nerviosismo y las golosinas, mientras el tren atravesaba los campos en dirección a Hogwarts.
—¿Eres realmente Harry Potter? —dejó escapar Ron.
Los gemelos y Tonks rieron.
Harry asintió.
—Oh... bien, pensé que podía ser una de las bromas de Fred y George —dijo Ron—. ¿Y realmente te hiciste eso... ya sabes...?
Señaló la frente de Harry.
Molly le lanzó una mirada a Ron que el chico trató de ignorar.
Harry se levantó el flequillo para enseñarle la luminosa cicatriz. Ron la miró con atención.
—¿Así que eso es lo que Quien-tú-sabes...?
—Sí —dijo Harry—, pero no puedo recordarlo.
—¿Nada? —dijo Ron en tono anhelante.
-¡Ron! ¿Qué te había dicho?
-Lo siento, mamá. Tenía curiosidad.
-Está bien, señora Weasley, de verdad-intervino Harry.
Molly resopló:
-Tienes suerte de que a Harry no le importase-dijo alternando una mirada severa hacia su hijo con una sonrisa cariñosa hacia Harry.
—Bueno... recuerdo una luz verde muy intensa, pero nada más.
Muchos se estremecieron al pensar en la luz provocada por el Avada Kedavra.
—Vaya —dijo Ron. Contempló a Harry durante unos instantes y luego, como si se diera cuenta de lo que estaba haciendo, con rapidez volvió a mirar por la ventanilla.
Molly sonrió al ver como finalmente Ron había recuperado sus modales.
-Eso está mucho mejor-le dijo a su hijo sonriendo.
—¿Sois una familia de magos? —preguntó Harry, ya que encontraba a Ron tan interesante como Ron lo encontraba a él.
Los dos amigos se sonrieron.
—Oh, sí, eso creo —respondió Ron—. Me parece que mamá tiene un primo segundo que es contable, pero nunca hablamos de él.
-Pero no es que nos avergoncemos de él ni nada-dijo el señor Weasley.
Molly sacudió la cabeza rápidamente.
-No, no. Por supuesto que no. Es solo que no estamos demasiado en contacto ya que él vive en el mundo muggle.
—Entonces ya debes de saber mucho sobre magia.
Era evidente que los Weasley eran una de esas antiguas familias de magos de las que había hablado el pálido muchacho del callejón Diagon.
Todos volvieron a pensar en quien podía ser el chico, excepto Hermione y Remus (que ya lo habían descubierto), y Ron (a quien se lo contó Harry el día que se conocieron).
—Oí que te habías ido a vivir con muggles —dijo Ron—. ¿Cómo son?
—Horribles...
-Eso es quedarse corto…-dijo Ron en voz baja. No quería volver a sacar el tema de los Dursley pero tampoco podía quedarse callado.
Bueno, no todos ellos. Mi tía, mi tío y mi primo sí lo son. Me hubiera gustado tener tres hermanos magos.
—Cinco —corrigió Ron. Por alguna razón parecía deprimido—.
Su familia arrugó el ceño. ¿Por qué iba a estar deprimido?
Ron empezó a sudar, pensando en lo que le había dicho a Harry aquel día, y en como su familia lo iba a escuchar.
Soy el sexto en nuestra familia que va a asistir a Hogwarts. Podrías decir que tengo el listón muy alto.
-Con nosotros como hermanos es normal-sonrieron los gemelos intentando sacarle hierro al asunto, sin darse cuenta de que habían dado en el clavo.
Bill y Charlie ya han terminado. Bill era delegado de clase y Charlie era capitán de quidditch. Ahora Percy es prefecto. Fred y George son muy revoltosos, pero a pesar de eso sacan muy buenas notas y todos los consideran muy divertidos.
Los señores Weasley miraron a Ron extrañados. Ellos ya sabían todo eso y estaban muy orgullosos de sus hijos por lo que habían conseguido pero no entendían que le sucedía a Ron.
Todos esperan que me vaya tan bien como a los otros, pero si lo hago tampoco será gran cosa, porque ellos ya lo hicieron primero.
Molly se llenó de tristeza al oír eso.
Por supuesto que será gran cosa- quiso decir, pero no le salían las palabras.
Además, nunca tienes nada nuevo, con cinco hermanos. Me dieron la túnica vieja de Bill, la varita vieja de Charles y la vieja rata de Percy.
Ginny dejó de leer y miró a su hermano con una mezcla de pena e irritación.
-Ron, eres un imbécil.
-¡Ginny!-exclamó la señora Weasley quien había recobrado la voz, aunque seguía igual de entristecida.
Su hija la ignoró:
-Dime que no sigues pensando de esta manera.
Ron miró incómodo a su alrededor. De ninguna manera iba a hablar de sus sentimientos delante de todo el mundo y mucho menos de Snape. Se revolvió en la silla con nerviosismo y le lanzó una mirada de enfado a su hermana y al libro que ésta sostenía entre las manos. En teoría iban a leer la vida Harry, no la suya, pensó con rabia.
Al ver la inquietud en las facciones de Ron, el señor Weasley se hizo cargo de la situación.
-Hijos-dijo levantándose de su asiento-, creo que deberíamos hablar de esto en un sitio más privado.
Miró a su alrededor y luego fue directo hacia la mesa de la esquina en la que Sirius, Remus y Harry habían hablado sobre los Dursley. Los gemelos y Ginny, quienes habían asentido ante las palabras de su padre, se levantaron para acompañarle.
Ron, en cambio, permanecía cabizbajo en su silla, al igual que Molly quien le observaba con preocupación. Al ver el rostro de su hijo, la señora Weasley se levantó y tomó las manos de Ron entre la suyas al mismo tiempo que componía una sonrisa triste y afectuosa:
-Ron, cariño. ¿Nos acompañas a la mesa?
Ron respiró profundamente haciendo acopio de todo su valor y, sin mirar a nadie, agarró con fuerza a su madre de la mano y se dirigió hacia donde estaba el resto de su familia.
En cuanto los dos se hubieron sentado, el señor Weasley realizó un hechizo a su alrededor para evitar que nadie excepto ellos pudiesen escuchar lo que iban a decir. Al mismo tiempo, empezaron a formarse paredes alrededor de la familia Weasley que envolvieron la mesa hasta crear una especie de salita apartada del resto de la Sala de los Menesteres.
Harry y Hermione se levantaron de un salto, asustados, pero Dumbledore les tranquilizó con un movimiento de su mano.
-No pasa nada-dijo con una sonrisa.- Es evidente que la sala quiere darles al señor Weasley y a su familia la intimidad que necesitan.
Los dos amigos asintieron lentamente y después volvieron a sentarse sin saber que hacer o decir.
Al cabo de un par de minutos de extraño silencio, Sirius se levantó y recogió el libro que Ginny había dejado en su asiento al ponerse de pie. Dobló una hoja a modo de punto de libro y lo dejó encima de la mesa. Todos se le quedaron mirando con curiosidad menos Remus, que conocía el carácter inquieto de su amigo y sabía que no podía estarse mucho tiempo sentado sin hacer nada.
Sirius, al ver que los demás le observaban, dijo:
-Supongo que la conversación irá para largo-hizo un gesto con la mano señalando a la habitación que acababa de aparecer.- Así que creo que podemos hacer un descanso para estirar las piernas, ir al baño o echar un vistazo esas habitaciones que comentasteis antes-terminó mirando a Hermione.
La chica asintió y después señaló una puerta al fondo de la Sala:
-Las habitaciones son por ahí.
Sirius asintió sonriendo y después se dirigió al lugar que había señalado Hermione.
En cuanto hubo desaparecido por la puerta, Tonks se puso en pie:
-Pues yo creo que iré al baño. ¿Es por ahí?-le preguntó a Hermione.
La chica negó con la cabeza.
-No. Eso son los lavabos de chicos. El de chicas es esta puerta de aquí-dijo indicando otra distinta.- Si quieres te acompaño.
Tonks se encogió de hombros y sonrió:
-Vale.
Desviando la mirada de la puerta por la que habían desaparecido las dos chicas, Harry miró a su alrededor un poco nervioso. Se puso a pensar en su mejor amigo y en como lo estaría pasando en aquel momento. Le entristeció no poder estar ahí con él, apoyándole, pero también entendía que había ciertas cosas que Ron debía afrontar solo. Sus ojos pasaron de la salita que acababa de aparecer al resto de la Sala y, de pronto, se encontraron con los de Snape. El chico le sostuvo la mirada al profesor tranquilamente hasta que, de repente, fue consciente de que el maestro de pociones había escuchado todo lo que se había leído sobre su infancia. Desvió la mirada rápidamente, avergonzado, pero seguía siendo muy consciente de la situación y de cómo los ojos de Snape seguían posados en su rostro.
Intentando que no se notase su incomodidad, se puso en pie y se disculpó para ir al lavabo. Siguió caminando hasta llegar a la tercera puerta (en la que no habían entrado ni Sirius ni las chicas) ya que supuso que en ella encontraría los baños de chicos. Después de abrirla, se volvió para echar un último vistazo a la mesa del centro y vio como Dumbledore, Remus y Snape iniciaban una conversación en voz baja (Harry supuso que estaban discutiendo sobre el libro ya Dumbledore lo estaba señalando). También vio como Snape seguía mirando en su dirección, así que rápidamente entró y cerró la puerta. Luego miró a su alrededor.
Se encontraba en unos baños muy parecidos a los que había en la Sala común de Gryffindor. A su derecha había varios lavamanos con sus respectivos espejos y Harry se dirigió hacia ellos.
Se lavó la cara con agua fría y, mientras lo hacía, pensaba en la cantidad de cosas que habían sucedido en aquella mañana de sábado. Pensó en Ron y en cómo, a pesar de que su autoestima y confianza en sí mismo habían aumentado con los años, todavía existían restos de ese complejo de inferioridad en la mente de su amigo. Deseó que leer todas las grandes cosas que había hecho esos últimos cinco años le ayudasen a darse cuenta de lo valiente e importante que era.
También pensó en Ginny y en como ahora la veía de un modo diferente. Intentó ordenar sus ideas respecto a la chica pero al hacerlo le dolía la cabeza y no llegaba a ninguna conclusión, así que lo dejó estar.
Suspirando, se miró al espejo y vio en él a su padre tal y como éste era a su edad. Aquello le hizo sentir incómodo ya que esa imagen provenía de las memorias del pensadero de Snape. A pesar de haber hablado del tema con Sirius, todavía no le gustaba demasiado pensar que James Potter había sido un abusón y que Snape no había mentido del todo cada vez que lo insultaba.
Y hablando de Snape… El maestro de Pociones había escuchado todas y cada una de las palabras que se habían leído. La realidad de ese hecho despejó la mente de Harry más que toda el agua fría que se había echado en la cara. Era consciente de que ya no había vuelta atrás pero no le gustaba nada saber que el profesor contaba con aquella información tan delicada sobre él. Por su mente empezaron a aparecer escenarios horribles en los que Snape revelaba sus secretos a los Slytherin, en medio de la clase de Pociones, para que pudieran mofarse de él.
Sacudió la cabeza y respiró profundamente para tratar de calmarse. Por supuesto que Snape no iba a hacer nada de eso, ni Dumbledore ni Sirius le dejarían y, además, sería muy estúpido por parte del maestro de pociones ya que tendría que contestar a arriesgadas preguntas sobre la procedencia de esa información.
Decidido a sacar de su mente esos pensamientos, Harry se puso a explorar el resto del aseo. Se fijó en dos puertas en las que no había reparado antes y abrió una de ellas. Aquella era una habitación pequeña que contaba con varios retretes idénticos a los de la Sala común de Gryffindor. Harry sonrió pensando en el cuidado con el que la Sala de los Menesteres había creado todo ya que incluso las paredes que separaban los váteres tenían los mismos garabatos pintados en ellas que las de los leones. Distinguió la caligrafía de George con la que había escrito los precios de sus artículos de broma más populares y donde podían encontrarles para comprarlos. Su sonrisa se ensanchó al mismo tiempo que se preguntaba como una tontería como aquella podía hacerle sentir tan feliz. Entonces se dio cuenta: la Sala de los Menesteres había creado un Hogwarts en miniatura dentro de Hogwarts. Y ese lugar era uno libre de Umbridge y de sus secuaces y lleno de la gente que le quería y a quien quería (bueno, menos Snape).
-Genial-murmuró Harry sonriendo.
Se preguntaba si Sirius estaría sintiendo lo mismo que él mientras contemplaba los dormitorios que (Harry no tenía ninguna duda) también serían iguales a los de la Sala común. Seguro que sí, pensó y, girando sobre sus talones, salió del cuarto para abrir la segunda puerta.
En aquella habitación se encontraba el resto del baño que faltaba: las duchas y las bañeras. Las cuales, para alegría de Harry, también eran idénticas a las de Gryffindor.
Sonriendo abiertamente, salió de la habitación y se encontró de nuevo al lado de los lavamanos. Cuando se miró al espejo para intentar (y fracasar) colocar su cabello en su sitio, esta vez su reflejo no le recordó a James Potter. Aún así, no pudo evitar volver a pensar en Snape. Recordó la mirada que éste le había dirigido en algunos momentos de la lectura. Si no conociese al maestro de pociones, casi hubiese dicho que sus ojos oscuros reflejaban algo diferente al odio que solían irradiar y extrañamente parecido a la pena. Pero claro, eso no era posible. ¿Por qué iba a importarle a Snape el abuso que había sufrido Harry?
De pronto, recordó algo que había sucedido en sus clases de Oclumancia: un niño pequeño lloraba mientras sus padres discutían, un adolescente solitario disparaba a moscas desde la cama con su varita…
Harry inspiró de golpe. ¿Sería posible? ¿Podría ser que Snape también hubiese sido maltratado de pequeño? La cara de aburrimiento y desesperanza y las ropas demasiado grandes para su estatura del Snape adolescente le resultaban a Harry terriblemente familiares. No le gustaba pensar que su infancia y la del profesor habían sido tan parecidas pero eso explicaba el porqué de la expresión de Snape. Suspiró aliviado; el maestro de Pociones estaba apenado por sí mismo ya que escuchar sobre la infancia de Harry le había recordado a la suya pero no porque él sintiese lastima por el chico. ¡Todo volvía a tener sentido!
Estaba claro que Snape nunca dejaría de detestar a Harry (no que al muchacho le importase). La verdad era que prefería lidiar con el Snape de siempre, el temible exmortífago y grasiento profesor de pociones, que con ese hombre que tenía sentimientos que por un momento había creído que era.
Asintió para sí mismo y, más calmado, se dio la vuelta para volver a la habitación donde habían leído los libros. Antes de abrir la puerta, pero, inspiró hondo y se dio cuenta de que ya no le preocupaba tanto lo que Snape pudiera pensar o decir sobre su infancia. Tenía la sensación de que habían llegado a una especie de punto intermedio en el que los dos conocían secretos sobre el otro y que, por lo que parecía, ninguno tenía la menor intención de hacer algún comentario al respecto.
De no ser así-reflexionó Harry-, ya habría dicho algo en cuanto escuchó lo ocurrido con los Dursley por primera vez. Pero el maestro de Pociones solo le había lanzado aquella extraña mirada y Harry se alegró por ello. No necesitaba otra preocupación en su vida.
Mientras pensaba, Harry abrió la puerta. Vio que Hermione y Tonks ya se encontraban ahí pero los Weasley y Sirius todavía no habían aparecido. Dumbledore, Snape y Lupin estaban releyendo algún capítulo anterior mientras el hombre-lobo tomaba notas en un pergamino. Harry no entendía cómo podían encontrar información valiosa en medio de su vida con los Dursley pero prefirió no preguntar. Fue a sentarse en su sitio y miró con cierta preocupación el lugar en el que se encontraba la familia Weasley.
-¿Vuestros lavabos también son como los de la Sala común?-preguntó Hermione sacándole de su ensimismamiento.
Harry parpadeó centrando su atención en la chica y luego asintió.
-Es increíble-dijo con una sonrisa.-Son exactamente iguales.
Lupin levantó la cabeza del pergamino en el que escribía.
-¿En serio?
-Ajá-intervino Tonks.-Y me parece una falta de respeto para los que no somos gryffindors...-sonrió con picardía.- Aunque, por otro lado, es como si me hubiese colado en vuestra Sala común. Así que supongo que me compensa.
Remus, Harry y Hermione sonrieron.
En ese momento, Sirius salió por la puerta de los dormitorios con una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Los habéis visto? ¿Habéis visto los dormitorios? - se acercó corriendo a la mesa y sacudió a Lupin por el hombro.- ¡Lunático! ¡Son como los de la Sala Común!
Remus soltó una carcajada.
-Dicen que los baños también lo son. Iré a comprobarlo durante la siguiente pausa-señaló al lugar donde se encontraban la familia Weasley-, que ahora ya no me dará tiempo. Supongo que estarán a punto de acabar.
Sirius frunció el ceño:
-¿Cómo? ¿Aún siguen ahí?
Lupin asintió y Sirius empezó a preocuparse por el bienestar de Ron. El animago no quería meterse en asuntos que no eran los suyos pero, aunque entendía que el chico debía hablar de esas cosas con su familia, no le parecía bien dejar a Ron "solo ante el peligro". Sacudió la cabeza riñéndose sí mismo por dejar que sus propias experiencias familiares le nublasen el juicio. Era evidente que los Weasley no se parecían en nada a los Black y que iban a apoyar y a ayudar a Ron, al contrario que su familia.
En ese instante una figura pelirroja salió de la sala, seguida por el resto de su familia. Ron lucía una sonrisa en el rostro y caminaba con paso firme, como si con eso pudiese disimular la rojez de sus ojos. A pesar de ésta, se le notaba más relajado y feliz que antes y Harry, viendo esos mismos sentimientos en el resto de los Weasley, sonrió tranquilo.
Ron se sentó junto a sus dos mejores amigos y el resto de la familia se le unió momentos más tarde, cada uno en sus respectivos asientos. Una vez que Ginny estuvo en el suyo, Harry le lanzó una mirada levantando una ceja que venía a decir "¿ha ido bien?". Ginny esbozó una pequeña sonrisa y asintió casi imperceptiblemente, pues no quería que su hermano lo viese. Pero Ron no se dio cuenta de su intercambio con Harry ya que estaba demasiado distraído observando a Hermione, la cual no paraba de mirarle, insegura y preocupada.
-¿Qué…?-estuvo a punto de preguntarle. Entonces entendió lo que sucedía: ¡Hermione estaba preocupada por él! Había supuesto que la chica pensaba que sus temores infantiles eran una tontería pero parecía genuinamente turbada por la situación.
-Estoy bien-afirmó Ron con una sonrisa y en voz baja, tranquilizando a la muchacha.
Hermione dejó escapar el aire que había estado conteniendo y sonrió ella también. Lo cierto era que había estado muy preocupada por el bienestar de Ron desde que este había ido a hablar con su familia. La chica había acompañado a Tonks a los lavabos, pensando que estirar un poco las piernas le ayudaría a despejarse pero su temor por Ron permanecía. Así que, en cuanto el pelirrojo volvió a su asiento, Hermione se lo quedó mirando, dudando entre preguntar o quedarse callada. Por suerte, Ron estaba bien y la chica pudo por fin relajarse.
-Bueno…-intervino Dumbledore con una sonrisa.-Ahora que ya hemos solucionado todo. ¿Qué os parece si continuamos?
Las orejas de Ron enrojecieron un poco pero asintió, al tiempo que Ginny volvía a coger el libro entre sus manos.
Ron buscó en su chaqueta y sacó una gorda rata gris, que estaba dormida.
—Se llama Scabbers
La mayoría gruñeron con rabia.
y no sirve para nada,
-Tampoco servía para gran cosa cuando era una persona-dijo Sirius con odio. Remus asintió de acuerdo.
Snape apretó los dientes, harto de tantas pausas e interrupciones. Se había alegrado de que volvieran a leer porque así acabarían de una vez pero justo entonces había aparecido el traidor de Pettigrew. Eso lo había puesto de todavía peor humor.
casi nunca se despierta. A Percy, papá le regaló una lechuza, porque lo hicieron prefecto, pero no podían comp... Quiero decir, por eso me dieron a Scabbers.
Las orejas de Ron enrojecieron. Parecía pensar que había hablado demasiado, porque otra vez miró por la ventanilla.
Ninguno de los Weasley hizo un comentario; ya habían hablado del tema.
Harry no creía que hubiera nada malo en no poder comprar una lechuza.
Los señores Weasley sonrieron a Harry con afecto.
Después de todo, él nunca había tenido dinero en toda su vida, hasta un mes atrás, así que le contó a Ron que había tenido que llevar la ropa vieja de Dudley y que nunca le hacían regalos de cumpleaños. Eso pareció animar a Ron.
Molly iba a reprender a su hijo pero se detuvo justo a tiempo ya que no era el momento.
—... y hasta que Hagrid me lo contó, yo no tenía idea de que era mago, ni sabía nada de mis padres o Voldemort...
Ginny leyó el nombre con rabia y repugnancia.
Ron bufó.
—¿Qué? —dijo Harry.
—Has pronunciado el nombre de Quien-tú-sabes —dijo Ron, tan conmocionado como impresionado—.
-¡Qué inocente era!-rió Ron.-No sabía que me esperaban todos estos años de oírte decirlo.
Harry sonrió.
-Tampoco pensabas que algún día serías capaz de llamarle Voldemort tú mismo-dijo con orgullo hacia su amigo.
-Bueno -dijo Ron-, que haya podido decirlo no significa que vaya a llamarle siempre así. A ver-levantó las manos-, entiendo tus motivos para hacerlo pero yo no me siento cómodo… Así que creo que por ahora le seguiré llamando quién-tú-sabes.
Harry arrugó un poco la nariz pero luego asintió, comprendiendo los sentimientos de su amigo.
Yo creí que tú, entre todas las personas…
—No estoy tratando de hacerme el valiente, ni nada por el estilo, al decir el nombre—dijo Harry—.
Snape rodó los ojos. Esa era exactamente la razón por la que lo decía.
Es que no sabía que no debía decirlo. ¿Ves lo que te decía? Tengo muchísimas cosas que aprender...
El maestro de Pociones frunció levemente el ceño pero luego sacudió la cabeza; era evidente que aquello era una excusa.
Seguro —añadió, diciendo por primera vez en voz alta algo que últimamente lo preocupaba mucho—, seguro que seré el peor de la clase.
-¡Para nada, Harry!-dijo Hermione, la cual había sentido algo parecido. Ese era uno del los motivos por los que se había aprendido los libros de cabo a rabo pero luego comprendió que podía ser tan buena como cualquier nacido de magos. Aunque el hecho de saber eso no hizo que dejase de estudiar duro.
Harry sonrió con cariño.
-Eso lo sé ahora Hermione.
La chica puso cara de ofendida.
-Encima que intento apoyarte…
Harry, Ginny y Ron rieron.
Snape había estado a punto de hacer algún comentario respecto a cómo Potter sí que era el peor de la clase en Pociones para intentar ignorar el hecho de que el chico acababa de mostrarse inseguro y no arrogante y creído como se suponía que debía ser. Finalmente, el profesor había decidido no decir nada ya que, rodeado como estaba de admiradores de Potter, su intervención podía acabar en una larga discusión que atrasaría todavía más la lectura.
—No será así. Hay mucha gente que viene de familias muggles y aprende muy deprisa.
Mientras conversaban, el tren había pasado por campos llenos de vacas y ovejas. Se quedaron mirando un rato, en silencio, el paisaje.
A eso de las doce y media se produjo un alboroto en el pasillo, y una mujer de cara sonriente, con hoyuelos, se asomó y les dijo:
—¿Queréis algo del carrito, guapos?
Harry, que no había desayunado,
-Malditos muggles-murmuró Tonks.
se levantó de un salto, pero las orejas de Ron se pusieron otra vez coloradas y murmuró que había llevado bocadillos. Harry salió al pasillo.
Cuando vivía con los Dursley nunca había tenido dinero para comprarse golosinas y, puesto que tenía los bolsillos repletos de monedas de oro, plata y bronce, estaba listo para comprarse todas las barras de chocolate que pudiera llevar.
-Bien hecho, Harry.-le animó Sirius.
Pero la mujer no tenía Mars. En cambio, tenía Grageas Bertie Bott de Todos los Sabores, chicle, ranas de chocolate, empanada de calabaza, pasteles de caldero, varitas de regaliz y otra cantidad de cosas extrañas que Harry no había visto en su vida.
-Y pensar que los muggles nunca probaran estas cosas tan deliciosas.-dijo Ron con compasión.
Como no deseaba perderse nada, compró un poco de todo y pagó a la mujer once sickles de plata y siete knuts de bronce.
Ron lo miraba asombrado, mientras Harry depositaba sus compras sobre un asiento vacío.
—Tenías hambre, ¿verdad?
Ginny y Hermione sonrieron.
—Muchísima —dijo Harry, dando un mordisco a una empanada de calabaza.
Ron había sacado un arrugado paquete, con cuatro bocadillos. Separó uno y dijo:
—Mi madre siempre se olvida de que no me gusta la carne en conserva.
Molly frunció un poco el ceño.
-Lo siento, cariño, no te la volveré a poner.
-No pasa nada, mamá-dijo Ron haciendo un ademán con la mano.
—Te la cambio por uno de éstos —dijo Harry, alcanzándole un pastel—. Sírvete...
Sirius y Remus sonrieron. Así era como se formaban las grandes amistades: con pequeños actos de amabilidad y compañerismo.
—No te va a gustar, está seca —dijo Ron—. Ella no tiene mucho tiempo —añadió rápidamente—... Ya sabes, con nosotros cinco.
La señora Weasley, de no haber tratado ese tema hacía menos de diez minutos, quizá habría dicho algún comentario. En cambio, ahora sabía de los sentimientos de Ron así que decidió no decir nada al respecto.
—Vamos, sírvete un pastel —dijo Harry, que nunca había tenido nada que compartir o, en realidad, nadie con quien compartir nada. Era una agradable sensación, estar sentado allí con Ron, comiendo pasteles y dulces (los bocadillos habían quedado olvidados).
Dumbledore sonrió con cariño.
—¿Qué son éstos? —preguntó Harry a Ron, cogiendo un envase de ranas de chocolate—. No son ranas de verdad, ¿no?—Comenzaba a sentir que nada podía sorprenderlo.
Los gemelos rieron pero entonces abrieron mucho los ojos y tomaron aire de golpe
-¡George! ¿Te imaginas...?-le preguntó Fred a su hermano.
-¡Pues claro que me lo imagino!-contestó.-Rápido, antes de que se nos olvide, apúntalo.
Fred sacó un pergamino de algún bolsillo y comenzó a escribir en él frenéticamente.
Molly suspiró con resignación, temiendo que nuevas locuras estarían inventando sus hijos.
—No —dijo Ron—. Pero mira qué cromo tiene. A mí me falta Agripa.
—¿Qué?
—Oh, por supuesto, no debes saber... Las ranas de chocolate llevan cromos, ya sabes, para coleccionar, de brujas y magos famosos. Yo tengo como quinientos, pero no consigo ni a Agripa ni a Ptolomeo.
-Eso es realmente impresionante-dijo Lupin.
Ron sonrió, orgulloso.
-Gracias, aunque todavía no he conseguido a Agripa.
-Yo creo que la tengo repetida-dijo Sirius.- Debe estar por algún cajón de Grimmauld Place. Si quieres cuando volvamos -hizo una mueca- te la doy.
Los ojos del chico se iluminaron.
-Oh, sí. Eso sería genial. Muchísimas gracias.
-Ni lo menciones-hizo un gesto con la mano.- Ya acabé la colección hace muchos años y siempre es agradable ayudar a que otro también lo haga.
-Mm, Canuto… No quiero ser aguafiestas pero me parece que se han añadido un par de cromos nuevos a la colección en los últimos años.
Sirius se lo quedó mirando.
-¿Y me lo dices ahora, Remus?-sacudió la cabeza aunque le brillaban los ojos con diversión.-Está bien, ya sé lo que haremos, Ron. Yo te doy a Agripa si tú me das los que me faltan y que tengas repetidos.
El chico asintió y después le estrechó la mano.
-Trato hecho.
Harry desenvolvió su rana de chocolate y sacó el cromo. En él estaba impreso el rostro de un hombre. Llevaba gafas de media luna, tenía una nariz larga y encorvada, cabello plateado suelto, barba y bigotes. Debajo de la foto estaba el nombre: Albus Dumbledore.
Dumbledore sonrió. Consideraba el formar parte de aquellos cromos como uno de sus mayores logros.
—¡Así que éste es Dumbledore! —dijo Harry.
—¡No me digas que nunca has oído hablar de Dumbledore! —dijo Ron—.
Harry pensó que era raro que no supiese de la existencia de Dumbledore durante los primeros once años de su vida cuando estos habían sido así a causa de la decisión del director de dejarle con los Dursley.
¿Puedo servirme una rana? Podría encontrar a Agripa... Gracias...
Harry dio la vuelta a la tarjeta y leyó:
Albus Dumbledore, actualmente director de Hogwarts. Considerado por casi todo el mundo como el más grande mago del tiempo presente,
-Considerado por todo el mundo que no es un imbécil-dijo Sirius.
Todos asintieron de acuerdo con él y Dumbledore inclinó la cabeza.
Dumbledore es particularmente famoso por derrotar al mago tenebroso Grindelwald en 1945,
Dumbledore reprimió una mueca.
por el descubrimiento de las doce aplicaciones de la sangre de dragón, y por su trabajo en alquimia con su compañero Nicolás Flamel.
El trío intercambió miradas de complicidad antes de soltar una carcajada.
La mayoría de presentes los miraron con curiosidad, menos Snape, que tenía mejores cosas que hacer que preocuparse de las bromas internas de los adolescentes.
El profesor Dumbledore es aficionado a la música de cámara y a los bolos.
-Ahh, mis dos grandes pasiones-suspiró el director.- Es una pena no disponer de tanto tiempo para ellas como me gustaría.
Harry dio la vuelta otra vez al cromo y vio, para su asombro, que el rostro de
Dumbledore había desaparecido.
—¡Ya no está!
-¡No puede ser!-dijo George, burlón.
Ginny le dio una colleja. Harry sonrió.
—Bueno, no iba a estar ahí todo el día —dijo Ron—. Ya volverá. Vaya, me ha salido
otra vez Morgana y ya la tengo seis veces repetida... ¿No la quieres? Puedes empezar a coleccionarlos.
-No tengo la paciencia suficiente-sonrió Harry.
Los ojos de Ron se perdieron en las ranas de chocolate, que esperaban que las desenvolvieran.
—Sírvete —dijo Harry—. Pero oye, en el mundo de los muggles la gente se queda en las fotos.
—¿Eso hacen? Cómo, ¿no se mueven? —Ron estaba atónito—. ¡Qué raro!
-¡Tu interés por las cosas muggle ya viene de lejos!-dijo Arthur con una gran sonrisa.-Muy bien, hijo.
Ron sonrió, contento.
-Yo creo que su interés por las cosas muggle ha aumentado con los años…-le dijo Fred a George en voz baja, mientras le echaba una mirada a Hermione.
George tosió, intentado ocultar una risa. Estaba claro desde hacía tiempo que su hermano sentía cosas por la chica que iban más allá de la amistad.
Harry miró asombrado, mientras Dumbledore regresaba al cromo y le dedicaba una sonrisita. Ron estaba más interesado en comer las ranas de chocolate que en buscar magos y brujas famosos, pero Harry no podía apartar la vista de ellos. Muy pronto tuvo no sólo a Dumbledore y Morgana, sino también a Ramón Llull, al rey Salomón, Circe, Paracelso y Merlín. Hasta que finalmente apartó la vista de la druida Cliodna, que se rascaba la nariz, para abrir una bolsa de grageas de todos los sabores.
—Tienes que tener cuidado con ésas —lo previno Ron—. Cuando dice «todos los sabores», es eso lo que quiere decir. Ya sabes, tienes todos los comunes, como chocolate, menta y naranja, pero también puedes encontrar espinacas, hígado y callos. George dice que una vez encontró una con sabor a duende.
Fred y George chocaron las manos mientras reían ante la ingenuidad de su hermano.
-Vaya, George, no sabía que te iban esas cosas…-sonrió Ginny con picardía.- Pero si te gustan los duendes yo no soy nadie para juzgar. Solo espero que mis sobrinos no salgan demasiado horribles.
George iba a replicar pero Hermione se le adelantó.
-Que salgan horribles será como consecuencia de ser hijos de George, no importa quién sea la madre.
Fred, Ron y Harry rieron. Ginny soltó una carcajada y chocó los cinco con Hermione. Incluso el propio George tenía una pequeña sonrisa en la cara.
-Vaya, vaya…-empezó.- ¿Quien iba a decir que dentro de ti tendríamos a una bromista escondida?
Hermione se encogió de hombros mientras George continuaba:
-No es que me queje; siempre me gusta ver a los principiantes dando sus primeros pasos… Pero, Granger, ¿de verdad quieres empezar enfrentándote a un rey de la broma como yo?
Hermione volvió a encogerse de hombros.
-No me preocupas demasiado.-dijo con una sonrisa.
George sacudió la cabeza con incredulidad al mismo tiempo que Ginny retomaba la lectura y Ron experimentaba una ráfaga de algo que no supo identificar pero que se parecía bastante a los celos. No le había gustado nada ese intercambio entre su hermano y Hermione. De hecho, había tenido ganas de gritar que él ya conocía el carácter bromista de Hermione y desde hacía mucho tiempo.
Ron eligió una verde, la observó con cuidado y mordió un pedacito.
—Puaj... ¿Ves? Coles.
Ron arrugó la nariz ante el recuerdo.
Pasaron un buen rato comiendo las grageas de todos los sabores. Harry encontrótostadas, coco, judías cocidas, fresa, curry, hierbas, café, sardinas y fue lo bastante valientepara morder la punta de una gris,
-Gryffindor desde el principio- comentó Ginny.
que Ron no quiso tocar y resultó ser pimienta.
En aquel momento, el paisaje que se veía por la ventanilla se hacía más agreste. Habían desaparecido los campos cultivados y aparecían bosques, ríos serpenteantes y colinas de color verde oscuro.
Se oyó un golpe en la puerta del compartimiento, y entró el muchacho de cara redonda que Harry había visto al pasar por el andén nueve y tres cuartos.
Hermione se revolvió en el asiento, un tanto incómoda. Sabía que dentro de poco aparecería por primera vez en la historia y aunque, por un lado tenía muchas ganas, por otro estaba nerviosa ya que al principio no se habían llevado demasiado bien.
Parecía muy afligido.
—Perdón —dijo—. ¿Por casualidad no habréis visto un sapo?
Cuando los dos negaron con la cabeza, gimió.
—¡Lo he perdido! ¡Se me escapa todo el tiempo!
-Sigue pasando-rió Ron.
—Ya aparecerá —dijo Harry.
-Siempre aparece- volvió a decir Ron.
—Sí —dijo el muchacho apesadumbrado—. Bueno, si lo veis...
Se fue.
—No sé por qué está tan triste —comentó Ron—. Si yo hubiera traído un sapo lo habría perdido lo más rápidamente posible.
-Ron...-le regañó su padre.
-Pero es verdad, papá. Los sapos son lo peor.
Tonks intervino:
-Tiene bastante razón, Arthur. Los sapos están muy pasados de moda.
El señor Weasley suspiró, mientras Ron sonreía agradecido a la metamorfomaga..
Aunque en realidad he traído a Scabbers, así que no puedo hablar.
-Vale-dijo Ron.- Ahora preferiría a cincuenta sapos.
Todos asintieron de acuerdo.
La rata seguía durmiendo en las rodillas de Ron.
-Ecs-murmuró Sirius.
Ron se miró con asco las rodillas.
—Podría estar muerta y no notarías la diferencia —dijo Ron con disgusto—.
Yo la notaría…-pensó Sirius con rabia.
Ayer traté de volverla amarilla para hacerla más interesante, pero el hechizo no funcionó. Te lo voy a enseñar, mira...
Revolvió en su baúl y sacó una varita muy gastada. En algunas partes estaba astillada y, en la punta, brillaba algo blanco.
Ron recordó a su antigua varita, destrozada por el Sauce Boxeador. No la echaba nada de menos ya que la que tenía ahora era mucho mejor.
—Los pelos de unicornio casi se salen. De todos modos...
Acababa de coger la varita cuando la puerta del compartimiento se abrió otra vez. Había regresado el chico del sapo, pero llevaba a una niña con él. La muchacha ya llevaba la túnica de Hogwarts.
-Ay madre…-murmuró Hermione.
—¿Alguien ha visto un sapo? Neville perdió uno —dijo. Tenía voz de mandona, mucho pelo color castaño y los dientes de delante bastante largos.
-¡Harry!
-Lo siento, lo siento- se disculpó el chico.-Pero tienes que recordar que no nos caías demasiado bien al principio.
Hermione suspiró.
-Bueno, si quitas lo de la voz de mandona tampoco esta tan mal mi descripción. El pelo castaño lo tengo.
Harry sonrió dándose cuenta de cómo Hermione había omitido mencionar los dientes largos. Desde el incidente de Pociones en cuarto, sus dientes nunca habían vuelto a ser tan largos como antes. Aunque, pensó Harry, si Hermione se sentía más cómoda consigo misma de ese modo, él lo aprobaba.
—Ya le hemos dicho que no —dijo Ron,
-Así que ya eras grosero con ella desde el principio- dijo Molly sacudiendo la cabeza.
pero la niña no lo escuchaba. Estaba mirando la varita que tenía en la mano.
—Oh, ¿estás haciendo magia? Entonces vamos a verlo.
Se sentó. Ron pareció desconcertado.
—Eh... de acuerdo. —Se aclaró la garganta—. «Rayo de sol, margaritas, volved amarilla a esta tonta ratita.»
Los gemelos y Tonks soltaron un bufido de risa mientras Ron se ruborizaba.
Agitó la varita, pero no sucedió nada.
-Evidentemente-rió Sirius.
Scabbers siguió durmiendo, tan gris como siempre.
—¿Estás seguro de que es el hechizo apropiado? —preguntó la niña—.
Sirius y los gemelos, que no habían acabado de reír, se desternillaron todavía más al oír eso.
Ron se cruzó de brazos, malhumorado.
Viendo su reacción, Hermione dijo:
-Creo que no hubiese funcionado incluso siendo el hechizo correcto.
Ron bufó.
-Claro, porqué no se me da bien hacer magia ¿no?-preguntó con enfado.
-¡No! Por supuesto que no-dijo Hermione rápidamente.-Lo decía porque al ser un animago no creo que los hechizos funcionen de la misma manera.
-Oh…Ya, supongo que eso tiene sentido.
-Así es, señor Weasley-dijo Dumbledore.- Esa es una de las formas de reconocer a un animago.
Ron asintió, más calmado y Hermione sonrió contenta con ella misma.
Bueno, no es muy efectivo, ¿no? Yo probé unos pocos sencillos, sólo para practicar, y funcionaron. Nadie en mi familia es mago, fue toda una sorpresa cuando recibí mi carta, pero también estaba muy contenta, por supuesto, ya que ésta es la mejor escuela de magia, por lo que sé. Ya me he aprendido todos los libros de memoria, desde luego, espero que eso sea suficiente... Yo soy Hermione Granger. ¿Y vosotros quiénes sois?
Ginny hizo una pausa e inspiró dramáticamente.
-Merlín, Hermione. Debes tener unos pulmones impresionantes.
Hermione rió, un tanto avergonzada por su yo pasado.
Dijo todo aquello muy rápidamente.
Harry miró a Ron y se calmó al ver en su rostro aturdido que él tampoco se había aprendido todos los libros de memoria.
-Me asustaste bastante-reconoció Harry.
Ron asintió con energía.
—Yo soy Ron Weasley —murmuró Ron.
—Harry Potter —dijo Harry.
—¿Eres tú realmente? —dijo Hermione—. Lo sé todo sobre ti, por supuesto, conseguí unos pocos libros extra para prepararme más y tú figuras en Historia de la magia moderna,Defensa contra las Artes Oscuras y Grandes eventos mágicos del siglo XX.
-Perdón…-dijo Hermione.
Harry solo sonrió.
—¿Estoy yo? —dijo Harry, sintiéndose mareado.
—Dios mío, no lo sabes. Yo en tu lugar habría buscado todo lo que pudiera —dijo Hermione—. ¿Sabéis a qué casa vais a ir?
-Ya sé que no se puede saber-dijo la chica al ver que alguien iba a comentar.
Estuve preguntando por ahí y espero estar en Gryffindor, parece la mejor de todas. Oí que Dumbledore estuvo allí,
-Así fue-sonrió el director.- Hace mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, tiempo.
Los gemelos rieron mientras los ojos de Dumbledore brillaban con diversión.
pero supongo que Ravenclaw no será tan mala...
-Estoy convencido de que lo hubieses hecho realmente bien ahí, Hermione-dijo Lupin.
La chica sonrió, halagada. Lo cierto era que durante sus primeras semanas en Hogwarts había deseado en más de una ocasión haber sido seleccionada para Ravenclaw ya que pensaba que allá sería más bien acogida. Ahora, por supuesto, no cambiaría su casa por nada del mundo.
De todos modos, es mejor que sigamos buscando el sapo de Neville. Y vosotros dos deberíais cambiaros ya, vamos a llegar pronto.
Hermione frunció un poco el ceño. No se recordaba tan agobiante.
Y se marchó, llevándose al chico sin sapo.
—Cualquiera que sea la casa que me toque, espero que ella no esté —dijo Ron.
Hermione fulminó a Ron con la mirada.
-Lo retiro, lo retiro hasta el infinito.-dijo el chico levantando las manos. Se estaba imaginando una vida sin Hermione en su misma casa y la estaba odiando.
Hermione sonrió, complacida.
Arrojó su varita al baúl—. Qué hechizo más estúpido, me lo dijo George. Seguro que era falso.
-¿En serio? ¿Tú crees?-dijeron los gemelos.
Ron rodó los ojos.
—¿En qué casa están tus hermanos? —preguntó Harry
—Gryffindor —dijo Ron. Otra vez parecía deprimido—. Mamá y papá también estuvieron allí. No sé qué van a decir si yo no estoy. No creo que Ravenclaw sea tan mala, pero imagina si me ponen en Slytherin.
Ron arrugó la nariz.
Snape, mientras tanto, puso los ojos en blanco convencido de que Weasley nunca hubiese sido apto para su casa. No era ni astuto ni ambicioso y había quedado claro que tampoco le importaba preservar su propia vida.
—¿Esa es la casa en la que Vol... quiero decir Quien-tú-sabes... estaba?
—Ajá —dijo Ron. Se echó hacia atrás en el asiento, con aspecto abrumado.
—¿Sabes? Me parece que las puntas de los bigotes de Scabbers están un poco más claras —dijo Harry, tratando de apartar la mente de Ron del tema de las casas—.
Los dos amigos se sonrieron mientras la señora Weasley los miraba con cariño.
Sirius pensó automáticamente en James.
Y, a propósito, ¿qué hacen ahora tus hermanos mayores?
Harry se preguntaba qué hacía un mago, una vez que terminaba el colegio.
—Charlie está en Rumania, estudiando dragones, y Bill está en África, ocupándose de asuntos para Gringotts —explicó Ron—.
Tonks pensó en la cantidad de trabajos alucinantes que podía ejercer un mago. A ella le encantaba su trabajo como auror y, a veces, sentía lástima por los muggles que nunca podrían acceder a una profesión como aquella.
¿Te enteraste de lo que pasó en Gringotts? Salió en El Profeta, pero no creo que las casas de los muggles lo reciban: trataron de robar en una cámara de alta seguridad.
Harry se sorprendió.
Y aquí empieza todo-pensó Harry.
—¿De verdad? ¿Y qué les ha sucedido?
—Nada, por eso son noticias tan importantes. No los han atrapado. Mi padre dice que tiene que haber un poderoso mago tenebroso para entrar en Gringotts, pero lo que es raro es que parece que no se llevaron nada. Por supuesto, todos se asustan cuando sucede algo así, ante la posibilidad de que Quien-tú-sabes esté detrás de ello.
Sirius arrugó el entrecejo. No conocía aquella historia pero sabía que con toda probabilidad aquello era cosa de Voldemort.
Harry repasó las noticias en su cabeza. Había comenzado a sentir una punzada de miedo cada vez que mencionaban a Quien-tú-sabes. Suponía que aquello era una parte de entrar en el mundo mágico, pero era mucho más agradable poder decir «Voldemort» sin preocuparse.
Harry asintió.
-Suerte que ahora puedo decirlo tranquilamente -dijo.
—¿Cuál es tu equipo de quidditch? —preguntó Ron.
—Eh... no conozco ninguno —confesó Harry.
—¿Cómo? —Ron pareció atónito—. Oh, ya verás, es el mejor juego del mundo... —Y se dedicó a explicarle todo sobre las cuatro pelotas y las posiciones de los siete jugadores, describiendo famosas jugadas que había visto con sus hermanos
-Bien hecho, Ron.
-Cuanto antes conozca la maravilla que es el Quidditch, mejor.
Ron sonrió a sus hermanos.
y la escoba que le gustaría comprar si tuviera el dinero. Le estaba explicando los mejores puntos del juego, cuando otra vez se abrió la puerta del compartimiento, pero esta vez no era Neville, el chico sin sapo, ni Hermione Granger.
Entraron tres muchachos, y Harry reconoció de inmediato al del medio: era el chico
pálido de la tienda de túnicas de Madame Malkin.
-¿Quién será?-preguntó Sirius. Se había quedado con la intriga desde el capitulo anterior.
Miraba a Harry con mucho más interés que el que había demostrado en el callejón Diagon.
Harry rodó los ojos. Por supuesto Malfoy solo iba a hacerle caso a alguien si este era famoso o importante.
—¿Es verdad? —preguntó—. Por todo el tren están diciendo que Harry Potter está en este compartimento. Así que eres tú, ¿no?
—Sí —respondió Harry. Observó a los otros muchachos. Ambos eran corpulentos y parecían muy vulgares. Situados a ambos lados del chico pálido, parecían guardaespaldas.
Ginny y los gemelos adivinaron de quien se trataba en aquel momento. Solo había un Slytherin rubio que llevase a sus dos guardaespaldas a todos lados.
—Oh, éste es Crabbe y éste Goyle —dijo el muchacho pálido con despreocupación, al darse cuenta de que Harry los miraba—. Y mi nombre es Malfoy, Draco Malfoy.
Sirius gruñó.
-Tendría que haberlo adivinado. Hay pocos niños que se comporten de ese modo-sacudió la cabeza.- Maldito mocoso.
Snape se limitó a mirar al animago con cara de profundo desagrado. Puede que Draco a veces se comportase de manera arrogante- incluso el profesor de pociones se daba cuenta de ello- pero eso no quería decir que Black pudiese decir nada en su contra.
Ron dejó escapar una débil tos, que podía estar ocultando una risita.
-Bien hecho, Ron- le animó Sirius mientras Molly le mandaba una mirada de advertencia.
Draco (dragón) Malfoy lo miró.
—Te parece que mi nombre es divertido, ¿no? No necesito preguntarte quién eres. Mi padre me dijo que todos los Weasley son pelirrojos, con pecas y más hijos que los que pueden mantener.
-Asqueroso Malfoy…- gruñó Ginny.
Todos los Weasley miraron al libro con repugnancia. El resto de presentes también lo hicieron, menos Snape que había encontrado ocurrente lo dicho por Draco.
Se volvió hacia Harry.
—Muy pronto descubrirás que algunas familias de magos son mucho mejores que otras, Potter. No querrás hacerte amigo de los de la clase indebida. Yo puedo ayudarte en eso.
-Sí, puedes ayudarme manteniéndote alejado-espetó Harry.
Los Weasley sonrieron ante la rabia con la que el chico había hablado.
Extendió la mano, para estrechar la de Harry; pero Harry no la aceptó.
—Creo que puedo darme cuenta solo de cuáles son los indebidos, gracias —dijo con frialdad.
-¡Toma ya!-chilló Sirius.- Así me gusta, Harry.
Los Weasley aplaudieron con energía mientras el resto le sonreían. Harry se ruborizó un poco.
Mientras tanto, Snape le miraba con el ceño fruncido. Estaba intentando ocultar la imposible punzada de orgullo que se había apoderado de él al escuchar la reacción del chico. No tenía ningún sentido. La única explicación razonable para esos sentimientos era que aquel comentario era muy parecido al que hubiese dicho Lily en esa situación. Aún así, no era normal en él dejarse llevar por su emociones y el maestro de pociones ya se estaba hartando de sentir y pensar cosas que no había experimentado desde hacía mucho tiempo. Quería llegar a la parte de Hogwarts de una maldita vez.
Draco Malfoy no se ruborizó, pero un tono rosado apareció en sus pálidas mejillas.
—Yo tendría cuidado, si fuera tú, Potter —dijo con calma—. A menos que seas un poco más amable, vas a ir por el mismo camino que tus padres. Ellos tampoco sabían lo que era bueno para ellos. Tú sigue con gentuza como los Weasley y ese Hagrid y terminarás como ellos.
-¡¿Cómo se atreve?!-gritaron Sirius y Remus mientras el resto chillaban y lanzaban insultos hacia Draco Malfoy..
Incluso Snape tuvo que controlarse para no unirse a los gritos y las expresiones de odio. Nadie hablaba así de Lily.
Al cabo de un par de minutos, Dumbledore pidió calma para poder continuar leyendo. Todos respiraron hondo para tranquilizarse y Ginny volvió a leer, no sin antes murmurar:
-Cuando salgamos de esta Sala se va a enterar.
Sus hermanos asintieron uniéndose a cualquier plan que Ginny estuviese tramando.
Harry y Ron se levantaron al mismo tiempo. El rostro de Ron estaba tan rojo como su
pelo.
—Repite eso —dijo.
Sirius y Remus sonrieron a pesar de todo, viendo como Ron defendía a Harry desde el principio, incluso conociéndole hacía solo un par de horas.
—Oh, vais a pelear con nosotros, ¿eh? —se burló Malfoy.
—Si no os vais ahora mismo... —dijo Harry, con más valor que el que sentía, porque
Crabbe y Goyle eran mucho más fuertes que él y Ron.
-Pero vosotros sois más listos-dijo Tonks.
—Pero nosotros no tenemos ganas de irnos, ¿no es cierto, muchachos? Nos hemos comido todo lo que llevábamos y vosotros parece que todavía tenéis algo.
Goyle se inclinó para coger una rana de chocolate del lado de Ron. El pelirrojo saltó hacia él,
-¡Ron, cuidado!-chilló la señora Weasley.
-Mamá, esto ya ha…
-¡Ya sé que ya ha pasado, Ginny! ¡Tú sigue leyendo!
Ginny rodó los ojos y dejó escapar una risita ante el histerismo de su madre.
pero antes de que pudiera tocar a Goyle, el muchacho dejó escapar un aullido terrible.
-¿No vas a preguntar qué ha pasado, mamá?
-¡Ginny!
-Vale, vale…
Harry intentó ocultar su sonrisa.
Scabbers, la rata, colgaba del dedo de Goyle, con los agudos dientes clavados profundamente en sus nudillos.
Todos miraron a su alrededor con cara de confusión.
-No entiendo nada… Si Scabbers era en realidad Pettigrew, ¿por qué os ayudó?-dijo Hermione poniendo en palabras lo que todos pensaban.
-Si quieres que te diga la verdad, Hermione: no tengo ni idea-dijo Lupin con tristeza.- El hombre en el que Peter se ha convertido es un absoluto misterio para mí.
-Y que así siga-gruñó Sirius.-No quiero saber nada más de lo necesario sobre esa rata traidora.
Notando la tensión en el ambiente, Ginny retomó la lectura.
Crabbe y Malfoy retrocedieron mientras Goyle agitaba la mano para desprenderse de la rata, gritando de dolor, hasta que, finalmente, Scabbers salió volando, chocó contra la ventanilla y los tres muchachos desaparecieron.
La señora Weasley respiró tranquila.
Tal vez pensaron que había más ratas entre las golosinas, o quizás oyeron los pasos porque, un segundo más tarde, Hermione Granger volvió a entrar.
—¿Qué ha pasado? —preguntó, mirando las golosinas tiradas por el suelo y a Ron que cogía a Scabbers por la cola.
—Creo que se ha desmayado —dijo Ron a Harry.
-Ojalá le hubiese pasado más que eso-murmuró Sirius. Snape estuvo de acuerdo aunque no lo demostró. Esa rata era la culpable de que Lily estuviese muerta.
Miró más de cerca a la rata—. No, no puedo creerlo, ya se ha vuelto a dormir.
Y era así.
Muchos resoplaron con incredulidad.
—¿Conocías ya a Malfoy?
Harry le explicó el encuentro en el callejón Diagon.
—Oí hablar sobre su familia —dijo Ron en tono lúgubre—. Son algunos de los primeros que volvieron a nuestro lado después de que Quien-tú-sabes desapareció. Dijeron que los habían hechizado. Mi padre no se lo cree.
-Lo que no sé es como alguien pudo creerlo-dijo el señor Weasley.
Dice que el padre de Malfoy no necesita una excusa para pasarse al Lado Oscuro.
Claro que no-pensó Snape.-Solo la promesa de conseguir poder y autoridad.
—Se volvió hacia Hermione—. ¿Podemos ayudarte en algo?
-No me acordaba que seguía allí-dijo Tonks.- ¡La estabais ignorando completamente!
Ron y Harry tuvieron la decencia de parecer arrepentidos.
-Es que… No nos llevábamos muy bien al principio.
-¿En serio? Qué raro-dijo la auror, sorprendida.- ¿Qué fue lo que cambió?
Ron miró a su familia, inseguro. Les había explicado muy por encima el incidente del troll y temía el momento en el que leyesen sobre ello.
-Er… Ya lo verás.
Tonks asintió aunque no le gustaba tener que esperar.
—Mejor que os apresuréis y os cambiéis de ropa. Acabo de ir a la locomotora, le pregunté al conductor y me dijo que ya casi estamos llegando. No os estaríais peleando, ¿verdad? ¡Os vals a meter en líos antes de que lleguemos!
Molly miró a Hermione con aprobación en el rostro. Sirius y los gemelos rodaron los ojos.
—Scabbers se estuvo peleando, no nosotros —dijo Ron, mirándola con rostro severo—. ¿Te importaría salir para que nos cambiemos?
—Muy bien... Vine aquí porque fuera están haciendo chiquilladas y corriendo por los pasillos —dijo Hermione en tono despectivo—.
Al ver las caras de los demás, Hermione se defendió:
-¡Era verdad! Estaban portándose como niños pequeños.
Ron sonrió, burlón:
-¿Y no has pensado que el hecho de que se portasen así se debía a que eran niños?
-¿Y tú no has pensado nunca en ser más amable?-gruñó Hermione.
Ron se encogió de hombros.
-¿La verdad? No.
Hermione puso los ojos en blanco al mismo tiempo que Ginny continuaba leyendo para evitar una pelea entre los dos.
A propósito, ¿te has dado cuenta de que tienes sucia la nariz?
Ginny soltó una risita sabiendo lo mucho que eso molestaría a su hermano pero no dejó de leer.
Ron miró a Hermione con ira, tratando de ocultar su rubor por lo leído. También intentaba esconder su decepción ante el enfado de la chica ya que, durante la lectura de ese capítulo, Hermione había estado más afectuosa con él de lo normal y le molestaba que eso hubiese acabado.
Ron le lanzó una mirada de furia mientras ella salía. Harry miró por la ventanilla.
Estaba oscureciendo. Podía ver montañas y bosques, bajo un cielo de un profundo color púrpura. El tren parecía aminorar la marcha.
Él y Ron se quitaron las camisas y se pusieron las largas túnicas negras. La de Ron era un poco corta para él, y se le podían ver los pantalones de gimnasia.
Nadie hizo ningún comentario.
Una voz retumbó en el tren.
—Llegaremos a Hogwarts dentro de cinco minutos. Por favor, dejen su equipaje en el tren, se lo llevarán por separado al colegio.
El estómago de Harry se retorcía de nervios y Ron, podía verlo, estaba pálido debajo de sus pecas. Llenaron sus bolsillos con lo que quedaba de las golosinas y se reunieron con el resto del grupo que llenaba los pasillos.
-Probablemente no deberíais haberos comido tantas golosinas-dijo Remus.- La mezcla de los nervios con mucha comida suele no acabar bien.
El tren aminoró la marcha, hasta que finalmente se detuvo. Todos se empujaban para salir al pequeño y oscuro andén. Harry se estremeció bajo el frío aire de la noche. Entonces apareció una lámpara moviéndose sobre las cabezas de los alumnos, y Harry oyó una voz conocida:
—¡Primer año! ¡Los de primer año por aquí! ¿Todo bien por ahí, Harry?
La gran cara peluda de Hagrid rebosaba alegría sobre el mar de cabezas.
Muchos sonrieron, contentos de que Harry tuviese a alguien conocido cerca ya que eso le ayudaría a calmar sus nervios.
—Venid, seguidme... ¿Hay más de primer año? Mirad bien dónde pisáis. ¡Los de
primer año, seguidme!
Resbalando y a tientas, siguieron a Hagrid por lo que parecía un estrecho sendero.
Estaba tan oscuro que Harry pensó que debía de haber árboles muy tupidos a ambos lados.
-Ahora que lo pienso es un poco peligroso para los alumnos-dijo Dumbledore, quien había visto la mirada que Molly le había lanzado al escuchar ese fragmento.- Pero por otro lado también lo hace todo más impresionante y misterioso.
La señora Weasley suspiró, muy propio de Dumbledore.
Nadie hablaba mucho. Neville, el chico que había perdido su sapo, lloriqueaba de vez en cuando.
Snape hizo una mueca de desprecio. No sentía nada de agrado hacia Longbottom.
—En un segundo, tendréis la primera visión de Hogwarts —exclamó Hagrid por encima del hombro—, justo al doblar esta curva.
Se produjo un fuerte ¡ooooooh!
Dumbledore sonrió, orgulloso.
El sendero estrecho se abría súbitamente al borde de un gran lago negro. En la punta de una alta montaña, al otro lado, con sus ventanas brillando bajo el cielo estrellado, había un impresionante castillo con muchas torres y torrecillas.
—¡No más de cuatro por bote! —gritó Hagrid, señalando a una flota de botecitos alineados en el agua, al lado de la orilla. Harry y Ron subieron a uno, seguidos por Neville y Hermione.
Sirius pensó que los que iban juntos en ese bote estaban destinados a ser amigos. Él se subió junto a James, Remus y… Bueno, quizá se había equivocado en eso.
—¿Todos habéis subido? —continuó Hagrid, que tenía un bote para él solo—. ¡Venga! ¡ADELANTE!
Y la pequeña flota de botes se movió al mismo tiempo, deslizándose por el lago, que
era tan liso como el cristal. Todos estaban en silencio, contemplando el gran castillo que se elevaba sobre sus cabezas mientras se acercaban cada vez más al risco donde se erigía.
—¡Bajad las cabezas! —exclamó Hagrid, mientras los primeros botes alcanzaban el peñasco. Todos agacharon la cabeza y los botecitos los llevaron a través de una cortina de hiedra, que escondía una ancha abertura en la parte delantera del peñasco. Fueron por un túnel oscuro que parecía conducirlos justo por debajo del castillo, hasta que llegaron a una especie de muelle subterráneo, donde treparon por entre las rocas y los guijarros.
Molly volvió a fruncir el ceño ante la poca seguridad del recorrido.
—¡Eh, tú, el de allí! ¿Es éste tu sapo? —dijo Hagrid, mientras vigilaba los botes y la
gente que bajaba de ellos.
—¡Trevor! —gritó Neville, muy contento, extendiendo las manos.
-Ya era hora…- rió Fred.
Luego subieron por un pasadizo en la roca, detrás de la lámpara de Hagrid, saliendo finalmente a un césped suave y húmedo, a la sombra del castillo.
Subieron por unos escalones de piedra y se reunieron ante la gran puerta de roble.
—¿Estáis todos aquí? Tú, ¿todavía tienes tu sapo?
-Esperemos-dijo George.
Hagrid levantó un gigantesco puño y llamó tres veces a la puerta del castillo.
Ginny colocó el libro encima de la mesa.
-¿Ya está?-preguntó Harry.
-Ajá.- le respondió la chica. Luego miró a su alrededor.- ¿Quién quiere leer?
Vio que Molly levantaba la mano.
-Yo quiero, cariño-dijo con una sonrisa.
Ginny sonrió de vuelta y le entregó el libro.
A/N Pues ya está, otro capítulo acabado. ¡Por fin en Hogwarts! Tenía unas ganas...
Bueno, gracias por leer y hasta pronto :D
