Disclaimer: Ed, Edd y Eddy son propiedad del dibujante y responsable creador. Danny Antonucci.
N/A: por cuestiones de; viajes fuera del país, inicio de clases, proyectos y falta de inspiración para con ESTE fics (rarísimo en mi) les pido perdón por el retraso y desaparición tan monumental. Claaaro que puedo escribir más seguido de ahora en adelante si tengo algunos comentarios más.
Disfruten este cap. ¡a leer!
Edd
1969/1984
En una casa de clase media, a las afueras de un barrio. Una catastrófica escena se venía sobre tan esmerada construcción, un joven caminaba nerviosamente y con espasmos en las piernas debido a los nervios que le estaban destrozando la cordura.
Aquel muchacho tenía unos quince años, era reconocido en la zona por ser un joven con un genio innato, como sus padres lo eran. Dos afamados profesores de ciencias que le servían a la comunidad con sus incontables descubrimientos, la sociedad les debía mucho y por lo mismo sus asistencias en el hogar eran casi míticas. Aquel preocupado joven no dejaba de caminar en círculos, de sudar en frio y de preguntarse mentalmente ¿Qué había hecho?.
Vestía ropas de marca, que habían perdido el resplandor de la primera compra gracias a una fina capa de polvo y la camisa anaranjada lucia rasguños y maltratos a la tela, manchas de humedad seca. Probablemente derramo algo sobre su camiseta.
No dejaba de pasearse como un poseso en frente de su patio, varios vecinos curiosos asomaban sus sombras por las ventanas. Eses comportamiento y su delgadez lo hacían lucir mas enfermizo que de costumbre, la adicción a la limpieza lo había dejado vulnerable ante las inclemencias del clima. En especial del sereno de la mañana, o si, para el eso era comparable a quedarse bajo una tormenta de nieve totalmente desnudo.
El joven dejo su caminata errático por su patio delantero para enfocar su vista hacia dentro de su hogar de donde una docena de hombres uniformados de blanco y con mascarillas salían mientras sostenían miradas de decepción y molestia en los seños.
Frente a ellos, una camioneta blanca y de vidrios blindados que rezaba en un costado: ''Departamento de salud y control de enfermedades peligrosas''.
-¿C-como e-esta todo?- pregunte con voz quebradiza, es un mal habito mío cuando estoy nervioso.
Uno de ellos me miro como si quisiera darme un buen sermón, como si esa no fuera su intención.
-Edward, nos llamas casi tres veces a la semana por tus ''fallas técnicas''. Tendremos que tomar medidas más serias.-
-¡N-no! ¡No puedes hacerlo Frank! ¡Sabes lo que paso la ultima vez! ¡juro que no volverá a pasar!- siento como se me humedecen los ojos, de verdad estoy desesperado. La última vez que tuvieron que tomar ''medidas serias'' mis padres gastaron casi ochenta mil dólares en evitar que me juzgaran como adulto en el tribunal por; ''intento de creación de armas biológicas''. Solo estaba experimentando con una sepa de rubiola…hubiera sido peor si probaba mi muestra de Ántrax.
-Ed., esto se sale cada día mas de control- me miro el corpulento hombre con una mescla de enojo y hastió- ¿Qué hubiera pasado si ese mutageno hubiera iniciado la reproducción masiva?-
-bueno…técnicamente hubiera podido detener la metástasis en un paciente infectado con una seria de inyecciones de…-
-¡ED!-
-¡está bien! ¡Está bien! – me crucé de brazos furioso chasquee la lengua cuando no me estaba prestando atención. Este fue mi último aviso, supongo que ya no debo experimentar con bacterias peligrosas, es decir; solamente quería revertir el efecto invasivo por uno reconstructivo. No esperaba que el tubo de precipitación se me cayera en la alfombra.
Con la casa esterilizada, por tercera vez esta semana me dirigí a mi habitación con una severa amenaza, una multa y una denuncia. Mis padres no estarán contentos cuando se enteren…la ultima vez casi me mandan a un internado en Rumania por ese incidente en el cual media California se entero de mi existencia por televisión, digo no todos los días se intenta penalizar a un muchacho de quince años en el Tribunal Supremo de Justicia por el cargo de terrorismo y posesión ilegal de agentes químicos.
Uno: todo lo que tenia era legitimo, incluidas las cepas de los virus, Dos; el propósito era totalmente científico no intentaba causar una segunda peste negra como alego la fiscalía Tres: no soy ningún fanático neo-nazi como alego mi vecino de enfrente cuando testifique que todo era con fines de experimentación, mientras el sostenía un cartel mal dibujado frente al tribunal y el canal número uno en escándalos lo entrevistaba y por ultimo pero no menos importante Cuatro: ¡no me apodo doble D el maniático ¡, váyase a ver el nombrecito que me dio la prensa amarillista.
Siento un sonrojo de impotencia invadirme el rostro con furia, si furia es lo que siento. ¡No dejan avanzar nada en este país!, está bien se que no tengo licencia, un doctorado o siquiera la instrucción de un mayor pero, oh, vamos. Eso es ser arcaico.
Una vez en mi cuarto me eche en la cama de mala gana, quien diría las cosas que pueden llegar a pasarme cuando estoy de bien humor, solo pensé ''oye, ¿que tal si le encuentro la cura a la rubeola?'' en que tonterías puedo pensar cuando estoy aburrido en casa. Elevo mi vista al techo, no puede ser, otra nota.
Mis padre acostumbran a ponerles en todas partes para sorprenderme, de verdad me alegran el día, puedo saber un pensamiento de mis padres hacia mi cuando estoy totalmente solo y casi melancólico en casa. Me quite los zapatos y me subí al pulcro colchón donde logre alcanzar la notita amarilla pegada minuciosamente al techo azulado de mi cuarto.
Apenas desdoblo el papel, puedo ver una detallada caligrafía obviamente femenina. Es de mi madre.
''querido Edward, llegaremos el miércoles por la mañana, pídele a Nataniel que por favor te deje dormir en su casa hasta entonces. Con amor tus padres. ''
Que sutil.
Y si les da curiosidad, Nataniel es mi mejor amigo vive en la otra cuadra. Aunque no lo crean es pariente de Diana Ross, el muy cretino se la pasa alardeando de eso día y noche. Lo conozco desde que tengo memoria, mis padres me inscribieron en la misma guardería que el. Algo muy particular es que cada vez que tienen una urgencia me tiran de cabeza a la casa de los vecinos.
Lo bueno es que la madre de Nate me considera un segundo hijo, claro me ha visto tanto por allá que lo único que me hace falta es la llave de la entrada principal, tener la del patio trasero es deprimente.
Totalmente aburrido fui hasta la sala principal a ver algo de televisión, supongo que eso me entretendrá, debo contenerme para no tomar un tubo de ensayo de nuevo.
Tal vez si solo reviso el microscopio…
No, televisión. Ahora.
Me senté en el sillón con desgano merecedor de un premio, encendí el aparato casi por inercia y note como los colores se alineaban lentamente y brotaba el sonido de las cornetas. Pase una telenovela barata, un especial de las cincuenta cosas que el hombre común no sabe, (yo al menos me las sabia todas) pase un comercial algo perturbador de comida de perro y finalmente vi una entrevista a una mujer muy particular.
Ella era una paciente de mi madre, gracias al descubrimiento de fertilización invitro esta mujer estéril pudo tener a su bebe con el ovulo fertilizado de una donante. Mi madre gano un premio por tal Azaña y la completa devoción y aprecio de esta mujer. Una sonrisa se perfilo en mi cara, espero hacer cosas más grandes que mis padres en un futuro.
Pase otros veinte canales sin encontrar nada que llamara mi atención, excepto por un especial en ese nuevo canal ''animal planet'' me encantan ese tipo de programas.
La brisa entre escuálida por la ventana que deje abierta en la tarde pronto anochecerá, el aire entra frio y yo no he prendido las luces de los pasillos, le da un toque bastante aterrador, por suerte no me asusto tan fácilmente.
-¡hola!-
-¡AAAAAAAAAAAAHHH! - chille retorciéndome en el sillón mientras me escudaba con un almohadón tejido. Está bien…puedo explicarlo.
-¿te asuste?- una risa socarrona y burlona se abrió paso entre el aire, voltee hacia la ventana abierta y allí parado apoyando los codos del marco de la ventana estaba Nataniel, él y su estúpido afro con un peine encajado, se le ve tan ridículo.
-¿q-que c-crees que estás haciendo en mi ventana?- le pregunte algo perturbado por esa intromisión silenciosa.
-acosándote, ¡dah! Tonto tu madre me dejo una nota –dijo algo contrariado, supongo que, que la madre de tu amigo deje notas en tu cuarto debe ser alterador- en fin decía que viniera a la seis con treinta minutos en punto a decirte que empacaras lo necesario para venir a mi casa, hasta el miércoles-
-no creí que te fuera a dejar nada.- a veces me pregunto cómo es que tienen tiempo para dejarme notas por toda la casa y no pasar más de tres horas en la misma.
-¿y crees que yo sí? Bueno muévete de una vez.- dijo sacándose el estúpido peine quemado del cabello para encresparlo más, mientras ponía una pose sobreactuada de galán, por eso siempre termina con las mejillas sangrantes de la continuas bofetadas que la niñas del barrio le propinan, es divertido ver pasar el tiempo así.
Sin más me levante del sillón para ir a mi habitación y empacar todo lo necesario si tomamos en cuenta de que hoy es sábado. Durare un tiempo allá espero que la señora Johnson ósea la madre de Nataniel no tenga problema en que me quede. En mi cuarto ordene todo en una pequeña maleta, solo un par de pantalones camisas y ropa interior, casi es inútil llevar algo estoy seguro de que la señora Johnson tiene ropa mía guardada del año pasado cuando me tuve que quedar con ellos unos días, aunque no estaba seguro de cuantos fueron esa vez.
Salí de mi cuarto treinta minutos luego.
-¿en qué te tardaste tanto?- miren quien esta despilfarrado en el sillón como Pedro por su casa. Bueno estoy acostumbrado.
-tenía que poner todo por orden de color y no olvides que mis calcetines tienen que ir en ord…-
-Estás enfermo - me dijo para luego retirarse descortés de la sala, quien se ha creído.
Lo seguí sin el menor animo, ya sé que me pasare estos días oyéndolo hablar de planes de conspiración en contra de los mayores de la cuadra por no dejarlo unirse a un pandilla y de cómo conquistara a Oprah un día, por cierto el muy inútil la conoce. Con cierta pariente famosa que tiene ¿a quién no conocería? Es un haragán de primera e intento de gigoló frustrado y todo se le sirve en bandeja de plata. Si ya se es mi mejor amigo pero lleva quince minutos burlando de mi sistema de clasificación de calcetines.
Lo pagara, oh...Sí que lo pagara.
Llegamos a la puerta de su casa, el metió las llaves dentro yal momento de girar el picaporte…una lluvia de harina mesclada con polvo pica pica nos cayó encima.
Lo reconocí bien por el olor y la insoportable picazón.
Comencé a toser como loco intentando sacarme la mortal mescla de los pulmones, Nate comenzó maldecir como un ebrio de cantina mientras se restregaba los ojos.
-Coff q-q-que ¡coff! ¡QUE DEMONIOS! – grito el fuera de sus casillas, logre escuchar una risilla disimulada desde el otro lado de la puerta de la entrada.
Dentro, estaba según pude apenas ver por el ardor en los ojos. Una niña de nueve años, vestida hasta el tope de rosado y blanco, falda y un una chaqueta de osos rosas bordados, cara de ángel caído y un par de trencitas colgándole detrás de las orejas. Lo que nadie sabe es que es un pequeño engendro de…
-¡maldita mocosa! - Nate grito encolerizado y comenzó a perseguir a la pequeña niña alias su hermana menor; Jordán tuve que intervenir y ponerme a correr tras él, terminamos volteando la sala al revés y acabamos rompiendo un jarrón (que se que más tarde tendré que arreglar yo) logre atrapar a mi furico amigo por el cuello de la camisa antes de que lograra ponerle las manos en cima a su hermana.
La cual nos veía muy divertida desde lo más alto de la escalera mientras yo zarandeaba a su hermano para que recapacitara y se diera cuenta de sus acciones.
-¡es un engendro! ¡no la defiendas! -
-¡tiene nueve años! Es solo una etapa. Ya se le pasara.- intente convencerlo en vano.
-¿le pasara? ¡Yo hare que le pase! – miro a su hermanita con rabia desmedida y con intenciones de regresarle la jugarreta. Si es cierto es la encarnación de la maldad pero sigue siendo una niña indefensa.
Aun demostró no serlo cuando llego ''llorando'' al cuartel de policía alegando que éramos unos secuestradores. Convenientemente escondió cosas incriminatorias en mi mochila escolar, no tengo idea de donde las saco. O la vez que metió una serpiente de jardín en nuestra tienda de acampar, pero esas son otras y muchas más historias.
En cierta forma si merece un escarmiento, pero eso se lo dejare a su madre cuando llegue.
Cuando al fin calme a Nate con algunos ejercicios de respiración, que surtieron ele efecto deseado, lo invite a sentarse en el sofá mientras yo le daba un regaño moderado a su hermana, no hacía más que entornar los ojos hastiada y cruzarse de brazos.
-¿me estas prestando atención?- le objete cuando vi que le estaba prestando más atención a una abeja que paso a nuestro la do que a mí.
-en realidad, no- dijo burlándose para luego darme un pisotón y subir corriendo las escaleras.
-¡au! ¡au! – fui hasta el sofá dando brincos como un estúpido. Esa niña me saca de quicio.
-debiste dejar que me encargara - me recrimino Nate con una pose enojada y con ganas de saltarle a algo encima.
-y luego que, ¿darle una excusa para hacer que nos encarcelen veinticuatro horas seguidas como la ultima vez? – el bajo la cabeza sumisamente y mascullando algo entre dientes, sabe que tengo un punto. Además no quiero convivir con ningún travestido en una celda como la última vez.
El pequeño engendro de la oscuridad se reía de nosotros a nuestras espaldas mientras mirábamos televisión sumamente aburridos. La tarde se nos fue experimentando en que entretenernos mientras llegaba la madre de Nate, luego de que recogí y tire los restos del jarrón que rompimos a mi pueril amigo se le ocurrió la maravillosa idea de hacernos algo de comer.
La cocina termino hecha un campo de batalla de la primera guerra mundial, quedamos con manchas de harina y salsa por todo el cuerpo, incluso en la espalda no me pregunten como ocurrió eso, ni yo estoy muy seguro de que paso. Solo intentaba preparar unos emparedados, terminamos comiendo una extraña mescla de varios colores y texturas que burbujeaba un poco de un lado, por alguna razón extraña (que no recuerdo que tuviéramos ese ingrediente) había un tentáculo de pulpo en medio de la masa de dudosa procedencia
Más bien parecía lo que su gato había vomitado antes de morir el año pasado.
Nos reímos por lo bajo un poco mientras veíamos nuestra monstruosa creación.
De algo estoy seguro, yo no me comeré eso.
-Tu primero.-
Nataniel me extendió una cuchara bien colmada y humeante de la cosa que habíamos preparado y estaba derritiendo el tazón favorito de la señora Johnson.
Lo mire con cara de asco e indignación, solo para alejar la cuchara de mi cara y estampársela en el pecho a él.
-Ni muerto, ¿Por qué no la pruebas tú?- espero que una buena intoxicación le ayude a madurar. Jeje
-¡tú fuiste el que comenzó a experimentar con la salsa! ¡Científico loco y frustrado!-
-¿frustrado?- recalque apretando los dientes.
-¡sí! Tu empezaste a quejarte de que la mescla esto y aquello y que no quedaría homogénea y blah blah blah-
-¡tú eras el que quería comer para empezar, mala imitación de Michael Jackson! –
Se vio con cara ofendida y exasperada, yo iba a reírme de mi propio comentario hasta que sentí como la masa viscosa se me estampaba en la cara.
Yo tome otra porción y se la arroje con toda la mala intensión del mundo pero el muy habilidoso la esquivo con gracia haciendo que se despilfarrara en el papel tapiz de la sala, el reprimió un grito y yo aproveche para lanzarle otra porción.
Haci comenzó una casi bélica pelea de comida que acabo dejando la cocina irreconocible, de tan solo pensar que era una cocina te dejaba con un sentimiento de vergüenza ajena en la boca del estomago. El me ataco con un cucharon cuando se vio sin más masa en el tazón y yo le lance la fruta de cerámica que adornaba la mesa del comedor.
Hicimos ruido de más, tanto que no notamos cuando Jordán tomo un poco de la masa que había sobrevivido en una pequeña cuchara plateada y estaba por metérsela a la boca. Qué bueno que reaccione a tiempo antes de que se comiera.
-¡qué haces!- me grito con su voz infantil.
-evitando que te enfermes.- le respondí casi en reproche, esa niña no sabía a lo que se atenía.
-¿de qué hablas? Llevo comiendo eso desde que comenzaron a pelearse como unos retardados.- dijo poniéndose las manos en la cadera y torcía el gesto como una diva de teatro a la que no le han dado su te de la mañana.
Mientras que a su hermano y a mí nos recorría un escalofrió por la espalda, ella nos veía con expresión de querer hacer un berrinche.
La niña se veía bien le revise la cara y el pulso, aun estaba ''sana'' creo que lo que preparamos no era venenoso. Nate soltó un alarido de alivio y se olvido de la situación casi en el acto, siempre tan imprudente. Yo iba a hacer lo mismo.
-¿no tienen más de e-es-eso…? – apenas si logro terminar la frase la pequeña niña vestida de rosa, cuando su cara cambio de color como la de un semáforo a un verde totalmente enfermo y sus mejillas se inflaron con premura.
-¡Jordán! ¡Espera no vayas a…!- grito Nate quien iba corriendo hacia nosotros, pero lo único que consiguió fue un latigazo de vomito en la cara en cuanto a mi estoy embarrado hasta el gorro.
Doy gracias a que estoy acostumbrado a tratar con desechos tóxicos y cepas de virus que despiden un olor repugnante.
Pero la viscosa y estomacal sensación es repulsiva hasta ser enloquecedora.
Como pude ayude a la niña a sentarse en el sofá y le di para que se limpiara con una toalla pequeña de la cocina, busque en el gabinete de medicinas y saque unas pastillas para el dolor de estomago la hice beberlas sin mucho éxito pero el final accedió. Mientras mi mejor amigo seguía estático en la misma posición de carrera congelada en el tiempo
Nate se fue corriendo al baño del segundo piso apenas reacciono como si le hubieran gritado, mientras yo acaparaba el que estaba bajo la escalera principal, metí la pequeña maleta y saque un nuevo juego de ropa, aproveche para asearme ya que había una regadera grande. Podía sentir pasos apresurados y golpes contra el techo seguidos de un ¡qué asco! Tenue se dejaba escuchar entre tanto ajetreo.
Me tome diez minutos para acabar y ponerme el nuevo y sumamente pulcro cambio de ropa cuando Salí Nate ya estaba atendiendo a su hermana en el sofá, dándole un poco de jugo para que pasara el mal sabor de otra medicina que le acababan de dar. La niña se quedo tranquila mientras su hermano le decía que ya todo iba a pasar. Claro era un obvia excusa para no ayudarme a limpiar el chiquero que dejamos.
Lo se, es obvio y mas lo abala el hecho de que desde que tome la escoba y otros utensilios de limpieza no para de reírse de mi cuando paso por su lado.
Me tomo mas de una hora dejar todo apenas descente, cambiamos de turno para que el diera los toques finales con desinfectante y aromatizante mientras yo vigilaba a su hermana. Acabamos los dos exahustos.
La señora Johnson llego medio segundo después de que guardaramos las cosas en el armario de limpieza, no paro de felicitarnos por que la casa seguía en pie y no se había roto nada, espero que no note la falta de su preciado jarron chino muy pronto.
Cuando me vio me dio un fuerte abrazo de oso mientras me decía lo grande que estaba, por favor la veo casi diario, supongo que todas las mamas son asi.
-¿ya comieron chicos?- pregunto la madre de Nate, para tener dos hijos se ve bastante bien conservada, me atrevería a decir que esta MUY bien conservada, si no la conociera diría qu es la hermana mayos de Nataniel y Jordan, tiene el cabello sumamente largo y es una mujer con buenos gustos en todo. Llego forrada en un elegantísimo abrigo de piel y una enorme cartera de marca, la mujer si sabe de estilos.
Nos preparo una cena muy económica ya que al parecer misteriosamente faltaba la mitad de la alacena, la mujer no dejaba de preguntarse a donde se había ido el mercado de la semana y de rascarse la cabeza intrigada. Nosotros tragamos saliva fuertemente, que bueno que Jordán sigue dormida en el sofá, ya nos habría delatado.
Ya era de noche cuando estábamos en la habitación de Nataniel el me contaba sobre sus grandes hazañas para el futuro y como algún día el sería el primer presidente negro y no sé qué otra tontería mas, me lanzo una almohada y yo se la regrese con el doble de fuerza, pronto nos vimos haciendo la tarea de trigonometría, o mejor dicho yo ayudándolo a el mientras la mía reposaba ya resuelta en un rincón de la habitación, es realmente bueno en historia pero en matemáticas era una total desgracia.
Luego de media hora de intercambiar insultos para con la tarea y que el la mandara a volar al diablo mientras yo le recriminaba que no fuera holgazán, nos vimos sin nada que hacer.
-¡veamos una película! – soltó animadamente mientras se ponía de pie y escudriñaba un gabinete donde varias cintas de VHS llenas de polvo se dejaban ver y otras aun nuevas en sus envolturas yo me quede en el pequeño sillón que tenía en su habitación viendo todo acontecer.
Regreso al minuto y medio con una cinta en la mano y expresión triunfadora.
La coloco en el reproductor mientras la pantalla de su televisor se ponía azul, por alguna razón tenía una expresión de malicia plasmada en la cara y logre notar como reía un poco mientras temblaba al mismo tiempo.
La curiosidad comenzó a morderme. No fue hasta que el menciono que si me gustaban las películas de terror que la curiosidad me arranco de tajo la carne.
-pues…no he visto muchas, ¿Por qué? ¿Qué película es?-
-es nueva, se llama; ''El exorcista''- dijo aumentando su risa.
-no se oye tan aterradora.- dije muy confiado.
Y sin mas puso la cinta a rodar.
Mierda.
Dios mío, oh por Dios.
Estoy encerrado en el baño del pasillo, lo último que vi de Nate fue como perdía el color y ganaba el de las paredes mientras se mecía en su cama.
Aun estoy temblando un poco y eso que termino, hace tres horas
A la mañana siguiente estábamos tomando el desayuno todavía sin un color sano y juraría que Nate tiene espasmos mioclonicos cuando le hablan muy fuerte.
-¿Qué tal pasaron la noche niños?-
-no preguntes- le respondimos al unísono.
-la película no me pareció taaann aterradora, estuvo pasable.- espeto Jordán muy animada comiendo un cereal con colores de arco iris inocentemente mientras sacudía las piernas como en un columpio.
-y t-tú como l-lo sabes- pregunto, o más bien ordeno su hermano mayor una contestación.
-dejaron la puerta abierta- yo descompuse la cara totalmente, esa niña es un caso perdido.
Terminamos de comer con un muy buen ánimo, ya teníamos todo listo y el animado calor de las prontas vacaciones de verano ya se podía oler en el aire. Paseamos un rato por el barrio ganándonos unas miradas frías de los mayores de la cuadra según Nataniel son sus ''compadres''.
-oye, doble D- me tense en mi sitio al escuchar ese molesto apodo, gire la cabeza hastiado y con un deje de instinto asesino escapándoseme de los ojos.
-¿Qué?- respondí con la voz desteñida, le encanta molestarme.
-jeje, cálmate. ¿Quieres acompañarme esta noche? Acepte ir con unos amigos al puente sobre el rio.-
-¿A dónde? Estás loco, es peligroso además ¿para quieren ir a el puent...-
-oh, tienes miedo- comenzó a reírse como si la vida se le fuera en ello.- ¡tienes miedo del fantasma del estafador!-
-¿el que?- de hecho iba a decir que estaban locos ya que allí roban a tres personas semanalmente a esas horas, pero ahora que salió su tonito de burla creo que quiero estrangularlo.
-¡oh! ¡Vamos! – Dijo muy divertido- ¿nunca has escuchado la leyenda?-
-por supuesto que sí, también vivo en este barrio- le espete- pero no creí que fueran allá solo por eso.- mira que ver quien tiene miedo de ir al puente para encontrarse con ''el estafador''. Puede que la leyenda se haya distorsionado con los años pero según se es sobre; un chico que se ponía en el puente a estafar a niños en las tardes y un día el rio lo arrastro matándolo. Dicen que si te paras en ese puente a la media noche, un hombre intentara convencerte de comprarle algo. Solo que este hombre no existe.
-no hay problema puedo acompañarte, solo para demostrarte que las entidades atropomosfisadas no son reales. Y que tu eres un infantil sin remedio amigo de adictos al crack- le dije lo más burlón que pude, mientras el soltaba maldiciones como loco tras de mí, sin mas esperamos la tan ansiada noche que llego arropada por una tenue neblina como es común aquí.
Un grupo de desadaptados Nataniel y yo nos dirigimos al puente a ver si algo ''sobrenatural'' pasaba en realidad no me daban nada de buena espina esos cuatro con quien andábamos, tenían un porte callejero monumental, un par tenían rastas hasta casi media espalda y cabe mencionar que debían al menos llevarnos cinco años a los dos.
Me quede callado toda la noche hasta que ellos comenzaron a soltar comentarios mordaces sobre mi gorro y otros sarcasmos acerca de muchas otras cosas.
La noche se les fue fumando drogas y Nate hablando con ellos como si se conocieran de toda la vida, yo entorne los ojos cansado hasta que sentí como algo de peso me era arrebatado de la cabeza.
-¡hey! ¡Devuélveme eso! – me habían quitado el gorro de la cabeza me sentía desprotegido y un extraño terror me embargo.
-miren el niño quiere su gorrita- me miro con deje de demencia en los ojos, contrastando con su oscura piel y la tenebrosa luna se veian casi poseídos. El enorme sujeto de rastras me tomo violentamente del cabello y me jalo hacia el descarado y sin miramientos.
-¡arrrgghh! ¡Duele! –grite podía sentir mi cuero cabelludo arder con fuerza, estaba arrancándome algunos mechones podía sentirlo.
-¿la niña quiere que la suelte?-
-¡déjalo!- intervino Nate antes de que algo pasara, estaba enfurecido le jaloneo el brazo intentado alejarlo de mí, lo logro el otro soltó una risilla malsana y profunda. Al momento de soltarme también arrojo mi gorro lejos, hasta donde el destrozado puente hacia silbar el agua del rio debajo de el, yo lo mire con asco y con indignación palpable, mientras corría en busca de mi gorro.
Baje por un una quebrada llena de malas hiervas, el rumor de la noche se me vino encima junto con el canto de los grillos y el vaho con el vapor, vi luciérnagas muertas desaparecer conforme avanzaba, llegue a una zona del rio por debajo del puente arruinado y cubierto con enredaderas allí al lado de una roca negra y con una textura porosa estaba mi gorro, mojado y abandonado en la fría arena gris.
Me agache para tomarlo, sentí una corriente fría. Por alguna razón empezaba a desesperarme por ponerme la gorra, es extraño digo no tengo nada raro en la cabeza es solo cabello normal, negro y un poco largo.
Apenas arquee la espalda enmudecí, sentí la sangre bajarse hasta mis pies. Los ojos se me desorbitaron, no puedo respirar…
Q-q-q-ue-que…e-e-es-es…
e-es-eso….?
Una figura etérea y traslucida estaba frente a mi no mantenía forma, pero oía tenues murmullos
-aquí estas.-
Sentí a mi vejiga traicionarme, pero no dejare que ningún líquido se escurra de mí, no aquí, no ahora. Tengo que guardar la calma.
Esa lúgubre y espeluznante vos casi irritante sigue hablando en murmullos.
-¿Dónde estabas?, Ed. y yo te estábamos esperando.-
Aquella sombra se seguía acercando, yo vacilante me quede congelado.
Por alguna razón sentí los ojos dilatados. Sentía una extraña paz en el pecho, necesitaba irme…necesitaba alejarme.
Sentí como un golpe de energía se cernía sobre mí, intentando subyugarme.
No la deje actuar, cerré los ojos y exhale, logre dar un paso hacia atrás luego otro y luego me vi a mi mismo corriendo aturdido y muy perturbado.
En medio de la quebrada me voltee por pura curiosidad, había un muchacho allí, lucia como de otra época, quizá de los años veinte o treinta. Fue media micra de segundo, parecía no reconocerme pero a la vez detallarme con la mirada, ambas manos en los bolsillos.
Y desapareció.
Yo me fui lo más rápido que pude, apenas divise a mi amigo con cara de tragedia, lo tome firmemente de la mano y nos fuimos de allí, no hable en todo el camino y el no dejaba de decirme que estaba de un pálido enfermizo.
Le creo.
A la mañana siguiente le dije que pasaría la última noche en mi casa, necesitaba despejarme, la noche se me fue en reflexiones inconexas sobre la vida, no entendía por que lo hacia, no entendía para que. Vi la última nota que me habían dejado mis padres con mucha ensoñación en los ojos.
''te amamos Edward''
Despertó. Sintiendo como el calor de la mañana y los rayos del sol entrababan por su ventana, se animo a prepararse el desayuno y leer sus libros ordenados alfabéticamente, rechazo un par de invitaciones de amigos a ir a ver los juegos de beisbol, pronto sintió como la urgencia de sentir los tubos de ensayo entre las yemas de sus dedos se hacía cada vez mas fuerte…aun así no dejaba de sentir que era una mala idea pero eso era imposible.
Tomo un par y comenzó a verter un liquido a base de nitrógeno en uno de los tubos, se esmero en tener cuidado con las otras soluciones, se puso un par de guantes más grandes que sus manos y unos protectores para la vista.
Encendió la pequeña bomba de gas que tenia y comenzó a calentar varios frascos con líquidos verdosos y purpúreos, murmuraban silenciosos su mala suerte.
Dejo la habitación un momento, le faltaban algunos instrumentos. Pronto crearía un anticongelante que no fuera dañino para la salud, así ayudaría un poco a la localidad. Bajo al segundo piso de su casa con el jubilo embargándolo hasta que una sonrisa inconsciente se dibujo en su cara, sentía que lo lograría, un descubrimiento.
Su nariz fue inundada por un amargo olor, como a ceniza ¿humo? Su vista comenzó a nublarse, luego de frotarse los ojos unos minutos noto que no eran sus corneas. Era humo, una fina capa de humo dentro de su casa.
Un miedo desolador le congelo la sangre, se vio a si mismo corriendo como un poseso por las escaleras, con una película de sudor en el cuerpo, podía sentir cada musculo tensarse y lastimarlo, el pulso cardiaco acelerado. Adrenalina y horror.
Cuando llego al segundo piso la cortina de humo inescrutable un negro cenizo cubria todo mientras un enardecido fuego se abria paso violentamente, el color magma era abrazador. Podía sentir al fuego entrar en sus pulmones y quemarlo por dentro, el azufre le intoxico la vida.
Corrió hasta que las piernas le dolieron, corrió escapando del fuego, algunas cosas explotaron dentro de los cuartos, derrumbando las paredes sentía como las venas ervian con la sangre burbujeando por huir.
Intento gritar, intento correr, intento creer que nada de eso estaba pasándole.
Intento llorar, y lo logro, lloro hasta que sus lagrimas ebullian rodeadas de fuego. Las escaleras entorpecieron su paso. La casa era víctima de un cataclismo interno, parecía escupir el fuego. Edward resbalo y fue alcanzado por una biga en llamas que le aplasto las costillas, lanzo un grito que fracciono el aire en millones de partes. Escupió sangre a borbotones que hacían más malsana la escena, la biga en llamas quemo y fundió la ropa con la piel.
No, no podía seguir, se resigno a su fin, el fuego lo alcanzo en un mortífero abrazo.
Todo el cabello se le quemo, ampollas horrendas nacieron de su piel, toda su cabeza quedo como una masa palpitante de carne quemada y sangrante.
Casi todo su cuerpo quemado. Toda su vida frente a sus ojos.
Cayo desmayado por el dolor, no se iba a salvar.
Gritos interminables de los vecinos eran audibles, gente corría histeria, alguien llamo a los bomberos. Pero llegarían tarde.
-¿cariño?- una mujer en una sedosa bata blanca salió de su casa por el alboroto que fuera de ella, sus ojos era de un hermoso color miel de tés blanca y cabello castaño muy claro, tenía un pronunciado vientre debía tener cumplidos los nueve meses de embarazo, intentaba despertar a su marido que estaba leyendo en la sala, ya iba siendo hora de irse a conciliar el sueño.- ¡dios mío!- grito ella escandalizada y cubriéndose la boca con la mano derecha.
Algunas lágrimas escapan de sus ojos, la casa de enfrente estaba prendida en llamas. Unas llamaradas tan imponentes que asustarían a las fuerte de los hombres.
Su esposo fue a su llamado, contemplando la horrible escena con su mujer.
Ella estaba temblando mientras veía todo acontecer, su esposo intento controlarla en vano.
La casa de los Marion quedo hecha simple ceniza negra y fría en el suelo, algunas vigas de madera quedaron congeladas en el tiempo, donde permanecerían paralizadas.
Los padres de Edward, llegaron a su inexistente casa, dicen que la madre enloqueció al ver el estado de la morada y saber que su hijo estaba dentro al ver a Nataniel Johnson llorando histérico y sin lucidez alguna en el pavimento junto con su hermana que hipaba entre sollozos.
El padre dejo su mente en blanco mientras lagrimas saldas e imposibles salían fuera de control de sus orbes grises.
El funeral fue el más grande registrado en Peach Creek, cientos de vecinos y niños presentes, la madre cuyo cabello negro y ondeando caía como cascada sobre la tumba simbólica del muchacho estaba irreconocible, era una mujer fuerte, pero su alma se había quebrado. El padre aun no salía de una extraña ensoñación, que todos dicen lo llevo al colapso luego de pasar diez años tratando de descubrir con técnicas ocultistas como traer a su pequeño a la vida.
Las cenizas fueron esparcidas en el rio de Peach por alguna razón rebosaba de agua, magnifica y azul.
Terminaron en el mismo sanatorio mental. La impotencia de saberse alejados cuando su hijo más los necesitaba, el temor de no haber estado allí. Las últimas palabras de la madre antes de caer muerta encima de un piano en el sanatorio Mental Santa María fueron; Te amamos Edward. Solo tres años después del acontecimiento.
Muerta por tristeza.
Edward Elliot Marion. 27 de Julio de 1984.
-ooo-
-entonces, ¿Cómo dijiste que te llamabas?- pregunto un muchacho de jeans desteñidos y camiseta amarilla. Estaba respaldado por un bruto grandulon de chaleco verde y expresión amable.
El muchacho de gorro negro, camisa roja y pantalones morados solo lo vio con apremio, era nuevo en el vecindario, su rostro era amable y su figura endeble. Muy pálido y al parecer débil, sin ningún tipo de fortaleza, no ellas murieron junto con sus lagrimas en sus ahogados gritos de auxilio. Guardaba las cicatrices de su cráneo celosamente escondidas bajo un gorro que imitaba su cabello. El no sabia como se las avia hecho. Pero en fin.
-no lo dije, me tomaste por sorpresa- su voz era casi adorable. Podías sentir su gran intelecto fluir era un muchacho educado. Perfecto.
Perfecto.
Como nunca pudo ser en la otra vida.
-Soy Edward.-
-¡igual yo!- canturreo el grandulón tras del mas pequeño. Sumamente feliz.
-y yo.- sentencio el más pequeño, mirándolo de reojo.
-¡tengamos apodos!- el de camiseta roja lo miro con una ceja arqueada. Apenas se conocían, pero se veían agradables.
Llegas tarde.
Escucho de nuevo en su mente, solo vio como el menor de los tres le sonreía morbosamente. Como si supiera que pensaba.
-Dime Eddy.-
-¡a mi…! Eh…eh…¡ED! – luego soltó una carcajada.
-¿y tu samaritano?- pregunto el recién nombrado Eddy.
El muchacho delgado se quedo expectante…un nombre burbujeaba en su garganta, no sabía porque…pero quería decirlo.
-llámame…doble D-
-hmp. Tiene estilo.-
Perdonnnnnnnnnnnnn por la tardanza otra vez. xD ¡dejen comentarios gente animenme a escribir!
