Hola, hola, Luna de Acero reportándose. Yyyy al finnnnn! Terminé el cap, me costó bastante, iba a ser más largo pero lo corté, porque no, no iba a quedar como quería, así que dejamos la pelea y la acción para después, se vienen grandes revelaciones, grandes! Aunque ya hubo un par por aquí. Y antes que nada, ONEGAIIII, perdón por la demora en actualizar, no es propio de mí, prometo que tendrán la actu cada tres días, esta vez palabra que cumplo. Muchas gracias a todos los que siguen la historia, sé que no es un temática que vuelva loooocos a todos, pero la disfruto muchísimo, me comentan en sus reviews que les pareció el cap? Los adoro.

Disclaimer: Los personajes y sus derechos son de propiedad intelectual de Isayama Hajime.

Advertencia: Angs, feels incómodos, nada más.

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"Personalmente yo creía en la reencarnación,

pero eso era en una vida anterior"

Paul Krassner

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Sigillum Septimun: Karma

"Corría alegremente levantando las enaguas, los pies descalzos sobre la hierba verde y tersa, le hacía cosquillas en las plantas de los pies, el viento arremolinaba su cabello dorado y sedoso. Los labios curvados hacia arriba y las burbujeantes risas brotando como un manantial fresco.

-: ¡Erika!

La chica se escondió detrás de un árbol, tapándose la boca con sus largos dedos. Se quedó quieta, el corazón arremolinado, esperó unos minutos, pero la ansiedad le ganó de mano. Giró por un costado apenas y el hombre la atrapó por el otro sorpresivamente, atenazando su cintura con sus fuertes brazos.

-: ¡Aaaah! – gritó por la sorpresa, seguida de sonoras carcajadas - ¡Jeannie!

-: Bueno, te atrapé… ¡Fiuuu! Sí que corres ligero, vamos, mamá nos debe estar esperando en casa.

-: Ooouuuuu… - dijo la joven inflando los cachetes en un puchero inocente.

-: Ya, no pongas esa cara, lo prometiste. Papá va a regañarnos por demorarnos, anda, vamos.

Venían conversando animadamente con su hermano mayor, sonrientes y relajados, tanto que se volvieron a distraer persiguiendo unas mariposas como si fueran gatitos juguetones.

De pronto su hermano se frenó en seco y miró con seriedad hacia el horizonte.

-: ¿Qué pasa Jeannie? – dijo la chica mirando donde él, entonces los vio, a lo lejos, una legión montada a caballo.

-: Vamos, Erika – dijo el joven tomándola de la mano - ¡Corre, corre!

De pronto los rayos solares de ese hermoso día, pronto se convirtieron en las llamaradas de un infierno que se desató en pocas horas.

Llegaron al pueblo, todos corrían despavoridos de un lado a otro. Se refugiaron en el sótano de la casa, sus padres, y ellos dos, mientras escuchaban los gritos, la agonía, los disparos, lloraban asustados de lo que sucedía arriba. Finalmente cuando escucharon que las cosas se calmaban, ya muy entrada la noche, salieron.

Las casas ardían, incluso la de ellos quedaban algunas paredes en pie y nada más. Erika no se despegaba de su madre, pero grande sería su sorpresa al descubrir que no todos los saqueadores se habían marchado, quedaban algunos grupos explorando y buscando entre las maderas ardidas de que más se podían apropiar.

Un corcel negro y enorme se acercó veloz hacia ellas. Su madre la subió a un caballo que andaba suelto y le dijo que se fuera lejos.

-: ¡No, mamá, no te dejaré!

-: ¡Vete, vete, debes salvarte tú!

La chica tomó del brazo a su madre y con una fuerza desconocida, tal vez propia de la adrenalina que la contaminaba, subió a su madre al caballo y partieron. El corcel las perseguía, cabalgar en la noche entre los árboles era solo para jinetes expertos. Después de galopar un buen trecho dentro del bosque el caballo se enredó en las raíces salidas de un árbol y derrapó. Cayeron duramente al suelo, la chica esta aturdida, el hombre se bajó del córcel negro y desenvainó su espada.

-: ¡Mamá, mamá! – gritó la chica, pero la mujer estaba inconsciente.

A la luz de la luna, que apenas se filtraba entre el follaje frondoso, la joven se encontró con los ojos más terroríficos que hubiera conocido alguna vez en la vida, el filo de la espada largó un destello y el hombre la levantó hacia ellas, la chica cubría el cuerpo de su madre con el suyo, levantó una mano temblorosa y le habló, con una firmeza y una seguridad que no sabía de donde procedían.

-: Espera… Sé quién eres… - el hombre se detuvo unos segundos – Eres el caballero obscuro del sur, y estás buscando alguien que lea el libro sin nombre.

-: ¿Quién eres, y cómo sabes tú eso?

-: Te ví… tuve una premonición hace unos días…

-: ¿Acaso eres una bruja?

-: No, no lo soy – dijo con energía la muchacha – Yo… yo… tengo el don de las visiones… si la dejas vivir – dijo refiriéndose a su madre – Yo te diré dónde encontrar lo que buscas.

El hombre se agachó a su altura y la tomó rudamente de la mandíbula, miró dentro de sus pupilas, verdes como las esmeraldas brillantes de los anillos. Respiraba agitada.

-: Si me mientes, te sacaré toda la porquería de tus tripas, muy lentamente, mientras te retuerces en agonía… te daré una sola oportunidad, bruja – Luego la tomó con rudeza del brazo y la arrastró hasta su caballo, la subió con él y partió.

-: Mamá…mamá… - lloriqueó la jovencita mirando hacia atrás…"

Eren se despertó sobresaltado, su mano en el aire como queriendo alcanzar algo. Su frente algo perlada por el sudor, el corazón agitado. Bajó su mano y se giró para enrollarse y taparse con la manta hasta la coronilla.

-0-

Levi estaba preocupado, últimamente el mocoso andaba algo ojeroso y una persistente tos que no lo abandonaba lo tenía afectado, dormía más de la cuenta y estaba comiendo poco. Sí, se preocupaba, no podía negarlo. Cada vez que sus ojos se conectaban encontraba que se sentía increíblemente atraído, pero a la vez le generaba un nudo en el estómago, una vaga sensación de incomodidad.

Con Erwin se pasaban las tardes haciendo pergaminos de protección y ayudando a Jean a mantener protegido el perímetro. Extrañaba a Farlan, se sentía un poco incompleto.

Eren tosió arduamente y dio una rodilla en el suelo, su sistema se estaba debilitando mucho. Miró su mano y vio las pequeñas gotitas sangrantes. Lo había visto, las sombras se estaban acercando demasiado. Y la luna estaba en menguante, sin duda cuando fuera Luna negra sería el primer embate. Estaba algo asustado, no por él, sabía que su destino estaba sellado, estaba preocupado por Levi.

-: Oi, mocoso, ¿qué haces? – Levi se acercó y se sentó a su lado, Eren respiraba pesado – Estás enfermo – no lo preguntó, lo afirmó.

-: Un res-resfriado – Eren limpió disimuladamente su mano en un pañuelo.

-: No mientas, no sirves para eso. Te vi muy débil desde la última batalla. Pero no te preocupes tengo una solución para eso. Una de las cosas valiosas que heredé de mi madre es el don de la curación. Por supuesto no lo uso demasiado, ya que implica un desgaste importante de energía vital, pero puedo asegurarte que estarás a salvo.

-: Levi, no tienes porque-

-: Sí, si tengo. Tenías razón Eren, te necesito para preservar el sello. Aún no entiendo del todo como funciona, pero he tenido una larga y profunda charla con Erwin. Me hizo entender la importancia de tenerte con nosotros, aunque él dijo que tenías un gran caudal de fuerza… supongo que deberé creerle.

-: ¿De dónde lo conoces?

-: Bueno, Erwin… tiene una historia bastante curiosa… No sé si tu padre te comentó algo, pero él… no era precisamente un modelo de gente hace un tiempo atrás… De hecho su ordenamiento lo hizo para poder expiar sus pecados. Erwin se crió en el norte de Alemania, en las frías colinas de Copenhage. Su familia era agricultora, siguió los pasos de ellos, se casó con una bonita muchachita de su pueblo y tuvo dos hermosos hijos. Rubios y bien parecidos como él, llevaba una vida tranquila, hasta que una bruja los secuestró. Cuando pudo dar con la cueva de la misma, ya era tarde. Los habían sacrificado para invocar a Lilith, al enterarse, su esposa se suicidó e la tristeza. Ese día, él perdió la cabeza, se convirtió en un cazador de brujas. Oh, si te contara lo mucho que nos hizo padecer ese terco hombre. Nos persiguió más de tres años. Finalmente en un duro invierno los lobos lo atacaron, quedó tirada en la nieva inconsciente. Fuimos con mi madre a rescatarlo. Recuerdo haberle preguntado, porque quería ayudar a ese nefasto ser. Mi madre fue la persona más bondadosa y sabia que conocí en mi vida. "Levi", me dijo con una mirada cargada de compasión, "sé mejor que los demás, no porque alguien tenga odio para brindar hagas tú lo mismo. Haz la diferencia. Actúa como si tú fueras el que está en aprietos…" No lo entendí en ese momento, simplemente la ayudé. Erwin agonizó cerca de un mes, pero finalmente se recuperó, recuerdo que nos dijo que hubiera preferido morir que recibir ayuda de una bruja. Como fuera, luego de eso nos dejó un tiempo en paz, y fue a ordenarse como sacerdote. Luego mi madre salvó a algunos poseídos y deshizo algunas maldiciones, entonces al fin comenzó a entender que no éramos como el resto. Luego incriminaron a mi madre en la muerte del anterior alcalde. Sólo era una lucha de poder, y ella fue el chivo expiatorio. Huimos, pero era tarde, nos esperaban en los cerros. Si no fuera por Erwin también me hubieran quemado a mí. Así que él se convirtió en una especie de tutor, aprendí muchas cosas de él y otras de libros que había heredado, aunque en realidad – dijo suspirando – es la experiencia misma la que te da la mayor parte… Como sea, vamos a arreglar tu problema, ven conmigo…

El joven iba pensando en todo lo que el hombre le había contado, fueron caminando despacio hasta los márgenes del lago. Levi hizo un círculo con las sales y enterró su puñal en cruz.

-: Bien, siéntate aquí al medio – le pidió. Sácate la remera, por favor.

El joven hizo caso. Levi no pudo evitar admirar esa piel lozana, algo bronceada y suave que invitaba a ser tocada. Se arrodilló y juntó sus manos, mientras empezaba a invocar a las fuerzas curativas, pronto el consabido vapor blanco comenzó a emanar de sus palmas.

-: ¿Esto no te hará daño o sí? – preguntó Eren temeroso.

-: Cállate que me desconcentras, mocoso – lo amonestó Levi. Luego se puso de pie y fue detrás del joven, hincó una pierna en el suelo y puso sus palmas sobre la espalda del joven, que contuvo un quejido, las manos de Levi estaban increíblemente calientes. El hombre cerró los ojos y lo sintió, una leve obscuridad esparciéndose por los pulmones del joven, como humo negro, contaminando su interior. Era más grave de lo que aparentaba. Se concentró y envió toda su energía a la zona. Sendos aros de llamas verdes empezaron a vislumbrarse alrededor de sus brazos, girando y proyectándose dentro de Eren. El joven sintió como si un aire caliente se le hubiera inyectado en los pulmones, los ojos se le llenaron de lágrimas y comenzó a toser con fuerza, pronto empezó a escupir una especie de brea caliente y asquerosa, que lo ahogaba y lo hacía lagrimear, su garganta escocía y la brea caía de sus labios manchando su ropa y el piso. Se sofocaba, por momentos creía que iba a desfallecer por la falta de aire. Al cabo de una larga, tortuosa y frenética media hora, Eren al fin sintió un alivio increíble, como si el dolor y el peso de sus pulmones hubiera desaparecido. Respiraba con tranquilidad, a pesar que aún quedaba el mal sabor de boca.

Se giró y Levi estaba casi acostado en la hierba, completamente transpirado y bastante pálido.

-: ¡Levi! ¿Estás bien? – dijo yendo a ayudarlo.

-: Sí, un poco… agotado… Eren limpia tu boca con el agua del lago y bebe un poco, es… agua consagrada… va a… aliviarte… déjame un minuto que… me recupere…

El joven hizo caso. El hombre estaba tirado sobre el pasto, intentando respirar bien, mientras el sol cubría candorosamente su cuerpo. Eren se quedó pasmado, Levi parecía brillar. Aún de sus manos brotaban apenas, sendos hilos de vapor.

-: ¿Qué hiciste? – Dijo Eren acercándose y mojando su pañuelo para limpiar el rostro del mayor.

-: Un… ritual de sanación…siéntete afortunado, mocoso, estás libre ahora, aunque… te até a mi destino, pero creo que eso es mejor que morir de tuberculosis…

-: Pero esto… te restará años de vida, Levi… - dijo el joven con tristeza.

-: Bueno, de todas maneras tampoco tenía una vida taaan buena.

-: ¿Por qué lo hiciste? – Eren estaba sorprendido, el hombre había sacrificado al menos diez años de vida para poder curarlo, esos rituales sanadores, hacían que "se transfiriera" la energía vital del sanador al enfermo, lo que provocaba que de cierta manera el curador "donara" años de vida a la otra persona, era el acto más sublime de entrega en cuanto a rituales se conocía. El joven estaba seguro que no merecía "ese honor", pero en cierta forma sabía que Levi se sentía en deuda con él, probablemente todo estuviera relacionado con su historia de vida.

-: Ya no tiene sentido responder preguntas a estas alturas, lo hecho, hecho está – Se incorporó y Eren lo ayudó a ponerse de pie.

Entonces Levi lo tomó de la mandíbula y lo besó con algo de fuerza, al principio Eren se sorprendió, pero pronto accedió al roce, se sentía fantásticamente bien. Se dio cuenta que venía deseando que Levi se fijara en él desde hacía un tiempo. Eren lo abrazó y sintió que su corazón se estremecía, sin dudas sus destinos estaban entrelazados desde mucho antes que el brujo hiciera ese ritual.

-: Ey, mocoso – dijo Levi tomando un poco de aire – No te emociones, estoy un poco débil…

-: Lo, lo siento Levi… es que… estoy feliz – dijo sonriendo candorosamente y el pelinegro quedó obnubilado con esa fantástica mueca.

-: Te… mentí, el lago no tiene ningún efecto curador, era para que limpiaras tu boca así podía besarte – confesó el ojiazul, mientras a paso cansado regresaba a la cabaña, necesitaba recostarse un poco.

-: Lo sé – dijo Eren riendo – Ven súbete en mi espalda, te llevaré a la cabaña.

A Levi no le gustaba sentirse como damisela en apuros, pero aceptó la oferta, uno estaba demasiado cansado, dos, tocar a Eren se sentía fantástico.

-0-

Esa noche, todos sintieron las vibraciones obscuras que llegaban a través del viento y la tierra.

Jean masticó un pedazo de pan con parsimonia y habló con la boca llena.

-: Se acerca una horda de esas pestes – luego se bebió casi de un solo sorbo su copa de vino.

-: Es el primer embate – dijo Erwin – No creo que el Gran Obscuro venga con ellos… mejor dicho, espero que no venga aún, no estamos preparados lo suficiente. Eren, ¿no has tenido ninguna visión al respecto? Nos sería de mucha utilidad.

El joven pensó, rebuscó y trató de concentrarse, pero finalmente suspiró cansado y negó con la cabeza.

-: No hay manera que sepa – dijo el mago mirándolo de reojo y todos clavaron sus ojos en él – Está bloqueado, un bloqueo poderoso, impuesto por un ser con grandes dotes de magia. Supongo que él ya lo sabe, pero esto es un gran problema, mientras estés bajo ese hechizo serás completamente inútil para la misión, sino que un escollo.

-: Podemos intentar romper el bloqueo – dijo Levi.

-: No, el único que debe hacerlo es él mismo, no funcionará si la ayuda es externa, ya sabes, ese tipo de bloqueo de protección, probablemente uno de sus padres lo haya hecho.

-: ¿Pero entonces qué debo hacer? – Preguntó el joven con ansiedad - ¿Tú lo sabes?

-: Puede que sí, puede que no, de todas maneras podría ayudarte… por el precio adecuado, claro – agregó mirándolo libidinosamente, Levi golpeó la mesa con su puño y su rostro se enserió.

-: Como intentes ponerle un solo dedo encima te rebanaré el pescuezo, maldito mago.

-: Nadie sugiere imposibles, un poco de amor es todo lo que pido.

-: ¡Eres un imbécil! – Agregó Levi ya un poco cabreado - ¿No te das cuenta que si Eren pierde su virginidad perderá sus poderes también?

-: Poderes que sólo son una maldición para él, sin dudas debe haber vivido atosigado y perseguido, ¿esa es la vida que una persona se merece? Con gusto te libro de toda tu pesada carga – comentó dirigiéndose a Eren mientras le guiñaba un ojo.

-: Inténtalo y te cortaré de un solo tajo tus bo-

-: ¡Bueno, suficiente! – Dijo Erwin cortando a Levi que ya tenía sus ojos inyectados en sangre – Dejemos de malgastar energías, debemos empezar a prepararnos, sin dudas entre mañana o pasado más tardar tendremos esas hordas encima nuestro. Mañana temprano iré al pueblo a buscar querosén, habrá que juntar la máxima cantidad posible de leña, lo único efectivo contra ellos es la luz.

-: Si son demasiados no servirá de nada – dijo el mago limpiándose los dientes con la punta de un cuchillo – Más te vale que pidas una buena dotación de agua bendita, que hagamos muchos más pergaminos, flechas santas y que tu congregación no pare de orar Erwin. Tengo un par de conocidos y amigos que podría hablar mañana, pero claro… ¿qué beneficio obtendría yo? Por un beso… tal vez lo haría…

-: ¡Hijo de perra! – Erwin detuvo a Levi y se dirigió a Jean.

-: Ya basta de provocaciones, si vas a colaborar hazlo, de otra manera ya sabes que arrasarán con todo, si no nos ayudas de todas maneras estarás condenado, así que deja de hablar como si nos hicieras un favor.

-: Ya, ya, sacerdote, cálmate, veré que se puede hacer…- fue lo último que dijo el mago.

-: Yo podría ver si hablo con los cazadores de la zona – agregó Sasha que hasta el momento había permanecido imperturbable – Mientras más manos tengamos, más fácil será deshacernos de ellos.

-: Es la mejor idea que escuché hasta ahora – aceptó Levi, mientras tomaba de su vaso e intentaba calmarse, ese mago lo sacaba de sus casillas. Eren estaba con el semblante taciturno – Oi, mocoso, vamos a descansar, te vienes conmigo.

-: Claro, yo no puedo exigirle ni un beso, pero el enano se lo lleva a la cama – refunfuñó Jean.

-: Sólo vamos a descansar, viejo depravado. Y no intentes ninguno de tus trucos, hoy te ha salvado Erwin, pero no pongas a prueba mi paciencia – Levi se puso de pie y Eren lo siguió en silencio.

Una vez en el cuarto, prepararon las camas y se pusieron los pijamas.

-: Gracias, Levi – dijo el joven con la voz algo triste – Gracias por defenderme.

-: No tienes porqué, mientras esté con vida seguiré siendo tu guardián, no permitiré que el asqueroso ése te eche mano. Descansa tranquilo – De todas maneras se puso de pie y trabó la puerta con el respaldar de una silla, para luego recitar un conjuro sobre la puerta.

Una vez que se acostaron, Levi apagó la lámpara de gas, pero ninguno pudo conciliar el sueño, a través de la rendija de la ventana abierta, los sonidos de la noche se colaban sigilosos, entre grillos, y cigarras a lo lejos.

-: ¿Sabes? – dijo Levi con una mano sobre la frente y mirando el techo – Cuando te vi la primera vez, no me di cuenta de inmediato, pero luego… no sé porque, pero tengo la impresión de que te conozco de alguna parte. Tal vez… ¿nos hemos cruzado antes?

Eren se quedó unos segundos callado, pensando y repensando lo que podría decir.

-: No nos hemos cruzado antes… pero sí nos conocíamos…

Levi frunció el ceño ante esa respuesta, tratando de descifrar a qué se refería el castaño.

-: Entonces… no es la primera vez que nos encontramos…

-: No… - el joven bajó la cabeza, algo abatido.

-: Tú lo sabes, ¿verdad?

-: No quiero hablar de esto…

-: ¿Por qué? – Levi no se quedaría con dudas, no después de todo lo que había sucedido.

-: Porque la verdad… es demasiado dolorosa…

-: No me hables con misterios, mocoso, ¿de dónde se supone que nos conocemos? – Pero ante la falta de respuesta, se puso de pie y se sentó en la cama del joven que estaba de costado mirando hacia la pared – Vamos, cuéntame lo que sabes, ¿acaso es tan terrible?

-: Lo es – dijo Eren suspirando y sentándose – Nuestro encuentro ahora, no fue una casualidad, nuestros destinos estaban enlazados, mucho antes de que realizaras el ritual.

El pelinegro lo miró con más intriga aún. Eren miró por la ventana a las estrellas que titilaban tranquilas en el firmamento y con voz pausada y tranquila habló.

-: Hace mucho, mucho tiempo, existió un caballero, déspota y hambriento de poder. Su único objetivo en esta vida era hacerse de un ejército invencible, conseguir las armas físicas y espirituales adecuadas para llevar a cabo su macabro plan. Él quería el poder absoluto de la obscuridad a su servicio. Consiguió el libro sin nombre, pero sólo le faltaba la ayuda de un oráculo para hacer el ritual adecuado, porque el idioma de los muertos estaba fuera de su conocimiento y alcance… Buscó, saqueando y atemorizando poblaciones enteras, para encontrar la llave adecuada. Hasta que finalmente la encontró, la secuestró y se la llevó con él…

"Tiró a la chica en una mazmorra de su castillo, luego de tenerla a galope limpio por cerca de dos días. La misma estaba agotada, triste y terriblemente atemorizada. Sabía su destino, sabía que si lo ayudaba sería un caos de muerte y tragedia sin fin.

La chica se aferró a los barrotes del húmedo y frío lugar, y las lágrimas se deslizaron por sus mejillas, mientras la luz de la luna inundaba sus pupilas acuosas. Imploró a las huestes celestiales que le dieran la entereza y el valor necesario para enfrentarse a lo que se avecinaba. Ahora se sentía débil, a pesar de que siempre lo supo, que ese era su destino, y que de ella dependía el destino de miles de vidas. Pero ahora se sentía tan frágil, tan débil, que empezaba a dudar que podría enfrentarse a todo ello.

Un sirviente al que le faltaba un ojo y un par de dientes, le acercó una especie de puré asqueroso en un cuenco de metal y un tarro con agua sucia. Ni siquiera los quiso tocar, a pesar que le gruñía el estómago. Tendría al menos unos siete días hasta que la luna estuviera nueva y fuera adecuado para hacer el ritual. Rezaba fervientemente y se hacía un ovillo en un rincón, alejando cada tanto a las ratas que se acercaban en la obscuridad para obtener un bocado de su carne.

-: ¿Dónde está la llave? – le dijo Hanji al gruñón de su ahora capitán.

-: En la mazmorra.

-: Se va a morir de frío allí, te sobran habitaciones, tráela arriba, a menos que tengamos que volver a buscar a otra jodida persona que pueda leer ese libro de porquería.

Levingston gruñó, la verdad se había olvidado de la mujer en esos días. Pero tenía que admitir que su vieja amiga y mejor soldado, tenía un buen punto. Cuando descendió, se encontró con dos sorpresas desagradables, una, la mujer no había tocado la comida que "generosamente" le había sido proveída, y dos efectivamente estaba enferma, con fiebre y acurrucada en una esquina.

-: Oi, mocosa, levántate – le dijo con voz tronadora, pero la mujer estaba tan débil que ni siquiera tenía fuerzas para contestarle. La levantó con facilidad entre sus brazos, la cabeza caía lánguida hacia atrás, mientras su bello cabello castaño que le llegaba a la cintura se zarandeaba hacia abajo. Sus pasos resonaron en la estancia y decidió dejarla en una habitación al lado de la suya que era la principal de la mansión.

Cuando la depositó en la cama, su piel dorada estaba cubierta de gotitas de transpiración por las altas temperaturas, algo se removió en su interior, algo que hacía mucho no sentía, culpa. Levi se había criado en el ceno de una familia acaudalada, vivió bajo la tutela de su tío Kenny Rosmary, quien era un hombre despiadado y sin corazón. Sus padres lo habían abandonado y cayó en manos de su tío. Jamás conoció el valor de un abrazo, la calidez de una sonrisa o el consejo de la experiencia. Vivió a los golpes, viendo como su tío masacraba a sus enemigos sin piedad, como los torturaba y se apropiaba de sus tierras. Para él la vida era eso, el más fuerte era el que ganaba. Aunque internamente siempre quiso que su tío lo tuviera en cuenta, que se sintiera orgulloso de él, nunca lo logró y fue una espina que quedó clavada en su corazón por siempre. Para el pelinegro no había porqué dar explicaciones, si alguien lo fastidiaba simplemente tenía que morir, jamás se arrepentía de sus actos o replanteaba sus decisiones. Pero ahora veía a esta hermosa mujer, en todos esos días nunca se había detenido a mirarla con atención, la veía frágil y tiritando, y sabía que era por su culpa, y eso le molestaba tremendamente.

Hizo que la servidumbre se encargara e incluso mandó a buscar un médico en la ciudad vecina para asegurarse de su recuperación. Erika no comía, por lo que Levingston en persona se empezó a encargar de eso. No le molestaba, de alguna manera le satisfacía que la preciosa criatura le obedeciera con tanta sumisión. Averiguó cuáles eran sus platos de preferencia, consiguió bellos y costosos vestidos, la consentía a pesar de que ella no le pedía nada. Pronto Erika empezó a sentirse a gusto en su presencia, ya no le hablaba con esa tosca voz de mando y sus ojos tan violentos se suavizaban cuando se posaban en su rostro. Sabía también que no podía sucumbir a sus sentimientos, no podía traicionar a la causa para la que se había preparado toda su vida y que ahora se revelaba ante ella.

-: ¿Te gustan los caballos? – le dijo un día que la vió mirando con atención a través de la ventana del balcón de la habitación.

-: Oh, sí, siempre me gustaron muchísimo – aceptó ella.

-: Ven, acompáñame – Por primera vez en un mes, desde que estaba en el castillo la llevo a las caballerizas. Erika quedó maravillada con la enorme cantidad de equinos del lugar – Puedes elegir el que quieras – le dijo el hombre, ataviado de solemne negro, con botas de montar y una fina capa de sutil gris – Todos son tuyos a partir de ahora.

-: ¿Qué? Oh, no Señor Levingston, yo no puedo aceptarlo – dijo mientras sus mejillas se teñían de suave rosa, el hombre se quedó maravillado ante esos colores, nunca había visto un sonrojo en toda su vida, menos uno que podía ser causado por él. Se acercó cautivado por la hermosa muchachita y sacándose sus gantes de cuero tocó con suavidad esos suaves pómulos sintiendo su calor.

-: Puedo hacerlo, y lo hago, no te resistas y acepta mi regalo.

-: Es de-demasiado – dijo la joven sintiéndose tímida, nunca antes un hombre la había mirado de esa manera o la había acariciado con tanta delicadeza – De-déjeme tomar solo uno, entonces podré aceptar, pero todos… no, es demasiado.

Levingston estaba gratamente sorprendido, de la humildad de la chica, él que no conocía más que la ambición y la voracidad de la codicia, no entendía como alguien podía conformarse con tan poca cosa teniendo la posibilidad de conquistar todo. La curiosidad se despertó en él, necesitaba saber más, imperiosamente quería saber todo acerca de Erika. Quería sonrojarla más, quería ver… que la sonrisa no abandonaba sus labios… Poco a poco, todos sus objetivos empezaban a quedar en un segundo plano. Había una exquisita sensación de placidez cuando estaba cerca de ella, y quería seguir descubriendo qué significaba.

Hizo preparar los caballos, el robusto y negro árabe que le pertenecía y el dorado alazán que ella había seleccionado. Hacía frío, pero se abrigaron bien y salieron a recorrer el lugar bajo una tenue nevada que anticipaba al feroz invierno de las colinas donde se encontraban.

Erika pensaba que se estaba volviendo loca, conociendo la naturaleza predadora y violenta de ese hombre, no entendía como podía confiar. Pero era más fuerte que ella. Pensó que había una esperanza, que tal vez podría lograr que ese cruel caballero hiciera funcionar su corazón, realmente lo anhelaba.

Una tarde, frente a la chimenea que crepitaba calentando el ambiente, al lado de ese obscuro hombre, dejó que tomara sus labios por primera vez, sintió que su corazón se revolucionaba y supo que estaba inevitablemente perdida en las redes del amor.

-: Quiero que seas mía – le dijo él con posesividad.

-: ¿Quieres que sea tu esposa? – preguntó inocentemente la castaña y el hombre la miró desconcertado. En verdad era la criatura más inocente y seductora que había conocido.

-: Lee el libro para mí, sé fiel a mí, y entonces te convertiré en mi reina.

Erika se dio cuenta que nada cambiaría, que su amor no lograría cambiar las ambiciones que aprisionaban el corazón de ese obscuro caballero, que el destino no se podía cambiar.

La noche antes de la luna llena, se escapó en su caballo alazán junto con el libro sin nombre, se perdió en la negrura del bosque y se alejó todo lo que pudo. Lo enterró en la colina del silencio, donde nadie pudiera encontrarlo, con un hechizo tan fuerte y poderoso, que ni el mismo satanás podría llegar a él.

Pronto salieron en su búsqueda, ni siquiera intentó esconderse, sabía que Levingston la encontraría en el fin del mundo de ser posible, y no tuvo el coraje de quitarse la vida. La próxima vez que lo encontró fue en el lago negro de la perdición. Ningún soldado, ningún sirviente, el propio Levingston llegó hecho una furia, sintiéndose traicionado de la manera más vil, entonces Erika supo que era su fin, que no habría palabras ni lágrimas que doblegaran su odio. Aún así, viendo sus ojos llameantes, su cuerpo echó a correr, por muchos minutos, hasta que sus fuerzas se agotaron por completo, cayendo en la nieve blanca e inmaculada. Él no tuvo piedad, arrancó gemidos de auténtico dolor, porque deseaba verla sufrir, deseaba quebrarla y consumirla por completo, las gotas de sangre virgen y caliente, mancharon el terso y puro manto blanco, y cuando el cuerpo no pudo moverse más, arrancó esos ojos esmeraldas de sus cuencas y se los llevó consigo, sin mirar atrás…"

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By Luna de Acero… con el corazón desgarrado…

Próximo capítulo:

-: No permitiré que ni tú ni nadie le haga daño – La voz resonó con la fuerza de mil volcanes, y las sombras se aquietaron para observar el fenómeno.

-: No tienes la fuerza suficiente, vil humano – dijo el líder con su voz lacerante.

-: Atrévete y verás que este simple humano, hará que te retuerzas en los fondos del abismo…