Capítulo 7. El último adiós
En la entrada de la gárgola se encontraron todos, los miembros de la Orden del Fénix, los profesores, Harry, Ginny, Ron, Hermione, Neville y Luna. La profesora Mcgonagall fue la primera en subir a su nuevo despacho, seguida por todos los demás. Los retratos protestaron en primera instancia por la aglomeración de gente que allí estaba, pero finalmente callaron para dejar hablar a Kingsley.
-Bien, tenemos varios asuntos pendientes, a cada cual más importante-dijo Kingsley- primero quiero comunicaros que el cuerpo de Voldemort será enterrado aquí, en los terrenos de Hogwarst, pero que nadie salvo nosotros sabremos donde estará, no quiero que se monte ningún circo, ni que haya ningún tipo de especulación. Cuando terminemos esta reunión aquellos que quieran me acompañaran al Bosque Prohibido y allí enterraremos el cuerpo de Voldemort-se quedó en silencio durante unos instantes para que los que allí estaban asimilaran lo que acababa de decir- y bueno ahora estamos reunidos para saber que es lo que han hecho estos tres jóvenes durante este último año- terminó Kingsley.
Harry supo que era su turno, le tocaba contar todo lo que habían vivido, y lo principal, por que lo habían hecho. Miró al cuadro de Dumbledore buscando fuerzas ,para relatar todo lo que tenía que relatar, en la mirada del anciano directo. Dumbledore sonrió y dijo:- yo empezaré si me lo permites muchacho. Harry asintió, nadie mejor que su director para explicar en el lío que se había durante ese último año.
- Como ahora sabéis, Voldemort dividió su alma en diversas partes. Yo lo empecé a sospechar poco antes de que este matase a los padres de Harry-Slughorn se sonrojo levemente-que se confirmó cuando la pequeña de los Weasley sufrió aquel desafortunado incidente con el diario de Tom Ridley que Harry logró destruir. Durante los siguientes años busqué evidencias de si Lord Voldemort había fraccionado su alma en más partes, pero solo hasta el año pasado no supe a ciencia cierta que así era. Harry recuperó un recuerdo indispensable para ello, si querido Horace, el tuyo- el profesor Slughorn estaba blanco como la pared- con ese recuerdo, tanto Harry como yo nos pusimos de acuerdo en que serian 6 los horrocruxes, pero para entonces dos de ellos ya habían sido destruidos, uno por Harry, y el otro por mi, aunque el embrujo que poseía fue la que verdaderamente fue provocando mi muerte poco a poco-la mayoría se quedó impresionadísimo por ese último comentario, ya que aún no sabían la historia de Snape-Sobre Snape hablará Harry tranquilos-añadió Dumbledore.-Durante el año de mi muerte estuve enseñando a Harry a comprender a Lord Voldemort, porque ya sabía que yo no estaría con él cuando le tocará enfrentarse y le deje encomendada la misión de buscar y destruir los Horrocruxes, y lo tenía que hacer solamente acompañado de Ron Weasley y Hermione Granger, nadie más podía saber el gran secreto de Voldemort. Ahora es vuestro turno- terminó Dumbledore con una sonrisa, mirando a Harry, Ron y Hermione
-Empezamos nuestro viaje el día de la boda de Bill y Fleur, durante un mes estuvimos en la casa de Sirius, donde descubrimos que uno de los Horrocruxes lo tenía nuestra queridísima Dolores Umbridge, entramos en el Ministerio y se lo robamos pero descubrieron la localización de nuestra guarida, así que desde entonces tuvimos que dormir en la tienda de campaña. Durante muchos meses no encontramos indicios de otros Horrocruxes, y encima no nos podíamos deshacer del que ya teníamos, no sabíamos como destruirlo. Nos llegamos a enfrentar en el Valle de Godric a Voldemort, pero por suerte conseguimos escapar, también nos hicieron una emboscada en casa del padre de Luna pero logramos irnos también, aunque finalmente nos encontraron y nos llevaron a la Mansión Malfoy. Allí nos enteramos que otro de los Horrocruxes estaba en Gringotts, en la cámara de Bellatrix Lastrange. Gracias a Dobby y Aberfoth conseguimos escapar a casa de Bill, junto con el señor Ollivander, Luna, Dean y un duende de Gringotts. Dobby fue asesinado por Bellatrix, y bueno lo enterramos en casa de Bill. Estuvimos durante unas semanas en "El Refugio", preparando nuestra entrada a la cámara de Bellatrix, y poco antes de partir, supimos del nacimiento del pequeño Teddy. La última vez que dormimos, antes de enfrentarnos todos aquí contra el señor tenebroso, fue en esa ocasión. Faltaban aún tres Horrocruxes, y sin embargo, en un día pudimos destruirlos. En Gringotts casi nos pillan, aunque el dragón nos vino de perlas- todos rieron brevemente ante el comentario- y bueno gracias a mi conexión supimos que Voldemort empezaba a sospechar que podíamos saber su secreto, pero lo más importante es que se le escapó donde se encontraba el único que no teníamos ni idea de donde buscar, en Hogwarts. Hasta allí fuimos, y nuevamente Aberfoth nos salvó de los mortifagos. Una vez entramos en Hogwarts y comenzamos a buscar el Horrocrux, comenzó la batalla, como ya vivisteis. Nosotros tres fuimos donde estaba Voldemort, y vimos como asesinaba a Snape, cuando Voldemort se fue, entramos para mirar lo poco de vida que quedaba de Snape, y él nos dio sus recuerdos. Yo subí directamente aquí, y aparte de descubrir que Snape estaba enamorado de mi madre, que siempre había sido nuestro aliado, descubrí que una parte del alma de Voldemort estaba en mi cuerpo, y por ello, si quería destruirlo, yo tenía que morir, así que fui al bosque a morir, pero el plan tenía un fallo, no habíamos conseguido matar a Nagini, por lo tanto, aun quedaría un Horrocrux. Le dije a Neville que si tenía la ocasión de matar a la serpiente lo hiciera, y seguí mi camino hasta la muerte- se quedó callado, iba a omitir su conversación con Dumbledore y que había visto a sus seres queridos- Cuando llegué donde estaba no tardó en mandarme la maldición asesina, pero volví a sobrevivir, yo no podía morir porque Voldemort se había regenerado con mi sangre, con el sacrificio de mi madre. Narcisa Malfoy al comprobar que seguía vivo me ayudó, porque esa pobre mujer solo quería saber donde estaba su hijo. El resto de la historia ya la sabéis, Neville acabó con el último Horrocrux, y yo pude acabar con Voldemort…
Lo había resumido en gran medida, pero lo suficiente para que lo entendieran. También había omitido todo lo referente a las reliquias de la muerte, ya que pretendía que pasaran al olvido. Pese a todo, los que estaban en esa se quedaron de piedra con lo que habían vivido esos tres muchachos.
- Yo creo que el profesor Snape se merece un recuadro como el mío- dijo Albus Dumbledore, sacando a todos de su asombro por lo que acaban de escuchar- Hogwarts es sabio, y sabrá lo que hay que hacer. Por otra parte tengo que añadir muchachos, que habéis conseguido que este anciano se sienta tremendamente orgulloso de vosotros, y no solo vosotros tres- dijo señalando con la vista a Harry, Ron y Hermione- lo que los miembros de ED han hecho durante este año aquí ha sido sumamente valiente, y también tengo que felicitaros.
El resto de cuadros rompieron en aplausos para todos los presentes, y Harry pudo comprobar como de los ojos del profesor Dumbledore.
- Kingsley-dijo Albus una vez terminados los aplausos- en referente al cuerpo de Voldemort pienso que hacéis bien en enterrarlo aquí, fue su único hogar.
Todos los Weasley, Luna, Neville, Andrómeda, Teddy, Hermione, Harry y miembros de la Orden del Fénix se dirigieron hacia el Bosque Prohibido junto con el cuerpo de Voldemort. Se internaron un poco, y Harry pensó en el lugar donde debía estar, el mismo lugar que él había visitado esa misma mañana para recuperar la piedra de resurrección que después de aquello quería mostrársela a los Weasley y a la señora Tonks.
-Hagrid, guíanos hasta donde estaba la colonia de las arañas-dijo Harry, y se volvió hacía Kingsley- es donde vine a morir.
Todos se quedaron en silencio tras las palabras de Harry. Llegaron hasta el lugar indicado y una vez allí, hicieron aparecer un hoyo mágicamente, en él depositaron el cuerpo de Lord Voldemort. Cuando la tierra tapó el cuerpo, todos se miraron entre si, después de tantos años aquel que hizo del mundo de los magos un lugar lleno de dolor había caído, por fin eran libres.
Harry sintió como una mano sujetaba la suya, Ginny estaba allí mirándolo a los ojos- ya terminó todo Harry- el chico la miró y se dio cuenta que en verdad aun faltaba mucho para que todo terminara, la muerte de los seres queridos tardaría en superarse.
-Tengo algo que mostraros Ginny, ahora cuando nos quedemos tu familia y Andrómeda le pediremos a McGonagall que nos deje su despacho porque tengo que preguntarse algo con respecto a lo que voy ha hacer al profesor Dumbledore.
Ginny asintió un poco desconcertada, pero no dijo nada. De camino una vez más hacia el castillo, el grupo que había ido a enterrar a Voldemort se fue dispersando, quedando solo los Weasley, Andrómeda, Teddy, McGonagall,Hagrid, Kingsley, Hermione y Harry.
-Profesora, necesito un último favor-le dijo Harry-necesito que me vuelva a prestar el despacho, y que todos me acompañen.
-No tienes ni que pedirlo querido-dijo la profesora con una sonrisa.
Una vez en el despacho de McGonagall, Harry se acercó al retrato de Dumbledore y le pregunto si cabía la posibilidad de que todos vieran a la vez a las personas de los otros, y el Director le dijo que si, tan solo tenía que poner el dedo encima de la piedra y pensar en aquellos que habían perdido en la batalla. Harry le sonrió y se giró hacia los Weasley, Andrómeda, Teddy, Kignsley, McGonagall, Hagrid y Hermione y le dijo:
- Tengo algo para vosotros, algo que me imagino que os gustará, pero al mismo tiempo será doloroso, solo puede ser esta vez, porque ellos no son felices así- Harry sacó la piedra de la resurrección y añadió- tocar todos esta piedra y pensar en el ser querido que halláis perdido en esta batalla.
Así lo hicieron y Harry le dio tres vueltas a la piedra. Un escalofrío los recorrió a todos, y de la nada la figura de Fred Weasley apareció, seguida de Tonks, Remus, Sirius, Ted Tonks, Lily, James, Dumbledore y, para sorpresa de todos, Snape.
Todos se quedaron sin palabras, hasta que como solía ser habitual Fred rompió el silencio.
-¡Que pasa que no me vais a decir nada o que! Con el pateo que se a pegado Harry para encontrar la piedricita- dijo Fred con una sonrisa- antes de que os abalancéis sobre mi, tengo que deciros que no me podéis tocar.
- Lo mejor será que cada cual hable con quien quiera- dijo Dumbledore-tenemos un rato para despedirnos como debe ser.
Los Weasley y Hermione se pusieron en una parte con Fred y pese a que las lágrimas les caían a borbotones, también se escuchaban alguna risa, es lo que tenía Fred Weasley, incluso muerto provocaba felicidad a su alrededor. Kingsley, McGonagall y Hagrid estaban con Snape y Dumbledore, mientras Andrómeda y Teddy estaban con Ted, Remus y Dora.
Harry se acercó a Lily, James y Sirius con lágrimas en los ojos, y por segunda vez en su vida Sirius Black lloró.
- Ey Canuto-dijo James- esto no es típico de ti-añadió un James visiblemente emocionado también.
- Hijo mío, no sabes lo que nos alegramos de que todo haya terminado-dijo Lily-mereces ser feliz, y creo que esa pequeña pelirroja lo va ha hacer muy bien.
- Creía que nunca os volvería a ver-dijo dirigiéndose a los tres- después pensé que estaría con vosotros pronto, y ahora me toca despedirme.
- Te equivocas hijo mío, esto no es una despedida, sino un hasta luego, aunque sea dentro de muchos años, ahora tu vida esta aquí, junto a los seres queridos que te quedan-dijo James.
La conversación siguió durante un rato, hasta que poco a poco los Weasley incluido Fred y Hermione, se acercaron adonde estaba Harry, sus padres y Sirius.
- Bueno creo que tenemos que hacer esto formal ¿no Harry?, presentar a mi hermana a tus padres, a tu padrino, que se conozcan los padres de las criaturas, que nos nombréis padrinos honoríficos de los hijos…
Harry y Ginny se habían puesto rojos como un tomate, pero esta vez Sirius fue al que le toco romper el hielo
-Definitivamente Fred, creo que vas a tener que ser incluido en los Merodeadores modernos, cumples completamente todos los requisitos-dijo Sirius con una sonrisa.
-Hola Molly, Arthur, no se como agradeceros que halláis tratado a nuestro hijo como si fuera vuestro, tanto James como yo estamos completamente en deuda con vosotros-dijo Lily con lágrimas en los ojos.
-Para nosotros ha sido un placer, y bueno, ya que ahora yo he perdido a mi hijo, devolverme el favor y cuidármelo un poquito-dijo Molly conteniendo el llanto.
-Será un auténtico placer Molly, no tienes ni que pedirlo. Además tengo entendido que el listo de mi hijo esta alterando al pobre Arthur-dijo James con una sonrisa mientras miraba al padre de Ginny.
Hubo una risa generalizada mientras todos miraban las cara de Harry y Ginny que iba adquiriendo un tono más rojizo.
- No se puede con vosotros- la voz de Remus Lupin hizo intervención- dejar a los chiquillos tranquilos, van a ser unos padrinos perfectos para mi hijo-terminó mirando con ternura hacia Harry y Ginny.
Los únicos que quedan para unirse se unieron al grupo más grande, salvo una persona, Snape se había quedado un poco alejado mientras observaba su viejo despacho. Lily miró a su hijo y después a su marido, y entonces este último le dijo con voz clara a su hijo:
- Te ayudo mucho Harry, y por ello yo le estaré eternamente agradecido, y creo que tanto Sirius como Remus me secundan- dijo James Potter.
Harry miró a sus padre, a Sirius, a Remus, y por último a Dumbledore, el cual le sonrió, y le dijo:- si está aquí es porque tu querías que viniera, eso te honra Harry.
En el fondo cuando lo había visto aparecer sabía que era él el que lo había llamado, tenía que agradecerle muchas cosas, y pedirle perdón por muchas otras.
-Hola profesor-dijo Harry.
- Potter-dijo Snape, y por primera vez no había asco al pronunciar su voz.
-Yo quería disculparme por….-pero Harry no terminó
-No Potter , cada uno cumplía su función en esta historia, y la mía era pagar mi pecado, ahora creo que entiendo que nuestra relación era inevitable que fuera de otra manera, sigues siendo el hijo de quien eres, pero para mi nunca serás indiferente, pese a que nunca quise aceptarlo, eres la viva imagen de tu madre en muchas cosas-dijo Snape.
-Gracias profesor, yo….me alegro de que por lo menos haya podido agradecerle lo que usted ha hecho por mi-dijo Harry.
-No las des Potter, fue un placer conocerte, ahora vuelve junto a los tuyos y despídete, ya va tocando-dijo el antiguo profesor de pociones.
-Adiós Severus Snape.
Harry se dio la vuelta y volvió hacia donde estaban todos los demás, la imagen era sumamente emotiva: Fred hacia el tonto con sus hermanos y Hermione, Ted Tonks y Andrómeda llorando, en un intento de abrazo, mientras que a su lado Ginny cargaba con Teddy, pegada Remus y Dora, que le hacían carantoñas a su hijo y hablaban con la pequeña peliroja. Sus padres hablaban animadamente con Molly y con Arthur, y McGonagall, Kingsley y Hagrid hablaban con Sirius y Dumbledore.
Harry se puso a la altura de Ginny, y por encima de su hombro miró al pequeño Teddy que le sonrió abiertamente.
- Lo harás bien Harry, no tengo la menor duda-dijo Dora- además tienes a una chica increíble a tu lado.
-Dora y yo no hemos podido dejar en mejores manos a nuestro hijo-terminó Remus.
Andrómeda y su marido se acercó a donde estaba su hija y su yerno y le cogió a Teddy a Ginny porque los padres de esta llamaban a esta y a Harry para que acudieran donde estaban. Fueron hacia allí un poco avergonzados.
- Harry hijo cuida a esa hermosura pelirroja que tienes al lado, en un ángel de niña-le dijo James a su hijo.
-Encantada de conocerlos señores Potter-dijo tímidamente Ginny.
-El placer en nuestro pequeña, creo que nuestro hijo a tenido la mayor suerte del mundo en que te fijases en él, cuídanoslo ¿vale? Los Potter son algo tozudos pero en el fondo son nobles de corazón- dijo Lily con una sonrisa.
- Lo haré, no le queda duda- dijo Ginny.
Dumbledore se acercó y les dijo que era hora de ir despidiéndose, así que los Sres Wealey y Ginny fueron hacia donde estaba Fred para despedirse y Harry se quedó junto con sus padres, Dumbledore y Sirius que se les unió.
-Adiós, siempre nos tendrás en tu corazón hijo, nunca lo olvides- le dijeron Lily y James
-Se tan buen padrino como yo eh! Que no me entere yo-le dijo Sirius
- Has demostrado que eres un buen hombre Harry, se que puedo irme tranquilo estando tu aquí-terminó Dumbledore.
Todos los vivos se despidieron de todos los que tenían que partir, padres dejaban a hijos, e hijos dejaban a padres, pero en el fondo esta visita inesperada les había curado un poco las heridas del corazón.
Ginny se apoyó en el hombre de Harry mientras se despedían con la mano. Harry empezó a deslizar el anillo que contenía la piedra de la resurrección por el dedo mientras intentaba grabar a fuego la imagen de todos ellos en su cabeza. Sus ojos conectaron con los de su madre y en ese instante el anillo cayó al suelo, los caídos habían vuelto al lugar donde pertenecían ahora.
Durante un espacio de tiempo se quedaron todos callados, llorando en silencio, ellos no volverían pero habían tenido la oportunidad de despedirse. Jamás los olvidarían.
He tardado un poco más de la cuenta porque estoy de exámenes, espero poder actualizar el siguiente capítulo pronto, aunque me imagino que hasta la próxima semana no podrá ser. Espero que les haya gustado. Un saludo.
