Inuyasha
—¿Quién eres?
—¿Kagome? ¿Realmente eres tú? — La persona se fue acercando a paso dudoso y ella no podía quitarle la mirada de encima, ¿Quién era? ¿Por qué ahora se sentía feliz y al mismo tiempo con miedo? ¿Por qué lagrimas bajaban por sus mejillas?
—No te acerques —Demandó en medio de un sollozo, estaba asustada y no era por él, era por lo que estaba ocasionando en su mente, un revoltijo de imágenes sin forma azotaron con fuerza su cerebro ocasionándole un fuerte dolor de cabeza, las piernas le fallaron y fue bajando hasta quedar en cuclillas con las manos atrapando su cabeza, en un vano intento de que el dolor se detuviera—No te acerques…—Repetía al momento de comenzar a balancearse, ¿Qué le sucedía? Porque sentía muerte en vida de repente? ¿Quién era? ¡¿Quién era?!
Pero él contrario no se detuvo, se acercó y la tocó en el hombro, el simple roce le erizó la piel y comenzó a temblar, alzó la cabeza con los ojos empapados de lágrimas intentando calmarse, esa extraña emoción no le haría bien a su bebé; pero el pánico que sentía era algo que no podía arrancarse del pecho, miró sus ojos dorados que la observaban con precaución y preocupación y con cuidado alzó una de sus manos y la colocó sobre su mejilla; su rostro estaba lastimado y tenía leves cicatrices. Inhalo aire profundamente sin apartar la mirada. — ¿Quién eres? —Gesticuló la pregunta como un suave susurro que sus cuerdas vocales apenas dejaron salir.
Su rostro contrariado y sorprendido a penas dejaron salir un gemido de su garganta—Kagome…— Lo escuchó murmurar su nombre, más ella no podía dejar de mirarlo esperando una respuesta, una respuesta que esperaba le aliviara el dolor de cabeza y le calmara el miedo que estaba sintiendo, porque ese era el nombre que le había puesto al desastre que ocurría en el punto de control.
—Inuyasha… Mi nombre es Inuyasha.
Fue ahí cuando el desastre comenzó, dejó escapar un sonoro grito que desgarró su garganta sin compasión y rebotó en las paredes del calabozo haciéndolo más estruendoso, negaba fervientemente la idea de haber escuchado ese nombre al mismo momento que su vista se deformaba en imágenes a color de ella y el chico.
—Kagome… -Exclamó él bastante sorprendido.
—¡Inuyasha! — Gritó al mismo tiempo se que lanzaba a sus brazos y apretujarlo en un fuerte abrazo de oso, al mismo tiempo que dejaba escapar algunas lagrimas; recordaba el dolor que había sentido al momento de volverlo a ver, no imaginaba una vida sin su calidez.
—Kagome, ¿Puedo recostarme en tus piernas? —La pregunta le pareció de lo más extraña, ¿acaso él no odiaba estár cerca de ella? Sin embargo asintió y con cuidado lo recostó en su regazo; acariciando su melena negra y admirando sus rasgos humanos que estaban comenzando a encantarle.
—…Kagome, Hueles bien — No pudo evitar sorprenderse y molestarse al mismo tiempo, ¿quién se creía ese imbécil? La trataba mal todo el tiempo y de repente le gustaba su olor, aunque se sintió bastante alagada.
—Creí que no te gustaba.
—Estaba mintiendo. —Y esa confesión la dejó atontada, pero sonrió sutilmente.
¿Por qué tuvo que conocerlo? Si aquello sería tan difícil hubiese sido mejor no haberlo conocido, pero no podía dejar de desear verlo, desear mirar sus orbes doradas que le transmitían tanta seguridad, montarse a su espalda al momento de viajar en busca de su enemigo, las lagrimas solo eran una pequeña muestra del dolor que sentía en su interior al saber que él estaba a quinientos años en el pasado y que nunca le prestaría la atención que ella le prestaba.
Fue allí que comprendió que estaba enamorada de Inuyasha.
—…¡Kagome! ¡Reacciona Kagome! —Pero ella no podía regresar a la realidad, el muchacho la zarandeaba con fuerza al intentar que su mente volviera al mundo real pero no podía hacerlo, los recuerdos la azotaron con una fuerza descomunal que causó un shock en su cerebro que no permitía siquiera que gesticulara una pequeña palabra, alzó la vista que tenía pegada en el suelo para observar su rostro contrariado en una mueca de desesperación y se vio reflejada en ellos; con lagrimas por todo el rostro y una mirada tan perdida como estaba su mente.
—I…Inu…Inuyasha…—Lo llamó, apenas dejándose escuchar por la voz entrecortada que desaparecía sin dejarla hablar bien, dándole suficiente fuerza para llamarlo en un mínimo murmullo que si él no tuviese el oído tan desarrollado, ni siquiera se hubiese enterado de que había hablado.
La estrechó entra sus brazos con fuerza y calidez, no se movió; primero porque no podía hacerlo al su cuerpo no responder y segundo porque de verdad no quería hacerlo, necesitaba sentirse segura y perder el pánico que la había paralizado.
—Yo te protegeré.
Ya lo había hecho antes, siempre lo había hecho desde que tenía quince cortos años. Había alzado a Tessaiga y con una mueca de molestia le había prometido que la protegería y nunca había faltado a su palabra, siempre la había protegido; al menos en lo que a físico se refiere.
Con una corta sonrisa cerró los ojos dejándose llevar por el sueño que la acorralaba contra la esquina.
Cuando despertó la única luz que logró divisar fue la de la antorcha que iluminaba la entrada de su cárcel, se sentó tomándose la cabeza entre las manos notando que el dolor ya no era tan fuerte como hacía unos momentos; giró el rostro y se encontró con el albino orejudo mirándola fijamente con una extraña expresión en el rostro, quiso lanzarse y estrecharlo en un abrazo pero por una razón desconocida le dolían mucho los huesos y apenas podía moverlos.
—Hola —Saludó con una sonrisilla, estaba contenta por tenerlo a él allí.
Se levantó y se acercó tocándole la frente— No tienes fiebre, haz estado durmiendo día y medio.
No pudo evitar sorprenderse, ¿tanto? Con razón sentía todo su cuerpo acalambrado y tieso, estiró los brazos hasta que algo hizo "click" en su cabeza y llevó con rapidez sus manos a su vientre, ¿estaría bien su bebé?
—Está bien, puedo olerlo — Respondió Inuyasha casi leyéndole el pensamiento, alzó una ceja en su dirección y asintió.
—¿Dónde estamos?
—En el castillo de Naraku.
—¿Porqué?
—No lo sé, ese maldito aparece por aquí una vez a la semana para "charlar", pero nunca dice nada importante.
—¿Por qué estás tú aquí?
Pudo ver como alzó la ceja extrañado.
—Hace un tiempo, quizás un año que Naraku nos atacó por sorpresa, estábamos desarmados y débiles, intentó secuestrarte pero logramos impedirlo; aunque no todo salió como esperábamos cuando el desgraciado me atacó por la espalda y nos trajo a Kikyo y a mí a este maldito lugar; desde entonces no hemos visto la luz del sol, y según Naraku, Sesshoma… —Allí se cortó, abriendo los ojos con sorpresa la miró como si de un bicho raro se tratara— ¿No lo recuerdas?
Bajó la mirada al suelo, negando levemente con la cabeza— Por alguna razón mi memoria ha sido sellada, no recuerdo casi nada; pero ahora, gracias a ti Inuyasha —Le tomó de las manos y las acercó a su pecho— Gracias a ti he recordado nuestras aventuras en la era feudal, recuerdo a Sango, a Miroku y a Shippo —Rió un poco— Incluso a Koga.
—¿No recuerdas siquiera de quien es…—Se calló por unos instantes, tal vez pensando lo que diría a continuación—… el bebé?
Ella negó de nuevo con la mirada en el suelo—Naraku dijo que quería tenerme aquí hasta que diese a luz, desea quitarme al bebé debido a que, según él, es "el poder más extraño del mundo".
Él asintió no muy convencido, seguramente él pensaba que recordaría todo cuando se viesen de nuevo pero no había sido así, y ya que estaba en ese lugar trataría de escapar junto a él. Fue entonces que reparó en algo.
—¿Kikyo está también aquí? —El asintió — ¿Por qué?
—Según Naraku es importante para él tenerla bajo su poder.
—Hay que sacarla de aquí… Hay que sacarnos de aquí —Se corrigió determinada pero el negó con resignación.
—No podemos Kagome —Se levantó y se dirigió a los barrotes— He intentado ya tantas veces que olvide la cuenta, es imposible salir de este lugar.
—Vamos Inuyasha, tiene que haber una forma que no hayas intentado, además, ahora somos dos.
—Sí, pero tú estás embarazada y yo, bueno yo no estoy en mi mejor momento. —Y era cierto, se veía pálido y demacrado, flaco y casi sin fuerzas, no era el Inuyasha que recordaba. No evitó mirar de nuevo al suelo, sintiéndose frustrada por la situación en la que se encontraban. Intentaba mostrarse optimista, ya que si no lo hacía entraría en pánico y terminaría azotándose contra las rejas que resguardaban su huida. Y si Inuyasha tenía razón, sería imposible salir de aquí a menos que lo hicieran por la reja y eso sería imposible.
—¿Sabes al menos donde está Kikyo? —Negó.
—En uno de los calabozos de arriba, supongo, aquí solo estamos nosotros.
—¿Porqué Naraku me metería en esta celda contigo?
—Tal vez quiere enseñarte que si fue capaz de mantenerme aquí durante tanto tiempo, podrá hacer cualquier cosa que se le antoje contigo.
Se mordió el labio molesta, ¡Necesitaba sus poderes de sacerdotisa, y los necesitaba ya! En cualquier momento aparecería Naraku y necesitaba defenderse para lo que él quisiera hacerle.
—Inuyasha.
—¿Qué?
—¿Tenías miedo cuando llegaste aquí?
El conocido "Keh" que tenía tanto tiempo sin escuchar se adentró por su timpano.
—Por supuesto, tonta. Tenía miedo de lo que le pudiese pasar a Kikyo estando a manos de ese imbécil, al principio intenté escapar miles de veces y no fue hasta que Naraku la puso frente a mis ojos que me calmé un poco, desde entonces cada vez que viene, la trae consigo.
Ella asintió, sus palabras no habían dolido tanto como imaginaba que lo harían, como siempre él solo estaba pensando en Kikyo y no en él, a pesar de que pudo haber muerto en todo este tiempo que ha estado metido en ese lugar sólo pensaba en ella; después de todo era su gran amor. Se quedó en silencio de nuevo recostada sobre lo que parecía ser una sábana pensando en todo lo que había recordado, le parecía increíble que tantas cosas y situaciones importantes hayan sido bloqueadas de su memoria por algo o alguien, entendía que sus amigos no podían decirle nada puesto que habría tenido una crisis de confusión peor a la que tuvo cuando vio a Inuyasha, se sentiría peor por no recordar todas las cosas que ellos le habían contado y podía terminar por no recordar absolutamente nada, nunca. Gracias al estúpido bloqueo en su memoria.
—¿Por qué olvidaste quien era?
Negó.
—No lo sé, la anciana dice que es mi subconsciente el que bloquea y que si no lo fuerzo poco a poco irá desbloqueándose y más temprano que tarde recordaré todo.
—¿Desde qué punto no recuerdas?
Lo pensó un poco, recordaba su infancia, su vida, la caída al pozo, a los muchachos, a Inuyasha… Incluso a Sesshomaru y a Rin siendo niña, abrió los ojos como platos, ¿Rin siendo niña? ¿cómo podía ser niña si el viaje en el tiempo se había dado cuando ella tenía quince años? Y ahora estábamos en la época actual, ¿cómo podrían estár todos vivos? ¿Qué estaba pasando? Miró a Inuyasha asustada.
—¿Qué sucede? ¿porqué están todos vivos?
Él pareció sorprenderse.
—¿Vivos? —Asintió.
—Todos, los muchachos, Rin está grande, Sango y Miroku son jóvenes aún, ¿Qué está pasando Inuyasha?
Ahora fue su turno de negar.
—No lo sé, ¿hasta dónde recuerdas? —Volvió a preguntar.
—No recuerdo a partir de que destruimos la perla, Inuyasha, he olvidado cinco años de mi vida— Se agarró las sienes intentando calmar el dolor de cabeza y el llanto que comenzaba a asomarse por la ventana de sus ojos.
Él le palmeó la cabeza y le dirigió una pequeña sonrisa, sonrisa que no recordaba haberla visto muchas veces.
—Todo estará bien, ya verás como recordarás todo cuando menos lo esperes.
Ella asintió y se recostó de nuevo, esperando estar soñando y despertar en su casa con todos los recuerdos; abrazada a su madre.
Holaaaa, Este capitulo me ha salido muy corto, pero es que en ese tiempo no tenía nada de inspiración, intenté arreglarlo y esto fue lo que quedó.
Se me dañó la laptop y perdí los tres capitulo extras que había hecho y me toca escribir de nuevo los tres.
Gracias a los que comentan, de verdad me hacen muy feliz, dejen sus comentarios y sugerencias 3
