Disclaimer: Los personajes de la saga Crepúsculo le pertenecen a la inigualable Stephenie Meyer, yo sólo me divierto junto a ellos ubicándolos en un mundo paralelamente imaginario que brota de mi alocada cabecita soñadora.

.

Trato Hecho

.

Beteado por Isa :)

.

Capítulo siete: Habemus novio

Continué sosteniendo el celular lo más alejado de mi oído mientras subía las escaleras para llegar a mi departamento. Por los alaridos de mi madre, estoy segura que no hacía falta poner en altavoz la llamada, pues hasta la escuchaban todos mis vecinos del edificio.

—¿Puedes tranquilizarte un poco, mamá? —rogué, subiendo los últimos escalones.

—¿Tranquilizarme? ¿Tranquilizarme? Hemos hablado… cuándo, ¿ayer, antes de ayer, hace menos de dos días? Y no me has dicho nada de tu nueva relación, ¿por qué siempre soy la última en enterarme de todo? ¿Es que ya no me quieres?

Uf. Ahora se hacía la víctima. Mi madre no está bien, ahora veo a quién salí.

—¿Podemos ir despacio, por favor?

—¡Ese es el problema! —chilló del otro lado del teléfono. Quité las llaves de mi bolso, y suspiré profundamente. Adiós a la idea de dormir en paz—. ¿Por qué no me dijiste nada?

—Porque recién ayer fui capaz de decírselo a Alice —confesé. Ya no tenía sentido seguir postergando la notica, de todos modos, ya se había enterado—. ¿Cómo te enteraste?

—No te enojes con Alice —avisó rápidamente. Rodé los ojos, era obvio que sería ella—. La amenacé para que me lo dijera, yo sabía que algo me estabas escondiendo.

—¿Otra vez con las Barbies? —Puse los ojos en blanco y abrí la puerta del apartamento—. Eso es jugar sucio, Renée, sabes que ella adora esos bichos rubios.

—Es lo único que sigue funcionando… Me obligas a usar métodos extremos para enterarme las nuevas noticias de mi hija. Entonces… ¿es verdad?

Dejé las llaves sobre la mesita que teníamos en la entrada y me dirigí a la sala. Allí estaba Alice rodeada de sus apuntes y fotocopias de la facultad. Al verme, me puso carita de perro mojado. Le señalé el teléfono y sus labios formaron un puchero; juntó las palmas de sus manos y me rogó en silencio para que la perdonara por haber abierto su bocaza. Suspiré dramáticamente, esta vez, ella no tenía la culpa de nada. Mi madre podía ser muy convincente a la hora de averiguar cualquier cosa que le importara, mucho más con Alice, ya que conocía muy bien su punto débil y no se molestaba en usarlo a su conveniencia. Ella sabía que la colección de Barbies de pequeña de mi mejor amiga era una adorada reliquia para ella.

«Muy maduro de su parte».

«¡Hey! No la culpes, yo también tengo muñecos».

«Es hora de que empieces a jugar con otros tipos de muñecos, Bellita… tú me entiendes».

—¿Y bien? —Volvió a preguntar mi madre, trayéndome a la realidad.

Largué todo el aire de mis pulmones. Adiós a la paz que esperaba.

—Es verdad —respondí y, rápidamente, volví a alejar el aparato de mi pobre orejita.

—¡Ahhh! —gritó mi madre a todo pulmón.

Tenía la esperanza de que este día tardara sólo un poquito más, pero conociendo a mi madre, era obvio que eso no sucedería. Renée tiene un sexto sentido para enterarse de todo, aún no sé cómo lo hace, debe ser algo relacionado con la maternidad; creo que le dicen instinto maternal, pero no estoy segura.

—¿Cómo se llama? ¿Es guapo? ¿Cuántos años tiene? ¿Dónde lo conociste? ¿Por qué no dijiste nada? ¡Quiero conocerlo! ¿Cuándo crees conveniente que vaya a New York?

Esa fue a la única pregunta que le tomé real atención.

—¡Alto, alto, alto! —exclamé, dejándome caer en el sofá—. Mamá, por favor, tranquilízate.

—Pero si estoy tranquila —chilló. Sí… claro, y los peces vuelan—. ¡Ay, no puedo creerlo! Mi pequeña bebé tiene novio, ¿oíste Phil? ¡Habemus novio!

—¿En serio, cielo? ¡Aleluya! —Oh, genial, ahora hasta Phil se ponía a chillar como niña. ¿Nada a mi alrededor puede funcionar con normalidad?

«Ehh… no».

Refregué mi rostro con mis manos. No, nada en mi vida es normal. Debía asumirlo de una vez. ¡Maldita sea!

—¿No piensas decir más nada? —preguntó.

—No sé qué quieras que diga, prácticamente no me estás dejando hablar.

—¿Cómo se llama? ¡Vamos, Bella, cuéntame!

—Su nombre es Edward, tiene veintiocho años y cumplimos tres meses de noviazgo hace poco —dije con voz monótona, repitiendo el libreto que ya había memorizado.

—¡Oh, pero qué lindo nombre! —Rodé los ojos; hubiese dicho lo mismo así se llamara Calcetín—. Cuéntame más… no me dejes con las ganas ahora. ¿Tres meses de relación? ¿Por qué hacerlo saber recién? ¡Desembucha!

Tras un suspiro pesado, repetí la misma historia que le había ofrecido a mi mejor amiga. Mi madre me interrumpía a cada rato, sobresaltándome con sus fuertes gritos. Mi pobre oreja seguramente sufriría las consecuencias más tarde. Cuando terminé con la historia relatada, y mi madre se mostró un poco satisfecha con la nueva información, comenzamos a discutir por su inminente idea de venir al departamento para poder conocer al «yerno». No hacía ni diez minutos que se enteraba que su hija tenía novio y ya lo llamaba de esa manera. ¡Dios! ¿Cuándo pensé que era buena idea fingir una relación? ¡Ahora estaba más hincha bolas que de costumbre!

«Siempre fue así de rompe bolas; no sé por qué te extraña tanto ahora».

«¡Está insoportable!».

«Vamos en la misma sintonía, cariño. Aguántala tú, es tu madre, ¿no?».

«Gracias, Amanda. Siempre tan linda conmigo».

«Cuando quieras».

—No tienes que venir mañana, mamá —repetí, retornando a la conversación. Su fuerte convicción en venir hacia aquí me estaba dando mucho miedo; conociéndola, era capaz de subirse al auto y manejar hasta acá ya mismo.

—Su familia ya te conoce, yo tengo el derecho de conocerlo también.

—¿Y qué hay de tu trabajo? —retruqué. Exhalé de puro alivio al disfrutar de algunos momentos de un poco de silencio. Mi oído también lo agradeció.

—E-Eh…

—¿Lo ves? Estás precipitando las cosas —repetí—. No puedes dejar todo y sólo venirte hasta aquí.

—Pero, Bella… quiero conocerlo.

—Lo sé. —Por supuesto que lo sabía. ¿Mi madre quedándose tranquila? Nunca—. Pero ahora es imposible.

—No, no es imposible y lo sabes —insistió—. Ven aquí, los recibiremos con los brazos abiertos. ¡Quiero conocer a mi yerno!

Alice me miraba con lástima. Comencé a jalar mis cabellos de pura frustración. ¿Qué le diría a mi madre ahora? Era obvio que algo así pasaría, claro que me lo esperaba pero no tan pronto. Es decir, sólo llevábamos dos míseros días compartiendo a la población nuestra relación. Todavía no sé si estaba preparada para soltarle la bomba a toda mi familia. Evidentemente, mi madre soltó la bomba por ella sola y, como ahora ella sabía, debía contárselo a mi padre y a mi abuelita. ¡Oh, Dios! ¿En qué lío me he metido?

«Tranquilización, Bellita… tú puedes con todo, confío en ti».

«¿Tranquilización? ¿Existe esa palabra?».

«Sí en mi mundo, deja de corregirme y respóndele a la loca de atar de tu madre. ¡Uf! ¿Por qué no me tocó ser la conciencia de alguien más normal. Voy a pedir un reembolso».

Sacudí la cabeza y continué con la amorosa charla con Renée.

—Mamá, los exámenes de la Universidad están a la vuelta de la esquina. No puedo tomarme el privilegio de irme así como si nada. Debo estudiar, debo preparar trabajos… no es sólo ir y ya. Entiéndeme, por favor…

—Te avergüenzas de mí, ¿es eso?

—¿Qué? ¡No!

—Pues me estás dando esa impresión.

Bufé cansinamente.

—¿Quieres conocerlo? Bien.

—¡Eso quería escuchar! —Imaginé que estaría aplaudiendo. Es más, lo hizo pues comencé a escuchar el ruido de palmas desde el otro lado.

—Pero déjame hablar con él antes, Edward también trabaja y no sé si puede tomarse días libres… ¡Ah!, y sólo será cuando mis exámenes terminen, es mi última oferta. Y cuidado con aparecerte por acá, porque me enojaré y mucho.

Hubo silencio un largo rato, hasta que un suspiro del otro lado de la línea me hizo entender que esta batalla, al menos, la había ganado.

—¿Nada de ir a visitarte?

—Ambas sabemos que tu llegada no será precisamente una visita.

—¿Ni un solo día?

—Mamá… —reproché.

—¡Está bien! Debía intentarlo, eres tan obstinada como tu padre —bufó—. Entonces… ¿me prometes que lo traerás aquí?

—Cuando ambos podamos, sí.

—No quiero que pasen cuatro años, ¿oíste?

Puse los ojos en blanco.

—No será mucho tiempo, mamá.

—¿Cuánto?

—No lo sé —repetí.

—Te doy tres semanas, si no vienes para ese entonces, estaré allí sin falta. Hace tiempo no voy a visitarte. Te extraño, hija.

—Y también te extraño a ti —sonreí un poco—. Está bien, en menos de tres semanas estaremos allí, ¿contenta?

—Feliz por ti, mi pimpollito. —Oh, no, no esa palabra cariñosa, por favor—. Mi pequeño retoño está creciendo, ¡estoy tan feliz!

La charla se alargó unos minutos más y, finalmente, mi madre me dejó libre. Aunque no sería por mucho tiempo. Hasta que no fuera hacia su casa con Edward a mi lado, no me dejaría en paz. Me dejé caer en el sofá y coloqué una almohada encima de mi rostro. Hoy el día había sido de locos y muy agotador. Sólo quería ir a mi cama y tener sólo algunos momentos de paz y tranquilidad. Extraño mis días aburridamente aburridos.

—Lo siento… —musitó Alice con la voz completamente apagada. Quité mi cabeza de su escondite y la miré—. Fue mi culpa, perdón por abrir la boca…

Su labio inferior comenzó a temblar y creí que se echaría a llorar como una niña, por suerte eso no pasó. Tomó una de mis manos con las suyas y comenzó a balbucear torpes disculpas.

—No es tu culpa, Alice —intenté tranquilizarla.

—Sí, lo es —respondió—. Pero… pero… amenazó con cortarle el pelo a la Barbie Dentista, ¡eso era demasiado! ¡Es mi favorita!

Sonreí un poco, Alice y sus muñecas…

—Debo traérmelas aquí conmigo, tu madre es un peligro… —siguió diciendo—. Quiero que sepas que tú eres mucho más importante que las muñecas, es sólo que me vi entre la espada y la pared y me taré. Renée comenzó a hablar y hablar e hizo que me perdiera, preguntó por ti muchas veces y no me creía cuando le decía que no estabas aquí. Intenté hacerle creer que estabas con Tanya, pero obviamente no me creyó. Su estúpido sexto sentido otra vez hizo de las suyas y me enredó hasta sacar la información que quería saber. Lo siento… perdóname.

—Ya está Alice… —le sonreí, para hacerle entender que todo ya había pasado—. Después de todo, este día tenía que llegar.

—¿Me perdonas?

—Si alguien hubiese querido atacar mis libros, seguramente, hubiera actuado igual.

Encogí mis hombros y me levanté del sofá. Quería ponerme el pijama y un poco de tranquilidad. Fui hasta mi habitación y lo primero que hice fue colocarme el remerón gigante que usaba para dormir y me quité el sostén. Oh sí, la libertad. Fui al baño y me preparé para dormir, estaba muy agotada. ¿Quién hubiera dicho que fingir me dejaría tan cansada? Al volver a la habitación, me encontré con Alice sentada en su cama, me miró y sonrió. Acaricié a Fofi, quien me hizo una fiesta cuando me recosté a su lado y abracé a mi pequeño unicornio.

—¿Qué tal la noche? ¿La suegra tenía una verruga?

Solté unas risitas.

—Ninguna verruga… y tampoco bruja —respondí con gracia—. Fueron todos muy simpáticos y me trataron bien. ¿Te comenté que Edward tiene una sobrina? A mí no se me dan mucho los niños, pero tendrías que haberla visto, ¡es una muñequita!

Alice escuchó atentamente toda mi travesía por la casa de la familia Cullen. La verdad, es que ahora que me ponía a pensar en el día de hoy, todo había salido muy bien. Nuestro trato iba en pompas de jabón… está bien, sólo habían pasado dos días desde que el show comenzó, pero conociendo mi buena suerte, era todo un récord. Estos días eran valiosos, quizás las pruebas de fuego que debíamos atravesar.

—¿Ves? Te lo dije, te has estado haciendo problema por nada.

Asentí, debía darle la razón.

—Me alegro mucho por ti, Bellita. Me hace muy feliz que todo esté resultando y… ahora que estamos teniendo esta conversación, debo sincerarme contigo.

Confesiones a la medianoche, ¡me gusta!

—Soy toda oídos.

—Edward me gusta para ti.

—¿Ha pasado la prueba? —pregunté, bromista.

—No del todo, pero puede ser —guiñó su ojo y reímos—. Me gustó verlos juntos, ayer, hoy… o bueno, técnicamente ayer porque ya ha pasado la medianoche. Pero, a donde quiero llegar es que, me gusta que demuestre formalidad contigo. Te llevó a conocer a su familia y, por lo que me has contado, les ha hablado mucho de ti a todos ellos.

—Supongo que es el indicado, ¿no? —Me sentí un poco mal por decir eso. Mentirle tan descaradamente a Alice no era lo mío; no se me hacía tan fácil hacerlo siempre y la culpabilidad golpeaba mi pecho.

—Eso sólo lo sabrás tú. Por el momento, sólo déjalo ser… el tiempo dirá qué es lo que pasará. —Ahogó un bostezo y se metió dentro de las sábanas—. Creo que voy a dormirme, el día ha sido demasiado largo. Buenas noches, Bella.

—Buenas noches, Al —me despedí y apagó el velador de su lado.

Por mi parte, me abracé mejor a Flip, y Fofi se acurrucó a mi lado. Las palabras de Alice aún resonaban en mi cabeza. Tenía la esperanza de conocer a ese chico que estoy inconscientemente esperando… pero, ¿qué pasaría si lo conociera en vigencia de este trato descabellado? Ahora que me ponía analizar las cosas, jamás habíamos hablamos de la fecha de finalización del trato. ¿Cuánto tiempo fingiríamos? ¿Tres meses; cuatro, tal vez? ¿Cómo romperíamos nuestra supuesta relación?

Definitivamente, esas serían las preguntas que le haría a Edward la próxima vez que nos veamos. Pero ahora, sólo necesitaba dormir. Mirando con culpa mi ordenador por no haber escrito el día de hoy cerré mis ojos y dejé que la inconsciencia me venciera. Habían sido muchas aventuras para sólo dos escasos días.

.

.

El viento chocaba en mi rostro y hacía que mis cabellos se balancearan en su dirección. El día estaba precioso y yo lo estaba disfrutando al máximo, junto a mi ordenador, mi libro y mi perrita, a la luz del sol de la mañana. Rara vez, disfrutaba de un domingo a la mañana como el de hoy, pues, habitualmente, duermo desparramada en la cama hasta las doce o una del mediodía. Si, lo sé, soy un perezoso, pero es dormingo. ¡Amo los domingos de vagancia!

«¿Quién no los ama? Son la octava maravilla del mundo».

Como me había desvelado, quizás por las demasiadas cosas nuevas que atravesaba, decidí que era un lindo día para disfrutarlo al aire libre. Y… ¿Qué mejor lugar que el Central Park para hacerlo? Había recogido mi ordenador, uno de mis libros favoritos, un termo de café y a Fofi, y había cruzado la acera para poder estar aquí, sentada en el césped debajo de un árbol. Sin dudas, era el mejor plan que se me hubiese ocurrido para un domingo.

La inspiración estaba tocando mi puerta y las palabras se escribían con naturalidad; realmente, que esto sucediera era jodidamente perfecto… y lo aprovecharía al máximo. Olvidarme por un rato de mi vida, últimamente agitada, me hacía bien para mantenerme cuerda, pues de lo contrario, estaría corriendo hasta el gran Cañón para que nadie me encontrara. Concentrada en mi escritura, no me di cuenta que Fofi había salido disparada hacia algún lugar. Sólo fui capaz de verla cuando corrió unos cuantos metros lejos de mí.

—¡Fofi! —chillé a todo pulmón y salí disparada hacia la dirección a donde se fue, sosteniendo mi computadora en mi pecho.

Corrí y corrí siguiendo sus pasos, me tropecé unas cuantas veces y temí en otras caer de boca y romperme algún diente. Fofi fue bajando la intensidad de sus corridas y lo agradecí mentalmente, mi estado atlético era malísimo y no me quedaban muchas fuerzas para seguir corriendo a mi perrita traviesa. Me acerqué más hacia el lugar en donde estaba Fofi y me llevé una sorpresa al verla en brazos del muchacho de cabellos cobrizos. ¿Qué hacía él aquí a las ocho y media de la mañana?

«Salió el sol. ¡Hola, ojitos!».

Edward se mostraba desconcertado sosteniendo a Fofi en sus brazos, aunque no pudo evitar reír a carcajadas cuando la perrita lamió todo su rostro, dándole el beso de los buenos días. Yo sólo me quedé a unos cuantos pasos, mirando la escena completamente confundida. Todavía no entendía la razón del enamoramiento de Fofi para con Edward.

«Fofi es inteligente, deberías imitarla un poquito, lenta».

Mi falso novio miró para todos lados y se formó una sonrisa cuando sus ojos me encontraron. Levanté la mano saludándolo y él hizo lo mismo, comenzando a acercarse hacia mí. Si me había resultado raro verlo vestido informal, ahora era completamente extraño verlo vestir ropa de deporte. Se notaba que había estado corriendo, pues su remera se veía un poco transpirada y sus cabellos se pegaban a su frente sudada. Sin embargo, se veía fresco como una lechuga, como si estuviese acostumbrado a correr por el parque.

«Igual que tú, ¿no?»

Le rodé los ojos a Amanda, su sarcasmo me hartaba.

Finalmente, Edward llegó a mi lado y pude verlo más de cerca. Su rostro se veía alegre y sus ojos brillaban, haciendo que parezcan más verdes de los que ya eran.

—Buen día —saludó y se acercó despacio para darme un beso en la mejilla—. Sin dudas, no esperaba ser interceptado por una perrita tan temprano en la mañana de un domingo. ¿Te caíste de la cama?

—Algo parecido —reí—. ¿Qué hay de ti?

—Sólo mi rutina de todas las mañanas, disfruto mucho de correr… me da cierta libertad. ¿Qué hacías?

—¿Antes de perseguir a Fofi y quedarme sin aliento por correrla?

—Sí, supongo —sonrió de lado.

—Leía. —No le diría que estaba escribiendo—. Y también aprovechaba el hermoso día de hoy, supongo que tomar un poco de sol viene bien. El médico me recomendó vitamina D —agregué, bromeando.

Edward sonrió y rodó los ojos.

—¿Te molesta si me quedo a acompañarte? Ya he terminado por hoy y no tenga prisa por volver al departamento.

Le sonreí y asentí con la cabeza, comenzando a caminar devuelta por el corto camino que había hecho corriendo. Edward dejó a Fofi sobre el césped y ella comenzó a trotar alrededor de nosotros, rodeándonos en círculos y dando pequeños brinquitos hasta que llegamos bajo el árbol en el que me había acomodado apenas llegué.

—Es raro que no nos hayamos encontrado antes —comentó Edward, dejándose caer bajo el árbol. Se recostó en el tronco y me miró.

—¿Por qué lo dices?

—Parece que ambos venimos mucho a este sitio, yo acostumbro a venir todas las mañanas. Trabajar encerrado en una oficina todo el día, puede llegar a ser tedioso. Amo mi trabajo y todo lo que hago, pero necesito un poco de aire libre, sino me volvería loco.

—Bueno, salvo que suceda un milagro como el de hoy, no asomo mi nariz por aquí ni aunque me paguen. Muy temprano para ser un domingo, amigo —sonreí—. Además, en la semana voy a la Universidad y mis clases son muy temprano.

Encogí mis hombros y me serví un poco de café.

—¿Quieres?

Él asintió y robó las galletas que Alice había horneado ayer. Serví un poco de café para los dos —milagrosamente, había traído dos tazas— y nos quedamos en silencio, sólo disfrutando de la mañana y de la suave brisa primaveral que refrescaba nuestros rostros.

«¿No tenías algo qué preguntarle? ¡Necesito saber cuánto tiempo podemos aprovecharnos de él!».

¡Oh, cierto! El problema era cómo. ¿Soltarlo así sin más? O, ¿buscar algún tema que dé el pie para hablar de la caducidad del trato? También debía ponerlo al corriente de la charla que había tenido con mi madre. Teníamos varios temas de qué hablar. Pero, por alguna razón, no sentía ganas de hacerlo. Supongo que debe ser la presión del momento, o quizás, el día de ayer me había dejado muy agotada y aún no había recuperado fuerzas.

—¿Qué quieres preguntarme?

Parpadeé y giré bruscamente mi cuello hacia la dirección de Edward. Lo miré con una ceja alzada.

—Has arrugado tu nariz. — Volví a hacer una mueca—. Ahí lo hiciste de nuevo —agregó, con una sonrisa ladina. ¿De qué habla?—. En este tiempo, te estuve observando y sé que cuando arrugas tu nariz, hay algo que te preocupa. En cambio, cuando mueves tu hombro o tu pie se balancea, es porque estás nerviosa. ¿Qué te preocupa hoy?

¡Uau! ¡Yo ni enterada que podía hacer esas cosas! Salvo lo de los tics, eso lastimosamente sabía; Alice me lo dijo hace bastante tiempo.

—Has resultado ser buen observador —sonreí—. Siquiera me había dado cuenta que movía mi nariz.

—Lo haces —aseguró, mordiendo otra galleta—. ¿Qué es lo que intentas decirme?

¿Tema A o tema B?

—Mi madre se enteró de "lo nuestro" —hice comillas en el aire. Acepté comenzar por el tema B, ya sacaría a colación el otro asunto importante.

—¡Vaya! Eso fue rápido —comentó, asombrado.

Comencé a jugar distraídamente con un mechón de mi cabello.

—Mi madre siempre se las ingenia para saber cosas antes que cualquiera…

—¿Eso te preocupa?

Sacudí la cabeza.

—No… bueno, en algún momento debía saberlo, supongo —encogí mis hombros—. Es sólo que…

—Puedes decírmelo, Bella.

—Me dio un ultimátum. —Listo, lo dije—. Sé que tendría que habértelo consultado antes, pero me puso entre la espada y la pared. Hasta a Alice la ha amenazado con su Barbie dentista, ¿sabes lo que ama esa muñeca? Pues, mi madre sí… y es una bruja en usarlo a su favor. ¿Sabes qué me dijo? Que tengo unas tres semanas para ir hasta allí y presentarte, ni un día más ni ningún día menos. Me vi obligada a aceptar, pues ya en esa fecha terminaría de rendir los exámenes. ¿Puedes hacer algo tú? O sea, sé que tienes mucho trabajo y quizás no es fácil hacer que te tomes días libres… ¡Por Dios! He sido una tonta, ¿verdad? No debería haber aceptado. Ahora, ¿cómo hago para cancelar todo y no correr el riesgo en que se aparezca por aquí?

—¡Dios, mujer! ¡Con qué velocidad hablas!

Me callé abruptamente y tomé una fuerte bocanada de aire. ¡Uf! Esta vez, había hablado mucho y en muy poco tiempo. Otra vez mi bocaza parlanchina. Mierda.

«Y ahí vamos otra vez… ¡Tonta!».

—Te pusiste hasta violeta —Edward sonrió de lado.

—Lo siento… —murmuré apenada—. Es sólo que… la situación me abrumó.

—¿Por qué te preocupa tanto? —No supe que responder—. ¿Tienes miedo que no esté a la altura de lo que espera tu madre o…?

Antes de que terminara de hablar comencé a negar con la cabeza. Estaba segura que cuando mi madre viera a Edward por primera vez se le caería la baba a chorros y no lo disimularía, para nada.

—No, no es eso… —dije—. Tengo miedo de meter la pata en su presencia. Mi madre es muy observadora, jamás he podido mentirle… No sé, tiene un radar para averiguar mis mentirillas. Además, es un poco exagerada… mucho más que yo.

—¿Te preocupa que me incomode? —Otra vez, no respondí. Creo que temía a eso, a que Edward saliera corriendo y nuestro alocado trato se vaya por el retrete a míseros días de haberlo empezado—. Si es eso… no debes preocuparte. Estoy muy dispuesto a conocer a tu madre.

—¿Piensas pedirte días libres para viajar a Jacksonville?

—Bueno, ser el hijo del dueño de la fábrica de juguetitos —una sonrisa bromista apareció en sus labios—, tiene sus ventajas.

—Entonces… ¿Irás?

—Por supuesto —aseguró sin vacilar—. Es innegable que tu madre querrá conocer a tu novio, Bella. Yo imaginaba que llegaría este momento tarde o temprano. Además, lo veo completamente justo… quiero decir, tú te has enfrentado a toda mi familia en una sola visita. Lo mínimo que puedo hacer es aceptar la invitación de tu madre para conocerla y, cuando tenga que ser, conocer a tu padre.

De sólo pensarlo ya comenzaba a estremecerme. ¿Edward conociendo a mis padres? Siquiera podía imaginar esa escena… no sé, quizás últimamente estaba paranoica, pero temía mucho por lo que pudiera decir mi familia de él. Sabía que Edward era un buen partido —para los ojos de los demás—. Es decir, es apuesto, claro no lo niego; tiene un buen trabajo y bla, bla, bla. Pero mi mayor temor era que todo se desmorone a nuestro alrededor.

Mi madre podría ser más lista que Sherlock Holmes, su intuición nunca fallaba. Y… ¿si se daba cuenta que todo era mentira? ¿Con qué cara la miraría a los ojos? No podía justificarme diciéndole: «Oye, como ustedes nos rompían tanto las pelotas, hemos decidido fingir ser una pareja. Un buen trato, ¿cierto?», por supuesto que eso estaba completamente descartado.

Aunque… conociéndola, quizás todo podía salir bien; siempre y cuando permanezca abrumada por Edward y las posibilidades de su ojo crítico queden altamente disminuidas. Todo era posible, claro que mi mala suerte no tenía que aparecer; eso era difícil, pero con intentar no se pierde nada. Si todos los demás creyeron en nuestro «noviazgo», Renée también debía hacerlo. Sí, estaba segura, ella se tragaría el cuento. Tiene que hacerlo.

—Gracias.

—Somos un equipo, ¿no?

Asentí y tomé un sorbo del café.

—Mi madre ha quedado maravillada contigo —comentó, unos momentos después—. Me pidió por favor que vuelva a llevarte a casa pronto.

—Me he ganado a la suegra, ¿eh? —palmeé su brazo y comenzó a reír.

—Bueno… la verdad es que sí —respondió—. No sólo a la suegra, sino que a todos los demás. Caroline quedó alucinada contigo, no es fácil que se encariñe tan rápidamente con alguien.

«Vamos bien, vamos bien».

—Lo mismo tengo que decirte. —Fofi se sentó en mi regazo y pidió que la acariciara refregando su cabeza en mis manos—. Alice admitió que pasaste la prueba.

—Eso es bueno —sonrió—. Por un momento, creí que no le agradaba… no sé, quizás me dio la impresión que me analizaba mucho.

—Créeme que lo hizo. —Ambos comenzamos a reír como dos locos.

Se me vino a la cabeza una pregunta. De hecho, lo había pensado antes, pero no me animé a preguntarlo. Hacerlo ahora no sería algo malo, además necesitaba saberlo. Mi curiosidad me ganaba.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Claro —respondió, mirándome.

Suspiré.

—¿Por qué no has tenido ninguna novia antes?

Edward pasó su mano sobre la cabecita de Fofi y la acarició un poco. Luego, me miró y sonrió un poco. Por sus gestos, supe que estaba buscando las palabras justas para poder responderme. Me llamó la atención que jamás hubiese estado en una relación antes, es decir, no parecía ser ese tipo de hombre que se cierra al amor por haber tenido alguna traición amorosa o algo así.

—Simplemente porque el compromiso no es lo mío —encogió sus hombros—, no soy un hombre de relaciones. Estoy demasiado acostumbrado a mi independencia y sé que no podría acostumbrarme jamás a la vida de pareja. Dar explicaciones por todo, oír reclamos, soportar ataques de celos… definitivamente, eso no es lo mío.

—¿Siquiera te lo has planteado?

—La verdad, no —sonrió tristemente—. Es algo extraño, pero sé que el amor no está hecho para mí.

—¿No crees en el amor?

—Sí creo. —Fruncí el ceño. No estaba entendiendo su punto de vista—. Lo veo todos los días en mis padres y en Emmett y Rosalie. Y yo siento amor por mi familia, pero no me veo teniendo la clase de amor que ellos tienen como pareja en una mujer. Sé que suena demasiado extraño, pero yo no me siento con la capacidad de poder tener una familia como la que ellos construyeron.

—Quizás dices eso porque aún no has encontrado a la chica indicada, quién te dice que aparezca alguna muchacha y te haga tragar tus palabras.

Él sonrió negando con la cabeza.

—No sucederá —afirmó—. Conozco bastantes mujeres y, créeme, que una de las cosas que odio es la facilidad que tienen para acercarse debido a mi posición económica. No soy idiota y sé cuando una mujer se me acerca sólo para poder dar de qué hablar. Detesto que hagan eso y, fue por ese motivo, que llegué a la conclusión de pasar buenos momentos sin tener que atarme a nadie.

—Sexo sin ataduras —musité con burla.

—Suena un poco frívolo decirlo así, pero supongo que sí.

Sacudí mi cabeza. Decir que no me sorprendió todo lo que me dijo, sería mentira. ¿Quién iba a decir que se consideraba un hombre independiente hasta tal punto que le tuviese miedo al compromiso? No lo dijo con exactas palabras, pero era obvio que eso sucedía.

—Será divertido ver cómo te enamoras —bromeé.

Él sonrió de costado y volvió a dejarse caer sobre el tronco del árbol detrás de él.

—Mi madre me dijo lo mismo alguna vez. —Rodó los ojos, como si la posibilidad de enamorarse quedara completamente descartada—. ¿Sabes? Siempre pensé que Emmett había recibido todos los genes para ser un gran hombre de familia y, luego llegué yo, y no quedó nada para mí —sonrió de costado—. Sé que mi madre cree que yo puedo enamorarme y formar una linda familia como la de mi hermano. Pero, sinceramente, no creo que suceda. Disfruto mucho de mi familia y me siento bien como estoy ahora, además no me veo siendo padre. Siquiera sé cómo se sostiene a un pequeño.

—Bueno, en eso estoy de acuerdo… yo tampoco sé como sostener a un chiquillo —ambos reímos—. Supongo que para los hombres debe ser diferente, pero… no sé, creo que hay un momento en la mujer que el reloj biológico pide por armar una familia o, al menos, comenzar a tener hijos.

—¿Tú por qué no has tenido nada tampoco?

—Porque siempre soy la amiguita graciosa que hace reír a la gente —reí—. No, en serio, no tuve suerte con los hombres. Los chicos que me gustaron fueron unos cabrones que hicieron que permanezca a en la Friendozne varios meses, y no fue nada divertido.

—¿Friendzone?

—Ajam, y siempre tenía que consolarlos cuando la chica que les gustaba se comía a otro… —puse los ojos en blanco—. En fin, salí, por decirlo de una manera, con Riley dos meses, pero luego me enteré que me usó para darle celos a Victoria, que era la chica de la que estaba enamorado.

«Maldito perro».

—¿Te usó?

—Sip —bufé—. El muy perro se aprovechó de que me gustaba y lo usó para darle celos a Victoria. Cuando me enteré, le pateé en las bolas. Se sintió realmente bien.

—Es un idiota —aseguró—. ¿Eran muy amigos?

—Sí, nos considerábamos buenos amigos… pero la cagué —encogí mis hombros—, pensando que me enamoré de él. Riley es un buen chico, claro… pero, tuve la mala suerte de que me gustara.

—No puede ser buen chico si te usa, Bella.

—Lo sé —suspiré—. Pero yo también tuve la culpa por embobarme con él.

—¿Estuviste enamorada?

—Lo pensé, al principio —confesé—, pero luego me di cuenta que sólo fue confusión. Creí que seríamos una buena pareja y que por fin tendría a alguien a mi lado. Mis amigas me presionaron bastante para que nos acercáramos en otro tipo de relación que no fuese la amistad; más me hablaban de él y pensaba que más me gustaba. Algunas veces, las chicas somos tontas; yo, al menos, lo fui. Cuando él comenzó a preocuparse por mí y a mirarme con otros ojos… me di cuenta que Riley no era lo que esperaba y que me había confundido en pensar que podríamos ser algo más que amigos.

—¿Él se aprovechó de ti? —preguntó alarmado—. Puedo darle un puñetazo en este preciso momento si así lo hizo.

—Bueno señor Violencia, no tiene que usar su puño ahora —comencé a reír—. Riley jamás se aprovechó de mí… sólo metió la pata en besarme el mismo día que Victoria se puso de novia con otro muchacho. Y que, o casualidad, fue el mismo día de mi cumpleaños. Pero supongo que yo tengo un poco de culpa también. No quiero quedar como la damisela en peligro, yo sabía bien lo que hacía.

Edward se quedó unos momentos en silencio. Él era la primera persona fuera de mi grupo de amigos que conocían mi historia con Riley, entre comillas. No estaba bueno contar mis miserias amorosas en voz alta, pero supongo que me hacía sentir bien contarlo. La pasé mal, sí… pero tampoco fue la muerte de nadie. Además, me había hecho entender la clase de hombre que era y eso me ayudó a bajar la persiana y a pensar en otra cosa. Fui realmente estúpida en creer que podríamos ser algo más que amigos. Pero, si no sucedía nada de aquello, tal vez seguiría embobada con él, mirándolo furtivamente en los pasillos y recreando historias que me gustaría protagonizar. A veces, odio ser tan fantasiosa.

—Lo sigo pensado, es un idiota —murmuró y comencé a reír más fuerte—. En serio, Bella. ¿Aprovecharse de que sabe que le gustas sólo para darle celos a otra?

—Sólo teníamos veinte o veintiún años, Edward.

—Me alegra que no estés con alguien como él —sonrió de lado—. Te mereces a un buen hombre a tu lado.

«Como tú, por ejemplo».

Este era el pie que necesitaba para comenzar a hablar del tema A.

«Amanda, sólo… cállate».

—Ohmm, Edward…

—¿Si?

—Con respecto a eso… —acaricié a una dormida Fofi y lo miré—. Hablamos de todo de nuestro trato… menos, hasta cuánto durará.

Él abrió sus ojos y arrugó su frente.

—O sea, no podemos mantener este trato para toda la vida, ¿no crees?

—Oh, vaya… —seguía hablando como si estuviese sorprendido—. No había pensado en ello, la verdad —añadió y una pequeña sonrisa apreció en su boca—. ¿Cuánto tiempo crees que tendremos que fingir?

—Bueno… no lo sé.

Ambos nos quedamos en silencio. ¿Cuánto tiempo duraría una pareja promedio? ¿Un mes, dos meses, cinco, tal vez? La verdad, no tenía ni idea.

—¿Seis meses será mucho? —Lo miré—. Para los ojos de los demás serán unos nueve meses que estuvimos juntos, creo que es un buen número. Luego de que se cumpla el plazo, podemos decir que ya no nos llevábamos tan bien y decidimos romper; eso se escucha todo el tiempo. ¿Qué dices?

Lo pensé un poco. El nueve me gustaba, parece un lindo número. Además, seis meses pasan volando, cuando quiera darme cuenta, ya habrá pasado.

«Tengo seis meses para aprovecharme de él. ¡Es muy poco tiempo!».

—Sí, creo que está bien —sonreí, sin tener en cuenta el comentario de Amanda. Otra cosa se cruzó por mi cabeza—. ¿Qué sucede si alguno se enamora en el plazo del trato?

Edward me miró con los ojos abiertos de par en par. Me di cuenta de cómo sonó la pregunta y comencé a sacudir mi cabeza.

—Hablo de otras personas —aclaré, rápidamente—. Por ejemplo, aparece una rubia preciosa y tú te enamoras de ella. O, aparece Zac Efron y yo caigo desmayada enamorada de él.

—Bueno, obviando lo de la rubia, pues ellas no van conmigo… —hizo una pausa y una sonrisa se dibujó en sus labios, luego negó con la cabeza y continuó—: Si llegas a conocer a ese tipo Zac, que no tengo remota idea de quién es, en este tiempo y te enamoras de él, sólo me lo dices y el trato se acaba. Por mí, no debes preocuparte.

Asentí. Estando completamente de acuerdo con él; salvo en eso que decía que él no se enamoraría, estaba segura que había alguien para él.

—Sólo voy a pedirte una cosa…

Miré sus ojos verdes.

—¿Qué cosa?

—Que pase lo que pase, seremos amigos. —Rascó un poco su nuca—. Jamás había tenido una amiga antes y… me gusta contar contigo.

—Todos quieren a la payasa… —reí—. Concuerdo contigo, por mi parte, seguiré siendo tu amiga luego de todo esto. A mí también me gusta contar contigo.

Ambos nos miramos y sonreímos. Nos quedamos charlando algunos minutos más, hasta que me di cuenta que eran más de las doce del mediodía. ¡¿Me estás jodiendo?! ¡Casi cuatro horas hablando! Edward ayudó a juntar mis cosas y nos pusimos de pie.

—Es increíble lo que vuela el tiempo —musité, llevando mi computadora al pecho.

—Te acompaño al edificio, esta perrita de aquí no quiere bajar —contestó bromista. Una fuerte carcajada salió de mis labios al ver a Fofi enganchada a sus brazos. ¿Tenía hasta complejo gatuno, ahora? ¡Increíble!

«A mí también me gustaría estar encima de él. La perra es inteligente, ¿por qué no le pides la receta?».

Caminos en silencio por el sendero del parque. Era asombroso como el tiempo pasaba volando, pues quién iba a decir que ya pasaron un poco más de tres semanas desde que habíamos estado aquí, y que toda esta loca aventura comenzó. Ahora, quince o un poquito más de días después, estábamos con nuestro trato en marcha, fingiendo —muy bien, al parecer—, ser una pareja consolidada… y, no sólo eso, sino que teníamos fecha de vencimiento. Actuar por seis meses. No se veía difícil en absoluto.

—Bueno… —dijo Edward una vez que llegamos a la puerta del edificio. Se fijó si Peter estaba en su lugar y, como buen domingo, no estaba—. ¿Es que a ese hombre no le gusta trabajar?

Me reí.

—Muy domingo —comenté—. Uhm… ¿Quieres…?

No terminé con la pregunta, ya que me vi interrumpida por una voz demasiado conocida.

—¡Edward! —exclamó esa voz familiar.

Allí, parada justo detrás de nosotros, estaba mi mejor amiga cargando algunas bolsas de compras. Seguramente para preparar el gran almuerzo de domingo. Por un momento, había olvidado el plan que teníamos para hoy.

—Bella, me estabas preocupando porque no llegabas, ahora veo dónde estabas —me guiñó el ojo—. ¿Qué hacían, chicos? ¡No! Mejor no quiero saber.

—Hola, Alice —saludó Edward besando su mejilla—. Lamento haberte robado a Bella, pero no nos dimos cuenta de la hora.

—¡Oh, no te preocupes! —Le restó importancia con la mano—. Bellita, aquí compré todo lo que necesitas para el almuerzo, Jasper me dijo que no tarda en llegar. ¿Invitaste a Edward?

No me dejó responder.

—Hoy hacemos un almuerzo en casa, pues invitamos a mi novio, Jasper, a comer. ¿Quieres quedarte? Cocinará Bella, y déjame adelantarte, que esta mujer hace que lamas hasta el plato. ¡Cocina como los dioses!

Ahora recordaba el almuerzo de domingo que habíamos planeado con Jasper. Hacíamos esto de vez en cuando, pues era lindo poder pasar un domingo acompañadas. Además, en la semana a mi mejor amiga se le dificultaba poder disfrutar de su novio y el domingo era el día que todos teníamos libre. Por eso, cada mes hacíamos al menos una reunión de estas.

—Oh… yo… —Edward vaciló y me miró.

—Me encantaría que te quedes —encogí mis hombros—. De hecho, iba a invitarte.

Él sonrió aunque luego su entrecejo se arrugó.

—Estoy todo sudado —admitió apenado.

—¿No traes ropa contigo? —preguntó Alice—. Puedes asearte aquí si lo deseas, nosotras no tenemos problema.

«¿Puedo bañarme con él?».

«¡Cállate, Amanda!».

—Creo que algo en el auto debo tener —rascó su nuca y me miró—. ¿En serio no te molesta?

—Para nada. —Era la absoluta verdad. ¿Qué tenía de malo prestarle el baño para que se bañara? Después de todo no era que me estaba ofreciendo para enjabonarle la espalda.

«¡Yo me ofrezco!».

—Okay, aparqué el coche a unos pocos metros. —Dejó a Fofi sobre el piso—. Ahora regreso. —Nos sonrió y se dio la media vuelta para ir en busca de su auto.

—Cita doble, ¡me encanta!

Unos minutos después, Edward estacionó el auto frente a nuestro edificio y salió de allí, con una muda de ropa en sus manos. Era un chico bastante precavido, a mí ni se me hubiese ocurrido salir de casa con un cambio de ropa. Alice eligió subir por el ascensor así llegaba más rápido y ponía a enfriar la Sprite en la heladera, nosotros optamos por las hermosas escaleras. Obviamente.

—Así que tu comida me hará lamer el plato, ¿eh? —comentó divertido, subiendo los últimos escalones.

—¿No me tienes fe? Puedo cocinar mejor que tú.

Sus ojos chispearon de burla. Se tenía mucha confianza el maldito. Sólo espera a probar mis fideos, amigo. Te chuparás hasta el mentón. Ya verás.

—Eso lo quiero ver, te veo muy convencida.

Lo miré con burla y sonreí. Hoy haría mi plato favorito y todos me lo elogiaban cada vez que lo hacía; según mi madre, era mi especialidad. Dejaría a Edward con la boca abierta y eso me encanta. Yo también sé cocinar y él lo iba a averiguar.

Apenas llegamos al apartamento, acompañé a Edward a enseñarle el baño. Después de explicarle lo primordial como el uso de la ducha y donde podía encontrar el champú y el jabón, lo dejé para que se aseara tranquilamente. Volví hacia la cocina, donde me esperaba Alice comenzando a preparar los ingredientes que debía utilizar para preparar la rica pasta.

—Me parecía extraño que no le hayas dicho nada —dijo, abriendo una lata de Sprite.

—Lo olvidé —encogí mis hombros—, muchas cosas en la cabeza.

—¿Ahora te preocupas por Renée? No seas paranoica, Bella. A tu madre le encantará Edward, ya lo verás. Por cierto, llamó hace un rato.

—¿Qué más quiere saber? —bufé, abriendo otra lata de la gaseosa.

—Algo me dijo, pero no recuerdo —se quedó mirando un punto fijo por encima en mi cabeza; un segundo después se encogió de hombros y volvió a mirarme—. Supongo que ya recordaré.

Unos golpes en la puerta sonaron tranquilamente y me alegré que Edward hubiese estado en la ducha, pues no le hubiese gustado volver a saber que Peter otra vez no estaba cumpliendo su tarea como conserje. Sonreí y cerré el grifo, la cantidad de agua en la olla ya era suficiente.

—¡Cuidado con Fofi! —Exclamé. Mi extraña perrita no se llevaba bien con Jasper, atentaba contra sus talones cada vez que lo veía.

—¡Ya la llevo al balcón! —Allí era el lugar en donde la dejábamos para que no ocurrieran incidentes, odiaba apartarla de nosotros, pero era la única solución para que no destruyera zapatos o, en su defecto, talones.

Mientras cortaba los tomates para la salsa, comencé a escuchar los murmullos de la pareja azúcar llegar desde la sala. Sonreí. Jasper era un buen chico para Alice, se notaba que eran el uno para el otro. Además, desde el principio había esa chispa entre los dos que era muy fácil de percibir.

Me giré para lavar las otras verduras con tranquilidad. Ésta era la rutina que más me gustaba de los domingos. Poder ocuparme sólo de la cocina y dejar de lado todos los embrollos de la semana, sobre todo los que estaban relacionados con la Universidad y esos malditos exámenes que estaban muy cerca. Lo cual, me dejaba muy poco margen para poder estudiar. No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Cierto. Lástima que siempre me acuerdo tarde, ya cuando tengo la soga en el cuello.

—¡Buu! —Unas manos se posaron en mi cintura y me asusté como si hubiera visto el fantasma de Walt Disney en vivo y en directo en mi cocina. Un grito sin sonido salió de mi garganta y podía sentir el latido desbocado de mi corazón desde mis sienes hasta la punta de los dedos.

Me giré en torno a sus brazos toda sobresaltada y me encontré con Edward riéndose a carcajadas. Entrecerré los ojos, mirándolo con acusación. ¿Se divertía por casi haberme matado de un infarto? Maldito.

—Lo siento… —dijo entre risotadas—, pero lo tenía que hacer.

—Ja ja ja —exclamé sin humor—. Qué gracioso.

—¿Te asusté mucho? —Ya sus risas se habían calmado, ahora me miraba con preocupación.

—¡No, qué va! —Rodé los ojos—, fue mi mejor momento —sonreí, haciendo que él también lo haga.

Me fijé en su aspecto, ya no estaba todo sudado, aunque antes tampoco le quedaba mal. Traía puesto una camiseta blanca con el cuello en V con las mangas arremangadas, y una camisa azul desabrochada por encima de ésta; unos vaqueros negros y las fieles zapatillas Vans negras. Cambiaba totalmente cuando se vestía informal, me gusta; aunque los trajes también tenían lo suyo.

—Ahora huelo a Bella —musitó, con una sonrisa ladina en sus labios.

Enarqué una ceja.

—No sabía que olía a Bella —sonreí un poco—. ¿A qué huelo?

—Todavía estoy tratando de descubrirlo, pero es rico.

Lo miré a los ojos y nos quedamos unos momentos en esa misma posición. Ahora, me daba cuenta que sus manos jamás abandonaron mi cintura y que estábamos mucho más cerca de lo que parecía. Si levantaba la mano, podría tocar su pecho cómodamente. Su ceño se frunció y sacudió la cabeza, aunque no por eso me liberó de su agarre. Yo tampoco hice nada para apartarme, que quede claro.

—¿Qué están haciendo, pillines? —La voz de Alice hizo que nos sobresaltáramos y nos alejáramos sólo un poco, Edward mantuvo uno de sus brazos en torno a mi cintura. Para aparentar, creo—. No importa, te estaba buscando, Edward.

—Dime, Alice.

—¿Podemos hacer las presentaciones ahora, Bellita? —Me hizo ojitos. Alice y las formalidades. Puse los ojos en blanco.

—Okay, deja que deje esto preparado.

Dejé la salsa lista para que comenzara a cocinarse y la coloqué arriba del fuego, para que empezara con la cocción. Sentí los ojos atentos de Edward en mis movimientos, cuando todo estuvo sobre el fuego para cocinarse, me limpié las manos con el trapo y lo miré.

—Se te ve natural moviéndote en la cocina.

—Lamer el plato, ¿recuerdas? —Palmeé su brazo—. Ya verás.

—Con el olorcito que ya hay, comenzaré por lamer la olla —ambos reímos en voz alta.

Entrelazamos nuestros dedos, y salimos rumbo a la sala para encontrarnos con la pareja azúcar. Ambos estaban sentados en los sillones, hablando de alguna cosa. Los miré y sonreí. Así se debía sentir estar en pareja de verdad. Ambos se miraban de una manera tan íntima que te hacían sentir que sobrabas. Muchas veces tenía que irme a mi cuarto cuando sentía que era un jueves entre ellos. Siempre en el medio. Los ojos de Jasper siempre brillan cuando mira a mi mejor Amiga. Alice, por supuesto, no se queda atrás. Ellos eran esa clase de parejas tiernas que te hacen suspirar o, en su defecto, querer vomitar puros corazoncitos pintados con los colores del arcoíris. Sobre todo cuando eres la solterona del grupo.

—Jazzy, él es el valiente hombre que conquistó el corazón de mi Bellita, Edward —se levantó, haciendo que Jasper la siguiera—. Edward, él es mi Jasper.

Los ojos azules de Jasper me miraron con picardía, sólo pude agachar mi cabeza y ocultar mi sonrisa. Muchas veces él me había aconsejado que no me sintiera mal por seguir siendo soltera, sobre todo después de discutir con Alice por el mismo tema. Él era algo así como nuestro mediador, sabía calmar a Alice en el momento justo. Por eso, eran la pareja perfecta.

—Un gusto Edward, en estos días me han hablado mucho de ti. —Jasper extendió su mano y Edward se la estrechó con gusto.

—Un placer conocerte, Jasper —respondió, apretando su mano.

Miré a Alice y supe inmediatamente qué estaba pensando. Cuando éramos niñas, muchas veces soñamos con este momento: el cual ambas ya éramos grandes y presentábamos a nuestros novios entre ellos. Otra vez sentí esa culpabilidad por mentir sin pelos en la lengua.

Alice trajo algunos aperitivos para picar antes del almuerzo. Edward y Jasper comenzaron a hablar como si se conocieran de toda la vida. Esa era una de las cosas que más me encantaban de los hombres, quizás con las mujeres no pasaba igual. Yo iba y venía desde la cocina, supervisando mi comida; aunque ya podía oler el aroma en todos lados.

—No sabes lo que son los espaguetis de Bella, Edward —siguió insistiendo mi mejor amiga—. Es extraño que aún no te lo haya cocinado.

—No estaba en mi cocina para hacerlo, Al —dije, tomando Sprite.

—Cierto —concordó—. En fin, cuando lo pruebes sentirás algo parecido a un orgasmo.

Mis ojos se abrieron y agradecí haber tragado la gaseosa, pues de lo contrario me hubiese salido hasta por la nariz.

—Ahora me da más intriga —Edward me miró y sonrió. Llevó sus manos hacia mi frente y corrió un mechón de cabello que se coló delante de mis ojos; intenté disimular mi extrañeza por ese gesto—. Entonces… ¿dónde trabajas, Jasper?

Media hora después, estuvimos los cuatro sentados en la mesa del comedor, con los platos servidos de los humeantes fideos. A simple vista, se veían exquisitos. Esperaba que de gusto estuvieran iguales. Le habían dado tanta promoción que temía que hubieran salido mal.

—Empecemos, empecemos —dijo Alice, muy animadamente.

El tenedor de Edward enrolló algunos fideos y, antes de llevarlos a la boca, me miró con burla. Entendí que lo hacía para molestarme, haciendo referencia a que él creía que cocinaba mejor que yo. Eso está por verse, amiguito. Abrió la boca y el bocado fue dentro de ella. Lo saboreó y cerró los ojos. Yo seguía sus movimientos de cerca.

—¿Y bien? —pregunté, una vez que había tragado la comida.

—Uhm —se hizo el dubitativo—. Fideos orgásmicos, definitivamente.

«Tenemos otras cosas que son orgásmicas».

«¡Amanda!».

«Ya sé, ya sé… me callo, señorita Inocencia».

Comenzamos a reír, la prueba había sido superada. ¡Bien por mí! El almuerzo pasó entre bromas, risas y charlas de todo tipo. La verdad, disfrutaba mucho de esto y también veía que no era la única que lo hacía. Edward se acopló a nosotros más que bien, se notaba que estaba muy cómodo con nosotros.

—¡Uf, mujer! Al paso al que vamos, voy a pensar que me estás engordando para comerme —dijo Edward palmeando su barriga. Ya habíamos terminado de comer.

—Eres un exagerado —musité, tomando otro sorbo de Sprite.

—Bella —me llamó Alice, la miré con interés—. Me olvidé de avisarte, hablé con Mike ayer y dice que la fiesta comenzará a las diez.

Oh, rayos. Me había olvidado completamente de la fiesta.

—También me dijo que podemos invitar a quien quisiéramos. Mientras más personas, mejor. No sólo deben ser de la Universidad.

Miró a Edward. ¿Quería que lo invitara?

—Jasper irá —le sonrió.

No tenía nada de malo si le decía, ¿verdad? Después de todo, sería una fiesta.

—¿Tienes algo que hacer el sábado por la noche? —le solté a Edward. Él negó con la cabeza—. Si quieres, estás invitado a la fiesta de Mike, unos de mis compañeros de la Universidad. Será una de las últimas fiestas que se organizan antes de que Alice se gradúe, por eso tanta insistencia en ir.

—Bueno… me gustaría —sonrió—. Cuenten conmigo.

—Genial, hermano —secundó Jasper—. Necesito un hombre para no volverme loco —abrazó a Alice por la cintura y besó su cabeza. Todos reímos.

Juntamos la mesa y Alice y Jasper fueron los encargados de lavar los platos sucios. Con Edward nos fuimos a la sala y nos sentamos en el sofá, aproveché que Jasper estaba lejos para traer a Fofi junto a nosotros. No me gustaba que estuviese solita.

—¿Quieres que vaya el sábado? —preguntó Edward, acariciando a mi perrita.

—Claro que sí —enarqué una ceja—. ¿Por qué lo preguntas?

Se limitó a encogerse de hombros y me sonrió. Jasper comenzaba a acercarse a nosotros y Fofi se puso a ladrar apenas lo vio. Suspiré.

—Lo siento, Jazz —me disculpé.

—No hay problema —sonrió tristemente—. ¿Cómo hiciste para ganártela, Edward?

Llevé a Fofi al balcón nuevamente y le dejé un poco de comida. Una vez que se quedó tranquila fui hasta la cocina a ayudar a Alice a cortar el lemon pie que había hecho para el postre. No tenía lugar en mi estómago, pero el postre de Alice no me lo perdería por nada del mundo.

—¿Te imaginaste esto alguna vez? —susurró en el umbral de la puerta mirando hacia Jasper y Edward; los dos hablaban animadamente de alguna cosa de hombres.

—Cuando fuimos niñas lo hicimos, Al —sonreí, sosteniendo los platitos para servir el lemon pie que llevaba mi mejor amiga.

—¡Me encanta! —chilló en voz baja. Luego me miró, como si recordara algo—. Ya sé lo que me dijo la tía Renée.

—¿Qué te dijo la loca de mi madre?

—¡Habemus novio! —chilló y rodé mis ojos, siguiéndola desde atrás para servir el postre.

Genial, mi madre y sus palabritas… lo único que me faltaba.

.

.

.


¡Hoola a todos! ¿Qué hoy no es viernes? Estaba segura que sí (?) JAJAJAJA. Nop, no estoy loca, sólo que tuve que adelantar un poco mis planes por un viaje inesperado que me salió. Por Semana Santa, voy a ausentarme unos días y, es por eso, que adelanté el capítulo del viernes para que no tuvieran que esperar mucho. Si todo sale bien, el viernes que viene volvemos con las actualizaciones como de costumbre. Desde ya, gracias por la paciencia :)

Bueno, parece que Renée se está preparando para conocer a "el yerno", espero que no nos vuelva loco al pobre Edward jajajja. Ya veremos lo que se trae entre manos. ¿Alguien quiere ir de fiesta el viernes próximo? *guiño, guiño* lol

Gracias, gracias, gracias y gracias por todo el apoyo, en serio. ¡Es maravilloso! No hay palabras para explicarlo ^^. Como saben, tienen el grupo de Facebook a su entera disposición, allí se pondrán adelantos, imágenes, avisos, etc. Los links están en mi perfil. Pidan unirse, ¡son todos bienvenidos!

Isa, como ya sabes, gracias por tu magia. Eres hermosa (L)

Antes de retirarme, les deseo muy felices Cuascuas (como le decimos en Argentina, xD)

Nos leemos el 25 (espero), muuuchos besos :*

Alie~