7. ¿Estás seguro que puedes ser sensei? I

―Quédate quieto, Naru-chan ―casi que le suplica Teuchi.

―¡Pe-ro me estangula! ―dice el rubio, haciendo un puchero y queriendo escapar de las manos de su padre.

El Ichiraku le pone las manos en los hombros y lo empuja un poco hacia abajo, como diciéndole: "¡quédate aquí!". Además de eso, da un gruñido. Naruto abre mucho los ojos, asustado. Ayame le ha dicho lo que ese sonido significa: "estás a punto de ganarte un castigo"; por lo que Naruto se cruza los brazos, se queda quieto y se deja estrangular por la gruesa bufanda café que Teuchi le está anudando a su cuello.

El otoño se ha llevado casi todas las hojas de los árboles. El invierno se está acercando. Según el viento frío en las calles, parece que va a ser uno de los fuertes. Por eso, Teuchi ya había alistado la poca ropa de invierno que le había llevado Kaede, además de haber escogido algunas de colores neutrales que Aya-chan ya había dejado.

¡Gracias a kami por su necedad de guardar de todo! Esa ropa antigua de Ayame le ha servido mucho con Naruto. Que su niña no fuera de las que le encantaban los vestidos y el rosa, también. Aunque claro que ha estado ahorrando un poco de las utilidades del día, porque sabe que Naruto no necesita solo ropa.

Sabe que el que sus niños entren a la Academia ninja le supone una gran inversión. No en colegiatura, que la Academia ninja es financiada por la oficina del Hokage, si no en utensilios. Y en ropa. Sin embargo, no por eso va a ser tacaño con sus niños. ¡Les va a dar de lo mejor! Si eso les ayudará a ser mejores ninjas y, por lo tanto, sobrevivir en ese mundo de las misiones, que así sea.

"Espero que no te importe que tome el ahorro de tu pensión para estas cosas, Sora-chan" piensa Teuchi en el camino a la escuela básica, con Aya-chan en una mano y Naru-chan en la otra. Los niños hablan entre sí de lo tanto que el rubio le hubiera gustado tener que dejar la escuela para entrenar para ninja, como Ayame iba a hacer al final de esa semana.

―No te preocupes, Naru-chan. Te enseñaré algo nuevo de lo que me enseñe mi sensei, cada día.

―¿En serio?

―¡En serio!

Naruto empieza a brincar y dar gritos de emoción por tener la mejor hermana del mundo.

―¡Porque tengo al mejor otuoto del mundo! ―grita Ayame. Y suelta a su padre para dar la vuelta, abrazar, brincar y dar grititos con Naruto.

Teuchi se siente sonreír y mucho. Todo, todo lo que tengan que hacer en serio que vale la pena. Sus dos hijos… Simplemente se hacían más felices estando juntos.

Él se acerca por detrás y les da unas palmadas sorpresivas en sus espaldas. Los dos respingan y le gritan a su tou-chan por tramposo, pero todo entre risas.

―¡Brinquen avanzando, que vamos tarde! ¡Vamos, vamos, vamos! ¡Que tengo que ir a escoger sus senseis!

―Ooooh, ―dice Naruto, mientras él y Ayame brincan hacia la escuela básica, frente a la Academia civil en donde estudiaban―. ¡Que yo también tend-dré sensei ninja! ―grita de la nada a una mujer que está escogiendo entre dos verduras aparentemente iguales de un puesto callejero.

La señora da un respingo y le mira sin saber qué decir. Teuchi le grita un "shhhh" a Naruto, dirige su rostro a la señora como diciendo: "cosas de niños" y lo alza para sentarlo en su antebrazo.

―Que es alto secreto, shhh ―le susurra él a su oído―. Pero primero, tendrán que pasar mis pruebas.

Naruto abre los ojos grandes, y le devuelve el gesto del dedo sobre la boca, mientras ríen con una carcajada "diabólica" entre ellos. Ayame solo niega divertida, toma la mano de su padre y la familia sigue caminando. Teuchi cambia de tema a hablar sobre el puesto de comida que tendrán para el festival Rinne de ese año y Naruto vuelve a gritar, pero esta vez haciendo preguntas sobre ese tal festival.

El viento es frío y el día está más o menos sombrío mientras pasan por esa calle del mercado. Sin embargo, esa escandalosa y alegre familia no pasa desapercibida y, varias personas, se sienten alegres solo por verles.

-o-

Sin embargo, la persona que estuvo esperando por ellos esa mañana en el mercado, y los había estado siguiendo para conocerlos en algo los anteriores días, no estaba nada impresionada en lo más mínimo. Mikoto Uchiha no puede creer lo tan abierto que es ese tal Teuchi Ichiraku. ¿Hablar de que sus hijos van a tener senseis personales, en media calle, así como así? ¿¡Decirle a Naruto, un chico de cuatro años que, simplemente, no puede guardarse nada, sobre ello!? ¿Qué es lo que seguía, decirle al chico sobre el kyubi dentro de él?

―Haha, haha ―la saca de su ensimismamiento su hijo, Sasuke―. Éstas están bien, ¿cierto?

Su hijo le enseñaba unas peras en sus manos, los ojos negros y hermosos esperando por su aprobación. Mikoto le mira, aún aumentando su oído en la dirección de la familia para oírlos hablar de ramen. Un tema en los que, al parecer, todos eran obsesivamente expertos.

―Claro que sí, Sasu-chan. ¡Son perfectas! ¡Muy buen trabajo!

Su hijo sonríe grande, las pone cuidadosamente en la canasta que su madre había dejado en el suelo, y se dirige a otro estante. Sin embargo, no llega a elegir nada, pues Mikoto le coge de la mano y empieza a caminar.

―Vamos, Sasu-chan. ¿Recuerdas que vinimos en una misión?

―¿La misión no era darnos unas pequeñas vacaciones del entrenamiento matutino, hacer algunas compras y comer en un restaurante Akimichi? ―pregunta Sasuke, con mucho cuidado en su dicción.

Mikoto le suelta la mano para acariciarle la mejilla y el cabello. "Mi hermoso príncipe". Se dice, con cierto dolor. Piensa en como su esposo había tratado a su querido Itachi. Estaban en guerra y, desde que tenía un año y medio, y había dejado ver su gran inteligencia, su esposo había iniciado con él el entrenamiento. Le había quitado su infancia y ella lo había dejado, porque había creído realmente que era mejor que estuviera listo para las dificultades de ese mundo tan violento.

… Y en ese tiempo, había dejado que su hermoso príncipe Itachi perdiera su infancia. Por miedo a un pudo ser. Por no tener la convicción de dejar ver sus pensamientos. De decirle a su esposo "¡Basta!", cuando se dio cuenta de que la presión en la que estaba su hijo ya era demasiada. ¿Y qué si ella era solo la esposa del cabeza de clan? ¡Antes de eso había sido una jonin! ¿Por qué no peleó por su niño?

En ese momento, Itachi acababa de convertirse en chunnin con solo diez años y su esposo siempre le está recordando de que tiene que ser el primer hokage Uchiha. Y su niño, ese que ni ella puede descifrar, solo asiente impasible, serio, y sigue entrenando y yendo en misiones.

Y ahora, cuando ella ha logrado que la infancia de su segundo hijo sea respetada, algo que cree que ha hecho feliz a Itachi; su esposo empieza a tratar a Sasuke con indiferencia solo porque no llega a las expectativas de desarrollo de su hermano. Aún cuando su hijo menor va adelantado en muchas áreas, jamás podría competir con el genio sin parangón de su Itachi, como parece creer Fugaku que debe hacer.

Mikoto se dio cuenta de que Sasuke empezaba a sentir esa indiferencia como rechazo. Y, desde hacía unos meses, estaba en esa fase de querer ayudar y hacer las cosas solo, para conseguir la aprobación de su padre. Y el de ella, aunque el de Mikoto ya estuviera tan asegurado como su amor.

Por eso, cuando estuvo planeando maneras de seguir ayudando a Naruto indirectamente… Puede matar a dos pájaros con solo una kunai. Mikoto va a hacer lo posible para que Sasuke, a diferencia de Itachi, separa que la vida es más que ser un ninja Uchiha.

―Esa solo era la parte uno de la misión, ¡Que hiciste excelente, por cierto! ―Sasuke sonríe muy grande, y se pega más al costado de ella―. Ahora viene la parte más difícil, mi pequeño ninja.

El chico de cuatro años la mira, y se pone muy serio y erguido. Mikoto sabe que está imitando a Itachi, y le dan ganas de sonreír con ternura, pero no lo hace por respeto a toda la dignidad que su niño muestra.

―Estoy listo para que me lo que vamos a hacer.

―Y yo estoy muy orgullosa de ser tu madre ―le dice ella, y se agacha a su altura para darle un beso y abrazo.

No le importa que Sasuke le pida que lo suelte, no porque no le guste el gesto, si no por estar avergonzado por ser mimado en media calle por su madre. Menos le importa que la gente se le quede viendo, hablando entre sí sobre qué le pasa a esa Uchiha. No es propio de ese clan ser tan abiertos en público. Además de la sorpresa, las reacciones varían desde la ternura al asco. Bien que mal, desde que se supo que el kyubi atacó bajo la influencia de un genjitsu, se incrementó el resquemor que ya se tenía contra los Uchiha por monopolizar el poder policial, poco después que se diera la traición de Madara.

Sin embargo a Mikoto no le importa, solo le da un beso a su niño y siguen su camino hacia la escuela básica junto a un sonriente, aunque avergonzado, Sasuke.

-o-

La persona que ha estado siguiendo a Mikoto es la que más siente ternura al ver esa expresión tan abierta de cariño. Pero eso no quita que no esté nada impresionado con los dotes de espía de su madre. Para ser exactos, Itachi está decepcionado.

Fue ella la que le enseñó mucho de lo que sabe sobre infiltración y el trabajo en incógnito. Así que sabe que gran parte del mismo es saber cuándo te están observando. Por eso, que pueda seguirla sin que ella se dé cuenta, no le hace gracia.

A veces, Itachi se siente triste de ver como es más hábil que muchos ninjas de más edad y experiencia que él. Y, ese día, el que haya podido seguir a su madre, solo ha sido para él otro golpe al respecto. Se siente, de nuevo, muy diferente y alejado de las personas al rededor. Desde siempre ha sido así para él…

Itachi se manda a no pensar en esas cosas. Sale del lado de un barril, y se esconde detrás de un Akimichi civil para seguir a su madre.

Sabe que ella se había estado comportando un poco extraña desde que llegara de su visita mensual a la viuda Saotome… Como preocupada. Como pensativa en resolver un problema solo de ella.

Es cuando Itachi se da cuenta que es extraño que su madre se hiciera tan amiga de la viuda Saotome desde un principio. ¿Mikoto Uchiha, una mujer práctica que hace labores de madre, de administración por ser la esposa del cabeza de clan y aún entrena por lo menos dos días a la semana; hacerse amiga de una civil adinerada que no sale de su apartamento porque ya no es tan hermosa?

Agradece a kami que tenga tiempo como para seguir a su madre en sus pesquisas de esos días. En la última misión terminó con una herida de espada en el abdomen por salvar al cliente. Una herida no tan importante, gracias al médico ninja que lo recibió en el hospital, pero que le había asegurado unos días de descanso y entrenamiento solo mental.

Aburrido de no poder hacer nada más que pensar, se da cuenta de su madre, de lo extraño de su relación con la viuda Saotome y, por pasar el tiempo, se decide a armar ese rompecabezas.

El primer día se da cuenta de que unas partes de las donaciones mensuales que su madre organiza desde poco después del ataque del kyubi, terminaban siendo donaciones personales que la viuda Saotome daba a un orfanato todos los meses. En persona. Los mismos días en que su madre iba a "visitar" a la mujer.

Itachi es un genio, y no le cuesta darse cuenta: su madre había usado a la viuda Saotome como una máscara para poder ayudar al orfanato en incógnito.

Lo que no entendía era ¿por qué?

Al día siguiente, su madre los deja al cuidado de Natsume-obaa-san, con la excusa de que debe recolectar información para el censo-presupuesto semestral del clan. El mismo que ella ya tenía casi completo desde hace unas dos semanas. Y que siempre termina en dos días, uno antes de la fecha límite, enloquecida por la cantidad de papeles aunque extrañamente divertida por eso. Es una de las pocas cosas que le sacan la adrenalina… Y faltan siete días para que sea el momento del del censo-presupuesto.

Claro que Itachi sabe que algo tiene que ver con su estratagema de la viuda Saotome. Así que, por más que Sasuke le había rogado que le enseñara algunas katas, él salió detrás de su madre.

Y se da cuenta de que ella, primero, buscó información de cierta persona y, luego, estuvo observando al puesto de comida de la misma. Sobre todo a un niño rubio, alegre, sociable y alborotador que vivía allí, junto al cocinero del puesto y su hija.

Itachi se da cuenta de que ese niño acababa de ser adoptado por el señor del puesto de comida. Así que sabe que su madre realmente había estado ayudando al niño cuando se había disfrazado de la viuda Saotome para dar donaciones al orfanato. Pero esa vez, no se pregunta ¿por qué?

Sabe que Naruto Uzumaki es especial. No sabe exactamente por qué, pero sí que los adultos sí lo saben. Ha visto como las personas se le quedan viendo, y no es por sus maneras tan estruendosas. Hay algo más ahí. Itachi frunce un poco los ojos, sintiendo una energía grande de encontrarse con algo que no entiende rápidamente. Por eso, le duele tener que dejarlo en el momento en que su madre y hermano entran a la escuela básica un par de minutos después que el rubio.

―Buenos días, ANBU-san. ¿En qué puedo ayudarle? ―dice de la nada.

El ANBU que ha estado siguiéndolo por un par de minutos, sale de las sombras y se posiciona justo a la par del niño. Muchos alrededor de la calle se quedan quietos y mirando hacia el tipo enmascarado. Aún entre los ANBU, es muy imponente. Mide varios centímetros más que dos metros, y su constitución es extremadamente musculosa. Sin embargo, Itachi solo lo mira con esa expresión impasible de él.

―El hokage le manda ir a la entrada principal del sector de entrenamiento 41, hoy a las diez de la mañana.

Y, sin más, el ANBU se va en un shunshin, viento y hojas. Los konohianos siguen su vida común después de eso.

Itachi no tiene idea del porqué el hokage estaría pidiendo por él. Sin embargo, entre eso y el misterio de su madre y su relación con el niño rubio, el cual tiene algo que es un secreto a voces entre los adultos… Su tiempo de baja por recuperación es mucho más entretenida de lo que creía.

-o-

Sector de entrenamiento 41, diez de la mañana.

Por más que Teuchi sabe que es una estupidez sentir tantos nervios y miedo por lo que va a hacer, no puede dejar de sentirlo.

Él y un kage-bunshin del sandaime hokage están en un lugar árido. Además de dos ANBU, Inoshishi, el hombre más alto y musculoso que ha sentido nunca, además de con un aura de bondad igual de grande. Y Risu, una chica más joven que Inoshishi, con un aura más fina y, a la vez, complicada. Llena de matices. Los dos son de los cinco ANBU que conocen sobre él, y de los que tienen derecho a saber su secreto junto al sandaime. Sabe que está seguro allí. Aún así, teme abrir los ojos.

Y eso que están en la nada. El sector 41 es de esos más lejanos que los asentamientos de los clanes ninja, de los más secretos. Como varios otros de ellos, está acondicionado para emular diferentes climas y terrenos. Mientras pasaban por allí, Teuchi sintió el cómo era posible ello: sellos, muchos sellos que, posiblemente, eran reactivados todo el tiempo. Teuchi imagina que sirve para el entrenamiento en ellos, pero que sean tan grandes no lo hace muy práctico. Es decir, tener un terreno árido, duro y agrietado, terriblemente caliente y apenas con algunos cactus, serpientes, reptiles, pequeños mamíferos y aves de rapiña alrededor. Sí, nada práctico. Ni siquiera las montañas, como tres pilares muy juntos al oeste que pegaba con las murallas invisibles, parecían parte del terreno original.

Cuando Teuchi se lo hace saber al kage-sandaime, intentanto hablar de algo para calmarse, éste comenta:

―Mito-sama hizo este y los otros territorios con diferentes climas y ecosistemas. A ella le encantaba la zoología, y mientras shodaime-sama traía todo tipo de especies vegetales, ella traía todo tipo de especies animales. ―el kage-bunshin del sandaime sonríe―. Realmente extraño la sonrisa que ponía cuando veía cosas como las babosas gigantes del sector 44. También, que ella se llevara tan bien con los Aburame por el amor de ambos por los bichos.

Teuchi asiente y sonríe un poco. Se manda a abrir los ojos, poco a poco, mientras trata de hablar como si estuviera con un conocido más en vez del sandaime hokage… Aunque sea un kage-bunshin.

―Entonces es cierto que ella fue la ex alumna más importante del club de zoología. En el club de cocina solo teníamos a la hermana de Arashi-sama, Aoi-sama. Una gran ninja médico que hacía las sopas más exquisitas.

… Teuchi tiene que entrecerrar los ojos. El sol no está fuerte (aunque en ese sector el calor sea terrible) pero sus ojos no están acostumbrados a la luz del sol.

Oye al kage-sandaime proferir una risilla.

―Ya veo de donde sacó Naru-chan su amor por eso de los clubes. La última vez que el original lo vio, uno de sus temas favoritos fue pensar en voz alta sobre a cuál club iba a entrar cuando llegara a la Academia ninja ―niega, sonriendo aún―. No tuvo el corazón para decirle que no existían. Creo que terminará haciéndolos, solo para no quitarle la ilusión.

Ambos ríen un poco. Teuchi se da cuenta de lo extraña que es la situación. Está riendo como si nada con un kage-bunshin del hokage, en medio de uno de los sectores de entrenamiento especiales, esperando por unos cincuenta ninjas que iban a ir allí por su pedido expreso, resguardados por dos ANBU… ¡Y con los ojos abiertos!

―Gracias por darme la oportunidad de escoger los maestros de los niños.

El kage-sandaime le mira, y no tiene resquemores en dejar ver que le interesan sus ojos. Teuchi pone una mano en su frente para hacerse sombra, y poder abrirlos más… Siente el interés en todos los presentes. No se los reprocha. Sus ojos con esclerótica negra, irises de un color verde muy brillante, con una pupila amarilla de forma entre rombo y óvalo es algo que no se ve todos los días.

―No se preocupe. Tenía que tomar esa decisión con cuidado, por la necesidad del secreto de su clan. Que usted pidiera poder usar su habilidad de lectura de aura para decidir cuáles eran las mejores opciones, es un favor que me hace. Además, confieso estar curioso por esas habilidades, y por saber qué tanto recuerda de su entrenamiento ninja.

―Eh, de nada, hokage-sama. ―y el mundo es cada vez más extraño―. Y gracias.

―De nada. Y, dado que ya le comenté mi curiosidad, espero no ser impertinente al preguntar: ¿Cómo se ve el mundo desde los ojos de un Kyuuraku, Ichiraku-san?

―Mmmm, como con brumas llenas de trasfondos de todos colores, que no evitan poder ver detrás de ellas. Y, algunas veces, también puntitos concentrados de esas brumas… ¿Cómo ve el mundo una persona que no es Kyuuraku?

―Buena pregunta. ―sonríe el kage-sandaime.

Teuchi asiente, y esperan en silencio. Él mira alrededor suyo, donde brumas y puntos de colores están por doquier, saben cómo se sienten sin necesidad de ver el chakra directamente. Por eso es consciente de serpiente a unos metros de ellos, buscando uno de los mamíferos; además de un cactus que está a rebentar de líquido. Esa sensación es algo entre tacto y oído para él. Las auras del kage-sandaime, ANBU Inoshishi y Risu son tan grandes que lo invaden y se mezclan entre sí. Y aún así, nada de eso evitaba que viera todo con lucidez si les dirigía la mirada… En verdad que debe ser muy triste no ver como Kyuuraku.

―Así que de cinco en cinco, con al menos tres metros entre sí, ¿cierto? ―reafirma Risu. Aunque claro que lo recuerda, dice eso para no mandar a los demás de que empieza esa extraña prueba.

―Por favor, Risu-dono. ―dice Teuchi, y termina haciéndole una reverencia de cabeza. Eso de poder mandar a los ANBU, nunca deja de ser extraño―. Y gracias.

Luego de eso, y sintiendo vergüenza por la lentitud y torpeza con la que hace sellos de manos, se aboca a hacer un genjitsu. Desde que el hokage le dejara a él decidir a los senseis de sus niños, había estado practicando todas las habilidades ninjas que él había aprendido y dejado de usar completamente. Esto porque sus ojos empezaron a cambiar de color y forma, y se mandó a ser "solo un civil". Han pasado varios años, y en esos días en que estuvo usando de nuevo chakra y jitsus, se da cuenta de dos cosas: es difícil recordar los sellos de manos y, más, hacerlos con ligereza. Pero su chakra, su chakra parece estar más que listo para obedecer, como un soldado feliz de poder ser de ayuda a su amo de nuevo.

Así que, cuando por fin termina de hacer los sellos, el genjitsu a su alrededor no se hace esperar. Para todos, él parece solo un ANBU más. Sin embargo, también tiene más área a la redonda bajo su control, para otra de sus pruebas.

―Interesante ―el kage-sandaime dice lo que los otros ANBU parecen estar sintiendo―. Mis sentidos me dicen que hay algo diferente, pero no sabría decir qué es si no lo hubiera visto por mí mismo.

Teuchi enrojece, y empieza a hablar rápidamente, un poco nervioso.

―Gracias, hokage-sama. Como de niño no pude aprender algún jitsu elemental pues mi chakra no había llegado a ese desarrollo, y no tenía las ganas de trabajar en el control necesario para nuestro jitsu médico; pues me aboqué a jugar con el kawarimi y los genjitsus. Mi abuela decía que mi aura era justa para lo segundo, y como siempre, tenía razón. Los genjitsus me fueron muy fáciles, y dependiendo de ellos, los puedo usar por horas… ¡Oh, aquí vienen!

Teuchi toma aire y se queda quieto. Espera que en serio parezca ser un ANBU. Acercándose a ellos, puede ver a cinco personas que siguen a Risu hasta allí. Cuando pasan por dentro de su "esfera" puede verlas realmente. Y de una vez decide.

―La segunda a la izquierda, no.

El kage-sandaime le ve en seguida.

―¿Razones, Koomori?

"¿Murciélago?" piensa Teuchi, que es el "nombre ANBU" que le ha puesto el kage-sandaime. Dado que es un hombre que puede "ver" en la oscuridad, le parece que le va, aunque no sea un animal que le haga mucha gracia. En cuanto a la pregunta que éste le hizo:

―Algo está mal en ella. ―el kage-sandaime parece insistir con su mirada―. Siento si le parezco… Mmm, discriminador. Pero esos ANBU que tienen no solo el sello en el brazo, si no también el sello dentro de la boca, tienen auras que parecen tranquilas por fuera, pero muy en el fondo están destruidas… ―Aún cuando siente una gran respuesta emocional por parte del kage-sandaime ante sus respuestas, aunque él no sabe precisar qué siente, Teuchi se mantiene en su decisión―: No, no quiero que alguno de ellos sea el sensei de los niños. Me disculpo si eso no le agrada pero, por favor, le pido que respete mi decisión y que la segunda a la izquierda no siga en la selección.

―Por supuesto. Como habíamos convenido, usted tiene la última palabra en esta selección.

―Gracias.

Mientras Risu posicionaba a los recién llegados como Teuchi había pedido, el kage-sandaime hace otro kage-bunshin que, en seguida, desaparece. El Ichiraku no sabe a cuenta de qué lo hace, pero decide centrarse en la labor que él se ha impuesto.

-o-

Itachi espera con las demás personas a que sea su turno para adentrarse al lugar. De los dos primeros grupos de cinco personas que se adentraron, solo han quedado tres. Ellos, en silencio, se han quedado cerca entre sí y parecen esperar ahí mismo por algo más. Se puede ver el misterio y el interés en esos tres ninjas por lo que está pasando. Sin embargo, lo que más le llama la atención a Itachi son la gran mayoría de los que se han ido: todos tienen el algo de genjitsu en ellos. El joven Uchiha no lo sabe precisar, pero sí que lo reconoce instintivamente. Bien que mal, el genjitsu ha sido tan fácil para él como el aprender a leer y escribir por sí mismo al rededor de los dos años…

Dos personas del tercer grupo han pasado la prueba, y también se congregan con los demás. Itachi se da cuenta de que una de ellas, con el cabello ondulado y los ojos rojos propios de los Yuuhi, también mira con interés hacia las personas que se estaban yendo. Itachi lo entiende, el kekkei genkai de los Yuuhi los hacen mucho más susceptibles al genjitsu, como a los Yamanaka.

Itachi mira al frente, hacia el alto y grueso portón por donde se puede ver el territorio plano y desierto del lugar. También ve que, aunque empieza a llover agua nieve (se recubre con un poco de chakra en algunas zonas desprotegidas, para mantener el calor corporal) esa agua parece caer y resbalar sobre una cúpula enorme e invisible sobre el sector. Tan interesado está en pesar el cómo es eso posible, que casi que no oye el: "Uchiha Itachi-san, Akado Michiko-san, Maito Gai-san y…". Como un joven musculoso y vestido en leotardo verde grita un "YOSH" enorme, no se puede oír bien el último nombre. Aún así, la ANBU Risu brinca por encima de la gran baranda, y empieza de nuevo el recorrido. Cinco personas la siguen… Así que la última sí pudo oír su nombre a pesar del grito del tal Maito Gai.

Al acercarse a su destino, siente una leve sensación de genjitsu sin saber de donde viene o quién lo tiene. Y mira hacia el hokage y dos ANBU frente a ellos, concentrado en ese elusivo fenómeno. Nunca antes había sentido algo así. Es como si el genjitsu no se escondiera, y justo por eso no fuera visible…

Se mueve a tres metros de los dos ninjas a sus lados, como se le ha pedido. El calor es enorme y, por un momento, teme que le haga daño a su piel. Se cubre con más chakra, por si acaso. Se ha dado cuenta que tener quemaduras por el sol es una gran manera de conseguir ser molestado por los demás ninjas y su equipo. Por más que su piel Uchiha sea tan proclive a ello, es muy poco…

―El del centro, por favor, deja de usar chakra ―le dice amablemente uno de los ANBU.

Itachi le mira, de nuevo sorprendido, y lo hace. El calor lo invade, como la curiosidad. Algo le dice que la persona que ha puesto el genjitsu sutil, también es la misma que ha sabido que estuvo usando chakra. Debe ser un gran ninja sensor para haber sentido tan poco chakra alrededor de su cuerpo… Interesante.

―Gracias ―dice de nuevo el ANBU, el cual parece ser el líder la situación, se gira a ver al sandaime. Éste baja su pipa y habla:

―Están aquí para ser evaluados por su carácter. Solo las personas que son más cercanos a lo que Koomori está buscando, pasarán a la siguiente parte. Los que no, se les van a borrar algunos momentos de su memoria; para que no recuerden nada sobre esta prueba. ―por supuesto que eso los conmociona. Saben que es práctica común entre operaciones S. Lo extraño es que lo hagan con chunin, en vez de con ANBU en las altas esferas―. Como deben imaginar, esto significa que está siendo considerados para una misión de rango S. La misma no es más peligrosa que una rango C, pero se espera de ustedes, si son escogidos para la misma, que mantengan el mayor secreto sobre la misma hasta nuevo aviso.

―… Y lealtad. ―dice en seguida Koomori, como si eso fuera aún más importante.

―Y lealtad ―repite el hokage―. Ahora, les pido que por favor, sigan al pie de la letra las indicaciones de Koomori.

―Gracias, hokage-sama ―el ANBU carraspea y se dirige a ellos―. Por favor, quédense en sus lugares. Hasta que les avise, recuerden a las personas que estuvieron con ustedes al crecer.

Itachi frunce el ceño, pero así lo hace. Piensa en su clan, su madre y, aunque él ha sido el que ha visto crecer a su hermano, también piensa en Sasuke. Por supuesto que también piensa en Konoha, en las personas que le han enseñado, en las personas a las que ha ayudado en las misiones, sobre todo las tipo D por alguna razón… Claro que también piensa en su padre. Aunque no siente que él le haya ayudado mucho en crecer. Solo en aprender habilidades para ser ninja. La sensación que tiene al respecto no le gusta, pero no por eso la niega. Es parte de su carácter.

… Itachi se da cuenta de que Koomori, su examinador, tiene una forma de pensamiento diferente a los ninjas que conoce. Pedir que piensen en las personas que le vieron crecer… Tener la facultad de poder examinar las relaciones con ellas, las que los hicieron las personas que son; solo con estar cerca de ellos. ¡Que ANBU más interesante y qué sensor más poderoso!

Casi nadie es consciente de lo importante de ello para entender y saber predecir a las personas. Puede que Koomori sea un Yamanaka, o Yuuhi. Uno muy poderoso entre su clan. Es que Itachi ni siquiera siente cuando su ser está siendo analizado, y dado que sabe que está pasando, su mente claro que estaría alerta a la invasión de su mente.

―Ya pueden dejar de recordar. Gracias. ―dice Koomori… Itachi no sabe si está pecando de paranoico, pero está seguro de que se la ha quedado viendo directamente. Luego, el ANBU se pone una mano bajo la quijada, sacude su cabeza, y pide―: Recuerden quedarse en sus lugares.

De la nada, aparece frente a ellos un cachorro de zorro, aunque muy grande para ser uno común. Está herido, quejándose, viéndoles como diciendo: "¡Ayúdenme!"… Y tiene nueve colas. Por más que Itachi sabe que es un genjitsu, hasta puede oler la sangre y no siente que haya pasado algo más que esa sensación de que hay algo fuera de lugar ahí.

Pero, sobre todo, siente un gran impulso de ir hacia el pequeño zorro y ayudarle. Sin embargo, se queda donde está.

El hombre que gritó al oír su nombre, Maito, vuelve a gritar algo como: "¡Yo te ayudaré, pequeño!" y va hacia el animal-genjitsu con gran velocidad. Desaparece cuando va a abrazarlo. Una de las ninjas junto a él se ríe, y también uno de los ANBU. Maito Gai solo se pone en pie y dice a Koomori.

―Es así como habría respondido, señor. ¡Las llamas de mi juventud no dejarían a un ser vivo e inocente perecer si yo puedo ayudarlo!

―Qué estupidez ―dice no tan por lo bajo uno de los ninjas examinados.

Koomori dice al tipo con voz muy fría.

―No eres apto para esta misión. Lo supe desde el inicio… Tú, el de verde, quedas dentro ―mientras el tipo que habían sido echado parece estar aguantando las ganas de gritar un par de cosas a Koomori, el que acaba de pasar sí lo empieza a hacer, por su victoria en la prueba… Itachi está seguro esa vez, el ANBU le está viendo directamente, como pensando demasiado. Al final, asiente fuerte y decide―: el chico Uchiha, también. Risu-dono, si me haces el favor.

La ANBU asiente, y le pide a las tres personas que no pasaron la prueba, que se acercaran a ella. Los lleva a medio kilómetro lejos de donde están, mientras Koomori les pide a él y a Maito Gai, que se acerquen. Ellos lo hacen.

―El hokage me ha dado permiso de decirles. Ustedes pueden decidir si seguir o no con esta selección. La misión es de clase C o D, y pedirá de ustedes varias horas cada semana, mínimo por seis meses. Además de lealtad. Eso los puede alejar de misiones lejos de Konoha o de mayor rango, con lo que eso significa para ustedes. Aún así, ¿quieren seguir con este proceso de selección?

―¡Claro que seguiré con esta juvenil selección, Koomori-san! ¡Maito Gai no se aleja de un reto, cualquiera que sea! ¡Si usted ve que las llamas de mi juventud pueden ayudar en tan seria misión, no puedo alejarme de ella! ―y el hombre le sonríe grande y le enseña el pulgar con buen ánimo.

―De acuerdo. Gracias por su… Apasionante energía ―dice Koomori. Itachi puede sentir buen humor en él ante la exuberancia de Miato. Luego, el ANBU se dirige a él―. ¿Y usted, Uchiha-san?

Itachi no sabe qué responder, ya que no tiene ninguna idea real de en lo que se está metiendo… Y eso es lo que le hace decidirse.

―Yo también seguiré, Koomori-san.

Unos pocos minutos después, él y Maito se reúnen con los cinco que ya habían sido escogidos. Sin embargo, esta vez no es en silencio. Maito hace que empiece una conversación entre ellos. No sobre la misión en sí, que nadie sabe cuál es, si no sobre "el juvenil día que hace" y la "juvenil llama siempre presente en Konoha"… Y otras cosas por el estilo.

Hasta Maito y su extraño entusiasmo le hace sentir alegría a Itachi. Ese día sigue siendo cada vez más interesante para el genio Uchiha. Ha estado lleno de misterios por doquier, algo que es poco común para él, que todo lo entiende al instante. Lo que más le gusta es que en ellos no hay un sentimiento real de peligro. Por eso, se está divirtiendo mucho.

¡Es como si fuera un niño civil de diez años jugando a los rompecabezas!

OoOoO

Si quieren saber cuál es uno de los clanes de Uzushio, vean el review falso. Si quieren saber cuál es el kekkei genkai que les inventé a los Yuuhi, hagan review y se los diré en el replay.

Espero sus comentarios y feliz año nuevo!