Capítulo 7: "Visitando a mis padres"
(Fenrice) Se quedaron unos segundos mirando como quien no ve a un antiguo enemigo y no supiera como atacarlo, ya no había nadie más en la sala que no fueran ellos dos, inmiscuidos en un silencio tan de ultratumba que era honor a su raza. Dejando ya los minutos pasar sin romper el contacto visual, su padre levantase y dejo la copa de lado, bajo los escalones con la misma tranquilidad que él utilizo al llegar, y paso de largo ahora sin mirarle, este era un poco más alto que él.
-. Veo que Phoebe a logrado traerte- dijo desde atrás, él no le miro pero sonrió con ironía
-. Pues que digamos que si, quise volver a mis antiguas andanzas, ver el castillo, dormir en mi cuarto, revivir la muerte de mi madre...- contesto con voz seca y monótona, pero a la vez llena de rencor.
Era un verdadero milagro, que no haya hecho lo mismo que su hermana, en lanzarse en ataque, y por lo menos intentar golpearlo como ella, que aun que no le resulto vengar a su madre, a su padre le dolió que esta se cambiara de bando y pasara al lado contrario, al bando de la luz y en este fuera una pieza clave en muchas cosas. Pero su mente comenzó a enardecerse con solamente el hecho de haberlo vendido a Voldemort, cuando él se aferraba de uñas y dientes a una mentira antes de ser entregado a su maestro. No conoció a Voldemort hasta que cumplió 17 años, ya este con su cuerpo completo, además que sus propias fuerza y habilidades al máximo logro ayudarle a incorporar sus ahora buenas filas de mortifagos y seres mágicos.
Su padre le vendió, le vendió a aquel sujeto con tal poseer poder, cuando pequeño su pilar era su hermana, su fuerza y su gran maestría, cuando ella se fue exiliada, se quedó solo. Luego de ello, solo el recuerdo de entrenar bajo las manos de uno de los vampiros más fuertes que hubiera conocido hasta ahora. Jamás había conocido otra vida que no fuera el de recibir ordenes y no defraudar a su protegido, pero lo que conseguía de ello era poder y ser reconocido por ello, era lo que le gustaba.
-. Aun sigues con ello- obtuvo por respuesta de su padre. Él se giro contrariado y le miro como una diminuta rata, ya no era el pequeño sin poder al cuidado de su hermana mayor, ahora él era la as entre la victoria de dos bandos
-. Que aun sigo con ello- repitió de forma sarcástica y vio la mirada de su padre casi ausente, pero parado en el mismo sitio donde la había matado- perdone usted señor, que intente buscar alguna salida del arranque que os dio y la mataste delante de mi y Anari- argumento con odio contenido. Bueno, al final de todo, lo que menos pudo fue mantener la calma.
Ya no le interesaba el plan de Voldemort, en que le ayudara a buscar más información de su propio padre, ahora deseaba desquitarse.
-. Eso paso hacia años- se excuso como quien comenta el clima, y se volvió a girar
-. No me des la espalda- exclamo, a lo que el vaso de más allá explotada, derramando sangre a su alrededor
-. ¡Ten respeto con quien estas hablando!- bramo su padre sin girarse- soy tu padre quieras o no
-. Pues que buen padre me saliste- ironizo haciendo un gesto con la mano- yo no vendo a mis hijos por poder y halagos de un humano- siguió- yo no mato por capricho
-. La muerte de tu madre no fue un capricho- hablo más calmo, viendo que su hijo se estaba exaltando de más, él elevo una ceja incrédulo
-. ¿A no?- pregunto- entonces explícame, tengo todo el tiempo del mundo, a mi me regalaste, a Anari la desterraste...- su padre le vio de reojo y cerro un poco los ojos, el tema de su hija era, aun, un tema delicado.
La joven había sido entrenada desde pequeña para ser la mejor guerrera y vampiro a su cuidado, pero después del incidente se le vio obligado a desterrarle y con esto, ella se reprocho uniéndose a las filas de la luz y no pareciendo contrariada por esto.
-. No tengo nada que explicarte, Fenrice, lo que hice lo hice porque quise, tu madre era una humana, un ser muy inferior a nosotros, una humana jamás puede vivir en las garras de la oscuridad porque revela más de lo verdadero, se sume y se desconecta de su verdadero nacer- siguió, aun así había mucho resentimiento en su voz- no te metas en problemas que no entiendes...-siguió casi siseando las palabras-... ¿Dime porque has venido?- pregunto cambiando el tema radicalmente, él había hecho el amago de sacar los dientes mientras intentaba contener las ganas asesina del gen vampiro- ¿Qué desea Voldemort?
-. Una milicia de 150 vampiros bien entrenados para su utilización en cualquier momento y la presencia de los 4...o sea 3 herlurea, con migo ahora- el "o sea", era su hermana. Lo dijo a propósito.
La palabra herlurea provenía del Heru o Heri de señor o señora, y Lurea oscuridad. Palabras místicas para el verdadero decir, eran guerreros y guerreras de gen vampiro que eran sometidos a tales expresiones del asesinato, que su mente era corrompida a puntos escalofriantes, solían estar apresados en lugares oscuros y frívolos en que su sed sádica no fuera corrompida, eran maniquís inexpresivos, su único ser en la vida eterna era someterse a los asesinatos de sangre molesta, como eran magos, humano y más expresamente a híbridos, aunque a ninguno de ellos hasta el momento se a quejado. Sus grandes afiliadas eran las Macil (espadas), Lango (espada ancha), Ecet (espada corta de hoja anchas) y Sicil (dagas y cuchillas pequeñas) pero solamente utilizadas en batallas cuerpo a cuerpo con quien tuviera la oportunidad de alguna de ellas, o quien alcanzara a pedir por una, su deseo era ejecutado, uno 98 de garantía a que estos guerreros mataban a su contrincante en menos de 5 minutos.
-. ¿Para que desea a mis guerreros?- pregunto un poco preocupado por el pedido de su hijo que sonreía malévolamente ante su desconcierto
-. ¿Se les pide cuenta a los esclavos por un mandato?, o solo lo hacen- pregunto con sarcasmo- quiere a Silfrid, Agamenón y Cefeida para ahora, y yo no estoy dispuesto a esperar más y ellos no han tenido una buena cacería hace 15 años, me los llevare ahora si no es mucha la molestia
-. Te los llevaras si eres capaz de apresar solamente a uno de ellos- objeto su padre de manera rabiosa, él elevo los hombros como quien lo hace todo los días y asintió
-. Bien...
(Febrix) "Un lugar silencioso, un lugar silencioso" se iba diciendo mientras habían tocado para la hora del almuerzo, había tenido dos aburridísimas horas de historia de la magia con Binns, un fantasma que hablaba y hablaba literalmente todo lo que decía el libro de ese año, en eso se lo paso observando detenidamente como el clima cambiaba, el aguacero se les venia en cima. Y después de esa clase tuvieron herbólogia, en el invernadero 6, mucha tierra, mucha humedad, y plantas exóticas muy cantarinas y asesinas que casi mataban de la risa aun grupos de Hulffepuf, al que una de las plantas cantaba una canción muy conocida por los Muggles, pero así mismo atraía a unos alumnos hacia sus miles de dientes.
Ya había quedado para esa tarde ir a ver a Hagrid y a Buckhead, para pasar un rato tranquilo y maravillarse unos momentos con las criaturas extrañas y peligrosas que pudo haber conocido hasta esos momentos el semigigante, aunque a esta le digieran que un perro de tres cabeza o un dragón, no eran precisamente unas buenas macotas, y que debería de estar loco, para ella eran tan sorprendente que hasta se podría decir que compartía su locura por otras razas de seres exóticos.
Llego al único lugar en que podría estar unos momentos tranquilo, el santuario de lo Ravenclaw, y el lugar mata cráneos de los más dejado, el lugar de los libros antiguos del mundo mágico, la biblioteca. Madame Pince, una squib, delgaducha, cítrica y tan blanca que parecía nunca haber visto la luz del sol, le miro detrás de una pequeñas gafas y sonrió amablemente, al parecer la había reconocido
-. Señorita, tanto tiempo- saludo en un murmullo, dejando el gordo libro de cuero azul que tenia en el escritorio, con las palabras "conociendo las costumbres Muggles"
-. Madame- dijo ella con la misma sonrisa
-. Veo que ya no andamos de merodeador- recordó y la miro de arriba abajo y observo la insignia que llevaba
-. Ya no lamentablemente- contesto con una sonrisa más bien fingida- pero me preguntaba, si aun no le importaba algunas intromisiones en el sección prohibida- eso lo dijo con una voz tan melosa que solo ocupaba en algunas ocasiones y quien le había enseñado hablar así, y conseguir lo que quería, nadie más, y nadie menos que Sirius Black. La mujer le miro tres segundo su mirada se ensombreció- como los viejos tiempos- recordó colocando la carita en aumento, la mujer sonrió
-. ¿Vas a buscar...
-. Lo de siempre, no le hago mal a nadie- contesto- quien sabe después me hago una buena historiadora
-. Bien, bien, tu padre es una excelente persona, y ya que te conoces la biblioteca como nadie, pero procura que nadie más te vea, lo que me faltase es que se rumoree que se han abierto libros antiguos
-. No se preocupe solo los de siempre- contesto y se alejo de allí
Solo habían algunos grupos de alumnos que la observaban solo de reojo y volvían a sus deberes, ella se recorrió un par de galerías de la vieja y roñosa biblioteca, que el olor a polvo, humedad y antigüedad le era mucho más tranquilizador. Unas pequeñas gotas de lluvia chocaban en los vídriales, y el día no parecía querer cambiar, el otoño ya estaba allí. Doblo un estate, y ahí en el fondo después de los libros de la historia de la magia, en que los alumnos no parecían mayormente interesados, había un cartel, "Sección prohibida", y una puerta de reja tapaba todo ese sector, para la entrada. Los ojos se le iluminaron y se encamino al llegar la puerta estaba abierta, gracias a la bibliotecaria. La sección prohibida, era prohibida, -eso es obvio- ya que en el habían los libros de magia negra, más peligrosos de todos, el Ministerio los había enviado porque en su propia mini biblioteca era un lugar de orden publico y de por si de magos que se hayan en el proceso de la oscuridad. Ella no estaba de acuerdo, esos libros deberían de estar en otro lugar, pero ahí no era precisamente el lugar más normal las raíces de las magia futura estaban en un colegio. Pero dejando eso de lado ella se iba directamente a una esquina de este, en que los libros de seres nocturnos se hayan apilados, y una de sus más interesantes búsquedas era encontrar aunque era muy improbable una cura para los hombres lobo, pero nadie se mataba por la búsqueda de algo, ahí también había encontrado libros de la guerra de los fundadores, en que su nombre era pronunciado, pero jamás los leía completamente siempre había ese miedo, a las leyendas de la antigüedad. Cerro con cuidado la verja detrás de ella, cuando esta una habitación rectangular, una mesa alargada en el medio y 4 estantes en cada pared de la fría piedra, se le prendían pequeños focos.
-. ¿Qué haces aquí?- pregunto una voz desde la esquina. Ella dio un salto en su lugar a lo que su corazón estallaba por el susto, no la había sentido. La vampira más allá con un libro en mano y la varita en la otra le miraba entre los cabellos cortos- creí que este era un sector prohibido para los alumnos
-. Lo es- contesto secamente- ¿Y tu?- pregunto adentrándose y dejando sus cosas encima de la mesa
-. Para los profesores no es prohibido, solo e venido a darme una vuelta, pero tu pareces interesada en otra cosa
-. Y a ti que te importa- contesto sulfurarte
-. Creo que ese libro por allá te interese- apuntando al mismísimo libro que ella nunca terminaba de leer, "los porvenires de la historia, la segunda venida de la oscuridad" de D. Kamus. Ella le miro con odio, pero se contuvo
-. No me interesa- contesto con amargura contenida
-. Es insólito que tu madre te haya puesto el mismo nombre de la fénix de ojos rojos que sale en la leyenda, ¿Le preguntaste alguna vez porque?- siguió, a la chica las palabras de la vampira le estaban doliendo. Eso era verdad, jamás tuvo la oportunidad de preguntarle a su madre porque le había llamado igual que esa fénix
-. No, y te digo que no me interesa- musito con la voz media quebrada
-. Lamentable- soltó la mujer y se puso a mirar el libro nuevamente. Ella la miro de arriba abajo cuando una sobresalir de la túnica le llamo la atención, era un punta de cuero, las mismas puntas que se utilizan de funda para las espadas- a tu madre le encantaba esa leyenda, yo creo que por eso se caso con tu padre, porque le gustaban los híbridos.
Eso fue lo que colmo el vaso. Sintió hervirle la sangre de un momento a otro, una nube extraña subió a sus ojos despejando claramente la forma de la mujer, en su cabeza algo parecido al choque de una tormenta, y en tres pasos se había lanzado en pos de la vampira, sus manos habían tomado la forma de cuando estaba transformada por la excepción que las uñas habían crecido unos 5 centímetros, y sentía cosquillas en ellas, como si algo bullera, su cara igual sentía como algo en ella salía, pero no se preocupo de ello ahora. La vampira le vio acercarse y dándole la sutileza de ser verdad, blandía con una mano, una lujosa espada de acero, la empuñadura era formada por unos onix negros y la formación de púas al final. Había alcanzado a duras penas en detenerse a un par de milímetros del preciado filo, la mujer tenia el codo de lado, y sonreía con "¿Admiración?". Ella en cambio se había dado el susto de vida, cuando había logrado calcular su cuerpo para detenerse de estoque, al no sentir dolor por lo que seria un cuello degollado, su respiración se había acelerado de tal manera que ahora ver el acero tan cerca la tenia agarrotada
-. Excelentes reflejos- comento y bajo la espada con un grácil movimiento- no lo decía en serio- siguió como quien comenta el clima, y volvió a la funda la espada. Ella aun así parecía medir bien lo que cursaba por su cuerpo, la adrenalina aun pasaba a grandes tramos y las manos se le habían acalambrado
-. Eres una maldita- musito, y sintió como sus ojos volvían a su forma real- no vuelvas a dudar del cariño de mis padre, tú no estuviste allí esa noche- siguió y dio un paso hacia atrás lo suficientemente lejos para la estocada de aquella espada. La mujer le miro seria y cerro el libro de golpe
-. ¿Y al parecer tu si?- pregunto y con un delgado dedo le apunto a la cicatriz que tenia en el cuello, que con todo el ajetreo la bufanda se le había caído. Ella se dio vuelta sobre si, y vio la bufanda en el suelo, para salir corriendo detrás de esa, al girarse para volver a ver a mujer, el libro ya hacia arriba de la mesa, pero ella ya no estaba.
-. Vampiros...- escupió con desagrado.
(Fenrice) Las tres figuras estaban frente a él, lo único que podía llamar al color de esa parte, era las afiladas armas que poseían los tres, dos hombres y una dama al centro. Su padre en su asiento con una mano en la barbilla, y Phoebe a su lado parada mirándoles levemente con el ceño fruncido. Él estaba en la otra esquina
-. Es una batalla tres contra uno, ¿Fenrice, no utilizaras armas?- pregunto su padre con el ceño fruncido, al ver como se apretaba las manos como arreglándose los dedos.
Él en cambio sonrió, dio un paso adelante, coloco una rodilla en el suelo, y puso una mano en este mismo, al ir levantándose un espiral de energía se iba acumulado debajo de su mano y sacándola de la nada, una gloriosa espada plateada de un porte mayormente grande, con un filo extraordinario. La espada plateada era de un doble filo, destellante y de una empuñadura que dejaba ver en ella las marcas de dos alas de murciélago que remediaban para sujetarle, parecía sumamente pesada, pero él la levanto con una mano y con una sonrisa muy superior se la poso en el hombro derecho.
-. Listo- anuncio
-. El niño tiene trucos de magia- se mofo Agamenón. Parecía él más viejo, de complexión musculosa, mirada seria y barbilla cuadrada, ojos café y una melena negra. Vestía de verde oscuro, igual que los otros dos. Y sus armas era una Ecet, una espada corta de hoja ancha, muy magullada
-. Más que magia- siguió él- es la mitad de la luna- siguió con una sonrisa de añoranza
-. Romántico, igualmente- siguió Cefeida. Tenia el cabello ondulado, abultado y canoso, de rasgos exóticos, los ojos plomizos, y los pómulos algo sobresaliente. Vestía con un escote y una larga falda. Sus armas dos Sicil, dagas pequeñas y resquebrajadas.
-. Mucha charla- les corto Febreric- comenzad...
Febreric, no pudo más que sentirse completamente orgulloso por la fuerza de su hijo al igual la más pura rabia al ver que en menos de un minuto ya acababa con Agamenón, lanzándolo contra la muralla y allí amarrándolo con fuertes cadenas de energía. Una velocidad, destreza con la espada que eran reafirmante de que era el fénix de plata. El turno de Cefeida junto con Silfrid, este ultimo poseía cierta incertidumbre que no paso desapercibida para Fenrice que con una sonrisa en el rostro se escapaba y atacaba a los dos vampiros como si estuvieran jugando, el vampiro como de su "edad" (irónico) de rostro serio, ojos negros algo entrecerrados y cabello corto y azabache, era muy rápido pero se complementaba con la vampira que solía dejar uno que otro grito agudo por no poder darle con sus espadas. Cuando ya se aburría se coloco detrás de Cefeida y dejo escapar una poca cantidad de energía, que la desplomo inmóvil en el suelo. Pero ahora cuando veía el cuerpo de la vampira ahí tirado logro moverse hacia un lado, a lo que un placa de unos 30 cm, de diámetro pasaba rozando por su lado como si fuera un boomerang, se giro con la espada en alto cuando a 5 metros más lejos de él, Silfrid, levantaba la mano y el boomerang llegaba a él causándole cero daño ante el filo perceptible de la extraña espada que cuando llego a su mano era una larga y desdeñosa espada de plata. (NA: casi todas sus armas eran de plata, ya que la plata son una de las pocas cosas que los hombre lobo hacían daño). Para que mentir con él, se agracio mucho en poder, mucho más rápido de lo que había demostrado, equilibrio espectacular, pero ya cuando se hacia muy largo el combate, poso la mano en el suelo, y una fuerte descarga de energía dejo noqueado al vampiro. Levantándose con elegancia y haciendo esfumar la espada, con una sonrisa que no se podía quitar nadie, miro a su padre quien fruncía cada vez más la cejas al ver que sus orgullos de vampiro eran derrotados solo por una persona que parecía jugar con ello.
-. Vete- fue lo único que dijo el hombre a lo que las cadenas y los descansares de los Herlureas se debían ir con él
-. Adiós padre...
(Febrix) Corría con rapidez por las piedras de la salida del colegio, a lo que veía el humo de la casa del semigigante jugar por entre la lluvia de otoño, con la bufanda tapándole la mitad de la cara y el vaho escapándose por entre la tela.
Había acabado las clases por hoy, después de una extraña clases de Adivinación con un centauro, que además de mirarle un tanto serio, ella comprendió que no era mejor hablar mucho ni acercarse tan poco, por lo que se mantuvo lo más lejos posible en su sala, la más extraña que había visto ante entonces.
Pero bien, después de eso, ahora, iba corriendo para tener la tarde con Hagrid y de por si olvidarse de la vampira, tal vez en la tarde haría los trabajos que le habían mandado a hacer, pero eso no le preocupaba ahora.
Algo calada había llegado donde el semigigante, mientras Fang le lamía las manos al entrar en la casa y colocarse delante de la chimenea prendida.
- ¿Y Harry?- pregunto éste mientras le extendía una taza de chocolate bien recibida por la licántropa
-. No tengo idea- contesto como si nada y le dio una sorbo a la taza y se giraba para calentarse delante ahora, escucho el suspiro de parte del semigigante
-. Buckhead te a reconocido, a estado algo impaciente desde ayer- comento
-. Me alegro e tenido unas ganas tremendas de estar un rato con él- contesto la con una sonrisa- ¿Podemos ir a verlo ya?- pregunto girándose con carita de suplica repertorio de Sirius.
A veces le llegaba a adorar a ese hombre, había hecho de casi un año de estar encerrada en casa los días más alegres de su vida, un cómico nato y con su padre hacían las cosas más entretenida que nunca, era la primera vez en su vida desde la muerte de su madre que había escuchado reírse a su padre con todas las ganas, pero aun así intentaba no pensar y pasaba por alto que estaba muerto, para ella él aun estaba escapando del ministerio y nadie le quitaría aquello de la cabeza.
Al salir de la casa, sintió la presencia de una persona corriendo hacia ellos, cuando completamente calado hasta los huesos, con el cabello azabache por la cara tapándole la cicatriz y los ojos verdes exaltando en sus cuencas, aparecía Harry con una sonrisa en la cara.
-. Harry- saludo el semigigante- justo íbamos a ver a Buckhead me alegro que hallas venido
-. Lo siento por el retraso, Hermione fue a la biblioteca y Ron estaba regañando con ella- contesto algo jadeante, y le miro ella solo le dio una inspección con la mirada y seguía al hombre que comenzaba a bajar unas escaleras de lodo, que se hacían algo resbaladizas con el agua .
Bajaron hasta un pequeño claro entre los primeros árboles de la linde del bosque, ahí en una esquina, la figura magistral del hipogrifo hacia eco en las penumbras del bosque, estaba completamente seco, ya que los árboles no permitían la entrada del agua a ese sector, movía un poco las alas, pero aun no les miraba. Este mismo elevo su cara de águila hacia ellos y dio un par de pasos al reconocer al trío. Al mismo tiempo y ni que se hayan puesto de acuerdo los dos chicos hicieron una reverencia para acercarse a este, que con una reverencia mucho más grande la normal les daba permiso para esto. Harry que siempre le tuvo mucho respeto al hipogrifo se acerco más despacio hacia él, pero la chica mucho más rápido y con una sonrisa se acerco a este que con el pico le pego cariñosamente al lado de la cara y esta como con una abrazo le acaricio el costado, cuando él ya hacia delante este hizo exactamente lo mismo con él, pero le quedo mirando con aquellos ojos anaranjado y vio la tristeza marcado en ello, el también echaba de menos a Sirius.
-. ¿Cómo has estado?- preguntaba la chica desde su lado este golpeo el suelo como respondiendo- ¿Bien no? Ahora ya no estas encerrado- contesto ella misma
-. ¿Han pensado algún nombre?- pregunto el semigigante, viendo a los dos chicos impartiendo caricias y mimos al hipogrifo
-. Stormnigth- contesto Harry de pronto, a lo que Hagrid movía la cara hacia arriba haber si sonaba el nombre
-. ¿Qué piensas tu Febrix?- pregunto el semigigante
-. Porque me preguntas a mi, pregúntale a Buckhead es él el del nuevo nombre- contesto la chica, pero por el tono se notaba que no estaba enojada
-. Bien Buckhead, ¿Te gusta Stormnigth?- pregunto Harry, y este le miro para luego mover la pata en acertamiento
-. Perfecto- siguió Hagrid- Stormnigth entonces.
