Disclaimer: Los personajes le pertenecen a ChiNoMiko y Beemoov, Battle Royale es creación de Koushun Takami, yo solo los tomo prestados para mis fantasías ocasionales.

Rating: M

Advertencias: Es la historia de un Battle Royale, todos contra todos, las personas mueren, pasan cosas tristes.

Notas: Actualización de vacaciones. Gracias a todos los que se toman el tiempo de leer, especialmente a Desbun, Love You, karlayunuen y fuckthehopes (es genial tenerte de vuelta!~~) por sus lindos reviews, son gente genial por no desearme nada especialmente malo por el capítulo anterior.


Capítulo 7: ¿Cuál es la diferencia entre un rey y su caballo?

Forgive us now for what we've done, it started out as a bit of fun
Here, take these before we run away, the keys to the gulag
Oh children
Lift up your voice, lift up your voice
Children
Rejoice, rejoice

O'Children - Nick Cave

[Cause tramps like us, baby we were born to run ]

5:00 hrs

Melody tenía un plan.

Se cargaría a Iris. Cosa bastante sencilla teniendo en cuenta que la muchacha dormía profundamente en la misma habitación, además, con Castiel ahí, herido e inconsciente, sería pan comido culparle por la muerte de la chica y dispararle con su ballesta también.

Tendría una excusa, puede que las otras no le creyeran pero tampoco le saltarían encima, por si acaso decía la verdad. Después de eso todo era cuestión de esperar a que Kim cayera dormida, matarla y coger todas las armas que pudiera cargar.

Violeta era poco más que una amenaza menor.

Después de eso jugaría a ganar, probablemente dejaría que los fuertes se eliminaran entre ellos antes de hacerse notar, sabía que no sería fácil pero al menos tenía la seguridad de que Amber y Sucrette acabarían destrozándose la una a la otra, y tomando en cuenta lo poco que se agradaban, Nathaniel y Kentin seguirían el mismo camino.

Y eso ya eran cuatro jugadores difíciles menos.

Todo comenzaba con clavarle una flecha en la nuca a Iris, así nunca se enteraría de la horrible persona que era Melody.

Y lo intentó, de verdad que sí. Le apuntó a su figura dormida con la ballesta, dejo que su dedo bailara sobre el gatillo y no cambio su posición ni siquiera cuando un par de orbes azules se abrieron lentamente, poco a poco comprendiendo lo que estaba pasando.

Iris reacciono de forma muy diferente a lo que esperaba, no se puso a chillar o a recalcarle lo terrible que era, en su lugar, se incorporó lentamente, en silencio, dedicándole una mirada tan tranquila que a Melody se le erizaron los vellos de la nuca.

Y caminó hacia ella, pasos largos y constantes, pasó la punta de la ballesta sin dedicarle si quiera una mirada, y suavemente tomó su mano libre entre la suya, dándole un apretón, después, con la misma delicadeza pasó otra mano detrás de su nuca, obligándola a descansar la frente en su hombro.

— Esta bien—susurró.

Temblando, Melody dejó caer la ballesta. No estaba bien, por supuesto que no estaba bien.

— Todo está bien—repitió Iris, como leyendo sus pensamientos.

Cuando se separaron, Iris recogió la ballesta, regresándosela con una sonrisa, luego volvió al lado de Castiel, cambió el trapo húmedo de su frente y murmuró aliviada algo parecido a que la fiebre había bajado.

— Melody —la chica se estremeció ante la mención de su nombre— No creo que estés equivocada.

A veces, dependiendo de la luz, los ojos de Iris también podían ser verdes, del color de las esmeraldas.

— He estado pensando, creo que decidir jugar como no hacerlo requiere de mucho valor. No hay nada malo con matar, estoy segura de que todos tienen sus razones. Por eso quiero que sepas que si las cosas llegan a eso, yo te entiendo.

Por un momento Melody considera la idea de estar soñando, porque si hay algo que nunca espero escuchar de la boca de Iris, era aquello.

— ¿Quieres que nos vayamos de aquí?

— ¿Qué tratas de decir?

— Podemos esperar a que Kim tome una siesta y marcharnos, creo que si formamos un equipo y nos protegemos la una a la otra tenemos más oportunidades de ganar, me gustaría seguir a tu lado. Al menos hasta que quedemos solo las dos.

Entonces, cuando llegue el momento, no seré un objetivo fácil, aunque se trate de ti.

Por extraño que parezca, un peso se levantó de sus hombros.

El Programa se enorgullecía de su capacidad para revelar el verdadero rostro de sus participantes, Melody aún no decidía si aquello era correcto o simplemente sacaba lo peor de cada uno, si traía a la luz ambas caras o si estas eran una misma identidad.

No estaba segura de nada además de que quería vivir, sin importar el costo, después de todo solo tenía quince años.

Quizá perder juntas su humanidad fuese mucho más fácil.

— Muy bien. Hasta que quedemos solo las dos.

6:10 hrs

— ¿Qué opinas del plan de los chicos?

Desde una esquina de la habitación, Melody observaba a Iris, después de rogarle a Kim que dejaran a Castiel quedarse con ellas, al menos mientras permanecía inconsciente, la chica se había dedicado a limpiar las heridas de bala lo mejor que podía dada la situación, de alguna forma había conseguido detener el sangrado.

Melody era partidaria de darle un tiro mientras aún tenían la oportunidad, Kim era otro poco de lo mismo, eso o simplemente dejarlo morir, no es que su opinión importara, Iris les había ignorado y sus heridas no eran tan graves como para no ser tratadas, según ella, simplemente perdió el conocimiento porque estaba exhausto.

Era verdad que Castiel se veía como la clase de idiota que se olvida de comer o dormir.

La única condición de Kim para permitir la entrada de Castiel al faro era registrarlo de pies a cabeza y quitarle cualquier objeto peligroso, cosa que hicieron en cuanto Iris consideró que su vida ya no estaba en peligro. En el bolsillo de su chaqueta encontraron una hoja de papel cuidadosamente doblada, donde la pulcra letra de Nathaniel explicaba, paso por paso, un plan para huir de la isla.

Melody entrecerró los ojos y frunció los labios, meditando su respuesta. Una especie de escalofrío recorrió su espalda, miedo, ya lo había estado pensando, comenzaba a temer que Iris cambiara de opinión, que la abandonara.

— Es una pérdida de tiempo—soltó, frente en alto, intentando sonar segura—el Programa ha funcionado por décadas y nadie ha escapado.

Iris machacó un par de aspirinas para después diluirlas en agua, pensando.

— Sin embargo, es idea de Nathaniel…—alzó la cabeza de Castiel con una mano, dándole pequeños tragos de la mezcla. Melody mordió el interior de su mejilla, estaba perdiendo a Iris.

— Nathaniel no es especial—soltó, quizá sonando más desesperada de lo que le gustaría— Él no puede sacarnos de aquí.

No son especiales, ninguno de ellos lo era, una verdad que decidió golpearla con fuerza desde el momento en el que puso un pie en aquella isla. A Melody le gustaba mentirse a sí misma, por eso la realidad que recaía sobre sus hombros—sobre sí misma, sus sentimientos y Nathaniel—era cada vez más pesada, sin Iris a su lado seguramente acabaría por aplastarla.

Melody podría decirle muchas cosas a Iris, palabras reconfortantes y menos egoístas que las que estaban a punto de salir de su boca, pero lo cierto es que ella no tenía fe en aquel plan, incluso si la presencia de Nathaniel fuese suficiente para convencerla, no quería tomarlo, prefería ir por algo seguro y ganar el juego, pero sobre todas las cosas, no quería pasar por aquello sola.

Por eso se aseguraría de arrastrar a Iris con ella.

— La razón por la que quieres salir de aquí es tu familia ¿no? Escapar es un crimen, vivirías como un fugitivo y si no consiguen encontrarte ¿por quién crees que irán? Tu madre y tu hermano. Eso solo si logras salir de la isla.

Con el corazón en un puño observó como Iris bajaba la mirada, abandonando cualquier esperanza de tener otra alternativa. Estaba bien, después de todo no mentía, era lo correcto.

La vio suspirar y abrir la maleta que habían llenado con medicinas, pasando una generosa cantidad de cajas de aspirinas y vendas a su propia mochila, después contó su munición y con una mano que ya no temblaba cogió su revólver.

— Me parece que Castiel estará bien ahora—la mirada que le dedicó después casi la deja helada, era la viva imagen de la determinación— Y Kim lleva alrededor de media hora dormida.

Melody asintió y abrió la puerta de la habitación con cuidado, lo que menos quería era llamar la atención de cualquier otra persona, ella no necesitaba prepararse, estaba lista para marcharse desde el primer momento.

— Iris—la llamó, con el vago gesto de una sonrisa le tendió una mano. Iris, por su parte, sí que consiguió formar su sonrisa habitual, esa tan grande que achicaba sus ojos, que conseguía transmitirle calidez y el recuerdo de lo que era solo dos días atrás, y le cogió la mano, dándole un apretón.

Así, manos entrelazadas, caminaron dentro de lo desconocido, el día comenzaba a aclarar y un cielo nublado se alzaba sobre ellas.

Irían juntas, hasta que solo quedaran las dos.

#

6:35 hrs

Un disparo. El sonido se expande, la isla se encarga de hacerle eco, es un recordatorio de por qué y para que están ahí, no tienen permitido olvidarlo.

Sucrette se tira al suelo y rueda sobre su estómago, segundos después ya está sobre sus dos pies, corriendo directo a Amber, antes de que pueda tirar del gatillo otra vez, suelta una patada y el revólver vuela por los aires.

Amber entrecierra los ojos y agita el brazo donde recibió el golpe, realmente esperaba no tener ningún enfrentamiento cuerpo a cuerpo, claro que la idiota de Sucrette tiene que llegar y arruinarle eso. Solo tiene tiempo para dar un paso atrás antes de que Sucrette se le eche encima, enseñando los dientes y navaja en mano.

Siente el corte en su mejilla y la rabia reptando por su ser.

— Marcaste mi cara—gruñe, no puede permitirse tener una cicatriz, no si va a salir de ahí para ser reconocida por todos.

Ambas caen al suelo, sin embargo, esta vez Amber es rápida, saca la máquina de electroshocks que consiguió de Rosalya de su bolsillo trasero y le da una descarga directa a Sucrette, quien chilla y se aparta.

Con la mirada busca su revólver, se distrae, por eso no lo ve venir, Sucrette le tira una patada en el estómago y la tumba otra vez, clavándole la navaja en el hombro sin dedicarle más de un pensamiento.

Bueno, eso definitivamente va a dejar su marca. La coge de la cabellera—cosa que es difícil, teniendo en cuenta que la mata de cabello negro apenas le rebasa los hombros—y la azota contra el suelo, la odia, odia a las personas como ella, gente que lo tiene todo fácil, al alcance de la mano, y ni siquiera lo nota.

La odia.

En alguna parte del camino pierde su arma, no importa, Sucrette tampoco puede alcanzar su navaja. Toma su cuello entre sus manos y aplica toda la fuerza de la que es capaz, Sucrette hace lo mismo, cuando una se queda sin aire, aprieta más fuerte, es un círculo vicioso.

Todo se reduce a quien consiga aguantar más.

Para salir de la isla tienes que convertirte en rey.

En la etapa final los jugadores que quedan son prácticamente lo mismo en cuanto a habilidad física y mental, para que uno se alce sobre los demás ¿Qué necesita? Simple, llevar en la sangre el deseo de batallas y de triturar a tus enemigos, ni una gota de piedad, saber que el trono te pertenece por derecho.

Para ser rey se nace, en caso de querer desafiar eso necesitas una cosa, instinto.

Amber y Sucrette lo tenían. Notaron el cambio en el aire enseguida, la calma aplastante antes de la tormenta, lo vieron venir un segundo antes de que fuera demasiado tarde.

Viktor se deslizaba montaña abajo tan rápido que era difícil de creer. El saco negro que se alzaba con el viento, su capa, el brillo en sus ojos, escondido detrás de un rostro inexpresivo, su corona.

Para el momento en el que la primera ráfaga de balas llegó hasta donde estaban, Amber y Sucrette ya se habían separado, cogiendo sus maletas al vuelo antes de salir corriendo en direcciones contrarias. Solo podían huir y esperar que persiguiera a la otra.

En realidad, Sucrette no esperaba nada, sabía con seguridad por quien iría.

Y esa era la verdadera tragedia, por el rabillo del ojo vio como Viktor le pisaba los talones y le apuntaba con una pistola más pequeña, no podía parar o desacelerar, si lo hacía, la cogería. No tenía tiempo para intentar dispararle, aceleró el paso, hasta que unos cuantos metros adelante encontró el final del camino, un risco.

Cuando la primera bala impactó sobre su cuerpo, siguió corriendo, cuando la tercera y la cuarta hicieron su camino hasta ella, solo aceleró. No quería que la cogiera, no podía permitir aquello.

Casi prefería caer a manos de Amber que pasar por lo que Viktor le tenía preparado.

Vio con desesperación como se acercaba cada vez más y más al risco pero no podía encontrar una solución, su cuerpo había tomado el mando y se limitaba a acelerar más y más, a nunca parar.

Hay cierta altura en la que caer en agua es lo mismo que caer en concreto ¿Cuántos metros eran? Quizá veinte o treinta ¿Qué tan alto era ese risco? No tenía idea, no importaba, ya no tenía tiempo.

Se lanzó como un bólido hacía adelante. Mientras corría ocurrió algo curioso, no pensó en lo mucho que quería vivir, lo que acudió a su mente fue pasearse con Rosalya por el instituto cuando las cosas se ponían aburridas en clase, su tía pasando cada domingo horneando galletas quemadas que siempre acababan comiendo, se vio a sí misma desayunando con sus padres, no recordaba un solo día en el que no hubiese compartido al menos una comida con ellos, vio a Castiel haciendo el tonto con la guitarra en su departamento, dándole el honor de un concierto personal antes de que se volviese famoso.

Quería vivir para aquellas cosas, a su vez, ganando el Programa las perdía.

Cuando la verdad cayó sobre ella, sus ojos se abrieron como platos.

Llegó al final del camino. Alzó los brazos en un pobre intento de proteger su cabeza.

Y saltó.

#

En el borde del risco hay una figura.

Viktor.

Las manos aún le tiemblan, la respiración agitada, no precisamente por la carrera.

Estuvo tan cerca, tan cerca de su objetivo. Mira la mano con la que jalo el gatillo al menos unas cinco veces, creyó que eso sería capaz de detenerla, es la misma mano con la que le acarició un mechón de cabello horas atrás, cuando la tenía a solo un palmo de distancia.

Se concentra en el mar, buscando un milagro.

Nada, solo las olas rompiendo contra la costa.

— Esta muerta—murmura, casi parece decepcionado.

Eso le quita todo propósito. Mete las manos en los bolsillos de su pantalón y con la punta de su zapato patea una piedra risco abajo, para que siga el mismo camino que Sucrette.

Lo mejor es salir de ahí antes de que se vuelva aburrido, mentalmente cuenta el número de estudiantes que quedan, doce no son demasiado, acabará con ellos antes del anochecer.

Probablemente en menos tiempo.

6:40

— Abajo.

Melody e Iris se tiran pecho tierra, han conseguido llegar a lo alto de la montaña antes de encontrarse con nadie y se puede decir que tienen un poco de suerte, desde donde están es imposible que las vean, además es una posición ventajosa para las armas que tienen.

— Déjame a mí—susurra, después apunta con su ballesta a la cabeza más visible. Prefiere hacerlo ella porque su arma es silenciosa, además tiene miedo de que Iris se rompa si le deja la tarea y llega a acertar.

Alexy y Armin se detienen abruptamente, el primero le señala algo a su hermano, un pequeño aparato, Armin carga con mucho cuidado una lata, probablemente la bomba de la que están tan orgullosos.

Ah, la zona no-prohibida más cercana a la escuela está en aquella dirección.

Ambos escudriñan el bosque. Melody decide aprovechar que no se están moviendo, dispara, después aprieta los dientes, ha conseguido darle a Alexy, sin embargo solo le ha atravesado el hombro, esta muy lejos de matarlo.

Antes de que pueda apuntar otra vez, Armin ya esta dando un par de tiros en su dirección, entonces Iris decide que es hora de intervenir y dispara también. Todas las balas se pierden, Alexy aprovecha bien los segundos y consigue arrastrar a su hermano fuera de ahí, pies en pólvora, a pesar de su hombro herido.

Melody decide hacer lo mismo—el ruido nunca atrae a personas deseables—coge la mano de Iris y corren en dirección contraria. Cuando consideran que han recorrido una buena distancia se sientan a descansar, Melody es la primera en hablar.

— Armin estaba tirando a matar—el recuerdo de sus ojos al disparar le dan escalofríos— Es extraño, no sabía que era un asesino.

— Sí, bueno, yo tampoco sabía que nosotras lo éramos—Iris se ve tranquila, dentro de lo que cabe, cuenta sus balas otra vez, preparándose, más que nada, parece decepcionada de sí misma, resignada.

— Tú aún no has matado a nadie—se calla a media frase, dándose cuenta de su error, claramente se ha excluido a sí misma, pero Iris se limita a sonreírle, optando por no hacer preguntas, Melody respira otra vez— ¿Estarás bien? Creí que Armin te interesaba.

Iris sacude la cabeza.

— Nunca me he fijado demasiado en nadie, eso creo… ¿Qué hay de ti? Nathaniel sigue allá afuera.

Melody mira su arruinada manicura otra vez, meditando, finalmente decide que ya que esas son sus últimas horas juntas, estaría bien ser honesta.

— Cuando llegué aquí me di cuenta de algo, no estoy enamorada de Nathaniel, si lo estuviera decidiría dar mi vida por él o algo parecido ¿no? Pero estoy dispuesta a matarlo. Después de pensarlo mucho llegue a la conclusión de que quererlo me hacía mejor persona, ya sabes, como es alguien tan correcto, si tenía algo con él entonces era superior a Sucrette, que seguía a un vago como Castiel, o Rosalya, que salía con un hombre mayor, algo así, probablemente quería probarme algo a mí misma.

— ¿Un capricho?— Melody asiente— Ya veo, que mal, ninguna de las dos consiguió enamorarse de nadie.

— Aunque en su momento realmente creí que lo estaba…me pregunto si sería capaz de sacrificarme por ti.

Por unos segundos, Iris le mira con los ojos muy abiertos antes de soltar una risita.

— Ese no es nuestro trato ¿verdad? Me sentiría mal si haces algo así.

Melody echó su cabeza a un lado, observando a su compañera, una idea cruzando su mente. Sin pensarlo, hablo, sintiéndose mucho más segura para ser honesta y la horrible persona que era, al menos con ella.

— Iris, no eres tan buena como todo el mundo cree.

La chica, que había recargado la cabeza sobre sus rodillas, la miró por encima del flequillo.

— ¿Es eso tan terrible?

— No, me gustas más.

#

Louis observa el gran radar con una sonrisa y una taza de café en la mano. Lo ha conseguido, quizá ese pequeño encuentro anime un poco la fiesta y le de algo que ver.

Sus ojos se mueven, siguiendo al par de puntos rojos acercarse cada vez más, el número dos y el número trece, ambos niños de mamá y papá.

Cinco metros, tres, dos, uno.

Finalmente colisionan.

12:10 hrs

Castiel parpadeó.

¿Dónde estaba? El sótano, en el instituto. Lysandro, sentado a su lado, le dedicó una mirada antes de tenderle su libreta.

— ¿Qué te parece esta letra?— usaba la típica sonrisa que guardaba para aquellos que conseguían su aprecio, todo parecía normal y tranquilo.

Algo iba realmente mal.

Intento reprimir aquella sensación de inseguridad y cogió la libreta, sintió un vacío.

«Los muertos ya no están, los vivos tienen hambre»

— ¿Desde cuando escribes cosas tan obscuras? Más bien ¿desde cuando escribes algo que no tenga que ver con amor?

Lysandro se encogió de hombros, desentendiéndose del asunto.

— Solo me parece algo que es importante tener en cuenta ¿no crees?

Castiel miró a su alrededor, todo parecía en orden, su guitarra descansaba en su regazo y Lysandro no se veía especialmente mortificado, no conseguía comprender porque se sentía tan fuera de lugar, como si hubiese olvidado algo importante, no entendía porque Lysandro lo miraba como si quisiese que comprendiera algo.

Sucrette.

— Lysandro, es hora— Rosalya, parada en el hueco de las escaleras, llamaba a su amigo con la voz más amable que le había escuchado formular jamás. También sonreía, de una forma triste quizá.

«Los muertos ya no están, los vivos tienen hambre»

Lysandro se levantó y sacudió el polvo de su traje, después suspiró y le dedicó una expresión culpable.

— Lamento dejarte en un momento tan difícil. Parece que yo no era el indicado para la tarea pero estoy seguro de que tú lo conseguirás. Tienes que hacerlo, por el bien de todos.

— ¿Qué estás diciendo?— soltó, casi molesto, le sacaba de quicio no enterarse de nada.

— Recuerda la letra de hoy—sin más explicaciones, Lysandro apretó su hombro al pasar, con afecto, y subió las escaleras para reunirse con Rosalya.

Antes de que desapareciera de su vista, Castiel llamó su atención.

— Lysandro ¿A dónde vas?

El chico desvió la mirada, dubitativo, después le dedicó el gesto que reservaba para cuando quería hacerse el interesante, parecía casi divertido.

— Es verdad ¿A dónde voy?

Con media sonrisa desapareció junto a Rosalya, cerrando la puerta al salir.

Castiel tuvo el terrible presentimiento de que si lo dejaba ir, no sería capaz de verlo otra vez.

«Los muertos ya no están, los vivos tienen hambre»

Corrió escaleras arriba y abrió la puerta de un jalón, Lysandro no estaba ahí, en su lugar, casi de forma inmediata, sintió como un halo de luz blanca se lo tragaba.

#

Castiel se incorporó con violencia, la respiración agitada y el corazón a mil por hora, miró a su alrededor de forma casi frenética.

Una pesadilla.

Estaba en una cama, el pecho desnudo y un montón de vendas cubriéndole el torso, el hombro le punzaba al moverlo. Era verdad, le habían disparado.

Ahí estaba Kim, mirándolo con algo parecido a la pena.

— Estas vivo—suelta a secas.

— Que desgracia—masculla. La chica se movía con precaución pero al menos no le apuntaba con ningún arma como en sus recuerdos.

— Aquí—le tendió un par de esas asquerosas barras de pan que el gobierno quería hacer pasar por comida, Castiel las tomó porque eran mejor que nada, no había notado lo hambriento que estaba.

— Iris te salvo la vida, agradécele, de estar en mis manos los demás ya habrían tachado tu nombre de sus listas.

Castiel sabía que había poca verdad en sus palabras, Kim era lo suficientemente fuerte como para hacer su voluntad, aún a expensas de Iris, si eso era lo que realmente quería. Tampoco iba a fiarse de ella, se palpo la cadera, ya se lo esperaba pero sin su daga o la pistola se sentía desnudo.

— Tendrás tus armas de vuelta cuando te vayas—dijo, leyendo sus pensamientos.

— ¿Dónde está ella? Iris—su voz se sentía especialmente ronca, Kim también pareció notar aquello porque le tendió una botella de agua, nueva, sin tocar, un gesto que se apreciaba, así Castiel no tendría que preocuparse de si estaba siendo envenenado, pesimismo siempre presente.

Kim se encogió de hombros y respondió.

— Se fue con Melody, creyeron que estaban siendo discretas pero son ruidosas como el infierno, fingí dormirme solo para que se largaran de una vez.

En otras condiciones Castiel habría reído pero aquello solo significaba una cosa, estaba jugando, Iris estaba jugando, tendría que encontrarla y explicarle—.

— Ah, leímos esto mientras estabas inconsciente—le entregó la hoja que Nathaniel le preparó, un memo para los demás porque aparentemente Castiel era demasiado bruto como para explicar cualquier cosa— Así que no gastes saliva, están jugando.

Castiel se talló los ojos, ya no estaba seguro si había salido de una pesadilla o acababa de entrar en ella. La luz pálida del día se filtraba por la ventana, eso estaba mal, él había caído inconsciente en la madrugada.

— ¿Cuántos anuncios me perdí? Ah, si puedes dejarme tu mapa…—tenía que ponerse al corriente con las zonas prohibidas y confirmar que aquel trio de idiotas seguía con vida.

— Perdiste dos, el de las seis y las doce.

La sensación de incomodidad creció cuando notó lo renuente que estaba Kim a entregarle la lista, entrecerraba los ojos y sus labios formaban algo muy parecido a un puchero. Los latidos de su corazón se aceleraron una vez más, dos nombres saltaron inmediatamente en su mente.

— Chico, lo lamento— finalmente le entregó la lista.

El mundo se volvió negro.

Etapa intermedia: Día dos


Siento que todo el mundo se la pasa corriendo, ugh. ¿Predicciones para el próximo capítulo/final? ¿Apuestas?