Los siguientes días no cambiaron realmente y ahora Sam se hallaba cada vez más preocupado. Dean aún se negaba a salir del dormitorio, no parecía estar comiendo lo suficiente y rara vez se levantaba de la cama. Además ahora se vestía dentro del baño y en las noches dormía completamente vestido fingiendo sentir frío aunque Sam podía ver claramente el sudor correr por su cuello. Evidentemente aún había algo que perturbaba a su compañero a pesar de que el chico insistía en negarlo.
- ¿Quieres que me quede?
- Ya te lo dije, Sam, estoy bien, debes ir a clases.
- Dean, en verdad estoy preocupado por ti, no has comido adecuadamente en días, no haces más que dormir y ni siquiera te atreves a ir a la enfermería. Sabes que no estás bien. Si hay algo que te moleste quizás yo pueda arreglarlo.
Dean sabía que tenía razón al decir que no estaba completamente bien. Sentía hambre, quería salir y poder ir a clases, pero tenía tanto miedo de que tan pronto como pusiese en pie fuera de su dormitorio Gabriel saltara al acecho. Recordaba claramente que lo último que el chico dijo antes de abandonarlo en aquel frío cuarto de limpieza era que ansiaba repetirlo de nuevo, por tal razón, Dean temía que Gabriel estuviese esperando a que abandonara la seguridad de su dormitorio para acorralarlo de nuevo.
- No hay nada que puedas arreglar, Sammy. Sólo déjalo, verás que pronto me pondré bien.
- Llevas más de tres días diciéndome lo mismo. Si las cosas siguen así tendré que llamar a Bobby.
- ¡Sam! – Dean saltó de la cama con una expresión de pánico en su rostro – prometiste que no lo harías, ¡no puedes hacer eso!
- Entonces no me obligues a hacerlo. Prométeme que vas a salir y vas a intentar comer algo.
- De acuerdo – dijo con un suspiro tembloroso – lo prometo.
Y así fue. Superado por el hambre y el miedo de que Bobby se enterara de lo ocurrido, Dean se dirigió al comedor tan pronto como la hora del almuerzo comenzó de modo que fuese el primero en llegar. Sirvió su almuerzo y se escabulló con él al más alejado lugar antes de que Gabriel apareciera. Si tan sólo pudiese sentarse junto a Sam le haría sentirse un poco más seguro, sin embargo desechó de inmediato aquel pensamiento. No podía depender todo el tiempo de Sam, tendría que hacerse fuerte y enfrentar sus temores por sí solo, sólo que ahora no era el momento.
Se ocultó en el patio trasero tras una roca, suplicando porque nadie lo encontrase y comió lentamente, sintiendo el dolor en la parte superior de su abdomen a causa de la falta de alimentos.
Estuvo a punto de devolver todo su almuerzo cuando una mano se posó sobre su hombro casi una hora más tarde.
- ¿Dean? ¿Qué estás haciendo aquí? – se tranquilizó al darse cuenta de que era la suave voz de una chica quien le hablaba.
- Hey, Jo, sólo comía mi almuerzo, me gusta aquí, es mucho más tranquilo – mintió haciendo un gran esfuerzo por sonar convincente.
- Hace un buen tiempo que no te veía. Te ves horrible – la rubia tomó asiento a su lado.
- Gracias – respondió con tono sarcástico.
- ¿Cómo sigue tu resfriado?
Dean frunció el ceño en la confusión antes de recordar la excusa que Sam había dado a sus compañeros para cubrir su ausencia - Mejor. Tal vez en un par de días pueda volver a clases.
- Eso suena genial, Dean. todos te extrañamos. En especial Sam, sé que lo negaría si se lo preguntas, pero a penas presta atención en clase y no deja de mirar tu asiento vacío.
Jo observó llena de preocupación como los ojos de Dean brillaban con las lágrimas acumuladas.
- ¿Qué sucede?
- Quiero volver a clases, Jo, pero tengo miedo – confesó tras un largo silencio.
- ¿a qué le temes, Dean? – preguntó, tomando una de sus manos entre las suyas.
- Algo me ocurrió hace un par de días y temo que pueda volver a repetirse, además no creo que sea capaz de actuar naturalmente en frente de quién me hizo esto, no sé cómo reaccionaría. No estoy listo.
- Todo va a estar bien, Dean. No sé qué fue lo que ocurrió pero sé que eres fuerte y vas a superarlo, sólo dale tiempo. No dejes que arruine tu vida. – dijo ella aun sin tener idea de lo que el chico se refería, sin embargo decidió no preguntar, sabiendo que Dean se negaría a entrar en detalles.
- No soy tan fuerte, Jo.
- Lo eres – susurró la chica acercándose lentamente hasta cubrir sus labios con los suyos.
Dean cerró los ojos dejándose llevar por aquella suave y dulce sensación, que no debería hacer más que alegrarle, pero grande fue su sorpresa cuando a su mente vino la imagen de cierto grandulón de cabellos castaños, besándole en lugar de Jo, pero ¿por qué pensar en Sam justo ahora, cuando tenía a una linda chica en frente? La peor parte fue que al desaparecer la imagen de Sam de su cabeza, ya no pudo sentir nada, aquel beso ya no significaba nada si era Jo quien se lo daba.
- Lo siento, Jo – dijo rompiendo de pronto el beso – en otras circunstancias créeme que me hubiera encantado besarte… pero ahora… estoy confundido, no sé qué me sucede.
- Oh, entiendo – intentó sonar indiferente, mas en su voz se escuchaba la decepción – no te preocupes, tal vez no fue el mejor momento, discúlpame.
- ¿seguimos siendo amigos? ¿no estás molesta?
- Por supuesto que no, es mi culpa, está claro que no estás bien y no pretendo hacerte sentir incómodo… sólo, hazme saber si me necesitas…. Y olvídate del beso ¿vale?
Vio a la rubia marcharse con las mejillas teñidas de rojo y una vez desapareció a lo lejos, Dean regresó de vuelta a su dormitorio, pensando que salvo por la extraña experiencia del beso, salir para almorzar a no había sido tan mala idea, había estado muriendo de hambre durante días, incluso comenzaba a verse pálido y delgado. Le preocupaba que en un par de días Bobby regresara para llevarlo a casa durante el fin de semana y al verle en ese estado comenzara a hacer preguntas, y si Bobby llegase a enterarse de lo sucedido, sería el fin, le obligaría a abandonar la escuela de cazadores y no era eso por lo que había trabajado tan duro.
Comenzó a pensar que tal vez Jo tenía razón, no podía permitir que un idiota enfermo arruinara su vida de esa manera, era cierto que había pasado por peores situaciones, ver morir a su familia en frente de sus ojos había sido cientos de veces peor que esto, tenía que ser fuerte, por Bobby, porque algún día él iba a ser quien le protegiera. Sin embargo todos aquellos pensamientos optimistas se derrumbaron cuando vio la alta y desgarbada figura de Gabriel apoyado en el marco de la puerta de su dormitorio. Inmediatamente su cuerpo se congeló y toda la sangre abandonó su rostro.
- Hola, Dean – saludó con aquella voz juguetona que le hacía sentir nauseas - ¿Qué sucede? Parece que hubieras visto un fantasma.
- ¿Qué haces aquí? – intentó ocultar su nerviosismo y sonar desafiante.
- Te he dado suficiente tiempo para aclarar tu mente, así que vine a ver cómo estabas.
- Estoy bien, nada ha cambiado, ahora lárgate antes de que te rompa la cara.
- ¿estás seguro de que nada ha cambiado? ¿Vas a decirme que sigues sintiendo la misma atracción hacia las chicas? Porque no lo creeré.
Dean no pudo evitar recordar lo recién ocurrido con Jo y sus pensamientos con Sam, y se preguntó si el chico le había estado espiando.
- Esa expresión en tu rostro lo dice todo - añadió Gabriel – sin embargo en tu mirada aún no veo atracción por mí. tal vez debamos repetir… ya sabes qué. Estoy seguro de que la próxima vez lo disfrutarás.
- ¡Te lo advertí hijo de puta! – gritó Dean, con su rostro desfigurado por la ira. Se abalanzó sobre el otro chico y comenzó a golpearlo en el rostro una y otra vez.
- ¡Dean, calmate! – gritó el otro sosteniéndolo fuertemente de las muñecas. Dean siguió luchando inútilmente, pero el otro chico era evidentemente más fuerte y pronto le tenía acorralado contra la pared.
- Sabes que me encanta esa expresión salvaje en tu rostro – sonrió, mostrando sus dientes rojos por la sangre de su labio partido.
- ¡Suéltame! ¡Suéltame! Te juro por dios que voy a matarte.
- ¡Dean! ¿Qué está sucediendo? –Dean dejó de gritar al escuchar la voz de Sam.
- Sucede que tu amigo se ha vuelto loco y de repente ha comenzado a golpearme – respondió Gabriel soltando las muñecas de Dean. al verse libre de su agarre Dean intentó abalanzarse nuevamente sobre Gabriel, siendo detenido por los fuertes brazos de Sam.
- ¡Eso no es cierto imbécil! ¡¿por qué no le dices la verdad?! – gritó Dean sin detenerse a pensar en medio de su ira.
- ¿En serio quieres que sepa la verdad? ¿entonces por qué no se la has dicho tú?
- Gabriel, lárgate. Ahora – esta vez fue Sam quien le ordenó con voz tranquila pero llena de amenaza.
- Está bien, ya me iba, de todos modos sé que Dean no tendrá el valor para decírtelo.
Y se marchó escupiendo sangre por el camino. Una vez que desapareció en los pasillos, Sam entró al dormitorio sosteniendo a su agitado compañero por los hombros.
- ¿estás bien, Dean? ¿no te hizo daño? – se inclinó para observar de cerca su rostro sin encontrar signo alguno de violencia.
- Estoy bien… ¿no estás enfadado?
- ¿por qué habría de estarlo?
- No lo sé. Esperaba que estuvieras gritándome y culpándome por lo que acaba de ocurrir, después de todo acabo de golpear a un compañero.
- Ese chico es un imbécil, además sé que si le has golpeado fue porque él te provocó en primer lugar – hizo una pausa y luego añadió – Dean, lo que ocurrió ese día… ¿él fue quien te hizo eso?
- ….
- Está bien, no tienes que decir nada más – el silencio de Dean era suficiente para concluirlo – ¿por qué te drogó, Dean?
- ….
- ¿te hizo algo más además de drogarte? ¿es por eso que no quieres ir a clases?
- ¿no tienes que volver a clases? – preguntó Dean para cambiar el tema.
- No iré.
- ¿por qué?
- Me quedaré contigo, aún estás alterado, Dean. no pienso dejarte así.
- Sam, en verdad agradezco que te preocupes por mí, pero no quiero que faltes a clases por mí culpa.
- Y yo no quiero dejarte solo en este estado – insistió.
- Si no vas me sentiré culpable, los chicos nerd no deberían saltarse las clases – bromeó – estaré bien, te lo prometo.
- ¿Estás seguro? – Dean asintió – entonces está bien, te traeré la cena en la noche.
Sam se marchó dudoso y Dean se quedó durante horas acurrucado en la esquina de su cama, sintiendo el deseo de romper y despedazar todo el dormitorio. Lo cierto era que no estaba bien y le estaba matando el no poder hablar con nadie al respecto, pero su vergüenza era mucho mayor. Si Sam se llegaba a enterar no podría mirarle de nuevo a los ojos y seguramente Sam no volvería a mirarlo de la misma forma. Entonces recordó que había alguien que ya sabía lo que había ocurrido, así que tomó su teléfono y esperó a que respondiera, viéndose tentado a colgar en más de una ocasión.
Pasados tan sólo cinco minutos alguien llamó a la puerta.- Benny – le saludó Dean con un abrazo.
- ¿Está todo bien? Te escuchabas bastante alterado cuando me llamaste.
Dean le dio la espalda para sentarse sobre su cama invitándole con un gesto a que hiciese lo mismo.
- Estoy bien… creo… es sólo que no quiero estar solo ahora. Y quería hablarte, eres quien mejor me comprende.
- Dean, estaba tan preocupado por ti. Llevo días sin verte, te he buscado en las aulas de clase, en el campo de entrenamiento, en el comedor, la cafetería... por todos lados ¿Dónde has estado?
- Todo este tiempo hasta el día de hoy he estado aquí, fingiendo estar enfermo. Salí sólo para almorzar, pero él se enteró de alguna manera… y al regresar estaba allí en frente de la puerta.
- ¿Te hizo algo?
- No, pero dijo que quería repetirlo y te juro que en ese momento sentí ganas de matarlo. Tal vez las cosas hubiesen salido muy mal si Sam no hubiera llegado en ese instante.
- Dean, tienes que dejar que te ayude. No puedes dejar que ese chico ande por ahí sin más, él es quien debería esconderse, no tú.
- ¿Sabes, Benny? Siempre quise convertirme en cazador para proteger a Bobby… para no tener que perder a nadie más, pero comienzo a pensar que tal vez no estoy hecho para esto, soy demasiado débil. Ni siquiera puedo defenderme de un simple chico.
- Escucha, aún es demasiado pronto para pensar eso, no llevas ni siquiera un mes en esta escuela mientras que ese chico seguramente lleva muchos más años cazando, es natural que te lleve ventaja. Eres libre de tomar tus decisiones, pero no dejes que lo que ocurrió influya en ellas.
- Tienes razón– dijo con una sonrisa forzada.
Entonces Dean enterró su rostro en el pecho del profesor y envolvió sus brazos alrededor de su cintura, inhaló el aroma de la madera y el whiskey en su abrigo sintiendo aquella sensación que tanto había buscado al besar los labios de Jo, aquella sensación que nunca había sentido al abrazar a otro hombre.
- Benny ¿puedo comprobar algo? – preguntó rompiendo el abrazo.
- Adelante, Dea… - Las palabras de Benny fueron interrumpidas por los labios del joven quien sostenía fuertemente su abrigo y se negaba a dejarlo ir.
Dean logró sentir de nuevo aquella sensación con más intensidad, sintió el rubor en sus mejillas y sus manos comenzar a temblar, y las terribles ganas de llegar más lejos y no separarse nunca. Pero entonces recordó que más que su amigo era a un maestro a quién besaba.
- ¡lo siento tanto, Benny! - se separó bruscamente del otro y se alejó tanto como pudo, sintiendo de pronto la vergüenza – no debí haber hecho eso, seguro que debió haber sido repulsivo para ti. Por favor no le digas a nadie, te juro que no volverá a pasar
- Dean, tranquilízate – se acercó de nuevo al chico, sosteniendo firmemente sus hombros – no tienes por qué disculparte… y no vuelvas a decir que es repulsivo.
- Entonces ¿te gustó? – preguntó con timidez enredando sus dedos en su abrigo, acercándose nuevamente a sus labios.
- Pero no quiero aprovecharme de ti – dijo intentando poner distancia entre ellos– escucha, Dean, estás confundido y pronto lo que sientes ahora se pasará y te arrepentirás de esto.
- Puedo arrepentirme de muchas cosas, pero no de esto. Sé que es demasiado pronto pero de verdad me gustas, tal vez incluso antes de… ya sabes qué… debí darme cuenta antes.
- Pero no está bien, soy demasiado mayor para ti, además soy tu profesor.
- ¿Crees que a un chico que roba alcohol dentro de la escuela le asustaría besar a un profesor?
- Tarde o temprano esto saldrá mal, Dean, escucha… - Nuevamente sus palabras fueron interrumpidas por los labios de Dean sobre los suyos.
Esta vez Benny no pudo resistirse y regresó el beso con la misma pasión con que Dean se lo entregaba, sintiendo como las manos del más joven recorrían toda su espalda por encima de su abrigo. El chico comenzó a retroceder aun sin separase de los labios del profesor hasta tropezar con la cama y caer en ella con Benny encima suyo. Al ver la sonrisa en los labios enrojecidos de Dean, el mayor se dio cuenta de que lo había hecho a propósito, mas no le importó. Sabía que lo que hacía estaba mal pero mientras Dean le diera su consentimiento le era difícil contenerse.
Lentamente comenzó a desabotonar la camisa de Dean, desplazando sus labios a su cuello, dejando un rastro de besos a través de su mandíbula, deleitándose al escuchar los jadeos entrecortados y los suaves gemidos del chico mientras enredaba sus dedos en su corto cabello. Las manos de Benny comenzaron a descender hasta los pantalones del más joven, ambos estaban tan absortos en tocarse el uno al otro que ninguno de los dos se dio cuenta de que alguien había abierto la puerta.
Este capitulo salío más cursi de lo esperado XD de todos modos gracias por leer!
