Hola chicas… se que demore muchísimo para actualizar esta historia, pero he tenido muchos problemas tanto técnicos como personales que me mantuvieron lejos un tiempo, pero finalmente pude terminar este capítulo, el cual por cierto tuve que rehacer al ver pedidos mis archivos. Bueno espero que lo disfruten y puedan disculparme por el retraso…
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Al borde de la locura…
Esa mañana le pareció que el sol brillaba con mayor intensidad, podía respirar la hermosa fragancia que las flores desprendían mientras sentía la frescura del pasto donde se encontraba sentada, no reconocía el lugar pero definitivamente era el más hermoso que hubiera visto nunca antes, de pronto un suave viento jugó con su cabello y arrastro consigo el sombrero que llevaba puesto, se levanto para correr tras él cuando apareció frente a ella Yaten, el peliplateado le sonreía con tanta dulzura que sintió su corazón latía tan fuerte que por un momento creyó que saldría de su pecho. Entonces como solía hacerlo siempre corrió a su encuentro y se refugió en el calor de sus brazos. Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos sin que ella pudiera hacer nada para evitarlo. Lo había echado tanto de menos que incluso había llegado a pensar que tal vez nunca volvería a estar entre su pecho como en ese momento. Sintió como él le ponía nuevamente su sombrero para después estrecharla aun más contra su cuerpo con el mismo amor que siempre le había demostrado. La alegría que sentía en ese momento se había llevado todos los años de sufrimiento, de la misma forma en la que las olas del mar borran las huellas que quedan sobre la arena.
En ese momento el sonido de alguien llamando a su puerta la hizo abrir los ojos, todo era un sueño y la desesperación se apodero de ella, en el sueño él parecía tan real… pero al final había sido solo eso, un sueño. Se sentó sobre la enorme cama y abrazo sus rodillas dejando que las lágrimas salieran. El sonido de la puerta se escucho nuevamente, levanto la cabeza y se limpio el rastro de agua que corría sobre sus mejillas con el dorso de su mano.
– Pasa – ordeno, no necesitaba preguntar quién era porque en los últimos cuatro meses cada mañana aparecía la misma mujer encargada de llevarle el desayuno. Vio a la mujer entrar con una bandeja de comida que dejo sobre su mesa de noche, no le dijo nada, pero eso no le sorprendió porque nadie le dirigía la palabra en aquel lugar, la hacían sentir como si tuviera una enfermedad contagiosa.
Cuando la mujer abandono su cuarto sin decir un una palabra igual que siempre, Serena volvió el rostro a la comida que habían dejado, no sentía apetito, de hecho en las últimas semanas no sentía animo de hacer nada. Ya ni siquiera se preguntaba las razones para que Zafiro la tuviera encerrada como lo había hecho al principio cuando dejo la ciudad de Vancouver, pero era cierto que en un principio se había cansado de rogarle al peliazul que la llevara de regreso con él.
Lo único de lo estaba plenamente consciente era de que si permanecía más tiempo encerrada en ese lugar terminaría por volverse loca, su cordura hacía mucho que estaba llegando al límite. Se levanto y corrió las cortinas del ventanal, la vista era maravillosa desde ese lugar, muchas veces se pregunto en qué piso estaba le parecía tan alto, desde ahí podía ver como todo seguía su curso, la vida no se había detenido para nadie, solo para ella, muchas veces sintió deseos de lanzarse desde aquella cornisa, pero no se atrevía a hacerlo. Se giro y dio un suspiro al ver su habitación, sin duda era hermosa, la cama parecía la de una princesa con un dosel y cortinas blancas, sonrió ante la absurda idea de comparar su vida con la de las hermosa princesas de habían en los cuentos de hadas que su madre solía contarle cuando era pequeña, definitivamente esos solo eran cuentos, porque en su vida no había un príncipe montado sobre un corcel blanco y mucho menos había la esperanza de un final feliz.
Entro al cuarto de baño y se arrodillo frente a la bañera, abrió la llave y espero en esa misma posición hasta que la bañera hubo terminado de llenarse. Pasó mucho tiempo dentro del agua, mientras sus recuerdos atormentaban su mente al mismo tiempo que frotaba su cuerpo, se sentía tan sucia, pero al final lo único que conseguía era tornar su piel a un tono rojizo. Finalmente salió de la bañera y regreso a su habitación, dejo caer la toalla que envolvía su desnudez frente al espejo, estaba consciente de que había adelgazado demasiado, había perdido varios kilos en los últimos meses, su rostro estaba cada día más pálido y bajo sus ojos un sombra oscura demostraba la falta de sueño, sonrió ligeramente, su aspecto definitivamente se había tornado lastimoso.
Se puso un suave camisón blanco y regreso a la cama sin haber probado bocado, se recargo sobre una almohada y enfoco la mirada en la pared. De esta forma paso el resto del día, sin moverse. La luz del día termino y su cuarto se sumió en la obscuridad, esa misma obscuridad en la que se había mantenido desde hacía tanto tiempo.
Escucho cuando su puerta se abrió y alguien encendió la luz de la habitación, se giro y vio la figura de Zafiro frente a ella, sin detenerse a pensarlo se puso de pie y corrió a los brazos de aquel hombre de la misma manera en que lo había hecho en su sueño con Yaten. Y lloró aferrándose a la camisa del peliazul.
– Por favor Zafiro… llévame contigo, ya no puedo seguir en este lugar… me estoy volviendo loca, te prometo que no saldré del departamento si tu no lo quieres pero no me dejes aquí… no quiero estar sola – le suplico con tanto dolor que por un momento el peliazul se quedo sin palabras.
La reacción que había tenido la rubia sorprendió a Zafiro y por primera vez dudo de haber hecho lo mejor cuando la llevo hasta ese lugar y la mantuvo recluida en aquel departamento, alejada de todo el mundo, pero definitivamente no lo había hecho buscando hacerle daño, después de todo la amaba más que a su propia vida.
– Cariño, esto no es un castigo – le susurro mientras acariciaba el cabello de la rubia con suma ternura – Solo quería alejarte por un tiempo, creí necesario que ciertas personas comprendieran que me perteneces y por lo tanto tengo derecho a hacer contigo lo que me plazca, pero en ningún momento quise hacerte ningún daño – siguió hablando, su abrazo era tan posesivo, pero ella no tenía fuerzas para enfrentarse a nada, si no lo había hecho cuatro años atrás por abría de comenzar ahora cuando mantenerse de pie le costaba tanto trabajo.
El peliazul sintió como el cuerpo de serena se temblaba y la separo un poco para observarla mejor, sin duda la descripción de la mujer que cuidaba de ella era acertada, la rubia había adelgazado demasiado y le pareció tan débil como la vez que la encontró en la bañera después de haber intentado cortarse las venas. La atrajo nuevamente contra su pecho y se maldijo así mismo por el estado tan deplorable de la rubia. Sin embargo fue el llanto de la rubia lo que lo hizo sentirse como el infeliz que era.
– Tranquila pequeña, te prometo que no volveré a dejarte sola… mañana regresaras conmigo a Vancouver – la reconforto sin separarse si quiera un poco de ella – Pero ahora voy a pedir algo para cenar y no te dejare tranquila hasta que termines con todo lo que ordene para ti, de acuerdo – finalizo con la voz autoritaria que solía emplear cuando daba órdenes – De acuerdo – respondió Serena sintiendo como una pequeña parte de la tranquilidad que había sentido esa mañana durante su sueño regresaba a su cuerpo.
Al final de todo era mejor estar al lado del peliazul que permanecer sola en ese lugar, mientras el pasado la atormentaba al no tener nada en que ocupar su mente, suspiro aliviada al verse rescatada de lo que seguramente habría terminado por volverla loca, aun cuando fuera ese mismo hombre que la rescataba el mismo que la había orillado a esos extremos.
Mientras tanto Yaten había pasado los últimos meses reviviendo el rencor que sentía por la rubia, saber que Serena se había marchado nuevamente antes de haber conseguido la explicación que necesitaba para enterrar definitivamente el pasado lo hacía odiarla casi con la misma intensidad que alguna vez la había amado. Pero cada que llagaba la noche el dolor parecía ser más fuerte que cualquier otro sentimiento que albergaba dentro de su cuerpo. Se sentía traicionado y se odiaba así mismo al ver que quizá nunca podría sacarla de sus pensamientos.
Taiki le había dicho que tendrían que regresar a Tokio en un par de semanas y pensó que tal vez era lo mejor, después de todo no verla los últimos cuatro años habían ayudado a sobrellevar su pena, quizá esa vez sería igual.
Una noche cuando Yaten se encontraba en la soledad de su habitación su celular comenzó a sonar, lo tomo y contesto sin ver antes quien era la persona que llamaba. En cuanto escucho la voz al otro lado de la línea supo que se trataba de Andrew, se sorprendió un poco pues no había tenido noticias suyas en los últimos días.
– Espero que no te hayas dado por vencido, porque me acabo de enterar que Serena regresa con mi primo mañana mismo – las palabras del rubio lo habían tomado desprevenido, pero hablo en cuanto ordeno sus pensamientos – Como lo sabes – pregunto – Mi primo me acaba de llamar, de hecho no fue una llamada amistosa, solo se limito a decirme que no me quería ver rondado por su departamento y mucho menos quería verte a ti cerca de su mujer… – le explico con cierto diversión – Lo cual me lleva a pensar que en ningún momento has pasado desapercibido para mi querido primo, de hecho creo que se llevo a Serena para alejarla de ti – siguió hablando – Ya no me interesa, en un par de semanas regreso a Tokio y esta vez haré hasta lo imposible por olvidarme de ella… no vale la pena, ella ya no es la misma mujer que conocí hace tantos años, de hecho… tal vez nunca fue quien yo creí – respondió sin poder ocultar el odio que sentía por la rubia – Bueno, siempre supe que entre ustedes había existido algo más de lo que querías que pensara, pero tal vez tengas razón… regresa a tu país y has de cuenta que no tuviste la mala fortuna de volverla a ver – lo animo, pues se había percatado lo importante que la mujer de su primo había sido para él y por primera vez se pregunto si esa mujer valía tanto.
Esa noche Yaten bebió hasta que perdió el sentido. Mientras que en el piso junto a su cama se encontraban los pedazos de la vieja fotografía que había llevado dentro de su cartera por tanto tiempo.
Cuando Zafiro abrió la puerta del departamento y le permitió el paso Serena se sintió más tranquila, ese lugar se había convertido en su refugio y sin saber porque estar de regreso la hizo sentirse un poco mejor.
Sintió los brazos del peliazul rodeando su cintura y atrayéndola contra su pecho en un abrazo posesivo al cual correspondió. Después de todo no podía hacer nada por evitarlo, Zafiro por azares del destino ahora era lo único que tenía en el mundo y estaba consciente que de no ser por él se hallaría completamente sola. Sin embargo no lo amaba le atormentaba pensar que tenía que pasar más tiempo fingiendo que todo estaba bien cuando ya no tenía las fuerzas necesarias para seguir viviendo, estaba cansada y lo único que quería era cerrar los ojos y no volver a abrirlos nunca más.
Si tan solo no hubiera hecho esa promesa, pero significaba tanto para ella que no podía dejarse vencer por lo menos no sin antes de poder pedir perdón, él había sido tan importante en su vida y verlo morir aun cuando amaba la vida la hacía sentirse como el peor de los seres humanos, además ahora que Yaten se había presentado nuevamente en su vida sentía la obligación de calmar el dolor había visto en sus ojos cuando se reencontraron después de tanto tiempo, el dolor que ella misma le había provocado aun cuando lo amaba más que a nada en el mundo, pero no sabía cómo calmar su dolor si ello implicaba revelarle lo que había prometido guardar solo para ella por tanto tiempo, con el único deseo de mantener puro el amor que se habían tenido, porque sentía vergüenza solo de imaginar lo que él pudiera pensar si se llegaba a enterar de lo que había sucedido.
Cuando logro apartar sus pensamientos de su cabeza Zafiro estaba besándola con tal ardor, pero ni siquiera se había percatado de que ella no correspondía a su beso, o quizá si lo estaba haciendo como un acto de reflejo. Con esfuerzo logro apartarlo y le dedico una ligera mueca que podría parecer una sonrisa buscando calmar sus ansias.
– Te vez muy cansada, lo mejor será que descanses un poco mientras yo arreglo algunos asuntos que tengo pendientes – le concedió el peliazul mientras la ayudaba a llegar hasta la habitación que compartían – Gracias – fue lo único que pudo responder una vez que se encontró sobre su cama.
Una vez que se encontró nuevamente sola, Serena no fue capaz de conciliar el sueño, de repente el miedo que sentía se había incrementado considerablemente y el solo pensar que al cerrar los ojos la pesadilla de la que era víctima constante apareciera nuevamente la hizo desistir de su intento y se sentó sobre un montón de almohadones.
Repaso en su cabeza todos los acontecimientos de su vida desde que era capaz de recordar y los más felices sin duda alguna fueron al lado de Yaten Kou y sus hermanos, sabía que de no haber sido por ellos quizá ahora estaría vagando en un sitio desconocido, pero de inmediato soltó un risa burlándose de sí misma, pensó entonces que quizá si ellos no se hubieran encargado de ayudarla a sobrellevar la muerte de sus padres, tal vez nuca hubiera sentido la perdida de Seiya, el apoyo incondicional de Taiki y el amor de Yaten, pero sobre todo no habría conocido a Haruka, pero su expresión burlesca se borro de su rostro y una sola pregunta cruzo por su cabeza ¿Sería capaz de cambiar alguno de sus recuerdos al lado de Yaten a cambio de aquello que le había sido robado? No!!! Esa era la única respuesta que su corazón le gritaba y prefería seguir como lo había estado haciendo hasta ese momento.
Paso un buen rato antes de que Zafiro entrara nuevamente a la habitación con la charola de la cena, la obligó a que se comiera hasta el último bocado y después la ayudo a darse un baño. Los cuidados que le daba la hacían sentirse inútil, pero la verdad era que no tenía fuerzas para negarse a dejarlo hacer todo lo que quisiera y mucho menos impidió que el peliazul liberara sus necesidades en su cuerpo y aun cuando la trataba con sumo cuidado y le susurraba palabras de amor al oído, la hacía sentirse como un objeto que podía usar cuando le viniera en gana.
Había pasado cerca de una semana desde su regreso al Vancouver y en todo ese tiempo ella no dio un paso fuera del apartamento, pero al menos esta vez no estaba sola, Zafiro pasaba casi todo el día a su lado pues había trasladado su oficina a casa con el pretexto de que quería estar cerca de ella mientras volvía a ser la misma de antes. Y como cada mañana se encontraba sentaba en un sofá junto al escritorio de del peliazul y contemplando la vista por el enorme ventanal mientras él se encargaba de los negocios, en ese momento ninguno de los dos se decía ni una sola palabra, pero Serena lo había descubierto a Zafiro observándola detenidamente un par de veces cuando pensaba que ella no estaba mirándolo.
Pero mientras Zafiro disfrutaba de su compañía ella no podía dejar de pensar en el dueño de su corazón, buscaba la manera de poder ayudarlo a olvidarla, deseaba que se olvidara de lo que vivieron juntos y comenzara una nueva vida con una hermosa mujer que lo amara tanto como lo amaba ella y que lo hiciera feliz, porque Yaten se merecía lo mejor que la vida pudiera dar. Sin embargo por que más que le daba vueltas a su cabeza no encontraba la manera de hacerlo, porque ni siquiera podía salir de ese lugar y mucho menos tenía la esperanza de poder acercarse al peliplateado sin que antes entre ellos se interpusieran un par de hombres dispuestos a hacer cualquier cosa por proteger la posesión más valiosa de su jefe.
Sin decir ni una sola palabra se levanto del lugar que había estado ocupando por varias horas, llamando la atención del Zafiro y la de su ayudante y se marcho a su habitación, busco un hermoso vestido color blanco y se maquillo ligeramente, se puso un par de hermosas zapatillas que hacían juego con el vestido y el bolso y se dejo suelto el cabello, pero cuando estaba por abandonar la recamara regreso y se puso un poco del perfume favorito de Zafiro, se miro por última vez en el espejo y dejo la habitación. Cuando la rubia entro nuevamente al despacho donde había pasado toda la mañana, tomo el saco que había estado colgado junto a la puesta y camino con él hasta quedar frente al peliazul que la miraba un poco intrigado por sus acciones.
– Estoy harta de estar encerrada… quiero salir o me acompañas o me voy sola y que esta vez no estoy dispuesta a ser seguida como una delincuente por tus hombres – le dijo con una voz tan firme que por un momento pensó que Zafiro se levantaría y le daría una bofetada porque nunca antes se había atrevido a hablarle de esa manera. Pero la reacción que esperaba de él fue completamente diferente, Zafiro se levanto y rodeo su escritorio, tomo el saco que Serena traía en sus manos y se dirigió al hombre con él que había estado trabajando – Termina de arreglar los asuntos que quedaron pendientes… es cierto también llama a mi secretaría y dile que cancele mi cita de esta tarde – le ordeno mientras se ponía el saco y finalmente paso un brazo alrededor de la cintura de la rubia y camino a su lado hasta la puerta.
Cuando salieron del departamento Zafiro les ordeno a sus guardaespaldas que se quedarán porque deseaba dar un paseo con la rubia sin la compañía de ninguno de ellos. Una hora más tarde el peliazul y Serena se encontraban sobre la autopista, hasta ese momento Zafiro no había pronunciado ni una sola palabra y ella no se atrevía a ser quien rompiera el silencio, pues aun estaba sorprendida por sus acciones. Después de un par de minutos el peliazul salió de la autopista y abordo una brecha, en ese momento Serena tomo el valor suficiente para preguntarle sobre su destino.
– A donde vamos – pregunto con un hilo de voz sin atreverse a mirarlo a los ojos – Pensé que no lo preguntarías nunca – sonrió el peliazul, su tono de voz le pareció tan tranquilo que lo miro por primera vez – Conozco un lugar encantador a la orilla de un lago… ahora que lo pienso, no había venido a este sitio desde que era un estudiante – le explico mientras rememoraba aquellos tiempos – Creí que estabas molesto por la forma en la que te hable, no era mi intención… pero creo que estar encerrada por tanto tiempo había comenzado a fastidiarme el sentido común – hablo sin poder ocultar el miedo que había estado sintiendo hasta ese momento, pues recordaba aquella ocasión que Zafiro la golpeo sin tener una razón para hacerlo – A decir verdad me sorprendió, pero no estoy molesto… al contrarió sabes de sobra que disfruto enormemente de tu compañía – le dijo mientras sujetaba una de sus manos entra la suya.
Cuando finalmente se encontraron frente al lago, Yaten detuvo el auto cerca del muelle, el lugar era realmente hermoso y por primera vez en mucho tiempo Serena se sintió tranquila. Zafiro la guio hasta una pequeña embarcación, no fue necesario que el peliazul dijera quien era porque la tripulación del bote que solo incluía a un hombre mayor y a su nieto lo recibió con mucha alegría.
– Joven Black, hace muchos años que no lo veía… – sonrió el anciano y después dirigió su mirada a la rubia – Usted debe ser la señora Rei, no es cierto – se dirigió a ella sin saber que se había equivocado. Las palabras dichas por el anciano le recordaron que solo era la simple amante de un hombre rico y sin darse cuenta agacho la mirada y sus ojos se llenaron de lágrimas. Nunca, cuando era una niña o una adolescente llena de sueños pensó en llegar a convertirse en la amante de un hombre – No… ella es Serena, mi futura esposa – corrigió Zafiro. El anciano pudo percibir la pasión y el orgullo del peliazul al decir esas palabras – Pues mucho gusto señorita y lamento la confusión – se disculpo el anciano. Serena levanto el rostro y trato de sonreír – Ahora John crees que sea posible que nos lleves a dar un paseo por el lago… y consigue algo delicioso para comer – le pidió Zafiro mientras pasaba un brazo por la cintura de la rubia y después inclinaba la cabeza para robarle un beso – Será un placer – sonrió el anciano y después se dirigió a su nieto, que hasta entonces había estado observando la escena – Ya escuchaste muchacho… date prisa – le ordeno y segundos más tarde el muchacho había desaparecido – Mientras regresa, podría llevar a la joven a dar un paseo por la orilla – le sugirió el anciano.
Serena se sorprendió al ver la familiaridad con la que el anciano le hablaba a Zafiro pues desde que lo había conocido nunca nadie se había dirigido con tanta confianza a él.
– Ese hombre ha sido como un abuelo para mí… el bote fue un regalo de cumpleaños de mi padre, pero me pareció que John lo disfrutaría mucho más que yo – le contó mientras caminaba por la orilla del lago.
Mientras lo escuchaba, se culpo por lo poco que lo conocía, él había estado junto ella por tanto tiempo, siempre al pendiente de todo lo que pudiera hacerle falta y ella no podía dejar de sentir lástima por sí misma y lamentarse haber perdido lo que más amaba en el mundo. Pero le estaba agradecida por haber aparecido en su vida cuando más deseaba escapar, porque no podía dejar de pensar que hubiera pasado si él no se hubiera cruzado en su camino aquella vez hace cuatro años.
– Lamento no poder ser la mujer que has deseado que sea – lo interrumpió – No digas eso, tu eres lo que más quiero en la vida y no sé qué haría si te perdiera – le confesó y después la abrazo con sumo cariño – Quisiera poder amarte como tú me amas, pero no puedo hacerlo… – hablo la rubia entre sus brazos – Lo sé, sé que no me amas pero no me importa, mientras estés a mi lado eso no importa, nunca te dejaré marchar… recuerda que me perteneces y que prefiero verte muerta antes que en brazos de otro hombre – las palabras de Zafiro no la sorprendieron, sabía que la única manera de conseguir alejarse de él sería muerta, pero eso no le importaba, no tenía donde ir…
El resto de la tarde Serena lo paso sumida en sus pensamientos, sabía que mientras Zafiro estuviera cerca probablemente nunca tendría la oportunidad de acercarse a Yaten sin correr el riego de ponerlo en peligro, su vida no le importaba pero no soportaría pensar que algo pudiera llegar a pasarle al hombre que amaba. Supo entonces que aunque su deseo fuera tranquilizar el corazón del peliplateado lo mejor sería dejar las cosas como estaban, después de todo sabía que llegaría el día en el Yaten se olvidaría completamente de ella y de su amor. Sintió como su corazón le dolía de solo pensarlo, saber que él quizá muy pronto le entregaría su corazón a otra mujer la llevo a la desesperación.
Cuando regresaron al departamento esa noche Zafiro nuevamente poseyó su cuerpo, pero esta vez no existieron palabras dulces ni caricias suaves, sentía como el peliazul simplemente quería dejarle bien claro que su cuerpo y su voluntad le pertenecían y realmente así era, hacía mucho tiempo que ella había perdido la voluntad sobre sus actos… sobre su vida. Simplemente se había tatuado a través de cada noche en la cama de Zafiro que ella le pertenecía y que eso no cambiaría nunca. Por lo menos no mientras siguiera viva.
Después de varias horas Serena yacía desnuda en los brazos Zafiro, sumida en la obscuridad de la noche, deseaba poder cerrar los ojos y que al despertar a la mañana siguiente todo hubiera sido un mal sueño, que en lugar de un par de zafiros fueran un par de esmeraldas los que le dieran los buenos días. Pero eso solo era una fantasía por medio de la cual lograba conciliar el sueño. Sintió a Zafiro moverse entre sueños mientras sus piernas entrelazaban las suyas y apretaba más sus brazos alrededor de su cintura, sentía que su contacto le quemaba la piel y en un acto de desesperación cerró los ojos y en mente invoco la imagen de Yaten, trato de imaginar que era él quien se encontraba a su lado y aun cuando nunca tuvo intimidad con el peliplateado si había tenido la dicha de dormir entre sus brazos y finalmente cayó en un sueño profundo.
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Y bien que le pareció???
Espero que le haya gustado. Ahora déjenme agradecer a todas la chicas que han seguido mis historias a lo largo de todo este tiempo y que han sido tan pacientes con mis retrasos… muchisisimas gracias a todas ustedes.
Otra cosa estoy al final de mi semestre y no tendré mucho tiempo de escribir, pero hare hasta lo imposible por terminar el nuevo capítulo de Apuesta por un Amor en poco tiempo. Pero una vez que comiencen las vacaciones me dedicare de lleno a estas dos historias, lo prometo.
Bueno ahora si me despido y que tenga un bonito día, cuídense mucho, las quiero, bye…
Atte.- KuMiKo Kou
