El único espectador en ese negro telón que cubría la ciudad alumbraba a plenitud la superficie alta de un edificio, sobre este se encontraba un rubio guardián de ojos verdes quien vigilaba desde de lo alto la ciudad – maldición, no puedo creer que se me escapara de nuevo, me dificulta más el trabajo cuando oculta su existencia – frunció el ceño – sé que debe estar por aquí – observaba todos los rincones posibles para encontrarlo, sus ojos se tornaron de color rojo de esta manera podía ver y escuchar totalmente todo lo que lo rodeaba pero aún así Kirian podía burlar esta habilidad, Abadón se sentía frustrado ante ello ya que ningún demonio, humano o ángel podía escaparse de sus ojos y oídos - ¿Qué sucede? – preguntó serio al salir de su concentración
– mi señor, disculpe la interrupción, ha sido evocado por nuestra superioridad quien en este mismo instante lo necesita – avisó un espectro encapuchado con voz áspera al hacer aparición detrás de Abadón.
– Está bien, puedes retirarte – ordenó con voz imponente
– Con su permiso – desapareció entre las penumbras
– Kirian, tendremos que arreglar cuentas más tarde – abrió un hueco en el vacio al ingresar la abertura comenzó a arder hasta cerrarse borrando cualquier rastro
El lugar se torno frío, había bajado la temperatura – creo que se me bajo la presión – difirió al percibir que su cuerpo temblaba, sentía que se estaba congelando – acaso ¿aquí hay aire acondicionado? ¿Cómo una carpa puede tener uno? Además estamos en invierno – cruzó sus brazos
– Niña ven aquí, no temas Leila – llamó una anciana sentada con voz un poco tenebrosa, frente a la mujer había una lámina transparente suspendida en el aire a ésta la bordeaba un tétrico marco.
– ¿cómo supo? Sí que es buena como dijeron – pensó – buenas noches señ – fue interrumpida
– Toma asiento Leila – ordenó mostrando una sonrisa, su rostro estaba cubierto por un largo velo de color negro con encajes góticos
– cla-claro – jaló la silla - ¿nieve? ¿Porque hay nieve aquí? En este lugar nunca ha nevado – estaba confundida, tomo asiento luego de sacudir el asiento con nieve
– esto es un regalo para ti – afirmó extrañamente - coloca tu mano aquí – señaló la lámina suspendida verticalmente en el aire
– ¿cómo hace eso? – se percató que nada soportaba a dicho cristal delgado – cada vez estas cosas lucen más reales – pensó mientras colocaba su mano en la lámina, la anciana sonrió
– veamos – colocó su mano en el otro lado de la lámina
La Lámina se tornó negra, las venas en la mano de la anciana tomaron un color oscuro, aun seguía con la cabeza baja tratando de ver a través de su herramienta, en su mente hizo aparición unas bestiales garras las cuales sujetaban cadenas rotas, escenas escalofriantes se hicieron presentes, este acto fue repentino e instantáneo causando impresión en la mujer de edad, abrió desmesuradamente los ojos los cuales eran rojos, la lámina cayó por la desconcentración y se quebró en el piso.
– disculpe señora, no era mi intención – leila trató de recoger los pedazos mientras la anciana aún estaba paralizada
– tu mano – la tomó bruscamente mientras ella recogía los trozos en el piso – estas manos están completamente heladas
– así son normalmente – afirmó nerviosa por la reacción de la mujer
- es absurdo, no tiene huellas ni la sombra del alma – hablaba para ella misma mientras examinaba la mano
– ¿qué quiere decir? ¿Qué sucede? ¿No me puede leer la fortuna? – preguntó extrañada
- No posees fortuna, una psique que sobrevivió a la defunción del cuerpo físico sin ir a ninguna parte, es una contradicción de lo que debe ser y ya no es – soltó la mano – lo que vi – se exaltó al recordar lo que pudo ver en tan solo unos segundos
– ¿q-que es lo que quiere decir? – preguntó asustada
– has levantado un muro contra la voluntad de los inmortales, algo que no debería de subsistir – meditaba – ¿qué planeas hacer ahora? - Leila no sabía cómo interpretar las palabras esotéricas de la anciana – el no sabe que estoy aquí, debes irte de aquí, vete – ordenó, leila hizo caso a las palabras, no entendía la situación.
Cuando salió al exterior, se percató que no era la feria donde se encontraba sino un callejón volteó su vista y se encontró con una pared - ¿Por qué? – preguntó sin entender
- ¡ah! – un grito desgarrador la alerto, volteó a ver qué sucedía, al final del largo callejón pudo distinguir la silueta de un hombre, éste clavaba sus dientes y absorbía la vida de una joven que apresaba en sus manos, no podía moverse estaba petrificada ante la situación, el hombre alzó la mirada y fijó sus ojos escarlata en Leila, sacó sus colmillos y tiró el cuerpo de la joven con fuerza como si se tratara del envase de algo ya consumido, por la intensidad del impacto se destrozó el cráneo del cuerpo – vaya, parece que estoy de suerte, aún tengo sed – afirmó con la ropa y labios teñidos de sangre por el crimen cometido – no te preocupes, solo dolerá la penetración en tu suave cuello luego solo sentirás placer – afirmó aproximándose cada vez más
– Este miedo, este miedo ya lo he experimentado – su rostro reflejaba terror – ¡aléjate! – grito armándose de valor para escapar pero cuando trató de correr el hombre se apareció en un instante frente a ella impidiéndole la salida y acorralándola
– Que tierna – dijo socarronamente
– Basta, por favor – dijo asustada pero este solo reía, acercó su mano para tomarla del brazo y aplausos comenzaron a resonar por el callejón
– bravo, sabes cómo acorralar a tus presas pero no das miedo – afirmó burlonamente - te faltan otros cien años para hacerlo bien, eso si no mueres antes – afirmó la masculina voz
– ¿Quién eres desgraciado? – preguntó al intruso quien no se mostraba totalmente
– Deberías regular tus palabras – advirtió serio al aproximarse a ellos, el reflejo de la luz contrastada con la oscuridad del lugar hacía brillar uno de sus ojos de color rojo mientras el otro estaba escondido tras su flequillo
– no me digas, si tan sólo eres un chiquillo – se mofó al ver al joven
– no deberías subestimarme, no tienes la edad ni la milésima parte de experiencia que tengo a comparación de tu insignificante existencia – se expresó despreciativamente al aparecer repentinamente detrás del vampiro
– maldito acaso ¿tú eres? – volteó rápidamente
– ya era hora que te dieras cuenta, ya me estaba preocupando, no pensé que fueras tan ignorante – sonrió socarronamente dándole la espalda
– ustedes se creen demasiado, te bajare los humos, maldito – masculló tomando una vara de metal que desprendió de la pared
– pues veamos – advirtió volteando para darle la cara pero en ese instante el vampiro lo atravesó con el metal en el lado izquierdo del pecho donde se situaba el corazón, con la magnitud de la fuerza lo estrujó contra la pared dejándolo clavado, el joven comenzó a desangrarse
– no decían que eran invencibles pues puras patrañas – reía escandalosamente – ¿quién ríe ahora? – se acercó a Leila – creo que tendré que buscar más sangre luego de terminar contigo – informó mientras tomaba el mentón de la joven y lo levantaba, ella estaba petrificada – no te dolerá
– espero que no te duela demasiado a ti – comentó el joven clavado en la pared
– ¿Pero qué demonios? – el hombre se sorprendió
– Rayos hombre me halagas, eso es lo que soy – confeso tomando el fierro con su mano y retirándolo sin ningún problema – pero ni creas que con eso perdonaré el haber dañado mi ropa – tiró el fierro ensangrentado y comenzó a arreglarse la ropa – tsk, lo que más odio es tener agujereada la ropa – observó el hueco en su pecho despreocupadamente
– deberías estar
– ¿muerto? ¿Quieres decir eso? – torció los labios y comenzó a reír, Leila y el vampiro estaban desconcertados ante la actitud del joven – ¿sabes? No es la primera vez que me ejecutan, es más ni recuerdo cuantas veces trataron de hacerlo – afirmó arrogante
– ¡maldito! – saltó para abalanzarse encima de su adversario
– por más que halagues no reducirás tu condena – dijo lo ultimo fríamente, tomó el cráneo del vampiro en el aire y lo impactó contra el piso, la fuerza destrozó parte de la superficie – no tengo tiempo para seguir jugando contigo – afirmó el pelinegro sonriendo mientras pisaba su cabeza – dime ¿Quién está riendo ahora? – Levantó al vampiro del cuello y miró a leila quien presenciaba todo aún sentada en el piso con los ojos excesivamente abiertos, sonrió ante ello – no te escucho, creo que se me pasó la mano – notó que le había roto el cuello – que decepción – tiró el cuerpo como cualquier cosa
– ahora tú – se acercó a la joven, leila comenzó a sacudir la cabeza en negación - ¿te asuste? – sonrió divertido al ver la expresión de terror
El vampiro casi no podía moverse, con mucho esfuerzo se puso de pie sabía que tardaría en recuperarse de ello, aprovechando la distracción del otro trató de huir pero antes que intentara algo el joven apareció frente a él con una mirada extremadamente fría, lo único que sintió fue el perforar de su pecho, lo hizo con sólo una mano, sin el menor esfuerzo despojo del cuerpo el corazón que ya no latía hace años, Leila miró el corazón contenido en su mano, el cual sin el menor esfuerzo fue destrozado. El cuerpo hueco aun atravesado por el pelinegro comenzó a arder en llamas hasta transformarse en cenizas.
El demonio sacudió su brazo y se dirigió a la joven – por favor, no me hagas daño – pidió con voz temblorosa y suplicante
– Trate de ser sutil – se aproximó, al llegar donde estaba leila se agachó hasta su altura – ya es hora, humana – reconoció la voz y recordó la habitación de espejos
– tú eres – no termino de articular cuando fue trasladada a una habitación que tenía un estilo antiguo, estaba casi oscuro a no ser por la luz de la luna llena que penetraba a través de los grandes y antiguos ventanales – ¿dónde estoy? – se preguntó observando la extraña habitación
– ahora si podemos hablar – afirmó la masculina voz e inmediatamente se encendió una chimenea la cual alumbro la habitación
- ¡¿Dónde estoy? ¡¿Quién eres? – preguntó desesperada
– ¡que insolente! no deberías hablarme en ese tono ¿con quién crees que tratas? – molesto la tomó del mentón con unos guantes negros de cuero que poseían correas con pequeñas hebillas
– auch, ah - Gimió de dolor por el agarre, la soltó inmediatamente – ¿Por qué? – miró la salida de la habitación
– No podrás salir de este lugar, hasta que hablemos – advirtió, al percatarse de las intenciones de ella
– ¿Por qué me trajiste aquí? ¿Qué quieres decirme? – preguntó extrañada
– cállate, solo hablare yo – ordenó imponente – es hora que pagues tu deuda
– ¿de-deuda? – Tartamudeó - ¿de qué habla?
– qué bueno que aprendas rápido, ya estas empezando a tratarme de usted – sonrió arrogante
– creo que se equivocó de persona, yo ni lo conozco, mejor me voy – trató de retirarse pero cuando se acercó a la puerta fue repelida por ésta
– La estupidez humana no se puede evitar, hace un momento dije que no puedes salir – alego despectivo mirando a la chica quien se levantó rápido del suelo
– esto es un sueño, debe ser un sueño – se pellizco el brazo – seguro me quede dormida
- los humanos son muy ingratos, se desentienden de los favores hechos – se acercó
– ¿qué tratas de decir? – Desconcertada - ¿Por qué debería algo a alguien a quien no conozco?
– tsk, usaré las palabras más simples posibles para que puedas entender – expresó agachándose a la altura de ella – debo suponer que aún recuerdas el asesinato de los esos humanos frente a tus ojos – el semblante de ella empalideció – veo que recuerdas muy bien – sonrió al ver la expresión
- ¿q-que tiene que ver eso? – preguntó nerviosa - acaso
– pues mucho, ese día supuestamente deberías haber muerto para decirlo de otra manera ahora no deberías existir – dijo con tranquilidad
– de-debes estar bromeando – incrédula – ¿te estás burlando de mi?
– por eso odio a los humanos su diminuto cerebro no da para más, tienes a un demonio frente a ti y aun así ¿dudas de mis palabras?
En cierta manera tenía razón pero era tan irreal todo lo que le había sucedido parecía sacado de una filmación de una película – tienes razón – respondió frente a la obvia analogía del demonio
– Parece que al menos puedes dar señal de inteligencia – contestó fastidiado - continuando con lo que dije, el día 18 del mes anterior a las 12:00p.m. deberías de haber dejado de existir, unos tres días después encontrarían tu cuerpo inerte – contó sin importancia – esos hombres iban a abusar de ti hasta matarte después tirarían tu cuerpo agonizante entre las malezas de los árboles donde terminarías de desangrarte por completo
– n-no puede ser – tartamudeó bajamente mientras la lágrimas hacían aparición, tomó inmediatamente su rostro entre sus manos
– mírame – le ordenó el joven tomando su mentón con una mano
– auch – gimió de dolor y alzó la mirada, los ojos bicolores se encontraron con los de ella – así lo verás – leila quedó en trance, vio el verdadero transcurrir de los hechos, parecía una película desde el momento en que salió de su trabajo hasta cuando la secuestraron en el auto, el lugar desértico al cual la llevaron, como la violaban sin compasión, escuchaba sus propios gritos era una traumática escena, presencio su propio funeral – creo que es suficiente – la despertó del trance - debió suceder de esa manera – afirmó sin remilgo alguno, Leila derramaba amargas lágrimas – ¿no piensas que es injusto tu final? deberías estar eternamente agradecida porque ese día yo fui quien te arrebato del cruel final al que estabas destinada
– ¿porque me salvaste? – preguntó borrandolas lágrimas con sus manos
– no fue nada personal, solo quería probar que era desafiar al flujo natural, tuviste suerte de ser mi conejillo de indias – confeso con una soberbia sonrisa - es más, es divertido ver que este tipo de cosas pasan casi a diario – se levantó – los humanos viven en un lugar muy caótico se consumen entre sí, son parásitos unos de otros, seres así tan primitivos me divierten
– ¿divertido? ¿Crees que esto es divertido? – preguntó amarga
– cuida ese tono, que no tratas con alguien de tu especie – advirtió - para tu información soy un demonio alguien muy superior a ti, para que negar que todo esto es divertido, créeme, un demonio te salvo, que ironía a pesar que somos quienes arrebatamos las almas – reía altaneramente mientras caminaba por la habitación
– entonces ¿Cómo debo pagar esa deuda? – se levantó
– debo reconocer que a pesar de ser humana no eres del todo ingrata
– ¿te llevaras mi alma? – preguntó nerviosa
– eso fue muy repentino – rió escandalosamente
– ¿entonces?
– ¿llevarme tu alma? – Meditó - pues si y no
– ¿ah? No te entiendo
– harás un pacto conmigo – hizo aparecer una ruma de hojas que todas juntas tenían el grosor de una enciclopedia antigua, las hojas tenían aspecto antiguo y la letras parecían estar grabadas con sangre – toma esto – lo tiró al suelo en los pies de la joven
– ¿qué es eso? – preguntó
– es tu condena para pagar por tu vida – encendió un puro
– esto es demasiado – reprocho mientras tomaba la tremenda ruma de hojas – ¿hasta cuando tengo plazo para leerlas?
– ¿plazo? ¿Estás loca? – arqueó una ceja
- ¡¿las tengo que leer ahora? – se sorprendió
– soy impaciente así que tienes que firmarlo ahora – ordenó exasperante
– Pero no puedo firmar algo que no haya leído - recriminó
– tienes un minuto ni más ni menos – se cruzó de brazos – no vas a poder terminar de leerlo, si te fijas bien tiene un montón de cláusulas escritas con sangre, solo debes firmarlo y ya
– ¡¿sangre? – soltó inmediatamente las hojas
– si, sangre demoniaca – le alcanzó una pluma – sabes muy bien que los demonios no damos nunca nada a cambio de nada, apúrate que corre el tiempo
– e-espera – tomó de nuevo las hojas para comenzar a leer, estas tenían como premisa "pacto eterno: servus diaboli", a ésta le seguían una infinidad de clausulas, trató de darles una lectura veloz por la escasez del tiempo, algunas frases escritas con letras tétricas y góticas llamaron su atención "cuerpo y alma estaría a plena disposición de él hasta que ésta se consumiera en el infierno"
– ¿Qué quiere decir esto? – señaló la frase que contenía la cláusula – dijiste que te quedarías con mi alma pero ¿con mi cuerpo también? – preguntó
– ¿no es obvio? desde este momento serás mi sierva – levantó la comisura derecha de los labios
- ¿su sirviente? – no le gustaba como sonaba eso, pasó a otras cláusulas, "…todo lo que una vez perteneció en vida ahora estará a disposición de su poseedor…", habían demasiadas para poder leerlas todas inmediatamente, "…la entidad física no podía ser tocada por quien no fuera su poseedor…", "…el amo del siervo estaría pendiente en todas sus acciones..", "..el siervo obedecería ciegamente las disposiciones de su poseedor no pudiendo sublevarse ante él…", "…el elixir de vida que aún recorre en él estará en plena disposición de su amo…", y así habían infinidad de clausulas con explicaciones debajo que no termino de leer.
– no tengo tiempo para esto, firmarás ahora – afirmó aburrido tirando el puro a la chimenea, sin mover ningún solo dedo hizo que las hojas se voltearan hasta llegar a la última página la cual estaba en blanco – firma en esa hoja – dijo imponente, esperaba pero ella aún estaba indecisa
– está bien – resignada trató de firmar con la pluma pero esta no escribía – ¿no tienes otro lapicero? Este no pinta – frotó la pluma para que pintara
- ¡¿Qué haces? – preguntó extrañado al ver que ella trataba de pintar en la planta de su zapatilla
– trato de hacerlo pintar – contestó inocente
– que estúpida – se aproximó a ella – dame – ordeno con la mano extendida – ahora dame tu mano
- ¿ah? – Articuló sin entender, el pelinegro tomó su mano y pinchó uno de sus dedos con la cabeza filuda de la pluma – auch, ¿Por qué? – gimió de dolor
– Le faltaba tinta para poder escribir - comentó como si se tratase de algo obvio – ahora firma – leila firmó
- ya lo hice, ya firme ¿ahora? – se levantó del suelo de madera
– perfecto - el demonio se acerco a ella, tomó el dedo pinchado para lamerlo delicadamente pero fue doloroso, sintió como si le quemasen el dedo y el tacto con ella era demasiado brusco
– auch – gimió de dolor - ¿Qué te pasa? – sostuvo su dedo
– los humanos son muy débiles – afirmó – bueno, así se cierra el contrato – miró la hoja firmada, cuando Leila observó la hoja su nombre escrito con sangre fue totalmente absorbido por la hoja
– pero que – se preguntó, las hojas comenzaron a arder desapareciendo de esta manera sin dejar rastro alguno
- hasta aquí llega la reunión - le dio la espalda
- e-espera, tengo un montón de preguntas que quisiera hacerte – Leila trató de detenerlo
- dame una buena razón para contestarlas – respondió fastidiado aún de espalda
- e-eso, quisiera cumplir bien el pacto que acabamos de hacer así que
– ¿qué quieres saber? – suspiró
– hay algo que me molesta bastante, el día de mi muerte ¿cómo regrese a mi casa, si estaba inconsciente?
– ¿eso tiene que ver con el pacto? – arqueó una ceja
– ehm, no – el demonio se volteo para retirarse - por favor
– eso fue porque tengo la común facultad como todos los demonios el de poseer cuerpos, ese día poseí el tuyo – contestó sin gesto alguno en su rostro
– ya veo, ¿qué es lo que en realidad debo hacer? – preguntó acerca del pacto
– si quieres que te resuma todo lo del contrato es simple, tú me perteneces desde este momento eres mi mascota, tu alma, tu cuerpo, tu sangre todo ello me pertenece – sonrió maliciosamente
– ¿mi sangre? ¿a qué te refieres? ¿No me dijiste que eres un demonio? ¿Por qué sangre? – Preguntó confundida – me dijiste que eras un demonio no un vampiro
– la respuesta es simple, ignorante humana – manifestó bufándose del comentario de la chica – ¿qué crees que son los vampiros? – preguntó mientras se acercaba a ella
– s-s-son muertos que extraen sangre para ¿poder seguir viviendo cientos de años? – contestó insegura
– ¿Cómo se originaron? - se acercó más mientras ella daba disimulados pasos hacia atrás
– p-pues no estoy segura pero ahora sé que existen – afirmó tratando de evadir la penetrante mirada del demonio
– sólo por ser mi mascota te lo diré de esta manera – confesó - los vampiros son como nuestros descendientes
– ¿descendientes? Eso suena ilógico – afirmó Leila
– seguro que si, alguna vez has escuchado la historia de la rebelión de los ángeles
– si, en las clases de religión cuando estaba en primaria – trató de recordar
– la soberbia de estos los llevaron a su propia perdición
– pero ¿qué tiene que ver eso?
– pues estos supuestos lacayos de quien ustedes los humanos tienen ardiente fé – comentó con tono irónico - por igualarse a su amo empezaron a tomar acciones por sí mismos, comenzaron a corromperse, lo desafiaron al bajar al mundo terrenal para hacer lo que les plazca asesinaban, violaban mujeres humanas – contaba con trivialidad – no querían doblegarse ante los humanos, se revelaron
– ¿así se originaron?
– el producto de aquellas violaciones fueron algunos fetos deformes que nacían sin vida, si sobrevivían adquirían ciertas características de ellos de los cuales ya debiste haberte dado cuenta – se paró frente a Leila – los ángeles caídos expían estas acciones con sangre – afirmó mientras se acercaba peligrosamente al cuello de ella
– a-aléjate – trató de evadirlo
– esto es lo que heredaron ellos de nosotros ese castigo de vivir a costa de sangre, somos los que consumimos vidas para hacernos propietarios de sus pobres almas –tomó el cuello de la casaca de ella y la rompió de un solo tiro sin el menor esfuerzo – lo sabía, no voy a poder saciarme de este cuerpo – afirmó observando el pecho desnudo de la joven
– ¡¿q-q-que has hecho? – se sorprendió por el acto, se tapó inmediatamente con los brazos
– No sé porque te avergüenzas, no tienes un cuerpo espectacular – comentó secamente – además no tienes nada que ocultar, eres indiscutiblemente plana por ambos lados
– e-ese no es punto – tartamudeó avergonzada
– ya lo vi varias veces y no me causa ninguna reacción – confesó frescamente
– ¡¿q-q-que? ¡¿Que has dicho? ¡¿A qué te refieres? ¡Pervertido! – gritó nerviosamente
– no tengo por qué seguir dándote explicaciones de mis acciones tan solo atente a las consecuencias es lo que es acabas de firmar – sonrió
– ¿q-que quieres decir? – Preguntó preocupada de la respuesta – maldición, ni siquiera sé que acabo de firmar
– en la clausula número 78 en la página treinta, se afirma que tengo entera potestad sobre tu cuerpo – dijo malicioso
– me dijiste que sería como tu sirviente – recriminó
– es obvio que no te diste cuenta de las pequeñas letras que están al final de esta cláusula – levantó la comisura derecha de los labios
– ¡¿letras?, Obviamente no las leí si me forzaste a firmar rápido, ¡¿Q-que decían? – preguntó asustada, el demonio se acercó peligrosamente
– Que también tengo entera disposición de tu virginidad – alegó con seductora voz a unos escasos centímetros de ella
– ¡¿qué? ¡t-tú me engañaste! – reprochó molesta
– ¿engañarte? No puedes confiar enteramente en un demonio como yo – se cruzó de brazos – tu tuviste la culpa
– pero tú me forzaste a afirmar
– Eso es cierto pero piénsalo, es lo mínimo que puedes hacer por el precio de tu nueva vida – afirmó altanero
– n-no puede ser – estaba confusa
– No te preocupes que no será ahora, será en la doceava noche de luna azul – afirmó seductoramente en su oído dejándola totalmente petrificada
– E-e-entonces – comenzó a tartamudear - ¿cuál es el chiste de haberme salvado del abuso de ellos? si me violarás – reprochó
– Esto no será una violación – dijo serio – será sexo consentido porque tú misma acabas de aprobarlo al momento de firmar
– ¿ese será el pago final? Dices que tomaras mi alma
– es solo una parte del pago, tomaré tu alma cuando el cuerpo que lo contiene desfallezca
– hasta ahora no me has dicho claramente porque me salvaste
– fue una decisión de momento, no te creas tan especial – confesó despectivo - ¿sabes? A los demonios nos atrae mucho la pureza para poder corromperla quizás fue por ello que te salve, solo para utilizarte – abrió una especie de portal siniestro – tu aún eres completamente virgen y además nadie te ha besado tampoco – comenzó a entrar al hueco dimensional
– ¡¿c-como te atreves? – gritó avergonzada
– Por cierto, no olvides que no puedes tener ningún tipo de contacto con el sexo opuesto solo debes guardarte para mí, nos vemos – rió mientras desaparecía la abertura dejando un aura helada y tenebrosa
– ¡maldito! – tiró uno de sus zapatos pero este solo traspaso la abertura que desapareció – desgraciado ¿ahora qué voy a hacer? – comenzó a preocuparse, las paredes de la habitación empezaron a distorsionarse convirtiéndose en las paredes de su propia habitación.
En el inframundo dentro de una habitación fría y oscura en las tinieblas, se encontraba Abadón quien tenía una charla personal con el representante del mayor de las entidades del consejo.
– nadie debe percatarse de esto, debes evitar que se propague información de sus acciones, sobretodo de los demás del consejo
– está bien mi señor, estaré casi al margen de esto – afirmó el rubio agachando la mirada ante la poderosa entidad – informare cualquier anomalía que se presente
– te otorgo entera potestad en las medidas que tomes en cuanto a quien intervenga
– gracias, con su permiso me retiro
– recuerda que se te confía algo muy importante – advirtió antes que se retirara
– lo sé y estoy agradecido por la confianza – sonrió
– me alegra escuchar eso, informa en cada oportunidad que encuentres
- está bien – Abadón de retiró del lugar – así que ya tomaste cartas en el asunto, bueno ahora sólo seré un cuervo a tu lado – afirmó cuando volvió al lugar donde estaba
– maldición no puedo entrar –Rael intentaba adentrarse a la carpa de la adivina pero sentía un campo de fuerza, cuando logró ingresar buscó a Leila pero en el interior de este no había nada, era una carpa común y corriente la cual estaba vacía – maldición ¿dónde te la llevaste? suprimió completamente mi energía colocando una barrera para que no pudiera ingresar supongo que no debo de subestimarlo – pensó aún parado dentro de la carpa
– oye, creo que algo pasa – dedujo Nina al ver a Rael que no salía de la sospechosa carpa
- ¿Qué estarán haciendo? No pensé que leila fuera tan rápida – comentó con segundas intenciones
-¿Qué tonterías dices? Me refiero a que Leila no sale – dijo preocupada – mejor vamos
– Pero tiraríamos por la borda nuestro plan – reprochó
– no es momento para pensar en eso
– Tienes razón – siguió a su amiga
– Rael – llamó Nina al entrar pero no encontró a nadie
- ¿Qué pasa? – preguntó Lena al entrar después
– Estoy segura que estaban aquí – dijo confundida
- ¿Dónde se habrán metido esos dos? – preguntó observando por los alrededores
Dentro de la pequeña habitación, Leila yacía completamente trastornada a causa de lo que acababa de hacer – no puede ser ¿cómo he podido hacer un pacto con un demonio? – meditaba con la mirada perdida – acabo de venderle mi alma al diablo, literalmente hablando y lo peor de todo también mi primera vez – dijo aún más preocupada mientras se tomaba la cabeza – esto no parece real, no, no lo es, debe ser una pesadilla, si, debe ser eso – salió de su habitación y se encontró con su hermano quien miraba televisión en la sala
– ¿a qué hora has llegado? – pregunto extrañado al verla bajar las escaleras
– ha-hace un momento llegué – contestó nerviosa mientras movía los ojos para ambos lados
– no te vi entrar – la miró con extrañado
– es que estabas muy distraído mirando la televisión – comenzó a subir de nuevo a su habitación
– que extraño – se preguntó – bueno ya llegó, ahora estoy más tranquilo – volvió a prestar atención a su programa de comedia
– ahora ¿qué hago?, ese demonio ¿a qué se refería con la luna azul? Para empezar acaso ¿existe eso? – Meditaba mientras caminaba hacia su ventana para ver el nocturno cielo – me dio una nueva vida a cambio de ser su sirviente, ¿Qué pasara de ahora en adelante?
