7. Hermy Perry
Esa noche, Ron y Hermione dormían juntos en una cama anexa a la cabaña de Hagrid. De alguna forma, Sirius se las había ingeniado mediante magia para extender la cabaña de Hagrid cual las carpas que habían tenido en el Mundial de Quidditch y dos años atrás durante su viaje por el país; es decir, por fuera se la veía igual, pero ahora por dentro tenía como cinco ambientes, dos baños, un living enorme y hasta una habitación gigante con otra extensión mágica adicional dentro con una cama gigantesca también, construida especialmente para Grawp.
-¿Cómo te sientes? -le preguntó Ron, mientras la abrazaba bajo las sábanas de aquella cama que les habían prestado para que durmieran al quedarse allí esa noche, antes de decidir a dónde ir a continuación, cosa que habían dejado para la mañana siguiente.
-¿A qué te refieres? -preguntó ella.
-Después de todo esto… De todo lo que hemos hablado y toda esta información nueva…
-La vida nunca deja de sorprenderme -dijo Hermione, exhalando un suspiro-. Me acuerdo una vez en que me pregunté si alguna vez tendríamos un año normal en Hogwarts… Pues no solo resultó que no, sino que dos años después de Hogwarts seguimos sin tener un año normal.
Ron lanzó una risita y la abrazó más fuerte.
-Lo sé, lo sé… -se quedó pensativo-. Y ahora nos dicen que existe todo esto de los multiversos… Me parece todo una completa locura.
-Pero es real -dijo ella-. Es todo verdad. En este momento, allí fuera, existen otros mundos donde nosotros mismos vivimos nuestras vidas, solo que de alguna forma diferente.
-¿Alguna vez pensaste que algo así pudiera pasar?
-No, claro que no. ¿Quién podría pensar en algo así? Ya teníamos suficientes problemas y aventuras vividas en nuestro propio universo. Y ahora resulta que no solo hay otro, sino otros, en plural.
-Es demasiado territorio para abarcar… Quizás sea hora de que nos retiremos de todo esto.
-¿A qué te refieres?
-Dejar de ser los protagonistas de tantas aventuras. ¿No crees que merecemos un descanso? Quizás podríamos tomarnos no sé, un año sabático. Dejar que otros se encarguen de todo esto y dar un paso al costado nosotros, quedarnos al margen. Después de todo, siempre terminamos salvando el día para cientos de miles de magos que no hicieron más que quedarse en casa mirando TV mientras nosotros hacíamos todo el trabajo.
-No seas idiota -lo reprendió ella-. En la Segunda Batalla de Hogwarts, la librada hace unos meses contra El Cazador de Brujas, miles de magos de todo el mundo se aparecieron a pelear.
-Sí, tienes razón… Aunque bueno, no tengo problemas en presentarme a pelear un día, en un momento decisivo. Pero estar todo un año trabajando arduamente no es lo mismo que… -advirtió que Hermione le dirigía una mirada resentida en la oscuridad-. De acuerdo, lo siento. No tengo problemas con ayudar a los demás. Me gusta, de hecho. Solo decía que, después de tantos años, uno empieza a preguntarse si alguna vez la vida deparará algo más para nosotros que vivir aventura tras aventura contra magos oscuros. Y multiversos mágicos, ahora.
-¿Estás seguro de que Trelaweney no tenía razón?
-¿De verdad serás tú justamente la que diga eso? Pensé que la odiabas.
-Responde la pregunta. ¿Tienes miedo de que Harry vuelva a este universo? ¿Temes que yo quiera regresar con él?
Ron se quedó pensativo unos instantes, dubitativo.
-No lo sé -reveló-. Después de todo, en el otro universo tú te casas con él, tienen dos hijos… viven toda una vida juntos. Si tú haces eso en ese universo, será porque algo sientes por él. Sino no se me ocurre que pasaras toda tu vida a su lado.
-Olvidas que en ese universo me peleo con él a los pocos meses de nacer los bebés, y hasta acaban poniéndoles apellidos diferentes a los dos hermanos por la pelea entre nosotros.
-Una pelea causada porque uno de los bebés resulta ser una especie de engendro diabólico con genes de Lord Voldemort.
-Una pelea al fin. También olvidas que en este mismo universo, si bien no puedo negar que te engañé con él y que no tengo excusas para eso, he estado a tu lado muchos años y fuiste el primero al que quise como mi novio.
Ron se quedó en silencio unos instantes más, pensando.
-¿Y por qué lo hiciste? -le preguntó entonces-. Pasaron muchos meses, muchísimas cosas pasaron luego… Diablos, demasiadas cosas. Pero aún me queda la duda, ¿sabes? ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué me engañaste con él?
Ahora fue ella la que permaneció en silencio antes de responder.
-Yo te amo, Ron -le dijo, girando la cabeza para mirarlo a los ojos-. Y siempre te amé. ¿Lo sabes?
-Yo también -le dijo él con un hilo de voz, acariciándole el rostro-. Siempre te amé.
-Y siempre quise aparentar ser una chica lista, responsable -añadió ella-. Me he esforzado demasiado en ser eso. En la escuela. En Hogwarts. En mis relaciones también. En todo… Y cuando uno hace eso por demasiado tiempo, cuando uno quiere ser perfecto demasiados años... Cuando estás toda tu niñez y juventud queriendo sobresalir, ser responsable, maduro, ser alguien ejemplar… Pues es inevitable. Llega un punto en que te quiebras y quieres revelarte. Quieres simplemente… -hizo un gesto con la mano, como si apretara algo-. Toda esta cosa del destino, Ron… De que esto fuera lo que el destino me deparaba… Pasé por un momento de locura donde solo quise arrojar toda mi vida por la borda. Vivir algo nuevo. Experimentar algo más. Lo siento, fue la locura que sabía que algún día tenía que hacer. Para desahogarme. Para dejar de ser la tonta Hermione de siempre, para ser una adolescente alocada una vez. Lo hice, no te negaré que lo quise. Y ya pasó. Y ahora he vuelto a ser la de siempre, y quiero estar contigo.
Él se quedó mirándola a los ojos, en esa íntima oscuridad, y finalmente asintió con la cabeza, demostrándole que la entendía, que estaba bien.
-Supongo que eso es lo mejor -le dijo entonces-. Antes que vivir toda una vida juntos odiándonos por la rutina, el cansancio de no alocarse ni una sola vez… Eso sería mucho peor. Ahora has podido sacarlo de tu sistema, y podemos empezar de nuevo, juntos, para tratar de que esta vez no necesitemos tener ese tipo de momentos de locura… ¿es así?
-Sí, claro.
-¿Segura que no quieres vivir más locuras? Porque no me parece para nada mal. Es decir, si aún lo necesitas, podemos ser una de esas parejas liberales, abiertas...
-No, claro que no -ella sonrió y le dio un beso en los labios-. Todo lo que quiero es a ti. Ya no lo necesito.
-¿Estás segura? -insistió él-. De verdad, porque me parecería perfecto si fuera así… Es decir, ya que hablábamos de todo esto de los múltiples universos, ¿qué pasa si resulta que hay uno de ellos donde te hartaste tanto de todo eso, de ser la chica responsable y madura, que acabas alocándote más allá de todo esto, cruzando la línea?
-¿Tanto así? -Hermione parecía divertida por esa posibilidad-. ¿Qué tanto?
-Pues no sé… -Ron se puso a pensar-. Cuando la gente explota así, queriendo rebelarse, puede acabar llegando tan lejos como quiera… ¿Y si…?
-No, Ron, no me pasará eso a mí -dijo ella-. No cruzaré ninguna línea de locura de la que no haya retorno. No creo que un universo así pudiera existir, porque tampoco es para tanto…
…
-Con ustedes, chicos y chicas, brujas y magos… -empezó a decir el presentador, hablándole por micrófono a la inmensa multitud de enloquecidos magos y brujas adolescentes que se apretujaban contra las vallas delanteras del gigantesco estadio, gritando descontrolados.
Todos los adolescentes se volvieron completamente desquiciados y enloquecieron, alzando los brazos, gritando y chillando a viva voz. La multitud estaba fuera de sí. Habían tenido que agregar vallas de refuerzo a todas las filas delanteras del campo de aquel enorme estadio de música para magos de Londres, porque el descontrol había sobrepasado todos los pronósticos y la multitud parecía a punto de destruir las instalaciones en cualquier momento por la euforia y la inmensa excitación.
-Les presento… -continuó el presentador, avivando aún más a la multitud-. A la única… La hermosa… Perfecta… ¡HERMY PERRY!
Alzó los brazos y señaló al escenario tras él, al tiempo que un telón rojo caía al suelo y el griterío en el estadio crecía a niveles tan altos que fue audible a kilómetros de distancia, con el suelo vibrando por la cantidad de pisadas y saltos de los alocados cientos de adolescentes que se empujaban hacia el escenario, saltaban y chillaban.
Hermione apareció ante todos ellos con los brazos en alto, sonriendo ampliamente. No podía vérsela más distinta de lo que jamás hubiera estado en su vida: Por empezar, tenía un costado del cabello rapado, por encima de la oreja izquierda, y el resto de su cabello estaba teñido de rosa chicle en un lado, y violeta oscuro en otro, alisado y atado en una cola de caballo alta.
Por otro lado, su rostro parecía brillar: le habían añadido algo a la piel de su rostro y no dejaba de centellar como un cristal. Sus nariz, pómulos, mentón y dientes parecían haber sido alterados por algún tipo de encantamiento para alcanzar tamaños y estructuras tan perfectas como las de una muñeca Barbie.
Además, su cuerpo parecía haberse transformado también: Sus pechos eran considerablemente mucho más grandes que antes, debido seguramente a algún encantamiento engorgio bien acertado; sus caderas parecían estar más marcadas, y su trasero lucía totalmente firme bajo un pantalón de cuero roto por todas partes, con las tiras de tela colgando. Llevaba un cinturón con tachas y una blusa apretada que marcaba sus pezones.
-¡HOLA, LONDRES! -chilló Hermione, haciendo que la locura creciera a niveles totalmente incontrolables en la multitud-. ¡SOY HERMY PERRY! ¡BIENVENIDOS A MI SHOW!
Los chillidos eran tales que parecía que alguien estuviera torturando a esos jóvenes magos y brujas allí abajo. Algunos chillaban tan fuerte que parecía que estuvieran muriendo. Se desvivían alzando las manos hacia ella, seguramente con alguna ínfima esperanza de que ella fijara sus ojos en ellos.
Sonriendo, Hermione levantó un micrófono al tiempo que la música empezaba a sonar. Tras ella, la banda compuesta por un baterista, un bajista y dos guitarristas empezó a tocar los acordes de uno de sus últimos grandes éxitos: "Nacida para la fiesta dura".
Entre medio de los chillidos impresionantes, la guitarra eléctrica bañó todo el recinto y Hermione empezó a correr y gritar por todo el escenario avivando a la multitud, haciéndole gestos con las manos, pidiéndoles que gritaran más fuerte, fascinada. La chica revoleó el cabello por el aire en un remolino, cantando fuerte y claro la letra de la canción, una melodía de pop/rock.
-¡Espero que les haya gustado! -gritó, al finalizar, con una mano bien en alto, y ocasionando que la multitud entera en conjunto le dedicara un cantito de "¡HERMY PERRY! ¡HERMY PERRY! ¡HERMY PERRY!"-. ¡Esa canción era de mi recién sacado nuevo disco, "Fiesta dura"! ¡Ahora, cambiemos esas guitarras por un poco de REG-GAE-TON!
Al instante, empezó a sonar una canción de su disco más antiguo, el cual igualmente solo tenía dos meses, una mucho más rítmica, con una melodía de reggaetón. Hermione se puso a bailar y mover las caderas en el escenario, sonriendo y lanzando besos a todos, volviéndolos locos a todos.
Luego del show, Hermione estaba detrás del escenario, fumando marihuana de duendes y bebiendo whiskey de fuego.
-Dios, qué intenso estuvo ese show -le decía a Albert, su representante.
-La multitud quedó fascinada -decía él, un mago gay que no dejaba de gesticular con entusiasmo y emoción-. Los dejaste enloquecidos, Hermy. Estuviste fantástica.
-Gracias -dijo ella, llevándose el cigarro de marihuana a la boca e inspirando profundo-. Necesito a un hombre. Ahora. Búscame uno, Albert. Ya sabes cómo.
-Sí, claro, Hermy -el mago le guiñó un ojo-. Como a ti te gustan, diosa. Y con discreción. Enseguida.
Veinte minutos después, Hermione estaba en un cuarto de hotel mágico con un mago musculoso repleto de abdominales bien marcados, rubio y de ojos azules. Casi con profesionalismo, el hombre adulto la desvistió y ella lo arrojó en la cama, enloquecida.
-Penétrame fuerte -le dijo, lanzándose encima de él-. Quiero volverme loca -le hablaba como a un empleado al que le daba órdenes-. Dame con todo.
-Entendido a la perfección -dijo él, con una sonrisa. Se posó sobre ella, cambiando de posición, y empezó a recorrerle todo el cuerpo desnudo con las manos, mientras ella gozaba y cerraba los ojos, apretando fuerte las sábanas. Se notaba que la chica quería sentir descontrol, sentir más y más emociones cada segundo.
El mago sacó su varita y la empezó a pasar por sobre el cuerpo de Hermione, pronunciando palabras en un susurro.
-¡OH! -gimió ella, fascinada-. ¿Qué haces?
-Incremento tu excitación -dijo él, con una sonrisa, pasando la varita por todo su cuerpo-. Te vuelvo una fiera salvaje.
-¡OH, BASTA DE CHARLA! -chilló ella, descontrolada-. ¡HAZLO AHORA!
El mago obedeció, abriéndole las piernas y penetrándola.
-¡MÁS FUERTE! ¡MÁS!
Se movieron fuerte y duro en la cama, haciéndolo con tanta intensidad que la cama empezó a vibrar y pronto se alejaba de la pared y volvía hacia esta, golpeándola.
Hermione gemía con locura, le rasguñaba la musculosa espalda, abría la boca y gritaba de placer. El mago la apuntó de nuevo con la varita e hizo que todo su cuerpo se contorsionara en múltiples estremecimientos, provocándole toda clase de sensaciones extraordinarias.
Mientras tanto, afuera del estadio, dos magos se acercaban a los camarines, mirándose entre sí con nerviosismo y siendo rápidamente obstaculizados por un gigantesco mago de seguridad, aún más musculoso y con apariencia muy intimidante.
-Caballeros, ¿se les ofrece algo?
-Somos amigos de Hermy Perry -dijo uno de ellos, notoriamente nervioso-. Harry Potter y Ron Weasley. ¿Podemos pasar a verla?
-No, no pueden -dijo él, cruzándose de brazos-. Ella no está aquí, y si lo estuviera no se los diría.
Harry asomó la mirada tras el mago, hacia los escondidos camarines que les había costado mucho encontrar ya que no estaban en un lugar para nada fácilmente accesible. Los demás fans no los habían localizado.
-Soy Harry Potter -dijo Harry, muy inseguro-. De seguro me conoce… Sabrá que ella también me conoce.
-Lo único que sé es que, si no se largan de aquí, pasarán a llamarse Cadáver 1 y Cadáver 2, y ella ya no tendrá forma de conocerlos. Ni de reconocerlos, por la forma en que les dejaré la cara.
Sonrió por su propio chiste, que debió considerar muy gracioso.
-Vámonos, Harry -dijo Ron, dándose la vuelta. Con resentimiento, Harry se alejó también tras él, de vuelta hacia afuera del estadio y la enardecida multitud de adolescentes aún descontrolados que se rehusaban a dejar el lugar luego del show.
-¿Qué pasó con ella? -dijo Harry, haciéndose oír entre el estruendo-. Aún no lo entiendo. Pasó tan rápido.
-Lo sé -decía Ron-. Perdí contacto con ella, y de pronto la veo por todos lados, la oigo en todas las radios, todo el mundo habla de ella, se convierte en la nueva estrella pop del mundo mágico. ¿Cómo pasó?
-¡Y no nos habla! -protestó Harry-. Es cierto que ya no nos hablaba de antes, pero igual. Luego de que terminara contigo, tampoco me habló más a mí, y entonces vi que había pasado esto… ¿Cómo habrá pasado? Yo tampoco hablé con ella de vuelta. Y ahora me enteré de esto.
-Es una locura -se lamentaba Ron-. ¡Está tan distinta! Es irreconocible.
Cuando llegaron a una zona menos tumultuosa, pudieron sentarse en un banco en la calle y hablar con más tranquilidad.
-¿Y qué opinas? -dijo Ron entonces, mirando a su amigo.
-¿Qué que opino de qué?
-¿Te gusta más ella ahora?
Harry se detuvo a pensarlo.
-Pues, me gustaría que nos hable. No me gusta esa parte.
-Pero tienes que admitir que está mucho más sexy ahora -dijo Ron entonces, con una media sonrisa.
-Si, lo sé -coincidió Harry-. Pero no deberíamos hablar así, ¿no? Deberíamos lamentarnos. Ya no quiere saber más nada de nosotros, evidentemente. O no le habría dicho a su guardia de seguridad que nos bloquee el paso.
En ese momento, Hermione lanzaba sus últimos chillidos de éxtasis mientras vibraba encima del musculoso mago, no solo haciéndolo con él sino también aspirando un polvo blanco con la nariz al mismo tiempo.
-Oh, madre santa, este polvo de unicornios es genial -dijo la chica, sacudiendo la cabeza con una sonrisa que indicaba que había entrado en un trance psicodélico-. Es como si flotara mientras lo hacemos. Como si me penetraran una manada de… de caballos alados…
Estaba totalmente ida, viendo visiones.
-Mierda, estos caballos penetran fuerte -dijo, mordiéndose el labio.
Lanzó un último gemido y se relajó sobre la cama. El mago se puso de pie, se vistió y se fue, habiendo completado su trabajo. Tenía indicaciones expresas de dejarla sola luego, ya que era lo que a ella le gustaba.
En ese momento, Hermione aspiró más del polvo blanco y se dejó caer desnuda en las sábanas, sonriente.
-Hermosos caballos… -dijo en voz alta, aunque no había nadie allí con ella.
Nada la hacía sentir mejor en todo el universo que estar allí, en ese momento. La vida era tan genial desde que había mandado a la mierda a Harry, a Ron, y a todas las estupideces a las que estaba atada antes.
Ahora, era libre como el viento. Libre de flotar, de sentir emociones intensas. Libre como los caballos alados que veía ante sus ojos.
Y el placer era tan enorme, tan genial. Ella era tan genial. Sabía que era la persona más cool de todo el universo, y que había nacido para vivir aquello.
A la mierda todo lo demás. A la mierda su vida anterior. A la mierda con los Weasley, con Hogwarts, con Harry, con lo que fuera. Había encontrado un verdadero motivo para vivir.
Mientras observaba extasiada esos caballos coloridos que centellaban en todos los colores del arcoíris, se quedó totalmente relajada y desnuda sobre esa cama, pensando en que realmente amaba con todo su corazón a la fiesta dura.
