Título: CUATRO ELEMENTOS

Autora: Clumsykitty

Fandom: Universo Marvel entre Thor y un poco de Avengers, muy poco.

Parejas: muchas pero siempre Thorki.

Disclaimer: Nada me pertenece aunque muera por ellos, todo es de Marvel y Mr. Lee entre otros, lo único mío es esta idea mía convertida en historia. Dicho está.

Warnings: De nuevo tomándome licencias y aportando más ideas atropelladas pero creadas con el más sincero cariño. Los nombres que aquí aparecen están retomados de sus originales históricos sin relación alguna con éstos. Como siempre, habrá situaciones agridulces o desagradables. Sobre aviso no hay engaño.

Gracias por leerme.

Aproximaciones de rangos

Konnungr supremo = rey

Konnungr de tribu = virrey

Jarl de tribu = príncipe

Jarl = general/comandante

Hauldr = capitán/teniente


"Si comienza uno con certezas, terminará con dudas; más si se acepta empezar con dudas, llegará a terminar con certezas." Sir Francis Bacon

"Es menos malo agitarse en la duda que descansar en el error." Alessandro Manzoni

"La duda es uno de los nombres de la inteligencia." Jorge Luis Borges


PRIMERA PARTE: TIERRA

Capítulo 6. Un horizonte lleno de cambios.

El viento soplaba frío como de costumbre pero más impredecible, pronto llegarían los Messeri del verano y la temperatura sería más gentil con los habitantes de aquel mundo. El paso por los valles rocosos había tomado más tiempo del planeado por el número de trineos que los lobos tiraban cargados de los víveres de la tribu. Sin embargo, el retraso era una cuestión sin importancia, llevaban buen ritmo gracias al trote de sus gruesos caballos a los que descansaron en una meseta amplia una vez que todos les alcanzaron. Pronto armaron las tiendas y las fogatas con que cocinar los alimentos. El Konnungr Anund consideró oportuno hacer una caza aunque tuvieran suficientes provisiones todavía, no quería correr riesgos más adelante en caso de que los Devoradores o las bestias de hielo hubiesen acabado con sus presas más adelante.

-Cazar, extrañaba cazar –murmuró Aune preparándose.

-Recuerda que lo haremos con los nuevos Jarls de Nerike –apuntó Aunend.

-Ya, ya. Prometo dejarles algo.

-¿Estará también Kodran? –quiso saber Jorund atándose sus largas trenzas entre cabellos sueltos con tiras de piel.

-¿Te gusta? –rió Aune, recibiendo un codazo.

-Idiota. Es una maldita roca, si hemos intercambiado tantas palabras como los dedos de mi mano, será todo un milagro de los Cuatro.

-Entonces te gusta.

-Por supuesto que no. Yo no me inclino por hombres tan serios.

-Ni por mujeres tan habladoras –bromeó Aunend también recibiendo un codazo.

-Pero Kodran si tiene interés en alguien.

-¿Qué? –los mellizos abrieron sus ojos, sorprendidos.

-Están ciegos como un Rascador.

Jorund giró su rostro apuntando con su barbilla hacia Serrure no lejos de ellos, ajeno a la conversación, terminando de ajustar su montura. También iría a la caza.

-No hablas en serio, hermana Jorund.

-Soy seria en esto, Aunend. Ya lo he atrapado observándole desde que salimos de la cueva.

-Kodran no puede estar interesado en nuestro hermanito –gruñó Aune con celos sobreprotectores- También perdió a su prometida en el Paso del Cuerno junto a su padre.

-Pero no eligió el negro, ¿o sí?

-Y dijiste que es una maldita roca, hermana. Su dolor puede manifestarse de otra forma.

-¿Qué tanto pelean? –el ojiverde se acercó a ellos con una sonrisa- Espero no sea de nuevo por las monturas.

-Aune comenzó –acusó Jorund sonriendo- ¿Estás listo, hermanito?

-¿Haremos apuestas?

-Claro –Aunend rodeó sus hombros con un brazo- Aquel que cace menos que los demás, va a cepillar el caballo de todos por una semana.

-Ve preparando tus cepillos –rió Serrure.

-Estás muy bromista hoy, hermanito.

-Bueno, vamos o padre se quejará de que hacemos esperar a los Jarls de Nerike –bufó Aune, mirando al ojiverde- No te alejes mucho de mí.

Aquél arqueó una ceja, riendo divertido. -¿Puedo saber la razón? Ya hemos cazado antes, por si tu memoria te falla.

-No confío en la puntería de los Nerike.

-Evadí púas de Devoradores, ¿no me crees capaz de evadir una lanza de cazador?

-¡Vámonos! –llamó a lo lejos Ingjlad.

-Solo hazlo.

Los jinetes salieron a toda prisa, uniéndoseles los Jarls de Nerike entre los que cabalgaba Kodran a quien Aune le dedicó una mirada a escondidas del resto. Bajaron de la meseta en dirección hacia una llanura con rocas salientes donde crecían arbustos de ramas retorcidas, hogar de felinos pero también de los Karbas, criaturas de seis patas que corrían a gran velocidad en distancias cortas y saltaban varios metros sin necesidad de impulso. Su carne era jugosa, nutritiva para los más pequeños y su piel servía para las cuerdas de arcos o protecciones de escudos. Lo difícil era atraparlos, tan huidizos como agresivos, una vez que los hacían salir de sus madrigueras la carrera por alcanzarles era cuestión de estrategia más que de fuerza. Un caballo podía agotarse antes de igualar su carrera, un mal movimiento y recibirían una mordida ponzoñosa. Serrure recordó sus primeras cacerías con esas criaturas, había terminado con las marcas de sus colmillos en un muslo sin poder caminar en días. Azuzó su caballo preparando su lanza mientras su hermano mayor disparaba la flecha con humo de raíces secas que los ahuyentaría de sus escondites.

-¡Los Cuatro nos bendicen! –gritó uno de los Jarls al ver la cantidad de Karbas que salieron del suelo.

Se dividieron en parejas, la forma más rápida de abarcar el mayor número posible de presas. Aune con Serrure persiguieron a cinco de las criaturas, derribando a dos con sus lanzas que retomaron para buscar a las otras tres. La guerrera atrapó dos en un solo tiro pero el último echó a correr al saltar por encima del ojiverde quien maldijo, separándose para ir a toda carrera tras él. No estaba dispuesto a perder sus trofeos menos cuando tenían una apuesta. Quería ver a Aunend cepillando su yegua. Apretó sus piernas contra los costados del equino levantándose ligeramente de su montura entrecerrando sus ojos para medir la distancia, el viento y el zigzag del Karba. Con un arco veloz, lanzó su arma que voló a lo alto por el cielo nublado, cayendo justo en el pecho del animal que se deslizó por la nieve dejando un rastro de sangre. Mostrando una sonrisa de oreja a oreja, bajó el manto de su rostro, resoplando al jalar aire por la carrera, mientras Nube de Verano trotaba alegre hacia la criatura para sacar la lanza de su cuerpo en un solo movimiento.

-Excelente tiro.

Levantó su mirada al escuchar a Kodran hablarle. Apenas si le había visto desde el incidente, mucho menos hablado, casi siempre se dirigía a su padre cuando el ojiverde acompañaba a Anund en sus reuniones.

-Gracias, Jarl Kodran.

Miró a todos lados al sentir el escrutinio del guerrero quien no se movió de su sitio, con su caballo de color blanco con manchas marrones tan serio como su jinete. Sus dedos bailotearon alrededor del mango de su lanza.

-Le deseo buena caza –dijo algo desconcertado, tomando su manto para cubrir su rostro y volver a la acción.

Serrure frunció su ceño al no entender el gesto del Jarl a quien dejó atrás. Ese pensamiento se iría en cuanto fijara su atención en los siguientes Karbas a los que alcanzó con su lanza, en un solo golpe atrapando a tres frondosos animales. El resto de las criaturas fueron dejadas en paz, nunca cazaban las hembras preñadas o los más jóvenes. Sacudió su lanza de la sangre alcanzando a escuchar un gruñido de parte de su hermana Aune.

-¿Qué sucede?

-¿Ah? Nada, hermanito –negó vigorosamente la guerrera- Me parece que Ingjlad nos aventajó esta vez, pero sin duda Jorund y Aunend van a cepillar nuestros caballos.

-Lo prometido es una deuda de honor –sonrió malicioso el ojiverde.

-Los Jarls de Nerike no cazan tan mal, debo aceptar. Habrá mucha comida, si seguimos cazando así llegaremos redondos a nuestro destino.

-Con tu estómago lo dudo –rió Serrure sintiendo que alguien le observaba, desvió su mirada encontrándose con los ojos grises de Kodran. Pasó saliva, incómodo por la fuerza con que le observaba. Tiró las riendas de su caballo para darle la espalda- Es hora de regresar.

-Cae el sol. Vamos, hermanito. Por cierto, ¿qué te dijo Jarl Kodran?

-¿Decirme?

-Serrure…

-Ah, te refieres cuando nos topamos por allá… nada en particular, me felicitó.

-¿Nada más? –Aune le miraba con ojos entrecerrados.

-Eso fue todo, ¿qué sucede?

-No me agrada Kodran.

-Padre dice que es de los mejores guerreros, le has visto entrenar con Ingjlad, tiene habilidades como pocos. Es hijo de Adils, Aullido de la Montaña.

-¿Por qué estás defendiéndolo?

-¡No lo defiendo! –gruñó el ojiverde- Solamente no quiero que vayas a comenzar una pelea porque no te agrada Jarl Kodran. No tienes motivos más que tus propios disgustos y eso puede llevarte a una riña donde lejos de ganar, todos perderemos, crearás rencillas entre la gente.

-… me has dejado sin palabras –sonrió Aune- Tienes el talento de un consejero anciano.

-¿No vas a pelear, verdad? Quiero tu palabra, hermana.

La cazadora le despeinó riendo. –Tranquilo, hermanito. Seguiré tu consejo, pero de todos modos me sigue disgustando Kodran.

Serrure suspiró aliviado, ayudando con las presas que llevaron en sus caballos hacia el campamento donde fueron recibidos efusivamente al ver todo lo que habían conseguido.

-No hay madre más feliz que yo –saludó Yngla- Pero seré más feliz si se dan un baño, apestan a Karba y no comerán en mi mesa con las ropas sucias.

Haciendo gestos absurdos, todos sus hijos bajaron de los caballos para retirarse a sus tiendas y asearse. Serrure se cambió rápidamente, disfrutando del agua caliente que ya le habían dejado sobre un fuego tibio dentro de su tienda. Había guardado un par de garras de Karba que obsequió a Haki quien no había asistido por ser demasiado joven.

-¡Gracias, hermanito! Me han dicho que tu lanza asombró a los de Nerike.

-¿Dónde escuchaste eso? Espero que Yvar no ande inventándose historias.

-Lo oí de un Jarl de Kodran, le estaba diciendo que tienes la habilidad digna de una leyenda.

-Mm –la mención del guerrero trajo de nuevo ese desasosiego en el ojiverde- Debemos apurarnos o madre…

-¡Serrure! ¡Haki!

-Demasiado tarde –se carcajeó el adolescente.

Entraron a la tienda amplia donde Anund invitaba a Kodran y sus cazadores a tomar asiento alrededor de la mesa baja con un hueco al centro en el cual estaba encendida una fogata discreta. Los platillos estaban servidos y las botas de miel fermentada esperaban ser vaciadas. Serrure tomó su lugar, entre Jorund y Haki escuchando los comentarios de los Jarls de Nerike sobre la caza. La comida fue amena, a pesar de la seriedad de los otros frente a las bromas discretas de sus hermanas y hermanos. Serrure mantuvo su mirada en su plato, en los rostros de sus hermanos o el de sus padres sin ver a otro punto ni a nadie más. Quería evitar a Kodran. Se preguntó si acaso deliberadamente había ocultado la verdad sobre lo ocurrido aquella noche fatal con el fin de atraparle usando la magia a campo abierto. Algo muy bajo para un guerrero de estirpe como él. Además se le conocía por ser agresivamente directo, no se andaría con esa clase de rodeos. Terminada la reunión, se fueron retirando a sus deberes por el resto de la tarde. Cuando el ojiverde hizo lo mismo, Anund le llamó.

-Hay algo que debo decirte.

Extrañado, se quedó en la mesa hasta que todos se hubieran marchado. El Konnungr se sirvió un cuenco de miel y Serrure sintió un nudo en el estómago.

-¿Padre?

-Kodran ha preguntado por ti.

-¿Q-Qué es lo que ha preguntado? –era una pregunta estúpida porque sabía la respuesta, más necesitaba confirmarlo.

-Hasta cuando dejarás el luto.

El ojiverde se quedó mortalmente serio y callado. Se le había ocurrido esa posibilidad durante el banquete cuando uno de los Jarls de Nerike había mencionado que una lanza como la suya sin duda sería una bendición entre ellos, pero la había desechado tan pronto como se le había ocurrido. Jamás creyó que pudiera atraer la atención de un guerrero tan formal y seguidor de las tradiciones como Kodran. Además había sabido de su prometida fallecida en el Paso, era casi imposible.

-… y-y –la voz le tembló- ¿Qué le respondiste?

-Que yo no gobierno en tu corazón.

-Padre… –Serrure sintió de pronto un enorme peso sobre los hombros, Anund jamás le obligaría a hacer algo en contra de su voluntad aunque eso significara la ruptura con su propio pueblo, algo que por otro lado, el ojiverde ni siquiera podía imaginar. No luego de todo lo que su padre había hecho por él.

-Por supuesto, quise saber por qué estaba eligiéndote. Respondió simplemente que te quiere a su lado.

Los hombros de Serrure cayeron. –Yo no… es que…

Una mano gentil levantó su mentón. –Como le dije a Kodran, yo no gobierno en tu corazón, hijo mío. Tanto él como yo respetaremos tus decisiones.

-Pero es Kodran, hijo único de Adils, Aullido de la Montaña, el antiguo líder del Pueblo de los Cuatro. Si elige como pareja a uno de los hijos de Anund Colmillo de Hielo, no solo está uniendo a todas las tribus, está formando un lazo permanente de sangre, hermandad y tierra –soltó a modo de discurso el ojiverde.

-Hay ocasiones como ésta en que desearía que no fueses tan inteligente.

-Padre… -Serrure dejó caer su frente sobre el ancho hombro de Anund- Yo no conozco a Kodran, apenas si he dejado atrás Svealand, no sé qué hacer. No quiero romper la frágil estabilidad de nuestro pueblo, ni hacerte daño con mis decisiones.

-¿Y crees que yo estaré feliz de verte sufrir para que los demás duerman tranquilos?

-Esto es más difícil que enfrentarse a un Devorador de Sombras.

El Konnungr sonrió besando sus cabellos que luego acarició. –Esto será lo que haremos: le diré a Kodran que aún no estás listo para elegir los colores, pero que aceptas de buen grado su compañía hasta que lleguemos a Nerike. Si la tribu de Svealand los ve con buenos ojos igual que los de Nerike, solo entonces hablaremos de cosas más serias. Creo que eso nos dará tiempo a ambos de ver bien todo el panorama. Y quien sabe, algo más puede suceder durante el trayecto.

-No más sorpresas, la última casi me cuesta la vida.

Ambos rieron quedándose así unos minutos. Serrure estaba más preocupado de lo que pudiera aceptar frente a su padre. La palabra de honor de Kodran era acero puro. Si estaba eligiéndole solamente un milagro lo iba a hacer cambiar de opinión. O la muerte, pero no podía desearle eso al único heredero de Adils.

-¿Estás mejor?

-Sí, padre –el ojiverde se separó mirándole- Gracias por la tregua.

-Aune siempre te acompañará cuando estés con Kodran.

-Padre, no hagas eso. Lo va a matar.

-Bueno, no le faltarán argumentos.

-¡Padre!

Anund rió besando su sien. –Anda, tienes cosas que hacer.

Las piernas le temblaron a Serrure cuando salió de la tienda. No era que fuese a tomar a su yegua y huir tan lejos como pudiera, pero no sabía cómo iba a manejar aquella situación. Cuando Asgeir comenzó a cortejarle, las cosas habían sido muy distintas. Le agradaba su personalidad y la fuerza de su espíritu guerrero, le conocía por ser amigo de su hermano mayor sin contar los acercamientos que habían tenido. Todo había fluido igual que el agua en un riachuelo. Kodran era un camino empedrado lleno de trampas. Se retiró a su tienda unos momentos para recobrar las fuerzas, debía mantenerse ecuánime o Aune le sacaría los ojos al guerrero. Al menos le consolaba saber que no estaría solo, eso le hubiera provocado un ataque de pánico, porque eran comunes en un cortejo los acercamientos íntimos. Eso estaba fuera de discusión. Afortunadamente había demasiadas cosas que hacer en el campamento con dos tribus unidas, no se topó ni vio a Kodran sino hasta el día siguiente antes del desayuno cuando le llamó.

-Jarl Kodran –devolvió el saludo sin mirarle. Le costaba demasiado poder verle a los ojos.

-Konnungr Anund me ha comunicado sus órdenes. Estoy de acuerdo.

-Gracias –musitó no muy seguro de que no era un reclamo.

-Caminemos juntos hacia la tienda.

Kodran no hacía muchas preguntas, en su lugar más bien daba órdenes o afirmaba con imponente firmeza. Serrure caminó a su lado en silencio con las manos inquietas a los costados que luego escondió tras su espalda para impedir que el guerrero fuese a tocarle. No estaba seguro de cómo acostumbraban en Nerike los cortejos, aunque eran tribus hermanas sus tradiciones tenían variaciones como lo había observado en la cueva.

-Espero que su gente haya encontrado consuelo con esta jornada –dijo cortando el silencio entre ellos.

-Lo hacen.

-El hijo de Adils es un gran cazador –alabó Serrure mirándole de reojo.

No recibió una respuesta, el guerrero miraba al frente perdido en algún pensamiento que no duró mucho, deteniéndose unos segundos para girarse al ojiverde quien tomó aire buscando con la mirada a la perdida Aune.

-Veremos varias lunas llenas antes de llegar a Nerike. En cada una de ellas te entregaré una prueba.

-¿Prueba? –Serrure le miró confundido.

-Un testimonio.

Antes de que hubiera una pregunta al respecto, Ingjlad les encontró llamándoles a la tienda. Serrure caminó más aprisa saludando a su hermano mayor antes de entrar, confundido. Se acercó a su madre, inquieto por lo que le había dicho Kodran.

-Madre, ¿qué sabes de las pruebas de luna llena?

-¿Pruebas de luna llena? –Yngla parpadeó negando- No había escuchado algo así.

-Ah, las pruebas –uno de los sabios ancianos les alcanzó a oír- Vaya, pero ¿quién hace semejante rito?

-¿Por qué, sabio guía? –preguntó el ojiverde.

-Son testimonios de alto valor y tradición, pocas veces realizadas por su dificultad. Se cuenta que las realizaban los Padres de la Eterna Primavera cuando los campos eran verdes y no blancos, como muestra de su cariño. ¿Quién va intentar tal hazaña, mi joven Serrure?

Yngla le miró atenta como el anciano, lo que le provocó otro nudo en el estómago. –Jarl Kodran… me ha dicho…

-¿Kodran hará las pruebas de luna llena? –casi gritó su madre.

-Ssshh, madre.

El anciano les dedicó una mirada sin comprender qué sucedía. Yngla se volvió a él con una reverencia. –Sabio guía, tú como el resto de nuestra gente debe saber que Jarl Kodran ha pedido al padre de Serrure permiso para cortejarle.

-Con pruebas de la luna llena.

El ojiverde deseó que pararan de repetir aquella frase que era un golpe a su atribulada mente. No hubo más comentarios en tanto les fue servido el desayuno. Aune llegó tarde, disculpándose con Anund por su retraso, había dedicado toda la mañana en hacerse una lanza más corta y ligera.

-¿Para qué quieres algo así? –Vanlandi arqueó sus cejas.

-Se puede necesitar en alguna situación inesperada –la guerrera miró a su hermano menor que pasó saliva. Aquello iba de mal en peor.

Afortunadamente para Serrure no volvió a toparse con Kodran en todo el día, era lo que menos deseaba ahora que había escuchado de los mentados testimonios de cortejo, queriendo maldecir de todo corazón a esos ancestros pero arrepintiéndose enseguida. La caravana retomó su viaje por la larga vereda camino a uno de los primeros valles que encontrarían, lleno de arcos de hielo y puentes de roca tallada que generaciones de cazadores del Pueblo de los Cuatro hicieran en antaño.

-Estás más callado de lo usual, hermanito –le habló Ingjlad alcanzándole en su caballo- ¿Tiene que ver con el asunto de Kodran?

-Ya todos lo saben, por lo que me consta.

-Debes preguntarte cómo puede ser cuando su prometida no hace mucho perdió la vida en el Paso del Cuerno.

-Entre otras cosas.

-Uno de sus Jarls me ha comentado al respecto. Aparentemente, era más un compromiso hecho a base de una deuda que una verdadera unión.

Eso hizo bufar a Serrure por la ironía inversa en su caso. -¿Qué piensas de Kodran, hermano mayor?

-Es duro, con un alto honor. Sus habilidades como cazador y guerrero son envidiables no digamos la lealtad que su pueblo le profesa, cuando recupere su confianza como líder será un gran Konnungr.

-Lo admiras.

-Lo respeto –Ingjlad le miró- Es diferente, hermanito. También me tomó por sorpresa que pusiera sus ojos en ti.

-¿Te comentó madre sobre lo que piensa hacer?

-Sí. Me gustaría preguntarle la razón pero sería poner en duda sus elecciones.

-Y elegir es un tesoro sagrado.

-¿Estás bien, Serrure? –la mano del mayor se posó sobre la suya en la montura- Si todo esto no es de tu agrado, puedo…

-No, no –le detuvo el ojiverde mirándole- No retarás a Kodran por mí.

-Eres un guerrero de Alma de Agua, hermanito. Puedes abrirte paso entre las dificultades, pero no olvides que tu familia te respalda.

-Lo sé, imposible olvidarlo, hermano Ingjlad. Gracias por tus palabras.

Éste le sonrió acariciando su mejilla. –Además, quien sabe y con suerte las pruebas fallen.

-Ingjlad…

Cuando llegaron al punto de descanso, una luna llena les permitió ver todo el panorama al pie de la montaña bien protegidos en los flancos por la cadena de roca que corría hasta perderse en el horizonte. Serrure miró hacia el cielo. La primera luna llena. Ya se había dado cuenta del cambio en la gente de Nerike en cuanto la noticia de su cortejo fue asunto público. Su mano izquierda había sido tomada tantas veces que había perdido la cuenta, siempre con reverencia antes de ser besada por los nudillos y luego el dorso, un gesto de Nerike que significaba reconocimiento y aceptación. Algunos le observaban con más curiosidad que otra cosa y otros como si ya le consideraran la pareja de su Jarl. No le había mentido a su padre al decirle que un rechazo iba a crear toda una guerra de tribus, hecho que no iba a motivar costara lo que costara.