Mentiras y recuerdos…
-ma-maestro…-se acercó corriendo la joven apresuradamente hacia él.-es-esto es increíble.-decía agitando ambas manos y al mismo tiempo señalando al otro vampiro.-él es-está, es-es-estaba muer-muerto, ¡muerto!, ¡y ahora está aquí maestro!, ¡aquí!, ¡maestro!
Mientras que Victoria trataba de asimilar la situación y Jan aún se encontraba riendo desde el suelo, Alucard nuevamente se puso los lentes y…
-¿pero qué rayos…?-se dijo controlándose un poco. ¡Ah!, maldición, Victoria traía ropa interior. Realmente no esperaba eso. Gruñó por lo bajo y al instante se los quitó.
-¡¿me está escuchando maestro?!-le reprochó la joven aún exaltada por la presencia del vampiro artificial.
Jan se levantó aún riendo aunque con menos intensidad que antes mientras se limpiaba algunas lágrimas de felicidad (por así decirlo) con una de sus manos.
-vaya, qué divertido…-se dijo recordando la situación que se había presentado minutos atrás.
-¡se ha puesto de pie!-gritó alarmada la chica policía.
-¿podrías calmarte un poco?-le sugirió Alucard poniéndose de pie.-ya lo había mencionado antes. Es inofensivo.-aclaró él sonriendo como de costumbre.
-pero maestro… esto…- Seras trató de tranquilizarse y tomó aire.-esto es increíble.-pensó la chica mirando de reojo al joven vampiro. Se talló los ojos un par de veces lo volvió a ver. Vaya, aún después de lo que le había hecho no podía asimilar a la perfección la situación.
Al fin terminó aceptando la existencia del muchacho y resignada se dejó caer sobre una silla.
-¿qué es lo que está pasando aquí?-preguntó Victoria mirando a Jan y luego dirigiendo su vista a su maestro.- ¿por qué todo esto tiene que pasar en mi cumpleaños?
-es una buena pregunta.-se dijo el hombre de gabardina roja.-aunque no se bien la respuesta.
-y… ¿y qué haremos con él?-le preguntó viendo con resentimiento al Freak. Jamás en su vida habría imaginado que volvería a ver a ese tipo. Se supone que él había muerto, y por ende, no tenía por que estar ahí.
-¿y qué es lo que quieres hacer?-la voz de Jan se hizo presente provocando en la jovencita una mueca de disgusto.
-¡eliminarte!-contestó agresivamente.
-el sentimiento es mutuo.-respondió tranquilamente el otro dejando ver sus colmillos.
La rubia sonrió con desdén.
-me alegro que nos entendamos.-y luego dirigió la vista a su maestro.- amo, por favor… permítame matarlo…-le suplicó la chica a su amo poniendo una cara bien kawaii.
Alucard le miró extrañado.
-claro, pero cuando te mando a matar a alguien mas te pones tus moños.-la reprendió un poco molesto.
Victoria comenzó a reír de forma nerviosa mientras se rascaba la cabeza.
-pero maestro, él fue quien atacó la mansión, incluso trato de matar a Lady Integra… debemos destruirlo y hacerlo pagar.-dijo tratando de convencerlo.
Alucard pensó un rato y al final decidió que…
-quiero mas palomitas.
-¡maestro, esto es serio!-le reprochó Victoria parándose de golpe y colocándose frente a él.
Él sonrió y se puso al instante aquellos lentes tan especiales, en vista de que su adorable aprendiz se encontraba tan cerca y su respiración era algo agitada, el busto de la rubia subía y bajaba.
-esto, también es… es-serio.-comunicó Alucard poniendo una sonrisa morbosa.
-qué… ¿vuelve a sentirse mal? –preguntó Victoria al notar el cambio en él.
Jan miraba la escena algo molesto, al parecer no figuraba mucho en la escena.
Se cruzó de brazos mientras se recargaba en la pared y echaba un vistazo al mismo tiempo.
Se dio cuenta de que aquella vampira que había sido su oponente en el pasado era muy atractiva, sin embargo… aun deseaba matarla, y no, no de la forma pervertida que yo quisiera.
Pero bueno, no siempre se obtiene lo que se quiere; eso fue lo que comprendió Victoria al escuchar la respuesta de su amo.
"quizá sea de utilidad"
Aquella frase dejó a Seras fría. No quedaba mas remedio, tendría que soportar a ese desgraciado Freak.
-pero…-Seras quería replicar, moría del coraje de tan sólo pensar que un fantasma de su pasado estuviese presente ahora.- ¿qué vamos a decirle a Lady Integra?
-Integra… cuanto tiempo sin ver a esa mujer…-habló el moreno con una sonrisa de satisfacción.-podría ir con ella y presentarme debidamente y… llevar un par de armas y arrancarle los ojos y todas las extremidades.-y fue subiendo su tono de voz.-¡¡y luego le dispararé y me reiré en su cara y me adueñare de Hellsing para luego partirles la &! a los de Millenium!! ¡¡WAJAJAJAJAJAJA!!
-ahm…-una gota se deslizó por la cabeza de Alucard.-hace tiempo ya que derrotamos a Millenium…
-¿de verdad?-preguntó asombrada la rubia.- ¿Por qué no sabía eso?
-porque tú eres rara…-mencionó el sujeto de gabardina roja mirándola de lado.
Seras lo miró con un enojo bastante cómico.
Pronto Alucard se puso de pie y caminó hasta la entrada, llamando la atención de ambos vampiros.
-¿ma-maestro a donde va?-preguntó olvidando su infantil enfado.
Justo cuando estaba por responder, el vampiro de mirada amarilla hizo un gran descubrimiento.
-¡hey!-pronunció con una amplia sonrisa morbosa señalando al estante que se hallaba cerca de la cama.- ¿qué esos no son los nuevos lentes de Dolce&Gabanna con rayos X?
Un balde de agua fría… no, ¡congelada! cayó sobre Alucard. Giró su cabeza con lentitud y vio con horror como el moreno tomaba entre sus manos dichos lentes y Seras se acercaba curiosa a él.
-¿qué has dicho?-interrogó la rubia completamente incrédula. Imposible, su amo no podía tener semejantes cosas en su poder.
Un débil gruñido escapó de su boca al ver a Victoria tomar las gafas. Seras las miró durante un momento y al cabo de unos segundos sus ojos se ensancharon al ver que efectivamente el moreno tenía razón. No podía creerlo, simplemente no lo creía. ¿Acaso todo ese tiempo Alucard había utilizado los lentes… y con ella?... bajó un poco la cabeza y comenzó a temblar ligeramente.
Crash!
Sonó con fuerza cuando Victoria hizo pedazos aquellas gafas con ambas manos. Hizo una mueca mientras aún se hallaba cabizbaja y dejó caer al suelo los restos.
Había que admitirlo, eso daba miedo… nunca antes había visto a Seras tan molesta… y ahora que era humano y ella vampiro…ehm, esto se iba a poner feo.
-maestro.-se escuchó con voz de ultratumba mientras volvía a elevar la cabeza. Sus ojos resplandecieron cuando por fin estuvieron a la altura adecuada.- ¿qué significa esto?
Una gota se deslizó por la frente de Alucard. Su mente comenzó a maquilar a mil por segundo una respuesta, excusa, mentira, o lo que fuese para salir ileso de aquella situación. Aunque bien merecido lo tenía, ¿quién lo manda a andar de caliente?... xD, ¡YO!
Muajajaja, ¡¡ahora no se me ocurre q escribir!!
Ya se, puedo decir que Alucard planeaba irse a España o a México, ¡sí, a México!, Victoria nunca podría ir hasta allá… bien ya está bueno de divagar, retomando la historia iba en…
Era una suerte en realidad que estuviese frente a la puerta, tenía al menos una posibilidad de escapar con rapidez.
Al no haber encontrado excusa alguna con la cual enfrentar a Seras, decidió que lo único que podía hacer era… huir.
Sonrió de forma nerviosa y rápidamente abrió la puerta para darse a la fuga.
-¡¡MAESTRO!!-gritó al otra al verlo escapar.- ¡vuelva aquí!-agregó molesta al momento en que corría tras él.-¡NO ESCAPARÁ!-amenazaba casi apunto de atraparlo.
Se escuchaban con claridad como los pasos del primero eran alcanzados por los del segundo, que corría con mayor rapidez, sin embargo luego se escuchó un terrible golpe y el sonido de copas y platos rompiéndose al contacto con el suelo, acompañado de un grito por parte de un tercero.
-¡Walter!, ¡lo siento!-se oyó a lo lejos la disculpa de la rubia, que al parecer había sido ella quien chocó contra el mayordomo.
Jan se limitó a quedarse callado encerrado en la habitación. Con sinceridad, no sabía que debía hacer ahora que ya no era la piedra amiga del bolsillo de Walter y francamente… era peligroso salir del cuarto; después de todo era Jan Valentine, y había muerto tratando de eliminar a Integra y la institución.
Quizá si se peinaba distinto y se ponía otro nombre… ¡nah!
Metió ambas manos entre los bolsillos de su pantalón y comenzó a inspeccionar dicho lugar… el cuarto de Alucard.
Nuevamente escuchó la persecución… no dudaba en que la chica atraparía a ese sujeto Alucard.
Aunque ahora había vuelto a la vida--bueno, que realmente esta muerto porque es un vampiro--no se sentía del todo feliz. ¿Ahora que debía hacer?
Ya no trabajaba para Millenium, había fracasado en la misión y seguramente lo matarían si alguien lo viese. Pero no era tanto eso, sino el hecho de que se encontraba completamente solo. Ahora no estaba Luke para reprenderlo por alguna idiotez que él hiciera, ya no estaba para decirle como debía comportarse, para darle ese ligero pero siempre de mal ver, golpe en la cabeza para hacerle reaccionar… no, ya no estaba. ¡Vaya!, era la primera vez que estaba nostálgico, para ser sinceros, lo extrañaba.
Se dejó caer en la cama y pensó en todo lo que había vivido, antes de ser la piedra del bolsillo de Walter, antes de unirse a Millenium, antes…
Aún podía recordar con claridad aquella tarde en la que se hallaba sentado sobre el césped verde y suave de su patio. Habrá tenido como unos seis años cuando eso sucedió. Miraba con detenimiento un saltamontes que veía fijamente un trozo de hierba. Jan sonrió y trató de atraparlo, pero no lo logró. El hábil grillo había logrado escapar dando un gran salto por
encima de la cabeza del niño, él cual, ahora se encontraba con la cara completamente contra el suelo. Eso dolió.
-desgraciado saltamontes…-dijo entre dientes Jan al recordar aquella escena y siguió recordando.
Poco después, una vez que se había levantado, corrió hacia el interior de la casa y comenzó a llamar a...
-…Maya…-pronunció con suavidad el joven que se hallaba recostado en la cama, y sonrió débilmente… sonrió con ternura.
El pequeño fue "atrapado" por unos brazos suaves y tersos. Pronto una oscura cabellera cayó sobre gran parte de su rostro y comenzó a reír alegremente, tratando de zafarse de su captor.
-¡Maya, no!, ¡suéltame ya!-decía entre risas al sentir cosquillas.
-¿quién se ha comido toda la tarta de manzana que estaba en la nevera?-preguntó la joven que tenía atrapado al chiquillo.
-¡fui yo, fui yo!-admitió entre risas derramando pequeñas lágrimas.
Ella le soltó y rió un poco.
-pillo, sabes bien que no debes comer postre sin haber almorzado antes.-dijo la chica de cabellos negros. Era de buen ver, de hecho, bastante bonita, de ojos amarillezcos… como los de él.
-pero sabe tan bien… no pude resistirme.-respondió Jan sonriendo inocentemente.
Ella lo miró pícaramente.
-ni yo.-agregó guiñando un ojo.
Cerró los ojos con lentitud y borró aquella sonrisa para adquirir un semblante serio. Maya, esa chica…
-hermana…-pronunció al abrir los ojos. Nuevamente, se vio sumergido en otro recuerdo.
Estaba por todas partes, manchando el suelo, las camas… todo.
Sangre…
Allí escondido en la alacena de la cocina, estaba Jan. Temblaba…
Quería llorar, pero no debía… un ruido y sería el fin.
-ven aquí, gatito, gatito.
Esa voz… era dulce… conocida.
y…
-¡aquí estás!
Zam!, se escuchó al abrir las pequeñas puertas del escondite de Jan.
Reprimió aquel grito que tanto deseaba dejar escapar. La miró a los ojos… no lo comprendía, no sabía que estaba pasando.
-Maya…-dijo tratando de reprimir las lágrimas que al final resbalaron de sus ojos, viendo como le sonreía de forma desquiciada y el resplandor de aquel cuchillo ensangrentado se acercaba a él.
-vayamos al cielo juntos, hermanito…-esas fueron las ultimas palabras antes de clavar el puñal en el pecho del pequeño.
-¿por qué…?-pensó Jan al sentir el frío acero perforando su piel, entrando en su cuerpo. Un débil gruñido escapó de su boca.
Y después…
Un disparo… otro más…silencio.
Cayó al suelo justo a lado de él. Pronto la sangre comenzó a esparcirse, mezclándose con la suya, haciéndose una sola. Sus parpados empezaron a pesarle, todo era confuso ya. Se sentía cansado y frío. Movió ligeramente su cabeza hacia la derecha y vio como el cuerpo inerte de su hermana se hallaba a su lado, mirándolo, con ese rostro que antes creyó era el de un ángel. Escuchó voces y pasos. Con lo último que le quedaba de fuerza logró dirigir su vista hacia el frente. Policías, se encontraban impactados ante tal escena, y le vieron con vida. Corrieron hacia él y… todo se oscureció.
-maldita perra…-murmuró inexpresivo el vampiro. Nunca entendió el motivo de aquel suceso, ni del comportamiento de locura por parte de Maya.-ahora comprendo de donde saqué lo desquiciado.-agregó con una sonrisa maliciosa, y pensó en Luke.
Una vez más, un recuerdo del pasado lo envolvió.
-¿Jan Valentine?-esa voz… jamás lo olvidaría.- ¿ese es tu nombre?
Asintió estando a cierta distancia.
-¿piensas que puedes entrar al "negocio" así de fácil?
Sonrió como ella… al fin familia.
-por supuesto.
Aquel hombre joven rubio sonrió disimuladamente.
-habrá que verlo.
Una especie de club nocturno. Un cuarto. Gemidos de dolor…
-pruébalo.-ordenó aquel sujeto dándole un arma al moreno.- muéstrame si eres capaz.-dijo arrogante.
Jan miró la pistola y vio de reojo al tipo que se encontraba atado de manos y pies en una silla, y encima amordazado. Lo miraba con terror, suplicante, pidiéndole ayuda desesperada.
Suspiró y desistió en tomar aquello.
-no puedo…-respondió bajando un poco la cabeza. El rubio le vio molesto.
Acto seguido caminó hacia un estante que se encontraba muy cerca de la puerta. ¡Sorpresa!, justo sobre este se hallaba una hermosa navaja. Resplandecía como sonriendo en la mano del muchacho de ojos amarillos. Se giró hacía su victima y dedicándole una perversa sonrisa se acercó a él.
-así será más entretenido.-aseguró Jan en tono juguetón.- ¡di "Jan"!
Se deslizó por su boca, abriéndole brutamente la mitad del rostro, y para hacerlo más divertido, le arrancó la mordaza para escuchar sus gritos.
La escena fue cubriéndose de rojo carmín, acompañada por el sonido del metal entrando y saliendo de la carne y los gritos de la presa, creando de esa forma una dulce melodía.
Era él. Lo sabía.
-perfecto.-la voz del otro le hizo detenerse y voltear a verlo.-ya veo que nos entenderemos bien… socio.
Aquella palabra marcó la diferencia.
Dejó salir una sonrisa inquietante, provocando en el segundo cierta duda… quizá no debía aliarse con alguien que estaba… enfermamente desquiciado, pero, eso era hermoso.
-¿cuál es tu nombre, "socio"?-preguntó clavando el arma en el ojo izquierdo de aquel hombre muerto.
-Luke… Valentine.
Valentine… así surgió la hermandad.
Luego, la propuesta de Millenium al saber de su fama… serían de mucha utilidad.
¡Basta ya!, era suficiente nostalgia por un día. Muchos recuerdos estúpidos que no importaban ya.
Sacudió su cabeza de lado a lado. "El pasado, pasado era."…. la frase de Luke le hizo reaccionar, pero al mismo tiempo pensar en él.
Suspiró resignado.
-¿qué voy a hacer?-se preguntó sonriendo como siempre.- ¿habrá alguna posibilidad de que esa "perra" no trate de volarme la cabeza?
Clack!, sonó débilmente la puerta al abrirse.
Jan se incorporó apresuradamente en la cama y para sorpresa suya, quien estaba en el marco de la puerta era… Walter.
-¡tú!-dijo en un grito el mayordomo al verle.- ¡¿pero cómo es que…?!
Una gota se deslizó por su cabeza. Dibujó una sonrisa nerviosa en su rostro y pronunció débilmente.
-h-hola…
Al parecer era bien recordado por Walter, y no por buenos recuerdos.
Mientras que en los jardines traseros de la institución…
Alucard se hallaba trepado en un árbol, escondido entre las ramas.
Al fin Seras llegó al lugar en donde creía estaba su amo. Apretó ambas manos y comenzó a hablarle.
-¡maestro!-dijo sin intención de ocultar su evidente enfado.- ¡no puedo creer que haya hecho algo como eso!... y-yo, ¡yo estoy muy molesta y quiero que me aclare todo esto!
Alucard reprimió su risa y murmuró para sí.
-ja, como si en verdad fuese cierto que estás enojada conmigo… quién es la que cree que soy muy apuesto, ¿eh?
Victoria agudizó sus oídos y lo divisó.
-¡ya lo encontré!-anunció corriendo hacia el árbol y luego dio un salto y llegó hasta donde él, sorprendiendo enormemente al ex vampiro.
-¡S-Seras!-dijo asustado al verle justo frente a él.
Ella lo miró furiosa. Y al instante lo tomó del cuello de la camisa.
-así que… ¿lentes con rayos X?-preguntó con un tic nervioso en el ojo.- dígame, ¿qué tanto fue lo que… lo que… me vio?-preguntó aún furioso pero con un fuerte sonrojo.
Alucard sonrió.
-digamos que… se nota que sigues los consejos de Cosmopolitan para evitar el estrés.
-¡¿QUÉ?!- estaba a punto de morir de la vergüenza… él, él…¡¡ÉL LA HABÍA JUSTO COMO DIOS LA TRAJO AL MUNDO!! Sintió que el aire le faltaba y de momento como una lluvia torrencial llegaron a ella todos esos momentos en los que su amo se colocaba dichas gafas especiales para verla.
Sus manos fueron perdiendo la fuerza dejando libre al sujeto de gabardina roja. Sus ojos se llenaronde lágrimas y al instante se echó a llorar a cantaros.
-¡ahhh!, ¡es usted un depravadoooo!-gritó agitando los brazos de manera cómica y luego comenzó a darle golpecitos en el pecho.- ¡lo odio, lo odio, lo odio!-decía lloriqueando.-¡pervertido!, ¡maestro es un degenerado!, ¡aprovechado, lo odio!-sí, aún lloraba como nena.
Él la miraba pasmado. De todas las reacciones que esperaba que tuviera, jamás imaginó que terminaría en esta.
Justó en ese preciso instante, a su mente llegó un destello de lucidez. Le sacaría un muy buen provecho a la situación.
-tranquila, agente. Todo esto tiene una explicación.
-¡¿tiene una explicación razonable el hecho de que usted se haya propasado visualmente conmigo?!-le reprochó furiosa sin dejar de llorar.
-así es.-respondió sereno, con una enorme sonrisa.
Seras lo miró incrédula.
Levantó su dedo índice y comenzó a hablar.
-verás, pequeña… lo que hice no es más que un antiguo y sagrado ritual entre los vampiros de "conoce el verdadero ser de tu acompañante".-hizo una pausa y adquirió seriedad.-esto lo hacemos para protegerlos de ciertos peligros, como demonios del inframundo, criaturas de la noche… la lista es larga. Sin embargo, es muy difícil conocer el verdadero ser de aquellos que adoptamos como nuestros aprendices. Hay muchas formas, diversas más sin embrago, terriblemente… dolorosas.-dijo de último con un toque de ultratumba.
Victoria se asustó.
-¿qué ha dicho?-preguntó sintiendo un escalofrío recorrer su espalda.
-pero… yo no he querido dañarte para lograr llevar acabo esa tradición vampírica necesaria. Por esa razón tuve que ingeniármelas y… conocer tu verdadero ser.-muy bien, tal como lo había pensado, Victoria era lo suficientemente ingenua que bien podía tragarse cualquier idiotez. Trató de no reír y continuar con la farsa.-pero me he esmerado tanto que en la elaboración de dicha acción me he quedado sin poderes y… me has faltado al respecto con esos comentarios, oficial.
Los ojos de Victoria se iluminaron y al mismo tiempo se llenaron de lágrimas.
-ma-maestro, yo no tenía ni la menor idea de que usted hacía esto por mi bien… yo, yo ¡estoy tan apenada!, ¡espero me perdone!-juntó sus manos en señal de arrepentimiento al momento en que volvía a lloriquear.-¡lo lamento tanto!
Alucard la miró extrañado y sonrió nervioso.
-vaya que es tonta.-pensó mientras la veía disculparse una y otra vez.
Una nueva idea llegó a su cabeza… sonrió perversamente al ver que la chica estaba dispuesta a compensar su grave falta. Ciertamente, era un aprovechado… después de todo, pensaba "darle" su regalo de cumpleaños a Victoria.
