Era un día soleado en Namimori, el sol apenas estaba saliendo y la primavera ya comenzaba su día mientras estiraba antes de empezar a correr. Cuando vio que había calentado lo suficiente se puso sus audífonos y coloco la lista de sus canciones favoritas.
—Muy bien, Haru romperá su record de ayer. —Dio play a las canciones y con su sonrisa comenzó a recorrer las calles de Namimori.
Ya habían pasado unos días desde que se había convertido en el Arcobaleno del cielo, al igual que sus entrenamientos con Kawahira, los cuales eran diferentes cada día, y según variaban la dificultad aumentaba. El peliblanco el primer día la había hecho meditar durante más de tres horas sin poder moverse, porque si lo hacía debía empezar de nuevo y eso había sido muy tedioso para alguien que no podía dejar de moverse.
Haru comenzó a escalar los muros que encontraba para agregar más dificultad, lo cual le tomo mucho más tiempo debido a que aún no tenía la fuerza necesaria para hacerlo. Kawahira le había dicho eso y por ello le había ordenado que todos los días se levantase apenas saliera el sol y recorriese toda Namimori antes de ir a estudiar, cosa que los primeros días fue agotador, y aun lo era para ella, aunque ya le estaba empezando a tomar el ritmo.
Mientras tanto en la casa de los Sawada un apresurado castaño corría desesperado por todo el lugar pues, ese día había quedado en que iría a recoger a su novia y solo le quedaban unos minutos.
—¡¿Reborn por qué no me despertaste más temprano?! —El castaño cayó al suelo luego de que su tutor le golpeara con un gran maso verde. —¡No me golpees!
—¿Me estás dando órdenes Dame-Tsuna? —El brillo asesino en sus ojos fue suficiente para que negara y retrocediera. —Eso pensé, ahora apúrate que solo te quedan cinco minutos. —El castaño dio su típico grito de chica y salió corriendo como alma que lleva el diablo, y Reborn solo lo seguía.
—¡Nos vemos Mama! —Se despidió de su madre y salió a toda velocidad. El castaño corría desesperado mientras era visto por su tutor, quien solo sonreía disfrutando de la desesperación de su alumno. Pero esa sonrisa se fue cuando su pacificador comenzó a brillar levemente, como cuando hay una Arcobaleno cerca. Sabía que ninguno de sus compañeros era, ellos tenían misiones así que solo quedaba una posibilidad. Oculto sus ojos con su fedora y comenzó a avanzar buscando el origen de la señal.
Haru paro un momento mientras recuperaba el aire, hoy había recorrido Namimori en menos tiempo que ayer y eso le alegraba. Tomo su botella comenzó a beber el agua en calma, pero cuando vio como el pacificador comenzaba a brillar entre sus ropas se alarmo y escupió el agua asustada.
—Esto no puede ser bueno. —Haru guardo sus cosas y comenzó a correr buscando algún escondite. —Alguien debe estar cerca, Haru debe esconderse. —La castaña pensó en ir hasta la casa de Kawahira, pero en ese momento estaba lejos y no lograría llegar sin antes toparse con quien fuera que estaba dando esa señal. Chasqueo su lengua y corría más deprisa buscando un escondite, el brillo comenzaba a aumentar, indicando que estaba más cerca del origen de la señal.
Reborn corría deprisa, buscando el lugar donde estuviera el Arcobaleno, de alguna manera una sensación lo inquietaba, y sentía que debía saber quién era el causante de aquello, tenía que descubrirlo. Tomo a León quien se convirtió en unos binoculares y comenzó a observar todo el lugar desde el edificio más alto.
Haru corría y estaba a punto de voltear en una esquina, pero justo antes de hacerlo logro ver el brillo desde el edificio y resbalando logro esconderse antes que el Hitman la enfocara a ella. Se recargo contra la pared, rogando por que el sol no la hubiese visto.
—Esto es malo, a este paso Reborn-chan me descubrirá. —Haru comenzó a temblar, en ese momento desearía que Kawahira estuviese con ella, pero no era así. —Tengo que calmarme. —Con cuidado se sentó en el suelo, mientras juntaba sus manos y cerraba sus ojos. —Concéntrate. —Haru comenzó a meditar, intentando lograr que el pacificador dejara de brillar.
Reborn enfoco su vista en aquel lugar, juraba haber visto algo y su pacificador había aumentado su brillo, así que León se convirtió en un paracaídas y salto en esa dirección.
Haru seguía concentrada, intentado canalizar la energía y para su suerte el pacificador estaba reduciendo su brillo.
—Solo un poco más. —Lastima no tuviera tanto tiempo, el hitman había aterrizado a solo unos metros y con su arma en mano comenzó a acercarse. Haru lo sentía y se sentía más nerviosa, aun así respiro profundo y se tranquilizó y para su suerte el pacificador dejo de brillar, junto con el del sol quien alarmado apresuro su paso.
Cuando Reborn llego ahí no había nada, solo las personas que pasaban tranquilamente. Bajo su arma la cual se convirtió en León y frustrado siguió caminando, con la esperanza de que el pacificador diera señales de que estuviera cerca, cosa que no sucedió. Cuando estaba cruzando una calle una puerta se abrió y de ella salió la castaña quien tenía un café en mano.
—¡Reborn-chan! —Saludo la castaña mientras se agachaba a su altura, y aunque no lo demostrara Reborn estaba sorprendido, pues hace un tiempo que no veía a Haru y ella se veía muy diferente como la recordaba, tenía algo extraño.
—Haru, que bueno verte. Hace mucho que no te veía. —La castaña sonrió como siempre, y Reborn sintió una calidez extraña llegarle al verla sonreír.
—Haru ha estado algo ocupada últimamente, por eso no ha tenido mucho tiempo. —Haru le extendió el café, y Reborn seguía mirando curioso a la castaña. —Compre este café pero es muy fuerte para Haru, puedes beberlo Reborn-chan. —El bebe lo tomo y miro a Haru aun sorprendido, la castaña tenía una especie de aura que se le hacía familiar pero a la vez era diferente, no lo entendía pero sentía que ella escondía algo.
—Gracias Haru, espero vayas a la reunión que habrá hoy en la tarde. —Haru lo miro sorprendida, hace mucho que no la invitaban así que le dio una cálida sonrisa al sol.
—Hoy tengo unas cosas que atender Reborn-chan, pero si Haru termina pronto ahí estará. —Por primera vez en mucho tiempo, Reborn sonrió sinceramente, la chica que tenía frente a él había vuelto a ser la tierna niña que era en un principio, antes de que su Dame alumno metiera la pata.
—Muy bien Haru, te veré entonces después. —La castaña se despidió y siguió su camino, mientras el Arcobaleno del sol no podía dejar de pensar en ella y en lo mucho que su aura había cambiado, de alguna manera sentía que debía estar al lado de ella y protegerla.
Cuando perdió de vista a Reborn, Haru soltó un gran suspiro de alivio. Falto muy poco para que hubiese sido descubierta y ella no hubiera podido dar explicaciones a algo que ni ella terminaba de entender. Ella miro la hora y vio que ya casi era la hora de ir a Midori, así que tomo sus cosas y fue deprisa para llegar a tiempo.
Mientras Haru corría un peliblanco la miraba divertido, pues ahora que la castaña sabía el riesgo que tenía que vivir se esforzaría más en sus entrenamientos. No es que no lo hiciera, pero ahora daría lo mejor de ella para protegerse a ella, y el pacificador.
—¿No crees que es mucha responsabilidad para una chica tan pequeña? —Hablo una voz detrás del peliblanco, quien quito su sonrisa al oír el comentario.
—Lo es, pero en estos momento no estamos en la mejor situación para juzgar quien es apto y quién no. —La voz tras él soltó un suspiro.
—Aun así, es muy pronto para elegir a alguien. ¿Qué pasa si sucede lo mismo que con la hija de Aria? —Kawahira callo por unos momentos, antes de voltear y encarar al invitado misterioso.
—Lo que sucedió con ella no fue causado por hacerlo antes de tiempo, fue porque el pacificador rechazo sus llamas del cielo. —El peliblanco acomodo sus lentes. —El Trinisette necesita un cielo y lo necesita ahora. —La otra voz volvió a suspirar.
—Lo sé, aun así temo por el pacificador. ¿Cómo puedes estar tan seguro que ella lograra soportar todo el poder que le brinda el mismo? —Kawahira lo miro por un rato y después se acercó, logrando visualizar mejor a su invitado.
—Por eso no debemos preocuparnos, pues ella tiene el poder necesario para controlarlo. —Dijo esto con una sonrisa. —Imagina que su poder es tal que con solo su determinación logro reparar el pacificador. —Aunque no lo veía bien sabía que su invitado estaba sorprendido. —El pacificador nunca se equivoca en escoger a su portador y lo sabes muy bien. —La otra voz no respondió. —Por eso necesito tu ayuda. —Su invitado dudo unos momentos, pero después respondió.
—¿Qué se supone que debo hacer? —Kawahira solo sonrió misteriosamente, dándole un mal presentimiento al otro.
—¡Nos vemos mañana Haru-chan! —Se despedían unas compañeras mientras Haru caminaba en dirección opuesta.
—¡Hasta mañana chicas! —Haru sonrió y siguió su camino hacia la casa de Kawahira. Él le había dicho que su entrenamiento de hoy sería diferente, y por algún extraño motivo sentía que sería algo bueno y tenía ganas de saber sobre que seria. La castaña cerró sus ojos pensando en todo lo que había sucedido, y no pudo evitar reprimir una sonrisa. —Haru es muy feliz ahora… —Tan distraída estaba que no se dio cuenta cuando choco con alguien causando que la otra persona soltara unas cajas de sus manos. —¡Hahi, Haru lo siente mucho desu! —Dijo mientras hacia una reverencia la castaña.
—¿H-Haru? —La nombrada se sorprendió y alzo su mirada, encontrándose con el cielo de los Vongola.
—¡Tsunayoshi-san! —El castaño, quien se sorprendido de ver a Haru sintió nuevamente como su corazón se estrujaba al oír a Haru decir su nombre tan cortante. —Lo siento mucho, no me fije por donde iba. —La castaña se agacho y recogió los objetos que cayeron de manos del décimo. —Aquí tiene Tsunayoshi-san. —Haru le tendió sus cosas mientras hacia otra reverencia y no lo miraba a los ojos, los cuales tenían un brillo con cierta tristeza y tomo sus cosas. —Ahora si me disculpa tengo unos asuntos que atender. —Haru le sonrió con cariño, porque a pesar de todo ella lo seguía queriendo, y después siguió su camino.
—¡Haru! —La castaña se giró al oír su nombre y vio como Tsuna tenía un pequeño sonrojo en su cara. —Hoy habrá una reunión en mi casa, y esperaba verte ahí… —Haru le sonrió tiernamente, y el sonrojo del décimo aumento.
—Gracias por la invitación, pero Haru debe hacer algo antes. —Tsuna sintió un cosquilleo cuando lo oyó hablar en tercera persona. —Si me desocupo iré en cuanto pueda. —Tsuna solo asintió nervioso, y no entendía el porqué. Haru le sonrió y siguió su camino dejando a un confundido castaño.
La castaña seguía caminando mientras pensaba en lo ocurrido, de alguna manera el encuentro con el castaño fue sorpresivo, pero a la vez sintió que se liberó de un peso sobre sus hombros pues ahora que estaba aprendiendo a controlar sus emociones ya podía mantenerse a raya. Con ese pensamiento llego a la casa de Kawahira y toco.
—¡Haru! —Kawahira abrió y antes de que ella pudiera saludar la tomo de la muñeca y la arrastro dentro del lugar.
—¡Hahi! ¿Sucede algo malo Kawahira-san? —Pregunto extrañada mientras seguía siendo arrastrada por el peliblanco al cuarto de las leyendas.
—¿Recuerdas que te dije que el entrenamiento de hoy sería diferente? —Ella asintió. —Pues así será, porque no te lo daré yo. —Haru abrió sus ojos sorprendida mientras llegaban al gran salón.
—¿Entonces quien entrenara a Haru? —Si Haru conociera mejor al peliblanco, sabría que sonrió macabramente.
—Es un viejo amigo que me debe un par de favores. —Ambos entraron al Salón y Haru miro asombrada como en medio del lugar se hallaba un bebe con todo su rostro cubierto en vendas y un sombrero, pero sin duda lo que más le impresiono fue el pacificador sin color que colgaba de su cuello. —Te presento a… Bermuda. Él será quien te entrenara hoy. —Definitivamente, esto no se lo esperaba la castaña.
