DISCLAIMER: -man no es mío, sino de Hoshino. Como siempre.
ADVERTENCIAS: Angst. Mucho Angst, y algo de violencia mental. (No hay hijoputismo de Leverrier, qué pena =( )
Capítulo dedicado a Kanda. Disfruten =)
Cuando se despertó, Kanda fue consciente de que debían ser más de las diez, pues el sol entraba de lleno por la ventana. Notaba la calidez del Moyashi entre sus brazos, que dormía profundamente ajeno a todo, mientras Kanda le abrazaba por la espalda y le cogía de la cintura. Abrió los ojos, medio adormilado, y volvió a cerrarlos, dispuesto a seguir durmiendo. Se estaba tan a gusto... Pensó.
Pero cuando estaba a punto de quedarse dormido de nuevo, un descubrimiento le hizo abrir los ojos de par en par.
¿Qué hacía él abrazando al Moyashi?
Se incorporó rápidamente, apartándose lo más lejos posible del chico sin llegar a caerse de la cama. Demonios, ¿qué estaba haciendo? ¿En serio había pensado en seguir haciendo la cucharita con el Moyashi? ¿En serio? Chasqueó la lengua y frunció el ceño, enfadado consigo mismo. De repente se le había pasado todo el sueño que podía haber tenido hacía unos instantes.
Miró al chico que dormía bajo la manta, de espaldas a él. Estaba completamente ajeno a todo, incluso Kanda juraría que podría haber violado al Moyashi y éste hubiera seguido durmiendo Sin enterarse.
Suspiró, deseando no haberse pasado toda la noche abrazando al brote de habas. Hubiera sido bastante chocante. Y asqueroso. Y un poco gay... Bueno, un poco no, demasiado. Y con el Moyashi además, por si fuera poco.
Pero tenía que reconocer que el chico era blandito. Y muy cálido, incluso suave. Si tan solo no fuera él... Pensó.
—Moyashi, despierta.—Dijo Kanda, pero el chico ni se inmutó. Esto hizo que frunciera el ceño, molesto. ¿No estaría fingiendo dormir y en verdad estaba riéndose de él por... Eso? Al pensar en esa posibilidad, no pudo evitar sonrojarse, avergonzado. Después de maldecir al chico y a toda su familia, volvió a llamarle.—Eh, no me ignores.—Seguía sin decir nada. Juraría que lo había visto mover la cabeza. Como se estuviera riendo... Sería su último día en el planeta Tierra.—¿Quieres responder, maldita sea?
Kanda se acercó a él, dispuesto a zarandearlo hasta que reaccionara, pero en cuanto le tocó el hombro, la mano de Allen apretó fuertemente la suya. El japonés intentó que lo soltara, pero tan solo consiguió que se diera la vuelta, encontrándose frente a frente con él. Lo observó, claramente estaba dormido. Se sintió como un idiota por haber presupuesto que el otro se habría enterado de todo, y aún más por haberse puesto rojo por algo como abrazar al brote de habas. Por Dios, era Kanda. Y Kanda no se avergüenza de algo tan estúpido, se dijo.
—Moyashi, suéltame de una vez, o te arranco el brazo.—Sentenció mientras fruncía el ceño.
Al final Allen lo soltó, aunque siguió durmiendo. El japonés lo observó por unos instantes, preguntándose cómo demonios alguien podía tener un sueño tan profundo.
Desde luego, el Moyashi era muy lindo mientras dormía. Si tan solo no fuera él, Kanda podría incluso decir que era guapo, incluso... Incluso podría decir que a pesar de ser un maldito bastardo era muy adorable. Aunque claro, nunca lo reconocería, antes se enterraría vivo.
Sin ser realmente consciente de ello, Kanda estaba prácticamente comiéndose con la mirada a Allen.
El Moyashi se removió en sueños, y sonrió. El japonés se preguntó qué estaría soñando para sonreír de semejante forma, parecía feliz. Y entonces empezó a murmurar, en una voz tan baja que apenas era audible. Kanda se acercó un poco más al Moyashi, intentando captar qué estaba diciendo, y entonces aquella voz llegó a sus oídos.
—Yu... Te...
Kanda no llegó a escuchar entera la frase, un súbito dolor le martilleó en la cabeza, sintiendo como si le partieran el cerebro. Gritó, apretando su cabeza con las manos, fuertemente. El dolor era demasiado para él, demasiado agudo, y justo cuando creyó que se desmayaba...
Aquellas imágenes volvieron.
—Kanda... ¿Me quieres?
—¿Tú que crees?
—Hmm... ¿Sí?
Se escuchó una risa de fondo, y al instante comprendió que era la suya propia.
—Baka. ¿Te crees que hubiera dejado siquiera que me tocaras si no fuera así? No hago estas cosas con desconocidos, por si no sabes.
—Lo de baka sobra...—El otro chico hizo un puchero.
—Te amo, estúpido.—Kanda besó a aquella persona.—Te amo.
En cuanto la sucesión de imágenes cesó, Kanda fue consciente de que estaba temblando. El sudor le goteaba por la frente, y tenía la respiración entrecortada. Demonios, ¿qué había sido eso?
Respiró profundamente, intentando relajarse. La cabeza le palpitaba como si tuviera una bomba de relojería dentro del cráneo, a punto de estallar. Tumbado boca arriba en la cama, hacía lo posible por entender qué demonios le pasaba.
¿Y qué demonios significaban esas imágenes?
—Mierda.—Dijo, con el ceño fruncido, y se pasó una mano por la frente, intentando quitarse el sudor de encima. Desvió la mirada hacia el chico que dormía a su lado, que no había despertado. Cómo no.
Y entonces cayó en la cuenta de algo. Algo de lo que no se había fijado hasta ese instante.
Levantó su brazo izquierdo, allá donde llevaba atado aquel estúpido lazo que había encontrado en su habitación. No sabía por qué lo mantenía consigo, tan solo era un pedazo de tela sin valor. Pero había algo en él que le hacía querer mantenerlo, como si en algún otro lugar, en algún momento de su vida hubiera tenido importancia. Y no sabía por qué.
Pero en ese instante se había dado cuenta de algo bastante extraño, y era el parecido que tenía con el lazo que llevaba siempre el Moyashi atado a su cuello. Eran prácticamente iguales... ¿Y por qué no se había dado cuenta hasta ese momento?
Intentó convencerse de que tan solo eran dos lazos que se parecían mucho, pero su cerebro no se quedó tranquilo y al instante siguiente estaba agachado en el suelo junto a las ropas del Moyashi, con aquella cinta en su mano y una expresión de horror en el rostro.
No puede ser, se dijo. Las cintas eran completamente iguales. Ni una sola diferencia.
Y entonces se preguntó, ¿cómo era posible que una cinta del Moyashi hubiera llegado hasta su habitación?
No, no podía ser suya. No quería creerlo. Porque si lo creía... Tendría que empezar a sospechar de aquellas imágenes... Sobre todo de una muy particular que había tenido hacía unas semanas.
Se dirigió hacia el baño. Necesitaba una ducha. Sí, una ducha. Así desaparecería aquel dolor de cabeza y con ello aquellos pensamientos tan extraños. Porque aquella imagen no había sucedido... Y aquel lazo no era del Moyashi, ¿verdad? No, tenía que ser otra cosa...
Abrió el grifo de la ducha y el agua comenzó a caer, deslizándose por su piel. Estaba helada, pero no le importó. Tampoco le importó que estuviera en un pueblo de Rusia en pleno invierno, ni que se pudiera resfriar.
Tan solo le importaba borrar aquellas ideas de su cerebro. Y pronto.
Alcanzó una pastilla de jabón y empezó a frotarse el cuerpo con él, con demasiada fuerza, pero eso tampoco le importó. No podía ser verdad, no podía...
Otro pinchazo le taladró el cerebro. Y gritó.
—¿Llámame Yu, quieres?
—¿Estás seguro de que quieres eso, Kanda?
—¿Por qué no debería?
—No sé... Siempre te da tanta rabia que te llamen así...
—Pero a mí me gusta cuando lo dices tú. Así que puedes llamarme Yu.
—¡Gracias, Ka-Yu!
"Cállate..." Repetía su mente una y otra vez. Sintió un tirón en el cuero cabelludo, y entonces se dio cuenta de que él mismo era el causante.
—¡Te amo, Yu!
"Cállate".
—¿Sí, Yu?
—Estoy pensando en dejar este maldito lugar. Para siempre. Estoy harto del maldito Leverrier y de escondernos para hasta darnos un puto abrazo. Quiero irme.
—¿Y abandonarme?
—Podríamos escapar. Tu y yo.
—¿Y ser felices para siempre? ¿Sin la Orden buscándonos? No lo veo posible, Yu...
—Todo es posible si lo intentamos.
Sentía como sus piernas dejaban de sujetarlo y caía y caía, hasta que sus rodillas dieron con el metal del suelo de la bañera. "Cállate... Por favor" Repetía. Su cabeza iba a explotar literalmente.
—¿Estás nervioso?
—No, Yu... Bueno, sí. ¿Qué pasará si mañana Komui dice que no quiere ayudarnos?
—Pues te llevaré conmigo sí o sí, y me cargaré a quien se oponga.
—¿Y si alguien se entera? ¿Y si nos separan? ¿Y si no te vuelvo a ver más? ¿Y si me olvidas?
—No seas idiota. Nunca me olvidaré de ti. Por mucho que lo intenten, por muy lejos que estemos.
—Prométemelo.
—Lo prometo.
Desorientado, se levantó a duras penas y salió de la bañera, cerrando el agua como pudo tras de si. Pero las fuerzas le abandonaron, y cayó de nuevo al suelo.
—Idiota. Eres un jodido idiota... Te amo, te amo... ¡Te amo! No quiero olvidarme de ti... Eres lo mejor que me ha pasado nunca.
—Yo también te amo, Yu. Como nunca amaré a nadie. Hasta el fin de mi vida.—Conservaré nuestros recuerdos por los dos. Tú vivirás en mí, Yu. Hasta el final. Nunca me olvidaré de ti. Seré tuyo para siempre.
—Te amo. Por favor, nunca lo olvides. Eres mi mayor tesoro.
—Nunca lo olvidaré, Yu, Kanda, mi Bakanda, mi bastardo adorable. Te amaré durante el resto de mi vida.
Algo dentro de Kanda se rompió. Ese algo dentro de él que no encajaba, ese vacío... Todo empezaba a cobrar sentido. Todo tenía demasiado sentido.
Casi pudo escuchar el sonido que hacía su corazón al romperse.
¿Por qué le pesaba tanto el corazón? ¿Y por qué notaba cómo un líquido mojaba sus mejillas? Estaba... ¿Llorando?
¿Por qué estaba llorando por alguien como Allen Walker? ¿Qué tenía que ver él con todo esto?
¿Y por qué sentía como si lo hubiera olvidado... Todo?
Pero después de aquello no vino el silencio. En su lugar una extraña voz, como la de un robot, empezó a repetir una y otra vez las mismas palabras desde el fondo de su mente. Y aquello dolía como el infierno.
—Te amo te amo te amo te amo te amo te amo te amo te amo te amo te amo te amo te amo te amo te amo te amo te amo te amo te amo te amo te amo te amo te amo te amo te amo te amo...
—Por favor.—Gritó Kanda, enterrando la cara en sus manos.—Cállate de una puta vez, joder.
Pero la voz se repetía, repitiendo aquel "te amo" una y otra, y otra, y otra vez, con una voz que no era humana, sino un eco horrible que venía de lo más hondo de su mente. Y el sonido aumentaba de volumen a cada segundo. Y Kanda sintió que le estallaría el cerebro.
—TE AMO TE AMO TE AMO TE AMO...
Y si no fuera porque las piernas no le funcionaban, se hubiera tirado de cabeza por la ventana. Aquello era insoportable. Entonces los pinchazos se incrementaron. Intentó ponerse en pie, y salir de ahí como fuera. Se puso en pie, tapando sus orejas con sus manos, intentando que aquello se callara. Un súbito pinchazo en la nuca lo dejó sin respiración, y al momento siguiente...
Todo se hizo negro.
—Te amo te amo te amo...
Aquella horrible voz se calló por un instante y...La extraña sintonía finalizó.
—¡Te amo, Yu!
¡Hola hola! ¿Qué tal les va la vuelta a clase? A mí demasiado ajetreada, pero bueno... Aquí estamos de nuevo.
Si les digo la verdad no estoy muy orgullosa de este cap. Es un avance pequeño hacia lo que va a venir... Y sí, tenía que escribirlo. Kanda ya parece que empieza a recordar algo, y eso es bueno (o no, quién sabe xD). Pero me estoy muriendo de ganas de escribir cosas pastelosas, ¡demonios! La espera me mata tanto como a ustedes xD.
Por cierto... Llevo desde un tiempo dándome cuenta de algo muy extraño... ¿Por qué demonios en el manga de DGM tienen duchas o_O? A ver, se supone que están en la época victoriana, ¿no? ¿Desde cuándo habían duchas en aquella época? ¿Y desde cuándo habían PCs? ¿Y patines? ¿Y robots? Muy extraño, amigos. Muy extraño. Pero bueno, si sale en el manga, no estoy haciendo nada anormal con el hecho de meter una ducha en mi fic... ¿Verdad? Porque en cierto modo anormal es. Y mucho.
Y eso es todo por hoy. Me voy a hacer un trabajo sobre el Heavy Metal y Metallica para mi asignatura de música. (¿Desde cuándo Metallica es Heavy Metal? Díganselo a mi profe xD).
Se despide con amor,
Dolly *Q*
P.D: Cuéntenme qué les pareció, sus quejas, sus ideas para mejorar, denme tomatazos, sus frustraciones sexuales... Vale, eso último no xD. Pero ya me entienden. ¡Quiero saber qué opinan!
