Capítulo 7: Decisiones

La reunión se celebró en una sala de tamaño mediano, con una gran mesa en medio. Los asistentes fueron llegando poco a poco. Sólo las personas de mayor confianza del rey estaban presentes, por lo que Helena supuso que iban a tratar un tema de gran importancia.

Ella era la única enana en la sala, pero los demás no la miraron de manera extraña, ya que estaban más que acostumbrados a su presencia en ese tipo de encuentros. Helena había sido durante muchos años la única heredera al trono de Erebor, hasta que los reyes consiguieron concebir un hijo varón. Por eso, aunque sólo fuera de manera provisional, había tenido que comenzar a desempeñar responsabilidades de princesa: había acudido a sus primeros actos oficiales, había dado sus primeros discursos, había tomado parte en sus primeras reuniones … Pero, a medida que iba creciendo, Helena cada vez se mostraba más comprometida con su labor. No se perdía ni una sola reunión, tomaba palabra en todos los actos, incluso había comenzado a llevar a cabo campañas, muchas de las cuales dirigidas al feminismo y la educación. Su padre, que, al fin y al cabo, era un enano bastante mayor con una mentalidad muy conservadora, al principio se había mostrado reacio a escucharla, e incluso se había cabreado con ella. Pero, a base de insistir, Helena consiguió que Thorin hiciera algunas reformas, y el resultado comenzaba a ser evidente.

Las nuevas generaciones de enanos se parecían más a las que antaño habían poblado el reino, interesadas en las artes y en la Historia. Ahora, el principal objetivo de Helena era demostrar la validez del método científico y el pensamiento racional para intentar darle sentido a la realidad, en vez de limitarse en nombrar siempre a los Valar para dar una explicación. Pero esto era más complicado.

De todas formas, ya la habían comenzado a llamar la ¨princesa ilustrada¨, y, aunque no se había llevado a cabo una votación, la gran mayoría de enanos querían que ella, Helena, fuera la primera reina enana. Ella se sentía alabada y orgullosa, y creía merecerse ese título, pero lo que no quería de ninguna manera es que esto pudiera desembocar en algún enfrentamiento con su hermano, cuando él creciera. Era a quien más quería en el mundo. Y, de todas maneras, Frerin iba encaminado a ser muy parecido a su hermana.

Cuando todos estuvieron sentados en sus sitios, Thorin se levantó y comenzó a hablar:

-Compañeros, sentimos haberos convocado tan rápidamente, pero la cuestión a discutir es muy seria. Como ya sabréis muchos, ha llegado una carta de Rivendel, firmada por el propio lord Elrond.

Las pocas personas en la sala que aún no se habían enterado de la noticia pusieron cara de asombro.

-Muchos os preguntaréis si tiene que ver con la expedición que algunos de los nuestros iniciaron hace años con el objetivo de recuperar Moria. No es así – Thorin miró de reojo a Dwalin, sentado a su derecha, como su asistente real. - Me temo que es algo más serio. Elrond pide que seis emisarios de este reino se dirijan al Valle Escondido, para estar presentes en un importante concilio que se celebrará allí el próximo mes de octubre.

Ahora, sí que se oyeron exclamaciones reprimidas de sorpresa, a la vez que varios murmullos entre los asistentes. Helena miraba a su padre, intentando descifrar su rostro. ¿Qué era lo que estaba ocurriendo?

Thorin levantó una mano para pedir silencio, y al momento todos callaron:

-Lo más preocupante del asunto es que no pone en la carta la cuestión en concreto sobre la que se debatirá; es alto secreto. Por lo que ha de tratarse de algo verdaderamente serio.

Esta vez todos comenzaron a hablar a la vez.

-¿¡Cómo vamos a confiar en los elfos?!

-No nos queda otra alternativa. También se han citado a hombres de Gondor y elfos del Bosque Verde.

-¿¡Elfos del Bosque Verde!?

La sala se llenó de gritos. Thorin cerró los ojos, respirando hondo. Esto iba a ir para largo.

-¡No podemos confiar en ellos! ¡Es una trampa!

-¡Sí que podemos! - exclamó Brehen, el hijo de Dwalin. Era aún más joven que Helena, y por tanto inexperto en esas situaciones, pero tenía el mismo coraje y la misma osadía que su padre. - Todos sabemos que ni mi padre ni Thorin son los mayores amigos de los elfos, pero incluso ellos han alabado más de una vez la ayuda y hospitalidad que les brindó el elfo Elrond a mitad de su viaje.

Helena no habría usado el término ¨alagar¨, pero sí era cierto que todos los enanos de la compañía le guardaban respeto al señor elfo.

-Efectivamente – dijo Dwalin. - Elrond no perdería tiempo en hacernos llamar para tendernos una trampa.

Todos parecían sopesar esa idea, mientras que a Helena le parecía totalmente descabellada. ¿De veras creían que un viejo elfo iba a tenderles una trampa? ¿Para qué?

-Elrond también manda una advertencia – todos dejaron de hablar para escuchar a su padre. - Elfos, hombres y enanos hemos de dejar nuestras diferencias y unirnos. Puede que pronto nos haga falta.

El silencio reinó en la sala durante unos largos segundos, mientras las mentes de los asistentes procesaban la información.

-Significa, que … ¿va a haber guerra? - preguntó Glóin.

-Yo no lo tomaría al pie de la letra, es sólo una advertencia. Pero una advertencia al fin y al cabo.

Más silencio.

-Lo único que sabemos claramente es que necesitamos saber cuál es la incógnita que nos falta. Seis personas han de ir a Rivendel.

-Yo misma – dijo Helena, y sintió todas las miradas sobre ella.

Deseaba ir a Rivendel. Lo había deseado toda su vida. Era un lugar lleno de serenidad y sabiduría. Le encantaría pasear por aquel mágico lugar, leer los libros, hablar con Lord Elrond … Hablar con un viejo elfo, la persona más sabia del mundo junto con la dama Galadriel.

-No – la voz de su padre la sacó de sus ensoñaciones. ¿Le había dicho que no? Helena miró a su padre con furia reprimida, pero vio que él no la estaba mirando con dureza, sino con calma. - Te vamos a necesitar aquí.

Thorin volvió la vista hacia los otros de nuevo.

-¿Alguien?

Nadie levantaba la mano. Si se tratara de una batalla o de cualquier otra misión, la reunión habría acabado ya, pero si se trataba de ir a visitar elfos, ni uno se mostraba voluntario.

-Ignorantes – pensó para sí misma Helena.

-Oh, que diablos. ¡Yo voy! - dijo Glóin. - Este viejo cuerpo aún aguantará otro viaje.

-En ese caso, yo iré con mi padre – añadió Gimli.

El rey Thorin les dirigió una mirada de gratitud a ambos. Después de eso, los otros cuatro voluntarios salieron pronto.

-En fin, ahora está el segundo punto – continuó Thorin, cuando todos creían que la reunión había acabado. - Y esto sí que os va a desagradar, y con razón. Por mucho que nos cueste reconocerlo, necesitamos aliados, pero esta vez en serio. No sabemos a qué nos enfrentamos, pero es obvio que algo serio está pasando en algún lugar de la Tierra Media. Necesitamos protección, y no puede ocurrir lo mismo que ocurrió hace tantos años.

Todos entendieron lo que su rey quería decir.

-Eso no fue culpa nuestra. El ¨gran¨ Rey Elfo nos traicionó.

-Eso ya da igual. No estamos hablando de lo que pasó, ni del por qué. Estamos hablando de que no puede volver a ocurrir. Y estoy seguro de que Thranduil piensa como nosotros. Tendría que ser demasiado arrogante para no hacerlo.

Helena escuchaba atentamente. Conocía a su padre. Él jamás entablaría relación con el elfo de no ser en un caso de extrema necesidad. Daba igual que intentase engañar a los demás, ella sabía que había algo que les estaba ocultando.

-Escuchad, odio esto más que ninguno de vosotros, pero hemos de hacerlo. Se acabó el hacer el ridículo como anoche. Necesitamos una alianza verdadera. Pero no solo con los elfos, sino también con Valle y Esgaroth, y con las Colinas de Hierro.

-Lo que pides es una utopía – dijo Dwalin, riéndose irónicamente.

-Es difícil, lo sé. Para ello, necesitamos a alguien que sea buen negociador, parlamentario, respetuoso, y que conozca bien sus culturas, incluido su idioma.

Varios de los asistentes rieron ante el último comentario, pensando que era una broma de su rey.

-Y, ¿quién de nosotros sabe élfico?

Thorin volvió poco a poco la mirada hacia su izquierda. De nuevo, todos los ojos estaban puestos sobre Helena, que se puso blanca de inmediato.

-Yo … no sé a qué te refieres.

-Por favor, Helena, no te creerás que me chupo el dedo.

Su madre, o su tía, alguna de las dos se había chivado. Muy probablemente, su tía. Su madre no la traicionaría de esa manera.

-Está bien, estudio élfico en mis ratos libres – tuvo que admitir finalmente.

-Casualmente, nos sirve de gran ayuda - ¨hablaremos más tarde¨ , le dijo con la mirada. - Necesitamos un mediador, y tú puedes ser esa persona.

-Pero sólo sé las bases del idioma.

-Lo necesario para dejar a Thranduil con la boca abierta.

Todos volvieron a reír ante el comentario.

-¿Os parece gracioso? - preguntó Helena, con una voz gélida que hizo que todos callaran.

-Está claro que algo serio pasa aquí, para querer entablar relación con los elfos. – miró a su padre muy seriamente. - Me pedís que sea yo la mediadora entre razas, lo que para muchos será el trabajo que nadie respeta ni quiere desempeñar. Mientras todos os reís y os burláis de los elfos, seré yo la que esté intentando crear una alianza estable con ellos, lo cual puede que nos salve el pellejo a la hora de la verdad. Y aún así, sólo os importa que Thranduil se quede con la boca abierta. Y os reís de eso. Me pregunto cuál será la razón de que ninguno de nuestros pactos se lleve a cabo. - Paseó la mirada por la estancia. - Y pedimos respeto por su parte. Pedimos lo que no damos.

Muchos la miraban con odio en esos instantes, pero Helena sabía que gran parte de ese odio radicaba en la verdad de sus palabras, las cuales habían calado hondo en aquella gente que no estaba acostumbrada a las autocríticas.

Helena se volvió hacia su padre, antes de que cualquier enano le respondiese.

-Puedo aprender rápido, y, de todas formas, con lo que sé tal vez sea suficiente para conseguir un poco de atención por parte de Thranduil.

-A eso me refería – respondió su padre.

-¿Qué más tendría que hacer?

-Llevar nuestros mensajes a los reinos vecinos, intentar convencerlos para que se unan a nosotros y negociar con ellos si es necesario. En caso de reunión, actuarás como mediadora entre los cinco pueblos.

Era una tarea complicada, pero Helena no tardó mucho en dar su respuesta.

-De acuerdo, acepto – dijo, inclinando levemente la cabeza.

-Bien. Gracias, Helena. En fin, la reunión ha concluido.

Todos fueron saliendo poco a poco de la sala. Helena comenzó a sentirse mal cuando observó más detenidamente las caras que le dirigían varios de los enanos, pero intentaba situarse a la defensiva y pensar que había dicho lo correcto. Gimli y Glóin le dirigieron una mirada cómplice, como dándole la enhorabuena por haberles plantado cara a todos los demás enanos ella sola. Helena les devolvió una sonrisa agradecida. Los últimos en salir fueron Dwalin, Thorin y ella misma. Pudo notar que Dwalin también estaba algo cabreado por su actitud en la reunión, pero él ya estaba más acostumbrado a la personalidad de la princesa.

Cuando padre e hija estuvieron solos, Thorin le dirigió la palabra.

-He de admitir que hoy nos has dado una lección a todos.

Helena lo miró asombrada, ya que se esperaba una regañina por su parte.

-Sólo he dicho lo que pienso.

-Igual que tu madre.

-No aguanto esa falta de respeto. Sé que odiáis a Thranduil, pero es necesario un mínimo de seriedad.

-Te aseguro que el comentario no iba con intención de burla.

Helena calló. Ya se sentía algo mejor.

-¿Cuándo empiezo?

-Mañana.

-¿¡Qué!? ¿Mañana? ¡La partida hacia Rivendel es el mes siguiente!

-Sí, pero hemos de empezar a actuar rápido. Necesitamos del apoyo de Thranduil garantizado. Por lo menos, has de hablar con él en persona, a solas.

-Gracias, pero eso no me da ánimos. - Todo lo contrario. ¿Hablar con el Rey Elfo a solas?

-Tenemos que saber su opinión sobre este asunto.

-Padre, crees que algo malo va a pasar, ¿verdad? No es propio de ti actuar de esta manera, con tantas prisas.

Thorin miró largamente a su hija, a la luz de su vida. No podía mentirle, pero tampoco debía preocuparla.

-No lo sé, hija. Realmente, no lo sé.

El rey notaba una presencia en su territorio, alguien que había entrado por el este, y se dirigía a palacio. Suponía que sería algún emisario del Thorin para hablar con él sobre la carta de Lord Elrond. Sin embargo, Thranduil no sabía mucho más que los enanos sobre el asunto. Sólo lo relativo a la criatura Gollum, y no pensaba decírselo a nadie. No hasta no estar seguro de lo que ocurría.

Al poco rato, observó como dos de sus guardias escoltaban a una figura hasta los pies de su trono. Sin embargo, lo que lo pilló completamente desprevenido fue el rostro que se encontró mirándolo. Reconoció a la hija de Thorin delante suya. Recordó cómo hacía dos noches, cuando se disponía a salir a tomar el aire un rato, había tropezado con ella, y se había sorprendido a sí mismo agarrándola. Al principio pensó que era una humana baja, ya que no tenía las duras facciones ni el rechoncho cuerpo de una enana. Pero esos ojos azules eran idénticos a los de su padre. Tenía que reconocer, y muy a su pesar, que era hermosa. Realmente hermosa. Por fuera y por dentro, ya que le había bastado el mirarla a los ojos durante unos segundos para reconocer cómo era.

-Mi señor Thranduil – lo saludó haciendo una reverencia. - Vengo en nombre de mi padre, el rey Thorin.

-Bienvenida. Y, ¿por qué el rey Thorin no me ha visitado él mismo?

-Porque está pendiente de otros asuntos. Me ha encargado el deber de actuar como mediadora entre los cinco reinos del este de la Tierra Media.

Thranduil comenzaba a entender.

-Comprendo. Os escucho.

-Mi deber es hablar con vos sobre …

-Sobre la carta.

La muchacha asintió. Thranduil le dio a entender así que podían hablar con libertad delante de los guardias.

-Lamento deciros que no sé más que vuestro padre del asunto.

-No os he dicho lo que sabe mi padre.

Thranduil sonrió para sí mismo. Era inteligente, e insistente, pero también educada y cuidadosa con las palabras. Decidió entonces bajar del trono para mostrarse algo más cercano con la joven. No quería ser tan duro.

-¿Qué sabe vuestro padre?

-Que hemos de enviar a seis de los nuestros al concilio, y que debemos de unirnos por lo que pueda pasar.

-Efectivamente, lo que pone en mi carta.

-Yo estoy aquí por el segundo mensaje.

¿El enano quería unirse con él, tan pronto?

-Dura tarea se os ha encomendado. Seguid.

-Mi señor, si no os importa, preferiría hablar en privado.

Thranduil entendió que la niña debía de sentirse incómoda con la presencia de los guardias.

-Está bien. Acompañadme, por favor.

Tras recorrer innumerables pasillos laberínticos y bajar por unas escaleras, llegaron a una habitación que tenía una panorámica de la mayor parte de la gruta donde vivían los elfos. Helena vio un sofá, un escritorio, e incluso algo parecido a una piscina personal en la estancia, y supuso que era la habitación contigua al dormitorio del rey. Se puso nerviosa de repente, pero se quitó la estúpida idea de la cabeza. Era un elfo, ¿qué intenciones iba a tener? Era solo, que se estaba portando muy educadamente con ella …

-Está bien, aquí podemos hablar más libremente.

Thranduil tenía una especie de media sonrisa en su rostro, se podía decir que simpática. Helena se lo tomó como un gesto de confianza.

-Necesitamos formar una alianza – decidió olvidarse del protocolo, e ir al grano. - Una alianza de verdad. Sé que mi padre y vos no os lleváis especialmente bien – Thranduil soltó una pequeña risa irónica ante el comentario, - y eso es lo que me preocupa. Ha sido total idea de mi rey aliarse con vos y los demás reinos, y mandarme con emisaria, y sé que no lo haría de no ser por extrema necesidad.

Thranduil la miró en silencio.

-Se acerca algo grande. Vos tenéis que saber, o sentir algo.

-Ya os lo he dicho, sé lo mismo que vuestro padre.

-¿Y vuestra opinión del asunto?

-Esperar, a ver qué ocurre. Claro que acepto a formar la alianza con vuestro reino – añadió, al ver la cara de decepción de la princesa. - Además, tengo una responsabilidad para con tu pueblo.

Helena se sorprendió mucho al oír eso. Sabía a lo que se refería. A lo que había ocurrido hace muchos años, cuando Smaug había atacado Erebor, y nos les había ayudado. Decían que el Rey Elfo se había vuelto menos frío y más considerado en los últimos años, tras la Batalla de los Cinco ejércitos. Incluso su padre afirmó una vez que Thranduil le había dado las gracias por haberle devuelto el collar de su esposa fallecida, y se podría decir que incluso le había pedido disculpas por lo sucedido hace tantos años.

-Pero no sé nada del asunto. No puedo deciros nada más.

-Lo siento, pero no puedo volver con tan poca información ni tan pocas promesas a mi padre.

-Pues tendréis que hacerlo – Thranduil comenzaba a impacientarse.

-Si no sabéis nada más, si no queréis darme vuestra opinión, al menos dadme algo que testifique la alianza de nuestros pueblos.

-Nuestros pueblos ya son aliados.

-Por favor, hablemos seriamente – Helena también comenzaba a impacientarse. - Todos sabemos que a lo de la otra noche no se le puede llamar alianza.

Haciendo acopio de su valor, se acercó al rey, hasta estar próximos el uno al otro. Comprobó que le llegaba a la altura del pecho.

-An ngell nîn.

Esta vez, los ojos de Thranduil se abrieron como platos.

-¿Cómo … quién te ha enseñado esa palabra?

-Me interesa el élfico. Lo estudio a solas.

-Ha sido un buen intento.

-Noro. Rehta. A tulë sira – Helena se sentía hacer el ridículo, ya que estaba diciendo expresiones sin sentido.

-Esto es surrealista.

-Mi misión aquí no es convencerle de que sepa élfico.

-¿De veras, que te interesa nuestro idioma?

-Sí. Por ahora, sólo sé expresiones sueltas.

-Debes de ser el primer enano en la historia de la Tierra Media – Thranduil se quedó pensativo. - Pero, por otro lado, ya había oído hablar mucho de vuestra persona, aunque pensaba que eran rumores exagerados. (…) ¿Sabes decir algo más? - el rey había comenzado a tutearla en algunas oraciones.

-Le melin.

-¿Sabes lo que significa eso? - preguntó, tras un momento de silencio.

-Ahora mismo no lo recuerdo. Lo otro significaba por favor, corre y ayuda.

-Está bien, lo habéis conseguido. Me habéis impresionado.

Helena lo miraba a los ojos directamente.

-Por favor – repitió.

Sus ojos penetraron en el interior del mismísimo rey de los elfos, que se sintió desprotegido ante esa mirada tan profunda. Verdaderamente, lo que había oído de esa chiquilla no eran sólo rumores.

-Acepto a firmar un contrato, pero deberá de ser en una reunión, con los cinco reyes presentes. O, al menos, vuestro padre.

Helena se sintió henchida de alegría. ¡Lo había conseguido! ¡Había conseguido que el propio Thranduil aceptara! Entonces, se dio cuenta de lo cerca que estaban el rey y ella, y lo sumamente bello que le parecía el sabio y viejo rostro del monarca. Se preguntó qué haría su padre si pudiera leer sus pensamientos en esos instantes. De repente, sintió mucho calor. Se alejó un poco, avergonzada.

-Gracias – dijo, inclinando la cabeza.

A Thranduil no se le pasó por alto el brusco cambio de actitud de la joven, y rió interiormente. ¿Se había sentido avergonzada, intimidada, por su proximidad física? Hacía mucho que no trataba con gente de tan corta edad, y de sentimientos tan vivos y apasionados, aunque no tuviera ningún sentido que la muchacha sintiera vergüenza.

-Supongo que he acabado aquí. Gracias por su hospitalidad.

-Volved cuando lo creáis necesario.

La acompañó al salón del trono; pero, antes de irse, Helena se volvió y le sonrió a Thranduil.

-Gracias – repitió.

Y esta vez le tocó a él sentir los sentimientos en su interior. Había oído decir que la princesa enana tenía la sonrisa más bella y alegre de ese lado del mundo, capaz de llenar de felicidad el corazón más decaído. Siempre había creído que eran habladurías de los engreídos enanos, ya que ninguna sonrisa de alguien de esa especie podía compararse a la sonrisa de una dama elfa. Pero ese día descubrió cuan equivocado estaba. Porque algo dentro de él se removió al ver ese grato gesto dirigido hacia su persona.

-Bueno, no ha estado mal – pensó Helena de vuelta a Erebor. - Nada mal.

Su sonrisa radiante seguía presente en su rostro, ya que se sentía orgullosa de sí misma.

Al llegar a Erebor, se dirigió hacia el salón del trono, donde su padre esperaba sentado junto a sus guardias y consejeros.

-Has vuelto pronto. Supongo que no has podido hacer nada para convencer a ese arrogante elfo – dijo, visiblemente cabreado.

-Todo lo contrario. Ha aceptado a firmar un contrato con nosotros, pero ha de ser en una reunión pública.

Thorin se quedó boquiabierto.

-¿Qué? ¿De veras?

-Totalmente en serio.

-Pero, ¿cómo lo has conseguido en tan poco tiempo?

-Se ha mostrado receptivo conmigo; o, por lo menos, receptivo para tratarse de él.

-Está bien. Gracias, Helena.

-Pero es que no puedo creérmelo. Has tenido que hacer algo, o decirle algo, que no nos quieras contar – le repitió su padre durante la cena, ya a solas.

-Padre, ¿cómo quieres que te lo diga? Fui, le pedí que habláramos en privado, me llevó a su estancia personal …

Thorin por pocas se atraganta con un trozo de carne.

-¿¡Que te llevó adónde!?

-Madre, por favor, habla con tú él.

-Thorin, es un elfo. Y además, viejo. Hasta los enanos sois cuidadosos cuando se trata de esos temas – aunque siempre había excepciones, como lo habían sido los jóvenes Fíli y Kíli, que no tomaban ninguna represalia a la hora de hablar con una enana para tratar de enamorarla. - ¿De veras crees que se iba a llevar a tu hija a su habitación para intentar engalanarla?

Incluso él tuvo que admitir que esa idea era irracional.

-Está bien. ¿Y luego?

-Se mostró reticente, aunque amable.

-Conque amable.

-Padre, por favor, para.

-De acuerdo.

-Entonces le dije palabras en élfico. Tenías razón, la cara que puso fue graciosa. Y después de eso, le volví a pedir algo de apoyo por su parte. Se me quedó mirando muy fijamente, como pensándoselo bien, y al final aceptó.

-Seguro que fue por tu mirada – dijo su madre. - Sabes calar hondo en las personas.

-Muy bien, supongo que hoy has conseguido lo imposible. Gracias, hija. De verdad – el rostro de Thorin se suavizó poco a poco. - De veras que eres un regalo de los Valar.

Helena se puso roja, sonrió a su padre con gratitud y siguió comiendo.

Sólo cuando estaba echada en la cama, más tarde, rememorando los acontecimientos del día, se dio cuenta de algo, y se maldijo diez veces a sí misma y otras diez a su fallida memoria.

Le había dicho al Rey Elfo que lo amaba.

En fin, este capítulo ha sido más largo que los anteriores. Espero que no haya sido muy pesado, es que quería comenzar a meter algo de trama en la historia. De todas formas, creo que ya se nota por donde van los tiros … Gracias de nuevo a todos los que estáis siguiendo la historia, y a los que os está gustando :) Por favor, ¡Reviews!