"La vida sería imposible si todo se recordase.
El secreto está en saber elegir lo que debe olvidarse."
CLASE FINAL
-¿Dónde estuviste? Mamá se preocupó… -Ron la esperaba en la sala vestido con un pijama improvisado, una camiseta gastada y un pantalón a rayas.
-Le avisé que llegaría tarde.
-Te dejó algo para cenar –el pelirrojo apuntó una cacerola tapada sobre la cocina- ¿Dónde estabas?
-Ronald, yo no te pregunto cada cosa que haces. Simplemente di un paseo. –Hermione se acercó impaciente a la cacerola evitando la mirada inquisidora del muchacho. Sin embargo él la siguió de cerca.
-¿Con quién?
-¿No deberías preocuparte por tus libros de Auror? –le echó una mirada furibunda que él no resistió, miró hacia abajo molesto.
-¿Sales con alguien, cierto? –Hermione y Ron se miraron a los ojos duramente, el muchacho esperaba en un gesto adolorido y ella tuvo que suavizar sus expresiones.
-Ya estás molestando, Ron. Déjala comer en paz –Ginny los contemplaba desde el pie de las escaleras. ¿Es que acaso todo mundo había esperado que llegara? Ronald discutió un poco por lo metiche que era su hermana antes de volver a su habitación y Hermione esquivó las esquirlas del combate ateniéndose sólo a servirse algo de comida. La próxima vez quizás podrían salir a cenar… Se sonrió.
-Bien, ¡cuéntamelo todo! –Hermione se sentó junto a ella en la intimidad del desierto comedor, Ginny esperaba impaciente.- ¡Por las barbas de Merlín, nunca avisas cuando saldrás con Sn…!
-¡Shhh…! Por eso no te lo digo, a ti se te nota todo en la cara –la pelirroja se rió de la observación de Hermione- Además, me pondrías más nerviosa de lo que ya estoy cuando debo escoger qué ponerme…
-Bueno, podrías haberte atrevido a mostrar algo más. Es verano. –Ginny le guiñó un ojo y ambas volvieron a reír mientras Hermione jugaba con su comida. Hablaban en murmullos, un cotilleo reservado sólo a dos.
-Me perdonó.
-¡Te lo dije! Snape no podría culparte por lo de tus padres, además de que no nos dejaban entrar a hablar contigo… esos del Ministerio… ¡y querer juzgarte encima de todo! ¡Les salvaste la vida a tus padres mientras ellos sostenían que no había vuelto ningún Señor Tenebroso!
-No estaba segura de su reacción. Con Severus nunca se sabe…
-Oh, "Severus"… -Ginny amplió su sonrisa burlonamente.
-Él estuvo en Australia, me ofreció llevarme, aparecernos.
-¡Oh, Dios! –la pelirroja se mordió los labios- ¡Es muy tierno!
-¡Shhh…!
-De acuerdo, de acuerdo… -levantó una mirada discreta- ¿Qué hicieron? ¿A dónde fueron? ¿Te besó?
La sonrisa delató a Hermione, y su compañera de habitación ahogó un grito de júbilo entre sus manos.
-Un pequeño paseo, caminamos mucho. Me acompañó hasta que vine aquí. Fue… cortés, supongo.
-Ya… pasa a la parte del beso… -se impacientó la muchacha.
-¿Qué puedo decirte? Fue un beso de despedida.
-¿Con lengua?
-¡Ginny! –Hermione se puso de todos los colores- No…
-¡Por Merlín! Te has escogido a uno de la edad media… ¿Es de hielo?
-Lo dudo, lo dudo mucho… Ya sabes, es… recatado, supongo.
-Recatado. Dile que te mueres por besarlo y veremos qué tan recatado resulta… -Ginny la miró- Aunque claro, tú tampoco eres la más osada…
-Mira quién lo dice. Años detrás de Harry sin decirle palabra.
-Tú tardaste más con Ron. Y además, a Harry lo besé yo. Los hombres son tontos para eso, Hermione. Si iba a quedarme a esperar que él diese el primer paso, todavía estaría en eso.
-Tienes razón… -odiaba asentir, pero Ginny tenía toda la razón al respecto. Ahora resultaba que su amiga menor sabía más de la naturaleza de los hombres que ella misma, que había convivido la mayor parte de su vida entre Ron y Harry. Claro, Ginny tenía muchos hermanos, eso debía explicarlo todo.- Cuando nos despedimos…
-Cuando se besaron –corrigió Ginny, su amiga asintió.
-Cuando nos besamos al despedirnos… Bueno, esta vez él no dijo nada. Y se quedó esperando… hasta que me fui.
-Como una novela –concluyó Ginny sonriendo. Ambas suspiraron un momento.- Y se ofreció a ayudarte. Es oficial, es tu novio.
-Aun no hablamos de eso.
-Hermione: habla contigo, sale contigo, se besa contigo…
-Sí, pero…
-¡Irá a Australia contigo! Basta de negaciones. ¡Pon fecha para la boda!
Volvieron a sonreírse mientras Hermione terminaba los últimos bocados. ¿Entonces era así? ¿Sería posible que estuviera en una relación con Severus?
-Ah, Ginny… Necesito que me hagas un pequeño favor.
2
-Weasley…
-Severus.
Hermione se quedó de piedra cuando entró a la casa con Ginny y Harry, habían salido de compras por unos víveres y no tenían idea de que Snape estaría en la sala tomando asiento frente a Arthur. Harry empalideció, ¿qué había pasado? ¿Los habían atrapado?
Los tres se quedaron rígidos como estatuas, Arthur no comprendía la tensión en el rostro de los muchachos, era como si aun fueran sus estudiantes y hubiesen cometido alguna travesura.
-Al parecer sigues siendo el temido profesor de pociones, Severus. –la sonrisa afable del señor Weasley no delataba ninguna segunda intención.- Hermione, no te había contado nada para no ilusionarte, pero Ginny me dijo que el profesor Snape había mencionado alguna vez que había estado en Australia, y yo me tomé la molestia de escribirle… Para adelantar el viaje, tú sabes. Él ha aceptado. ¡Pero no se queden ahí! ¡Te he enseñado modales, Ginny!
-Ah, sí, sí… ¿Cómo está, profesor?
Snape la miró fijamente: la cómplice. De seguro la señorita Weasley ya debía saber todo entre ellos. Corrió su mirada de ella para observar ahora a Potter.
-Un placer, señor… -titubeó extrañado, lo veía fijo y sorprendido.
-Weasley, Potter…
-Señor…
-Granger…
Ginny agachó el rostro al suelo para camuflar su sonrisa. ¿Sería esa una actuación o acaso esos dos se seguían tratando de usted?
-Vamos, vamos… Vayan a dejarle eso a tu madre. Hermione, ven con nosotros.
Ambos hombres se pusieron de pie mientras ella tomaba asiento, Harry y Ginny desaparecían como un rayo a la cocina en el más urgente de los silencios.
-¿Qué opinas, Hermione? –Arthur la escrutaba con la mirada, tan alegre como la vez que le mostró los archivos- Ahora el papeleo me tocará a mí, tengo licencia para aparecerme, puedo decirle al Ministerio que iré por tus padres cuando en realidad Severus nos transportará hasta allá, ¿qué dices?
-Sí, muy bien. –Hermione alzó los ojos hacia el profesor- Gracias.
-No agradezca aun, Granger. –la mirada de su profesor era dura. Cierto, ella debió informarle que había elucubrado con Ginny un modo en el que al señor Weasley "se le ocurriera" la brillante idea de congregar a Snape como acompañante en el viaje, pero no sabía que el padre de Ron había enviado la carta a Severus sin decirle nada a ella.- El lugar al que puedo transportarme es… bastante… apartado.
-No más que aquí, de seguro –fingió ella, como si no hubiesen tenido ya esa conversación. Arthur les sonrió a ambos sin ser capaz de percibir la tensión entre ellos.
-Bien, el Ministerio me firmará los permisos de ausencia en unos días, así que supongo que…
-Será hasta entonces, Weasley. –Snape se puso de pie tendiéndole la mano, Hermione también se incorporó mientras el pelirrojo observaba contrariado al profesor.
-¿Ya te vas? ¿Puedes quedarte a almorzar?
-Me temo que tengo… -corrió su mirada hacia la castaña- … asuntos personales que resolver.
-Oh, entiendo, entiendo. Gracias por tu tiempo. Te agradecemos mucho, Hermione merece dar con sus padres lo antes posible. Ya ha esperado demasiado. –reafirmó esta vez con seriedad mientras apoyaba una brazo sobre la joven Gryffindor.- Una brillante hechicera, ¿no crees?
-Brillante no es la palabra que… yo utilizaría.
-Claro, para el profesor Snape soy una Insufrible nada más. –se sonrió por lo bajo, Arthur carraspeó sin querer estar en medio de una contienda.
-Usted lo ha dicho, Granger.
-Olvidemos las rencillas escolares. –quiso armonizar el señor Weasley sin darse cuenta que ellos estaban bromeando por la nueva situación: desde que se saludaron en la última cena de Hogwarts, Hermione y él no habían estado juntos frente a nadie más. Nadie conocido. Salvo por Arthur…
-Esperaré su lechuza, Weasley. –Severus se acercó hasta la puerta y esta se abrió al instante dejándole camino, corrió los ojos a su alumna.
-Adiós, Severus. Y muchas, muchas gracias. -Él no respondió, desapareció tras un simple ¡plop!- Sujeto extraño este Severus…
3
"Venga a verme, es urgente."
Era muy temprano, o muy tarde. Habían pasado un par de días desde su reunión en la casa de los Weasley. Snape miró el primer reloj de la sala mientras apagaba el fuego debajo del caldero en el que estaba trabajando.
12:00 am
¿Granger escribiéndole a esa hora? ¿Urgente? No se tomó la molestia de responder y apareció frente a La Madriguera en un santiamén. Algo muy grave debía haber pasado.
Alguien le chistó a sus espaldas, era ella. La miró de pies a cabeza buscando encontrar algún daño, pero Hermione lucía entera y sin ninguna herida superficial. Sin decir nada, ella tomó su mano y se aparecieron, esta vez a una distancia prudencial de la casa donde esta aun podía verse, pero desde donde nadie podría verlos.
-¿Qué ocurrió?
Snape escrutaba su mirada aun preocupado por el mensaje que había recibido. Hacía un tiempo había pensado en que algo le había pasado, temió por ella, deseó protegerla. Y ahora estaba allí, con la faz seria y preocupada, como cuando no sabía de inmediato la respuesta alguna pregunta y rebuscaba en su memoria o en su ingenio. Aun lo sostenía de la mano.
-Nada… -murmuró Hermione viéndolo directamente a los ojos. Severus intentó sentirse molesto pero sólo podía contemplarla allí, frente a él, pidiendo algo con la mirada. La sintió sonreír mientras agachaba el mentón y veía hacia el suelo- Sé que estoy comportándome como una tonta…
Severus sintió una lenta caricia en el agarre de la mano de Granger, un estremecimiento recorrió su espina.
Sólo ellos dos, la casa muy lejos, ellos dos y Granger de espadas al tronco de un árbol tupido entrado en años, las luciérnagas encendiendo un falso firmamento alrededor… Y la caricia tímida sobre su mano, la luna plateando el rostro de la muchacha limitado a un gesto pícaro y a la vez arrepentido, su débil sonrisa y sus ojos en el suelo.
-Sí, como una tonta. –asintió Severus sin dejar de verla a la cara, ella permaneció avergonzada con las palabras del profesor, pero sus ojos se alzaron interrogantes en cuanto él apretó el agarre de su mano, Snape también miró al suelo.
Sus palpitaciones estaban acompasadas al ritmo de una fantasía que se diluía para pasar a hacerse realidad.
-Estaba preocupado por usted… -dijo él al fin, su murmullo se disipaba entre los grillos. Hermione despegó apenas los labios para decir algo, pero seguía perdida observándolo fijamente a los ojos.
En realidad, Snape quería decirle muchas más cosas hacía bastante. Le hubiera gustado tener la compostura correcta como para reprocharle su insensata reunión nocturna, pero todas sus armas habían caído al suelo hacía mucho, y lo único que se le ocurrió decir fue esa confesión que podría haber sonado a reprimenda si no hubiera sido dicha en un tono tan poco severo.
Se miraron a los ojos incontables segundos, no con la tensión habitual sino con una serenidad confortable. Quizá no se miraban, tan solo estaban acariciándose con los ojos, reconociéndose en cada facción y cada expresión.
Poco a poco los grillos y las cigarras callaron, la luna se apagó y las luciérnagas se escondieron, y todo fue cubierto por una bruma misteriosa… o así parecía.
Los pies de Hermione se deslizaron apenas dando un paso más hacia delante. Todo lo que le había costado, las noches en vela preguntándose qué sentía por él, la amortentia revelándoselo, el sufrimiento por la imposibilidad, la alegría de compartir con él clases en las mazmorras, el dolor después del rechazo… la felicidad de su primer beso…
Severus no soltó su mano cuando sus labios volvieron a encontrarse en un instante breve e intenso. Se preguntó si ella sentía algo parecido al estallido dentro de su pecho, la sangre bullendo por todo su cuerpo, el frío y el calor. Se distanciaron y volvieron a mirarse, la culpa le arañaba la conciencia: no podía, no debía.
-Te quiero, Severus… -el murmullo de la muchacha ardió en su oído y fundió sus razones. Un segundo beso fue depositado en su mejilla dejando un rastro que quemaba sobre la piel. El profesor sintió una serie de cosquillas deslizándose en su abdomen hasta bajar a su vientre, y seguir bajando…
La buscó con la mirada y recibió un beso más sobre los labios, y otro… una mano tiró desde sus hombros obligándolo a inclinarse aun más.
-Te quiero… -volvió a repetir ella, la calidez de su aliento chocó contra su boca y él se apresuró a acortar el espacio para sumarse a un nuevo beso más profundo, mientras las manos que se sostenían se apretaban con fuerza.
El calor en su pecho era insoportable y subió hasta su rostro, Severus comenzó a afirmarse o tal vez sus dudas fueron allanadas con el avance irremediable de las emociones.
"Te quiero"
Nunca escuchó nada así. Jamás. Y su nombre… se sentía arder en todos sus instintos.
Quería decir algo, pero sus cuerdas vocales estaban tensas. Siguió besándola con el ceño apretado como si cada roce de sus labios estuviese lastimándolo. Y lo hacía… lo desmoronaba, estaba débil a merced de sus caricias.
4
Un beso de verdad.
Un eterno beso de verdad.
Había deseado tanto sentirlo cerca, ya no podía aguantar un día más. Menos de ese modo, menos con un Snape que la entibiaba a la distancia con su letra sobre el cuaderno, o con sus atenciones personales, sus citas nerviosas, sus caminatas pacientes, su ayuda para traer de regreso a sus padres… No podía soportarlo más. Necesitaba sentirlo, necesitaba abrazarlo, necesitaba darle algo de todo el cariño que reprimía dentro de ella.
Y se lo dijo, le dijo que lo quería y él no respondió nada.
A no ser que pueda llamarse contestación a ese beso que compartían largamente. Hermione acarició su rostro con ambas manos mientras lo besaba. De alguna forma habían llegado al beso perfecto, cómodo y profundo, prolongado y delicado a la vez.
Los dedos de Snape, que apenas rozaban su cintura para mantener el equilibrio, de repente se tensaron aplicando un leve empuje para apartarla unos centímetros.
Fue duro para ella abrir los ojos, era permitirse salir del ensueño. Sin embargo, lo primero que vislumbró fueron los profundos ojos negros de Snape observándola intensamente. Las manos de él seguían en su cintura, y ella aun sostenía el rostro del hombre entre sus manos. Lo volvió a acariciar, Severus emitió una especie de gruñido haciéndose hacia atrás.
-¿Qué pasa…? –el hombre tomó las manos de ella y las apartó de su rostro.
-Será mejor que vuelva a descansar… -su murmullo grave se le hacía incitante en el oído.
-No tengo sueño –el ruego de Hermione seguía implícito en su rostro pero las manos de Snape soltaron las suyas.
-Vuelva –Fue una orden. La castaña asintió decepcionada, se despidieron de una mirada mientras ella se aparecía en la casa y él volvía a la suya.
5
-Tonta Granger… -resopló viendo a su poción arruinada por el capricho de una joven, pero su gestó duro no permaneció demasiado tiempo. Un asomo de sonrisa hizo su aparición.- Me está volviendo loco… -la reflexión hizo eco en el vacío de la sala mientras se estiraba en su maltrecho sofá para mirar el techo.
¡Loco! Porque con locura sus músculos habían quemado por estrecharla fuertemente contra él y aparecerse en su casa. ¡¿Qué era esa locura?! ¿Por qué ella le decía esas cosas, lo tocaba de aquella manera y lo besaba así? Ella también debía de estar perdiendo cordura.
Bufó mientras marcaba el paso con su pie izquierdo, nervioso.
Rogó tranquilidad a su cuerpo, pero el "Te quiero, Severus" volvía a su mente haciendo imposible que se apaciguara. En especial había cierta parte de él que no estaba dispuesta a ninguna paz.
Era hermosa.
-Basta… -se puso de pie y dio un par de vueltas en la sala sin saber qué hacer. Consideró un par de veces volver a buscarla pero dejó pasar el tiempo suficiente hasta que decidió que no, que aquello sería un arrebato de demencia aun más grave que el de ella.
Se sentía como si su alma se hubiese convertido en una fiera instintiva que no escuchaba el eco racional de su mente. Se fregó los ojos y volvió a reírse de sí mismo adivinando que aquella noche no podría pegar un ojo.
6
Quería gritar, aun tenía el corazón acelerado y el torbellino de ilusiones sacudiéndose en su estómago. Apareció de repente en la cocina y dio un respingo asustada.
-Hermione –Ron la miró sorprendido, en una mano traía un sándwich a modo de bocadillo nocturno.- Me asustaste.
-Sí… -su respiración estaba agitada como si hubiese corrido desde el aromo hasta la casa.- Eh… Sí, bueno… buenas noches.
-Espera… -la castaña se detuvo rígida, los músculos del cuerpo le reclamaban la tensión reciente y sus piernas dolían por haber estado en puntas de pie todos aquellos minutos.- Eh, discúlpame por lo del otro día. No tendría que haberme metido…
-Ah, no importa Ron. Está olvidado –quiso continuar camino a su habitación pero el muchacho le volvió a cortar paso.
-No, enserio. Me comporté como un idiota. –ella no asintió por cortesía- Es que sentí tantos celos…
-No importa, Ron.
-Pero es que… ¡Qué tonto! Sé que estás muy ocupada con tus cosas, con el Ministerio, con tus padres… Y yo… -el pelirrojo se sonrió tímidamente- Yo aquí como un tonto pensando en que saldrías con alguien más.
Ante su silencio, Ronald la escrutó con la mirada seriamente.
-¿No sales con nadie, cierto?
-Yo…
-Porque yo aun te quiero, Hermione. –la noticia le cayó como un baldazo de agua fría. Harry le había comentado que Ron aun sentía algo por ella, pero nunca pensó que llegaría a ese punto, supuso que se le olvidaría- De verdad, y si crees que me he equivocado en algo… Podría repararlo. Enserio. Lo haré mejor esta vez.
Ella suspiró pensativamente.
-Ron…
-Sólo piénsalo, ¿de acuerdo? –se acercó y dejó un beso en su mejilla, al momento se retiraba mirándola con extrañeza- Qué raro… Hueles a pergaminos y…
-Incienso –aseguró ella mirándolo con seriedad, pero Ronald no comprendía el mensaje callado que intentaba hacerle llegar- Buenas noches, Ron.
7
Nadie supo nada sobre la reunión nocturna. Esa mañana era sábado, al señor Weasley no le habían otorgado más días libres que sus propios días de descanso, pero con Molly habían llegado a la conclusión de que Hermione no podía pasar más tiempo sin sus padres, y a ninguno le molestó demasiado pasar separados el fin de semana. Arthur estaba terriblemente entusiasmado, vestía demasiado muggle: un clásico turista con mapa en mano y sombrero ancho.
Snape por otro lado vestía igual que en el colegio, camisa, chaleco y capa. Hermione y él se miraron inevitablemente cuando Molly lo hizo pasar, Ginny tosió para que ella pudiese salir del embrujo.
Un fin de semana con Severus (y Arthur). No podía creer su suerte.
-¿Va a ir así, Granger? –las primeras palabras que oyó del profesor fueron dichas con un tono despectivo y un gesto por demás desaprobatorio.
-Sí, es invierno en Australia –aseguró ella con su sweater de lana, Severus alzó las cejas como si aun no estuviera de acuerdo con lo que traía. Arthur simplemente se encogió de hombros.
-Bien, familia… Nos vemos el lunes. George, te encargo todo. -Ginny abrazó fuertemente a su padre y luego le siguió un saludo de Molly. Hermione también fue saludada, a Snape sólo le tocaron unos simples "suerte" dichos a una temerosa distancia.
El momento tenso llegó cuando luego de la seguidilla de saludos Ron aun permanecía abrazado a Hermione. Ginny vigiló la mirada de Snape aguantando la risa. Era extraño, era como si nada pasara, el mismo serio, frío e indiferente Snape frente a la escena de "su amada" siendo abrazada tiernamente por su ex-novio.
Harry empalideció, tenía ganas de tomar a Ron del cuello de su camiseta y tirar para alejarlo de Hermione antes de que Snape le lanzara un Avada, el profesor mantenía el rostro y la postura impasibles, pero cerró el puño bajo la túnica como si empuñara la varita.
Hermione se notaba bastante incómoda, y fue su hermana quien lo quitó diciéndole que no le hiciera perder más tiempo. La castaña estaba roja de la vergüenza por el penoso momento y su incapacidad para apartar a Ron, dispuesto a demostrarle a todos que estaba realmente interesado en recuperarla. Molly suspiró ante el gesto de su hijo, y Arthur sonrió con su buen humor habitual.
-Te esperaré aquí cuando regreses… -las palabras de Ron fueron menospreciadas por Hermione pero Severus convirtió su expresión de indiferente a reflexiva.
-¿Todos listos? –Arthur miró a Snape mientras pedía disculpas por posar su mano sobre el hombro del pocionista, acto seguido tomó también del hombro a Hermione, le sonrió una última vez a la familia y los tres desaparecieron.
-Espero que tengan suerte… -suspiró Molly volviendo a sus quehaceres, Harry y Ginny se miraron con complicidad.
-Qué mal tercio es mi padre –la queja de la pelirroja llegó a oídos de Ron que caminó hasta ellos compungidos.
-Con lo que detesta Snape a Hermione es bueno que mi padre esté ahí –el pelirrojo se cruzó de brazos mirando el espacio vacío que antes ocuparan los tres- Evitará que se maten.
-Ese es el caso: evitará que se maten… -repitió Ginny sin la menor gravedad en su voz, que se oía ladina y sugerente. Harry la reprendía con la mirada claramente nervioso mientras tomaba a Ron por los hombros y le preguntaba algo sobre algún equipo de Quidditch, retirándolo de la estancia.
8
Cuando llegaron no podía verse nada, una fuerte ventisca de nieve los envolvía de forma salvaje.
-¡Qué diablos! –protestó Arthur Weasley mientras se sostenía el sombrero contra la cabeza. Su voz se perdió entre las ráfagas de viento. Caminaron hasta las sombras, que resultaron ser el comienzo de un bosque de pinos que al menos contenía la correntada.
-Dije… -Severus comenzó a quitarse la nieve de los hombros- … que no era un lugar cercano.
-¿Dónde estamos? –quiso saber Hermione tiritando de frío, con un abrigo mucho más que insuficiente para aquellas temperaturas.
-Lower Glenelg. –anunció Arthur viendo nuevamente el mapa con su varita.- Es un parque nacional… Veamos… Oh, Pórtland no está tan lejos si tomamos un vehículo muggle, quizás unas… digamos, cinco horas de viaje.
-¡Es poco! –el entusiasmo de la castaña la hizo olvidar por un momento que estaba congelándose, su rostro había empalidecido repentinamente y traía las mejillas y la nariz sonrosadas, se cubría las manos con el puño de su sweater dándole un aspecto frágil y aniñado.
-Bien, veré si consigo detener un vehículo en la ruta, tú quédate con ella, Severus… Por favor. –y Arthur se alejó saliendo del bosque de pinos que lo protegía de la tormenta, perdiéndose en una ventisca blanca. Hermione estaba profundamente agradecida por todo lo que el hombre hacía por ella, los Weasley se habían comportado de maravilla y no sabría jamás cómo pagarles todo aquello. Lo vio desaparecer y sintió la tentación de ir tras él para acompañarlo en la espera.
Avanzó, pero un peso ligero se sintió sobre sus hombros, el peso de una capa. No percibió las manos de Snape colocándosela, como si hubiese soltado la prenda sobre ella a una distancia respetable. Hermione se dio la vuelta para enfrentarlo con la mirada.
-Se lo advertí, Granger. –reprochó su maestro mirándola tras la frialdad habitual de sus gestos. La muchacha le sonrió mientras se cubría el pecho cruzando los lados de la capa sobre ella, ¿ahora quién era el murciélago?
-Como aquella vez… -los ojos de ambos se encontraron- … luego del lago.
9
-Tendremos que… -Arthur se frenó en seco. Puede ser que sólo fuesen Hermione y el profesor Snape sin hacer nada, enfrentados, pero… se miraban sin hablarse, largamente. No era normal.
Y ella traía puesta su capa.
La distancia entre ellos no era más que la de un palmo y seguían mirándose quietos como figuras de yeso…
Arthur sintió un frío muy distinto al del clima, carraspeó nervioso llamándoles la atención. El profesor Snape levantó alarmado la mirada hacia él y Hermione se hizo hacia atrás bajando la suya al suelo en un titubeo mientras sus dedos se apretaban cerrando aun más la capa.
-Severus, la ruta está bloqueada por la nieve. Tendremos que volver otro día.
-¿Qué? –la decepción desdibujó la incomodidad de Hermione, el señor Weasley sólo se encogió de hombros señalando su alrededor.
-Ningún vehículo pasará hasta que la ruta esté despejada, y nos congelaremos aquí.
-No duran mucho. –resolvió decir Severus, Arthur le sonrió por amabilidad.
-No podemos estar seguros de ello, ¿o sí?
-Sí. Conozco este lugar. –al ver la pausa incrédula que hacía el pelirrojo, decidió continuar en un resoplido.- Aquí nos reuníamos.
-¿Quiénes? –preguntó Weasley arrugando el ceño.
-Con Voldemort.
Otra vez el frío se instaló entre ellos, Hermione sintió un golpe en su pecho y Snape pareció percatarse de su cambio de expresión, dirigió sus ojos negros duramente hacia ella.
-¿Olvida que fui un mortífago, señorita Granger?
-No, era un espía –remarcó ella haciendo que Snape esbozara una sonrisa jactanciosa en el rostro.
-Me temo que eso fue después…
Hermione despegó los labios y negó con la cabeza lentamente mientras lo seguía viendo, Arthur volvió a carraspear.
-De cualquier forma, no podemos quedarnos aquí a esperar el fin de la tormenta.
-Ya parará… -aseguró Snape viendo el cielo.
-Pero mientras tanto Hermione se está congelando. –la queja hizo andar a Snape, la muchacha y Arthur se miraron de lado sin comprender y no tuvieron más remedio que seguir al impenetrable profesor.
10
Snape reconocía esa mirada que le lanzó Arthur cuando los vio. Su rostro sonreía pero sus ojos no. Era la mirada que intenta ocultar su desaprobación latente, su reproche, su asco… era la mirada de la tolerancia.
Para ese entonces, y a pesar de ser un Weasley, Arthur ya debió haber unido varios cabos sueltos en su mente y lo despreciaba por ello. Debía pensar que él era un perverso o algo por el estilo.
-Alohomora…-la puerta de madera desvencijada de un pequeño cubículo se abrió. Severus entró como si los demás también cupieran, Arthur le siguió sin preguntar y animó a Hermione a seguirlos.
Dentro era una habitación mucho más grande de lo que podía verse afuera.
-Es una guarida mágica...
-Siempre tan observadora, Granger.
-Bueno, bueno… Hay un fogón, nos alcanzará –Arthur lanzó un hechizo a su varita, había unos pocos maderos húmedos dentro de una chimenea cubierta de telarañas, al instante ardieron gracias a la destreza del mago y el pequeño recinto se llenó de calor.
Era una habitación única de un tamaño suficiente, como una sala. Había un sofá grande y un par de sillas a los lados, todo cubierto de polvo por el tiempo de desuso. Ni siquiera podía verse bien a través de la única y diminuta ventana, cubierta del polvo de los años y los rastros de lluvias y nevadas pasadas.
Arthur sacrificó su sombrero para sacudir el polvo de la primera silla y se la ofreció a Hermione con la sonrisa afable de siempre. Snape caminó hasta la ventana haciendo que sus pasos resonaran en la madera del suelo.
-Lamento todas estas molestias… -Hermione se avergonzó ante el esfuerzo de ambos hombres, el señor Weasley se rió.
-Por favor, Hermione… Ya te pediremos favores cuando llegues a Ministra de Magia -resumió Arthur a modo de chiste, pero Snape no dijo nada, permaneció dándoles la espalda mientras vigilaba el clima por al ventana.
11
Transcurrieron un par de horas, todo era silencio a no ser por las ventanas que se agitaban con el viento y el techo de chapa que amenazaba a despegarse, el ulular de los pinos podría ser aterrador si fuese de noche.
Habían almorzado algo, en la pequeña estancia sólo había un baño polvoriento pero en buenas condiciones a pesar del agua congelada en la grifería.
Las charlas eran continuas y siempre interesantes con el señor Weasley, parecía cobrarse el favor por adelantado e indagaba a Hermione todo acerca de objetos muggle. Snape se había comportado extraño y ausente durante todo el día, permanecía a una distancia lejana pero parecía contemplarla con reparo todo el tiempo. Los gestos hoscos de su rostro no se suavizaban ni ante los chistes continuos de Arthur… ni ante las miradas risueñas que ella le dedicaba.
De un momento a otro, Snape se puso de pie y se dirigió a la puerta de la cabaña.
-¿A dónde vas, Severus?
-Por más leña, tendremos que pasar la tarde. –Arthur lo observó un instante mientras asentía y la puerta se abría dejando entrar una leve ventisca con algo de nieve, Hermione se puso de pie de inmediato, encaramándose en la capa negra del profesor de pociones.
-Iré a ayudarlo –resolvió con presteza pasando delante de él, el pelirrojo volvió a mover afirmativamente la cabeza mientras atizaba el poco fuego que ahora desprendía la chimenea. Cuando cerraron la puerta lanzó un suspiro cansado.
Si Snape lo quisiera podría volver, y él lo sabía.
Pero se quedaba allí.
12
Severus se sonrió cuando oyó la puerta abrirse tras él, Hermione se le unió al trote.
-¿Quiere enfermarse, Granger?
-Conozco muchas pociones para recuperarme –la castaña se extrañó de que el profesor no pusiese un gesto serio o despreciativo, lo vio sonreír con una suavidad que jamás había notado antes y se detuvo para esperarla.
-Sabía que me seguiría. –resolvió decir mientras daba media vuelta y extendía levemente su mano para que ella la tomara.
Hermione se quedó quieta viendo estupefacta el gesto de su profesor, tragó saliva y tomó su mano con algo de desconfianza. Snape la sujetó con fuerza, se sentía helada. Claro, él no tenía abrigo.
Le sonrió y Snape volvía su mirada al frente para avanzar, Hermione vigiló a sus espaldas pero el señor Weasley no podría verlos desde esa distancia. Siguieron camino un trecho largo hasta que él volvió a soltarla, blandió su varita y comenzó a derribar algunas ramas. Hermione se ocupaba de apilarlas a un lado.
Wingardium Leviosa.
Estuvieron en silencio todo ese tiempo. Hermione aun no podía creer que él hubiese andado de la mano con ella, seguía flotando en el aire. Tenía que ser definitivo y oficial: Snape la quería, Snape la quería y tenían una relación.
Se sintió observada y al girar notó que Severus había dejado lo que estaba haciendo sólo por mirarla.
-¿Hice algo mal? –preguntó, muy acostumbrada a que él sólo le obsequiara una mirada si era para criticar alguna poción mal hecha en su procedimiento. El rostro del profesor se encontraba serio y contemplativo, bajó la cabeza y se sonrió.
Inédito.
-Hermione…
Doble inédito.
Los labios de la muchacha se estiraron en una sonrisa auténtica repleta de felicidad. Por primera vez la llamaba por su nombre. Las ramas que sostenía con el hechizo cayeron al suelo, guardó la varita con incredulidad y se acercó a Severus. Él seguía contemplándola atentamente, como si intentara memorizar cada uno de sus movimientos.
13
Hay decisiones que son muy duras de tomar.
Una vez Hermione había preparado una poción para dejar de sentir amor por él. Si se la hubiese tomado, él ahora no estaría allí frente a ella, y no hubiese perdido la mitad de las vacaciones tras ella. Pero no la tomó. Esa fue su decisión.
Luego, Hermione hizo una poción del olvido, mucho más rotunda y devastadora, con esa sí lo olvidaría por completo. Fue luego de que él la rechazara. Sin embargo, tampoco la tomó y prefirió tragarse la amargura del desamor por si sola, disfrazando el dolor con una sonrisa.
Hermione había hecho esas dos cosas porque sabía qué era lo más prudente, lo más sensato, lo más racional. Aunque lo quisiera.
Pero jamás se había atrevido, su coraje Gryffindor era una farsa.
Y él entonces terminó allí, a su lado, embaucado en una guerra injusta en la cual no podía defenderse. No tenía armas para hacerlo. Él también la quería, y cada vez con más intensidad.
-¿Qué cree que dirán sus padres cuando les explique todo?
La pregunta la tomó por sorpresa. Permaneció de pie frente a él levantando los hombros mientras miraba enrededor en búsqueda de una respuesta.
-¿Qué todo?
-Que su propia hija los embrujó.
-¡Lo hice para salvarlos! –respondió ofendida, Snape asintió mirando el suelo.- ¿Tus reuniones con Voldemort…?
-Fue hace mucho –el pocionista dio un paso hacia atrás quitándose el cabello del rostro, Hermione seguía interrogándolo con la mirada- Tiene que entender que no he hecho las mejores... proezas.
-No importa... Hiciste lo mejor al final. –le reafirmó la castaña, Snape bufó y su aliento se hizo vapor en el aire helado.- Debiste avisar que nos traerías al único lugar de Australia donde nieva…
-Granger… yo no soy "de los buenos" –Hermione volvió la vista a él con seriedad.
-Para mí lo eres.
-Maté gente.
El corazón se le volvió a helar al oír las palabras contundentes del profesor.
-Era la guerra… -replicó ella con prontitud, el ceño de Snape se relajó.
-Siempre tiene una respuesta… -suspiró cansado y volvió a mirarla- … por eso es insufrible.
-Lo sé… -bajó la vista pero la mano de Snape la sorprendió alzándole el mentón para que lo mirara. Otra vez esos ojos viéndola con intensidad.
-Siempre lo sabes todo.
Era inconcebible, la mano que sujetaba el mentón ahora le acariciaba la mejilla fugazmente con el revés. Hermione tomó aire nerviosa sintiendo como su corazón se conmovía de felicidad, Severus hizo una mueca parecida a una sonrisa al ver como las mejillas de la muchacha se ponían más rojas.
Se acercaron lentamente, Hermione cerró los ojos esperando un beso en sus labios… pero el calor de Severus la envolvió en un abrazo. Apenas la mano de él en su cabeza llevándola a su pecho, Hermione se acomodó sintiendo sus latidos mientras sonreía complacida.
14
La única mujer que lo había amado.
Snape tomó aire con fuerza mientras cerraba los ojos apretándola con fuerza contra él, sintió los brazos de Hermione envolverlo por la cintura y acariciar su espalda. Agachó la cabeza y absorbió el aroma dulce de sus cabellos húmedos por la nieve.
La única.
Su corazón golpeaba adolorido, apretando de un modo desgarrador. La abrazó más fuerte sintiendo como la congoja estaba destrozándole el pecho.
-Hermione… -la muchacha alzó la vista saliendo del plácido refugio, el llamado de Snape no fue suave sino urgente. Volvieron a mirarse, él dejó un beso duradero sobre su frente. Lo abrazó con todas sus fuerzas y volvió a reposar en la calidez de su pecho sintiendo como el rostro de Snape se recostaba sobre su cabeza. Luego de un tiempo el murmullo de su profesor acarició en su oído- Yo también lo hago para… salvarte.
15
Hermione frunció el ceño y se apartó apenas para mirarlo, los ojos de Snape se veían igual de intensos pero tristes. Una de sus frías manos le acarició el rostro tiernamente.
La castaña negó con la cabeza sin ser capaz de responder, como cuando leía una pregunta especialmente difícil de cualquier examen… y, como siempre, de repente comprendió todo.
-¡No! –exclamó mientras se retiraba hacia atrás amagando a sacar su varita, pero Snape ya había empuñado la suya y su voz se oyó quebrada al borde del llanto cuando lanzó su hechizo.
-¡Obliviate!
16
La castaña cayó de espaldas al suelo, estaba desmayada. Snape guardó su varita sin apartar la mirada de ella, el nudo en la garganta se le enredó con fuerza. Apretó la mandíbula mientras tragaba con dureza.
Él era un estupendo duelista.
Finalmente la sentó sobre la pila de maderas que habían estado juntando para que no sintiera el frío de la nieve. Él buscó un lugar algo apartado y se sentó encorvado mirando hacia ella, con los codos sobre las rodillas y las manos entrecruzadas sosteniéndole el mentón. Esperó el tiempo que fue necesario mientras la nieve seguía cayendo delicadamente entre ellos, de repente no había ni ninguna sensación del exterior, el vacío en su estómago y el desgarro en el pecho eran todo lo que podía sentir. Los ojos negros del mago seguían fijos en ella, pero sin observarla, perdidos en algún pensamiento.
-Mi cabeza… -exclamó de pronto la castaña en un quejido, Snape se enderezó en su lugar. Aun así, ella pudo ver la expresión distinta en el rostro del pocionista, la misma que traía cuando yacía agonizante en el suelo y hablaba con Harry.
-Debe tener más cuidado con ese Leviosa, Granger. –protestó con el tono seco esquivando su mirada, la muchacha intentó ponerse de pie torpemente.- Volvamos, ¿cree que pueda dejar de caminar como un troll?
-Muy gracioso, profesor…
Snape no la esperó, iba con la maderas al frente haciéndolas levitar mientras ella lo seguía por detrás quejándose de su paso apurado.
17
La tormenta se detuvo por la tarde, cuando la claridad comenzaba a desaparecer. Para ese entonces Granger y Weasley estaban dormidos, él en una silla y ella en el sofá.
Snape se acercó sigilosamente hasta la castaña para contemplar su rostro iluminado por las llamas de la hoguera, lucía cansada pero seria, nada apacible. ¿Aun tendría dolor de cabeza?
"Ya se le pasará…" pensó para sus adentros mientras seguía contemplándola. No podía quejarse con la vida, había tenido el amor de una joven hermosa, astuta y vivaz alguna vez.
Ella también conseguiría a alguien después.
Snape bajó la vista al suelo tragando la amargura nuevamente, no quería imaginarlo.
Respiró acongojado. Era lo correcto, siempre lo había sido, ella descubrió la respuesta antes que él hacía mucho tiempo.
Vio la capa que usaba como cobertor y se sonrió recordando las palabras de la muchacha por la mañana: "Como aquella vez… luego del lago"
Y, al final, él ya no tendría que quejarse por remar para ella.
-Todo en orden… -murmuró para si mismo dando la vuelta para retirarse, pero una voz susurró a sus espaldas.
-Profesor… -al darse vuelta vio a una adormilada Granger restregándose los ojos para salir del sueño- ¿A dónde va?
"Siempre tan observadora…"
-Ustedes pueden volver solos, ya no soy… necesario.
-Oh… -ella se quedó pensativa unos momentos asintiendo con tímido respeto.- Gracias por este favor, jamás lo olvidaré.
Snape bajó la mirada al suelo asintiendo con gravedad mientras sentía apretar nuevamente su garganta.
Ya lo había olvidado. Había olvidado todos sus sentimientos por él y todo aquello que los había despertado. Él era un estupendo duelista y muy diestro en el arte de los hechizos. Para ella ya no sería más que el Profesor Snape.
-Ah, y… -la muchacha se puso de pie, estaba ofreciéndole algo: su capa- Tome.
-No. –Snape la miró con dureza- Usted la necesitará aquí. Puede… quedársela.
La vio abrir los ojos con incredulidad, como un alumno lo haría si él llegaba a decir que tenían el día libre para recoger flores en los terrenos de Hogwarts.
En los mismos terrenos que ellos recorrieron en silencio inmersos en las emociones que comenzaban a despertar… en las emociones que él ahora había dejado dormidas para siempre. Weasley la esperaba, eso había dicho. Muchos la esperarían… muchos, mejores que él.
-¿Está seguro?
"Te quiero, Severus"
-Deje de hacer preguntas tontas, Granger. –se giró dándole la espalda nuevamente mientras se alejaba hacia la puerta.
-Profesor… -Snape volvió a darse la vuelta viéndola con notoria impaciencia, ella le sonrió- Gracias por todo.
Por un instante se sintió enraizado en el suelo. Hermione percibió incómoda el hecho de que él no dijera nada y no retirase la mirada.
Si ella supiera…
La ignorancia era la mejor de las compañías, saber demasiado sólo sumía la realidad entre sombras. Algunos consideraban el conocimiento un don pero Snape sabía bien que era una maldición, la ignorancia era el verdadero obsequio… el obsequio que él le había dado a ella.
-Adiós, Granger.
-Adiós –Severus se la quedó viendo hasta que se esfumó de la habitación para volver a su vieja casa en la calle de la Hilandería. Se la quedó viendo como todo aquel día, y guardó para siempre el recuerdo de la insufrible sabelotodo de Hogwarts, de su rostro suave y joven, su mirada perspicaz, su sonrisa tímida, sus ademanes a veces impulsivos. Y guardó para siempre el recuerdo de sus palabras, sus caricias, sus labios, su aroma. Se aferró a cualquier indicio insignificante en su memoria. La Señorita Granger. La Sabelotodo Gryffindor. La muchacha del trío dorado. La única mujer que lo amó. La mujer a la que él amaba. La que ya no lo recordaría. La que él nunca olvidaría.
N/A: Hola. Gracias por seguir la historia hasta acá. No fui yo, fue Severus.
ESTRELLITAS Y DUENTES – J. L. GUERRA
Les he dicho que no habría epílogo oculto, como ven… no lo hay, porque por lo general los epílogos se colocan después del capítulo final y… este no lo es…
