Ya!! por fin el gran adios...bueno ni tanto...Adu, ya heriste mi corazonsito...¿No te gusto el capi final? ...yo creo que no...T.T no recibi ni una sola review tuya sobre el...GOMENE!!! si lo hice pesimo...gomen.....en fin, aunk parece k no es de tu agrado...te dejo el epilogo...si tampoco te gusta...gracias por el tomate u.u

En fin...ya de todas formas veremos a los personajes en PE...si, ya se que me tardo...pero vienen la buenas...vacaciones!!! podre escribir hasta artarme -mision, acabar con mi hermana para que no me quite la pc ¬¬-

Arios...kisses

Epilogo

Cuando se descubre que el tiempo es invariable…

La habitación se apoderaba de la luz, y a pesar de que el sueño era algo que había abandonado hace mucho, se sentía aletargada por el.

La cama era suave al tacto y las almohadas un placer. Su cuerpo, desnudo, era cubierto por el enredijo de sabanas blancas que ala abrazaban. Con tantos años siendo vampireza, Adunafael no podía soltar la cuerda del pudor, pero eso no era lo importante. Estaba ante el.

A pesar que más de dos metros de distancia los separaba, ella podía sentir sus manos sobre ella. Sus ojos la observaban cada tanto y cuando ambos se veían, Alessandro le sonreía de manera picara.

Ella le devolvía una sonrisa más tímida. Pareciera que fue ayer cuando decidieron quedarse juntos, y sin embargo habían pasado ¿Qué? ¿10? ¿20? ¿100 años?

La verdad casi no le interesaba, estaban juntos y eso es lo que realmente…le alegraba. Aunque en un principio creyó que el la dejaría, era un ser que gustaba de su independencia, después de todo; pero la ha sorprendido hasta ahora, quedándose fielmente a su lado y demostrándole su amor a cada momento que podía –y eran muy frecuentes para su pudor- aunque no tenia objeción alguna.

-Relaja el rostro, amor- le hizo un mohín y el se río. Más no se quejo. Se trataba de concentrar en mantener la mente fría. Pero lo veía, en su mente veía las manos de el trazando su cuerpo sobre el lienzo –mas que por su imaginación, por su poder, el cual siempre mantenía en sintonía con la mente de el- daba igual, podían ser sus ojos, sus labios, las manos o un lápiz que los separaba, ella podía sentir el lugar donde la acariciaba a través del lienzo.

En ese momento, el estaba diseñando con mucha precisión y concentración, el contorno de uno de sus senos y sin poder evitarlo, gimió. El sonrió alardeante de si mismo.

-Amor, relájate- para el era fácil decirlo. No importaba cuan desatrampado era, cuando sus manos tocaban el lienzo, se volvía un ser sumamente concentrado –aun cuando mantenerse quieto por mucho tiempo no era lo suyo- la única concentración y devoción que veía cuando estaba dentro de ella. Recordó las palabras de hace mucho tiempo y sonrió, sin duda, como el mismo se había calificado, era un amante tanto en el momento de hacer el amor, como cuando pintaba.

A pesar de que el tenia la capacidad de hacerlas de memoria, siempre le pedía que posara y, por alguna extraña razón que no alcanzaba a concebir –o mas bien su pudor- ella siempre aceptaba.

-¡Oh! Aduna pero que hermosa te ves- al escuchar aquella voz, Adunafael instintivamente tomo las sabanas que la protegían y las aferro con fuerza. Cierto que los vampiros casi no poseían pudor o moral –Alguna duda, solo ver a Alessandro- pero definitivamente, ella poseía todo el pudor de una joven mortal, algo que a su compañero y a la nueva invitada, les divertía.

-¿Morinna, podrías darnos un poco de intimidad?-pregunto con voz cohibida, la vampireza rubia apenas y se inmuto. Camino con paso elegante hasta situarse donde estaba Alessandro quien le daba la bienvenida con una sonrisa deslumbrante, tan característica de el.

-Buenas Eternidades, Alessandro-

-Buenas Eternidades, querida- La rubia ojiazul hizo un mohín de desprecio, odiaba que usaran el termino "querida" y por eso mismo, Alessandro le llamaba asi. La mirada de Morinna vago por el cuadro que tenia Alessandro ante el, sus ojos, repentinamente, se abrieron de par en par

-¡Oh por Dios, Alessandro!-grito, asuntando a Adunafael mientras el pintor la miraba interrogativo. Ella pudo haber leído la mente de Morinna, pero intentarlo si quiera, le auguraba un buen dolor de cabeza. Adunafael sabía que la mente de Morinna era un autentico enredijo, que podía pensar en un cosa pero decir otra, o pensar en varias a la vez, nunca podría adivinar cual era, de todos sus pensamientos, el correcto. La conocía hacia menos de un año, y se pasaba seguido por la casa –cosa que no le molestaba- pero con ese poco tiempo, había descubierto que tratar de descifrar los pensamientos caóticos de la adivina, eran asunto perdido.

Si, Morinna era todo un oráculo, siempre un paso adelante mientras se situaba en el presente, más que vivir de su pasado, se alimentaba del futuro.

-¿Qué sucede?- se obligo a preguntar después de que la vampireza no hablaba y su rostro mostraba verdadero horror ¿Qué había de mal en la pintura de Alessandro? La reviso una vez mas en la mente de su compañero, pero no vio nada de malo y sabia que el no podía mentirle con sus pensamientos ¿O si?

Morinna señalo la pintura con uno de sus largos y finos dedos mientras conservaba la boca abierta de par en par

-Es…es…-tartamudeo. Alessandro no borraba de sus labios su sonrisa, a la expectativa de lo que diría Morinna- Es…Una pintura de Adunafael-lo ultimo lo revelo con autentica calma que era echada a perder por la sonrisa traviesa de su rostro, Aduna, no supo como sentirse el desconcierto la tomo por sorpresa y al final miro a Morinna quien pintaba un rostro de fingida sorpresa, con reproche. Morinna se encogió de hombros

-¿Qué hice?-

-No fue gracioso-

.-Oh, desde luego que no, Querubín, Es un autentico sacrilegio…Alessandro no hace mas que pintarte…y siempre en paños menores, me sorprende que aun no acudas a los clásicos desnudos, aunque te los recomiendo con tu piel tan linda como la tienes, te aseguro de que…-

-Suficiente, no pienso hablar sobre Mi cuerpo contigo-Morinna se encogió de hombros mientras Alessandro se carcajeaba de la disputa de las dos jóvenes

-Los mejores museos pagarían una fortuna por esto, Alessandro ¿has pensado en venderlos?-

-No lo se, ¿Cuánto crees que paguen?-

-Yo diría que…-

-NI SE ATREVAN A HACER ESO- grito exasperada al tiempo que los dos la veían como dos sus sonrisas llenas de malicia

-¿Ha hacer que, amor?- pregunto con fingido desconcierto, Alessandro

-Sabes de lo que hablo- siseo

-Si fueras más específica…lo sabría-

-Si tú te atreves a vender aunque sea una…-tomo aire para calmarse-juro que no tendrás espacio en mi cama por una semana-el, aun con el lápiz en mano, se toco el pecho como si lo hubieran golpeado de lleno

-Oh…es un golpe bajo querida, me pregunto quien podría…Morinna, querida- Adunafael siseo entre dientes aferrando mas las sabanas. La adivina se rió entre dientes

-Hay, Ale, me encantaría tenerte en mi cama…pero no quiero terminar descuartizada-

-Prometo que valdrá la pena-guiño un ojo a Morinna y esta se rió. Adunafael gruño, sabia que era ilógico ponerse celosa, no por la mención de que Alessandro se metiera en la cama de otra, si no por que fuera de Morinna, la cama de la que se estaba hablando. La vampireza mantenía un voto de celibato desde hace mucho, y para agregar a la cuenta, Alessandro no producía ni la menor atracción en ella –la excepción de un sin fin de candidatas dispuestas a desbarrancarla- lo veía solo como un amigo y nada mas

-Debo advertir que soy exigente-

-Sabré cumplir tus exigencias-En ese momento se levanto Adunafael, y aun desnuda empezó a caminar con altivez alrededor de ellos. Antes de llegar a la puerta, Alessandro la apreso entre sus brazos, acercando sus labios a su oreja y mordiéndola levemente, a pesar del enojo, no pudo evitar el escalofrió que su cuerpo tubo en reacción a la caricia, y este se prolongo cuando el le hablo al oído con un voz baja y seductora

-Jamas vendería una sola de tus pinturas, amor, las necesito para mí. Soy el único que tiene el veto de verlas y deleitarse con ellas- el contacto tan intimo le gusto, pero aun estaba conciente de la presencia de Morinna, y retenía su deseo de abalanzarse a el. Se giro en su abrazo y le dio un beso casto

-Lo se- sonrió- Después de todo, no puedes vivir sin estar en mi cama- el se rió

-Bueno, seria una agonía, lo acepto. Pero siempre hay alguna predispuesta a consolarme y darme cobijo entre sus sabanas mientras tú…-

-Quiero ver que eso pase- espeto otra vez molesta a causa de los celos. La beso, como si con ese beso quisiera calmarla, en parte, lo hizo y supo el momento en que su humor desapareció por completo, pues sintió sus labios tensarse en una sonrisa sobre los de ella.

-Tal vez luego- le dio otro beso. Reticente, se separo de el para encarar a morinna, que en ese momento observaba con sumo cuidado la cutícula de sus uñas

-¿A que se debe la visita, Morinna?-

-Nada, nada. Pensé que me extrañarían ya, y me pase a rondar –

-Bueno, si me disculpas tengo que…-

-Oh querida, sabes, creo que has tomado la decisión correcta, es una fantástica idea y ellos podrían ayudarte con los estudios, digo, además no tendrías que esconder tu naturaleza…hmmm, pero no creo que descubras mucho. Oh, y no te preocupes, el cuarto esta excelente-empezó a despotricar

-Morinna-

-Me pregunto, si el nuevo carro que esta a la venta…hmm, además no creo que sea tu color. Ah Alessandro, ese regalo seria fantástico de bienvenida, no te debiste molestar. Aunque bueno-

-Morinna…-

-Oh, y no pienso ponerme ese vestido, Aduna, a veces juro que tienes pésimo gusto, y para la iniciación uno tiene que brillar, además, te diré, que te advertí que el vestido no era de tu talla, pero bueno tu nunca quieres-

-¡Morinna!- al fin, la adivina se cayo con cara sorprendida del grito de Adunafael

-Querida, no debes gritar. Tu bien sabes que no es de damas- tubo que suspirar mientras presiona el puente de su nariz en un intento de tranquilizarse. Alessandro se rió lo cual le provoco que ella lo mirara con odio, se encogió de hombros y se dirigió a la vampireza rubia

-Querida, recuerda que no todos estamos un paso delante de los hechos, y que mi amada, no puede leerte con precisión el pensamiento. Ve lenta-Morinna lo fulmino con la mirada

-Y tu recuerda, que no me gusta que me llamen "querida" ¿Acaso quieres perder otro carro?- pregunto con inocencia, al tiempo que el bufaba, y Adunafael podía reírse por una ves de la situación, claro que recordaba aquel suceso. La primera vez que a el se le ocurrió llamarla de esa forma, le advirtió que no lo hiciera, sin embargo lo hizo. Al día siguiente, el nuevo carro de Alessandro –un deportivo cuya marca apenas y recordaba- había quedado reducido a trizas delante del pórtico de la casa, el se puso colérico y cuando le pregunto por que lo hizo, se limito a contesta "Ale, Solo practicaba origami, dicen que es bueno para el control de temperamento, deberías practicarlo, te hace falta". El estuvo apunto de echársele encima, pero al captar la risa de Adunafael, el no pudo mas que unirse a esta, aun asi, nunca a dado su brazo a torcer y sigue llamándola asi, ninguno de los dos sabe con exactitud del por que de que ella no guste de ese sobre nombre. Esperan saberlo, a su tiempo.

-Destrúyelo y te hago comprarme dos más-

-Alessandro, pero si ya tienes toda una colección-replico Adunafael

-¿Y?- pregunto con fingido desconcierto y ella no puso hacer más que menear la cabeza. Se giro a Morinna

-Ya, ahora si, habla más claro-

-Mejor revisa tu correo- antes de que ella pudiera girarse hacia donde se colocaba el correo –la mayoría solo cuentas que tenían que pagar pero que ya sus abogados y contadores hacían por ellos- la vampireza, saco de uno de los bolsos de su precioso vestido sastre una carta de papel negro, con el sello de una cruz con una rosa.

Enseguida supo que es, no tubo que abrir el sobre, conocía sobre esa orden

-Rozen Kreutz- hablo en voz baja mientras Alessandro la abraza contra el

-Vamos, Ale, no es nada malo. Solo quieren que se unan a ellos, es muy extraño y todo un honor, pocas veces hacen invitaciones. Pero me reuní con uno de sus integrantes y les hable de ustedes, espero no les moleste-aguardo un minuto antes de contestar su misma duda-desde luego que no les molesta. Ya lo sabía. En fin, quería unirme a ellos, hay ciertas cosas que necesito investigar, sobre todo el uso de mis visiones, ya saben, corregir los defectos, y pensé que a ti te encantaría participar ahí, sus investigación serian un buen hobbie para ti, cariño y a donde vayas tu, va el- señalo con la cabeza a Alessandro.

-Morinna, calla- le pidió Alessandro amablemente, otra vez comenzaba con su monologo interminable, ella lo hizo con un ademán de disculpa en su rostro. Los tres se quedaron callados, y antes de que Adunafael pudiera hacerlo Morinna, hablo.

-Desde luego que les puedo dejar solos. Piénselo. Me gustaría que estuvieran ahí-como siempre, la vampireza un paso adelante. Camino hasta la puerta y antes de irse se giro a verla

-Y prefiero la del ala oeste, es mas grande y no tengo que oír…cosas innecesarias, cierto que…bueno, pero puedo fingir que no oigo…la del ala oeste esta bien y es lila, mi color- dejándolos desconcertados se giro sobre si-

Guardaron silencio, sopesando sus ideas, si, Rozen Kreutz era un gran paso y ella tenía cierta curiosidad, pero ¿Qué opinaba el? Como si pudiera leer sus pensamientos contesto

-Si crees que esta bien, te seguiré a donde sea, amor-

-Tienes documentos de Alquimia que nadie ha visto-murmuro, extasiada por el deseo del conocimiento-Oh, y criaturas extintas, oí que hablan sobre los dragones…pero se extinguieron hace tanto-

-¿Dragones, querida?-su tono era de burla- Si quieres saber sobre ellos. Solo pregunta-

-Vamos Alessandro, no tiene nada de malo…y deja de presumir- el se rió

-Ya te dije, si tu lo deseas, yo voy contigo- se agacho para besarle. Y entonces se le vino a la cabeza

-¿Crees que Morinna acepte, vivir con nosotros?- el se rió

-Después de todo su desplante, no piensas a que se refería parte de el- lo pensó un momento

-Oh…claro-

-Extrañare Vancouver –

-Si, yo también. Lo empecé a sentir como un hogar- lo miro, esperando que su pensamiento coincidiera "Mi hogar, es donde estas tu" pensó el, con deliberada lentitud al tiempo que la besaba otra vez.

-Te amo- dijo jadeante, cuando los besos de el se despegaron para empezar a recorrer su cuello y mas abajo

-Como yo a ti-susurro- Como yo a ti-

Y nuevamente se dejaron llevar por la pasión, que disfrutarían, de aquí, hasta que la eternidad. Sabiendo, que nada los separaría, ni la inexistencia.