Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, son propiedad íntegramente de su creadora Rumiko Takahashi. Historia escrita sin ánimo de lucro.

Golpe al corazón

Ya habían pasado más de catorce lunas desde aquella noche lluviosa, aquella en que los más bellos momentos de su vida se dieron lugar. Desde aquel acontecimiento, Inuyasha y ella se encontraban más unidos que nunca.

No había noche en que no repitieran aquel acto, y siendo sincera no le disgustaba para nada aquello. Se le podía ver más feliz, he incluso más jovial que desde la época en que viajaban buscando los fragmentos.

Su vida parecía ser perfecta, y le encantaba que fuera así.

Acaricio con cuidado el anillo que porto en mi dedo, sin reparar en los vistosos destellos que éste despedía, solo disfrutando de su frío tacto. Hace poco que estoy casada con Inuyasha, pero a mí me parece que fue ayer.

Dejo de soñar despierta cuando me doy cuenta que las nubes han comenzado a moverse por el cielo; el sol está en su punto más alto, y ya es hora de que regrese. Me levanto con rapidez del rasposo césped, pero en el acto me siento víctima de un mareo, que hace que me tambalee ligeramente.

Aquello me preocupa, se trata de algo que ha venido repitiéndose en estos últimos dos días. ¿Será que aún sigo mal?, no creo que así sea, pero aún así creo que deberé de tomarlo en cuenta. Observo con satisfacción la parcela.

La tierra removida es un señalamiento de mi agotadora actividad, toda la mañana me la había pasado sembrando semillas en la huerta que se encontraba detrás de mi casa. Tanto verduras, como frutas y en los bordes algunas flores. Inuyasha me había traído algunos árboles jóvenes, que había recibido como pago en un exorcismo, esos los acomodé en hilera en la parte derecha de la huerta, para que cuando en un futuro puedan deleitarnos con su sombra.

Emprendo el camino hacia la casa de Sango, no se encuentra nada lejos de mi casa, tan solo a cinco minutos de caminar, cerca del río. Si bien la casa de Miroku es bastante suntuosa, desde luego Inuyasha había podido mejorar la nuestra debido a que logró ahorrar más dinero para su construcción, sin embargo, la casa de Sango era sumamente espaciosa y con un gran jardín para que los niños jugaran.

Al llegar a la puerta, sí, porque era una puerta y no una cortina, por indicación de Inuyasha hacia Miroku le dijo que era más seguro de esta manera, por lo que el monje no dudó en confeccionarla él mismo. Toco con delicadeza, pero a la vez alzando la voz para señalarle a Sango que soy yo.

—¡Sango!, ¡soy yo!—avisé con alegría, sabía que en breve mi amiga abriría la puerta.

Escuche algunos pasos torpes y los gritos alegres de respuesta por las gemelas, algunos reproches de parte de la voz de mi amiga y al fin la puerta abriéndose, para dar paso a Sango con una sonrisa radiante, pero levemente cansada.

—¡Kagome!, ya te habías demorado, empezaba a preocuparme…—reprochó generando un pequeño mohín en su labios.

—Lo siento Sango, es que estaba terminando de sembrar las semillas que trajeron los chicos en su último viaje…—expliqué algo apenada, ella sonrió y se hizo a un lado para dejarme pasar.

—Oh con que fue eso, que lástima que yo no tenga huerta para hacer lo mismo, pero de igual forma no tendría tiempo para atenderla y capaz que a las gemelas les da por desenterrar las semillas—responde Sango con un tono algo resignado, y vaya que tenía porqué, las niñas solían comportarse de manera poco recatada y les encantaba revolcarse por la tierra y pelear con los niños.

—No te lo recomiendo, es bastante cansado—señalo con una sonrisa sentándome en uno de los cojines del comedor hasta donde me dirigió mi amiga, siendo imitada por ella al instante; que reparó en las mantas que se encontraban al lado de ella.

—Tranquilo pequeño, no te despiertes…—susurró la castaña acariciando al niño con cariño intentando arrullarlo, pero sin mucho éxito ya que el bebé gorjeaba alegremente, mirándome con apremio.

Me levanté y caminé con rapidez hasta su lado, tomando con cuidado al bebé, acunándolo en mis brazos, y haciendo ruidos graciosos.

—A ver pequeñín…quieres saludar a la tía Kagome ¿verdad?—payaseé haciendo una voz melosa, mientras que le niño dejó escapar unos balbuceos y algunas risas. —¿Verdad que sí hermoso?, ¿sí?—repetí alzándolo en brazos hasta rozar nuestras narices en un acto cariñoso.

—Mira que es interesado este niño, en toda la mañana no había dejado de llorar, y después se quedó dormido y llegas tú y se porta como un encanto, es un pillo…—declaró Sango con los ojos entrecerrados y la voz algo celosa.

—Ay Sango, no te pongas celosa, a mí no me ve todo el tiempo, en cambio a ti si, solo le provoco novedad…—respondí con alegría, regresándole al pequeño con cuidado.

—Sabes Kagome, con lo bien que se te dan los niños, no creo que te tardes mucho en desear tener los tuyos—señaló dándole leves golpecitos al bebé que comenzaba a alterarse.

Me mostré pensativa hacia lo que dijo, y me detuve a meditar, ahora que lo menciona, desde la primera noche que pasamos juntos, no hemos parado de hacer el amor…y los mareos de hoy en la mañana podían significar algo; sin embargo era imposible, aún era demasiado pronto para presentar esos síntomas.

—Pues a decir verdad Sango, la verdad es que ya lo había pensado, y algo me hace creer que puede que ya esté embarazada—manifesté dubitativa, estudiando su reacción.

—¡Eso es estupendo Kagome!, ¡que buena noticia!—chilló saltando de su lugar abrazándome al acto, cosa que respondí al momento y después me soltó con cara de malvada. —¡Lo mejor va a ser ver a Inuyasha sufriendo tus antojos, y los juegos de sus hijos!, oh Dios, no puedo esperar para ver que eso suceda…—enumera imprimiendo un tono de gusto en cada palabra.

—Ay Sango, pero si aún no es seguro, lo digo solo por unos mareos que se presentaron ahorita antes de llegar…—resto importancia—además puede que aún siga débil por lo del mes pasado…—agrego.

Ella parece pensarlo y se regresa a su lugar, observándome de arriba abajo con ojo crítico.

—Puede que tengas razón…—hace una pausa—¡pero puede que no!—rebatió con los ojos brillantes—¡y tal vez seré tía!—sufrió de una transformación de alucinada a una tranquila—como sea, deberías de asegurarte lo más pronto posible, se que piensas que aún es demasiado pronto para que se presenten síntomas, pero la verdad es que el embarazo en los demonios es diferente que en los humanos, y mucho más los perros…—señala adoptando una pose de intelectual.

—Es verdad…había olvidad eso, supongo que tengo que ir a ver a la anciana Kaede, la iré a visitar después de la comida y que regresen los chicos…—acepté con una gran sonrisa en el rostro.

—Kagome, ¿no te acuerdas que la anciana Kaede anda de viaje?—recordó negando con la cabeza—¿en donde traes la cabeza chica?, regresa hasta dentro de una semana al menos…—afirmó levantándose del cojín tomando rumbo a la cocina. —¿Me acompañas a cocinar?, falta poco para que lleguen los chicos…—

—¡Es verdad!, ¿Qué traigo que pude olvidarlo?, bueno…entonces tendré que esperar hasta dentro de una semana para asegurarme…—expresé poniéndome de pie para seguir a mi amiga castaña.

En menos de lo que yo calculé dos horas, llegaron los chicos, Miroku súper cansado porque esta vez había tenido que ayudar a Inuyasha con la carga, debido a que en esta ocasión se trataba el trabajo de deshacerse de una pandilla de demonios que aterrorizaban una aldea grande.

—¡Mi amor!, ¡estoy molido!—aulló el monje casi desfalleciendo en la entrada, dejando caer pesadamente su carga, que constaba de un trío de sacos de arroz y una bolsa que no supimos identificar.

—¡Cielo!, que bueno que ya llegaron, Kagome y yo acabamos de terminar de hacer la comida, iré a avisar a las gemelas para que vengan a comer…—señaló la exterminadora saliendo con prisa por la puerta trasera después de besar en los labios a su marido.

Yo me acerqué a él con curiosidad para saber donde se encontraba mi esposo, hasta que escuché sus bufidos y sus nada decorosas maldiciones.

—Buen día señora Kagome, es un gusto verla aquí—saludó jovialmente, igual que siempre, intentando alzarse del piso en dónde había caído.

—Para mí también Miroku, no te molestes en levantarte, debes estar muy cansado…—respondí sonriendo conciliadoramente.

—¡Miroku eres un aprovechado!, ¡te vienes quejando de esos tres sacos cuando a mi me tienes de bestia de carga con todos estos!—reclamó el albino fastidiado, entrando a duras penas a la vivienda con al menos doce sacos encima, evitando atropellarme de milagro.

—¡Inuyasha!—exclamé de alegría.

—¡Kagome!, ¿estás loca?, casi te dejo caer esta montaña de sacos encima, ¡quítate!—exclamó repentinamente enojado, haciendo que me entristeciera levemente.

—¡Hay Inuyasha traes un genio!, al menos concédeme tres deseos…—señaló sarcásticamente Miroku observándolo con una sonrisa.

—Que chistosito monje—río enfadado el ambarino fulminándolo con la mirada.

—Al menos saluda a tu esposa, en vez de estar gritándome a mí—acusó el monje formando una falsa cara ofendida.

Él pareció recordar que me encontraba ahí y se giró para verme, a lo que yo respondí con una sonrisa.

—Hola Kagome…—saludó escuetamente, sin acercarse mucho más.

Eso dolió, ni un amor, ni un cariño…nada, tan seco; mucho más que de costumbre. Por lo menos antes me decía cariño, vida, peque…o simplemente Kag…pero ahora nada; no sé por qué pero eso me dio una horrible punzada en el corazón.

—Inuyasha—murmuré acercándome a él, abrazándolo con ternura y parándome en puntitas para alcanzar sus labios y darle un pequeño beso. Para mi sorpresa, se tensó, y no respondió a la muestra de cariño, sin soltarlo, lo observe buscando una explicación a su comportamiento, pero lo encontré mirando hacia otro lado.

—Que…—

—¡Vengan a comer!—gritó Sango, llamando la atención de todos, e interrumpiendo mi pregunta.

Las gemelas llegaron corriendo para saludar a su padre, se lanzaron con energía sobre él, ignorando sus sonidos de protesta por el dolor, y segundos después hicieron lo suyo con Inuyasha y conmigo; hasta que recibieron un regaño de parte de Sango.

La comida pasó rápido y sin mayores acontecimientos, fuera de los regaños ocasionales de Sango con las niñas por la manera poco recatada en que comían y alguna que otra pequeña discusión entre la pareja. Sin embargo, Inuyasha estuvo inusualmente callado y no le importó que las niñas lo llamaran perrito en muchas ocasiones.

Aquello me preocupaba, y lo hacía en demasía.

Cuando comenzaba a atardecer, Inuyasha se puso de pie, interrumpiendo la conversación entre Sango, Miroku y yo.

—Es hora de que nos vayamos…está anocheciendo—explicó sin hacer mayores explicaciones mirándome, esperando que me pusiera de pie.

—Lo siento chicos, pero es verdad, tenemos que irnos, despídanos de las gemelas por favor…—me disculpo levantándome girándome para verlos.

—De acuerdo, que tengan una buena noche—se despidió Sango, acariciando la cabeza de su pequeño dormido.

—Que les vaya bien, y traten de no hacer muchas cosas malas…—agregó Miroku con un tono malicioso, recibiendo al acto un par de golpes de parte de su amada esposa y de un enfadado hanyou.

—Nos vemos…—finalizó abriendo la puerta, para después salir sin esperarme.

Eso me desconcertó aún más, son detalles…pero Inuyasha siempre esperaba a que saliera primero, y él cerraba la puerta, pero decidí dejarlo pasar atribuyéndolo al cansancio.

El trayecto hacia nuestro hogar fue incómodo y pesado, ya que Inuyasha se negaba a seguir el hilo de una conversación y ya me había hartado cuando llegamos a la casa.

Esta vez, decidí ser la primera en entrar yo, y enfurruñada me quité las sandalias y me apresuré a ir a la habitación sin esperarlo siquiera.

Pero apenas cruzando el marco de la puerta, Inuyasha se abalanzó contra mí, atrapándome en sus brazos, chocando mi espalda contra su musculoso pecho, respirando agitadamente.

—¿Qué…que te pasa?—alcancé a preguntar dificultosamente, aguantando las sensaciones torturantes que me generaban los fogosos besos que mi marido depositaba por toda mi nuca y mi cuello.

—Nada…solo déjate llevar Kagome…—se limitó a responder, moviendo más sus manos, hasta alcanzar mis pechos, estrujándolos con delicadeza aún por encima del yukata, ocasionando que yo emitiera un suspiro ahogado.

Inuyasha fue rápido y sus manos pronto me despojaron de mi vestimenta, dejándome por completo a su merced. Pronto me mostré activa en el ritual, girándome para atrapar sus labios entre los míos, colgándome de su cuello, y de un salto me encontré abrazando su cintura con mis piernas, siendo sostenida por él que mantenía sus manos en mi trasero.

El beso aumentaba cada vez su intensidad, mis manos decidieron dejar de mantenerse quietas y con torpeza buscaban desnudarlo también a él, logrando hacerlo casi con la misma rapidez que él mismo lo hizo. Cuando nuestra pieles tuvieron contacto directo, creí que moriría del calor que sentía en ese momento.

Gemimos al unísono.

Inuyasha me llevó hasta el futón, donde me depositó con delicadeza, al sentir la suave superficie en mi espalda desnuda, lo atraje a mí con mayor entusiasmo, dejando que se posicionara sobre mí.

El bulto húmedo en mi cintura me señaló que Inuyasha se encontraba ya más que preparado para continuar, y volví a abrazarlo con las piernas, permitiendo que entrara en mí de una sola vez.

Aquel sentimiento de pertenecencia llegó a mí con la fuerza de un huracán, haciendo que me aferrara con fuerza a la espalda sudorosa de mi amante, apretando entre mis puños porciones de su platinado cabello.

Los movimientos acompasados de mi esposo me robaban el aliento a cada instante, hasta que se volvieron frenéticos, en dicho momento aspiraba con desesperación buscando algo de aire, Inuyasha alcanzó mis labios, callando mis gemidos con un beso igual de pasional que el momento.

Giramos un par de veces, hasta que yo quedé encima de él, y él con sus manos atrapó mis caderas, marcando un paso lo suficientemente rápido para volverme loca a mí, y a él de paso. Me levantaba sobre él a su antojo y me dejaba caer con fuerza sobre su eje, permitiendo que yo disfrutara al máximo de aquel momento.

De nuevo, giramos, esta vez quedando de nuevo él sobre mí, sabía que faltaba poco para la cúspide, tanto para mí como para él. La tensión originada por todo el acto se agolpaba en mi bajo vientre, en el lugar exacto en donde el final de Inuyasha llegaba a rozar con cada uno de sus movimientos.

Y de pronto explotó, ocasionando que rompiera el beso con Inuyasha, arqueándome contra él, segundos después, sentí como él también había logrado llegar al cielo, llegó a mi la sensación de un líquido caliente que se esparcía por todo mi interior.

Inuyasha cayó pesadamente sobre mí, acomodando su cabeza entre mis pechos, respirando agitadamente, dejando desperdigado por todo mi cuerpo su cabello plateado. Yo acaricié su cabeza con mis manos de manera delicada, el comenzó a proferir algunos sonidos parecidos al ronroneo.

Hasta que volvió a girar dejándome esta vez a mí encima suyo, sin salir aún de mí, para permitir que yo descansara también, su respiración comenzó a hacerse más lenta, hasta que me dio a entender que se estaba quedando dormido.

Mis párpados comenzaron a cerrarse, hasta que los cerré por completo, comenzando a quedarme dormida yo también.

—Te amo…Kikyou—susurró antes de quedarse profundamente dormido.

Al terminar de escuchar esas tres palabras mis ojos se abrieron de golpe, rellenándose al instante de cientos de lágrimas.

¿Había escuchado mal?, ¿la había llamado Kikyou?, me separo de él sintiendo como la virilidad de Inuyasha creaba una resistencia en mi interior, me hice hacia el lado, sacándola de mí, para poder dejarme caer en el futón.

Me sentí sucia, usada, mancillada. Durante todos esos momentos pensaba que era Kikyou. No me estaba haciendo el amor a mí, si no a su amor del pasado. ¿Qué había echo mal?

Atraje sus rodillas hacia ella, abrazándolas con fuerza, evitando en lo mayor posible proferir los sollozos que se atoraban en su garganta. Lo observé con rabia, estaba enojada con él por jugar conmigo, y también estaba enojada conmigo misma por creerle, por caer.

Pero no podía estar enojada conmigo por creerle, él me dijo que me amaba, que me prefería a mí.

Eso nunca lo dijo

Aquella declaración le golpeó con una fuerza abrasadora.

Nunca me ha dicho que me ama…

Nunca…

.-.

Puedes decírmelo Inuyasha, solamente espero eso para ser verdaderamente feliz—acoté acariciando su mano casi imperceptiblemente, pero el continuaba igual, como ausente, por lo que la decepción no se dejó esperar en mi corazón por lo que solté su mano—entiendo si no estás seguro porque…—iba a continuar, pero el inesperadamente tomo mis manos entre las fuertes de él, viéndome directo a los ojos, transmitiéndome un sentimiento nunca antes experimentado…seguridad de sentirme correspondida, pero al mismo tiempo veía melancolía escondida, algo que me inquietó pero fui interrumpida por un inesperado, pero delicioso beso, que me dejó completamente en blanco, ¡Inuyasha me está besando!, ¡por fin sucede!, correspondí tímidamente al beso hasta que el decidió romperlo.

Escúchame bien Kagome, no dudo de mi decisión yo…te quiero, nunca lo dudes—aseguró tiernamente, algo que jamás pensé de él, más sin embargo aún me encontraba inquieta, podría haber jurado escuchar un tono de indecisión en sus palabras y aunque en realidad no esperaba esa contestación pero supongo que viniendo de él está bien, no se si algún día se animará a decirme que me ama…pero por ahora, solo por ahora está bien.

.-.

¿Te queda ahora alguna duda de lo que siento por ti?—se decidió a preguntar el albino, aferrando con mayor fuerza el frágil cuerpo de su esposa. Esta respondió a su mimo, besando con ternura su desnudo pecho y comenzó a trazar círculos imaginarios sobre él.

No, perdóname por haber dudado…—respondió la joven aspirando el fulgurante olor tan característico de él, a bosque y tierra mojada…todo el bosque olía a él, el bosque de Inuyasha…

.-.

Ahora me daba cuenta…he sido una estúpida, una real y completa estúpida.

Jamás me había dicho que la amaba, un te quiero es lo único que le había sacado y ahora esto.

No me ama…

Me dejó caer de lado en el futón dándole la espalda, haciéndome un ovillo.

Yo era la única culpable por caer tan fácil, él nunca se lo dijo, pero como buena conformista que era, no supo detenerse a tiempo.

¿Qué hago?

¿Regresaré a mi época?

¿Y perder todo lo que tengo ahora?

¡¿Qué es lo que tengo ahora?!

A él…

A medias, pero lo tengo…

Las lágrimas corrían por sus mejillas sin freno, y no hacía ni el menor esfuerzo en detenerlas, dolía, y dolía demasiado. Dolía tanto darse cuenta de la verdad.

Sin embargo…mi decisión era esta, no lo dejaría, pasara lo que pasara, ella regresó por él, y si él me reconoce como su esposa y su mujer, un lugar en su corazón debo de tener…por pequeñito y escaso que sea.

Era verdad, se conformaba de migajas de amor, pero si esas migajas de amor la podían hacer feliz, que así fuera…

Lo amaba más que a sí misma…

En el bosque, mientras tanto, unos ojos azules brillaban en medio de la negrura de la noche, su hermoso rostro pálido poseía una inocultable sonrisa de satisfacción, definitivamente esto le estaba divirtiendo. Sus ojos dejaron de brillar con tanta fuerza hasta volverse azul palo.

Definitivamente su venganza estaba cerca, y se prepararan porque no tendría piedad…así como ellos no la tuvieron.

Los haría desear jamás haberse metido con ella, de eso se encargaría.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.- .-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.

¡Hola!

Se que me demoré demasiado en continuarlo, esta continuación se supone que debería haber estado lista desde la semana pasada o antepasada…no recuerdo.

Como sea, se me habían olvidado varios detalles y los andaba recordando poco a poco.

Habrán podido darse cuenta, de la gravedad del asunto, a pesar de que Kagome se siente sumamente herida por Inuyasha, ella desea quedarse a su lado a pesar de todo…

Siento decirles que aún le queda mucho más sufrimiento, y como no se imaginan…el capítulo que se viene es feo, no se si es el peor, pero de que lo va a ser lo va a ser.

Aquí les tengo la imagen del personaje que se menciona al final, posee una breve biografía, ojalá que la puedan ver, si no se puede, me dicen y se las mando por MP.

#/d5gob3r

Solo agréguenle el triple w y eso.

La siguiente historia por continuar es…

Similitudes

Genial, uno que no es tragedia…

Por cierto…aprovecho para hacer un comunicado.

Respecto al fic Las pulgas y las fiestas no se llevan

Temo avisarles que he decidido presidir de la participación de Mikura700 en él, ya que me ha fallado, lleva estancado más de un año, y en definitiva, después de las advertencias, y recordatorios. Me vi en la penosa necesidad de expulsarla del fic.

Aclaro, la idea fue mía, y yo se la comuniqué a ella y la invité a participar conmigo. Así que yo me encargaré de continuarlo por mi propia cuenta.

Que quede claro, que mi amistad con ella va aparte de los fics, y yo la considero una gran amiga, pero un compromiso es un compromiso, así que…

Espero que puedan entenderlo, y les aviso, que lo más probable es que en la próxima actualización que haga, los actualice juntos, así que puede que tarde un poco, debido a que estoy trabajando y aprovecho mi día libre para ponerme al corriente con esto, debido a que tengo un compromiso con ustedes que quiero cumplir.

Cualquier comentario al respecto será bien recibido y lo más probable es que responda por mensaje privado.

Besos…

.