Todos los personajes son de Stephenie Meyer y la historia es de Kasie West. Nada me pertenece.


Capítulo 7

Me quedo mirando el largo espejo que cuelga en mi habitación. Incluso cuando retrocedo todo lo que puedo, no puedo ver mi cuerpo entero. Mi habitación es demasiado pequeña. Me había arreglado el cabello, puesto mis mejores vaqueros y una camiseta negra y mis botas de color púrpura. Nada nuevo. Luché con el hecho de que esta no era una buena idea en absoluto. En ocho horas a partir de este momento tengo que estar despierta y preparándome para el trabajo. Saber la mala situación económica de la tienda me hace sentir culpable. Como si no hubiera hecho lo suficiente. Por enésima vez me digo que no tengo que quedarme mucho tiempo. Solo hacer mi aparición e irme.

Mi madre entra en mi habitación, entonces retrocede.

—Pensé que ya te habías ido.

—No, y no tengo que irme si me necesitas.

—Bella, estoy bien. Ahora sal de aquí. Te ves increíble.

Mientras camino las cinco cuadras hasta Scream Shout, miro mi entorno. El casco antiguo parece que perteneciera a una película del oeste. Todas las fachadas son de revestimiento vertical o de ladrillo rojo. Algunas tiendas incluso tienen puertas batientes de estilo taberna. Las aceras son de adoquines. Lo único que falta son los postes horizontales para atar a los caballos delante de las tiendas. En cambio, hay una calle ancha y bordillos de estacionamiento en diagonal. El océano está a varias cuadras de distancia, pero en una noche tranquila puedo escucharlo y siempre puedo olerlo. Tomo una respiración profunda.

Dos puertas más abajo de nuestra tienda de muñecas hay un estudio de baile, y estoy sorprendida de ver las luces prendidas a estas horas de la noche. Las amplias ventanas abiertas en una noche oscura hacen que todo en su interior sea tan claro como una pantalla de cine. Hay una chica dentro, probablemente de mi edad, bailando delante de una pared de espejos. Los elegantes movimientos de su cuerpo demuestran que ha estado estudiando durante años. Me pregunto por qué algunas personas parecen nacer sabiendo lo que quieren hacer con sus vidas y otras personas —sobre todo yo— no tienen ni idea. Suspiro y sigo de camino al club.

Scream Shout está lleno de gente esta noche. Reconozco a algunas personas de la escuela y asiento con la cabeza un "hola". El escenario apenas puede ser llamado así. Es más como una plataforma desvencijada. Tablas no coincidentes llenan el área alrededor de ella y una barra cubre la superficie de una pared. Hay tantas personas que realmente tengo que buscar a Alice.

—Oye —dice cuando me uno a ella. Su cabello está extra rosa esta noche, y me siento monótona de pie junto a ella.

—Hola. Hay mucha gente esta noche.

—Lo sé. Es genial. Debes de haber hecho una buena impresión en Tic, porque estaba preguntando si pensaba que vendrías. —Asiente hacia la puerta del lado del escenario, donde asumo que la banda se está preparando.

—¿Debemos llamarlo así? —No he decidido cuál es mi impresión de Emmett. Pero debe haber sido algo o no estaría aquí, abandonando el sueño.

—Sí, debemos, Troglodita.

—Por favor. Tú no, Die.

Se ríe.

—Lo sé, son bastante horribles, ¿verdad? Me da risa cuando llamas Sapo a Jasper, sin embargo.

—¿Cómo te va con el Sapo, de todos modos?

—Bastante bien. —Alice es extremadamente leal. Jasper tendría que hacer algo descaradamente horrible para que rompiera con él en este punto. No es que él lo haría. Aparte de su abuso atroz de apodos, Jasper es decente.

Miro hacia atrás, al escenario, a la espera de que se ocupe.

—Supongo que esta noche vas a estar locamente enamorada de él, porque está a punto de ir todo estrella de rock en ti.

—Por supuesto. —Sonríe—. Y tú estás a punto de caer locamente enamorada de Tic porque su voz es como la miel.

Tiene razón. Sobre la parte de la miel, al menos. Cuando comienza a cantar no puedo quitar los ojos de él. Su voz tiene una cualidad rasgada suave que me hace querer balancearme con el ritmo. Cuando oigo a Alice reír a mi lado finalmente salgo del trance.

—Te lo dije —dice cuando la miro.

—¿Qué? Estaba escuchando. Es de mala educación no escuchar.

Se ríe de nuevo.

Cuando la última canción termina, Emmett salta del escenario y desaparece en la parte posterior con los otros chicos. Jasper sale primero, y él y Alice se enrollan un tiempo justo en frente de mí. Asqueroso. ¿Por qué de repente me gustaría tener a alguien con quien hacerlo? Soy buena estando sola. Lo tengo prácticamente dominado. Entonces, ¿qué ha cambiado? La sonrisa con mordida de labios de Edward parpadea a través de mi mente. No. Sacudo la imagen lejos.

Justo cuando estoy segura de que si tomo una muestra de saliva de la boca de Alice tendrá el ADN de Jasper, digo:

—Bueno, basta.

Alice se aleja riendo y Jasper finge que se acaba de dar cuenta de que yo estaba allí de pie. Claro.

—¿Qué tal? —dice, luego se inclina hacia la barra y pide un poco de agua helada. La toma y buscamos una mesa. No hay libres, así que simplemente nos quedamos de pie en la esquina hablando.

Eventualmente Emmett sale y lanza un brazo alrededor de mi cuello. Su camiseta está pegajosa por el sudor y casi revierte el efecto que su canto tuvo en mí.

—Hola, Bella, viniste.

—Aquí estoy.

—¿Cómo lo hicimos esta noche?

—Muy bien.

—¿Has traído a las ancianas contigo? —Mira a su alrededor como si esto fuera una posibilidad válida.

—Casi, pero canceló a última hora. Supongo que alguna banda de metal tocaba en el centro esta noche.

—¿Qué banda? —pregunta Jasper, y Emmett se echa a reír.

—Fue una broma, idiota —dice.

—No me llames idiota.

—Entonces no actúes como tal.

Jasper hace pucheros y Alice dice:

—No eres un idiota, bebé. —Entonces empiezan a enrollarse de nuevo.

Agh. En serio.

—¿Quieres algo de beber? —me pregunta Emmett, mientras me lleva hacia una mesa abandonada.

—Sí, por favor.

Me siento y vuelve con dos botellas de cerveza. Me extiende una.

Levanto las manos.

—Oh, no bebo. Tengo diecisiete.

—¿Y? Yo diecinueve.

—Mi mamá dice que antes de que cumpla los dieciocho todavía tiene derecho a matarme. —Mi mamá siempre me dice que la culpe si estoy en una situación incómoda. Parece que funciona bien.

Se ríe.

—Bueno, está bien. —Se sienta a mi lado.

Lo veo beber durante un minuto y luego digo:

—Voy a conseguir un poco de agua.

—Oh. —Salta para ponerse de pie—. Siéntate. Yo lo haré.

Lo veo alejarse y no puedo decidir si me siento nerviosa por estar hablando con el vocalista de una banda o si es por Emmett. Cuando otras dos chicas se acercan a él en el bar y se vuelve a hablar con ellas, me doy cuenta de que es la primera opción. Después de todo, casi no lo conozco. Esto me hace sentir muy superficial.

El camarero le da mi vaso de agua helada, pero Emmett continúa hablando.

Me levanto, de repente. Tengo que irme. Tengo que levantarme temprano.

Camino hacia donde habíamos dejado a Alice y Jasper, y le toco en el hombro.

—Oye, me voy.

Ella se aleja de Jasper.

—Espera. —Mira a su alrededor y ve a Emmett—. No, no te vayas. Siempre es bombardeado por las chicas. No es su culpa.

—No estoy preocupada por él. No es por eso que me voy. —Al menos eso es de lo que estoy tratando de convencerme—. Tengo que trabajar por la mañana. Nos vemos pronto.

Me alejo para decirle adiós a Emmett y la escucho decir:

—Espera, te acompañamos.

A medida que pasamos a Emmett agito y vocalizo un adiós. Pero Alice dice en voz alta:

—Vamos a acompañar a Bella a casa.

Él me da el movimiento de espera con la mano y asiente educadamente a la chica delante de él, terminando cualquier conversación que estuvieran teniendo. Pone el agua helada que había pedido en la barra, y entonces está a mi lado.

—También voy.

Jasper y Alice caminan delante de nosotros, hablando en voz baja. Emmett pasa el brazo alrededor de mi hombro. Estoy aprendiendo rápidamente que es una especie susceptible de chico. Estamos en silencio por una cuadra.

—No me di cuenta de que tenías que irte tan temprano —dice finalmente.

—Sí. Tengo trabajo por la mañana.

—Tocamos de nuevo la próxima semana.

No estoy segura de si me está invitando o haciendo una charla ligera, así que solo asiento.

—Gracias —le digo cuando llegamos a la tienda y saco las llaves del bolsillo.

Se inclina hacia mí, y porque nunca me cruzó la mente que fuera a tratar de darme un beso sin importar lo sentimental que sea y con testigos, no retrocedo lo suficientemente rápido y estoy sorprendida cuando sus labios se encuentran con los míos. Son sorprendentemente suaves.

—Oh, eh… guau —le digo, echándome hacia atrás.

No retrocede y sus ojos se encuentran con los míos.

—Gracias por venir esta noche.

Su humeante voz hace que mi corazón golpee a la vida y de nuevo estoy sorprendida por mi reacción hacia él.

—Está bien, nos vemos.

Alice me sonríe como si esa fuera la ocurrencia más emocionante. Solo quiero escapar.