Pareja: Kai&Takao
Advertencia: Lemon
"Pensamientos"
–Diálogos.
CUPIDO
–Kaily Hiwatari–
Continuación...
&&&Kai&Takao&&&
Takao lo miró. ¿Qué le respondería? ¿Sí o no? Miraba la cara del bicolor y buscó algo en su mirada, un poco de verdad.
Sus ojos parecían tener algo de sinceridad. Miró a ese mostrador en el que estaban las monedas. Algunas no eran japonesas y eso le extrañó.
–Verás, sé contar, pero no el dinero. Y ésta moneda es un poco desconocida para mí. –Le confesó señalando una-. No podré saber si me engañan o no cuando compro algo –le habló mientras le miraba.
–Está bien, te ayudaré.
–¿De verdad? –preguntó ilusionado.
–Sí.
–Está bien, ¿empezamos ahora? –preguntó impetuoso con una sonrisa.
–Bueno, lo cierto es que ahora mismo no puedo... quizás dentro de un rato. Por el trabajo, ya sabes.
–Claro –respondió aunque no muy seguro de esa contestación. Pero él no se iba a rendir por eso-, ¿dónde puedo esperarte?
–No sé, ¿no tienes ningún asunto qué arreglar?
–No.
–Quizás, no sé... ¿ir a tu casa?
–Está lejos.
–Ya –se tocó la nuca–. Entonces quédate aquí en la tienda...
–¿Puedo? –preguntó, cortándole la frase.
–Claro, siempre y cuando no me impidas trabajar. –le dejó claro.
–Está bien, estaré esperándote donde tú me digas –le sonrió lleno de emoción.
Takao bajó la mirada un poco avergonzado por esa mirada tan penetrante, que parecía leerle los pensamientos. Las monedas aún seguían en la mesa, así se lo recordó–. Las monedas... será mejor que te las guardes en el bolsillo.
–Claro, tienes razón –una vez guardadas, se quedó mirando al más bajo.
–Em... espero que Mariam no tarde mucho –como por arte de magia, Mariam apareció con un vaso de plástico lleno de leche–. Mariam.
–¿Qué? –preguntó la recién llegada.
–Estaba trabajando en el jardín cuando me llamaste, todavía me queda trabajo por hacer, así que...
–Tranquilo, si te necesito te echo una voz. –le restó importancia bajo esa sonrisa pícara, dejando el vaso de leche sobre el mostrador.
–Vale –le contestó al no tener otra alternativa. Iba a meterse dentro y no creía las palabras que iban a salir de su boca–. Kai, sígueme, por favor.
–Claro –siguió a Takao–. Disculpa Mariam.
–Tranquilo –le sonrió moviendo el contenido de su vaso con una cucharilla de plástico.
&&&Kai&Takao&&&
–Hay un montón de plantas –expresó Kai sorprendido.
–Sí, de eso se trata –le contestó poniéndose los guantes–, es una floristería.
–Jajaja, cierto. ¿Y qué debes de hacerles a las plantas?
–Un poco de todo. Regarlas, echarles abono, trasplantarlas a otros tiestos... ya sabes, todo eso.
–Nunca he tenido plantas, pero me gustan, son bonitas –vio a Takao se arrodillarse en el suelo y trasplantaba una planta a otro tiesto.
Él se arrodilló también para mirar lo que Takao hacía–. Parece fácil.
–Sí que lo es, bueno, sobre todo cuando le tienes manejo.
–Parece un trabajo interesante y bonito.
–Sí, bueno. Puedo ser.
Kai sacó una moneda de su pantalón–. Perdona que te moleste... ¿pero esta moneda es japonesa?
Takao miró hacia la mano del bicolor–. Sí, son 50 yenes.
–Ah –agregó simplemente.
–Oye, ¿puedo hacerte una pregunta? –preguntó sin dejar de hacer su trabajo.
–Claro, la que quieras.
–¿Cómo es qué no sabes contar?
–Ah, es que vengo de otro sitio distinto a éste.
–¿De dónde?
–De... Grecia.
–¿Y allí la gente no utiliza monedas para comprar?
–Del sitio en el que vengo en concreto, no. Nosotros allí no las necesitamos. Cambiamos una cosa por otra.
¿Cómo por ejemplo?
–Por ejemplo, si tu familia es rica en tener fruta y otra familia en tener harina, se cambian por un saco de cada cosa.
–Jajaja, que ingenioso.
–Sí, mis antepasados lo inventaron.
–¿Tus antepasados? –preguntó mirándole desconcertado.
–Sí, quiero decir... que seguro mis antepasados participaron para que eso fuera así, por eso allí no se conoce como es la moneda ni qué valor tiene.
–Pues vas a tener suerte entonces cuando sepas como contar.
–Sí.
–Pues cuando termine de hacer esto, si no hay clientes. Nos vamos a la pequeña sala del otro día y allí te enseño, ¿de acuerdo?
–Vale. ¿Eso cuánto tiempo tarda?
–Pues depende de la memoria que tengas y de tu capacidad para aprender.
–Creo que lo entiendo.
&&&Kai&Takao&&&
Llevaban muchas horas en esa habitación y Mariam se preguntaba que estaría pasando con ellos dos. Aunque había tenido bastante clientela, Mariam prefirió no llamar a Takao para que la ayudase, a no ser que fuese una cosa muy precisa. Ya casi era la hora de cerrar y esos dos seguían hay dentro. Se acercó a la puerta y dio dos suaves golpes.
–Takao –lo llamó.
La puerta se abrió dejando ver al de cabellos azules con una sonrisa –Voy enseguida a ayudarte.
–¿Ayudarme? Creo que no te has dado cuenta de que ya es la hora de cerrar.
Takao miró el reloj y se dio cuenta de que era cierto. Había estado toda la tarde con el bicolor y ni se había dado cuenta de lo tarde que era ya–. Enseguida voy –entró y vio al bicolor entretenido con las monedas.
–Kai... lo siento pero ya tenemos que cerrar la tienda.
El bicolor lo miró con una sonrisa–. Claro, lo entiendo –cogió sus monedas y se las metió en el bolsillo. Takao se acercó a la mesa y lo imitó cogiendo el dinero que pertenecía a la caja de la tienda.
Ambos salieron hasta el mostrador–. Gracias por todo Takao, aunque algunas cosas sigo sin entenderlas, ¿crees que podrías explicármelo mañana?
–Claro –le sonrió embobado–. No hay problema.
–Lo más seguro es que venga por la tarde. Por la mañana me es imposible.
–Tranquilo, cuando te venga bien.
–Vale, hasta mañana.
–Sí... hasta mañana –intentó salir de ese trance para poner un tono más serio.
Kai miró a Mariam–. Adiós, Mariam.
–Adiós.
Una última mirada se la dedicó al menor antes de salir por la puerta.
Mariam no sabía si preguntarle a su amigo o lo que hacer. Se le había ocurrido una idea, lo llamaría ésta noche por teléfono y le preguntaría.
Cerraron la tienda sin ningún contratiempo, marchándose todos a casa.
&&&Kai&Takao&&&
Las semanas iban pasando...
Kai luchaba contra viento y marea para tirar muchas flechas, ya que a cambio obtenía monedas. Takao le fue enseñando a cambiar monedas, a contarlas y lo que valía cada una. No era muy difícil, y él era muy rápido en procesar las cosas cuando se lo explicaban, pero sólo quería estar con Takao. En su cuarto todas las noches, practicaba el cambio de moneda en su cama hasta quedarse dormido.
Takao por su parte se sentía más feliz, aunque no quería que sus sentimientos cambiasen ni fueran descubiertos. Tenía alguna conversación con el bicolor, pero poca cosa, apenas lo conocía. Pero sin embargo, sentía algo muy fuerte hacia él, una fuerza que lo empujaba a estar cerca de él cuando intentaba mantener la distancia.
Como todos los días, Kai, iba a ver a Takao a la tienda. Entró y vio a Takao y a Mariam atendiendo a varias personas. El de ojos carmesí espero en una esquina para no molestar. Miraba al menor como hacía su trabajo. En un segundo vio cómo Takao lo miró con una sonrisa.
–Kai. ¿Podrás esperarme unos segundos?
–Tranquilo, no tengo prisa.
Esperó a que todos se fueran y por fin, Mariam y Takao pudieron respirar.
–Hola –saludó Kai a los dos, pero sus ojos estaban puestos en el que le gustaba.
–Hola –saludaron los dos.
Mariam decidió buscar una excusa para dejarles solos–. Voy a ver si queda papel de plástico en... el jardín, ahora vuelvo.
Una vez que Kai y Takao se quedaron solos, no pararon de sonreírse.
–Siento, que hayas tenido que esperar. –se disculpó el menor.
–No importa, es tu trabajo.
–Vamos a contar –le avisó Takao poniendo su mano sobre el mostrador, dándose ligeramente media vuelta, arrastrando su mano para irse cuando sintió el contacto de otra piel.
–Espera –lo había cogido de la mano.
Takao se dio media vuelta sonrojado– ¿Qué pasa?
–Es que hoy no he venido a eso.
–¿Entonces?
–Verás... –metió una mano en el bolsillo de su pantalón–… Como sé que te gusta la ópera, pues he pensado que quizás... te gustaría venir esta noche a las diez. Conmigo –sacó las entradas y las puso sobre el mostrador. Takao se olvidó por completo de que Kai seguía teniendo su mano cogida y se centró en coger una entrada con la otra mano libre.
–Vaya –exclamó sorprendido.
–¿Y qué me dices? –preguntó nervioso.
–La verdad es que no sé qué decir.
–El otro día me dijiste que adorabas la ópera. Yo no sé lo que es... de donde vengo no hay. Pero dijiste que te gustaba. Y hoy he pasado cerca del teatro y he pensado que podrías explicarme de que va.
–La ópera. Hace tiempo que no voy por allí –le sonrió–. Gracias... eres muy amable.
–¿Eso es un sí?
–Eso creo.
–Genial –sus ojos brillaron de una forma especial y en su estómago sentía cientos de mariposas.
–¿Pero dónde quedamos?
–En tu casa.
–Jajaja. Que gracioso eres. Si no sabes donde vivo.
–Ah... es verdad. –recordó que Takao no le había contado nada acerca de donde vivía– ¿Aquí?
–Vale, quedamos aquí.
–Una pregunta. ¿Cómo hay que ir vestido? Los de los panfletos parecen gente importante... llevan corbata y trajes negros. ¿Hay que ir cómo ellos?
–No, puedes ir así mismo si quieres, como vas vestido está bien.
–¡Fiu! Qué alivio, porque no tengo ese tipo de atuendo.
–Ah –se quedó un poco extrañado por cómo se dirigió a su ropa–. Bueno, entonces ¿a qué hora quedamos aquí?
–No sé, ¿cuánto crees que se tarda?
–Unos quince minutos.
–¿Seguro? –preguntó ya que estaba a casi tres cuartos de hora de allí.
–Claro.
–Bueno está bien.
–Quedamos a las nueve y cuarto.
–Está bien.
Takao le dio la entrada–. Es mejor que las guardes tú hasta entonces. Yo con la mala cabeza que tengo soy capaz de perderla.
–Vale –se metió las dos en el bolsillo
–Takao –escuchó que lo llamó su amiga Mariam–. Ven un momento, no encuentro el plástico por ningún lado.
–¡Ya voy! –gritó para que lo escuchara. –Discúlpame un momento, ahora vuelvo.
–Vale –cuando Takao se fue a dar la vuelta se percató de que Kai todavía lo tenía cogido de la mano. Ya que al intentar irse no pudo hacerlo.
–Esto... Kai
–¿Qué?
–¿Me puedes soltar la mano? Sin ella no puedo irme –sonrió nervioso.
Vio que lo que decía el otro era verdad y le soltó la mano con suavidad–. Lo siento. "con razón tenía esa sensación tan agradable".
–No importa, ahora vuelvo –el bicolor vio como Takao se iba de ahí.
&&&Kai&Takao&&&
Takao llegó a la hora acordada y se apoyó en la misma puerta de su tienda.
"Creo que no va a venir", miró a su alrededor y veía tanto los coches circular, como personas caminar, pero entre ellas no veía al bicolor. "A lo mejor no ha podido venir y le ha surgido un imprevisto o puedo que lo haya olvidado. También puede ser que sólo se retrase. Mn... Las entradas le han debido de costar caras y es la primera vez que un chico dice de invitarme por voluntad propia. Quien sabe... a lo mejor Mariam lleva razón y le gusto, aunque sea un poquito." Miró de nuevo a su alrededor y no lo vio. "O quizás no le intereso", regresó su vista al suelo. Una rosa blanca apareció ante sus ojos. Sonrió y la cogió levantando la vista para ver que el dueño de esa flor era Kai.
–Hola, es para ti –le sonrió–. Siento haber tardado.
–No pasa nada –olió la rosa–. Gracias.
–De nada, ¿nos vamos?
–Claro, espera un segundo –sacó el móvil y marcó un número de teléfono–. Hola. Verá, quisiera que un taxi viniera a la calle Jeffersonnº 4, ¿es posible? –Tras esperar la contestación, agregó-, bien. Gracias, adiós –colgó.
–¿Qué es un taxi?
–Jajaja. Es un vehículo que nos llevara hasta el teatro. ¿De dónde tu vienes no hay taxis?
–No.
¿Y cómo vais hasta los sitios que queréis?
–Pues... –No le dio tiempo a explicarse cuando un taxi se paró.
–Ya está aquí, vamos. –le animó.
–¿Tan rápido? –preguntó impresionado.
–Sí, la parada está cerca, por eso no han tardado nada –él abrió la puerta trasera del coche y se montó como si nada, sin embargo vio como Kai se quedó mirando al vehículo extrañado.
–Vamos, sube.
–Claro –se subió.
–Cierra la puerta.
–Vale.
–¿Adónde quieren que les lleve? –pregunto el taxista.
–Al teatro principal.
–Está bien.
&&&Kai&Takao&&&
Takao pagó el taxi y se bajaron. Subieron las escaleras y entraron al edificio. Dieron las entradas a la recepcionista y después tuvieron que esperar.
–¿A qué esperamos? –preguntó el bicolor.
–Tienen que anunciarlo, después nos harán pasar a una gran sala donde empezará el concierto –miró el panfleto–. Estoy deseando de escucharlo –sonrió.
–Atención señoras y señores, el concierto va a dar comienzo. Por favor, diríjanse a la puerta de entrada. Gracias –se escuchó una voz de una chica por megafonía.
–Vamos, Kai –el bicolor seguía al otro joven y se dio cuenta de que en la entrada de la puerta había dos chicas en cada lado dando rosas de colores blancas y rojas.
&&&Kai&Takao&&&
La sala era enorme, las lámparas lujosas y la vista desde arriba daba miedo. Takao buscaba los asientos mirando en un pequeño ticket los números que estaban escritos, pero no encontraba el número por ninguna parte. Así que le preguntó a un chico de uniforme.
–Perdona, pero no encuentro este número, ¿puedes decirme dónde está?
–Claro, ¿vienen juntos? –preguntó al ver a los dos jóvenes.
–Sí –contestó.
–Síganme.
Kai sólo seguía a Takao, todo eso era nuevo para él, así que no sabía ni donde se había metido. No tardaron mucho en llegar a los asientos.
–Estos son. Disfruten de la ópera, señores. –fue lo último que dijo el acomodador, antes de marcharse.
–Gracias –dijo impresionado el de cabellos azules. Tomó asiento y el bicolor lo imitó sentándose a su lado ya que había únicamente dos sillas. Miró su rosa, le había tocado la blanca y la de Takao era roja.
–Toma –se la dio a Takao.
–Las rosas son para echársela a los músicos si te ha gustado su actuación –le informó el moreno de piel.
–Bueno... a ti seguro que te sienta mejor que a ellos –al decir eso el menor cogió la rosa que el bicolor le daba, empezándola a oler.
Se sonrojó y justo en ese momento apagaron las luces. Una voz anunció que apagaran los móviles e hicieran el menor ruido posible, no se permitían grabaciones ni fotos. El musical iba a comenzar.
Un gran telón fue abriendo lentamente, dejándole a todo el mundo ver a los concertistas con sus instrumentos, dispuestos a tocar. Una vez que el director de la orquesta empezó a mover la batuta, los demás empezaron a tocar.
Takao sonrió. Hacía tanto tiempo que había soñado con volver a escuchar esa música en un teatro, claro que a ninguno de sus antiguas parejas les agradaba el tema.
Cuando estaban a mitad de la sinfonía, Takao se acercó hasta Kai sin dejar de mirar a la orquesta.
–¿Ves el chico que tiene la batuta en la mano?
–¿Qué es una batuta?
Sonrió–. Es ese palo cortito que está moviendo ese chico de un lado para otro muy rápido.
–Ah, sí. Lo veo. -Contestó observando la cara del de éste.
–Es el director de la orquesta. Con la batuta dirige a los que están tocando el instrumento. Ahora están tocando la quinta sinfonía de Beethoven, es una canción muy famosa.
–¿En serio? Nunca la había escuchado antes –sonrió viendo el brillo de los ojos del moreno. La música parecía desaparecer, dejándolos a ellos solos. Kai sentía una gran calidez en su corazón y eso le hacía sentirse bien. Estaba viendo al menor sonreír por primera vez en su vida... no es que no le hubiera sonreído antes o cuando era un Dios y lo espiaba en su casa tampoco lo hubiera visto... es que esa sonrisa era distinta a las demás, no veía tristeza ni vergüenza en ella, ni en sus ojos. Lo vio aplaudir.
–¿Hay que aplaudir? –preguntó indeciso.
–Únicamente si te gusta lo que ves –susurró animado mirándolo un momento, para después seguir mirando a los de la banda. Cupido aplaudió como jamás lo había hecho en su vida. A decir verdad todos los aplausos terminaron y los de él todavía se escuchaban.
Takao juntó sus manos con las suyas en un rápido movimiento para silenciarlo.
–Creo que ya te han escuchado –le sonrió siendo correspondido. Apartó las manos con delicadeza para seguir viendo el concierto.
&&&Kai&Takao&&&
Takao volvió a aplaudir y lanzó la rosa roja, conservando ambas rosas blancas. Kai seguía hipnotizado por éste.
El menor de los dos se puso en pie al saber que la ópera había terminado cuando las cortinas se volvieron a juntar– ¿Nos vamos? –le preguntó al ver que todavía seguía sentado.
–¿Por qué? –preguntó confundido.
–Ya ha terminado.
–¿Tan pronto?
–Kai, llevamos cerca de dos horas aquí dentro.
Era imposible, Kai se había quedado contemplando al chico de sus sueños desde que empezó el concierto y ¿se había quedado observándolo dos horas? ¿Cómo era posible? Si para él era como si hubiesen pasado cinco minutos solamente. Se puso de pie desconcertado y se asomó un poco por el balcón viendo que los músicos no estaban y que la gente empezaba a marcharse.
–Vamos, o nos encerraran aquí dentro –bromeó.
–Claro –contestó poniéndose en pie para seguir al que le guiaría.
En la entrada de la puerta, empezaron a bajar las escaleras que daban ya a la calle–. Creo que pediré un taxi para volver a casa.
–¿Te vas ya?
–Ya es tarde.
–Takao. Quiero enseñarte algo. Prometo que no tardaremos mucho, bueno únicamente lo que tú quieras.
–¿Qué es?
–Es una sorpresa, pero no está lejos de aquí, así que creo que podemos ir andando.
–Bueno... está bien... supongo.
–Genial, sígueme –le sonrió emocionado.
&&&Kai&Takao&&&
Mientras caminaban iban hablando hasta que los estómagos de ambos los interrumpió a los dos.
–Jajaja, vaya... creo que tenemos hambre –olió ambas rosas blancas que sostenía en su mano izquierda.
–Yo no he cenado –confesó Kai.
–Yo apenas lo he hecho –vio que a lo lejos había un puesto de perritos calientes a la entrada de un parque– ¿Te gustan los perritos calientes?
–¿Qué es eso? Nunca lo he escuchado antes.
–Es comida.
–Ah, no lo sabía.
–Vamos a comer algo, yo te invito.
–Bueno, quiero hacerlo yo.
–De eso nada, tú ya me has invitado. Ahora me toca a mí, aunque no costará lo mismo, pero al menos nuestros estómagos se calmaran –caminaron hasta el puesto ambulante de los perritos calientes, donde se encontraba un hombre joven–. Hola, ¿le quedan perritos?
–Claro, ¿cómo lo quieres? –preguntó, dándole la vuelta a las salchichas.
–Con kétchup, mayonesa, un poco de cebolla, y patatas –miró al bicolor– ¿Y tú, Kai?
–Ah... decide tú. –aunque el aroma era delicioso, no sabría ni que escoger.
–¿Te importa que te lo pida igual al mío? –preguntó para evitar complicaciones.
–No.
–Bueno que sean dos perritos. ¿Tiene bebidas? –le preguntó viendo que el hombre ya metía las salchichas dentro del pan.
–Claro.
–Pues deme una coca cola –miró al bicolor quien reflejaba cara de confusión–. Mejor deme dos.
–Muy bien, enseguida estarán. -Kai veía impresionado con qué rapidez el chico preparaba un mini bocadillo con todo lo que Takao le había pedido– ¿La queréis para llevar?
–No.
–Está bien.
–¿Cuánto es?
–Pues... -empezó a hacer sus cuentas, siendo pagado por Takao cuando le dio la información. Se despidieron del hombre de los perritos y empezaron a caminar de nuevo.
–Es por aquí –avisó Kai cambiando la dirección que llevaba Takao.
&&&Kai&Takao&&&
Takao veía que Kai lo estaba conduciendo hasta un parque, pero no sabía por qué. Ninguno de los dos había probado bocado, sino que bebían por la pajita de sus refrescos.
–Es aquí –apuntó el bicolor mirando a su alrededor.
–¿Buscas algo? –le preguntó al ver su comportamiento.
–Sí, que no esté el viejo gruñón.
–¿Quién? –preguntó sin entender.
–No importa, sígueme –Takao lo seguía aunque dudoso de lo que estaba haciendo–. Creo que nos podemos sentar aquí –se sentó en el césped–. Siéntate, se verá mejor si estás sentado. –le animó el más alto.
–¿El qué? –se sentó a su lado. Miró a su alrededor y vio que había una farola con una bombilla fundida y que no iluminaba, con lo cual el lugar estaba un poco oscuro– ¿No crees que está muy oscuro?
–Mejor, así lo verás sin dificultad –anunció mirándole con una sonrisa, aunque la cara del otro era de total confusión–. Takao, mira hacia arriba.
–¿Hacia arriba? –preguntó al tiempo que lo hacía. Se quedó boquiabierto y maravillado por lo que estaba viendo. Miles de millones de estrellas adornaban el cielo oscuro.
–Es precioso –sonrió– ¿Cómo has descubierto este rincón?
–Por casualidad.
–¿Sabes? Nunca había conseguido verlas así. ¡Me encanta!
–Lo sé, por eso te he traído hasta aquí. Escuche tu conversación y la de Mariam sin querer cuando el otro día entré en la tienda.
Flash Back
Kai estaba entrando a la tienda. No había nadie en el mostrador así que esperó un poco en silencio.
–Sí, ya sé que soy raro, pero bueno, me gusta la ópera y me gustaría ver las estrellas. A la ópera hace mucho tiempo que no voy con lo que me gusta y las estrellas... con tanta luz es imposible de ver. –salió de la sala en la que Kai estuvo hace días para que Takao le quitase la espina del dedo, seguido por Mariam.
–Hola, Kai –saludó el moreno de piel.
–Hola, ¿de qué hablabais? –contestó.
–De los raros que somos –dijo Mariam muy satisfecha.
Fin Flash back
–Gracias por traerme, me encanta este sitio y no sabía que en el parque se pudieran ver las estrellas, tan bien.
–De nada. Lo he hecho todo con mucho gusto –mordió por primera vez en su vida el perrito caliente mientras Takao lo observaba–. Mhn... Está muy bueno –le dio otro bocado. Así que Takao empezó a comer, observando esos ojos brillantes que miraban el cielo– ¿Sabes? –Señaló hacia arriba mientras intentaba tragarse la comida–. Esa estrella de allí es la osa mayor –señaló hacia otra–. Esa otra es la osa menor –señaló otra–, esa Orión. Más lejana está Corvus. Esa que brilla tanto se llama Hércules y la de al lado Andrómeda.
–Vaya –dijo impresionado mirando el cielo–. Sabes mucho de estrellas.
–Bueno, sé el nombre de ciento dos solamente.
Takao abrió la boca alucinado al tiempo que lo miraba– ¿En serio?
–Sí –contestó comiéndose el perrito para mirar a Takao. ¿No comes? Está realmente bueno.
–Claro, es que de la emoción, se me ha olvidado comer –cogió el perrito con dos manos y empezó a comérselo– ¿Quién te enseñó los nombres de las estrellas y sus posiciones?
–Mi padre, cuando era pequeño.
–Debe de ser muy sabio.
–Es fácil de distinguir una de otra.
–¿Ah, sí? Pues yo las veo todas iguales.
–No lo son, cada una tiene distinto color y brillo.
–Vaya, ¿tu padre es astrónomo?
–No, pero me enseñó a distinguirlas igual que lo hizo mi abuelo con él cuando era pequeño.
–Entiendo. Debe de ser muy apasionado.
–Jajaja, lo que es, es un cabezota. Mi padre tiene un carácter muy fuerte y siempre quiere quedarse con la suya. Nos parecemos bastante.
–¿Y tu madre?
–Mi madre es el amor en persona, es demasiado cariñosa, jajaja. Puede darme besos incluso más de siete horas. Atosiga. Pero es muy buena. Ella me comprende más que mi padre.
–¿Están en Grecia?
–Sí.
–Debes de echarle mucho de menos.
–No creas –recapacitó en sus palabras–. Digo, sí. Los echo mucho de menos.
–¿Cuánto tiempo hace que nos los ves?
–Am... Siete meses –sonrió nervioso– ¿Y tú?
–Pues tengo un hermano mayor que yo. Se llama Hitoshi y está en Rusia estudiando arquitectura. Hace más o menos un año que no le veo. Y mis padres y mi abuelo están en China. También hace tiempo que no los veo, pero hablamos por teléfono y eso.
–Así que estás solo aquí en Tokio.
–Sí. Bueno, está Mariam, que es mi mejor amiga, pero está casada y tiene un hijo pequeño.
–Bueno, ahora yo estoy aquí contigo –ante esas palabras, el menor dejó de mirar las estrellas para ver ese par de ojos color carmesí que lo miraban fijamente con una pequeña sonrisa–. Así que ya no estarás solo.
Ambos miraron de nuevo las estrellas, uno bebiendo la coca cola mientras que el otro se terminaba de comer el perrito caliente. Mientras con su mano izquierda olía de vez en cuando las rosas y bebía la coca cola que estaba en la misma mano.
Continuará...
&&&Kai&Takao&&&
Gracias por sus reviews a:
Vampire Princess: Así se habla. Michael que se vaya a la mi... porra, eso por haber abandonado a mi Takao. Y puede que si se encuentren Kai y Michael se arme una revolución. ¿Te imaginas? Uno contra el otro por Takao... que romántico.
Kari Hiwatari: Bueno, son seiscientos años, es un Dios, y sí, es un carcamal con apariencia de niño. Bueno, es un fic, tú sólo piensa en que Kai con esa edad está bien bueno y macizo y que tiene ahora la edad de Takao. Creo que lo que hizo esta noche ha sido un punto a favor de Kai.
Hakura– Black: No me lo hagas muy seguro, pero creo que el próximo capi aliviara tus dudas respecto a los derramamientos de sangre. Ya sabes lo que tienes que hacer si deseas enterarte (no puedo adelantarte nada, ya que no está escrito aún).
Wuonero: Amigo, cómo ves, ya tuvieron su cita y no sabrás hasta los próximos capis si llevas razón en tu teoría o no. Ya lo comprobarás. Espero que este capi te haya gustado.
Takaita Hiwatari: Piensa en esto hermanita. Su primera cita. Qué bonito, y que inocente, porque Kai estoy segura de que no sabe ni lo que acaba de hacer, más que complacer a su niño en sus gustos para verlo feliz y sonriente. Creo que irá conquistando el corazón de Takao, si el pasado no regresa.
Zeiriyu: Gracias por tu review. Cómo habrás podido comprobar, Kai ha vuelto al lugar del crimen, (ósea al parque en el que corto la rosa para Takao). Y vigilaba que el viejo gruñón no estuviese cerca para poder sentarse en el césped.
Por favor, no olviden dejar su comentario si leyeron la historia. Cuidaos mucho, hasta la próxima, xao.
