Notas del capítulo:

¡Leana ha vuelto con bombos y platillos! Ok, no. Pero al menos volví xD

Este mes y poco más en mi retiro espiritual, encontrando mi escritora-porno-gay-interna… realmente se les extrañó un montón. Ya me había acostumbrado a actualizar los sábados y esas cosas. Lo peor es que ya entré a clases y se me hizo aún mas difícil volver. Pero! Leanita ya se ha organizado con todo, y si mis cálculos resultan, podré escribir y actualizar seguido.

Eso si los profes no me matan en el intento ¬¬

Ok, yo aquí de cháchara que realmente a nadie le importa xD

A leer! Ojalá la espera haya valido la pena~


VII

Kise gira el rostro para mirar a Aomine, que frunce el ceño y observa a aquella mujer con semblante de clara molestia.

Y entonces todos miran la moreno a la espera de que conteste, porque Kagami y Kuroko saben de qué trata todo aquello, como también Momoi e incluso Natsuki, pero es obvio que Kise no tiene idea de lo que ocurre y se siente cada vez más enojado por eso.

— Qué pase contigo no es mi problema, mucho menos me interesa —contesta Aomine con voz dura, se nota que está muy enfadado y sus ojos azules intimidan a la loba recién llegada.

— ¡¿Cómo me puedes decir eso?! ¡Nosotros nos emparejaríamos, todos lo saben! —Le contesta ella agitando las manos con dramatismo.

Natsuki se levanta soltando un gruñido hastiado y Kise piensa que no se puede parecer más a su hijo que cuando está molesta. —No sé qué asunto tengas que hablar con mi hijo, pero te diré que escándalos en mi casa no tolero. Fuera, ahora.

— Yo no…

— Fuera —la interrumpe la madre de Aomine clavando su mirada con furia en la persistente chica.

El moreno suelta un suspiro cansado y se levanta, camina hacia la loba y ni siquiera mira a Kise que aún espera que alguien le diga que carajos está pasando allí.

— Vamos, Akane —le dice Aomine moviendo la cabeza con gesto para que lo siga, a lo que la chica pestañea un par de veces y lo hace, pero desviando su mirada amenazante hacia Kise, que mantiene el contacto, pero sin traslucir emoción alguna.

Ambos lobos salen de la casa y justo después de que se oye el sonido de la puerta al cerrarse, todos sueltan un suspiro de alivio y la madre de Aomine vuelve a sentarse con una clara expresión de enojo.

— Le dije que ella es demasiado loca, pero él no escucha, nunca lo hace —suelta Kagami pasándose la mano por el cabello rojo.

— Pero lo de ellos fue hace mucho, ¿Cómo es que no lo ha dejado en paz? —Pregunta Momoi cruzándose de brazos y mirando a Kuroko que se encoge de hombros.

— Sea lo que sea, esa loba necesita una vacuna antirrábica o algo, ¡mira que irrumpir en mi casa de esa manera! —Se queja la mujer de cabellos azules como los de su hijo, para luego mirar a Kise y tomarle la mano dándole un suave apretón—. De verdad lo siento, jamás pensé que esa chiquilla fuera tan insolente, pero no tienes de que preocuparte.

Kise asiente con lentitud y esboza una sonrisa fingiendo estar relajado. Pero algo dentro de él le dice que debe tener cuidado, ¿serán celos? Puede ser… jamás se imaginó que una ex novia-loca de Aomine iría hasta allí para armar un escándalo, pero que quede claro, quiere que Aomine sea el que aclare aquel asunto.

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La chica se gira quitándose el cabello para acomodarlo tras su hombro con un gesto de altanería y luego mirar a Aomine, que con las manos en los bolsillos la observa con aire aburrido y la mandíbula tensa con molestia.

— No puedo creerlo, Aomine —comienza a hablar la loba de nombre Akane, alzando una ceja y poniendo todo el veneno que puede en sus palabras—. Eres un lobo, uno de los mejores Guardianes, ¡y te emparejaste con un vampiro! Y ni siquiera te resistes, lo intentas y lo traes aquí. ¿Quién lo diría? Todos sabíamos que la marca era para mí…

— Akane, basta —la interrumpe el moreno frunciendo el ceño ante ese monólogo que ha oído tantas veces antes—. Follamos una sola vez, no hubo marca, no hubo sentimientos, solo un calentón. No estábamos destinados y ambos lo sabemos.

Akane frunce el ceño, clavando sus ojos verdes en Aomine. Ella es una loba muy fuerte, como también una de las más bellas de la manada. Ella se merece a alguien como Aomine, poderoso y respetado. Un Guardián inigualable. Está empecinada en conquistarlo, aunque no hubiese marca, quizás con el tiempo aparecerá, piensa. Pero ahora que Aomine está emparejado, todos sus planes de ascender y engendrar un lobo poderoso para mejorar su estirpe se vienen abajo.

Aun así no se dará por vencida. Avanza y alza los brazos para pasarlos tras la nuca de Aomine, que la mira enarcando una ceja al sentir un aroma tan meloso asaltar su nariz.

— Vamos, Aomine, sabemos que él jamás podrá ser parte de nosotros. Sabes cómo son los vampiros —suelta con voz mordaz, pero suave, para hacerse ver inofensiva. Acerca más su rostro y ronronea contra sus labios—: Yo puedo ofrecerte mucho más. Una compañera fuerte, hijos sanos que te den orgullo, mi cuerpo por entero, todo lo que te mereces… —dice pegando sus voluminosos senos contra el torso del moreno con insistencia.

— Pero esas son cosas que no quiero de ti —contesta Aomine tomando sus manos y bajándolas para alejarla de su cuerpo—. Te diré una cosa y no lo repetiré, así que pon atención: mi pareja es Kise y solo lo quiero a él. Entre tú y yo jamás hubo nada y no lo habrá, así que déjanos en paz. Akane, no quiero volver a repetirlo.

La loba frunce el ceño y aprieta los dientes con fuerza, para luego alejarse por voluntad propia, como si ácido la quemara. No puede aceptar eso, todos en la manada le dicen que Aomine y ella hacen buena pareja, está convencida de que ella es lo que él necesita… y él es lo que ella se merece. No más, no menos.

Entonces da un paso y alza el suave y holgado chaleco de Aomine para dejar al descubierto la marca sobre su pectoral izquierdo. La chica agudiza la mirada pero el moreno le toma la muñeca para que lo suelte, dejando caer la tela sobre su cuerpo nuevamente.

— Aún no están emparejados del todo, ¿no? ¿A qué estas esperando?

— Eso no es de tu maldita incumbencia —suelta Aomine con el rostro cargado de enojo. No le gustan las libertades que se toma esa loba con él y mucho menos que se entrometa en un asunto entre él y Kise—. Te lo advierto, Akane, deja de molestar o de verdad terminaré muy enojado, ¿está claro?

La loba asiente levemente mientras la mirada azul de Aomine la estudia unos instantes, para luego girarse y entrara a la casa, dejándola allí de pie.

Pero Aomine no logra ver la sonrisa que se forma en los labios de Akane mientras lo ve marchar.

Si el ritual no está completo, entonces ella aún tiene esperanzas.

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El moreno entra en la casa con mala cara, topándose de lleno con su madre, que con los ojos entrecerrados lo mira cruzándose de brazos. Se le suma Kagami siendo seguido por Kuroko y detrás Momoi.

Sí, todos atentos a cualquier movimiento de Aomine.

— Hablaremos de esto luego —dice Natsuki, para luego agitar una mano y relajar a Aomine—. Momoi y yo debemos ir con Imayoshi a hablar de unos asuntos. Kise está arriba.

Natsuki pasa junto a Aomine y Momoi agita una mano con una sonrisa de despedida. Las siguen el pelirrojo y su pareja.

— Kuroko y yo nos vamos, hablamos mañana —se despide Kagami mientras Kuroko le sonríe divertido, haciendo que Aomine alce una ceja antes de que se retiren.

Aomine cierra la puerta y se gira hacia las escaleras. Todo aquel ajetreo debió incomodar mucho al vampiro. Todo iba tan bien… pero nada se puede hacer a estas alturas.

El lobo sube las escaleras agudizando el oído para saber dónde está Kise, oye unos pasos lentos, escucha como arrastran los pies por el suelo de madera y se da cuenta de que la puerta de su cuarto está abierta. Se detiene en el marco y observa al rubio mirando unas fotos pegadas en un mural de su pared.

— Lo hizo Satsuki hace años —susurra el moreno parándose justo al lado de Kise, que gira el rostro levemente, ya lo había oído entrar.

— No has cambiado mucho que digamos —comenta el rubio con una sonrisa divertida, viendo la fotografía de Aomine pescando camarones en un río: la misma sonrisa, ese mismo semblante infantil que pone cuando algo realmente le divierte.

— No es cierto —gruñe Aomine enterrando la nariz en su cabello rubio, aspirando su aroma y restregándose contra él.

— Ésta me gusta —comenta Kise con ojos brillantes, apuntando la foto donde sale Aomine, muy pequeño, bebiendo de un vaso de leche y Momoi a su lado haciendo lo mismo. Se ve tan dulce que a Kise se le contrae en estómago con una emoción extraña.

Sigue moviéndose por el cuarto, fascinado con todo lo que hay allí. Una cama perfectamente estirada, algunas repisas con tomos de mangas y películas en DVD. También hay una pelota de basquetbol apoyada en una esquina, entre otras cosas propias del cuarto de cualquier adolescente "normal".

— ¿No se supone que tú vives con Kagamicchi? —Pregunta tomando la figura de un lobo tallado en madera, que descansa en la mesita de noche junto a la cama del moreno.

Aomine se aleja para cerrar la puerta, ante lo que Kise no se da cuenta, ensimismado en todo lo que hay en ese cuarto. —Así es, nos mudamos hace un año para poder entremezclarnos con los humanos y tener algo de independencia. Pero hay días en la semana en que tenemos que regresar para cumplir nuestra tarea como Guardianes, es como si cubriéramos turnos —explica encogiéndose de hombros—. Además soy hijo único, Natsuki siempre tendrá este cuarto intacto.

Antes de que Kise siga preguntando, Aomine lo aferra de la cintura y lo gira con brusquedad, para estamparlo contra la muralla de su cuarto y atrapar su boca con fuerza. Lo besa intensamente, metiendo su lengua demandante y frotando su paladar, causándole cosquillas.

Kise gime contra sus labios y frunce el ceño, mierda, como extrañaba esos besos. Abre más su boca para cederle el paso, dejando que caliente todo a su alcance mientras esas manos de largos dedos comienzan a acariciarlo bajo la playera de color negro. Un escalofrío recorre su cuerpo y de pronto sus manos se apoyan en el pecho de Aomine para alejarlo.

— Espera, Aominecchi, estamos en tu casa, tú mamá…

— Ella no volverá hasta más tarde, esas reuniones con Imayoshi son realmente largas. Ella es un entrenadora de Guardianes, ya sabes, temas importantes y bla bla —le dice Aomine besando su cuello y bajando hasta su clavícula.

— Pero… —Para Kise es un poco incómodo, pero le excita que el moreno esté tocándolo allí, en su propio cuarto.

— No me detendré. Quiero hacértelo aquí mismo, ahora.

Aomine comienza a quitarle la camisa sin abotonar de color gris y la deja caer al suelo al tiempo que levanta su playera y alcanza una erecta tetilla con sus dientes. Obtiene un jadeo por respuesta y entonces le permite a su lengua jugar ahí, formando círculos húmedos que hacen que a Kise le tiemblen las piernas de deseo.

El rubio baja la mirada, observando esa lengua acariciarlo y esos labios lamiéndolo. Pero Aomine no se detiene ahí y sigue descendiendo por su torso, besando suave, arrastrando los labios y haciendo un sonido húmedo que excita al vampiro.

De alguna forma se siente como un adolescente, a pesar de haberse transformado a los 20 y hace 150 años. Pero estar en la habitación del lobo, donde en cualquier momento su madre puede llegar o incluso Momoi, es una tensión excitante. Ser descubiertos, la sensación de estar haciendo algo "malo" le pone la sangre caliente y sus pensamientos se pierden en el torrente de contradicciones.

Los dedos de Aomine se cuelan por el borde se sus ajustados pantalones, desabrochando el botón y comenzando a quitárselos para dejar sus piernas completamente desnudas. Desliza las manos por los muslos internos de Kise, deleitándose con su fría suavidad, para luego tomar su adormecido pene y comenzar a acariciarlo en la punta, deslizando el pulgar justo donde termina la cabeza de su miembro.

— Aaahh. —Un suspiro se escapa entre sus labios, el lobo lo está tocando con lentitud, tomándose su tiempo. Con la mano en un puño comienza a masturbarlo con firmeza, con un vaivén lento pero constante—. Aominecchi…

Una sonrisa se forma en los finos labios del moreno, que se los lame abriendo la boca y succionando la punta de ese miembro con fuerza.

Kise abre los ojos sorprendido, ni en sus fantasías más locas se ha imaginado a Aomine haciéndole una felación, pero al ver esa expresión caliente en su rostro ya quiere correrse.

Con los labios en forma de anillo, el lobo adhiere su boca al contorno de ese duro pene, moviendo el rostro adelante y atrás. Los jadeos se hacen audibles y Aomine sabe que va por buen camino. Jamás ha hecho algo como eso, pero al ser un hombre, sabe perfectamente cuales son las zonas que se sienten bien. Su lengua juguetea con la punta de ese miembro y el líquido pre seminal se desliza entre sus labios. Vuelve a tomarlo con la boca y lo desliza dentro hasta que choca con su garganta.

— Maldita sea —gruñe Kise frunciendo el ceño y tomando aire, el que se le hace insuficiente para calmar sus pulmones calientes.

La lengua del moreno se pasea desde la base hasta la punta mientras acaricia esos suaves testículos. A pesar de que Kise no ha acabado, está soltando bastante pre semen producto de la excitación. Aomine desliza los dedos por la dura erección para tomar la humedad de ésta y perder la mano entre esas piernas donde encuentra su entrada.

— Levanta, aquí —le indica Aomine alzando su pierna y colocándosela sobre el hombro.

Kise se siente demasiado expuesto mientras el moreno besa su muslo interno dejando un reguero de marquitas rojas.

Aomine abre la boca y se lleva esa erección a los labios, para luego perder el primer dedo entre sus piernas. Siente el escalofrió de Kise al sentir la intrusión, y aún más excitado succiona con fuerza, con el fin de volver a sentir como se retuerce ante su tacto. Entonces el rubio se quita la playera en un intento por mitigar el calor que agobia su cuerpo.

Aomine sigue chupando con fuerza, deslizando la lengua de vez en cuando y moviendo ya dos dedos en su interior. Observa al rubio jadeante, que lo mira con los ojos brillosos y la boca levemente abierta soltando esos suspiros que lo ponen duro.

Para ser sinceros, Aomine no se esperaba que su madre fuera tan amable con Kise. Sí estaba seguro de que ella aceptaría al vampiro porque ella sabe lo que es estar emparejados, pero la mujer parecía muy feliz con la presencia de Kise y eso le da una extraña sensación de seguridad. Además de la manada, todos se han mantenido al margen, aun así, ¿Qué pasará cuando tenga que presentarlo ante ellos una vez que estén emparejados? Si es que se emparejan. El moreno frunce el ceño, ese no es momento para pensar en eso, ya hablaran de sellar el rito cuando vuelvan al departamento del rubio.

Entre tanto calor y ese moreno rostro perdido entre sus piernas, Kise ya no puede contener los jadeos. Tres largos dedos se mueven con deliciosa facilidad en su interior y con solo una pierna de soporte ya siente que se desvanecerá. Sus dedos se enredan entre esas hebras azules captando su atención.

— Me… me correré…

— Hazlo —suelta Aomine dándole una lamida con su lengua completamente afuera de su boca, desde la base hasta la punta—. Termina para mí, Kise.

Sin esperar una repuesta, el lobo comienza a mover su rostro con más velocidad, chocando la punta de ese pene contra su mejilla y volviendo a chupar.

Kise ya no puede más, y temblando por entero, apoya su cabeza contra la pared para alzar el rostro y gemir sin pudor, sin importarle que alguien pueda oírlos. Ante eso, Aomine alza la mirada mientras se aleja de Kise y se levanta.

El rubio lo observa jadeante, aferrándose a la muralla tras él, cuando ve al moreno tragar con fuerza.

— ¡¿Te lo tragaste?! —Exclama sintiendo la vergüenza recorrer su cuerpo y poniéndolo aún más rojo.

— Eres delicioso —dice el moreno limpiándose la comisura de los labios con el pulgar. Toma a Kise del rostro y lo acerca al propio para darle un beso húmedo.

Kise gruñe al sentir su propio sabor mezclado en la boca caliente de Aomine y su excitación vuelve a hacerse presente con un pene inhiesto entre sus cuerpos.

El moreno jala de su labio inferior y se aleja para guiarlo hasta la cama.

Antes de recostarse, Kise le quita la playera al lobo, besando su hombro y viendo que la piel de su cuello, donde antes se había alimentado, está lisa e intacta. Le entran ganas de volver a morderlo, pero se contiene dándole, en cambio, una lamida caliente.

Desliza las manos por ese duro abdomen, con cada músculo marcado, puede sentir como ese abdomen se contrae con sus caricias y se deleita con su belleza masculina y salvaje.

Kise detiene los dedos en el borde de su pantalón y lo baja lo justo para sacar ese duro miembro que ya gotea de excitación.

El lobo vuelve a besarlo, acariciando sus labios con la lengua de manera sugerente y lo insta a recostarse de lado, dándole la espalda. Aomine se acomoda tras él, acariciando su muslo, subiendo la palma por el costado y bajando nuevamente para meterla entre sus piernas y levantar la derecha por debajo de la rodilla, sosteniéndola en alto.

Se abre paso en su interior dándose cuenta de que Kise ya se está acostumbrando a él, al sentir como lo acepta con esa estrechez que lo hace enloquecer. Con el pecho pegado a la espalda de Kise, Aomine sale para volver a embestir de manera certera.

— ¡Umn! —Gime el vampiro apretujando el cubrecama al sentirlo dentro de nuevo. Duro y caliente.

Le encanta tenerlo dentro, sentir como lo llena hasta el fondo. Con su aroma embotándole los sentidos y esas enormes manos acariciando cada centímetro de su cuerpo. Kise está enamorado, completamente perdido por ese lobo que ha llegado a revolucionar su vida en todo sentido.

La ventana abierta trae el aroma del bosque mezclado con el del lago cerca de la villa. Kise siente sus sentidos a mil, presa de la excitación y la adrenalina producida por el lugar: entre una manada de lobos, teniendo sexo en una casa que no es suya, donde pueden ser atrapados.

Aomine lo embiste con rapidez, dispuesto a acabar ahí mismo, quiere marcar a Kise, hacerlo suyo en un lugar tan íntimo como su cuarto. Hunde la nariz en los cabellos de su nuca mientras entra y sale con bestialidad, haciendo que Kise se cubra la boca para poder retener los jadeos.

Le gusta que se retuerza de placer, volverlo loco de él.

Con una mano bajo el cuerpo del rubio acaricia su erecta tetilla, apretándola de vez en cuando, y con la otra mano sostiene su pierna en alto para facilitar el empuje de sus caderas contra ese cuerpo.

— Oh, Kise —jadea Aomine mordisqueándole el hombro con fuerza—. Eres tan delicioso… te devoraría aquí mismo, hasta los huesos.

Kise se estremece con el calor de su voz contra el cuello. Esas palabras son bastante literales, los lobos comen carne, pero también sabe que tienen una connotación sexual demasiado explícita.

Sin poder soportarlo más, Kise gira el rostro para tomar el de Aomine y acercarlo hacia él.

— A-Aominecchi… tómalo todo… todo es tuyo.

El moreno cierra los ojos ante el ramalazo de placer y su corazón da un brinco. Quita la mano que está debajo del cuerpo de Kise y se apoya en ella para poder inclinarse y besarlo. Su lengua entra arrasando con todo, deslizándose contra su paladar y frotándose con descaro. No tiene intenciones de separase y todo ese calor arroja a Kise hacia el abismo.

— ¡Mn! ¡MMMM! —Gime Kise de manera ahogada cuando esa boca no lo libera y sigue besándolo con furia.

Kise se corre sintiendo su interior caliente. Por fin Aomine tiene piedad y suelta sus labios para poder dejarlo respirar, a lo que el rubio deja caer el rostro contra la almohada totalmente sofocado, intentando regular su respiración.

Aomine se inclina pasando el brazo por su abdomen y atrayéndolo hacia sí, frotando su nariz contra la piel tras su oreja derecha, justo sobre su marca. Ese gesto se le hace demasiado tierno a Kise, que sonríe con dulzura y alza la mano para hacerle cariño en el cabello.

— Aominechii, manché tu cubrecama —suelta el rubio sin siquiera hacer amago de moverse.

— Luego lo limpiaremos.

Con ello, Kise comprende que el moreno quiere quedarse así un rato más, y con la mirada dorada perdida en el techo de aquel cuarto, su mente ya comienza a aclararse.

— Ahora, dime, ¿quién es ella? —Pregunta el rubio tratando de no sonar celoso o infantil, pero Aomine logra percibir aquel tono camuflado en su voz.

— Nunca fuimos nada —le cuenta el moreno con voz aburrida—. Un día que nos fuimos de fiesta terminamos acostándonos, hace dos años ya. Y eso fue todo.

Kise frunce el ceño, sabe que Aomine es asquerosamente sincero. Pero no le calza que la chica se haya comportado de ese modo siendo que no tuvieron nada. Entró a la casa y exigió explicaciones, ¡Si hasta salieron a conversar!

— Mn. —No es que Kise desconfíe, pero hay algo en el asunto que no lo deja tranquilo.

El moreno alza el rostro y lo mira con una sonrisa socarrona. — ¿Me dirás que un vampiro de 150 años está celoso?

— No es que esté celoso, pero ella armó todo un show allí abajo y tú me dices que solo se acostaron una vez y que ni siquiera eran amigos, no sé, ¿Qué pensarías tú, Aominecchi? Y mi edad no tiene nada que ver, de todos modos.

Una risa reverbera por el pecho de Aomine y Kise siente los movimientos de su abdomen contra su espalda baja, se lame los labios, pero sabe que debe concentrarse o le quedará esa mala sensación dando vueltas al no aclarar algo que lo inquieta. Por ello suelta un bufido que es perfectamente captado por el lobo.

— Pensaría que ella está loca, pero de esas locas de verdad —suelta el moreno, a pesar de que su tono es monótono, está hablando muy en serio—. Fue un revolcón, uno. Ella se obsesionó y no me deja en paz desde entonces. Aunque a estas alturas creí que se detendría. —Aomine se encoje de hombros no muy interesado en seguir hablando de esa loba—. No tienes de qué preocuparte, Kise. Eres el único. No hay nadie más.

Esas palabras han salido tan roncas que el vampiro se estremece de pies a cabeza, aun entre los firmes brazos del moreno. Lo sabe, sabe perfectamente que no hay nadie más. Cuando bebió de su sangre todo quedó revelado y se supone que las inseguridades han sido disipadas. Pero a veces es tan difícil mantener la compostura, que Kise se muerde el labio, frustrado por sus emociones incontrolables, y se gira para mirar esos bellos ojos azules.

— Te amo.

Una sonrisa se dibuja sobre su moreno rostro y el vampiro se maravilla con eso, con todo lo que es Aomine.

Se inclina y captura los labios del lobo, para jalarlo entre los suyos y darle un tierno chupetón a la carne blanda. Su sabor sigue siendo delicioso, adictivo. El beso se vuelve lento, se sienten, se acarician una vez que el fiero deseo ha sido aplacado. Se demuestran cuanto se aman. Lo importante que es el uno para el otro.

Se separan y se quedan así unos minutos, mirándose fijamente a los ojos, ensimismados con el sentimiento que crece con cada minuto, con cada momento juntos.

.

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Suben por el elevador rumbo al departamento pertenecientemente al vampiro. Kise le sonríe a Aomine recordando la efusiva despedida que les dio la madre de éste, exigiendo que fueran a visitarla más seguido.

Caminando por el pasillo mientras Kise se acaricia el cuello ante el agotamiento. El estrés al que fue sometido al llegar a la manada, el encuentro con esa loba y la última actividad realizada en el cuarto de Aomine, lo tienen al filo y con mucha sed. Con ese pensamiento, el rubio se sonroja con violencia y mientras mete la llave dentro de la cerradura, el moreno se le acerca al oído para susurrar:

— Lo de antes podemos terminarlo aquí…

Una risita se escapa de los labios de Kise mientras entra, queriendo agregar que también está sediento. Entonces se dan cuenta de que no están solos: frente a ellos, sentados sobre el sillón, está Moriyama… junto a Kasamatsu.

Kise traga con fuerza y Aomine percibe la tensión repentina en el cuarto. Guía su mirada hacia el rubio mientras olisquea el aire y se da cuenta de que es un humano el chico que está sentado junto a Moriyama.

Sin siquiera mirar al moreno, Kise avanza por la estancia y Kasamatsu se levanta con el ceño fruncido para encararlo.

— ¡¿Por qué has desaparecido por tantos días?! ¡Eres un irresponsable! —Lo reprende el humano dándole un puñetazo en el brazo.

— ¡Lo siento, Senpai! Ha sido una semana bastante difícil… —Se excusa el rubio con una mueca de arrepentimiento—. Es… algo difícil de explicar.

Kasamatsu le dirige una mirada a Moriyama, que asiente levemente, hablándose sin decirse nada. Kise percibe aquello y se lleva la mano al cabello con nerviosismo. Porque sabe que lo que dirá a continuación puede hacerle daño a su querido amigo humano.

— Kasamatsu-senpai, él es Aomine, mi pareja.

— Aomine Daiki —se presenta el moreno con la mirada fija en aquel humano.

Lo estudia. Es bajo, pero su contextura es la de un deportista. Su cabello negro hace resaltar esos grandes ojos azules, de un tono mucho más vivo que el propio. Aomine enarca una ceja. No es nada parecido a la imagen mental que se había hecho en su cabeza. Ese humano tiene un aura que exige respeto, pero se nota su rectitud y, seguramente, la poca paciencia que tiene en ciertos casos.

Es entonces cuando Aomine sopesa mejor lo que pensaba de él: creía que aquel humano sería un hipócrita y que se mantenía al lado de Kise por simple adicción a la mordedura. Pero su instinto animal le dice otra cosa, y él nunca se equivoca.

— Un gusto —saluda el azabache con un apretón de manos para luego mirar a Kise—. Bueno, quiero oír esa historia, es por eso que vine hasta acá —responde Kasamatsu dirigiéndole la mirada al moreno, momentáneamente, aprovechando de estudiarlo un poco más.

— Iré por unas cervezas —dice Aomine y Kise lo mira con los ojos totalmente abiertos por el asombro.

— Te acompaño —suelta Moriyama al levantarse.

Aomine se gira con el rostro sin expresión alguna, y se retira en silencio, seguido del vampiro de cabellos negros.

Una vez que la puerta se cierra, Kasamatsu suelta un suspiro y se sienta nuevamente sobre el sillón, siendo imitado por Kise, que se muerde el labio inferior sin saber muy bien por donde comenzar.

El ambiente se siente tenso, el vampiro no quiere dañarlo, está consciente de los sentimientos de él y aunque fue decisión de Kasamatsu seguir adelante, él también se lo permitió y siente que debe hacerse responsable por eso.

El primero en abrir la boca es el humano, impaciente por terminar con aquello.

— Moriyama ya me explicó los detalles técnicos. Lo de la marca y todo eso. Lo que quiero saber es que pasará ahora…

Bien, eso ha sido muy directo. Kise lo observa, ese rostro serio pero relajado, sabe que no lo dice con malas intenciones, a su Senpai le gustan las cosas claras y percibe la incomodidad del asunto.

— Aomine es mi pareja y el lazo que nos une es increíblemente fuerte. Es increbrantable —explica Kise, y ve al humano asentir con lentitud—. Aún estamos en período de prueba, según lo que pase entre nosotros durante este tiempo… sellaremos el rito.

Kasamatsu levanta la mirada, su corazón no para de latir con fuerza y Kise es capaz de percibirlo. Sabe qué es ese brillo en su mirada: tensión.

— ¿Lo sellarás?

Sin pensarlo, la respuesta sale de su boca automáticamente—: Sí. —Y hasta entonces, Kise jamás ha estado tan seguro de sus sentimientos por Aomine. Lo aceptará, está dispuesto a sellar el rito y amarlo por siempre.

Pero aquella respuesta es como un puñetazo en el estómago para Kasamatsu. Los recuerdos se vienen a su mente: la primera noche en que Kise lo mordió. Cuando el humano fue a pedirle explicaciones por lo que había visto en aquel callejón, ese chico muerto, su boca bañada en sangre.

Kise le había dicho que sabría todo de él con aquella mordida y a Kasamatsu no le importó, siguió adelante con la burda ilusión de que al saber sus sentimientos, Kise podría darle una respuesta sin tener que declararse. No es bueno con esas cosas.

Así fue, Kise supo de sus sentimientos en cuanto probó su dulce sangre. Supo todo lo que pensaba y sentía su Senpai hacia él. Pero también supo que no podía corresponderle, que su corazón ya le pertenecía a un completo extraño. Esa misma noche lo dejaron claro, el vampiro le dijo que sus sentimientos no son recíprocos. A pesar de ello, Kasamatsu quiso seguir dándole de su sangre. Porque por sobre su amor, eran amigos. Y Kasamatsu lo aprecia demasiado.

Un arma de doble filo.

Mientras iba siendo su amigo, también iba creando un lazo demasiado fuerte para su sanidad mental. Dándole algo tan íntimo solo por brindarle apoyo al rubio, que sin saberlo, lo había ayudado demasiado. Su apoyo incondicional, su sonrisa, sus ánimos y salidas infantiles. El valor de la amistad. Le había confiado su secreto y no lo había matado. ¿Acaso Kasamatsu podría hacerse el desentendido después de eso? No, él se había enamorado.

— Entonces ya no me necesitas más.

Kise alza la mirada cargada de dolor, la voz de Kasamatsu ha sido ronca y sabe lo que debe estar sufriendo, pero no puede quitarse ese impulso egoísta que corroe sus entrañas: no quiere perder su amistad pase lo que pase.

— Al menos no para beber mi sangre, lo sé —agrega el humano con una sonrisa amarga—. Porque si yo no estoy ahí para golpearte por idiota, ¿Quién lo hará? Sí, me necesitas para medir tu infantilidad, la cual no debería existir en un vampiro de 150 años.

— Senpai…

— Sin lágrimas, no hay motivo para llorar —dice Kasamatsu alzando el puño para darle un pequeño golpe en el hombro, al tiempo que las lágrimas caen por el rostro de Kise.

— Pensé… pensé que ya no querrías verme. Tú… eres mi mejor amigo, Senpai. Un humano al que admiro más que a nadie.

— ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? —un suspiro escapa de los labios de Kasamatsu, que enarca una ceja ante aquellas palabras atacantes—. Olvídalo. Lo único que puedo decirte es que Moriyama, Kobori y yo estaremos siempre que nos necesites, idiota. Solo trata de no meterte en muchos problemas.

Kise asiente y tiene el impulso de abrazarlo, pero su lado considerado le dice que no sería la mejor idea. Sus palabras, aquel rompimiento de su lazo de sangre ya ha sido suficiente para ambos, sobre todo para Kasamatsu. Así que dándole su espacio, se levanta con una sonrisa y le ofrece café, a lo que Kasamatsu por primera vez le acepta. Nunca bebe cafeína durante la noche.

Bebe el café con lentitud mientras Kise le conversa sobre las cosas que ha tenido que pasar junto a Aomine, recibiendo su opinión y su consejo. Pero solo le cuenta a grandes rasgos, no quiere seguir metiendo la pata con su Senpai.

Para cuando llega Aomine y Moriyama, el humano ya se ha bebido su café y está dispuesto a irse a casa. Kise va a dejar la taza sucia a la cocina y Aomine queda a solas con el humano.

— Moriyama está afuera esperándote —le avisa el moreno con voz monótona, sin recelo, pero sin ningún gesto especial tampoco.

— Aomine —lo llama Kasamatsu con voz seria—, espero que te comportes, hablo en serio.

Sus miradas al fin se encuentran y las sonrisas tensas salen a flote.

— Así será, Senpai.

Sin rencores, sin segundas intenciones. Ambos aceptan lo que es cada uno para el rubio y respetan eso. Porque ambos se hicieron ideas equivocadas el uno del otro y quizás con el tiempo logren conocerse un poco más.

Kasamatsu asiente y se dirige a la puerta, donde al otro lado lo espera Moriyama, mirándolo con sus ojos negros. Una mirada que dice mucho, pero nada al mismo tiempo.

Aomine se gira cuando el rubio llega al living y se sorprende al ver que su Senpai ya no está. Pero su mirada ahora se fija en el lobo, esperando alguna reacción o algo que deba decirle.

— Kasamatsu es un humano muy peculiar —suelta el moreno dando un bostezo y caminando hacia el cuarto que ambos comparten, siendo seguido por el rubio.

— ¿Entonces no te desagrada?

— Sinceramente, me cae mejor que Moriyama. Quizás sea porque cuando lo conocí no estaba encima de ti.

Kise rueda los ojos y cierra la puerta del cuarto. —Ya te dije que eso lo hacíamos solo para ver los recuerdos del otro, no tiene nada de amoroso ni mucho menos.

— Y me alegra que eso se acabe.

El vampiro sonríe de medio lado, para cuando Aomine lo mira, enarca una ceja al verse observado. El rubio sacude la cabeza, ese lobo no cambiará, aunque tampoco es como si quisiera eso realmente.

Kise se quita la camisa mientras camina hacia el cuarto de baño, dejando caer cada prenda al suelo con un movimiento elegante y demasiado sexy. Aomine se lame los labios y lo observa solo en ropa interior.

— ¿No dijiste que terminaríamos aquí lo que empezamos en tu cuarto? Sobre tu cama…

— Juegas sucio, Kise. De solo recodarlo ya estoy duro —suelta el moreno con una sonrisa de medio lado, comenzando a bajar el cierre de su pantalón mientras desliza la lengua sobre sus blancos dientes.

Avanza hacia el cuarto de baño con el deseo calentando su sangre.

Todo parece por fin estar tranquilo y los asuntos pendientes zanjados. Así que solo se dedicará a devorar cada parte de ese vampiro que lo vuelve loco solo con su presencia.


Notas finales:

Ok, este fue uno de los capítulos más difíciles de escribir…

Es que sho amo a Kasamatsu-senpai! Y partirle el corazón fue realmente difícil… aunque… todo pasa por algo, y es todo lo que diré ;)

Aún quedan 3 capis, así que nos leemos el próximo sábado! Esta vez prometo responder reviews más seguido. Las adoro un montón!

Saludos y muchos Huevitos de Pascua para ustedes!

¡Chocolate! *inserte la cara de Billy cuando vende los chocolates del marinerito*